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Libros apócrifos parte 1

30 Abril 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

Libros apocrifos parte 1

Historia del Canon de los Libros del Antiguo Testamento

«En Romanos 3:1,2,4 encontramos un texto clave para demostrar el interés por un Canon de parte del pueblo de Israel: ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío?, ¿o de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios…sea Dios veraz y todo hombre mentiroso”. Aunque fueran perseguidos o partieran por sus propios intereses, siempre iban acompañados de sus escritos: “Porque Moisés desde generaciones antiguas tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada sábado” dice Jacobo (Hch. 15.21)Los judíos se convirtieron en “el pueblo del Libro”.

Con toda probabilidad, fueron Judas Macabeo y sus allegados quienes dieron estructura a los libros profetices y a los “Ketubim”, al dividir en dos grupos los diferentes documentos canónicos que coexistían con los mosaicos. Eso habría tenido lugar alrededor de los años 164 a.C. Muy importante sobre el particular es el testimonio de 2º Macabeos: 14,15: …Reunió Judas todos los libros dispersos a causa de la guerra que hemos padecido, y ahora los tenemos a mano. Si los necesitáis, enviadnos alguien que os los lleve”.

Como ya vimos, lo realmente relevante es el testimonio de Jesucristo. Aunque Cristo no estuviera de acuerdo con las tradiciones orales de los fariseos (Mt.15; Mr.7), su actitud era bien distinta hacia el Canon del AT. Dijo: 

Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas, y en los salmos”(Lc.24:44).

Es interesante observar que se refiere a las tres divisiones de las Escrituras hebreas.

Con excepción de Rut, Cantar de Cantares y Ester, el NT ratifica claramente la canonicidad de la Biblia hebraica.

Los cristianos de Berea fueron alabados por su interés en comprobar a través de las Escrituras del AT las nuevas enseñanzas que traían los apóstoles (Hch. 17:11). Esto evidentemente señala la aceptación plena del AT como Canon por la Iglesia primitiva.

Los Padres de la Iglesia aceptaron (exceptuando a Agustín, quien incluyó los libros apócrifos) los mismos 39 libros que fueron reconocidos por los judíos como Escritura.

La Iglesia protestante sigue las pisadas de la Iglesia de los primeros siglos, y de los reformadores del siglo XVI, aceptando el Canon judío como inspirado. » [0]                             

 

 

 

¿Cuando aceptaron los judios su canon?

«No inmediatamente, los libros sagrados aparecieron en su actual plenitud. El tiempo desde Moisés (1550 a J. C.) hasta Samuel (1050 a J.C.) se puede llamar el primer período de la formación de las Sagradas Escrituras.

El Teoinspirado Moisés, que anotó sus revelaciones, leyes y descripciones dio la siguiente orden a los levitas que llevaban el Arca de la Alianza del Señor: “tomen este libro de la ley y colóquenlo a la derecha del Arca de la Alianza del Señor Dios nuestro”(Deuteronomio 31:26).

Los escritores sagrados subsiguientes continuaban agregando sus obras a los 5 libros de Moisés con la orden de guardarlos junto con aquellos, como un solo libro. Así, leemos sobre Josué Navin que el “escribió palabras de él, en el libro de Dios” o sea en el libro de Moisés (Josué 24:26).

Así mismo, se dice de Samuel, profeta y Juez, quien vivió al principio del período de Reyes, que él explicó al pueblo los derechos del reino e inscribió en el libro (aparentemente conocido para todos y previamente existente) y lo colocó delante del Señor” o sea al lado del Arca de la Alianza del Señor, donde estaban los libros de Moisés (1 Reinos 10:25).

Durante el tiempo desde Samuel hasta la esclavitud babilónica (589 a J. C.). los colectores y guardianes de los libros del A.T., eran los ancianos y profetas del pueblo hebreo. Sobre estos últimos, como principales autores de la escritura hebrea, a menudo se menciona en los libros de Paralipomenon.

Hay que recordar aquí el testimonio extraordinario del historiador hebreo José Flavio. El menciona la costumbre de los antiguos hebreos de revisar los textos existentes de las Sagradas Escrituras después de situaciones conflictivas como por ejemplo guerras prolongadas.

Se trataba como una nueva edición de Sagradas Escrituras – edición permitida solamente a los hombres Teo-inspirados – o profetas, que recordaban los hechos o acontecimientos muy antiguos y escribían la historia de su pueblo con máxima exactitud.

Es digna de mencionar una antigua tradición hebrea sobre el piadoso rey Exekia (710 a J. C.), que junto con ancianos escogidos editó los libros de Isaías, Parábola de Salomón, Cantar de los Cantares y Eclesiastés.

El tiempo desde la esclavitud Babilónica hasta la época de la Gran Sinagoga, en el reinado de Esdras y Nehemías (400 a J.C.), es el periodo de la culminación definitiva de la escritura de los libros Sagrados del A.T. (el canono).

El trabajo principal en esta obra pertenece al sacerdote (Esd. 7:12) con la colaboración del sabio Nehemías, quien formó una amplia biblioteca y recogió los relatos sobre los reyes, profetas y David, y las cartas de los reyes sobre los sagrados aportes (2 Marco 2:13).

Esdras revisó cuidadosamente y editó en un conjunto todos los escritos Teoinspirados. Incluyó en esta edición el libro de Nehemías y su propio libro. En aquel entonces todavía vivían los profetas Hageo, Zacarías y Malaquías, ellos sin duda colaboraron con Esdras incluyéndose sus obras en la lista de libros reunidos por Esdras.

Desde el tiempo de Esdras no aparecen más profetas Teoinspirados en el pueblo hebreo, y los libros que aparecen ya no se incluyen en la lista de libros Sagrados.

Así, el libro de Jesús hijo de Sirá, escrito en hebreo y a pesar de su valor eclesiástico, no entró ya en el canono sagrado.

La antigüedad de los libros del A.T. se nota por su contenido. Los libros de Moisés cuentan vívidamente la vida del hombre de tiempos remotos, pintan nítidamente las tradiciones patriarcales que coinciden con las tradiciones de aquellos pueblos.

El lector llega a la conclusión que el autor estaba cerca de los tiempos que describe.Según las referencias de los conocedores de la lengua hebrea, el estilo mismo de los libros de Moisés tiene un sello de gran antigüedad. Así, los meses del año todavía no tienen sus nombres propios sino solo números.

Los libros mismos carecen de títulos y se llaman directamente por la primera palabra de cada uno. Así, Bereshit significa “en el comienzo” – el libro de Génesis; Ve Elle Shemot “y estos son los nombres” – Éxodo, etc.

Esto es una demostración clara de que no existía ningún otro libro para que sea menester de distinguirlos uno del otro. Una marcada coincidencia con el espíritu y carácter de los tiempos y pueblos antiguos se nota en las obras de los escritores sagrados posteriores a Moisés[1]

Historia del canon del Nuevo Testamento [2]

Aunque las raíces de la formación del canon se remontan a la era apostólica, durante varios siglos no fue posible lograr un reconocimiento uniforme de todos los libros del Nuevo Testamento en toda la cristiandad.El canon del Nuevo Testamento no comenzó a existir por un decreto papal ni tampoco por la decisión de un concilio ecuménico de la iglesia.    

Tampoco fue el resultado de un “milagro”, según se afirma en el siguiente relato legendario:

Se dice que los delegados al Concilio de Nicea, deseosos de saber cuáles eran los libros canónicos y cuáles no, colocaron debajo de la mesa de la comunión todos los libros para los cuales se pedía un lugar en el canon. 

Entonces oraron para que el Señor les mostrara cuáles eran los libros canónicos colocándolos milagrosamente encima del montón. 

Según el relato, ese milagro sucedió durante la oración, y así se estableció el canon del Nuevo Testamento. 

Este relato, de origen dudoso, no tiene la más mínima posibilidad de ser cierto.

Las Sagradas Escrituras en la iglesia primitiva 

La colección de los escritos sagrados del Nuevo Testamento encontró su prototipo en el canon del Antiguo Testamento. 

La LXX (Antiguo Testamento), que era en todo el mundo de habla griega la Biblia de los judíos de la dispersión (diáspora), se convirtió en la Biblia de la cristiandad. 

Los cristianos aceptaron con ella la doctrina judía de la inspiración divina, de modo que en los libros del Antiguo Testamento no veían sólo las palabras de Samuel, David o Isaías, sino más bien la Palabra de Dios, el resultado del Espíritu divino y de una sabiduría divina. 

Como los cristianos creían que los judíos habían perdido sus privilegios y habían sido rechazados por Dios por rechazar a Cristo, la iglesia cristiana se consideraba a sí misma como la única que tenía derecho a ser dueña de esa Palabra de Dios y de interpretarla. 

El Antiguo Testamento contenía profecías que señalaban a Cristo y también muchas gloriosas promesas para el verdadero pueblo de Dios, pueblo que los cristianos creían que eran. Todo esto hizo que el Antiguo Testamento fuera amado por los primeros cristianos.

Además del Antiguo Testamento, la iglesia primitiva poseía las “palabras del Señor” como recibidas de Jesús mismo o de los apóstoles que habían sido testigos oculares. 

La iglesia consideraba las palabras y profecías de Jesús en el mismo nivel de inspiración que las afirmaciones del Antiguo Testamento. 

Por eso Pablo podía citar el Pentateuco y unirlo con una declaración de Jesús:

1 Timoteo 5:18 ”Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; (Deut. 25:4) y: “Digno es el obrero de su salario” (Lucas 10:7). 

Era sencillamente natural que cuando los apóstoles predicaban el Evangelio por todo el mundo, circularan oralmente muchas de las palabras del Señor y muchas reminiscencias en cuanto a él. 

Un ejemplo de esto lo tenemos cuando Pablo, hablando a los ancianos de Efeso, usó un dicho de Jesús que no aparece en ninguna parte de los Evangelios:

“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). 

Que la tradición oral acerca de las palabras de Jesús existía en el siglo II, queda demostrado por el relato de Eusebio (Historia eclesiástica iii. 39. 2-4) en cuanto al interés manifestado en ellas por Papías (primer tercio del siglo II).

Pero al mismo tiempo pueden verse en el más antiguo período cristiano ciertos pasos iniciales para la formación del canon del Nuevo Testamento. 

En la primera generación de cristianos aparecieron registros escritos de la vida de Cristo. En el prólogo de su Evangelio (Lucas 1:1-4), Lucas testifica de que existían en su tiempo varias obras que describían la vida y las enseñanzas de Jesús, y prosigue asegurando a sus lectores que su narración es digna de fe.

Puede aceptarse que antes de terminar el siglo I la mayoría de las iglesias poseían el Evangelio escrito. Es evidente que los padres de la iglesia estaban familiarizados con estos escritos, pues los citan. 

La palabra “Evangelio” – ευαγγελιον [euaggelion] aparece en el Nuevo Testamento sólo en número singular para designar las alegres nuevas de Jesús. 

Justino Mártir (c. 150 d. C.) fue el primero que usó el plural “los Evangelios” τα ευαγγελια [ta euaggelia] para designar los relatos escritos de la vida de Jesús. 

Poco a poco se comenzó a usar la frase “escrito está”, que generalmente se utilizaba para citar el Antiguo Testamento, para referirse también a los dichos de Jesús. 

La primera vez que se la usó fue en la Epístola de Bernabé (cap. 4), escrita antes de 150 d. C. 

El cap. 14 de la así llamada Segunda Epístola de Clemente, de más o menos la misma fecha, habla de la enseñanza de los “Libros de los apóstoles” acerca de la iglesia, referencia que puede incluir los Evangelios y el Antiguo Testamento como los “Libros”, y que ciertamente demuestra la categoría que habían alcanzado las epístolas en ese tiempo.

Además de los Evangelios circulaban otras obras cristianas en la iglesia primitiva; pero las epístolas del apóstol Pablo ocupaban el primer lugar.

Pablo escribió generalmente para hacer frente a problemas específicos en ciertas localidades; sin embargo, al mismo tiempo fomentaba la distribución de sus cartas, como es evidente por su pedido de que los colosenses (Col. 4:16) y los laodicenses intercambiaran sus cartas. 

Puede asegurarse que antes de que su carta pasara a otra congregación, por lo general la iglesia que la tenía hacía copia de ella. Las cartas de Pablo fueron quizá las que primero se copiaron, y esa colección de copias creció. Que esta colección ya existía en los días apostólicos puede deducirse por lo que dice Pedro (2 Pedro 3:15-16), alrededor tal vez del año 65 d. C. 

Así también Clemente Romano, que escribió a la Iglesia de Corinto 30 años después, pudo amonestarles: “Aceptad la epístola del bendito apóstol Pablo” escrita a los corintios (1 Clemente cap. 47). El hecho de que Clemente continúa refiriéndose al contenido de 1 Corintios parece indicar que esa epístola había sido guardada no sólo en Corinto sino que Clemente tenía también una copia a su disposición en Roma.

Otros testigos de que desde muy antiguo se distribuían los escritos de Pablo son Ignacio y Policarpo. Ambos escribieron en la primera mitad del siglo II.

Alrededor del año 117 d. D., Ignacio escribió desde Esmirna a los efesios que Pablo “en toda su Epístola hace mención de vosotros en Cristo Jesús” (cap. 12).

Probablemente a mediados del siglo II Policarpo escribió a los filipenses acerca de Pablo, que “cuando ausente de vosotros os escribió una carta que, si la estudiáis cuidadosamente, encontraréis que es el medio para edificaros en aquella fe que os ha sido dada” (cap. 3). En otra parte de la misma epístola (cap. 12) Policarpo cita a Pablo (Efe. 4:26) como “escritura”. 

Estas afirmaciones indican claramente que tanto Ignacio como Policarpo conocían muy bien por lo menos dos de las cartas de Pablo y que esperaban que las iglesias también las conocieran. Por eso parece probable que circulara ampliamente una colección de las epístolas de Pablo unas pocas décadas después de su muerte.

Otras epístolas, además de las de Pablo, deben también haber circulado desde los primeros años. 

Pedro dirigió su primera carta a los cristianos de cinco provincias del Asia Menor, dándole así claramente el carácter de una carta circular. 

Santiago tuvo el mismo propósito cuando dirigió su epístola “a las doce tribus que están en la dispersión”

Juan dirigió el Apocalipsis a las siete iglesias de la provincia romana de Asia y afirmó específicamente que tenía la inspiración divina en lo que escribía (Apocalipsis 1: 1-3; 22:18-19). 

Es razonable entonces concluir que estos libros rápidamente alcanzaron una amplia circulación.

Frente a estas pruebas es obvio el hecho de que libros que se originaron en el tiempo de los apóstoles, y que referían la vida de Cristo o contenían importantes mensajes de los apóstoles, fueron muy estimados por la iglesia y se reconoció su autoridad.

Evolución del canon del Nuevo Testamento, 140-180 d. C

El primero que estableció un canon del Nuevo Testamento fue el hereje Marción, aproximadamente a mediados del siglo II.

Marción era un consumado antisemita que sostenía que el Jehová del Antiguo Testamento, el Dios judaico de ira y justicia, no tenía nada en común con el Dios cristiano de amor. Marción sostenía que era un fiel intérprete de la teología cristiana de Pablo, y como era un excelente organizador fijó, para su propia iglesia sectaria, un canon bíblico de acuerdo con sus ideas.

Eliminó todo el Antiguo Testamento y también algunos libros de la era apostólica. Su Biblia consistía, por lo tanto, sólo del Evangelio de Lucas, los escritos del apóstol Pablo y un libro llamado Antíthesis, en el cual presentaba sus argumentos para rechazar el Antiguo Testamento.

Su colección de las epístolas de Pablo, llamada Apostólikon, consistía de diez cartas de Pablo: Gálatas, 1 y 2 Corintios, Romanos, 1 y 2 Tesalonicenses, “Laodicenses” (Efesios), Colosenses, Filipenses y Filemón.

Rechazó 1 y 2 Timoteo, Tito y Hebreos, y también alteró el texto de los libros que aceptó para que concordaran con su teología.

La obra de Marción obligó a la iglesia a definirse respecto a los libros que con justicia podrían ser considerados como parte de las Escrituras. Lamentablemente hay pocas fuentes disponibles que muestren claramente cómo procedió la iglesia cristiana en este asunto a mediados del siglo II. Un claro cuadro del canon del Nuevo Testamento sólo aparece alrededor del año 200 d. C.

Las escasas fuentes sobre este tema que están a nuestro alcance durante el período de que nos ocupamos, son las siguientes:

Justino Mártir, contemporáneo de Marción, escribió varias obras en Roma alrededor del año 150 d. C., en las cuales consideró los Evangelios como Sagradas Escrituras, al mismo nivel del Antiguo Testamento. Cuando describe los cultos de la iglesia cristiana, dice que en sus reuniones los cristianos leían las memorias de los apóstoles o los escritos de los profetas (es decir, el Antiguo Testamento) antes del sermón (Primera apología, cap. 67).

Al escribir para los lectores paganos, Justino usó un término literario: apomnêmoneumata, “memorias”, para referirse a los Evangelios, lo que explica en el pasaje precedente (Id., cap. 66).

Al mencionar los Evangelios antes que el Antiguo Testamento cuando describe la lectura de las Escrituras cristianas, indica que la iglesia daba a los Evangelios una categoría por lo menos tan elevada como la del Antiguo Testamento.

Justino también declara (Diálogo, cap. 103) que los Evangelios habían sido compuestos por los apóstoles o por los discípulos de los apóstoles.

A veces introduce citas de los Evangelios con una fórmula como ésta: “Cristo ha dicho” (Id., cap. 49, 105); y algunas veces con la frase: “Escrito está” (Id., cap. 49, 100, 107).

Si bien se ha debatido cuántos Evangelios conocía Justino, es fuerte la evidencia de que usaba los cuatro. Algunas de sus citas no están en la forma exacta en que aparecen en los Evangelios canónicos, y pueden haber sido tomadas de fuentes extrabíblicas.

En ese mismo tiempo en 2 Clemente se usan dichos de Jesús que no se hallan en los Evangelios canónicos (cap. 4-5, 12), por lo tanto no sería sorprendente que Justino hubiera hecho lo mismo.

Los escritos de Justino demuestran que no sólo estaba familiarizado con los Evangelios sino también con Romanos, 1 Corintios, Gálatas, Efesios, Colosenses, 2 Tesalonicenses, Hebreos, 1 Pedro y Hechos.

En una declaración tomada del Antiguo Testamento cita el Apocalipsis y un dicho del Señor (Diálogo, cap. 8l).

Taciano, discípulo de Justino, compuso una armonía de los cuatro Evangelios canónicos con lo cual parece indicar que consideraba que esos libros no estaban entre las obras apócrifas. Esta armonía conocida comoDiatesarón (literalmente “a través de cuatro”), parece que era la forma autorizada en que el relato evangélico circuló durante unos dos siglos en la iglesia de habla siríaca.

Teófilo de Antioquía. (m. c. 181 d. C.) coloca los Evangelios en el mismo nivel de los libros proféticos del Antiguo Testamento, y declara que fueron escritos por “neumatophoroi”, “[hombres] llevados por el espíritu” (A Autólico ii. 22; iii. 12).

El libro del Apocalipsis era tenido en alta estima en ese tiempo. Eso lo indican Justino Mártir (Diálogo cap. 81), Teófilo (Eusebio, Historia Eclesiástica iv. 24) y Apolonio (Eusebio, Id. v. 18).

El canon del Nuevo Testamento a fines del siglo II

A fines del siglo II es evidente que existía un canon, o sea un conjunto de libros reconocidos generalmente como los que constituían el Nuevo Testamento.
En diversas partes del mundo romano hay testigos que afirman la existencia de un canon tal.

De Roma procede un documento llamado el Fragmento Muratoriano.

De las Galias, el testimonio de Ireneo de Lyon.

Del Africa, el de Tertuliano de Cartago.

De Egipto, el de Clemente de Alejandría.

El Fragmento Muratoriano

La lista sistemática más antigua de libros del Nuevo Testamento que se conoce es el Fragmento Muratoriano, que recibe su nombre de su descubridor, L. A. Muratori, quien la encontró en la biblioteca de un monasterio de Milán en 1740.

Faltan el principio y el fin del documento, su latín es bárbaro y pésima su ortografía.

Por lo general los eruditos han llegado a la conclusión de que este fragmento originalmente fue escrito en Roma a fines del siglo II.

Presenta una lista de los libros que podían ser leídos públicamente en la iglesia y también menciona varios libros que no debían ser leídos.

En la porción que falta en el comienzo del Fragmento Muratoriano había evidentemente una observación acerca de Mateo; seguía una nota acerca de Marcos de la cual sólo se ha conservado una línea. Como Lucas es llamado el tercer Evangelio y Juan el cuarto, sin duda Mateo encabezaba la lista.

A continuación sigue Hechos de los Apóstoles, y después vienen las epístolas en este orden: 1 y 2 Corintios, Efesios, Filipenses, Colosenses, Gálatas, 1 y 2 Tesalonicenses, Romanos, Filemón, Tito, 1 y 2 Timoteo.

También incluye Judas y 1 y 2 Juan. Se han omitido Hebreos, Santiago, 1 y 2 Pedro y 3 Juan.

Hay otros libros que son puestos en duda o se rechazan completamente.

En el Fragmento se declara que aunque el Apocalipsis de Pedro (no debe confundirse con las epístolas de Pedro) es aceptado por algunos, otros pensaban que no debía ser leído en las iglesias.

Terminantemente se niega un lugar en el canon a las epístolas a los Laodicenses, a los Alejandrinos y al Pastor de Hermas.

Acerca del Apocalipsis se declara en el Fragmento, que aunque Juan escribió a las siete iglesias, habló a todas.

Ireneo y el canon del NT

Puede reconstruirse fácilmente teniendo en cuenta las numerosas citas bíblicas de Ireneo.

Reconoce los cuatro Evangelios como los únicos canónicos y los caracteriza como las cuatro columnas de la iglesia (Contra Herejías iii. 11. 8).

También acepta 13 epístolas de Pablo, 1 Pedro, 1 y 2 Juan, Hechos y Apocalipsis.

Ireneo no cita de Hebreos, Santiago y 2 Pedro, y quizá hayan estado ausentes de su colección de libros del Nuevo Testamento.

Tampoco menciona 3 Juan y Judas, pero eso puede haber sido accidental, pues ambas son muy cortas.

Pero es evidente que Ireneo consideraba al Pastor de Hermas como canónico pues introduce una cita de esa obra con las palabras: “La Escritura declaró” (Id., iv. 20. 2).

Tertuliano y el canon del NT
Un estudio de los escritos de Tertuliano revela un cuadro muy parecido al de Irineo respecto a su canon del Nuevo Testamento.

Aunque citaba la Epístola a los Hebreos, no la consideraba como canónica, pues pensaba que había sido escrita por Bernabé (Sobre el recato cap. 20).

Tertuliano aceptó el Pastor de Hermas durante sus primeros años, pero lo rechazó más tarde.

Clemente de Alejandría y el canon del NT

Clemente de Alejandría, un representante de la iglesia oriental, mostraba una inclinación más liberal hacia los escritos sagrados de lo que era habitual en el Occidente.

Además de los cuatro Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, también usaba, aunque en un nivel algo inferior de autoridad, los evangelios apócrifos de los Hebreos y de los Egipcios.

Su canon del Nuevo Testamento abarcaba también 14 libros de Pablo, incluso Hebreos, que la iglesia oriental aceptaba sin vacilaciones como epístola paulina, 1 Pedro, 1 y 2 Juan, Judas, Hechos y Apocalipsis, así como la apócrifa Epístola de Bernabé, el Apocalipsis de Pedro y otros escritos no canónicos.

No se puede determinar si conocía a Santiago, 3 Juan y 2 Pedro.

Los escritos de Clemente muestran con claridad que algunos libros rechazados por la iglesia occidental como no canónicos se usaban todavía sin escrúpulos en el Oriente.

Sólo en el Occidente se hacía en ese tiempo una clara distinción entre los escritos apostólicos y los que no lo eran.

Resumen

Un estudio de los principales testimonios referentes al canon del Nuevo Testamento a fines del siglo II, muestra que los cuatro Evangelios, 13 epístolas de Pablo, 1 Pedro, 1 y 2 Juan, Judas, Hechos y Apocalipsis se reconocían generalmente como canónicos.

Mientras que algunos en el Occidente aún ponían en duda a Santiago, 2 Pedro, 3 Juan y Hebreos, había quienes en el Oriente no tenían escrúpulos en usar como auténticos ciertos escritos apócrifos.

Este breve estudio muestra que el canon del Nuevo Testamento durante el siglo II no resultó tanto de un proceso de coleccionar escritos apostólicos, como de un proceso de rechazar aquellos cuyo origen apostólico no pudo confirmarse.

En el transcurso de los primeros cien años de la iglesia cristiana se escribieron muchos libros. Cada secta cristiana y cada provincia había producido algunos escritos, especialmente los llamados Evangelios.

Estos libros eran copiados y distribuidos, lo que dio como resultado que el conjunto de la literatura cristiana creciera hasta alcanzar un enorme volumen.

Pronto resultó evidente que se había mezclado hiel con miel, según una expresión del Fragmento Muratoriano para describir obras que se adjudicaban un origen apostólico, pero que sin embargo contenían enseñanzas gnósticas. Se hizo, pues, necesario que hubiera una clara norma en cuanto a estos libros espurios.

Una tendencia opuesta, que intensificó la necesidad de un canon, fue la manifestada por el hereje Marción.

Éste, para tener apoyo para sus enseñanzas antijudías, no sólo rechazó todas las obras espurias sino también varios libros de indudable origen apostólico. Su rechazo de tales obras genuinamente apostólicas más el uso difundido de escritos no apostólicos, obligó a los cristianos a decidir qué aceptaban y qué rechazaban.

Un principio que adoptaron para determinar la validez de un libro era la jerarquía del autor. Rechazaban todo lo que no fuera claramente de origen apostólico, pero como una excepción aceptaron las obras de Marcos y Lucas, colaboradores íntimos de los apóstoles.

Otra base para la canonicidad era el contenido de los libros para los cuales se pedía un lugar en el Nuevo Testamento. Libros que daban a entender que eran de origen apostólico fueron rechazados cuando se encontró que contenían elementos de gnosticismo. Un ejemplo de obras tales es el seudoevangelio de Pedro.

Eusebio (Historia eclesiástica vi. 12) registra un hecho que ilustra la forma como los dirigentes de la iglesia aconsejaban en cuanto a la formación del canon.

Alrededor del año 200 d. C., la Iglesia de Roso, cerca de Antioquía, parece que estaba dividida en cuanto al uso del Evangelio de Pedro, y los miembros de esa iglesia sometieron su disputa a Serapión, obispo de Antioquía.

Este no conocía bien esa obra y, pensando que todos los cristianos de Roso eran ortodoxos, permitió su uso; pero cuando más tarde se dio cuenta del carácter gnóstico de ese evangelio, escribió una carta a los de Roso y retiró el permiso que había dado previamente.

Es sumamente interesante notar que un obispo permitió que se leyera en la iglesia un libro desconocido para él, sin duda porque llevaba el nombre de un apóstol como su autor; pero lo prohibió tan pronto como reconoció, debido a su contenido, su carácter espurio y su falsa paternidad literaria.

Pueden haber sucedido con frecuencia casos semejantes, aunque no se ha conservado el registro de tales decisiones.

El canon en el Oriente después de 200 d. C.

La primera evidencia en cuanto al canon en el Oriente después de 200 d. C. proviene de Orígenes.

Orígenes observó que existía desacuerdo entre las diversas iglesias en cuanto al contenido del Nuevo Testamento, y estableció una diferencia entre los escritos generalmente reconocidos y los impugnados.

Eusebio presenta un registro de los puntos de vista de Orígenes, según los cuales eran generalmente aceptados los cuatro Evangelios, las epístolas de Pablo, 1 Pedro, 1 Juan y Apocalipsis.

Aunque Eusebio parece haberlo olvidado, debiera añadirse los Hechos, pues Orígenes claramente muestra que consideraba ese libro como perteneciente al mismo grupo.

Según el testimonio de Eusebio, en la lista de Orígenes todavía se impugnaban 2 Pedro, 2 Juan, 3 Juan y Hebreos; y que él también colocaba a Judas en esta categoría resulta evidente por sus propias declaraciones (Comentario de Mateo, xvii. 30).

Aunque el Pastor de Hermas, Bernabé y la Didachê estaban muy próximos al canon, Orígenes estaba convencido de que no eran libros apostólicos.

Controversia en cuanto al Apocalipsis

Durante el siglo III hubo en la iglesia oriental una controversia en cuanto al Apocalipsis.

Los cristianos ortodoxos no habían cuestionado antes la autenticidad de ese libro; siempre lo habían aceptado como inspirado y apostólico, y Orígenes no había expresado dudas en cuanto a la autoridad del Apocalipsis; pero sus seguidores atacaron este libro con vehemencia.

Especialmente se destacó Dionisio, obispo de Alejandría, quien escribió un tratado en el cual intentaba refutar la paternidad literaria apostólica del libro.

Los teólogos alejandrinos parecen haber atacado el Apocalipsis porque su vívida descripción de la realidad del castigo y del reino celestial no concordaba con su teología alegórica y espiritualizada.

Como resultado de esa controversia fue sacudida la fe que muchos cristianos tenían en el Apocalipsis, y por más de un siglo la iglesia oriental no estuvo segura de si ese libro debía aceptarse o no.

