Las bendiciones y maldiciones de Deutoronomio

3 abr
   Las bendiciones y maldiciones de Deutoronomio
      Jaime Mazurek (Año: 2006 – Num.: 1)

 “¡Serás cabeza y no cola!”  ¿Has oído aquellas palabras en alguna oración o exhortación últimamente?  Yo sí.  Lo oigo a menudo.  Confieso que en la primera instancia no podía recordar precisamente de dónde venía aquella frase, pero bastó una mirada a la concordancia para verificar que se trataba de una expresión tomada de Deuteronomio 28:13.

            El tema de las bendiciones y maldiciones de Deuteronomio 28 y otros pasajes del Antiguo Testamento ha cobrado mucho vigor durante los últimos años, inclusive en América Latina.  En medio de un ambiente donde aún existen pobreza y grandes necesidades, es bueno saber que Dios bendice a quienes le sirven y obedecen.  Sin embargo, tal como sucede con muchísimas otras verdades bíblicas, a veces se consideran estas palabras afuera de su contexto escritural y sin tomar en cuenta todo lo que la Biblia tiene que decir sobre el punto.  Es importante, entonces, que comprendamos bien esto de las bendiciones y maldiciones del Deuteronomio, y como encaja con el resto de la revelación divina.

            El Deuteronomio fue escrito como la reiteración del pacto entre Dios e Israel, después de los cuarenta años de peregrinación en el desierto bajo Moisés.  Las investigaciones de George Mendenhall han hecho ver que las divisiones del libro corresponden a las partes de los pactos de soberanía heteos, pues contiene los siguientes elementos: prologo histórico (cap. 1-5), cláusulas y provisiones del tratado (cap. 5-26), maldiciones, bendiciones y ratificaciones (cap. 27-30), disposiciones para la continuación de la alianza, invocación de testigos, custodia y lectura pública del pacto (cap. 31-33).  El capítulo 28 concierne entonces las bendiciones y maldiciones que vendrían sobre la nación de Israel en respuesta a su fidelidad o su incumplimiento de las demandas del pacto.  Es un pasaje que cumple una función específica dentro de un contexto mayor, cual es los términos del pacto de Dios con Israel.

            Algo importante a notar de esos pactos de soberanía, es que eran siempre las condiciones de paz dictadas por un rey soberano a un vasallo conquistado.  En ningún momento dictaba el vasallo los términos del pacto.  De la misma manera, en el Deuteronomio, y en todas las reiteraciones del pacto de Dios en la Biblia, es Dios quien dicta las condiciones, obligaciones, bendiciones y maldiciones de su pacto, y nunca el hombre.  Existe hoy una corriente teológica que enseña que el creyente puede y debe “hacer pactos con Dios”, sobre todo en lo referente a su prosperidad financiera personal.  Pero, Dios no es nuestro vasallo.  Es nuestro soberano; y es él quien hace los pactos, no nosotros.

Debemos también notar que en los pactos heteos, las “bendiciones” dadas al vasallo no eran deudas contraídas por el soberano, sino gestos de beneficencia por gracia, ya que en verdad, el soberano no le debía nada en absoluto al vasallo vencido. De la misma manera, las bendiciones de Dios no son en absoluto un asunto en que Dios “nos paga lo que nos debe”, pues no nos debe nada.  Son manifestaciones de su bondad y gracia, por los cuales solamente podemos estar eternamente agradecidos.

Una verdad muy interesante que se observa al leer Deuteronomio 28 es que contiene dos listas muy paralelas, tanto de bendiciones como maldiciones, que siguen un paralelismo antitético.  Es decir, se dice lo mismo pero en sentido opuesto a lo anterior, tal como se puede apreciar en la muestra a continuación.                   

BENDICIONES

MALDICIONES

v.2  Y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones, si escuchas la voz de Jehová, tu Dios.

v. 15  Pero acontecerá, si no oyes la voz de Jehová, tu Dios, . . . .  vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones.

v. 3  Bendito serás tú en la ciudad y bendito en el campo.

v. 16  Maldito serás tú en la ciudad y maldito en el campo.

v. 4  Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas.

v. 18  Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas.

v. 5  Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar.

v. 17  Maldita serán tu canasta y tu artesa de amasar.

v. 6  Bendito serás en tu entrar y bendito en tu salir

v. 19  Maldito serás en tu entrar y maldito en tu salir.

v. 7  Jehová derrotará a los enemigos que se levanten contra ti; por un camino saldrán contra ti y por siete caminos huirán de ti.

v. 25  Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos y por siete caminos huirás de ellos.

v. 12 -  Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos.

v. 23, 24  Los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y de hierro la tierra que está debajo de ti. 24Dará Jehová como lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderán sobre ti hasta que perezcas.

v. 12, 13  Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios,

v. 43, 44  El extranjero que estará en medio de ti se elevará sobre ti muy alto, y tú descenderás muy abajo.  Él te prestará a ti y tú no le prestarás a él; él estará a la cabeza y tú a la zaga.

            Queda claro que hay un elocuente paralelismo en estas expresiones.