El Testimonio de Eusebio

En el tiempo cuando el cristianismo fue legalizado en el Imperio Romano (313 d. C.) ya se había trazado la línea de demarcación entre los libros reconocidos y los rechazados.

Por eso Eusebio, escribiendo alrededor del año 325 d. C. (Historia eclesiástica iii. 25), dividió en tres clases los libros del Nuevo Testamento que se tenían como canónicos.

(1) La primera clase comprendía los “Libros reconocidos”: los cuatro Evangelios, Hechos, 14 epístolas de Pablo (incluso Hebreos), 1 Juan, 1 Pedro y Apocalipsis;

(2) La segunda clase incluía los “libros puestos en duda”, que dividía en aquellos que eran “mencionados por muchos”: Santiago, Judas, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, y las obras “espurias”: los Hechos de Pablo, el Pastor de Hermas, el Apocalipsis de Pedro, la Epístola de Bernabé, la Didachê, y el Evangelio según los hebreos.

(3) En su tercera clase Eusebio colocaba los escritos “absurdos e impíos”, tales como los Evangelios de Pedro, Tomás, Matías, y los Actos de Andrés, Juan, y otros. Las afirmaciones de Eusebio revelan claramente que los cristianos habían separado categóricamente el tamo del trigo en las escrituras del Nuevo Testamento antes de que el cristianismo se convirtiera en una religión reconocida por el Estado a comienzos del siglo IV.

Los libros que él clasifica como “Libros reconocidos” y “Libros puestos en duda que sin embargo son mencionados por muchos”, son los mismos 27 libros del Nuevo Testamento reconocidos como canónicos por todos los cristianos hoy día. El rechazaba todos los otros.

El Canon de Atanasio de Alejandría

Un factor importante para dilucidar la cuestión del canon en la iglesia griega fue la declaración de Atanasio de Alejandría en su 39.a Carta festiva (367 d. C.).

Atanasio, como principal dirigente eclesiástico de su tiempo, dijo a sus obispos y al pueblo regido por esos obispos que el canon del Nuevo Testamento consistía de 27 libros.

No hizo la crítica de libro alguno ni estableció ninguna diferencia entre los libros. De todas las obras apócrifas sólo mencionó la Didachê y el Pastor de Hermas, y agregó que aunque esos dos libros no pertenecían al canon podrían ser usados para la edificación de los catecúmenos para el bautismo.

Aunque las órdenes de Atanasio sólo tenían fuerza legal en Egipto donde era reconocido como el jefe espiritual, sin embargo su personalidad era tan destacada que toda la iglesia de habla griega recibió la influencia de su veredicto.

Algunos teólogos del Oriente rechazaron el Apocalipsis hasta el mismo siglo V; pero el canon de Atanasio de 27 libros vino a ser la norma reconocida.

El canon entre los cristianos de habla siríaca

La formación del canon siguió un curso diferente en la iglesia de habla siríaca, que estaba al este de los límites de la Roma imperial, en la zona del alto Eufrates, Mesopotamia y Persia.

El cristianismo se arraigó hondamente en esa zona durante el siglo II, y quizá los Evangelios fueron traducidos al siríaco antes de 200 d. C. como lo indican los manuscritos Curetoniano y Sinaítico de los Evangelios.

Sin embargo, esos Evangelios parecen haber sido usados mucho menos que el Diatesarón, la armonía de los Evangelios preparada por Taciano quizá unos pocos años antes.

Durante los siglos III y IV la iglesia siria conocía el Evangelio casi exclusivamente mediante el Diatesarón.

Los dirigentes de la iglesia siria, tales como Teodoreto de Ciro y Rábula de Edesa, se esforzaron mucho en el siglo V por eliminar el Diatesarón y reemplazarlo por “el Evangelio de los separados”, nombre que se daba a los cuatro Evangelios. Poco se sabe del uso que antiguamente se dio entre los de había siríaca a otros libros del Nuevo Testamento.

Según la Doctrina de Addaí, escrita hacia 350 d. C., parece que las epístolas de Pablo y los Hechos de los Apóstoles se usaban en las iglesias siríacas, junto con el Antiguo Testamento y el Diatesarón; pero no se sabe desde cuándo las iglesias de habla siríaca conocieron esos libros, o si tenían las epístolas generales y el libro del Apocalipsis.

Una lista del siglo III de los libros del Nuevo Testamento, en siríaco, encontrada en el monasterio del monte Sinaí enumera sólo los cuatro Evangelios, los Hechos y las epístolas de Pablo, incluso Hebreos.

Una nueva traducción siríaca, la Peshito, apareció con un decidido apoyo eclesiástico a comienzos del siglo V. Reemplazó al Diatesarón con los cuatro Evangelios separados y también contenía los Hechos, 14 epístolas de Pablo, 1 Pedro, 1 Juan y Santiago. De modo que el Nuevo Testamento siríaco consistía de 22 libros, y así permaneció durante muchos años.

Como resultado de las controversias cristológicas del siglo V, y por presión del Occidente, algunos cristianos de habla siríaca aceptaron el canon de 27 libros, mientras que otros retuvieron sólo 22.

El canon después de 200 d. C. en el Occidente

El testimonio de Ireneo, de Tertuliano y del Fragmento Muratoriano muestra que al iniciarse el siglo III el canon del Nuevo Testamento casi se había definido en el Occidente.

Los cuatro Evangelios, los Hechos, 13 epístolas de Pablo, 1 Pedro, 1 Juan, Apocalipsis y quizá también 2 Juan y, Judas generalmente se reconocían como pertenecientes al canon. Segunda Pedro, Santiago, 3 Juan y Hebreos aún no habían alcanzado ese reconocimiento, aunque se aceptaban a veces algunas obras apócrifas.

Por lo tanto, la historia del canon después de 200 d. C. principalmente implica la aceptación de tres epístolas generales y Hebreos, y el rechazo de algunos apócrifos cuestionables. La iglesia del Occidente no contaba con tantos eruditos notables como la del Oriente, pero su disciplina eclesiástica era más vigorosa, y por eso la evolución del canon en el Occidente no implicó tantas vacilaciones como en el Oriente.

Finalmente la iglesia occidental siguió a la oriental en la aceptación de Hebreos, y al mismo tiempo en el Occidente se defendía fuertemente el Apocalipsis, libro que no fue aceptado en el Oriente durante el siglo III y parte del IV Finalmente los teólogos griegos cambiaron su actitud y aceptaron el Apocalipsis en su canon.

Durante todo el siglo III todavía las epístolas generales se usaban poco en la iglesia latina. Es muy raro encontrar citas de estos libros en los padres latinos de este período, y cuando ello ocurre son tomadas de 1 Juan y 1 Pedro; sin embargo, en el siglo IV las epístolas generales recibieron una amplia aceptación. Atestiguan de esto dos listas canónicas:

(1) La primera, que quizá provenía de África, es una lista descubierta por Teodoro Mommsen. En ella figuran cinco epístolas generales: tres cartas de Juan y dos cartas de Pedro; pero posteriormente alguien añadió a una de las dos copias existentes de este canon las palabras latinas una sola.

Esta observación corresponde tanto a las epístolas de Juan como a las de Pedro. Eso quizá indique que si bien es cierto que el autor original de esta lista reconocía como canónicas tres cartas de Juan y dos de Pedro, un lector posterior expresó su oposición a este punto de vista.

(2) La segunda lista canónica del siglo IV es el Catálogo Claromontano, encontrado entre Filemón y Hebreos en el Códice Claromontano (D), en París.

Allí están todas las siete epístolas generales en el siguiente orden: 1 y 2 Pedro, Santiago, 1, 2 y 3 Juan y Judas.

El decreto de Roma en 382 d. C.

La decisión final acerca del canon del Nuevo Testamento fue tomada por la iglesia latina en 382 d. C., cuando el sínodo de Roma, presidido por el papa Dámaso, decretó oficialmente que las siete epístolas generales forman parte integral del Nuevo Testamento.

Este decreto atribuyó la Primera Epístola de Juan al apóstol, y las otras dos a otro Juan, que se suponía que fue un presbítero.

La iglesia del norte de Africa siguió ese ejemplo, y en los concilios de Hipona (393 d. C.) y 3.o de Cartago (397 d. C.) se expidieron decretos similares al de Roma en 382 d. C.

La Epístola a los Hebreos

La Epístola a los Hebreos tampoco fue aceptada del todo en la iglesia de Occidente hasta la segunda mitad del siglo IV. La principal razón para esta demora radicó en que se discutía su paternidad literaria.

Los padres latinos de los siglos III y IV no mencionaban la epístola o rechazaban a Pablo como su autor. Por eso está excluida del Catálogo Claromontano, a menos que figure allí como “Epístola de Bernabé”, lo que es posible, pero poco probable.

A pesar de todo, los grandes teólogos y dirigentes eclesiásticos latinos de la última parte del siglo IV fueron decididamente influidos por la teología griega del Oriente, donde nunca se había dudado de que Pablo fuera el autor de Hebreos.

Por eso Jerónimo, Hilario de Poitiers, Lucifer de Cagliari, Vigilio de Tapso, Ambrosio, Agustín y otros dirigentes del Occidente comenzaron a aceptar la canonicidad de Hebreos.

Esta tendencia fue legalizada en el sínodo de Roma en 382 d. C. que declaró que en el canon hay 14 cartas de Pablo. Los concilios posteriores de Hipona y Cartago también reconocieron que Hebreos es una epístola paulina.

En su canon del Nuevo Testamento, Agustín, tal como lo presenta en su obra De doctrina cristiana (II. 8, 12-14), no difiere en nada del canon de Atanasio de Alejandría contenido en su 39.a Carta Pascual .

Desde este tiempo en adelante, las iglesias latina y griega tuvieron el mismo canon del Nuevo Testamento de 27 libros.

El Concilio de Trento (1545-1564) etableció por decreto un canon de las Escrituras obligatorio para todos los miembros de la Iglesia Católica

Los libros apócrifos del Nuevo Testamento fueron rechazados antes y más resueltamente en la iglesia de Occidente que entre los cristianos del Oriente.

Alrededor del año 200 d. C. había en el Occidente una clara definición respecto a los libros cuyo origen apostólico era cuestionable, como lo demuestran Tertuliano y el Fragmento Muratoriano, si bien algunos de esos mismos libros eran usados sin escrúpulos por Clemente de Alejandría.

Los libros apócrifos todavía eran parte de la literatura de la iglesia de Oriente en los siglos III y IV, como lo testifican las obras de Orígenes y de Eusebio.

En ese tiempo dichos libros eran rechazados unánimemente por los padres de la iglesia latina; sin embargo, manuscritos bíblicos posteriores revelan que en algunos círculos continuaron usándose libros apócrifos hasta la Edad Media.

Se sabe que 20 de esos manuscritos contienen una traducción latina del Pastor de Hermas, y más de 100 tienen la así llamada Epístola de Pablo a los Laodicenses.

Es un hecho notable que ninguno de los concilios ecuménicos de la iglesia de los primeros siglos trató de fijar el canon.

El primer concilio ecuménico (reconocido sólo por la Iglesia Católica) que trató del canon fue el Concilio de Trento (1545-1564), el cual estableció por decreto, por primera vez, un canon de las Escrituras obligatorio para todos los miembros de la Iglesia Católica.

Aunque, como ya se mencionó, concilios anteriores habían tratado del canon, esos concilios no eran ecuménicos y, sólo tenían jurisdicción sobre ciertos distritos eclesiásticos.

La Providencia Divina guió la formación del Canon

El estudio de la evolución del canon del Nuevo Testamento proporciona una evidencia convincente de que la mano de la Providencia guió en la formación del canon de la Palabra escrita de Dios.

Como se ha visto ya, las decisiones que produjeron el canon de 27 libros no fueron en esencia la obra de una iglesia organizada que expresara su voluntad mediante un papa o un concilio general.

Más bien, el canon de las Escrituras evolucionó gradualmente durante unos cuatro siglos, a medida que muchos cristianos, bajo la dirección del Espíritu de Dios, reconocieron que ciertas obras habían sido inspiradas por el mismo Espíritu y otras obras no lo habían sido.

En esta obra de selección, divinamente inspirada, ciertas normas ayudaron a los primeros cristianos para decidir qué libros merecían un lugar en las Escrituras y cuáles no; y una de esas normas fue la paternidad literaria.

El Nuevo Testamento era las buenas nuevas acerca de Jesucristo, y naturalmente los cristianos creían que la presentación más auténtica de este pasaje provenía de aquellos hombres que la habían Escrito porque habían estado con Jesús.

Por eso finalmente sólo se aceptaron aquellas obras de las cuales los cristianos estaban claramente convencidos de que habían sido escritas o por un apóstol o por un compañero de un apóstol que escribió en el período apostólico.

Por eso los libros de Marcos y Lucas fueron admitidos debido a que todos los cristianos estaban convencidos de que habían sido escritos en el tiempo de los apóstoles Pedro y Pablo, y quizá bajo su supervisión.

Pero la Epístola de Bernabé, ampliamente aceptada en el siglo II, finalmente fue eliminada del canon porque su contenido demostraba que no pudo haber sido escrita por ese colaborador de los apóstoles.

El Pastor de Hermas gozó del favor de algunos de los primeros cristianos; pero al fin fue excluido del canon porque se originó en el período postapostólico.

Otra norma usada por la iglesia primitiva para la fijación del canon fue el contenido de cada libro.

A veces eso implicaba un discernimiento más sutil que la cuestión de la paternidad literaria. Se necesitaba la evaluación de un libro en términos de su valor intrínseco, su compatibilidad con el resto de las Escrituras y su conformidad con la experiencia cristiana.

Sin duda, en gran medida debido a este principio la iglesia primitiva rechazó muchos Evangelios gnósticos y libros de Apocalipsis de esa misma tendencia.

Para efectuar con éxito todo esto, era esencial la conducción del Espíritu de Dios, el mismo Espíritu que guió la mente de profetas y apóstoles mientras escribían, y que ha hecho surgir la convicción en el corazón de todo verdadero creyente mientras lee las Escrituras de que realmente es la Palabra de Dios.»

Conclución: 

«SE HA LLEGADO a la conclusión generalmente aceptada, de que los cinco primeros libros del Antiguo Testamento fueron escritos por Moisés alrededor de 1.500 años antes de Cristo.

Estos cinco libros se llaman el Pentateuco. Otros escritores contribuyeron con el resto de los libros a lo largo de los siguientes mil años.

Los libros fueron escritos todos en la lengua hebrea, y se supone que el primero que los reunió fue Esdras (ver Nehemías 8.5) alrededor de 400 años antes de Cristo.

En Alejandría, en el año 277 antes de Cristo, el Antiguo Testamento hebreo fue traducido al griego y arameo por setenta sabios, y lo llamaron la “Septuaginta” u obra de los setenta.

Parece ser que esta fue la versión de uso general en los días del Señor Jesús, de la que tanto él como los apóstoles citaban pasajes.»[3]

«Cuándo y por qué establecieron oficialmente los judíos su canon de las Escrituras? Desde tiempos antiguos habían empleado los libros de la Ley como dotados de autoridad divina. Los libros de los diferentes profetas probablemente fueron aceptados como sagrados desde que aparecieron. Sabemos que pasó bastante tiempo antes que todos los Escritos se aceptaran como Escrituras. El libro de Ester, por ejemplo, fue puesto en tela de duda hasta los tiempos de Cristo. Puede ser que sea un reflejo de tal duda el hecho que en las cuevas del Mar Muerto se han encontrado fragmentos de cada libro del Antiguo Testamento con excepción a Ester. La situación después del año 70 d.C. requería acción oficial. En ese año fue destruido el Templo, juntamente con la ciudad de Jerusalén. Esto trajo la terminación del sistema judío de sacrificios. Los saduceos, que habían dominado el sacerdocio, se desvanecieron. Los fariseos, que enseñaban las Escrituras en numerosas sinagogas, sobrevivieron como los líderes. Los judíos llegaron a ser el pueblo del Libro. Pero tenían que trazarse los límites exactos de las Sagradas Escrituras. No podía haber ninguna duda respecto a los libros que tenían que admitirse como dotados de autoridad divina. Luego hubo otro factor muy importante. Comenzaron a aparecer los escritos cristianos: las Epístolas de Pablo, otras cartas, y muy especialmente los Evangelios. Era necesario condenar todos estos libros nuevos e impedir que fuesen usados por los adherentes del judaísmo. El resultado fue que en el Concilio de Jamnia, alrededor de 90 d.C., los rabinos fijaron oficialmente los límites del canon judío. Allí se incluyeron los 39 libros de la Biblia hebrea actual, divididos entre la Ley, los Profetas y los Escritos.»[4]

« Al estallar la violencia, en los años 67 y 68 d.C., el emperador Nerón encargó al general Vespasiano dominar la situación y erradicar el nacionalismo judío. Vespasiano comenzó las operaciones militares pero, una vez elegido emperador (año 69), encomendó la tarea a su hijo Tito, quien en 70 culminó la conquista del país con la toma y arrasamiento de  Jerusalén, la destrucción de la vida nacional de los judíos y su  Dispersión por todo el mundo entonces conocido.

El país reconquistado se convirtió en la provincia romana de Judea, gobernada por un legado senatorial residente en Siria. Las ciudades y los pueblos fueron reconstruidos lentamente y la vida comercial e intelectual recomenzó mientras en Jerusalén la Legión X Fretensis mantenía la Pax Romana. En Jamnia, localidad vecina a Gaza, desde el 68 d.C. y con permiso del emperador Vespasiano, funcionaba una academia de doctores y escribas judíos, fundada por el rabí Yojanán Ben Zakai, la cual trabajó ininterrumpidamente hasta el 425, cuando el emperador Teodosio II la suprimió. Disuelto el sanedrín desde el año 70 d.C., la academia de Jamnia constituyó durante tres siglos y medio la máxima autoridad del judaísmo; su labor fundamental fue la definición de cuáles libros se consideraban autoritativos ( Canon del Antiguo Testamento), y la recopilación de la tradición que se fijó en la Mishnah y el  Talmud, roca espiritual del judaísmo posterior[5]

«Después de la destrucción de Jerusalén en 70 d.C. y con esto la dispersión, los judíos se vieron forzados a buscar algo que mantuviera su unidad eidentidad como nación. Ya que no podían reunirse para celebrar el culto en el Templo de Jerusalén, seguían reuniéndose en sus sinagogas para la lectura de las Escrituras y la oración. Sin embargo, por la cantidad de libros religiosos, tuvieron que analizar cuáles eran Escritura y cuáles no. En el año 90 d.C. un grupo de destacados rabinos se reunieron en Jamnia, en la costa de Fenicia, para tratar el tema del Canon ya existente. El lugar de los libros de Ester, Eclesiastés y Cantar de los cantares fue discutido, pero fueron al final aceptados como Escritura. Pero en la práctica, el Canon del AT ya estaba determinado antesde la venida de Cristo.»[6]

muro-de-los-lamentosEl muro de las lamentaciones,Foto de Ben Chapman  

Notas: 
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A L Z H E I M E R

30 Abril 2009 pauloarieu 3 comentarios

A L Z H E I M E R
Es un gran monstruo, pero nada cuesta hacer los ejercicios propuestos..

El hemisferio derecho del cerebro, le va a agradecer…

“Gimnasia para el cerebro”

El simple hecho de cambiar de mano para cepillar los dientes, contrariando su rutina y obligando la estimulación del cerebro, es una nueva técnica para mejorar la concentración, entrenando la creatividad y la inteligencia y así realiza un ejercicio de Neuróbica.
Un descubrimiento dentro de la “Neurociencia” , revela que el cerebro mantiene capacidad extraordinaria de crecer y mudar el padrón de sus conexiones.


Los autores de este descubrimiento, Lawrence Katz y Manning Rubin (2000), revelan que Neuróbica, o la “aeróbica de las neuronas” es una nueva forma de ejercicio cerebral, proyectada para mantener al cerebro ágil y saludable, creando nuevos y diferentes padrones de actividades de las neuronas de su cerebro.
Cerca de 80% de nuestro día a día, está ocupada por rutinas, que a pesar de tener la ventaja de reducir el esfuerzo intelectual, esconden un efecto perverso: limitan al cerebro.
Para contrariar esta tendencia, es necesario practicar ejercicios “cerebrales” , que hacen a las personas pensar solamente en lo que están haciendo, concentrándose en esa tarea. El desafío de Neuróbica, es hacer todo aquello contraria a la rutina, obligando al cerebro a un trabajo adicional.

Alguno de los ejercicios:
- Use el reloj en el pulso contrario al que normalmente lo usa;
- Cepíllese los dientes con la mano contraria al de costumbre:
- Camine por la casa, de espalda (en la China, esta rutina lo practican en los parques);
- Vístase con los ojos cerrados;
- Estimule el paladar con cosas diferentes;
- Vea las fotos, de cabeza para abajo (o las fotos, o usted);
- Mire la hora, en el espejo;
- Cambie de camino para ir y volver del trabajo;
- Muchos otros, dependiendo de su inventiva.
La idea es cambiar el comportamiento de rutina. Tiente hacer algunas cosas diferentes, con su otro lado del cerebro, estimulándolo de esa manera. ¡Vale la pena probar!
¿Que tal si comienza practicando ahora, 

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La Inspiración Verbal de la Escritura

30 Abril 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

La Inspiración Verbal de la Escritura

En la sexta entrega de la serie “La Palabra de Dios” hablaremos de la Inspiración Verbal de la Escritura.

Básicamente, esta doctrina enseña que cada una de las palabras que encontramos en la Biblia es Palabra de Dios. El Rev. Ronald Hanko nos muestra con algunos ejemplos cómo esta doctrina no es considerada en muchas de las nuevas versiones de la Biblia.

 

La Inspiración Verbal de la Escritura

La doctrina de la inspiración verbal está íntimamente relacionada con la doctrina de la inspiración plenaria. Esta enfatiza que las palabras de la Escritura son inspiradas por Dios. La Escritura no es sólo la Palabra de Dios, también es las palabras de Dios.

Nuevamente enseñamos y enfatizamos esto en contra de aquellos que piadosamente afirman que la Escritura es inspirada en sus enseñanzas y doctrinas pero no en palabras y detalles. Tal enseñanza es, por supuesto, simplemente un sin sentido, ya que es imposible que la Escritura sea la inspirada Palabra de Dios en sus enseñanzas y pensamientos si las palabras en las cuales aquellas enseñanzas son dadas nos son ellas mismas inspiradas e infalibles.

La creencia en la inspiración verbal hace que nosotros, como cristianos que hablan inglés, seamos fuertes defensores de la versión King James (Autorizada). Una importante característica de esta versión, encontrada en pocas versiones modernas, es que ella pone en cursivas aquellas palabras que no son encontradas en los originales hebreos y griegos, mostrando lo mejor posible a aquellos que no pueden leer hebreo o griego cuales son las palabras de la Escritura. Puede ser necesario agregar palabras con el objetivo de obtener una buena traducción a nuestros lenguajes, pero aquellos que leen deben saber que las palabras en cursivas fueron agregadas por hombres y no, de hecho, habladas por Dios.

La doctrina de la inspiración verbal se encuentra en pasajes de la Escritura tales como Salmos 12:6, Proverbios 30:5 y Apocalipsis 22:18-19; también hay otros pasajes de la Escritura que se refieren a las palabras que Dios ha hablado y causado a ser escritas (Salmos 50:17; Salmos 119:130).

Hay notables ejemplos en la Escritura de la importancia de esta doctrina – del hecho de que las palabras exactas de Dios son importantes. En algunos casos las elecciones de palabras crean enormes diferencias.

Si Génesis 17:7 dijera descendencias y no descendencia, sólo la diferencia entre singular y plural, no podría ser una profecía sobre Cristo (ver Gálatas 3:16). Esta referencia a Cristo se pierde completamente en algunas versiones modernas.

A veces las palabras en el idioma original hace difícil entender el pasaje, como en hebreos 11:11. La Escritura dice que Sara recibió fuerza para concebir. La palabra griega es ordinariamente usada para el masculino y es traducida comúnmente como “engendrar” o “generar”. Ya que esa es la palabra que usa la Escritura, nuestra única obligación es entender por qué la Escritura usa aquella palabra, y no cambiar el pasaje, como lo hace la NVI, para ponerlo en línea con nuestro pensamiento. La NVI dice que Abraham fue capacitado para ser padre, aún cuando Abraham no es mencionado en el versículo. Tales cambios, así hay muchos en la NVI, son una negación de la inspiración verbal.

Hay muchos más ejemplos de lo mismo, pero el punto para nosotros es que necesitamos escuchar cuidadosamente lo que Dios dice. Estar satisfecho con haber obtenido lo esencial del texto, la importancia general de lo que Dios está diciendo, no basta. Debemos estar seguros de que lo hemos oído, creído y obedecido exactamente y en detalle. Si Él ha tomado el cuidado de revelarse, hablándonos por medio de la Palabra escrita, ¿quiénes somos nosotros para no tener cuidado al oír, obedecer y creer que cada palabra de Dios es pura? (Salmos 12:6).

Fuente: “The Verbal Inspiration of Scripture” de Doctrine according to Godliness del Rev. Ronald Hanko, pp. 16-17.

http://reformadoreformandome.wordpress.com/2008/11/21/la-inspiracion-verbal-de-la-escritura/

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Revelación: Extención de la Inspiración

30 Abril 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

Revelación: Extención de la Inspiración

sistematica.jpgAunque la sistemática de Buswell estaba en el bolso que hoy me robaron, el aporte del hermano Erwin en el post anterior nos permite subir la segunda entrega del capítulo acerca de la Revelación.

En esta sección Buswell nos enseña de las cinco posiciones en torno a la inspiración bíblica, aceptando como correcta la “inspiración verbal”. Los invito a leer este post para aprender un poco más sobre el Libro de los libros.

 

Entre los teólogos que han mantenido algún tipo de fe en la revelación sobrenatural hay diversidad de opiniones en cuanto al grado o extensión en que la Biblia es la Palabra infalible de Dios. Sabemos, por ejemplo, que hay errores en la traducción de nuestra versión común. Extraordinariamente pocos, pero la traducción no es inerrable. Sabemos también que hay lecturas variantes en el texto de los idiomas originales como ha llegado a nosotros. Los casos en que no podemos estar seguros de las palabras originales son microscópicos en proporción al total: la milésima parte es el cálculo hecho por Westcott y Hort. Sin embargo, no tenemos un texto absolutamente inerrable en el Antiguo o en el Nuevo Testamento.

Hay algunos que irán más allá de los problemas de traducción y los problemas del texto, y argumentan que la Biblia misma, en el original, solamente contenía la Palabra de Dios, y también contenía «equivocaciones, errores, y discrepancias».

Podríamos clasificar cinco tipos de opiniones:

(1) La opinión de que la Biblia es inspirada en cuanto nos transmite «la Palabra de Dios» en ciertos pasajes y en ocasiones particulares. Esta es, creo yo, una declaración imparcial de la opinión bartiana, pero en ningún sentido está limitada a los que generalmente siguen la teología de Karl Barth.

(2) Hay otros que tienen un punto de vista mucho más alto de la inspiración, esto es, que la Biblia es la regla infalible de fe y práctica en todos los asuntos religiosos, éticos, y espirituales, pero no en otras cosas. Esta fue la opinión del profesor Andrés C. Zenos, quien sostuvo que la palabra «infalible» quiere decir sólo que la Biblia no deja de realizar su propósito religioso, aunque contiene, dijo él, muchas «equivocaciones, errores, y discrepancias».

Es obvio que esta interpretación de la palabra «infalible» es contraria al uso histórico. Además, nuestro sistema cristiano de doctrina esta tan íntimamente relacionado con acontecimientos históricos que si los asuntos históricos y reales no son transmitidos correctamente, el cristiano sencillo no tiene manera de determinar los límites de los así llamados valores religiosos.

(3) La posición mantenida por los teólogos ortodoxos se designa como inspiración «plenaria» o inspiración «verbal». Frecuentemente se juntan las dos palabras para evitar cualquier ambigüedad. Se sostiene que la Biblia entera en todas sus palabras es la Palabra de Dios e «inerrable en los escritos originales». Esto quiere decir que lo que la Biblia dice, cuando se entiende correcta y gramaticalmente en su fondo histórico, es absolutamente verídico en el sentido de que el significado de cada palabra es verdad.

(4) Otra opinión ha sido la de aquellos que han sostenido la inspiración de las letras de la escritura hebrea y griega en un sentido netamente mecánico, rehusando reconocer que la ortografía no es esencial al significado de las palabras y que en los idiomas antiguos la ortografía nunca fue una cosa completamente determinada. Algunos han rehusado creer que los puntos usados para las vocales hebreas no aparecían en los escritos originales. Hasta he leído la opinión de que la forma de las letras hebreas cuadradas es inspirada, porque las letras están en las formas de las ventanas del cielo por las cuales tiene que pasar la luz. Los numerólogos cabalísticos bíblicos asumen alguna forma de la opinión de que las letras son inspiradas.

(5) Ocasionalmente se encuentra la opinión de que tenemos que entender la Biblia literalmente en el sentido de que no se encuentran tropos en ella. Por supuesto, esta es una opinión de ignorancia crasa. Sin embargo, no es raro para los que desean negar la veracidad y confianza en la Biblia que acusen a los cristianos que creen la Biblia de tal literalismo tosco.

En realidad, la principal definición de interpretación literal es sencillamente «la construcción e implicación natural o usual … siguiendo el sentido ordinario y aparente de las palabras». Según esta definición, la interpretación «literal» no deja de reconocer los tropos (lenguaje figurado) y viene a ser lo mismo que la interpretación gramático-histórica. «Literal» como opuesto de «figurativo » es sólo la cuarta de seis definiciones de «literal» en el diccionario.

Entre los usos que hemos notado, el punto de vista ortodoxo es conocido comúnmente como «inspiración verbal» o «inerrancia verbal de los escritos originales». Cabe notar claramente que «inspiración verbal» es un término que se refiere a la extensión de la inspiración y no al modo. Ha habido malentendidos sobre este punto y algunos han tratado de atribuir al término «inspiración verbal» una teoría del modo de inspiración, conocida con el nombre de «dictado mecánico».

En la primavera de 1926, después que el Wheaton College hubo adoptado oficialmente la «inspiración verbal» como una parte de su plataforma doctrinal, algunos de los exalumnos se me acercaron con una objeción formal, por razón de que la inspiración verbal designara un modo mecánico de dictado. Yo contesté que tal no era el significado del término. «Verbal» quiere decir sencillamente que cada palabra es la Palabra de Dios y que cada palabra es verdad. Cuando adopté esta posición, el grupo abrió triunfalmente el diccionario oficial de Webster, edición de 1926, y leyó «… la inspiración verbal extiende la inspiración a cada palabra, que se sostiene haber sido dictada por el Espíritu Santo». Entonces cuando contesté que el diccionario estaba equivocado, parecía estar haciendo el ridículo.

Ahora bien, la C. y C. Merriam Company, editores del diccionario Webster, es una gran autoridad lexicográfica, que emplea a cientos de lectores en todo el mundo de habla inglesa, y que pone todo su empeño en publicar definiciones que reflejen correctamente el buen uso. No me desalenté en lo más mínimo, ni me desconcerté, sino que inmediatamente empecé a reunir datos. La evidencia era bastante abrumadora. Mostró que los únicos que atribuyen dictado mecánico a la «inspiración verbal» son los que rechazan la inspiración verbal, mientras que numerosas autoridades eruditas, defendiendo la inspiración verbal declaran explícitamente que en ella no está implicada ninguna teoría mecánica ni de dictado. «Verbal» se refiere a la extensión de la inspiración, no al modo. Presenté este material a los editores, y cuando la segunda edición apareció en 1934 la frase censurada fue omitida, y la definición que ahora se encuentra en el diccionario Webster no contiene este error.

Tengo que dar mi testimonio que este incidente aumentó mi confianza en la C. y C. Merriam Company. Sus definiciones se basan en la evidencia del uso, y la evidencia comprobó que «inspiración verbal» en buen uso no implica una teoría de dictado mecánico.

http://reformadoreformandome.wordpress.com/2008/02/23/revelacion-extencion-de-la-inspiracion/

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En Defensa de… la Inspiración de la Biblia

30 Abril 2009 pauloarieu 1 Comentario

En Defensa de… la Inspiración de la Biblia

por Wayne Jackson, M.A., y Bert Thompson, Ph.D.
INTRODUCCIÓN
Imagine que usted tuviera acceso a cada libro religioso que ha sido escrito. Imagine, también, que usted pudiera pasar aquellos libros a través de alguna clase de cernedor para colar solamente aquellos volúmenes que claman ser un libro de credo, por el cual usted debería conducir y vivir su vida. Lo cierto es que esa sería una tarea dura—una, probablemente, que muy pocos libros podrían pasar. Luego, imagine además que pudiera tomar los libros que pasaron la prueba y pasarlos a través de un segundo cernedor que colaría solamente aquellos libros que claman ser tanto un libro de credo para regular la vida, e inspirados por Dios. Interesantemente, usted podría casi contar ese número de libros ¡con los simples dedos de una mano! La reclamación de inspiración por mano de Dios es efectivamente rara. Por ende, la primera pregunta que debe ser hecha de cualquier volumen por el cual la inspiración es promocionada es esta: ¿Clama el mismo libro ser inspirado?

Leer mas…

¿Implica la Idea de Inspiración Escribir al Dictado?

30 Abril 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

¿Implica la Idea de Inspiración Escribir al Dictado?
por Eric Lyons, M.Min.

Algunas veces la gente honesta y sincera aparentemente cree que Dios dictó cada jota, cada tilde y cada palabra en las Escrituras, usando a los escritores de la Biblia como nada más que robots que copiaron obedientemente las Escrituras—al pie de la letra y palabra por palabra. Sin embargo, si Dios hubiera dictado la Biblia, el estilo y vocabulario de cada libro de la Biblia sería completamente igual. Pero al leer las Escrituras nos damos cuenta que el punto de vista del dictado es incorrecto. Lo cierto es cada libro de la Biblia muestra la personalidad y el estilo de cada autor. Los escritos de Pablo son diferentes a los de Pedro, y los escritos de Juan son diferentes a los de Lucas. A veces, los escritores de la Biblia usaron palabras diferentes para narrar la misma historia o dar los mismos mandamientos.

Por ejemplo, considere una de las diferencias entre el evangelio de Marcos y Lucas. Al escribir acerca de cuán difícil es que una persona rica entre al cielo, Marcos dijo que “más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja” (Marcos 10:25). Marcos usó la palabra griega rafis (aguja), la cual significa una aguja de coser. Por otro lado, cuando Lucas usó la misma analogía (Lucas 18:25), empleó la palabra griega belone, la cual se usaba frecuentemente para hablar de una aguja de cirugía. Se enseña el mismo principio en ambos textos, pero se usa palabras diferentes. Lucas fue un médico (Colosenses 4:14), y por ende usó la clase de aguja con la cual estaba más familiarizado. De igual manera, Marcos usó el término para una aguja de costura, muy probablemente porque esa era la clase de aguja con la cual estaba más familiarizado. ¿Es ésta una contradicción? No. Esta diferencia solamente refleja dos personalidades diferentes, pero enfatiza la misma idea. Aunque el concepto puede ser algo difícil de entender, la inspiración implica la selección de palabras exactas, pero permite que se refleje la personalidad del autor en el escrito. Y aunque la inspiración se extiende a cada palabra de la Escritura, no anula la personalidad o el interés humano. En palabras sencillas, cuando los escritores de la Biblia reclamaron inspiración (cf. 2 Pedro 1:20,21 y 2 Timoteo 3:16,17), no pretendieron decir que ellos escribían al dictado.

El punto de vista correcto es entender que la inspiración de la Biblia es verbal y plenaria. Esto significa que los escritores de la Biblia escribieron exactamente lo que Dios quería que escribieran, sin errores o confusiones, pero con sus propias personalidades. Con la palabra “verbal”, queremos decir que cada palabra está en la Biblia porque Dios lo permitió (a través de la guía del Espíritu Santo). El rey David reconoció claramente la validez de esta clase de inspiración cuando dijo: “El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado en mi lengua” (2 Samuel 23:2, énfasis añadido). Con “plenaria”, queremos decir que todas las palabras y todas las partes de la Biblia son inspiradas, sin omitir nada. (“Plenario” significa completo).

Al emplear la inspiración verbal y plenaria, Dios garantizó que los escritores de la Biblia escribieran solamente lo que era correcto y consistente con Su voluntad.

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¿Qué significa que la Biblia es inspirada?

30 Abril 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

¿Qué significa que la Biblia es inspirada?


Pregunta: “¿Qué significa que la Biblia es inspirada?”

Respuesta: Cuando la gente dice que la Biblia fue inspirada, se están refiriendo al hecho de que Dios influenció divinamente a los autores humanos de las Escrituras de tal manera que lo que ellos escribieron fue la misma Palabra e Dios. En el contexto de las Escrituras, la palabra inspiración significa sencillamente “Exhalada por Dios” La inspiración nos comunica el hecho de que la Biblia es realmente la Palabra de Dios, y hace que la Biblia sea única entre todos los demás libros.

Mientras que hay diferentes opiniones acerca de hasta que punto la Biblia es inspirada, no cabe duda que la Biblia por sí misma clama que cada palabra, en cada parte de la Biblia, fue inspirada por Dios ( 1 Corintios 2:12.13; 2 Timoteo 3:16.17)

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Yiye Ávila pierde otra hija en trágico accidente en Venezuela

29 Abril 2009 pauloarieu 10 comentarios

 

Yiye Ávila pierde otra hija en trágico accidente en Venezuela
Miércoles 29 de Abril de 2009
Sociedad
Puerto Rico | noticiacristiana.com

Esta es la segunda tragedia que invade el seno de la familia de Yiye Ávila, siendo Noemí la segunda hija que el evangelista pierde en forma abrupta.

Ayer martes 28 de abril, se informó el fallecimiento de la pastora Noemí Ávila Talavera, hija del evangelista internacional, Yiye Ávila.

El trágico accidente de auto ocurrió en horas de hoy martes, mientras ella manejaba en la carretera de Maturín hacia Anaco en Venezuela, Noemí se encontraba en labores evangelisticas en suelo venezolano.

Esta es la segunda tragedia que invade el seno de la familia de Yiye Ávila, siendo Noemí la segunda hija que el evangelista pierde en forma abrupta.

“La Familia de nuestro hermano Yiye se encuentra totalmente afectada, ante tal noticia. A veces la sociedad espera que la reacción sea de completa serenidad, pero se olvidan que aun Jesús lloró ante la noticia de la muerte de su amigo, por lo tanto estos padres nuevamente están pasando un momento muy triste y requieren del apoyo del pueblo cristiano con la oración” , afirmó una fuente anónima y cercana a la familia.

Se espera que el vocero oficial del Ministerio Cristo Viene, cuya sede está en Camuy, Puerto Rico, en las próximas horas informe sobre el traslado del cuerpo a Puerto Rico y la planificación del servicio funeral para que todo el país pueda desbordarse en muestra de afecto al Rev. Yiye Ávila y su familia.


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Que significa la Inspiracion divina de las escrituras? Desarrolle teorias plenaria,parcial mecanica.

29 Abril 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

Me doy cuenta que lo poco que se, apenas representa una pequeña gota en el vasto oceano de todo lo que ignoro (Enesto Trenchard, TE)

Pregunta 6 

¿Que significa la Inspiracion divina de las escrituras? Desarrolle teorias plenaria,parcial y  mecanica. Ejemplos en el A.T y en el N.T donde se explique que la Biblia es inspirada Dios y explicarlos.

Introduccion:
El  martes 23 septiembre del 2008, el cardenal Albert Vanhoye, jesuita, ex rector del Instituto Bíblico Pontificio y ex secretario de la Comisión Bíblica Pontificia,  uno de los biblistas contemporáneos más reconocidos en el mundo, faltando pocos días para el Sínodo de los Obispos del año 2008, se expresó en una entrevista que le realizaron diciendo así: “Ciertamente la convicción de que la Sagrada Escritura es esencial para conocer a Cristo, para seguirle, para investigar todas las dimensiones del misterio de Cristo. La estrecha relación entre investigación exegética y profundización de la fe y de la vida espiritual. Esto ha hecho que no haya dudado nunca en estudiar, investigar y emplear todas mis fuerzas y mis capacidades en este estudio de importancia fundamental para la vida de la Iglesia.[0]
Aca podemos ver en las palabras de este teólogo la gran relación que hay entre la biblia y la vida espiritual del creyente. Tan grande es su relación con Cristo y con el texto biblico, que ha entregado su vida al estudio de las escrituras.Creo que es muy buen ejemplo a considerar.

¿Que es la inspiración?

Definición:

«Los autores de la Biblia declaran que escribieron guiados por Dios. El apóstol Pablo dice enfáticamente que toda Escritura es inspirada divinamente. (II Tim. 3:16) A esa influencia divina que cobijó a los autores mientras que escribieron la Biblia se le llama inspiración. No debe confundirse la inspiración así descrita con la inspiración de los poetas, pintores o los músicos; eso es un don natural que Dios da a ciertas personas; la inspiración de los autores sagrados no fue natural sino sobrenatural, milagrosa. Nunca hubo hombres igualmente inspirados antes, ni los habrá en el futuro.
… diremos que la inspiración bíblica es aquella influencia inexplicable del Espíritu Santo sobre ciertos hombres escogidos, por Dios, para escribir la revelación del carácter y Su voluntad, que los guardaba de error en la comunicación de todo lo que debía constituir una parte de esa revelación.»[1]
Algunas opiniones al respecto
1. G.C.Ryrie la definió de esta manera:“Dios supervisó a los autores humanos de la Biblia, para que ellos compusieran y grabaran sin error Su mensaje a la humanidad en las palabras de los escritos originales”  [2]
2. Lewis Sperry Chafer dice así:« La Biblia es el único libro escrito por inspiración de Dios, en el sentido de que Dios ha guiado personalmente a sus escritores. La inspiración de la Biblia se define como una enseñanza que Dios ha impartido directamente a sus autores y que, sin destruir ni anular su propia individualidad, su estilo literario o intereses personales, Dios ha transmitido en la misma Su completo e íntimo pensamiento, y así ha quedado registrado por sus autores humanos. Al formar las Escrituras, es cierto que Dios empleó a escritores humanos; pero esos hombres, aunque no pudieran haber comprendido todo lo que estaban escribiendo, sin embargo, bajo la guía de Dios y su mano directriz, produjeron los 66 libros que forman la Biblia, en la cual se halla una fascinante continuidad y una constante evidencia de la obra del Espíritu Santo dirigiendo sus plumas.
Los autores de la Biblia declaran que escribieron guiados por Dios. El apóstol Pablo dice enfáticamente que toda Escritura es inspirada divinamente. (II Tim. 3:16) A esa influencia divina que cobijó a los autores mientras que escribieron la Biblia se le llama inspiración. No debe confundirse la inspiración así descrita con la inspiración de los poetas, pintores o los músicos; eso es un don natural que Dios da a ciertas personas; la inspiración de los autores sagrados no fue natural sino sobrenatural, milagrosa. Nunca hubo hombres igualmente inspirados antes, ni los habrá en el futuro»[3]
3. «Inspiración es aquella actividad propia del Espíritu Santo, ejercida “sobre”, “dentro”, y “a través” de la mente y personalidad de los escritores sagrados, en virtud de la cual fueron éstos capacitados para declarar o registrar, sin incurrir en error ni contradicción alguna, la revelación de Dios según Su mente y voluntad. Trátase de un influjo sobrenatural, de Dios “al” hombre, “en” el hombre y “por medio” del hombre.
Tal actividad e influjo, fueron ejercidos por el Espíritu Santo:
(a) “sobre” o “al” escritor sagrado, como un impulso divino que le inducía y predisponía a escribir;
(b) “dentro” o “en” el escritor revelándole las materias o asuntos que debía registrar, dándole, como escogiendo del lenguaje propio del mismo, las palabras adecuadas a esa revelación;
(c) “a través” o “por medio” del escritor, guiándole y utilizándole de tal manera que éste registraba exactamente lo que el Espíritu de Dios quería que fuese registrado, sin anular por ello el estilo personal del hagiógrafo, sino dentro de su propia modalidad.

En cuanto a los propósitos de la inspiración, pueden sintetizarse diciendo que fueron los de dar a conocer a los hombres maravillas de Dios, especialmente en relación con: (a) el mismo Dios, Su personalidad, atributos y gloria; (b) obras de Dios, tanto en términos generales como muy particularmente las relacionadas con la redención de nuestras almas a fin de que conociéramos el camino de nuestra salvación eterna, y (c) todos los demás asuntos que integran los registros de las Santas Escrituras, los cuales nos atañen en una u otra manera, tanto respecto del pasado, del presente, como del futuro.»[4]  

4. Carlos Mraida,pastor bautista argentino, dijo«No seríamos equilibrados si pensáramos que un proceso que Dios ha dirigido por siglos y que ha llevado a su culminación en Cristo, quedara sin ningún testimonio escrito para los tiempos futuros. Este testimonio son las Escrituras, y forman parte de la revelación especial.Por inspiración de la Escritura, entendemos a la influencia sobrenatural del Espíritu Santo sobre los escritores de la Escritura, …que dio como resultado que lo que ellos escribieron fura realmente la Palabra de Dios”»[5]

5. El diccionario de Webster define a la inspiración de la siguiente manera:«“Es la influencia sobrenatural del Espíritu de Dios ejercida sobre la mente del hombre, influencia que capacitó a los profetas, apóstoles y escritores sagrados para exponer la verdad divina sin mezcla de error.” Por su parte, el diccionario Espasa-Calpe dice: “Intimación que Dios hace al escritor sagrado para que este escriba acerca de una determinada materia, junto con una asistencia especial para que no yerre en su exposición.”

6. De acuerdo con lo expuesto por el doctor Gaussen, inspiración es “el poder inexplicable que el Espíritu Divino ejerce en los autores de las Escrituras, para guiarlos aun en el empleo de los vocablos que deben usar, y preservarlos de todo error u omisión”.»[6] 

7.Nos dice el doctor William Evans., que la inspiración, según la definición formulada por el apóstol Pablo en este pasaje (2 Timoteo 3:16) es «un soplo recio, consciente, de Dios en el hombre, capacitando a éste para expresar la verdad”… “Es Dios que habla por medio del hombre, y por lo tanto el Antiguo Testamento es la Palabra de Dios tanto como si Dios mismo hubiera pronunciado cada una de las palabras. Las Escrituras son el resultado del influjo o hálito divino, así como la respiración acompaña en el hombre la pronunciación de palabras. La declaración de Pedro se puede decir que indica que el Espíritu Santo se encontraba presente en forma especial y milagrosa con los escritores de las Sagradas Escrituras y en ellos, recalcándoles las verdades que no habían conocido antes, y guiándolos igualmente en el registro de estas verdades, y en todo acontecimiento que habían visto y oído, de manera que eran testigos capacitados para presentarlos con suficiente exactitud a otros.”» [7]

Pasajes en el Nuevo Testamento que tratan específicamente con el tema de la inspiración  
«A. II Timoteo, 3:16:—Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.- La frase -inspirada por Dios- es una sola palabra en el griego, teopneustos, y significa literalmente, respirado por Dios. Esto quiere decir que la Sagrada Escritura fue exhalada por Dios e inhalada por las mentes de los hombres por obra del Espíritu Santo. Clemente de Alejandría en el siglo segundo y Orígenes, en el siglo tercero, emplearon esta palabra con referencia a las Escrituras».[8]  
 1) Lo que abarca: “toda la Escritura”. Se puede traducir también “cada Escritura”, pero en ambos casos diría lo mismo: que todas y cada parte de la Escritura es inspirada.
El término “Sagradas Escrituras” del versículo 15, abarca por lo menos todo el AT. Era un término muy usado por los judíos de su tiempo (se da con frecuencia en los escritos de Filón y Josefo) refiriéndose a la totalidad del AT. El NT usa el término “escrituras” 51 veces y siempre en referencia a alguna parte de la Biblia, tanto del AT como del NT (Lc.4:21; 24:45; Jn.10:35; 1Ti.5:18; 2P.3:16). Las dos últimas son importantísimas. En el pasaje de Timoteo, Pablo atribuye el término “Escrituras” al texto del AT en unión con un pasaje del NT (Dt.25:4; Lc.10:7), y Pedro a todos ios escritos de Pablo. De esto podemos concluir, con toda seguridad, que la inspiración divina se extiende a todos los textos canónicos, tanto del AT como del NT.

2) El origen o procedencia: “es inspirada por Dios” (gr.theopneustos) = “Dios + soplado, respirado”. Todo radica en el “soplo” o “aliento” de Dios. El mismo aliento que hizo del hombre un ser viviente inspiró a los autores de Su Palabra. Esto significa que los autores humanos escribieron el texto, pero la Biblia se originó como una acción de Dios, que la espiró.

3) El efecto y propósito: toda la Biblia es útil. En el versículo 15 vemos que es útil para alcanzar la salvación, y en el 16 para diferentes aspectos necesarios para la edificación o santificación. Nos enseña cómo vivir. [9]

«B. II Pedro 1:21:—Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” La segunda mitad del versículo quiere decir literalmente,—sino que impulsados por el Espíritu Santo hablaron los hombres de parte de Dios.- Es decir que los autores humanos de la Biblia fueron elevados por el Espíritu Santo a un nivel más alto de entendimiento espiritual, a fin de impartirles la verdad divina que para que puedan comunicarla a sus prójimos. »[10]

«1) La comparación: en los versículos anteriores (16-18) se presentan los mismos apóstoles como testigos presenciales de la verdad de Cristo.

En los versículos 19 al 21 se indica que “la palabra profétíca” es todavía “más segura”, porque recoge el testimonio no sólo de una generación sino de muchos siglos. Demuestra la superioridad del texto escrito sobre ia propia experiencia personal y, sobre todo, porque es “palabra profétíca”, es decir, se trata de la palabra de hombres inspirados por Dios.
2) La “profecía” o la “palabra profétíca” no debe ser necesariamente limitada a las porciones proféticas. En la división judía de las Escrituras (Ley, Profetas y Salmos) como hemos visto, no sólo entra lo que nosotros entendemos por profetas (Josué, Jueces, Samuel, Reyes, etc.).
Pero si vamos a la definición de profeta veremos algo más. El profeta en el concepto bíblico no es, primeramente, el que predice el futuro sino el que transmite el mensaje de parte de Dios. En esta definición entrarían todas las Escrituras.
3) El origen de la profecía:
a) Negativamente hablando “ninguna profecía de ¡a Escritura… fue traída por voluntad humana”. No vino por propia iniciativa del hombre.
b) Positivamente, “…sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. Este “inspirar” en realidad debería decir “llevados”, “movidos” o “impulsados”. La ilustración es el barco a vela llevado por el viento de popa, como lo fue el barco de Pablo antes de naufragar en las costas de Malta. Los hombres seguían activos pero no podían hacer nada para cambiar el rumbo o destino del barco, O sea, los escritores de la Biblia escribieron de parte de Dios, fueron tomados por el Espíritu Santo de manera total y absoluta, y conducidos a la meta elegida por Dios.
Esto también tiene un segundo e importantísimo significado: a pesar de ser hombres pecadores y con falencias, esta palabra es completamente segura, inerrante (sin error), porque es dada por inspiración divina. Por lo tanto, Dios nos dio una Biblia completamente veraz en su texto original
[11]

Notemos tres puntos en este texto:

1) Define a las Escrituras como Sagradas, con capacidad para impartir una sabiduría que puede hacer sabio para la salvación o salud por la fe que es en Cristo Jesús (v. 15). No se trata, pues, de escritos comunes y de sabiduría común; es una cuestión Sagrada y vital, que imparte sabiduría sobrenatural y salvadora.

2) Define a “toda Escritura”, lo que incluye en su significado tanto a las del Antiguo como a las del Nuevo Testamento, es decir, a la Biblia considerada como un todo. Y aunque el Nuevo Testamento aún no estaba concluido, ni compilado como los tenemos ahora, debe no obstante quedar incluido en la sentencia, pues ya hemos sabido por el apóstol Pedro que los escritos apostólicos eran considerados en pie de igualdad con las otras Escrituras. Así es que TODAS estas, quedan definidas como “INSPIRADAS DIVINAMENTE”, (“Theopneustos”, en el original griego), expresión fuerte, significando dadas por el aliento divino, como la misma “respiración” de Dios. Esto es concluyente y tiene la fuerza de una palabra final y autoritativa por completo (v. 16).

3) Define los santos propósitos de los santos escritos, al discernirles su utilidad para: “enseñar, redarguir, corregir, instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra” (v. 17). Es decir, que los propósitos son eminentemente prácticos y santificantes. Las Escrituras fueron inspiradas divinamente y enseñan para santificar, pasando entre uno y otro extremo de la línea, por las fases básicas imprescindibles: manifestar lo oculto de los corazones, “redarguir”; lavar los pecados y la mala conciencia de obras de muerte, “corregir”; transformar al individuo por la obra de regeneración y nuevo nacimiento, “instituir en justicia”; edificar y establecer un nuevo ser, “el hombre de Dios”; hecho capaz intelectual, moral y espiritualmente para obrar la voluntad de Dios, “perfecto, enteramente instruido para toda buena obra”.

2ª. PEDRO 1: 19 a 21:

“Tenemos también la palabra profética más permanente, a la cual hacéis bien de estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones. Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación, porque la profecía no fue en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo.”

En este texto se revelan aquellas partes que hemos establecido en nuestra definición de la inspiración, tanto “sobre” los profetas, pues nos dice: “la profecía no fue traída por voluntad humana”, dándonos con ello a entender que la iniciativa, guía y acción son exclusivamente obra de Dios; como “en” y “a través” de los profetas: “hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo”. Y es interesante observar que en los versículos precedentes, v. 16 a 18, el apóstol Pedro registra la gran experiencia que tuvo junto con Jacobo y Juan en el monte de la transfiguración, donde pudieron oír en forma externa y perfectamente audible la misma voz del Santo Padre Celestial, y recalca el hecho de que ellos no siguieron fábulas como por arte compuestas, sino hechos reales y verdaderos.Además, se nos informa con toda claridad que los varones portavoces de la palabra de Dios eran vasos escogidos y santificados, completamente rendidos a la voluntad del Señor: “los santos hombres de Dios”.
   b) Respecto a los escritos apostólicos:

«2ª. PEDRO 3: 1, 2 y v. 15 a 16.

“Carísimos, yo os escribo ahora esta segunda carta, por las cuales ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento; para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y de nuestro mandamiento, que somos apóstoles del Señor y Salvador. Y tened por salud la paciencia de nuestro Señor; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito también; casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para perdición de sí mismos.”

En este texto se nos muestra que los escritos apostólicos son también producto, no de humana sabiduría, sino de la “sabiduría que les fue dada”, es decir, de Dios. Tales escritos son puestos aquí en pie de igualdad con los del Antiguo Testamento, lo que da así énfasis al hecho de que tanto el Antiguo como el nuevo Testamento eran —y son— las Escrituras producidas en virtud de tal Sabiduría.»[12]

C. 1 Corintios 2:13

«En este pasaje Pablo señala que la revelación de Dios llegó a nosotros en palabras. Esto contrarresta la suposición de algunos que la inspiración solamente tiene que ver con los pensamientos que Dios quería que supiéramos, y no con las palabras que expresaron estos pensamientos.
Esto nos lleva otra vez a la inerrancia de las Escrituras. Las palabras mismas son Inspiradas. A esto se le llama la inspiración verbal (Otros pasajes en donde se puede comprobar esto son: Mt.5:18; 22:31,32; Jn.8:58; 1Co.2:13; Gá.3:16; 1Ts.2:13; He. 12.27).
D. Juan 10:34,35
“La Escritura no puede ser quebrantada”. Nótese el contexto del versículo: Cristo se está defendiendo del cargo de blasfemia. En defensa acude a la cláusula del Salmo 82:6.
Aunque Cristo cita de los Salmos, lo llama “vuestra fe”. Lo hace en el sentido de que todo el AT tiene autoridad legal valedera.
El término “quebrantada” es el mismo que se usa con respecto a los 10 mandamientos (Mt.5:19) y la ley en general (Jn.7:23) que no puede ser anulada. Debe ser aceptada tal cual está.
Es interesante notar que Cristo se refiere solamente a una cláusula del AT. Concluímos que la autoridad de las Escrituras comprende hasta las mismas formas de expresión de sus cláusulas más casuales.
»[13]

Algunas referencias en el Antiguo Testamento

«Del pasaje en Números 11: 16 a 30, veamos solamente algunos textos:

“Entonces Jehová dijo a Moisés: Júntame setenta varones de los ancianos de Israel…” (v. 16). “Y yo descenderé y hablaré allí contigo; y tomaré del espíritu que está en ti y pondré en ellos… ” (v. 17). “Y salió Moisés y dijo al pueblo las palabras de Jehová; y juntó los setenta varones de los ancianos del pueblo, e hízoles estar alrededor del tabernáculo” (v. 24). “Entonces Jehová descendió en la nube, y hablóle; y tomó del espíritu que estaba en él y púsolo en los setenta varones ancianos; y fue que, cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron y no cesaron” (v. 25).

Aunque estos textos no tratan específicamente de escritores —excepción hecha de Moisés—, lo que deseamos hacer notar aquí es que el Espíritu de Dios debía ser puesto “sobre” y “en” los instrumentos humanos escogidos y recién entonces manifestábanse, “por medio” o “a través” de ellos, los justos juicios de las Palabras de Dios. Se trata exclusivamente de un influjo sobrenatural que les capacitaba realmente para funciones proféticas. Puede consultarse a este mismo respecto el texto de 1ª. Samuel 19: 19 a 24, que trata del tan conocido caso de Saúl y sus mensajeros, que al llegar donde se hallaba refugiado David, profetizaron porque vino sobre ellos el Espíritu de Jehová.

JEREMIAS 1: 1 a 9: “Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías…” (v. 1). “La palabra de Jehová que fue a él…” (v. 2). “Fue pues palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te santifiqué, te di por profeta a las gentes” (v. 5). “Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah! ¡Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño” (v. 6). “Y díjome Jehová: No digas, soy niño; porque a todo lo que te enviaré irás tú, y dirás todo lo que te mandaré. Y extendió Jehová su mano, y tocó sobre mi boca; y díjome Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca” (v. 9). Notemos en este texto tres hechos:

1) Las palabras de Jeremías son identificadas con las palabras de Jehová (v. 1 y 2). Con ello se establece que los mensajes eran divinos, dados por Dios al hombre y por medio del hombre a los demás hombres.