En segundo lugar, se puede observar fácilmente que a pesar del paralelismo ya señalado, la extensión de lo dicho sobre las maldiciones es mucho mayor que lo dicho acerca de las bendiciones.  En el capítulo 28 las bendiciones se narran en solamente 14 versículos (v. 1-14), las maldiciones, sin embargo, se narran en 31 versículos (v. 15-45).   En este lugar Dios tiene más del doble de cosas que decir sobre las maldiciones que las bendiciones, y además de eso, el tema de las maldiciones continúa en el capitulo 29.  Interesantemente, varios que he oído predicar sobre el tema de las bendiciones de Deuteronomio 28, apenas mencionan las obligaciones establecidas en el pacto para alcanzar dichas bendiciones, y menos las tristes maldiciones que vienen contra quienes no las cumplen.  Hacen mas bien, una lectura bastante selectiva del texto.

Estas bendiciones y maldiciones son en instancias de carácter muy particulares y no solamente generales.  Es decir, se profetizan realidades específicas que efectivamente se cumplieron en la historia.  Por ejemplo, en Deuteronomio 28:36 y 49 se advierte a Israel del exilio que sufrirían en tierras lejanas por consecuencia de su desobediencia a las obligaciones del pacto.  En los vs. 53-55 se anuncia el antropofagismo (consumo de carne humana) que sucedería en el asedio de la ciudad, cosa que efectivamente aconteció en Samaria (2 Reyes 6:28-29).  Esto deja ver claramente la aplicación exacta de estas bendiciones y maldiciones a la nación de Israel.

No debemos pensar que este pasaje está enseñando una suerte de “fórmula garantizada para alcanzar la prosperidad personal”.  Aunque el pacto establece estas bendiciones y maldiciones como los dos posibles destinos para la nación de Israel, aun en el mismo Antiguo Testamento vemos que el trato de Dios con individuos a veces trastornaba tales esperanzas sobre-simplificadas.  Era entonces y es hoy un error pensar que al que le sirve a Dios, todo siempre le va a salir muy bien, y que al que no le sirve, todo siempre le va a salir mal.  Asaf el salmista lamentaba su frustración y envidia al ver “la prosperidad de los impíos” (Salmo 73:3).  El libro de Job es precisamente un estudio profundo del misterio de por qué a veces las cosas van mal para los justos. Hay que entender a Deuteronomio 28 por lo que es: una parte de un pacto entre Dios y la nación de Israel con perspectivas proféticas exactas. 

Surge entonces la pregunta, y ¿cómo debe entender el cristiano de hoy a estas bendiciones y maldiciones?  ¿Tienen aplicación directa con nosotros?

Como cristianos debemos reconocer que el Deuteronomio es Palabra de Dios para nosotros tal como cualquier otro libro de la Biblia.  En las bendiciones y maldiciones descritas hay una revelación profunda de la bondad y la justicia de Dios. Se ve la personalidad y la grandeza de Dios, quien en su gloriosa y eterna trascendencia muestra una senda al hombre para que este pueda tener comunión con él.  También se aprecia la soberanía de Dios, quien como el soberano dirige la marcha de naciones enteras.  Se ve el celo de Dios por su adoración exclusiva, y su repudio de los dioses falsos.  Deuteronomio 28 sigue hablándonos hoy al mostrar la justa ira de Dios contra la desobediencia y la infidelidad, y la misericordia que extiende al pecador arrepentido.

Sin embargo, el pacto del Deuteronomio no es el pacto bajo el cual vivimos. Somos gente del Nuevo Pacto que Cristo ha efectuado por su sangre.  Debemos ir prioritariamente a las páginas del Nuevo Testamento para entender nuestra realidad en Dios.

La verdad es que vivimos bajo un pacto aun mucho mejor que el del Deuteronomio (Hebreos 8:6  “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas”).  Pablo advierte que la vida bajo el pacto antiguo no había alcanzado la salvación, pues por su desobediencia Israel nunca llegó a conocer aquellas bendiciones tan deseables, sino las maldiciones.  Cristo, en cambio, al hacer un nuevo pacto, nos ha librado de la maldición que era la ley imposible de cumplir, del viejo pacto.  Recibimos las bendiciones de Dios por su gracia y no por méritos.

Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.  Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.  Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición.” Gálatas 3:10-13ª)

 

La pregunta entonces que nos debemos hacer no es si nos corresponden o no las bendiciones y maldiciones de Deuteronomio 28, sino, ¿cuáles son las exigencias y las bendiciones del Nuevo Pacto?  El mismo pasaje de Gálatas antes citado continúa diciendo, para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” (Gálatas 3:14).

¿Cuál es la “bendición de Abraham” de que habla el pasaje?  ¿Acaso se trata de toda la prosperidad agrícola y paz política que ofrece Deuteronomio 28:1-14? No; se trata de la justificación.  Se trata de conocer a Cristo y de que seamos todos, judíos y gentiles, uno en El.  (Véase el resto de Gálatas cap. 3).

Pero, cabe la pregunta, ¿acaso Deuteronomio 28 no refleja de alguna manera las bendiciones que podemos esperar de Dios como cristianos?  Seguramente que sí. Dios sigue prosperando a su pueblo, pero dentro de los parámetros de la ética señalada por Cristo en el Sermón del Monte. 

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.  Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?  (Mateo 6:19-21, 24,25)

Finalmente, no debemos pensar en la bendición de Dios siempre en términos de dinero y salud, o como algo independiente de la relación con Cristo.  Cristo mismo es la bendición de Dios para nosotros.  Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.” (Efesios 1:3)

Todo lo demás es añadidura.

Notas:

 Gleason Archer, Reseña crítica de una introducción al Antiguo Testamento,  Portavoz: Grand Rapids, 1987, pag. 281.

 

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