2) El tal hombre era un vaso escogido por Dios; y en este caso, el Señor declara que tal escogimiento lo realizó antes que el tal hombre fuera concebido. Además, antes de ser nacido ya lo había santificado, apartado y dado por profeta a las gentes (v. 5).

3) Que tal aptitud no era fruto natural del siervo escogido, como proviniendo de su capacidad humana, sino, por el contrario, se trataba de una obra sobrenatural, divina, en y a través de aquél, y sólo en virtud de tal obra, podía el siervo de Dios hablar las palabras de Dios (v. 6 a 9).

JEREMIAS 36: 1 – 2: “Y aconteció en el cuarto año de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, que fue esta palabra a Jeremías, de Jehová, diciendo: Tómate un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las gentes, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy.”

Ahora vemos claramente que fue la voluntad de Dios que Sus mensajes dados “a” y “por” los profetas escogidos fueran escritos y registrados íntegramente. Todas las palabras, sin faltar una, debían ser escritas. Tal era el mandamiento y a él debían sujetarse los escritores. No podían ni debían quitar ni agregar nada. “…todas las palabras que te he hablado… desde el día que comencé a hablarte, escríbelas; tómate un rollo de libro y escríbelas.” Sí, las escrituras han sido escritas no por voluntad humana, sino por voluntad de Dios, no con palabras de humana sabiduría, sino con palabras de Dios. Las palabras que Dios había hablado, eran las palabras que Jeremías debía escribir. (Ver, también, v. 3, 4 y 14 a 18.)

EXODO 17: 14: “Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que del todo tengo de raer la memoria de Amalec de debajo del cielo.”

En esta cita vemos que Dios mandó registrar, además de sus revelaciones extraordinarias, ciertos hechos históricos ordinarios en la vida de los pueblos, que contenían lecciones histórico-espirituales provechosas para la posteridad y que eran del dominio del conocimiento propio de sus siervos Es un caso típico de inspiración a escribir lo que había ya sucedido, que Moisés conocía de por sí, y que el Señor deseaba quedara registrado tal como había acontecido. Es interesante, además, observar que el Señor agrega una palabra profética al registro histórico, cuando revela a Moisés que diga a Josué “que del todo tengo de raer la memoria de Amalec debajo del cielo”. (Ver, en esta misma línea de pensamiento, lo que dice: Deuteronomio 31: 19, 22, 24 a 26.)» [14]

A. TEORIAS DE LA INSPIRACION

«La doctrina de la inspiración, según se enuncia en la Palabra, es muy sencilla, pero la presentación de puntos de vista erróneos y defectuosos hizo necesario “proteger” la doctrina mediante definiciones amplias y detalladas.

Los modernistas comparan la inspiración de los escritores sagrados con esa clarividencia espiritual y sabiduría que desplegaron hombres como Platón, Sócrates, Browning, Shakespeare, Cervantes y otros genios de la literatura, la filosofía y la religión. Se considera así a la inspiración algo puramente natural. K»ta teoría despoja al vocablo inspiración de todo su significado; no es consecuente con el carácter único y sobrenatural de la Biblia.» [15] 

I. Erróneas

1.Naturalista
2. De la Intuición
3. De la iluminación o teoria de la Gracia
4. Teoria Parcial
5. Teoria del Concepto o del Pensamiento
6. Teoría Mecánica o del dictado

II. correcta

7. Teoría de la inspiración verbal o plenaria

OBSERVACIÓN:Solo vamos a desarrollar  la 7, la 4 y la 6

1. Teoría de la Inspiración verbal y plenaria. 

«En la historia de la iglesia, la visión ortodoxa de la inspiración ha sido descrita como verbal y plenaria. Por inspiración verbal se quiere significar que el Espíritu de Dios fue quien guió la elección de las palabras usadas en los escritos originales. Sin embargo, la Escritura indica la factura humana. Varios libros de la Biblia reflejan las características personales del escritor, en estilo y vocabulario, y con frecuencia sus personalidades están expresadas en sus pensamientos, opiniones, plegarias o temores. No obstante, aunque son evidentes los elementos humanos en la Biblia, la doctrina de la inspiración plenaria sostiene y afirma que Dios lo dirigió, de tal forma que todas las palabras que fueron usadas, lo fueron igualmente por Dios, e inspiradas por El. Esto se pone de relieve por el uso de la palabra «plenaria», que significa «completa inspiración», como término opuesto a los puntos de vista que afirman que sólo hay una parcial inspiración en la Biblia.

Otras palabras descriptivas adicionales se añaden con frecuencia para aclarar lo que es la doctrina ortodoxa. Se declara que la Escritura es infalible en el sentido de ser precisa e inmune a todo error. También se declara que la Escritura es inerrable, significando con ello que la Biblia no contiene ningún error, como declaración de hecho. Aunque la Biblia puede registrar en ocasiones declaraciones de los hombres que no son ciertas, o incluso palabras de Satanás, como en Génesis 3:4, en todos esos casos, aunque la declaración atribuida a Satanás o a los hombres está fielmente registrada, está claro que Dios no afirma la verdad de tales declaraciones. Al afirmar que la Biblia está verbal y totalmente inspirada, además de ser inerrable e infalible en sus declaraciones de la verdad, se sostiene que la guía perfecta y sobrenatural de Dios es suministrada a toda palabra de la Escritura, de tal forma que la Biblia pueda ser considerada como una precisa y exacta declaración de la verdad divina.

La seguridad de la inspiración se aplica, por supuesto, a los escritos originales solamente y no a las copias, traducciones o anotaciones. Como no existe ningún manuscrito original, los eruditos se han extendido en gran medida para determinar la precisión del texto de la Biblia de que ahora disponemos. Para el propósito de enseñar la verdad, puede presumirse y tenerse por cierto de que nuestras presentes copias de la Biblia son exactas reproducciones de los escritos originales. Si bien existen pequeñas variantes en el texto, tales variaciones apenas afectan cualquier enseñanza de la Biblia y los hallazgos posteriores de manuscritos tienden a confirmar esta conclusión.  

Para todos los propósitos prácticos, el Antiguo Testamento, escrito en hebreo, y el Nuevo, redactado en griego, pueden ser aceptados como la verdadera Palabra de Dios y una auténtica declaración de lo que Dios intentó comunicar al hombre.»[16]

De acuerdo, pues, con lo anteriormente expresado, mientras que la inspiración se extiende a toda palabra de la Escritura, no se desestima la personalidad humana, el estilo literario o el interés personal. La Biblia afirma la realización humana, al igual que lo hace con la autoridad divina del Libro. Dios cumplió con exactitud lo que El quiso al dirigir a los autores humanos que la escribieron, pero sin el proceso mecánico del dictado. Algunas porciones de la Biblia fueron dictadas por Dios y así está indicado en el mismo texto sagrado, pero la mayor parte de la Biblia fue escrita por autores humanos sin evidencia de un dictado directo[17]

2. Verbal

«Definición: Por Inspiración Verbal significa que el Espíritu Santo inspiraba tanto los temas o ideas como las mismas palabras en que eran declarados, desarrollados y escritos.

Ello no implica que los escritores fuesen meros autómatas. Ya hemos visto en la lección anterior que los mismos eran “santos hombres de Dios” que “hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo” (2 P. 1: 21), de modo que cumplieron su cometido como voceros o instrumentos escogidos, hablando y escribiendo como conductos santificados por la obra y bajo la inspiración espiritual de Dios. Tratábase, pues, de siervos del Señor hechos aptos para la tarea por la obra especial del Espíritu Santo, que mantenían íntima comunión espiritual con Dios y estaban plenamente identificados con Su obra en y por medio de ellos, de la cual eran plenamente conscientes. No se trataba de mera actitud pasiva o estática sino dinámica, rica en comunión espiritual activa y plena, de la cual tenían pleno discernimiento y en la cual se gozaban.

2 Samuel 23: 1 – 3: ” Estas son las postreras palabras de David… el ungido del Dios de Jacob, el suave en cánticos de Israel: EL ESPIRITU DE JEHOVA HA HABLADO POR MI Y SU PALABRA HA SIDO EN MI LENGUA.” (v.1, 2). Vemos claramente allí que David fue ungido de Dios y que era plenamente consciente de que el Espíritu de Jehová hablaba por su instrumentalidad y que la misma Palabra de Jehová era dada en su hablar.

Exodo 4: 12, 15: “Ahora pues, ve, que YO SERE EN TU BOCA Y TE ENSEÑARE LO QUE HAYAS DE HABLAR. Tú hablarás a él (a Aarón, v. 13, 14) y pondrás en su boca las palabras, Y YO SERE EN TU BOCA Y EN LA SUYA Y OS ENSEÑARE LO QUE HAYAIS DE HACER.”

Léanse, en esta misma conexión, las siguientes escrituras: Jos. 1: 1; Is. 6: 8 – 10; Jer. 16: 1, 2 y cp. 18: 1 – 6; Hch. 1: 16 y cp. 28: 25 – 27; 1 Tim. 4: 1.

Veinte veces Isaías dice que sus escritos son las palabras de Jehová; casi cien veces repite Jeremías “Así dice Jehová” o usa palabras que equivalen a esa afirmación; Ezequiel declara unas setenta veces que lo que escribe lo registra por revelación de Jehová. El testimonio pues, es de carácter masivo.

3.Plenaria

Que el Espíritu Santo inspiraba las materias y verdades, dando libertad, en ciertos casos, a los escritores, para expresarlos en su propia manera, lenguaje y estilo humanos, aunque guiándolos y supervisándolos sobrenaturalmente en forma tal que los escritores jamás incurrieron en error ni contradicción alguna.

Esta declaración ha sido objetada, tanto por los “modernistas” como por algunos creyentes, como pasamos a ver.

Los “modernistas-racionalistas” se toman de la primera parte de la citada definición, para argüir que al quedar en libertad los escritores para verter en su propia manera, lenguaje y estilos humanos, los temas y verdades inspirados por Dios, incurrieron en los errores que caben esperarse en toda obra hecha por los hombres. Por lo tanto, dicen, la Biblia contiene muchos pasajes viciados con tales errores. Observe el lector que tal contención de los modernistas racionalistas desglosa la definición o la divide en dos partes, tomando sólo algunos conceptos de la primera parte, pero omitiendo totalmente la segunda parte, que dice que Dios guió y supervisó sobrenaturalmente a los escritores, con lo cual toda posibilidad de errar quedó totalmente neutralizada o anulada y, por lo tanto, en la Biblia no hay error alguno.

La segunda objeción proviene de algunos creyentes poco avisados, que, no comprendiendo bien o no aceptando tal guía ni control sobrenatural por parte del Espíritu Santo sobre los escritores, a quienes dio en ciertos casos libertad de expresión, han rechazado totalmente esta definición y hasta han llegado a considerarla como una teoría falsa. Algunos, arguyen que “no existe libertad donde hay control”, palabras que parecen impresivas, sin duda, pero que no se aplican cabalmente al caso en foco. Tanto unos como otros se equivocan, por las siguientes razones:

a) Interpretan mal el concepto mismo de la definición, que no trata de una libertad que conduce a “ocasión a la carne”, sino que se trata únicamente de LIBERTAD DE EXPRESION DE LA VERDAD, DENTRO DE LA VERDAD. No es libertad para que puedan tergiversar con propias interpretaciones el material o asunto revelado. No se trata de una acción de “inspiración natural” del escritor para expresar la inspiración dada por Dios, con las consiguientes posibilidades de equivocación. Se trata, repetimos, de libertad de expresión, dentro y de, la verdad, estando allí presente el Espíritu para evitar toda desviación.

b) Limitan las grandes posibilidades divinas, o sea, la acción sobrenatural del Espíritu Santo que puede inspirar y al mismo tiempo guiar y supervisar sobrenaturalmente al instrumento humano, escogido para la realización de la necesaria parte humana de la tarea: escribir en manera inteligible, en el lenguaje humano, los misterios revelados. Por eso leemos: “Y díjole Jehová: tómate un gran volumen y escribe en él EN ESTILO DE HOMBRE (o a la manera y forma o caracteres propios del hombre) …” (Is. 8: 1).

En Isaías 30: 8, también se dice: “Ve pues ahora y escribe esta visión en una tabla delante de ellos y asiéntala en un libro, para que quede hasta el postrero día, para siempre por todos los siglos”. Nótese el imperativo divino y la intención de permanencia con que Dios ordenó escribir los libros del canon bíblico. Ver además: Jer. 30: 1, 2 y 36: 1 – 4, 14 – 18; Lc. 1: 1 – 4; Hch. 1: 1, 2.

Por último citamos un versículo que puede considerarse clásico sobre el asunto en discusión, pues contiene muy rica luz sobre el tópico: En 1ª. Cor. 7: 25, leemos:“Empero de las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel”. Obsérvese que, aunque el apóstol confiesa no haber recibido un mandamiento específico, con todo, en virtud de que ha alcanzado misericordia para ser fiel (declaración que salvaguarda así los derechos divinos), puede hablar con propiedad y con libertad de expresión dentro de la verdad, sobre asuntos prácticos de importancia.

Concluimos diciendo que: aceptamos plenamente la Inspiración Verbal y Plenaria de las Escrituras, pues emana de las mismas páginas de la Biblia; tanto la que refiere a las Escrituras como la Palabra de Dios en su totalidad, cuanto la que refiere a la inspiración que contempló, en ciertos casos, dar las palabras mismas y, en otros, guiar a elegirlas o controlar las elegidas por los escritores, a fin de que ningún caso incurrieran en error, ni contradicción de ninguna especie, en ningún sentido o dirección.»[18]

«Mientras que hay diferentes opiniones acerca de hasta que punto la Biblia es inspirada, no cabe duda que la Biblia por sí misma clama que cada palabra, en cada parte de la Biblia, fue inspirada por Dios ( 1 Corintios 2:12.13; 2 Timoteo 3:16.17) Esta visión de las Escrituras es frecuentemente conocida como inspiración “verbal plenaria”. Lo que significa que la inspiración se extiende a cada una de las palabras (inspiración verbal), no solo a los conceptos o ideas; y de que la inspiración se extiende a todas las partes de la Escritura y a todos los temas tratados en la Escritura (inspiración plenaria). Hay algunas personas que creen que solo partes de la Biblia son inspiradas, o solo los pensamientos o conceptos que tratan sobre religión son inspirados; pero estas opiniones sobre la inspiración se quedan anuladas ante lo que la Biblia demuestra por sí misma. Toda la inspiración verbal plenaria es una característica esencial de la Palabra de Dios.»[19] 

2.Teoría mecánica o del dictado. 

«En contraste con la verdadera doctrina de la inspiración, que permitió a los autores humanos, con su personalidad, redactar los escritos bajo la dirección de Dios, algunos han sostenido que Dios realmente dictó la Escritura y que los escritores de la Biblia actuaron sólo como taquígrafos. Pero si Dios hubiese dictado la Biblia, el estilo de la redacción y el vocabulario de la Biblia sería el mismo en toda su extensión. En muchos casos los autores de la Escritura expresaron sus propios temores y sentimientos, o sus plegarias para la salvación divina, y de diversas maneras dejaron la impronta de su personalidad en el registro divino. La oración surgida del corazón de Pablo por Israel, en Romanos 9:1-3, por ejemplo, habría perdido su significado de haber sido dictada por Dios.»[20]

«La inspiración no significa dictado, ni que los escritores adoptaban una actitud pasiva y su mente no tomaba parte alguna en la escritura del material, aunque es cierto que algunas porciones de las Escrituras fueron dictadas, como por ejemplo los Diez Mandamientos y el Padrenuestro. La misma palabra inspiración excluye mera acción mecánica, y la acción mecánica excluye la inspiración. Por ejemplo, un comerciante no inspira a su secretaria cuando le dicta una carta. Dios no habló por medio del hombre como hablaría por medio de un megáfono. Su Espíritu Divinó usó las facultades del hombre, produciendo así un mensaje perfectamente divino que no obstante ostenta las características de la personalidad del escritor. Es la Palabra del Señor, pero en cierto sentido, la de Moisés, de Isaías o de Pablo. Dios no ha hecho nada sin el hombre; el hombre no ha hecho nada sin Dios. Es Dios quien habla en el hombre, Dios que habla por medio del hombre, Dios que habla como hombre, Dios que habla a favor del hombre.

El hecho de la cooperación divina y humana en la producción de un mensaje inspirado, es de sí evidente; pero el “cómo” del asunto escapa a nuestra observación. La interacción o influencia recíproca aun entre la mente y el cuerpo es un misterio para el sabio más egregio. ¡Cuánto más cuando se trata de la interacción del Espíritu de Dios y del espíritu del hombre!»[21] 

3.Inspiración parcial. 

«Se han aventurado también otras teorías en el sentido de que sólo parte de la Biblia es inspirada. Por ejemplo, algunos han afirmado que las porciones reveladas de la Biblia que se refieren a la verdad divina son precisas y ciertas, pero que no pueden aceptarse las declaraciones de tipo histórico, geográfico o científico. Emparejada con la inspiración parcial está la idea de que algunos fragmentos de la Escritura están más inspirados que otros, y así la verdad y el error se convierten en cuestión de grado. Esto se aplica, a veces, a lo que es conocido como la «inspiración mística» o la idea de que Dios ayudó en diversos grados a los autores en lo que ellos escribieron, pero no dándoles por completo la capacidad de escribir la Escritura sin error. Todas las formas de inspiración parcial dejan la inspiración a juicio del lector y, en consecuencia, la autoridad de la Escritura se convierte en la autoridad de la persona que lee la Escritura, no existiendo de tal forma dos lectores que estén de acuerdo con exactitud respecto a lo que hay de verdad y lo que no lo es[22]

De acuerdo con esta teoría, Pearlman  nos la explica y comenta la impresión de incertidumbre que deja, si uno considera como válida esta premisa: «los escritores fueron preservados del error en asuntos necesarios para la salvación, pero no en asuntos como historia, ciencia, cronología y otros. Por lo tanto, de acuerdo con esa teoría, sería más correcto decir que la Biblia contiene la Palabra de Dios, más bien que afirmar que es la Palabra de Dios.   

Esa teoría nos sume en la ciénaga de la incertidumbre, pues ¿quién puede juzgar de manera infalible lo que es esencial para la salvación y lo que no es? ¿Dónde se encuentra la autoridad infalible para decidir con respecto a qué parte es la Palabra de Dios, y qué parte no es? Y si la historia de la Biblia es falsa, luego la doctrina no puede ser verdadera, pues la doctrina bíblica se fundamenta en la historia bíblica. Finalmente, las Sagradas Escrituras mismas reclaman para sí inspiración completa, plena. Cristo y sus apóstoles aplican el término “palabra de Dios” a todo el Antiguo Testamento»[23]  

Si la aceptamos como posible a esta hipótesis, ya que ni siquiera podemos darle el merito de llamarla teoría,¿Como separamos la parte inspirada de la no inspirada, como la determinamos,con que criterio? Luego, es imposible hacerlo, sin destruir la biblia como lo hizo Bultman que despedazó las escritras para desmitoligizarla (¡exorcismo intelectual!).

Es lo mismo que si envasáramos un gas en una tanque, y luego quisieramos separar lo que es gas de lo que no es gas. obviamente, ¡es ridiculo! La biblia es una sola, inspirada por el Señor, pero con muchos autores humanos.

Diferencias específicas entre la iluminación y la inspiración

 Myer Pearlman, comenta que algunos confunden la inspiración con la iluminación y explica las diferencias entre uno y otro:

«La iluminación es la influencia ejercida por el Espíritu Santo, la cual es común a todos los creyentes, y les facilita comprender las verdades divinas (1 Corintios 2:4; Mateo 16:17). Afirman que tal iluminación es una explicación adecuada del origen de la Biblia. Hay una facultad en el hombre, según se enseña, por la cual el hombre puede conocer a Dios, algo así como un ojo del alma. En circunstancias que los hombres piadosos de antaño meditaban en Dios, el Espíritu divino vivificaba sus facultades, permitiéndoles el acceso a los misterios divinos.

Tal iluminación ha sido prometida a los creyentes y ha sido experimentada por ele*. Pero no es lo mismo que la inspiración. Se nos dice que a veces los profetas metieron verdades por inspiración, y al mismo tiempo les fue denegada la iluminación para comprender esas verdades (1 Pedro 1:10 -12). El Espíritu Santo inspiró sus palabras, pero no creyó oportuno proporcionar el significado de esas palabras. Se nos dice que Caifás fue el instrumento de un mensaje inspirado (aunque no tuvo conciencia de ello) cuando aun no pensaba de Dios. En ese momento era inspirado, pero no iluminado (Jn. 11:49-52)

(1) Con respecto a duración, la iluminación es permanente, o puede serlo “Más la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.” La unción que el creyente ha recibido del Santo permanece en él, nos dice Juan (1 Juan 2:20-27). Por otra parte, la inspiración era intermitente, pues en efecto el profeta no podía profetizar a voluntad, sino que estaba sujeto a la voluntad del Espíritu. “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana”, dijo el apóstol Pedro, “sino que los santo» hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”. Lo repentino de la inspiración profética está insinuado en la expresión común que dice: “Vino palabra de Jehová.” Se establece una distinción clara entre los profetas verdaderos que hablaron sólo cuando vino la palabra de Jehová, y los falsos que hablaron según propia invención. (Cf. Jeremías 14:14; 23:11, 16; Ezequiel 13:2,3).

(2) La iluminación admite grados, la inspiración no. La gente disfruta de distintos grados de iluminación, pues algunos poseen mayor penetración que otros. Pero en el caso de la inspiración, en el sentido bíblico, una persona es inspirada o no lo es.» [24] 

Diferencias específicas entre la inspiración con la iluminación, algo que muchos confunden:

«La iluminación es la influencia ejercida por el Espíritu Santo, la cual es común a todos los creyentes, y les facilita comprender las verdades divinas (1 Corintios 2:4; Mateo 16:17). Afirman que tal iluminación es una explicación adecuada del origen de la Biblia. Hay una facultad en el hombre, según se enseña, por la cual el hombre puede conocer a Dios, algo así como un ojo del alma. En circunstancias que los hombres piadosos de antaño meditaban en Dios, el Espíritu divino vivificaba sus facultades, permitiéndoles el acceso a los misterios divinos.

Tal iluminación ha sido prometida a los creyentes y ha sido experimentada por ele*. Pero no es lo mismo que la inspiración. Se nos dice que a veces los profetas metieron verdades por inspiración, y al mismo tiempo les fue denegada la iluminación para comprender esas verdades (1 Pedro 1:10 -12). El Espíritu Santo inspiró sus palabras, pero no creyó oportuno proporcionar el significado de esas palabras. Se nos dice que Caifás fue el instrumento de un mensaje inspirado (aunque no tuvo conciencia de ello) cuando aun no pensaba de Dios. En ese momento era inspirado, pero no iluminado (Jn. 11:49-52)»[25]

Esto si que es muy importante, ya que hoy hay muchos que confunden la iluminacion que el Señor les da a través de la biblia o alguna impresion fuerte que Dios da cuando desea procurar nuestra atencion hacia algo o desea que le obedezamos en algo especifico. Creen que porque Dios impresiona de manera particular la vida de uno, o autoriza el mensaje de algun orador de manera especial, ya estamos ante nueva revbelacion. La revelacion ceso. La inspiración para escribir texto biblico inspirado, ceso. Lo que continua es lo que comunmente se le llama inspiracion (para escribir canciones, himnos, libros, predicar, etc), pero no tiene nada que ver con la inspiracion divina de la biblia. 

Lo que si continúa es la iluminación del texto bíblico.

Los pentecostales acuñaron un término que intenta explicar  de manera gráfica esto, pero lo que hacen es confundir las cosas.Logos y rhema, se utilzian para diferenciar la palabra escrita (logos) y la palabra iluminada (“hablada”, dicen ellos y le llaman rhema).Pero la biblia no hace distinción de un tipo de scriptura y otro. Lo que si todos valoramos la vivencia con el Señor, ya que la ortodoxia fria,muerta,racional tampoco alimenta el alma.Y de ahi vinieron las reacciones de hombrs como Karl Barth y tambien en el fondo es la misma sonata la de mcuhos lideres pentecostales y carismáticos. Que debemos valorar una vivencia con el Señor,eso esta claro. Pero salirnos de la revelacion biblica, es sumamente peligroso y destructivo.Toda experiencia si realmente es de origen divino, obviamente debe ser valorada a la luz de la escritura.Quizas inicialmente uno no alcance a distinguir plenamnete la experiencia y poder clasificarla correctamente. Pero con el tiempo, podremos darnos cuentas por el fruto que ha dejado esa vivencia.No todos los seres humanos “sienten” o viven al Señor de igual manera. Pero debemos ser caustos al pretender que nuestras vivencias sean acreditadas como santas y piadosas.

Conclucion:

Junto con el cierre del canon, se cerro la revelación divina hasta que el Señor vuelva pr segunda vez a buscarnos.

Dios si se da a conocer al mundo, claro que si, pero es a través del mensaje de Cristo Jesús.

No hay otro mensaje de salvación al mundo. Dice el apostol Pablo a los Corintios:

Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría;pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura;” I Cor. 1:21-23)

¡Soli deo Gloria!

Notas

2. Esteban Beitze, Bibliología,  Instituto Teológico Muller 
3. Lewis Sperry Schafer,Teología Sistemática 1- Punto 2.La Biblia: Inspirada por Dios, www.seminarioabierto.com
5. Millard Erickson, Christian Theology, vol. 1, p. 199. citado en Manual de Teología Sistemática, op. cit,p. 38-39 
6. Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática, ed. Vida,1992.,p. 14
7. Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática, ed. Vida,1992.,p.14
9.Esteban Beitze, Bibliologia, Instituto Teológico Muller
12.Esteban Beitze, Bibliologia, Instituto Teológico Muller 
14 Teología Sistemática 1- Punto 2.La Biblia: Inspirada por Dios,op. cit.
15. Ibid
16 Lewis Sperry Schafer,Teología Sistemática 1- Punto 2.La Biblia: Inspirada por Dios, www.seminarioabierto.com
17. Ibid
20. Lewis Sperry Schafer,Teología Sistemática 1- Punto 2.La Biblia: Inspirada por Dioswww.seminarioabierto.com
21  Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática, ed. Vida,1992.,p.16
23. Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática, ed. Vida,1992.,p.17
24. Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática,ed. Vida,1992,p.15-16
25. Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática,ed. Vida,1992,p. 17
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MANUAL DE HOMILETICA

29 Abril 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

MANUAL DE HOMILETICA

Samuel Vila

 INTRODUCCIÓN

 Por muchos años hemos sentido en los países de habla española la necesidad de un libro que enseña ra a los jóvenes creyentes que desean tomar parte en el ministerio de la Palabra el modo de preparar y ordenar un sermón. El buen deseo de testificar de las verdades del Evangelio, la misma piedad o el fervor religioso, con ser virtudes indispensables para la predicación eficaz, no son suficientes. Es necesa rio presentar las verdades evangélicas, sobre todo a los nuevos oyentes, de un modo claro y lógico, que persuada sin fatigar las mentes. Para ello se nece sita orden, disposición y clara enunciación de la plá tica o sermón.

Es cierto que el Espíritu Santo ha usado a veces para realizar su obra de salvación sermones muy deficientes, carentes de lógica y débiles en argumen tación. Tal es el caso del sencillo sermón que ganó al que después fue famoso predicador Spurgeon. Pero éstos son casos excepcionales, en los cuales Dios ha querido llenar por una manifestación espe cial de su gracia lo que faltaba al instrumento hu mano: Tales ejemplos no son, sin embargo, motivo alguno para menospreciar el arte de la Homilética, pues la preparación de sermones es un verdadero arte que requiere estudio y adiestramiento, con la particularidad de que, por moverse en la más alta esfera de la vida humana, merece más que cualquier otro arte tal trabajo y esfuerzo.

La cuidadosa preparación del sermón no es, em pero, suficiente sin el poder o fuego del Espíritu Santo, que no siempre es el fuego del entusiasmo humano que se expresa con enérgicos gestos y gran des gritos, sino aquella unción de lo Alto que da al sermón ese algo inexplicable que no se adquiere por medios humanos pero lleva a los corazones de los oyentes la impresión de que el mensaje es de Dios, porque es Dios mismo revelándose al corazón del que escucha la Palabra. Si ambas cosas vienen unidas en el sermón, el predicador no podrá menos que ver de su siembra espiritual abundantes frutos para vida eterna.

Hay que evitar ambos extremos. El predicador que descuida la preparación de sermones, confiando imprudentemente en la inspiración divina, se encon trará frecuentemente con que no tendrá mensaje al guno para dar, y tendrá que sustituir rápidamente la falta de inspiración por una charla sin sentido que cansará a sus oyentes, pues el Espíritu Santo no suele otorgar premio a la holganza. Y el predicador que sólo confía en su arte y en sus cuartillas bien escritas, puede hallarse falto de la unción santa y descubrir con sorpresa que su palabra no llega a los corazones.

Por esto el autor, desde los días de su llamamien to al Ministerio hace 38 años, ha sentido la falta de un buen Manual de Homilética en lengua española, y más de una vez hablando con otros pastores ha expresado su extrañeza de que alguien bien capacitado para la tarea no lo haya dado a luz durante todo este tiempo.

No podemos menos que recordar el afán con que devorábamos el brevísimo librito Ayuda del predicador, del Dr. Enrique Lund, y más tarde en la Revista Homilética la sección «Consejos», del mismo tutor, en aquellos días de nuestra adolescencia, cuando todavía no teníamos acceso a la literatura escrita en lengua extranjera.

Más tarde, vimos con gozo la publicación del libro Tratado sobre la predicación, del Dr. Broadus. Pero la mejor obra escrita para un ambiente extranjero no responde plenamente a las necesidades del predi cador de habla hispana; sobre todo para el que no ha tenido el privilegio de pisar las aulas de un Semi nario o Colegio Bíblico. A la obra de Broadus, con ser interesantísima como exposición teórica, le faltan ejemplos prácticos, bosquejos, con los cuales el pro fesor en el Seminario suele demostrar a los alumnos sobre la pizarra la aplicación práctica de los prin cipios y reglas del libro de texto. Lo propio se puede decir de otros volúmenes que tratan de la predica ción.

Tenemos que rendir un tributo de reconocimien to y aprecio a la labor del misionero D. Nicolás Bengston, que fue el primer profesor que inició al autor en los estudios de Homilética. Varias de las reglas y bosquejos que aparecen en el presente libro fueron aprendidos de sus labios en el Seminario Bau tista de Barcelona.

Asimismo el reverendo pastor D. Ambrosio Celma, que inició al autor en la Homilética de Vinet, y los consejos prácticos de Spurgeon. De todos ellos pode mos decir que, «difuntos, aún hablan».

El pastor sudamericano M. E. Martínez ha sido, después del Dr. Lund, el primero que ha publicado reglas de Homilética acompañadas de ejemplos prác ticos, en la introducción de su libro Luces para pre dicadores; pero es muy poca la Homilética que puede darse en 18 páginas que emplea para tal enseñanza.

No faltan en castellano volúmenes de bosquejos y sermones de buenos autores, aunque no tantos como quisiéramos ver traducidos a nuestra lengua; sin embargo, creemos que es más importante para el predi cador novel aprender a preparar él mismo sus bos quejos que tenerlos en abundancia de otros predi cadores. Un bosquejo propio se predica con mayor fuerza y claridad que el sermón ajeno, a menos que el predicador sepa adaptarlo y desarrollarlo muy bien, vistiéndolo con su propio lenguaje e ideas.

Por esto creemos será de verdadera utilidad la presente obra y que tendrá amplia acogida, a juzgar por la que ha tenido la revista de carácter homilético El Cristiano Español, en cuyas páginas han visto ya la luz algunos capítulos, la cual cuenta con un número muy considerable de suscriptores en varias repúblicas de Sudamérica además de los de España.

Si con la publicación de este modesto volumen de Homilética podemos ayudar a los creyentes que sien ten la vocación de anunciar el Evangelio, y mediante estas instrucciones dadas a los predicadores algunas almas pueden comprender más fácilmente el mensa je de salvación, no dará el autor por vano este tra bajo realizado con gran esfuerzo en medio de muchas otras abrumadoras tareas. Sirva ello de disculpa a las deficiencias que el libro pueda tener y de estímu lo a otros compañeros en el Ministerio de la predi cación y enseñanza para producir alguna obra simi lar, más amplia y completa.

Samuel Vila

Tarrasa (Barcelona), junio de 1954

 

La necesidad de un libro de Homilética práctica a que aludíamos en la Introducción a la 1.a edición de este Manual, se ha visto confirmada con el notable éxito de venta del mismo. A pesar de tratarse de un libro destinado a un círculo de lectores necesaria mente reducido, se han agotado ya tres ediciones del mismo, la última de 5.000 ejemplares; y los nu merosos pedidos pendientes nos obligan a proceder a una 4.a edición sin más demora. La mayor parte de la venta ha sido a Institutos Bíblicos, que lo adop taron como libro de texto para sus cursos de Homi lética.

En esta 4.a edición hemos mejorado más que en otras el contenido del libro, añadiendo diversos bos quejos en las secciones correspondientes, de maes tros de la predicación, haciéndolos objeto de algunos comentarios prácticos que ayudarán al estudiante a entender cómo pueden ampliar por sí mismos los es queletos de sermones, de este mismo libro o de otros libros de bosquejos homiléticos.

El capítulo I, que se refiere a «La elección de Tema», ha sido objeto de una ampliación especial, incluyendo citas de Spurgeon y otros autores que aclaran los mismos puntos expuestos en ediciones anteriores, lo cual hace este capítulo mucho más cla ro y de más valor.

El capítulo IV, «Subdivisiones del Sermón», viene ilustrado con un gráfico que aclara todo el contenido teórico del libro. Para mejor comprensión de la idea gráfica del bosquejo hemos hecho que el dibujo co rresponda al ejemplo 2º del capítulo XII, donde se halla el bosquejo completo.

Hubiésemos querido extendernos más, presentan do más ejemplos de cada clase de sermones; pero, por una parte, la necesidad de no diferir la publica ción del libro y, por otra, el propósito de no hacer de él un volumen demasiado grande y costoso, han puesto límite a nuestros deseos. De todos modos, la presente ampliación lo ha hecho bastante mayor que los otros.

Quiera Dios usar esta 4.a edición, más aún que las tres anteriores, para ayudar a los ministros del Evan gelio, actuales y futuros, a «trazar bien la Palabra de Verdad», para el mejor beneficio espiritual de muchas almas en las tierras de habla hispana, tanto de América como en España.

 

Tarrasa (Barcelona), Septiembre de 1968

 

I El tema del sermón

 

La primera cosa para preparar un buen sermón es tener un mensaje definido. Antes de proceder a la preparación de un sermón, todo predicador debe responderse esta sencilla pregunta: ¿De qué voy a hablar?

Mientras el predicador no pueda contestar clara mente tal pregunta, no debe seguir adelante. Ha de tener un tema y debe saber con precisión cuál es. Sólo puede estar seguro de que lo sabe cuando pueda expresarlo en palabras. Si el tema está entre la bru ma, también lo estará todo lo que le pertenece: su introducción, su arreglo, su prueba y su objeto.

El tema debe ser la expresión exacta del asunto, o la respuesta a la pregunta: ¿De qué voy a hablar? Nunca debe escogerse un tema por ser bonito o so noro como fase, sino que ha de expresar claramente el objeto que el sermón persigue. Todo predicador, para preparar bien su sermón, debe responder a la pregunta: ¿Por qué voy a hablar de este tema? ¿Qué fin deseo lograr?

El tema no sólo ha de abarcar o incluir lo que se va a decir, sino que ha de excluir todo lo que no tenga que ver con el asunto.

En toda preparación para el público, las primeras palabras que se escriban deben ser la expresión exac ta del tema, o sea, la respuesta a la pregunta: ¿De qué voy a hablar?

 

COMO ENCONTRAR UN TEMA

 

El mensaje debe venir como una inspiración es pecial de Dios, y el predicador debe estar pidiendo mensajes a Dios para sus oyentes. Pero no es de esperar que venga siempre como una inspiración profética, sino que él mismo debe afanarse en bus carlos de diversas maneras.

Spurgeon dice: «Confieso que me siento muchas veces, hora tras hora, pidiendo a Dios un asunto, y esperándolo, y que esto es la parte principal de mi estudio. He empleado mucho tiempo y trabajo pen sando sobre tópicos, rumiando puntos doctrinales, haciendo esqueletos de sermones, y después sepul tando todos sus huesos en las catacumbas del olvido, continuando mi navegación a grandes distancias so bre aguas tempestuosas hasta ver las luces de un faro para poder dirigirme al puerto suspirado. Yo creo que casi todos los sábados formo suficientes esqueletos de sermones para abastecerme por un mes, si pudiera hacer uso de ellos; pero no me atre vo, ni suelo hacerlo. Naturalmente, porque no da lugar a ello el hallazgo de otros mejores.»        

El predicador puede recibir la inspiración de un mensaje:

 

a) Reflexionando sobre las necesidades espirituales de sus oyentes.

 

Debemos advertir al predicador novel acerca del peligro de sermones particulares dirigidos a una familia o a un individuo de la iglesia. Si tiene algo que decir a un individuo, dígaselo particularmente, pero no desde el pulpito, que es la cátedra de toda la Iglesia, y no debe sacrificarla a las conveniencias particulares de unos pocos. Además, se expone a que sus insinuaciones sean comprendidas por otros her manos, como dirigidas a aquélla u otra persona y ello produciría murmuraciones, o podría ocurrir que la misma persona comprendiera demasiado bien el mensaje y se ofendiera con razón por la falta de tacto del predicador. Pero cuando el predicador sien te que la mayoría de la iglesia adolece de algún defecto o necesita una exhortación especial, hágala sin temor, pensando en su alta responsabilidad como siervo de Dios.

El célebre Spurgeon dice en su libro Discursos a mis estudiantes: «Considerad bien qué pecados se encuentran en mayor número en la iglesia y la con gregación. Ved si son la vanidad humana, la codicia, la falta de amor fraternal, la calumnia u otros de fectos semejantes. Tomad en cuenta cariñosamente las pruebas que la Providencia plazca sujetar a vuestros oyentes, y buscad un bálsamo que pueda cicatrizar sus heridas. No es necesario hacer men ción detalladamente, ni en la oración ni en el ser món, de todas estas dificultades con que luchen los miembros de vuestra congregación.» El autor quisie ra añadir aquí: Que sientan vuestros miembros cul pables, probados, afligidos o castigados por la mano del Señor, que vuestra palabra desde el pulpito es adecuada a su necesidad; que es bálsamo para sus heridas; pero sin empeñaros vosotros en rascar la Haga para que penetre más la medicina. Confiad esta tarea al Espíritu Santo. Dejad tan sólo caer vuestro mensaje como la nieve que se posa suave mente sobre los secos prados, y permitid a Dios hacer el resto.

 

b) En sus lecturas devocionales de la Biblia.

 

El predicador no debe alimentar a otras almas manteniendo la suya a escasa dieta. Sin embargo, éste es el defecto de muchos predicadores excesi vamente ocupados. La lectura devocional diaria, per sonal o en familia, proporcionará al predicador temas y le hará descubrir filones de riqueza espiritual en lu gares insospechados. Anote cuidadosamente las ideas que surjan en tales momentos.

 

c) Leyendo sermones de otros predicadores.

 

El predicador no debe ser insípido bajo la pre tensión de ser original, ni debe fiar tampoco en las despensas de otros para alimentar su propia familia. Ambos extremos son malos. El predicador debe tener tiempo para leer sermones de buenos predicadores, no sólo en el momento en que necesita algo con urgencia para preparar su mensaje, sino en otros momentos cuando no le interesa preparar ningún ser món, sino alimentar su propia alma. Es muy posible que si espera el momento de tener que preparar su propio sermón no encuentre nada adecuado y tenga que emplear horas y más horas repasando libros de cubierta a cubierta, mientras que si hubiera emplea do un poco más de tiempo en el cuidado de su propia alma, los mensajes adecuados para las de los demás le habrían venido sin esfuerzo, y quizá sacrificando para ello menos tiempo que el que en el momento del apuro se ha visto obligado a emplear. Siempre los mejores mensajes del predicador son aquellos que primero han hecho bien a sí mismo. Cualquier sermón o idea que el predicador considere útil para sus oyentes debe anotarla cuidadosamente en su «Li breta de sugestiones», indicando el volumen y página donde podrá volver a encontrar tal idea expuesta detalladamente.

Thomas Spencer escribió así: «Yo guardo un librito en que apunto cada texto de la Biblia que me ocurre como teniendo una fuerza y una hermosura especial. Si soñara en un pasaje de la Biblia, lo apun taría; y cuando tengo que hacer un sermón, reviso el librito, y nunca me he encontrado desprovisto de un asunto.»

Usando de nuevo una de las figuras de Spurgeon, diremos que: «Cuando se quiere sacar agua con una bomba que no se haya usado por mucho tiempo, es necesario echar primero agua en ella, y entonces se podrá bombear con buen éxito. Profundizad los escritos de alguno de los maestros de la predicación, sondead a fondo sus trabajos y pronto os encontra réis volando como una ave, y mentalmente activos y fecundos.»

 

d) En sus visitas pastorales.

 

Muchas veces la conversación con personas inconversas, o con miembros débiles de la Iglesia, hacen sentir al pastor alguna necesidad espiritual común a muchos de sus oyentes. A veces aun el texto que responde a tal necesidad es dado durante la conversación. Debe apresurarse a anotarlo en la misma calle, al salir de tal visita. Si espera a hacerlo po dría borrarse de su memoria. Cuando el mensaje es sugerido en tal forma predíquelo con confianza y con la persuasión de que es Dios quien le ha dado su palabra, con la misma seguridad que lo haría un pro feta del antiguo tiempo.

 

e) En la consideración de las cosas que le rodean.

 

El predicador debe ser un atento observador de la naturaleza y de los hombres. Todo lo que ve y oye debe archivarlo cuidadosamente en su memoria por si alguna vez pudiera serle útil como ilustración de un sermón. Y a veces una ilustración provee el tema de un sermón. Spurgeon cuenta de un predicador que descubrió el tema de un magnífico sermón en un canario que vio cerca de su ventana con algunos gorriones que lo picoteaban sin compasión con ánimo de destrozarlo, lo que le hizo recordar Jeremías 12:9: «¿Es mi heredad de muchos colores? ¿No están con tra ella aves en derredor?» Meditando sobre este texto, predicó un sermón sobre las persecuciones que ha de sufrir el pueblo de Dios. Otro día encontró un tema en el hecho de un tizón que cayó del hogar al estrado un domingo por la tarde en que necesi taba un tema para sermón, lo que le indujo a predi car sobre Zacarías 3:2. Dos personas vinieron des pués a decirle que habían sido convertidas por este sermón.

Es necesario, no obstante, que los sermones sur gidos de tales observaciones prácticas sean verdade ros sermones, llevando un plan y un mensaje espi ritual, y no una larga y detallada exposición del incidente que, no por interesar mucho al predicador, ha de interesar en la misma medida a los que no han sido afectados por la idea o sugerencia, la cual debe ser puesta solamente como introducción, pero no ocu par el lugar del sermón.

 

f) Pidiéndolos a Dios en oración.

 

Spurgeon dice: «Si alguien me preguntara: ¿Cómo puedo hacerme con el texto más oportuno? Le con testaría: Pedidlo a Dios.»

Harrington Evans, en sus Reglas para hacer ser mones, nos da como la primera: «Pedid a Dios la elección.»

Si la dificultad de escoger un texto se hace más dura, multiplicad vuestras oraciones; será esto una gran bendición.

Es notoria la frase de Lutero: «Haber bien orado, es más de la mitad estudiado.» Y este proverbio merece repetirse con frecuencia. Mezclad la oración con vuestros estudios de la Biblia. Cuando vuestro texto viene como señal de que Dios ha aceptado vues tra oración, será más precioso para vosotros, y ten drá un sabor y una unción enteramente desconocidos al orador frío y formalista, para quien un tema es igual a otro. Y, citando a Gurnal, declara: «Cuánto tiempo pueden los ministros sentarse, hojeando sus libros y devanándose los sesos, hasta que Dios venga a darles auxilio, y entonces se pone el sermón a su alcance, como servido en bandeja. Si Dios no nos presta su ayuda, escribiremos con una pluma sin tinta. Si alguno tiene necesidad especial de apoyarse en Dios, es el ministro del Evangelio.»

 

g) Evitad la repetición.

 

El predicador, al buscar su tema, debe tener pre sentes sus temas anteriores. Dice Spurgeon: «No se ría provechoso insistir siempre en una sola doctrina, descuidando las demás. Quizás algunos de nuestros hermanos más profundos pueden ocuparse del mismo asunto en una serie de discursos, y puedan, voltean do el calidoscopio, presentar nuevas formas de her­mosura sin cambiar de asuntos; pero la mayoría de nosotros, siendo menos fecundos intelectualmente, tendremos mejor éxito si estudiamos el modo de conseguir la variedad y de tratar de muchas clases de verdades. Me parece bien y necesario revisar con frecuencia la lista de mis sermones, para ver si en mi ministerio he dejado de presentar alguna doctrina importante, o de insistir en el cultivo de alguna gra cia cristiana. Es provechoso preguntarnos a nosotros mismos si hemos tratado recientemente demasiado de la mera doctrina, o de la mera práctica, o si nos hemos ocupado excesivamente de lo experimental.»

 

EL TEMA Y EL TEXTO

 

¿Debe predicarse sobre temas o sobre textos? ¿Debe elegirse primero el tema y después el texto, o viceversa?

Es imposible responder a estas preguntas de un modo concreto dando reglas absolutas. En algunos casos, cuando el predicador tiene un tema definido, sintiendo que debe predicar sobre aquel asunto; el tema precederá a la elección de texto. Pero en otros casos, cuando el tema es sugerido como resultado de meditación personal de la Sagrada Escritura, será el texto el que precederá y sugerirá el tema al pre dicador.

¿Es fácil encontrar textos para predicar? Permí tasenos citar otra vez a Spurgeon, quien dice: «No es que falten, sino que son demasiado abundantes; es como si a un amante de las flores se le pusiera en un magnífico jardín con permiso para coger y lle varse una sola flor; no sabría cuál coger que fuera mejor. Así me ha pasado a mí —dice el gran pre dicador— al tratar de buscar un texto para un ser món. He pasado horas y horas escogiendo un texto entre muchos lamentando que hubiera tan sólo un domingo cada siete días.»

¿Cómo llegar a determinar el texto que se debe escoger, sobre todo cuando no se tiene antes esco gido el tema del sermón? Se puede establecer esta regla, también de Spurgeon: «Cuando un pasaje de la Escritura nos da como un cordial abrazo, no debe mos buscar más lejos. Cuando un texto se apodera de nosotros, podemos decir que aquél es el men saje de Dios para nuestra congregación. Como un pez, podéis picar muchos cebos; pero, una vez tra gado el anzuelo, no vagaréis ya más. Así, cuando un texto nos cautiva, podemos estar ciertos de que a nuestra vez lo hemos conquistado, y ya entonces podemos hacernos el ánimo con toda confianza de predicar sobre él. O, haciendo uso de otro símil, to máis muchos textos en la mano y os esforzáis en romperlos: los amartilláis con toda vuestra fuerza, pero os afanáis inútilmente; al fin encontráis uno que se desmorona al primer golpe, y los diferentes pedazos lanzan chispas al caer, y veis las joyas más radiantes brillando en su interior. Crece a vuestra vista, a semejanza de la semilla de la fábula que se desarrolló en un árbol, mientras que el observador lo miraba. Os encanta y fascina, u os hace caer de rodillas abrumándoos con la carga del Señor. Sabed, entonces, que éste es el mensaje que el Señor quiere que promulguéis, y estando ciertos de esto, os pose sionaréis tanto de tal pasaje, que no podréis descan sar hasta que, hallándoos completamente sometidos a su influencia, prediquéis sobre él como el Señor os inspire que habléis.»

 

FORMULACIÓN DEL TEMA

 

Una vez elegido el texto, es indispensable concre tarlo en un tema, si no se posee ya de antemano.

El tema es el resumen del texto y del sermón con cretado en una corta sentencia. Ha de ser, por tanto, no solamente la esencia del texto, sino el lazo de unión de los diversos pensamientos que entrarán en el sermón. Hay una gran ventaja en poseer un tema para el arreglo del sermón. Se ha dicho que el tema es el sermón condensado, y el sermón es el tema desarrollado.

El tema fomenta la unidad del discurso, y si los argumentos, explicaciones y aplicaciones son adecuados, permanece el tema como nota dominante sobre la mente.

El tema ayuda para dar intensidad y firmeza al sermón y mantener el discurso dentro de los límites razonables. Por esto es preferible tener el tema limi tado y bien definido y no demasiado amplio.

Predicar un sermón sin tema, es como tirar sin blanco.

 

EL TEMA Y  EL TITULO

 

Una vez escogido el tema, o sea, el asunto sobre el cual desea el servidor de Dios predicar a una con gregación, debe formular dicho tema en un título. Muchos predicadores y libros de Homilética confun den el tema con el título. Al autor le ocurrió esto por un tiempo. A veces, y hasta cierto punto, no exis te diferencia entre ambas cosas, pero a veces el títu lo no es más que la puerta del tema o asunto, el cual no puede ser expresado plenamente por el título, por dos motivos:

a) Porque el título del sermón ha de ser exage radamente breve, y por tal razón no puede a veces contener todos los pensamientos o partes que el pre dicador desea desarrollar en su tema.

b) Porque, sobre todo en estos tiempos de abun dante publicidad, ha de ser el título del sermón es pecialmente chocante y atractivo, para despertar la atención e intrigar al público. Esto pone al predi cador en el peligro de formular su tema en un título que se aparte del asunto del cual realmente quiere tratar. En otras palabras: que sirva tan sólo de ex cusa o motivo para llamar la atención y no de ver dadera base al mensaje. En tal caso se expone a que el público, sintiéndose defraudado, pierda con fianza al predicador.

El Dr. J. H. Jowett dice: «Tengo la convicción de que ningún sermón está en condiciones de ser escrito totalmente, y aún menos predicado, mientras no podamos expresar su tema en una sola oración gramatical breve, que sea a la vez vigorosa y tan clara como el cristal. Yo encuentro que la formu lación de esa oración gramatical constituye la labor más difícil, más exigente y más fructífera de toda mi preparación. El hecho de obligarse uno a formu lar esa oración desechando cada palabra imprecisa, áspera o ambigua, disciplinando el pensamiento has ta encontrar los términos que definan el tema con escrupulosa exactitud, constituye uno de los factores más vitales y esenciales de la hechura del sermón. Y no creo que ningún sermón pueda ser esbozado, ni predicado, mientras esa frase no haya surgido en la mente del predicador con la claridad de luna llena en noche despejada».

Es afortunado el predicador que puede encontrar un título que, al par que suficientemente interesante, breve y sugestivo, para ser puesto en la pizarra de anuncios, en el boletín de la iglesia o en la prensa pública, sea a la vez tan expresivo y completo que no necesite una segunda formulación del tema para uso del predicador, sino que título y tema se con fundan en una sola cosa, abriendo la puerta al pre dicador para una eficaz y fructuosa exposición de alguna de las grandes verdades del Evangelio.

Conviene que el tema o el título que se formule sea intrigante, de modo que despierte el deseo de conocer lo que se oculta detrás del mismo, o sea, a ver cómo lo desarrollará el predicador. Observad cuan intrigantes son los títulos de ciertas novelas y películas mundanas. Debemos imitar en ello hasta cierto punto a los hijos de este siglo, que son «más sagaces que los hijos de luz», pero sin caer en exa geraciones. En Norteamérica, donde los temas son generalmente anunciados por medio de un cartel en las afueras de las iglesias, pueden observarse mu chos títulos de sermones ingeniosísimos.

 

UN PENSAMIENTO CONCRETO

 

El tema ha de ser corto, pero claro y expresivo. Un tema largo pierde toda su gracia y atractivo. Cierto predicador anunció el siguiente tema “Las opiniones falsas que los hombres se forman acerca de los juicios de Dios permite sobre nuestros próji mos y las opiniones rectas que se deben formar sobre tales juicios». Con el anuncio de tal tema, el predicador casi podía haberse ahorrado el sermón. «El peligro de juicios erróneos» habría sido mucho más acertado para este mismo asunto, porque este tema no detalla lo que el predicador va a decir, sino que despierta interés por saber lo que dirá.

Cuando el sermón es textual el tema debe ser tan dependiente del texto que ha de contener el principal pensamiento del mismo.

ejemplo: Para Rom. 12:2: «Alistados contra lo que nos rodea».

Cuando es para un sermón expositivo o sea, para la exposición de un pasaje o historia bíblica, el tema debe hacer énfasis sobre algún asunto del pasaje, que sea la clave y base de la historia y su aplicación.

ejemplo: Sobre Juan 9:25: «La confesión del ciego».

«La historia del ciego» sería un tema demasiado vago.

Poner por tema a Lucas 15:7: «El hambre del alma», sería más adecuado que «El hambre del Hijo Pródigo». ¿Por qué? Consideremos ambos temas. En el primer caso la palabra «confesión» es un juicio y comentario del predicador que da base para un buen sermón acerca del deber de confesar nosotros a Cris to. En cambio, «El hambre del Hijo Pródigo» no in troduce nada nuevo. Es cosa harto sabida que el pródigo tenía hambre física, pero al decir «Hombre del alma», nos permite aplicar el texto al caso espi ritual.

El tema ha de ser una expresión completa que una las múltiples ideas de un texto.

He aquí algunos ejemplos de temas adecuados:

1)    Sintéticos:

«La dádiva de Dios a nosotros y la nuestra la El»: Tit. 2:14.

«El tentado pecador y el tentado Salvador»: Hebr. 2:18.

 

2)    De frases escriturales:

«Las fuentes de salud»: Is. 12:3.

«Traerá el hombre provecho a Dios»: Job 22:2.

«¿A quién iremos?»: Juan 6:58.

 

3)   Paradójicos:

«Deberes que resultan privilegios»: Sal. 119:54.

«Religión sin hacer la voluntad de Dios»: Ma teo 7:21.

«La eficacia de virtudes pasivas»: Apoc. 1:9.

«Luz el resultado de la vida»: Juan 1:4.

«El gozo de la abnegación»: 2.° Crón. 29:27.

«Maravilla en sitio peligroso»: Luc. 8:25.

«Lo incomprensible en el testimonio cristia no»; Hech. 4:20.

 

Recomendamos al lector leer estos textos y consi derarlos a la luz del tema. Aunque no damos el ser món correspondiente a cada uno de estos temas, pues esto es tarea de próximos capítulos, verá cómo el tema le despierta ideas sobre cada texto.

 

DESARROLLO DEL TEMA

 

Una vez que el predicador ha concretado el asun to y el objeto de su sermón en una frase que se llama tema, la cuestión inmediata es cómo debe tratar el asunto para lograr el objeto que se propone. ¿Qué cosas tiene que decir y en qué orden ha de ir expre sándolas? A este efecto transcribimos literalmente lo que dice el Dr. Herrick Johnson en su libro El

Ministro Ideal:

 «El tratamiento del asunto significa plan, plan de algún género que agrupa todo para formar un orga nismo, que colocará las partes en orden hacia un clímax, y presentará una sucesión natural y ordena da que excluya todo lo que no sea a propósito, y que haga que las diferentes líneas vayan creciendo en color, según convergen al foco ardiente, que es la exhortación final. Esto es esencial para la eficacia del sermón. En la misma medida que el plan sea claro, comprensivo y acumulativo, el sermón hará mayor impresión a los oyentes.»

Y Spurgeon dice: «Nuestros pensamientos deben ser bien ordenados según las reglas propias de la arquitectura mental. No nos es permitido que ponga mos inferencias prácticas como base, y doctrinas como piedras superiores; ni metáforas como cimien to y proposiciones encima de ellas; es decir, no de bemos poner primero las verdades de mayor impor­tancia, y por último las inferiores, a semejanza de un anticlímax, sino que los pensamientos deben subir y ascender de modo que una escalera de enseñanza conduzca a otra, que una puerta de raciocinio se co munique con otra, y que todo eleve al oyente hasta un cuarto, digámoslo así, desde cuyas ventanas se pueda ver la verdad resplandeciendo con la luz de Dios. Al predicar, guardad un lugar a propósito para todo pensamiento respectivamente, y tened cuidado de que todo ocupe su propio lugar. Nunca dejéis que los pensamientos caigan de vuestros labios atraban cadamente, ni que se precipiten como una masa con fusa, sino hacedlos marchar como una tropa de sol dados. El orden, que es la primera ley celestial, no debe ser descuidado por los embajadores del Cielo.»

Esto requiere por lo regular una gran cantidad de trabajo. Con alguna frecuencia un plan relampa guea en la mente como una inspiración, y el sermón se formula en pocos instantes, por lo menos en for ma de bosquejo o esqueleto; pero la inteligencia de ordinario no trabaja con rapidez eléctrica, y sólo después de un trabajo duro el bosquejo va alcan zando su forma satisfactoria. A veces hay una lucha larga con la oscuridad y confusión de ideas. El pen samiento parece nadar en el caos, apareciendo una idea aquí, otra allá, sin conexión, o se presentan ideas muy buenas pero que no vienen a propósito para el tema y hay que rehusarlas o diferirlas para un sermón de otro tema. Sin embargo, el trabajo persistente y la meditación sacará el orden del caos y por fin un número considerable de las ideas surgi das durante la meditación serán aptas para entrar en un plan armónico basado en el tema y su texto.

 Tal vez el predicador se sienta inclinado en algu na ocasión a renunciar al uso de un plan, por razón de la dificultad en prepararlo. Parece tanto más sen cillo seguir adelante diciendo buenas cosas, formu lando argumentos y lanzando exhortaciones que no tienen mucha relación entre sí, sino que cada una engarza con la otra por la frase final, que da origen a otro párrafo con ideas totalmente diferentes.

Esto puede admitirse en la conversación, cuando nos dedicamos a «anunciar el Evangelio» a otras per sonas. Pero en el pulpito nunca. Los oyentes no re cibirán una impresión tan profunda y perdurable del sermón si éste no sigue un plan mejor que un simple conjunto de buenas ideas.

Es verdad que Dios se ha servido a veces de los medios más humildes para realizar su gran obra de salvación de almas, y sermones sin orden lógico no han sido siempre sin fruto, pero tal modo de proce der no es aconsejable en modo alguno cuando pue de haber un propósito y una ordenación clara del sermón. Una aglomeración de pensamientos buenos puede compararse a una turba que trata de apode rarse de cierta fortaleza; puede tener éxito en algu nas ocasiones, pero no podrá obrar jamás con la efi cacia de un ejército en el que cada hombre ocupa su lugar.

Un plan es necesario en todas las cosas: un ar quitecto no principia a edificar sin antes haber tra zado un plano; un ingeniero civil no lanza sus briga das al azar sobre las montañas sin haber antes ideado por dónde debe pasar el camino que se pro pone construir. El predicador no debe lanzarse a trazar el camino que se propone hacer llegar hasta el mismo corazón de sus oyentes, sin plan, excepto en casos especiales en que tal preparación haya sido de todo punto imposible, y la inspiración del Espíritu suple la imposibilidad del predicador; pero aun en tales casos de improvisación, los predica dores convenientemente educados o experimentados suelen recibir la inspiración en forma de un plan rápidamente concebido y en cuyo desarrollo puede notarse el poder de lo Alto. La misma ayuda y poder puede notarse en el desarrollo de un sermón formu lado con más tiempo y oración, la cual el estudio de ningún modo puede ni debe suplir.

¿De qué maneras puede formularse el plan de un sermón una vez decidido el asunto o tema que se va a tratar?

A continuación ponemos un gráfico que lo demues tra, a la vez que ilustrará y aclarará muchas de las instrucciones teóricas de este libro.

 

EXPLICACIÓN DEL BOSQUEJO  GRÁFICO

 

La sencilla figura de un trompo dibujado en la pizarra nos ha servido muchas veces para ilustrar a estudiantes de Homilética el desarrollo que con viene dar a cualquier sermón.

La cabeza del trompo representa el tema, del cual parte la introducción; y el desarrollo consiguiente va ampliando y robusteciendo el argumento hasta llegar a la conclusión, la cual es presionada por cada pensamiento del sermón. Todos ellos pesan sobre la punta que deseamos clavar en las conciencias de nuestros oyentes, determinando su decisión por Cris to o su resolución de poner en práctica la amonesta ción del predicador sobre el tema que sea.

En el presente gráfico, y contando con la habi lidad de un buen dibujante, hemos ampliado y com pletado la ilustración.

El tema o asunto lo representamos por una nube que se forma como consecuencia de la necesidad es piritual que el predicador apercibe, como ensombre ciendo la vida de sus oyentes. Dicha nube produce un rayo que ilumina la mente del predicador: Es el texto apropiado a tal necesidad, el cual origina un título adecuado e interesante.

Del mismo modo que antes de la caída de un cha parrón se producen muchos relámpagos innocuos, así surgen en la mente del predicador temas y textos que no llegan a satisfacerle. Aparece, por fin, el más acertado de todos, el cual, rompiendo la nube, da lugar a una lluvia de pensamientos. Si la mente del predicador ha sido bien preparada con una disciplina homilética, aunque caigan éstos dispersos y confusos serán encauzados por los canales de un plan bien dispuesto; de este modo todos aquellos pensamientos aprovechables entrarán, en su lugar y momento debi do, en el cauce del río, que es la argumentación del tema.

El río es finalmente una corriente poderosa que se lanza por la catarata de la conclusión. Obsérvese cómo en el interior de ésta aparece la recapitulación, que consiste en una mención breve de los argumen tos principales del sermón. No todos los sermones necesitan una conclusión recapitulativa, pero siem pre tendrá lugar un breve resumen, sea en la forma detallada que indica el gráfico o de un modo más general.

Obsérvese cómo el río que representa el caudal de pensamientos de un sermón puede venir de los montes de la imaginación del predicador en dos for mas diversas. Atropelladamente, como un chorro de frases e ideas sin distribuir (dejando en el ánimo de los oyentes la impresión de haber escuchado «un montón de cosas buenas», pero sin ser capaces de definir el curso que han seguido tales pensamientos), o bien, relacionados el uno con el otro, en la forma escalonada y ordenada que aparece en la supuesta red de canales de la izquierda.

Del mismo modo que un caudal de agua es mucho más eficaz cuando es bien distribuido para regar la tierra y hacerla producir sus frutos, porque el líquido elemento en vez de pasar inútilmente se esparce y empapa los surcos, el sermón bien ordenado es mu cho más susceptible de quedar retenido en las me morias y corazones de los oyentes que el sermón no homilético, desordenado y confuso, por abundante que sea el don de palabra del predicador, e impo nente el griterío y los ademanes con que fuera pro nunciado.

Tanto en el gráfico como en todos los bosquejos del libro hemos adoptado, para las divisiones, los signos que suelen usar la generalidad de los predi cadores. Así, los puntos principales son indicados por números romanos: I, II, III, IV. Las subdivisiones, por cifras: 1.°, 2,°, 3.°, 4.°, etc. Y las subdivisiones secundarias, por letras: a), b), c), d), etc.

 

II

Sermones Textuales

 

En líneas generales, el sermón bíblico puede ser catalogado en tres clases:

TEXTUAL, el que se limita a exponer y explicar un texto bíblico.

TEMÁTICO, el que se basa sobre un tema o asunto.

EXPOSITIVO, es el que comenta un pasaje bí blico, narración o parábola de la Sagrada Escritura.

Estas tres clases se subdividen en muchas otras según el carácter o procedimiento que se adopte para el arreglo del sermón, como tendremos ocasión de ver.

Empezaremos hablando del sermón textual por ser el más fácil, sobre todo en su forma simple o ilativa.

 

DIVERSOS USOS DEL TEXTO

 

La costumbre de basar el sermón evangélico so bre un texto bíblico es muy antigua y en gran modo recomendable. El texto bíblico da autoridad divina al sermón.

Permítasenos, empero, decir que los textos bíbli cos suelen ser usados en tres formas por los predi cadores:

a) Como punto de partida para el sermón. Algu nos predicadores hacen uso del texto como de una especie de plataforma desde la cual se lanzan a ha blar sin acordarse del lugar de donde vinieron. Los que usan así su texto como excusa y no como base del sermón muestran tener poco respeto a la Pala bra de Dios y no serán estimados por una congre gación de creyentes espirituales y fervorosos.

b) Como punto de socorro o apoyo. Otros predi cadores dicen su texto y predican sin orden pensa mientos más o menos buenos, pero que por lo general no tienen mucha relación con su texto. Cuando el predicador se ve perdido, regresa al texto, lo repite y vuelve a lanzarse al mar de su palabrería, en otra dirección muy diferente que la primera vez, usando como excusa de su nueva disertación alguna otra palabra del mismo texto, pero el oyente que piensa lógicamente no puede ver ninguna relación ni co nexión entre esta segunda parte del sermón y la pri mera. Las congregaciones sometidas a la tortura de esta clase de sermones nunca tienen una idea clara de lo que se propone decirles el predicador y les es muy difícil recordar otra cosa que sus frases sueltas del sermón.

c) Como verdadero texto y fundamento del ser món. En las formas que vamos a analizar.

 

I.   Sermón textual ilativo.

 

El método más sencillo para preparar un sermón textual es el de comentar el texto palabra por pala bra. Hay textos muy buenos para esta clase de ser mones, pero no todos sirven para tal desarrollo, y muchos textos no pueden ser tratados de modo alguno en esta forma simple, pues darían como resul tado un galimatías de ideas sin orden lógico.

 

ejemplo 1º.

Sobre 1.a Timoteo 1:15

 

Después de formular un tema que concrete el mensaje del texto, como:

 

«EL FIEL MENSAJE» o «NOTICIA SIN IGUAL», puede desarrollarse diciendo:

 

Introducción. — La necesidad de verdad que tiene el mundo habiendo habido tantas enseñanzas de error. Afortunadamente hay un mensaje de parte de Dios que puede con razón ser llamado:

I. Palabra fiel. — Expónganse los motivos que te nemos para creer en la fidelidad de la Sagrada Es critura, como son su enseñanza inigualable, profecías cumplidas, fidelidad y pertinacia de los primeros propagadores del Cristianismo, etc.

II. Digna de ser recibida de todos. — Puntualíce se la necesidad que todos los hombres tienen de salva ción y, por tanto, de hacer caso del llamamiento de Dios. (Resístase la inclinación que pueda sentir el predicador novato a explicar en este segundo punto el plan de salvación, pues esto ha de venir después. Hasta aquí no hay que hablar más que de la vera cidad y necesidad del mensaje.)

Pásese luego al tercer punto diciendo: ¿En qué consiste tan gloriosa noticia que todo hombre nece sita conocer?

III.   Que Cristo Jesús vino al mundo. — Cristo sig nifica «ungido», elegido de Dios para una misión es pecial.  Jesús  significa  «Salvador». Háblese de las repetidas promesas que Dios hizo de enviar a un Ser de tal naturaleza a través de los tiempos desde que el primer hombre pecó. (Resista también aquí la tentación de explicar cómo Cristo nos salva, re servándolo para el punto que sigue.)

IV. Para salvar a los pecadores. — Su venida ha bría sido de poco provecho a la Humanidad si no hubiera llegado a realizar el objeto de ella, si se hu biera limitado a ser un Maestro y no llegara a efec tuar la salvación por su muerte redentora. Ilústrese con alguna anécdota de alguien que se haya sacri ficado por un prójimo.

V. De los cuales yo soy el primero. — Esta con fesión de parte de cada hombre es indispensable para poder recibir el beneficio inmenso de este glo rioso mensaje de indulto. Diga a los oyentes, perso nalizando ya el asunto: «Quizá no seas el más grande pecador del mundo, pero eres el primero, por cuan to ninguno hay más cercano y que te interese tanto salvar como tu propia alma inmortal.»

Nótese el orden lógico de este texto, que empieza con un preámbulo acreditando la certeza de la fe cristiana y termina con una aplicación personal.

Otro texto notable que viene lógicamente ordena do es Juan 10:27 y 28, el cual, por referirse a una metáfora —la del Buen Pastor—, requerirá una ex plicación y aplicación especial.

 

ejemplo 2º.

LOS PRIVILEGIOS DEL REBAÑO DE CRISTO

 

Introducción. — Referirse a la adecuada figura del Pastor que con frecuencia ocurre en la Biblia.

I. «Mis ovejas oyen mi voz». — Explíquese quié nes son tales ovejas.

II. «Yo las conozcan. — El privilegio y la respon sabilidad que implica la omnisciencia de Cristo.

III. «Y me siguen». — Defínase lo que significa seguir a Cristo, imitarlo, obedecerle, etc.

IV.  «Yo les doy vida eterna». — Considérese la grandeza de esta promesa.

V. «Y no perecerán para siempre». — Una segu ridad preciosa de la que no debemos abusar.

VI. «Ni nadie las arrebatará de mi mano». — Há gase observar la seguridad y consuelo que esta frase del Salvador ofrece en horas de tentación.

No deben ser tratados en forma expositiva simple sino aquellos textos que contienen en sí mismos un orden lógico y progresivo, es decir, que van de lo general a lo particular y de lo menos importante a lo más apremiante.

Obsérvese este mismo orden en Juan 3:16 y Lu cas 19:10.

 

II.    Sistema textual analítico.

 

Puede añadirse fuerza a las ideas del texto si se concreta en una frase que las defina de un modo sugestivo, es decir, formulando una especie de tema para cada parte del texto.

 

ejemplo 3º.

LA PROMESA DEL LADRÓN ARREPENTIDO

Lucas 23:43

 

I.  Seguridad preciosa. — «De cierto, de cierto te digo».

II.   Invitación admirable. — «Estarás en el Paraíso».

III.   Compañía gratísima. — «Estarás conmigo».

IV.   Promesa sin dilación. — «Estarás hoy».

 

En este método se da prominencia más bien al pensamiento que a las palabras del texto, y no hay tanto peligro de que se siga tan solamente un tratamiento verbal del mismo, es decir, una mera repe tición de lo que el texto dice: porque estos epígrafes analíticos sugieren al predicador nuevas ideas.

 

ejemplo 4º.

UNA INVITACIÓN EVANGÉLICA Isaías 45:22.

 

I. Un medio fácil. — «Mirad».

II. Un objeto divino. — «A Mí».

III. Una invitación amplia. — «Todos los términos de la tierra».

 Veamos otro bosquejo en forma analítica sobre uno de los temas expuestos anteriormente, con un poco de desarrollo por medio de subdivisiones:

 ejemplo 5.°

LOS PRIVILEGIOS DEL REBAÑO DE CRISTO

Juan 10:27

 I. Son pueblo especial. — «Mis ovejas».

a) Expresa posesión: «Mis». Hemos sido com prados por El. 6)   Expresa carácter: «ovejas», no lobos.

II. Son pueblo atento. — «Oyen mi voz».

a) Tienen oídos espirituales.

b) Distinguen las voces mundanas y las del diablo de la del Buen Pastor.

III. Pueblo amado. — «Yo les conozco».

a) Jesús los discierne.

b) Jesús los aprueba.

c) Jesús los vigila.

IV. Pueblo obediente. — «Ellas me siguen».

a) Abiertamente reconocen a su Pastor ante el mundo.

b) Personalmente le obedecen.

 

III. Sistema analítico invertido.

 

Algunos textos pueden ser tratados provechosa mente de diversos modos por medio de la inversión de términos, o sea, variando el orden de las frases que entran en el texto.

 

ejemplo 6º.

PRIVILEGIO QUE ENTRAÑA GRAN PELIGRO

 

Tomando Efesios 4:30, pondríamos por título:

I. Un gran beneficio. — «Sellados por el Espíritu».

II. Una gran esperanza. — «El día de la redención».

III. Un gran requerimiento. — «No contristéis al Es píritu».

 

O bien puede compararse la condición del creyente a la del esclavo hebreo, que esperaba el Jubileo para obtener la libertad, y formular el bosquejo de esta otra forma:

 

ejemplo 

PRIVILEGIO   QUE   ENTRAÑA   GRAN   PELIGRO

 

I. Un gran acontecimiento futuro. — «El día de la redención». (Se refiere a la liberación de todos los males en la gloriosa Venida de Cristo.)

II. Un privilegio presente. — «Sellados». O sea, escogidos en lista para el día de la gran libertad.

III. Un gran requerimiento. — «No contristéis al Espíritu». Nos haríamos indignos de tan gloriosa es peranza si viviéramos mundanalmente.

 

Obsérvese que en ambos bosquejos hay un pro greso de pensamiento hacia el objeto primordial del texto, que es exhortar a los creyentes a vivir a la altura de nuestra soberana vocación.

 

IV.   Sistema analítico-expositivo.

 

El sistema analítico se emplea con gran provecho en textos largos, o sea, porciones formadas por va rios versículos, de los cuales se toma, no cada pala bra o frase para exponerla a considerarla, sino las que convienen al plan general del sermón según el tema bajo el cual se comenta.

Esta clase de sermones se llaman expositivos, y aunque trataremos de ellos ampliamente en otros capítulos, damos aquí estos ejemplos para mostrar cómo se aplica a ellos el método analítico la inversión de términos. No es posible la formulación homilética de sermones expositivos si no es por el método analítico, ya que se trata de pensamientos disemi­nados en un largo pasaje y no de un solo texto que se divide en partes. Por esta razón, sin las frases analíticas que relacionan sus partes con el tema, no tendrían sentido las frases escriturales que se esco gen para comentar.

 

ejemplo 8º.

LA RELIGIÓN GENUINA

Ezequiel 31:19-21

 

I.Su autor. — «Yo Jehová».

II.El cambio que produce. — «Corazón y espíritu nuevos».

III.La obediencia que demanda. — «Para que anden y guarden».

IV.La bendición que da. — «Serán mi pueblo».

 

ejemplo 9º.

DIOS, EL TODO EN LA VIDA DEL CREYENTE

Salmo 73:24-26

 

I.Su guía en la vida (vers. 24 a).

II.Su sostén en la muerte (vers. 24 b).

III.Su porción para siempre (vers. 26).

 

Nótese cómo en el primer bosquejo todo el desa rrollo giró alrededor de la palabra religión y en el segundo en la persona de Dios. Esta es la ventaja de tener un tema que une y da cohesión al sermón.

En ambas porciones bíblicas hay muchas más palabras y frases interesantes que tientan al exposi tor a comentarlas, pero para que el discurso siga un plan deben tomarse solamente aquellas que tienen relación con el tema y desarrollarlas con la suficiente extensión para que el conjunto forme el sermón in teresante y edificante que deseamos dar a nuestros oyentes.

En el desarrollo del ejemplo 9 aparece dentro del texto bíblico el vers. 25, el cual puede ser citado, y hasta comentado, durante el desarrollo del vers. 26, explicando que a veces, con motivo de las tribula ciones con las cuales Dios prueba a sus hijos, el cre yente es tentado a sentirse solo, abandonado de la Providencia y llevado a pronunciar con ironía y amargura la pregunta del versículo 25; pero, basa do en la gloriosa esperanza del vers. 24, se cambia la amargura en confianza, hasta poder llegar a decir en un sentido ponderativo, no con signos interro gantes sino de admiración, la pregunta «¡A quién tengo yo en los Cielos!» Este cambio del interrogante al admirativo puede estar basado en el poder y sabi duría de Dios que observamos en la Naturaleza, o en las promesas de la Biblia, y también en ambas cosas. Para ello podemos presentar a los oyentes ejemplos científicos o citas bíblicas.

Pero en este comentario el vers. 25 debe entrar, no en el orden en que lo hallamos en la Biblia, sino como un desarrollo del vers. 26; o sea, después de haber explicado la primera parte del texto que dice: «Mi carne y mi corazón desfallecen, para terminar con el clímax optimista «Mi porción es Dios para siempre». Esto es: tanto en los días malos como en los días buenos.

Si tratáramos de explicar el 25 antes del 26, re sultaría una regresión de pensamiento el tener que decir: «Mi carne y mi corazón desfallecen», después de haber declarado: «Fuera de Ti nada deseo en la tierra.» Pero el esqueleto del sermón, basado en su título «Dios, el todo en la vida del creyente», nos ayuda a rectificar el vaivén de contrastes propio de la poesía hebrea, para construir un mensaje escalonado, que empieza por la guía divina que comenzamos a recibir desde nuestra infancia, y termina en una preciosa seguridad para todo tiempo y circunstancia.

Vamos a poner el ejemplo de un texto tratado en las tres formas que venimos explicando:

 

ejemplo 10º.

LA POBREZA DE CRISTO, NUESTRA RIQUEZA

2ª. Corintios 8:9

método ilativo:

I. Siendo rico. II.  

Se hizo pobre. III.  

Para que por su pobreza fuésemos enriquecidos.

 

método analítico: I.  

I. Su incomparable riqueza original.

II. Su extrema pobreza a que voluntariamente se sometió.

III. La inmensa riqueza que con esto nos propor cionó.

 

Nótese cómo en ambos casos se expresa lo mismo, pero el segundo bosquejo es más sugestivo para el predicador.

 

MÉTODO ANALÍTICO-INVERTIDO:

I.La incomparable riqueza original de Cristo. — «Siendo rico». El Cielo y el Universo le perte necen.

II.La incomparable riqueza moral de Cristo. — «La gracia». Dios no es solamente rico en poder, en ciencia, en gloria, etc., sino que lo es en amor. «Dios es amor». Ilústrese con ejemplos de la Naturaleza y de la Biblia.

III.El gran motivo que le movió. — «Por amor de nosotros». Compadecido de nuestra miseria. Ilús trese con ejemplos de pecado y desgracia en este mundo.

IV.El admirable método que adoptó. — «Se hizo pobre». Confírmese ilústrese con ejemplos de los cuatro Evangelios.

V.La inmensa riqueza que con ello nos proporcio nó. — «Fuésemos enriquecidos» con una paz y gozo presentes, y las riquezas del Cielo por si glos sin fin.

Obsérvese que en los dos primeros bosquejos he mos tenido que omitir frases muy importantes del texto, como son: «la gracia» y «por amor a nosotros», porque no venían en el versículo en el orden lógico que convenía, mientras que en éste, gracias al mé todo analítico y a la inversión de términos, hemos hallado la manera de incorporar estos buenos pen samientos al bosquejo, sin dejar de formar un con junto lógico y ordenado bajo un plan.

Es natural que en el desarrollo de los dos prime ros bosquejos la idea de la gracia o amor del Sal vador habrá de entrar y el predicador tendrá ocasión de exponerla en sus puntos II III, pero ello será en el curso de la explicación sin poder formar una división especial, que no correspondería con las otras.

Es indispensable usar el método analítico para poder invertir los términos de un texto, pues sin la frase que analiza y completa la idea del texto, el predicador no podría dar razón del porqué de la in versión o cambio de orden de las frases que entran en el texto.

Supongamos que el lector hallara en algún libro de sermones un bosquejo bíblico formulado en esta forma:

I. Siendo rico.

II. La gracia.

III. Se hizo pobre.

IV. Para que fuésemos enriquecidos.

 

Sentiría que el punto segundo rompe la relación entre el primero y el tercero; pero la definición de la gracia como «riqueza moral de Cristo», une per fectamente el segundo punto con el primero y prepa ra el terreno para el tercero.

 

V.    Sermón textual-sintético.

 

Denominados así aquellos sermones basados sobre un solo texto para el desarrollo de los cuales el pre dicador no sigue las mismas palabras del texto, ni en forma ilativa, ni tampoco por medio de frases analíticas, pero todas derivadas del texto y relacio nadas con éste.

 

ejemplo 11º.

Sobre Juan 6:37 y bajo el tema:

SEGURA INVITACIÓN

 

Como introducción puede decirse: Jesús no puede echar a nadie fuera, de los que vienen a El, y las razones lógicas son:

 

1.   Sería en contra de su promesa.

2.   En contra de su oficio.

3.   En contra de su corazón.

4.   Sería en contra de su deseo, y

5.   Anularía la obra de gracia iniciada por el Es píritu Santo en el corazón que se siente constreñido a acudir a Cristo.

Resumen: Puedes acudir, pues, con confianza.

 

ejemplo 12º.

Sobre Mateo 9:9 y bajo el tema:

SIGÚEME

 

Introducción. — Describir gráficamente el caso de la vocación de Mateo, con cierto aire de misterio, sin citar el nombre sino dejándolo adivinar a los oyentes.

Debe hacerse notar que todo el cambio fue rea lizado por una sola palabra. A nosotros nos cuesta a veces miles de palabras convencer a personas has ta hacerles tomar una resolución quizá trivial. En este caso una sola palabra bastó para determinar una decisión trascendental que cambió toda una vida. Tras esta introducción puede procederse al desarrollo del sermón formulando estas tres divisiones:

 

1.    ¿Quién es el que dice esta palabra?

2.    ¿Qué implica seguir a Cristo?

3.   Resultados de seguir a Cristo.

 

ejemplo 13º.

Sobre Lucas 24:34, bajo el tema:

PADRE, PERDÓNALOS

 

Pueden formularse estas cuatro divisiones:

1.    ¿Quién suplicó esto?

2.   ¿Por qué pide esta clemencia?

3.   La ocasión en que la pide.

4.   Lo que aprendemos de esta súplica.

Pero si se hacen las divisiones de tal modo que formen proposiciones u observaciones resulta aún más interesante y sugestivo el bosquejo. Se puede entonces decir:

1.Es la primera oración jamás oída de tal índole en la tierra. Es la cruz de Cristo que introduce tal oración.

2.Es el Hijo de Dios venido del cielo que ora así por sus verdugos. La idea de perdón ha venido del Cielo.

3.Es el reflejo de su hermoso carácter.

a)   Su ternura.

b)   Su clemencia.

c)   Benigna disposición.

d)    Amor.

e)   Nobleza.

f)   Abnegación.

4.   Es la prueba de que es el Redentor.

a)   Desde la misma cruz procura el perdón para los más indignos.

b)   Lo obtiene en virtud de su sacrificio.

5.   Estas palabras dejan ver a Cristo en calidad de Mediador.

Nótese el argumento con que defiende: «No saben».

Conclusión. — Esta oración proclama que la úni ca manera para salvarnos es por la clemencia divina, por gracia.

Obsérvese que en ambos bosquejos hay una gra dación de pensamiento de lo general a lo particular, dentro del texto, pero sin sujetarse a la letra del mismo.

El sermón textual-sintético, más que ningún otro de los que hasta aquí hemos estudiado, reclama subdivisiones. Este bosquejo queda muy seco con sólo las cuatro divisiones principales, mientras que tra tado por proposiciones resulta muy sugestivo.

Aunque debemos tratar de las subdivisiones del sermón en otro capítulo más adelante, pondremos aquí un bosquejo completo con sus subdivisiones para dar una idea más clara del sermón textual-tópico.

 

ejemplo 14º.

AMAD A VUESTROS ENEMIGOS

Mateo 5:44

 

I.   Quién lo manda.

1. Jesús, el que tiene toda autoridad.

2. El que lo practicó en su vida.

3. El que lo practicó en su muerte.

4. No hubiera podido ser sugerido por la Na turaleza.

II. A quién lo manda.

1.A los discípulos, seguidores, imitadores, que tienen el deber de seguir sus pisadas.

2.A los redimidos, los que le deben el inmenso favor de la vida eterna; favor obliga.

3.A los perdonados, los que eran a su vez ene migos.

III. Por qué lo manda.

1.Es agradable a Dios, Padre de todos los hombres.

2.Es una señal segura de ser hijos de Dios.

3.Es indispensable para asemejarnos a Cristo y prepararnos para la vida de amor en el Cielo.

IV.   Ventajas de cumplir este mandato.

1.Impide que perjudiquemos a otros.

2.Nos libra a nosotros mismos de los peligros del odio. (Donde las dan, las toman.)

3.Convierte a los enemigos en amigos.

4.Será el mejor medio para ganar almas para Cristo, y si son hermanos, para ayudar a elevarles a una vida superior.

III

Sermones Temáticos

 

Sermón temático es la exposición de un asunto o tema bíblico, sin seguir las líneas de un texto deter minado, sino el conjunto de enseñanza o doctrina que se encuentra en la Biblia sobre dicho tema.

Una vez determinado el asunto sobre el cual el predicador desea hablar, escogerá una porción bíbli ca adecuada al mensaje, y es preferible si tiene tam bién su texto, desde el cual procederá al desarrollo del sermón; pero dicho texto formará la base, no el esqueleto del sermón, como en los anteriores ejem plos.

Supongamos que el predicador desea hablar de la necesidad de evangelizar y formula el sugestivo tema de: «Por qué predicamos el Evangelio».

Podrá tomar como texto Marcos 16:16, o Roma nos 1:16, pero no se ceñirá a dichos versículos, aun que usará uno de ellos como texto y lo citará más de una vez en apoyo de su tesis; pero podrá formu lar el bosquejo tópico en esta forma:

 

¿POR   QUÉ   PREDICAMOS    EL   EVANGELIO?

 

I. Porque Cristo lo mandó. Es, pues, un deber de todo cristiano agradecido.

II. Es el beneficio mayor que se puede hacer a individuos y naciones. (Pueden citarse aquí muchos ejemplos como prueba e ilustración.)

III. Es el único medio para lograr la salvación eterna de las almas.

 

Al explicar el punto segundo el predicador no ver sado en Homilética corre mucho peligro de adelan tarse al desarrollo de su tema diciendo que el mayor beneficio que recibe toda persona por la predicación es la salvación eterna de su alma. Pero debe evitar cuidadosamente entrar en este terreno en el segundo punto, en el cual debe explicar tan sólo los beneficios materiales que las personas reciben al aceptar a Cristo; de otro modo, no sabría qué decir al llegar al tercer punto o tendría que incurrir en repeticiones fastidiosas. El asunto de la salvación del alma es el más importante y el más adecuado para el llama miento final: déjese, pues, para el fin del sermón.

 

SERMÓN TEMÁTICO DOCTRINAL

 

Es el que toma una idea o doctrina bíblica y la sintetiza o resume, aportando en su apoyo diversos textos bíblicos, pero no todos los textos que hablan sobre tal asunto, ni un número excesivo de ellos.

Hay sermones que apenas son otra cosa que una serie de textos bíblicos engarzados. A la gente le gusta ver que los pensamientos del predicador están bien fundados en la Palabra de Dios. Puede obser varse cómo el apóstol San Pablo cita una vez y otra las Escrituras del Antiguo Testamento; por ejem plo, en apoyo de la tesis sobre la salvación por la fe, que desarrolla en las cartas a los Romanos y a los Calatas, pero hay allí pensamientos originales que forman la carne de la disertación. Alguien ha dicho que antes que escuchar sermones que son meros esqueletos de textos preferirán los oyentes com prarse un diccionario bíblico de paralelos, evitando a un predicador que no se toma la molestia de pensar y fía su discurso en la memorización de textos bí blicos.

En ningún discurso, ya sea simplemente tópico como el anterior, o de estudio bíblico como el que sigue, deben emplearse más de dos o tres textos bíblicos, como máximo, en apoyo de cada una de las partes. Puede usarse más de un texto para cada parte o división cuando el segundo y el tercero con tienen alguna idea nueva que completa la idea de los otros, pero en la mayoría de los casos un solo texto bien escogido será suficiente.

 

ejemplo 1º.

EL PROMETIDO MESÍAS

 

Introducción. — La promesa de un Redentor fue hecha a nuestros primeros padres desde el momento de la caída; la Biblia va definiendo el carácter de este enviado sin igual que vendría a efectuar la libe ración espiritual de la Humanidad.

 

Desarrollo. — Notemos sus características:

 

I.Sería simiente de la mujer, lo que parece predecir su nacimiento virginal: Génesis 3:15.

II.Sería un descendiente de Abraham: Géne sis 22:18.

III.Sería un descendiente de David: 2.° Samuel 7:13.

IV.Nacería en Belem Miqueas 5:2.

V.Horadarían sus manos y sus pies: Salmo 22:16.

VI.       Sería  contado  entre  malhechores:   Isaías 53:9.

VI.Pero enterrado en rica tumba: Isaías 53:9.

VII.No quedaría en el sepulcro: Salmo 16:10.

 

Conclusión. — Cristo ha demostrado ser el Mesías prometido y como tal debe ser aceptado.

Como advertimos ya, el predicador encontrará muchos pasajes en que se declara que el Mesías sería hijo de Abraham o de David, pero uno solo escogido y explicado es mejor que muchos mal explicados.

En un sentido general todos los sermones tópicos son sintéticos porque sintetizan o resumen alguna verdad o doctrina que se halla distribuida en toda la Biblia, pero en el ejemplo «Por qué predicamos el Evangelio» la síntesis de pasajes bíblicos no aparece tan clara como en éste del Mesías, por esto lo con sideramos simplemente tópico, o de desarrollo de un tema. Mientras que llamamos al segundo sermón, doctrinal, o de síntesis bíblica, porque desarrolla, no una idea, motivo, apelación o exhortación, sino una doctrina, la del Mesías. Algunos llaman a los sermo nes sintéticos sobre alguna enseñanza o doctrina es piritual, simplemente: Estudio Bíblico.

Con la ayuda de un buen diccionario de paralelos, o aun con la mera ayuda de las notas marginales de la Biblia, es fácil componer buenos mensajes tópicos, de síntesis doctrinal.

Otras veces el bosquejo sigue una serie de consi deraciones acerca de un tema, algunas apoyadas con texto y otras sacadas de la experiencia.

 

Véase:

 

ejemplo 2º.

LA ORACIÓN QUE DIOS ESCUCHA

Proverbios 15:29

 

I.   Dios no escucha las oraciones de:

1.°   Los que miran la iniquidad en sus corazo nes: Salmo 66:18.

2.°   Los altivos y orgullosos: Lucas 18:11.

3.°   Los faltos de caridad: Proverbios 21:13. 4.°   Los que no atienden a la Palabra de Dios: Proverbios 28:9. 5.°   Los egoístas: Santiago 4:3.

 

II.   Dios escucha las oraciones de:

1°   Los humildes: Lucas 18:13-14.

2.°   Los rectos: Santiago 5:16.

3.°   Los que permanecen en comunión con El: Juan 15:7.

4.°   Los desamparados: Salmo 102:17.

5.°   Los afligidos: Santiago 5:13.

6.°   Los que buscan la Ciencia Divina: Santia go 1:15.

(Adaptado de Paul E. Holdcraft.)

 

He aquí otro ejemplo de bosquejo para sermón doctrinal basado en enseñanzas de la Biblia y de la experiencia conjuntamente.

 

ejemplo 3.°

Tema: EL PECADO

 

I.   Qué es el pecado.

1.Es trasgresión de la ley divina:  1.a Juan 3:4.

2.Es obediencia al enemigo de Dios y nuestro: Romanos 6:17, 18.

3.Es una prueba de ingratitud y desafecto al que merece todo amor y obediencia: Roma nos 1:21.

4.Es una tendencia natural por herencia: Sal mo 51:5.

 

II.   Cómo se produce.

1.   En el pensamiento. Cuando es:

1.°   Consentido: Deuteronomio 12:19.

2.°   Acariciado: Proverbios 16:30.

3.°   Buscado: Génesis 6:5.

 

2.   De palabra:

1.°   Contra Dios; blasfemias: Levítico 24:15.

2.°   Insultos contra los semejantes: Mateo 5:22.

3.°   Mentiras (sobre todo en perjuicio del prójimo): Jueces 12:22.

4.°   Chismes y murmuraciones: Lev. 19:16.

 

3.   De obra. Es todo acto prohibido por la ley divina,  y las  acciones conducentes a los mismos:

1.°   Crimen y otras relaciones favorables al al mismo: Éxodo 20:13.

2.°   Adulterio y actos de lascivia:  Éxodo 20:14.

3.°   Violencia de obra: Isaías 3:12.

 

III.   Trágicas consecuencias del pecado.

1.Desasosiego en el alma; turbación de la paz interior: Isaías 48:22.

2.Aumenta las dificultades de la propia vida, ya bastante difícil a causa del pecado rei nante. A veces con la esperanza de mejo rarlas (Ej.: el ladrón, timador, etc.): Pro verbios 4:19.

3.Lleva el pecador a una pendiente peligrosa (la bola de nieve).

4.Induce a otros a pecar: 2.° Samuel 12:14.

5.Aparta el favor de Dios: Isaías 51:2.

6.Conduce al apartamiento definitivo, o sea, al infierno: Salmo 9:17.

 

IV.   El remedio para el pecado.

1.Remedios ineficaces. Todos los que proce den de nosotros mismos o de invención hu mana:

a)Arrepentimiento sin fe en el Redentor.

b)Sacrificios y penitencias.

c)Dinero y ofrendas: Hebreos 8:20.

2.El remedio eficaz: LA OBRA DE CRISTO. Por ser infinito su Autor y el mismo Hijo de Dios.

3.Aplicación del remedio:

a)Por la fe: Efesios 2:8.

b)Con arrepentimiento: Hechos 3:19.

c)En novedad de vida: 2.a Corintios 5:17.

 

Este bosquejo es excesivamente largo, lo que obli ga a tratar sus partes muy someramente. Cuando esto ocurre en temas tales como el referido u otros, por ejemplo: la fe, el arrepentimiento, el amor de Dios, la salvación, etc., conviene definir el título del sermón un poco más y ceñirnos al mismo para evitar que el público desorientado llegue a olvidar al final del discurso lo que se ha dicho al principio.

Podemos tratar el tema del pecado de un modo menos completo pero más expresivo y fácil de recor dar a los oyentes, tomando como texto Hebreos 3:13. De este modo, asociando la idea de «engaño» a la de «pecado», diremos:

ejemplo 4º.

EL ENGAÑO DEL PECADO

 

I.El pecado engaña en cuanto a su verdadera culpa. Pretende que Dios no le da importancia.

II.El pecado engaña acerca de las ventajas que por él se han de recoger.

III.El pecado engaña acerca de los malos resulta dos de nuestros hechos.

IV.El pecado engaña en cuanto a las posibilidades de ser librados de él cuando nos plazca.

V.El pecado engaña en cuanto a su desastroso fin.

 

Búsquense textos bíblicos y, si es posible, alguna anécdota que ilustren estas afirmaciones y se obten drá un sermón breve y sugestivo que todos los oyen tes podrán recordar con facilidad.

Asimismo, en lugar de tratar en un solo discurso de «la fe» en todos los aspectos, sería mejor tratar un día de: «La fe como único medio de salvación», o concretándolo en un tema más breve, «Salvación por la fe», y en otro discurso «EZ poder de la fe», refiriéndonos, no al acto de fe por el cual recibimos a Cristo como Salvador, sino a la fe constante que obtiene el cumplimiento de las promesas de Dios por medio de la oración.

Como quiera que nuestros públicos son general mente mixtos, de personas inconversas y de creyen tes, es permitido al predicador, en un discurso sobre la salvación por la fe, referirse al final del sermón a la constancia de la fe que nos permite vivir una vida victoriosa como creyentes, hasta el día que en tramos en posesión de la promesa de salvación. Pero esto de un modo breve, sin extenderse en aquellas consideraciones que no son el objeto principal del sermón. Asimismo, en un discurso para creyentes, refiriéndonos a la fe que obtiene victorias por la ora ción, nos es permitido poner, quizá como primer punto de la disertación, que la primera bendición de Dios que alcanzamos por medio de la fe es la sal vación del alma, lo que nos permitirá dirigir una llamada a algún oyente no convertido que pudiera ha llarse entre la concurrencia, pasando inmediatamen te a referirnos a las otras bendiciones de la vida de fe, con más detalle y extensión.

Nunca hay que olvidar el propósito principal del sermón, que es, en el primer caso, atraer a los in-conversos a una fe definida en la obra redentora de Cristo, y en el segundo, alentar a los creyentes a una vida de fe.

Un sermón que abarque completamente los dos aspectos de la fe es imposible, pues todos los sermo nes deben tener un propósito principal. Tratar de cazar muchos pájaros de un solo tiro es seguro mé todo para no alcanzar ninguno. Asimismo, un sermón que se extiende por igual en dos propósitos diversos no alcanzará ninguno; siempre debe tener un propó sito principal, aunque contenga alguna exhortación incidental de otro carácter, la cual debe procurarse relacionar del mejor modo posible con el propósito principal.

 

SERMÓN TEXTUAL-TEMATICO

 

Uniendo lo que hemos aprendido acerca de los sermones textuales y los temáticos, encontraremos que algunos textos se prestan para la construcción de sermones temáticos con la ayuda de otros tex tos de la Biblia, pero siguiendo un desarrollo muy similar al sermón textual.

En los sermones de esta clase hay por lo general una palabra clave que viene a constituir el tema del discurso. Otros textos bíblicos en los cuales ocurre la misma palabra o idea, son preciosos auxiliares para ilustrar las subdivisiones de tal discurso, aun que otras partes pueden ser ilustradas también con ejemplos o circunstancias de la experiencia huma na, y no por un texto bíblico.

Debe evitarse cuidadosamente el uso de textos ilustrativos con profusión excesiva. Nunca deben to marse textos por la simple razón de que la palabra o idea clave concurre en ellos. Un sermón no es una concordancia de analogías bíblicas. De acuerdo con este principio, jamás deben formularse subdivisiones para poder encajar textos favoritos en un sermón, sino que los textos deben buscarse después de haber formulado las subdivisiones, con el exclusivo objeto de ilustrar el pensamiento que tenemos en mente.

Obsérvense estas instrucciones en el siguiente

 

ejemplo 5º.

BUSCANDO AL SEÑOR

Isaías 55:6

 

I.   Qué significa buscar al Señor.

1.° Es buscar el conocimiento de El: Juan 1:18, 2.a Corintios 4:6, Juan 17:25-26 y Mateo 11:27.

2.°   Es buscar su favor: Efesios 2:3 y 1:6.

3.° Es buscar su imagen: Génesis 1:27, Efe sios 4:22-24.

4.° Es buscar su comunión: Colosenses 1:21, 2.a Corintios 6:16 y Juan 14:23.

5.° Es buscar su presencia y goce por la eter nidad: Mateo 5:8, 1.a Juan 3:2, Apocalip sis 21:3-7 y 22:3-4.

II.   Cómo debe buscarse al Señor.

1° Conscientes de nuestra absoluta necesidad de El y de los privilegios arriba mencio nados.

2.° Con sinceros deseos de tenerle: Salmo 42:1, 43:1 e Isaías 26:8-9.

3.°   Por medio de la oración: Mateo 7:7 y 6:6.

4.°   Con una búsqueda perseverante.

III.   Cuándo debemos buscar al Señor. 1°   Mientras vivimos. 2.”   Mientras gozamos de salud.

3.°   En nuestra juventud.

4.°   Mientras dura el día de la gracia.

IV.Su generosa oferta.

1°   Tendrá misericordia.

2.°   Dará abundante perdón: Isaías 55:7.

3.°   Nos renovará: Vers. 10 y 11.

 

(Adaptado de Charles Simeón.)

 

Obsérvese que algunas de las subdivisiones tienen textos ilustrativos y otras no. El mensaje es tan evan gélico que fácilmente podrían hallarse textos para cada una de sus subdivisiones, pero los puntos III IV son tan sencillos que no necesitan textos para su ilustración, y el aplicarlos a cada subdivisión ha ría el discurso demasiado largo y pesado. Hay casi demasiados en la primera parte.

Quizá podrían suprimirse textos en las primeras secciones y poner otros en las últimas. Como un ejercicio práctico para el estudiante, vamos a poner citas bíblicas adecuadas a estas últimas secciones, pero en desorden, para que el estudiante las coloque en el lugar que a su juicio corresponden: Isaías 55:7. Eclesiastés 12:1. Isaías 65:6. Job 7:4-6. Eclesiastés 7:2. Salmo 111:2. Lucas 11:9.

Notemos que cuando se citan varios textos para un mismo punto, éstos no están puestos en cualquier orden, sino que hay entre ellos un desarrollo de pen samiento. Por ejemplo, en la subdivisión 1.a «Es bus car el conocimiento de El», podemos empezar dicien do, de acuerdo con Juan 1:18, que la búsqueda del Desconocido Invisible ha sido la gran incógnita de la Humanidad; pero no es tanto porque Dios se haya ocultado como porque el diablo ha cegado las mentes de los hombres para no ver a Dios en sus obras. Aquellos que reciben a Cristo son empero los que verdaderamente descubren a Dios según Juan 17:25-26, ya que Dios tiene que ser buscado más con el corazón que con la mente. Por esto son las per sonas más sencillas y sinceras, y no los sabios de este mundo, quienes le encuentran más fácilmente (Mateo 11:27). Quien busque este supremo conoci miento lo hallará, por muy humilde e ignorante que sea.

Relacionando estos textos auxiliares, el oyente se siente suavemente introducido en ellos por la argu mentación lógica del predicador. Nada hay peor que tratar de ilustrar un sermón con una retahíla de textos bíblicos sin conexión. Es necesario desarro llar el tema de modo que los textos caigan a propó sito, como llaves que se aplican a sus cerraduras.

Por otro lado, hay que tener gran cuidado en no caer en el peligro de desarrollar los textos ilustra tivos demasiado extensamente, de modo que resulten nuevos sermones. Al desarrollar el subtítulo antes referido con cuatro textos ilustrativos, no debe olvi dar el predicador que el tema del sermón es «BUS CANDO AL SEÑOR» y que «El conocimiento de Dios»es sólo un punto subsidiario del argumento principal, que es: la necesidad y conveniencia de buscar a Dios, y que para este punto subsidiario no debe em plear el predicador más que unos breves minutos. Por consiguiente, las frases con las cuales una estos cuatro textos deben ser concisas e incisivas.

Cuando al estudiar una subdivisión le ocurran al predicador una superabundancia de pensamientos, hará bien en anotarlos para otro sermón, que en este caso podría ser sobre el tema «EL MAYOR DESCUBRIMIENTO DE TODOS», o bien «UN CONOCIMIENTO FELIZ», pero de ningún modo debe tratar de hacer de cada subtítulo un nuevo sermón, hasta hacerse cansado al auditorio.

Con el ejemplo del punto primero el estudiante podrá ver fácilmente la relación que existe entre los textos de los subtítulos 3.°, 4.° y 5.°.

Los subtítulos del punto 3.°, por ser tan breves y simples, convendría ilustrarlos con alguna anécdota, lo que daría variedad al sermón.

Véase ese otro bosquejo de sermón textual sin tético tomado de un famoso predicador, sin textos ilustrativos, lo que requerirá mayor número de anéc dotas.

 

ejemplo 6.°

EL ARREPENTIMIENTO

Isaías 55:7

 

I.    «Necesidad de la conversión».

 

Algunas personas dudan de tal necesidad, pero ésta resulta evidente teniendo en cuenta:

1.° La naturaleza de Dios. — ¿Cómo puede un Dios Santo consentir el pecado o perdonar a pecado res que continúen en su iniquidad?

2.° La naturaleza del Evangelio. — Las Buenas Nuevas no son una proclamación de tolerancia del pecado, sino una liberación de él.

3.° Los antecedentes del Evangelio. — Tenemos muchos ejemplos de perdón en la Sagrada Escritura otorgado a personas que cambiaron de vida, pero ninguno de perdón concedido a quienes persistieron en el mal camino.

4.° El propio beneficio del pecador requiere que abandone el pecado, ya que de otro modo éste dejaría sentir sus efectos.

II.   «La naturaleza de la conversión».

 

1.°   Tiene que abandonar su «camino». Esto signi fica:

a)   Su camino natural, en el cual corre de por sí, según su propia tendencia.

b)   Su camino habitual, al cual está acostum brado.

c)    Su camino preferido, en el cual encuentra los placeres del pecado.

d)    El camino ancho por donde van muchos.

2.°   Debe dejar abandonar tal camino. Pues no basta:

a)   Reconocer que es malo.

b)   Lamentarse de seguirlo.

c)   Resolverse a dejarlo alguna vez.

d)   Andar con más cuidado en él.

3.°   El pecador debe dejar también «sus pensa mientos».

Esto significa sus opiniones y nociones pro pias antiescriturales:

a)   Con respecto a Dios; su ley; su Evange lio; su pueblo.

b)    Respecto al pecado; al castigo; a la per sona de Cristo; o a su propia persona.

c)   Respecto a su propio orgullo, negligencia, desobediencia y desconfianza.

III.    El Evangelio de la conversión.

 

1.°   Una promesa segura: «Tendrá de él miseri cordia».

2.°   Un perdón completo: «Será amplio en perdo-donar».

Esta amplitud proviene del Calvario, donde todo el pecado fue expiado. En virtud    de tal obra Dios puede ser extraordinariamente ge neroso para con el pecador de          conciencia des pierta, sin faltar a su justicia.

 

Conclusión. — Oh, que el pecador considere la ne cesidad de un cambio total de pensamiento en lo interior, y de conducta exterior. Si no es completo y radical sería vano. Total y terrible ruina será la consecuencia de seguir en el mal. Que sea ésta la hora crucial de tu vida. Dios dice «vuélvete». ¿Qué te impide hacerlo?

 

(Adaptado de C. H. Spurgeon.)

 

IV

Subdivisiones del sermón

 

Concretando lo dicho en los capítulos anteriores, podemos definir la gestación de un sermón en la si guiente forma:

1.   El predicador recibe la inspiración del asunto sobre el cual ha de hablar como un mensaje especial de Dios para sus oyentes; como respuesta a sus con tinuas oraciones pidiendo a Dios la inspiración de mensajes apropiados a las necesidades espirituales de su público.

2.   Encuentra el texto  adecuado que define el mensaje. (A veces la inspiración del mensaje viene con el texto, sobre todo si el predicador es un asiduo lector de la Palabra de Dios.)

En otros casos querrá predicar sobre una doctri na bíblica y usará, no uno, sino muchos textos en su apoyo, escogiendo como texto del sermón el que me jor defina el mensaje o doctrina que desea exponer.

3.   Concentrará el mensaje en una frase corta que se llama tema.

4.   Lo definirá en varias proposiciones o divisio nes principales, ya sea usando las palabras o frases más prominentes del texto (sermón textual ilativo), o siguiendo un plan lógico formulado en su mente acerca de los pensamientos que el texto le sugiere (sermón textual-tópico), o bien formará un plan que no tiene nada que ver con las palabras del texto sino con algún mensaje o doctrina bíblica, para el cual el texto le sirve solamente de introducción (sermón tópico).

5. Escribirá una introducción que despierte la atención y el deseo de los oyentes para escuchar el desarrollo del mensaje. Acerca de esta parte breve pero importantísima del sermón hablamos en un ca pítulo especial.

Hasta aquí tiene formulado el plan o esqueleto del sermón. Aunque el esqueleto es el armazón o apoyo del cuerpo, no constituye el cuerpo en sí, ne cesita la carne y los órganos que lo completen. Así el sermón con sólo sus divisiones principales no con seguiría el objeto de salvación o edificación de los oyentes. Algunos de los mismos puntos principales no serían ni siquiera comprendidos por los oyentes si no fueran acompañados de una explicación.

El estudiante habrá notado cómo algunos de los bosquejos que dimos en el capítulo I, que se refiere a las diversas formas de sermón textual, los acom pañamos de subdivisiones para hacerlos más com prensivos, mientras otros más claros o simples los dejamos en esqueleto, sin dar de ellos más que las di visiones principales.

El objeto de las subdivisiones es ampliar el sentido de las divisiones principales para que el pensamiento sea más claro y detallado.

Por lo tanto, las subdivisiones deben ser única mente el desarrollo de la división principal sin sa lirse de ella y, sobre todo, sin tratar de explicar lo que ha de exponerse más tarde en alguna otra di visión.

Tomando el bosquejo que hemos tenido en el ca pítulo I, página 20, podremos desarrollarlo en esta forma:

 

ejemplo 

Tema: LLAMAMIENTO EFICAZ

Mateo 9:9

 

Introducción. — Explicar la historia de Mateo de un modo vivo y dramático. Haciendo énfasis en la prontitud con que Mateo siguió a Cristo. Puntualícese lo que dijimos en la introducción del anterior bos quejo: que una sola palabra bastó para cambiar la vida de este hombre, pero:

I.   ¿Quién es el que hace el llamamiento?

1.   El Hijo de Dios venido como hombre a la tierra.

2.   El  amante Salvador  que  desea  salvar  a todos.

3.   El Divino Maestro.

4.   El que sabe lo que hay en el hombre.

5.   El que tiene toda autoridad para invitar y aun mandar.

II.   ¿A quién dirige esta exhortación?

1.A un hombre avaro y entrometido en nego cios mundanos.

2.A uno despreciado de todo el mundo por su carácter y conducta.

3.A uno a quien el dinero no había podido sa tisfacer.

Aplicación: ¿No hay muchos así hoy día y entre los oyentes?

III.   ¿Qué significa seguir a Cristo?

1.   Seguir su instrucción, sus enseñanzas.

2.   Imitar sus prácticas: oración, asistencia al culto, caridad, etc.

3.   Acompañarle en sus sentimientos y propó sitos.

4.   Dejar la compañía que no sigue a Jesús.

5.   Dejar la ocupación que, por no corresponder con el carácter o métodos de Cristo, no puede ejercerse siguiendo a Jesús.

Aplicación: A las posibles circunstancias de los oyentes (sin entrar en detalles que pu dieran tener un carácter personal para al guno de los asistentes, lo que sería fatal mente erróneo y contraproducente. Dejemos al Espíritu Santo aplicar la Palabra).

IV.   Resultados de seguir a Cristo.

1.   Cambio total de vida. No se avergonzó de seguir al Señor.

2.   Procuró  que  otros  tuviesen  contacto  con Cristo.

3.   Generosidad. «Convidó a muchos».

4.   Recibió uno de los más altos cargos que Cris to podía dar a los mortales, el ser apóstol.

5.   Ha sido un medio de bendición por medio de su Evangelio no sólo a sus contemporá neos, sino a todas las generaciones de cre yentes.

Conclusión. — ¿No quieres seguir a Cristo hoy y servirle como Mateo para gozar de sus beneficios y ser bendición a muchos?

Las subdivisiones de los dos primeros puntos prin cipales tienen que ver con la historia de Mateo y no requieren aplicación especial a los oyentes; sin em bargo, al desarrollar las subdivisiones del primero, el predicador debe pensar en las almas que necesitan un Salvador, al igual que lo necesitó Mateo, y debe hablar con entusiasmo y convicción, aunque lo hará solamente refiriéndose a Mateo, sin hacer invitacio nes especiales a los oyentes, pues tales invitaciones sólo en casos excepcionales pueden hacerse en el primer punto del sermón. Sin embargo, debe contar la historia de Mateo, pensando en la impresión que hará en el ánimo de los oyentes inconversos lo que está describiendo como de paso, acerca del amor y deseo del Señor Jesucristo de salvar a los pecadores.

Al terminar el desarrollo de las cuatro subdivi siones del punto segundo puede hacerse una aplica ción personal, diciendo: ¿No te hallas satisfecho y feliz? Cristo te invita, etc.

En el tercer punto casi olvidamos a Mateo, pero no nos apartamos del temía, porque, sin duda, Mateo haría todas estas cosas, sobre todo la 5.a, que está bien declarada en la narración evangélica.

En las cinco subdivisiones del punto cuarto puede observarse una clara gradación que nos permite ter minar hablando de la recompensa que Cristo otorga a los que le siguen.

Las subdivisiones deben, pues:

1.   Explicar lo que no sea bien claro en la divi sión principal.

2.   Demostrar y probar que lo afirmado en la di visión principal es la verdad.

 

Algunas veces las subdivisiones son respuestas a las preguntas de las divisiones principales, cuando el método de preguntas ha sido usado al hacer el plan general del sermón.

Veamos un ejemplo de ello en este bosquejo sobre Judas:

 

ejemplo 2.°

Tema: LA GRAN TRAICIÓN

Lucas 22:48

 

I. ¿Quién comete el gran pecado? «JUDAS». ¿Quién era? Explíquese la dignidad que Jesús le había dado.

Lo que había experimentado en la compañía de Jesús.

 

Aplicación: Háblese de la dignidad que el hom bre ha recibido sobre todos los seres de la Crea ción, y sobre del privilegio de haber conocido a Cristo por el Evangelio, mientras millones de seres humanos se hallan en la oscuridad e igno rancia espiritual.

II.   ¿En qué consiste este pecado? «ENTREGAS».

1. Expóngase lo horrendo del crimen. (Abuso de confianza, rechazamiento del amor y ad vertencias dirigidas durante la última cena.)

2. ¿Cuál es su intento o propósito? (¿El dinero? ¿El rencor por la reprensión en Betania?)

 

Aplicación: Jesús dice que el que no es con El es contra El. Aquel que no lo acepta, le entrega; el que no le confiesa, le niega.

III.   ¿Contra quién lo comete? «AL HIJO DEL HOM BRE».

1. Al único hombre puro que había habido.

2. Al amante Salvador.

3. Tu Maestro.

4. Al que conoce todas las cosas.

Aplicación: Todo esto es Jesús para cada alma.

IV.   ¿Cómo lo realiza? «CON UN BESO».

1. Una señal de amistad.

2. Acto de descarada hipocresía.

Aplicación: Muchos serán condenados por sus actos de religiosidad hipócrita. ¿Serás tú uno de ellos?

 

ejemplo 

Tema: AMOR AGRADECIDO

Lucas 7:36 al 50

 

Las divisiones principales de este tema pueden ser:

 

I.   Origen de este amor.

II.   Su manifestación.

III.   Su resultado.

 

Detallándolo por medio de subdivisiones, sería:

 

I.   Origen de este amor.

1.No era egoísta ni carnal. No iba a repor tarle ningún provecho material a la pecado ra, pues todo el mundo sabía cuan santo y puro era el Divino Maestro y cómo conde naba el pecado (Mateo 6:26).

2.   Era promovido por la fe (vers. 50).

a)La pecadora creía en el amor salvador de Jesús. Había perdonado los pecados del paralítico hacía poco en la misma ciudad (Lucas 5:20). ¿No querría perdo nar a ella también?

b)En su poder para perdonar. Los fariseos lo ponían en duda, pero ella no. Tenía sus razones. (Expónganse éstas, basán­dose en los relatos evangélicos.)

 

II.   ¿Cómo se manifestó este amor al Salvador? 1.   En un santo valor, porque:

a)La casa donde entró esta pecadora no era la suya.

b)Los invitados a la mesa eran de cate goría superior.

c)El caballero a quien se acercó era un alto personaje a quien todos llamaban el Señor.

d)El papel que iba a desempeñar en una fiesta era inoportuno y ridículo.

2.   En lágrimas de corazón quebrantado, pro movidas por:

a)Su pena y arrepentimiento por lo pa sado.

b)Un humillante servicio personal.

a)c)   Expresiones   del  más   humilde   efecto. Besar los pies.

c)Una actitud paciente ante la crítica. No se levantó a discutir con el fariseo. El amor a Cristo da paciencia.

III.   Su resultado.

1.   De parte del mundo, desprecios, burlas, in sultos. No debemos extrañar que así ocurra siempre.

2.   De parte del Señor:

a)Perdón completo. «Tus muchos pecados». No una parte de ellos, ni un tanto de su culpabilidad dejando el «reato» para ser expiado aquí o en el purgatorio.

b)Gratitud y elogio de Quien más valor tienen.

Notemos que hubo para la pecadora:

1.° Un momento de prueba ante la crí tica.

2.° Un momento de satisfacción y espe ranza cuando oyó la defensa del Señor.

3.° Un momento de gozo supremo cuan do escuchó la palabra de perdón (vers. 48).

c)   Confirmación   y   adoctrinamiento   (ver sículo 50).

1.° Jesús quiso que supiera la razón de su perdón: la fe que había puesto en el poder salvador de Cristo. No era ocasión para revelar aún la doc trina del Calvario; pero, sin duda, la conoció más tarde la pecadora y le hizo amar aún más a su Salvador.

2.° Quiso que descansara en la seguri dad de su salvación. «Ve en paz», no a cumplir penosas penitencias.

 

Conclusión. — ¿No quieres amar a Cristo, confe sarle con valor y sufrir el desprecio del mundo para obtener en cambio tan grandes beneficios?

Veamos otro bosquejo:

 

ejemplo 

Tema: LA ELECCIÓN DE MOISÉS

Hebreos 11:24-26

 

Introducción.—Puede hacerse de dos maneras:

1.a De carácter narrativo, refiriendo la historia bíblica, o

2.a Argumentativa, diciendo a vía de Introduc ción:

 

En varias ocasiones de la vida se nos presenta la necesidad de hacer elecciones que deciden nuestro Porvenir, pero la principal de todas es aquella que tiene que ver con nuestra salvación y el porvenir eterno de nuestra alma. Moisés es un ejemplo de abnegación y del poder que un hombre puede recibir Por la fe en Dios cuando se decide a perderlo todo Por amor a El.

 

I.   Lo que Moisés rehusó.

1.   La dignidad de príncipe. Muchos han arries gado mucho para gozar tal triunfo.

2.   Los placeres de la corte. Seguramente eran muy atractivos.

3.   Las riquezas. Las había gozado y sabía el bien material que significaban.

II.   Lo que eligió.

Sufrir con el pueblo de Dios. Esto en un tiem po cuando estaban oprimidos por un déspota.

Compartir el desprecio que sufría su pueblo, la burla de sus enemigos; quizás en parte motivado por la esperanza que tenía de un libertador prometido a los padres, el Me sías, la Estrella de Jacob. Por esto el após tol lo llama «el vituperio de Cristo».

III.   El principio decisivo de su elección.

La fe. Por medio de la fe inculcada por su pia dosa madre, Dios le enseñó:

1.   A valorar lo mundano. Por eso consideraba las riquezas de Egipto como:

a) No satisfactorias. ¿Lo son hoy?

b) Inciertas   (ilústrese  con   alguna  anéc dota).

c) Perjudiciales en su influencia. Descrí banse imaginativamente las luchas de conciencia del joven piadoso en una cor te corrompida. El resultado fue decidir la huida antes que fuera cogido dema siado fuertemente en los lazos del pe cado.

2.   A mirar a la remuneración. Esta podía te ner dos aspectos:

a)La promesa de libertad y salida de Egip to anticipada por los patriarcas Jacob y José (Génesis 49 y 50:24).

b)La ciudad con fundamentos que espera ban los patriarcas (Hebreos 11:9-16). El Cielo.

Ambas cosas parecían lejanas e improbables y de la segunda tenían menos detalles y garantía que las que tenemos nosotros después de la Venida de Cristo.

Su fe, empero, le hizo valorar estas cosas lejanas por encima de lo presente y tangible. ¿No lo hará con nosotros?

 

DIVISIONES AMPLIADAS O EXPLICADAS

 

Para predicadores noveles o muy ancianos, cuan do empieza a fallarles la memoria, no será suficiente un bosquejo con escuetas divisiones y subdivisiones, sino que necesitará un poco de desarrollo escrito. Aconsejamos, empero, que éste sea lo más conciso posible para no llevar al predicador a la tentación de leer el sermón palabra por palabra, lo que siem pre resta vigor a la alocución, atando al predicador a un manuscrito. El lector encontrará numerosos ejemplos de bosquejos de esta clase en nuestro volu men de Sermones escogidos, donde publicamos sola mente dos, sobre inauguración de templos, transcri­tos palabra por palabra, y cuarenta y ocho sobre diversos temas en esta forma condensada, ocupando cada bosquejo a lo más tres páginas, y una, aproximadamente, de anécdotas.

Aquí nos limitaremos a transcribir un ejemplo exprofesamente escogido de otro autor.

 

ejemplo 

Tema: EL YUGO DE CRISTO

 Mateo 11:29-30

 

Introducción. — El capítulo del cual selecciona mos este ejemplo empieza con el mensaje enviado por Juan a Cristo y la respuesta de Este (vers. 3-6). Cristo ensalza el carácter de Juan (vers. 7-11) y cen sura al pueblo por su menosprecio, tanto del minis terio de Juan como dej suyo propio, mostrándoles los vanos pretextos que presentan para justificarse. Finalmente profetiza la ruina de Corazín, Bethsaida y Capernaum, y concluye con esta afectuosa invita ción a tales oyentes desaprensivos, que bien pueden ser tomados como tipo de la Humanidad entera. Con sideremos:

 

I.    El yugo que nos impone.

 

El yugo es un instrumento puesto sobre el cuello del buey por el cual éste queda sujeto a ciertas res tricciones de parte del labrador que le conduce y de su compañero o compañeros de labor. Cristo usa esta figura para aplicarla a la religión; e implica:

1)   El yugo de su doctrina. — Esto significa la su jeción de nuestra mente a su enseñanza. La recep ción con humildad de las misteriosas doctrinas del Cristianismo, como la encarnación del Verbo Divino, la Redención, la Resurrección, etc. Tales doctrinas eran tropezadero a los judíos y locura a los gentiles, mas a los creyentes son sabiduría y potencia de Dios.

2)   El yugo de sus leyes. — Cristo no abolió la ley moral,  sino que la explicó, espiritualizó y amplió. «Amad a vuestros enemigos» (véase Mateo 5:7). No hay verdadero discipulado sin obediencia: «Vosotros sois mis amigos», etc. «Si me amáis, guardad mis mandamientos.»

3) El yugo de la cruz de Cristo. — «Si alguno qui siere ser mi discípulo tome cada día su cruz, etc.» Esto implica mucho: pública profesión de Cristo, ne gación de sí mismo, si es necesario abandono de amigos, esposa, hijos, casas, bienes, y aun de la mis ma vida, por causa de Cristo.

 

II.    La lección que nos enseña.

«Aprended de Mí». Esto significa tanto la doctrina que enseña como las reglas que nos impone y los sacrificios que demanda.

Tenemos que aprender de El:

1)   Escuchando sus palabras. — El es el Profeta Supremo prometido a Israel de quien se dijo: «A El oíd.» Mandato divino enfatizado nuevamente por Dios en Su bautismo.

2)    Imitando  su  ejemplo. — Es  nuestro  modelo perfecto. No nos impone ningún deber que El mismo no haya cumplido en su vida ejemplar. El abrió la senda y nosotros tenemos que seguir sus pasos.

3)   Adoptando su mente y espíritu. — «Que soy manso y humilde de corazón». Debemos compartir la mansedumbre y humildad de Cristo, pues: «Si al guno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de El.» La verdadera humildad suprime el orgullo e im parte un carácter dócil y amable.

 

III.    La bendición que promete.

 

«Hallaréis descanso para vuestras almas». El re poso corporal es dulce e indispensable. ¡Cuánto más el descanso del alma! Esta promesa incluye:

1) Descanso de la servidumbre del pecado. — No existe labor más severa o cruel, ni acompañada de mayor miseria, que la del pecado. Esclavitud de Sa tanás. Vasallaje de su maldito imperio.

2) Descanso de la inquietud interior. — «Los im píos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta». «No hay paz, dice mi Dios, para los impíos, sino temor y constante recelo»; pero «Justi ficados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios». Por esto el alma puede cantar:

 

Oí la voz del Salvador

Decir con tierno amor:

Ven, ven a Mí, descansarás,

Cargado pecador.

Tal como era, a mi Jesús,

Cansado, yo acudí,

luego dulce alivio y paz,

Por fe, de El recibí.

 

3) Eterno reposo en el Cielo. — Queda un reposo para el pueblo de Dios. De los trabajos, conflictos, tristezas, cruces, sufrimientos, etc. Reposo constante y eterno (Apoc. 14:13). Para persuadir a los pecado res a aceptar esta invitación observad:

 

IV.   El motivo que aduce.

 

«Pues mi yugo es fácil y ligera mi carga». Así, es:

1) Contrastado con el yugo del pecado. — ¿Qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales os aver gonzáis? El yugo del pecado está lleno de amargura y su paga es «muerte».

2) Comparado con las prácticas religiosas del pa ganismo. — Por lo general están llenas de crueldad. Tales sistemas religiosos se hallan escritos con la sangre de sus adoradores. Niños inmolados, viudas quemadas, torturas de los faquires y santones. El yugo de Cristo, en cambio, está lleno de misericordia, bondad, paz y pureza.

3) Comparado con las prácticas de la dispensa ción judía. — Aunque de divino origen, como Dispen sación preliminar a la Cristiana, era, sin embargo, lo que Pedro llama: «Yugo que ni nosotros ni nues tros padres hemos podido llevar.» Por sus numerosos servicios, sacrificios, purificaciones, oblaciones, et cétera, y por la severidad de su ley moral: «Ojo por ojo y diente por diente.»

4) El yugo de Cristo es, en cambio, fácil por sí mismo. — Nada irracional, nada degradante u opre sivo se encuentra en su doctrina. «Sus mandamientos no son penosos». Amar a Dios, creer en Jesús, obe decer las leyes divinas y la dirección del Espíritu Santo; ser lleno de frutos de bondad, etc.

5) Es fácil por la ayuda que al aceptarlo nos es otorgada. — «Yo estoy con vosotros todos los días», promete Cristo al partir. Su presencia infunde for taleza y consuelo por su Santo Espíritu. (Cítense ejemplos de mártires.) «Bástate mi gracia» fue dicho a un hombre que pasó muchas tribulaciones en el servicio de Cristo, el cual pudo por su parte excla mar: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.»

Aplicación: Exhortad al esclavo del pecado acerca de la necedad y locura de continuar en su penosa vida de pecado.

Invitadle a probar el suave yugo de Cristo.

Animad los discípulos de Cristo a «seguir al Cor dero por dondequiera que fuere», imitando sus vir tudes.

(Trad. de Sketches and Skeletons of

Sermons, por J. Burns, D.D.)

 

Nótese en este ejemplo de un gran maestro varios rasgos que hemos señalado en la parte teórica de este manual:

 

1.° El sermón es en su planteamiento de carácter textual ilativo.

2.° El exordio o introducción es del contexto. El doctor Burns tiene una preferencia especial por las introducciones contextúales. Permítasenos decir que éstas son siempre las más fáciles y ricas en ense ñanza, pero no las recomendamos en todos los casos. El predicador que teniendo que -dirigirse a un mismo auditorio le diera siempre introducciones del contex to llegaría a hacerse monótonamente pesado. Como explicaremos en el capítulo VIII, hay otras formas de introducción más atractivas para despertar viva mente el interés del público desde el mismo principio del mensaje.

3.° Este sermón es, empero, en su desarrollo, un sermón textual-analítico, porque hay una frase en cada división principal que analiza, o presenta en otras palabras que las del propio texto, la verdad que expresan las frases textuales una tras otra.

4.° La conclusión, o aplicación, como lo denomina el Dr. Burns, es múltiple, conteniendo tres puntos. Ello es posible por tratarse de un texto largo y un sermón bastante extenso. Un texto más breve, rara mente permite varias conclusiones.

5.° Digamos, finalmente, que este bosquejo, de un autor clásico y maestro de Homilética del siglo pasado, resulta demasiado extenso para nuestra épo ca moderna. El predicador de nuestro tiempo que quisiera adaptarlo literalmente podría dar muy poco desarrollo a cada parte. Esto ocurre también con nuestro propio volumen de Sermones escogidos, pre parado para predicadores noveles en tiempos de per secución, cuando los fieles se reunían por las casas, llenos de fervor espiritual, y no se sentían muy sa tisfechos si el sermón se circunscribía a una sola hora. Era necesario, pues, extender el mensaje portoda clase de ramificaciones en cada punto y enri quecerlo con muchas anécdotas. Pero ello da posi bilidad al predicador actual a escoger lo mejor. Siem pre es preferible en un bosquejo ajeno que nos pro ponemos adaptar, que haya exceso de material, que falta, para poder escoger y omitir lo menos intere sante, dando paso a pensamientos propios basados en aquellos puntos o proposiciones que más nos han llamado la atención. El autor tiene que confesar que ha adaptado muchos sermones de Spurgeon en sus 45 años de predicador, pero omitiendo las nueve décimas partes del material, conservando tan sólo las divisiones principales y algunos pensamientos clave.

 

 

V

Buscando material para el sermón

 

Muchas veces, los estudiantes de Homilética han dicho que ocurre con los bosquejos como con el hue vo de Colón. Son muy fáciles cuando se ven escritos en la pizarra, pero lo difícil es que a uno se le ocu rra el plan a desarrollar, y una vez obtenido éste, queda la dificultad de llenarlo con ideas interesantes. ¿Cómo lo haremos para hacer surgir ideas acerca de un texto en nuestras mentes?

La primera y más sencilla de las formas es so metiendo el mismo a un bombardeo de preguntas prácticas.

Supongamos que el texto es Romanos 1:16. Antes de proceder a ningún plan sobre este texto, el es tudiante puede preparar copioso material sometién dole a las siguientes preguntas:

 

Sobre el texto en general.

 

¿Cuándo fueron escritas estas palabras? ¿En qué población? ¿Por quién? ¿A quiénes fueron dirigidas? ¿De qué estaba hablando el escritor? ¿Qué objeto se proponía al escribir este texto?

 

Respecto a las palabras.

 

¿Por qué dice no me avergüenzo? ¿Por qué dice potencia? ¿Qué significa salud? Búsquense otros textos donde salud significa salvación.

Ejemplo: Hechos 4:12. Romanos 10:10. Hebreos: 14. Hebreos 2:3. 1.a Pedro 1:5. Judas 3.

¿Quién era el judío? ¿Quién era el griego? ¿Por ué nombra dos pueblos?

 

Respecto a las frases.

 

¿Cuántas hay en este texto? ¿Dónde hallaré aclaración sobre la palabra salud? ¿Dónde hallaré aclara-ión de que el Evangelio es poder?

En la Biblia: Zaqueo. La pecadora. El carcelero e Filipos.

En la historia: Recuérdese algún caso o anécdota. ¿Qué otros textos extienden la invitación a «todo 3uel»? Juan 3:16.

 

Respecto a sí mismo.

 

¿Peco yo de avergonzarme? ¿Recuerdo algún caso que lo haya hecho?

¿He dudado del poder de Dios para convertir a alguien?

¿He de buscar primero los que están más cerca los que están más lejos en mis trabajos? ¿Me indicaré sólo a una clase?

 

Respecto a los oyentes

.

¿Qué verdades he de inculcar a los creyentes? . Las que me he aplicado a mí.

¿Y a los no creyentes? La realidad de un Evangelio que se ha demostrado tan poderoso.

La necesidad de creer para tener salvación.

La inutilidad de las obras para salvar. Lo que hacían los judíos.

La inutilidad de buscar a Dios en la filosofía na tural sin revelación.

 

ARREGLO DEL BOSQUEJO

 

Puedo hacerlo de dos modos: Por el método textual-ilativo o por el temático.

Si lo hago temático, ¿sobre qué palabra lo basaré?

Hay tres frases en el texto que sugieren intere santes temas, los cuales son:

1.° No me avergüenzo.

2.° Del Evangelio de Cristo.

3.° Porque es potencia de Dios.

 

Y pueden formularse así:

1.° El deber de no avergonzarse.

2.° l Evangelio, poder de Dios.

3.°   Salvación para todo hombre.

 

Respecto a las ilustraciones.

 

¿Qué puntos conviene ilustrar? Especialmente: «avergüenzo» y «poder».

 

Respecto a la introducción.

 

¿Cómo haré el exordio? De dos maneras:

1.a Relacionándolo con el proyecto del viaje a Roma.

2.a Explicando el humilde origen del Evangelio y su triunfo sobre el mundo judío y gentil.

 

Qué luz echa el contexto sobre el texto?

 

El vers. 14 ilustra la disposición de Pablo para anunciar el Evangelio a todo el mundo. La absoluta depravación descrita en el vers. 21 al 32 ilustra el poder del Evangelio para salvar a tan corruptos pecadores.

El vers. 18 declara la necesidad de la salvación.

La respuesta a todas estas preguntas ofrece muchísimo material para hacer un buen sermón. Probablemente más que el que el estudiante podrá incluir en una sola disertación y puede ya proceder arreglo del bosquejo en alguna de las indicadas es formas.

 

Ejemplo 1.”

EL DEBER DE NO AVERGONZARSE Romanos 1:16

 

Introducción. — Siempre ha sido difícil confesar a Cristo, en otros tiempos a causa de la persecución; y día en que este motivo de temor ha casi des parecido, la obra de Dios es detenida por temores mucho menos fundados: el de la opinión pública, posible pérdida en los negocios, de prestigio o de fama.

El apóstol tenía en contra suya motivos de toda índole; sin embargo, está dispuesto a avanzar en vez de retroceder. Consideremos:

 

I. De qué no se avergonzaba el apóstol. — Del Evangelio, Buena Nueva del perdón de Dios. ¿Qué motivos aparentes tenía para avergon zarse?

1º. Era una religión nueva, sin tradición.

2º. Despreciada de los sabios y poderosos de su tiempo.

3º. Perseguida en muchas partes: Hechos 28:23.

4º. Profesada por los más pobres y humildes: 1.a Corintios 1:27.

5º. No siempre honrada por sus mismos segui dores: 1.a Corintios 6:6.

6º. Vilipendiada y calumniada de muchas ma neras.

 

II. Por qué no se avergonzaba. — A pesar de todo lo dicho, no tenía temor ni vergüenza de esta doctrina, porque era poder de Dios:

1º. Para persuadir y convencer: Hebreos 4:12.

2º. Para dar salvación: Romanos 8:1.

3º. Para regenerar y transformar: 1.a Corin tios 6:11.

4º. Para dar herencia eterna: Juan 1:12. Por eso era el Evangelio su mayor gloria: Gálatas 6:14.

 

Ejemplo 

SALVACIÓN PARA TODO HOMBRE

Romanos 1:16

 

Introducción. — El mensaje del Evangelio es uni versal. No conoce fronteras ni razas. Las religiones paganas solían tener un carácter nacional, pero el Cristianismo es para el mundo entero. No podía ser de otro modo por ser de Dios.

Nadie lo comprendió mejor que el apóstol San Pa blo cuando luchó para desligarlo de los prejuicios nacionales del judaísmo (Romanos 9:30 y 31). Es un mensaje universal.

 

I. Por su origen. — «De Dios».

1º. Dios es Creador de todos: Hechos 17:26.

2º. Dios es Señor de todos. En El no cabe par cialidad: Hechos 10:36.

3º. Quiere ser Padre de todos: Juan 1:12.

 

II. Por su maravilloso carácter. — «Poder de Dios».

1.° Otras religiones han sido impuestas por me dios humanos.

a) Por la espada (El Islam).

b) Por la influencia política (Budismo y Shintoisismo).

c) Por humana persuasión (Filosofía pla tónica, Confucionismo).

2° El Cristianismo lo fue por:

a)   Milagros evidentes: Hebreos 2:4.

b) Operaciones del Espíritu Santo. No sólo en los tiempos apostólicos, sino en nuestros días. Su obra regeneradora no ha sido estéril en ninguna raza ni pueblo. (Ilús trese con anécdotas misioneras.)

 

III. Por su admirable medio de adaptación.—«A todo aquel que cree.»

El método por el cual Dios quiere regenerar y salvar a las almas está al alcance de todos: 1.° De los indoctos como de los sabios. 2.°   De los pobres, sin que los ricos se hallen

excluidos.

3.° De los enfermos e inválidos como de los sanos, pues no requiere esfuerzo físico. No podía haber medio tan adecuado como la fe. No hay otro más sencillo; sin embar go, no hay otro que honre más a Dios e influya más en el propio carácter humano.

 

IV. Por lo universal de la necesidad que suple. — «Al judío primeramente y también al griego».

1.° Incluye las dos clases religiosas en que des de el punto de vista judío se hallaba divi dida la Humanidad. El apóstol demuestra que ambas se hallaban debajo de pecado (Romanos 3:21-31).

2.° El se consideraba deudor de todos: Roma nos 1:14. ¿No lo somos nosotros también?

3.° En nuestros días podemos aplicar la desig nación de:

a) Judíos, a los que tienen fe y conocimien to de Dios, pero equivocados.

b) Gentiles, los ateos y paganos.

Los primeros se hallan muy cerca del Reino, pero están igualmente expuestos

a perecer si rechazan el divino mensaje.

 

Conclusión. — ¿Permitirás que el Evangelio salve a otros y no a ti? (Mateo 8:11).

 

Ejemplo 3.°

EL EVANGELIO, PODER DE DIOS

Romanos 1:16

 

Introducción. — Hay una diferencia esencial entre el Cristianismo y las religiones humanas. Estas pro ceden de los hombres y necesitan apoyarse en el poder humano (Mahometismo, Budismo, Catolicismo), pero el Evangelio ha triunfado a través de todos los poderes humanos. Ni cadenas, ni potros, ni circos, ni hogueras han podido detener ni impedir el anuncio de la Buena Nueva. Porque:

 

I. El Evangelio es poder de Dios.

1. No es de carácter físico. Dios ha intervenido raramente con poder físico en la era cristia na para que la prueba de la fe fuese per fecta.

2. Pero en su triunfo el Evangelio ha demos trado poder espiritual, pues muy pronto ha bría desaparecido de la tierra de no ser un poder sobrehumano.

a) A causa de su humilde origen: Un car pintero de Nazaret, doce pescadores y y artesanos.

b) Por tener a tantos poderes en contra.

Sin embargo:

a) Triunfó rápidamente en los primeros si glos. (Dicho de Tertuliano: «Somos de ayer y llenamos el mundo».)

b) Por los admirables frutos que ha produ cido en todos los tiempos.

 

II. Es un poder benéfico. — «Dar salud».

1. Hay en el mundo poderes que tienden a la destrucción: los vientos, el fuego, el rayo. Dejados los elementos de la Naturaleza a su arbitrio, al acaso, sin ser ordenados y con trolados por un Poder Supremo, darían como resultado inevitable el caos. Este Poder se ha hecho tan evidente como benéfico en el orden físico. ¿No lo será en el orden moral? ¿Ha de triunfar el mal moral en el Uni verso?

2. El Evangelio es este poder moral que el mundo necesitaba.

a) Para persuadir y redargüir de pecado.

b) Para transformar los individuos: 2.a Co rintios 6:11.

c) Para sostener y dar valor en las prue bas y en la muerte: Filipenses 4:13.

 

III. Es un poder que debe ser recibido y asimilado.

Los vientos, la electricidad, son poderes latentes en la Naturaleza, pero que deben ser asimilados por medio de aparatos adaptados a sus leyes (molino de viento, dínamo).

El medio o conducto para obtener toda bendición divina es la fe.

 

1. Fe en Cristo como Hijo de Dios.

2. Fe en la eficacia de su Obra Redentora.

3. Fe en su disposición para salvar inmediata mente y de un modo completo.

4. Fe en sus infantiles promesas para el tiem po y la Eternidad. Se ha comparado la fe al conmutador eléc trico que trae la poderosa corriente de todos sus bienes y beneficios al que hace uso de ella.

 

IV. Es un poder suficiente para alcanzar a los más alejados como a los más cercanos.

 

1. Al judío.

2. Al griego.

(Véase apartado 3.° del punto IV del Ejem plo 2.°.)

 

En estos tres bosquejos sobre un mismo texto hay mucho material que puede ser intercalado con pro vecho del uno y al otro. Por ejemplo: En la exposi ción que se hace del Evangelio como poder en el punto II del Ejemplo 2.° hay algo que puede ser dicho en el apartado 2.° del Ejemplo 3.°, y viceversa; pero el sermón debe ser preparado con algún plan, haciendo énfasis sobre un asunto especial, y no debe pretenderse decirlo todo en un solo sermón. Con tra bajo y esfuerzo puede ampliarse cualquier bosquejo de modo que llene todo el tiempo del sermón, y con frecuencia más del que disponemos, sin necesidad de salirse del plan del sermón.

Se ha dicho que los dos elementos indispensables Para la composición de un sermón son: material y plan. A veces puede tenerse mucho material sin plan, otras veces se tiene un magnífico plan sin que de momento aparezca todo el material que podemos y debemos usar, pero éste va viniendo poco a poco, ando lugar a los puntos subsidiarios si tenemos un buen bosquejo de puntos principales y deseos de trabajar sin cansarnos hasta obtener un adecuado men aje para las almas, fácil de comprender y retener por su lógica ordenación.

 

VI

Sermones Expositivos

 

Se llama sermón expositivo al que toma como texto un largo pasaje bíblico. Los antiguos padres de la Iglesia llamaban a tales sermones «Homilías»; de ahí la palabra «Homilética», que se aplica al arte de preparar sermones religiosos.

Los sermones expositivos pueden estar basados sobre:

Un capítulo de la Biblia. Una historia o parábola.

Una serie de versículos que desarrollan un pensa miento especial.

 

Tomar todo un capítulo de la Biblia para un ser món, meramente por seguir la división de capítulos, no es recomendable. Hay capítulos que sirven para tal objeto porque contienen un solo mensaje, pero hay otros que contienen materias tan diversas que, al querer comentar todo el capítulo, además de expo nerse el predicador a predicar un sermón demasiado largo, corre el riesgo de que por la diversidad de materias borre con las últimas la impresión de las primeras sobre la mente de los oyentes. Solamente en una serie de estudios bíblicos en los cuales venga comentándose algún libro de la Biblia es admisible predicar sobre capítulos, y aun en tales casos es necesario no sujetarse a tal división, sino a los asuntos que se tratan en cada capítulo, predicando un sermón sobre aquel grupo de textos que desarrollan un asunto. Esto es bastante difícil, especialmente en las epístolas de San Pedro y de San Juan y también en algunas porciones de las cartas de San Pablo. En todo caso debe procurarse agrupar aquellos textos que presentan un lazo de relación entre sí por alguna palabra o idea común, como tendremos ocasión de ver. No obstante, se encuentran bastantes capítulos en la Biblia que ofrecen material para un solo sermón.

 

SERMONES NARRATIVOS

 

La mayor parte de los sermones expositivos suelen basarse sobre historias bíblicas o parábolas.

Lo primero que tiene que hacer el predicador para preparar un sermón de esta clase es leer el relato con suma atención, anotando los hechos que más le interesen o contengan alguna aplicación práctica.

1. Formule preguntas relacionadas con el hecho, como, por ejemplo: ¿Por qué pronunció Jesús esta parábola? Probablemente hallará la contestación en el contexto.

¿Qué enseñanzas hay para los creyentes? Trate de aplicar en los detalles o en la totalidad del pasaje.

¿Qué enseñanzas hay para los creyentes? Trate de aplicar el pasaje a su propio corazón y piense en las necesidades espirituales de su congregación a la vez del pasaje leído.

2. Anote las palabras principales de la narración busque su significado espiritual. Por ejemplo: Si se trata de la parábola del sembrador, las palabras clave serán: sembrador, semilla, terreno, espinas, pedregales, aves, enemigo. Pregúntese y responda qué significado puede tener cada una de ellas en el terreno espiritual.

Si se trata de una historia del Antiguo Testamen to como, por ejemplo, la de Naamán, las palabras clave serán: lepra, profeta, criados, rey, Jordán, limpio, etc. Y, aplicando el sistema de preguntas, tendremos:

¿Qué es la lepra? ¿Qué representa la lepra? ¿Quién era el profeta? ¿A quién puede represen tar? Y así a cada uno de los personajes. Además puede preguntarse: ¿Qué aprendemos de la conduc ta del profeta? ¿Y de la del rey? ¿Y de los criados? ¿Y de la sirvienta? Con las respuestas a todas estas preguntas tendremos bastante material acumulado para un sermón, pero estará desordenado.

Antes de entrar en las aplicaciones del sermón, se procura referir la historia en un lenguaje vivo y dramático, sobre todo si hay en la congregación per sonas que nunca la han oído.

Al explicar la historia puntualice los detalles so bre los cuales quiere basar aplicaciones espirituales, por ejemplo: Lo incurable de la lepra, pues después tendrá que decir que el pecado es una enfermedad incurable; el error de Naamán acudiendo a una alta recomendación, pues ello le servirá para combatir la mediación de los santos; la sencillez del método de curación recomendado, pues luego tendrá que ha blar de lo sencilla que es la salvación por la fe, etcé tera. Pero resista la tentación de explicar la aplica ción mientras cuenta la historia.

Después podrá formular la aplicación en la si guiente forma o parecida:

 

Ejemplo 

Tema: EL ERROR DE NAAMAN

2ª Reyes 5

I. La terrible enfermedad del pecado.

a) Aplíquese a grandes y pequeños.

b) Es inherente al hombre caído.

c) Trae infaliblemente un desastroso fin.

II. El remedio infalible: El sacrificio de Cristo.

a) Advertido por el testimonio personal.

b) Definido por los servidores de Dios.

III. Métodos erróneos para conseguirlo,

á) No por dinero. Véanse Mateo 10:8; Hechos 8:20; 1ª Pedro 1:18.

b) No por influencia: Juan 2:4; 1.a Timoteo 2:5.

c) Considerar otras cosas tan buenas o mejo res que lo que Dios ha revelado. Abana, Pharphar —religiones humanas, moralidad.

IV. El método indispensable.

á) Escuchar el mensaje con humildad.

b) Creerlo de corazón.

c) Obedecer sin excusas y de un modo com pleto.

 

Se pueden hacer también sermones expositivos yendo directamente a las aplicaciones del hecho sin referir la historia. Dicho método es recomendable cuando el tiempo es muy limitado y se está hablando exclusivamente a creyentes que conocen la historia sobradamente, pero el primer método es más recomendable si el predicador es un buen narrador y sabe poner colorido a la historia, refiriendo detalles que no están en la narración bíblica, pero que pudieron ocurrir con toda probabilidad.

El autor tuvo el privilegio de oír al Dr. Billy Graham predicar en Winona Lake ante unas 20.000 personas, la mayoría de las cuales eran cristianas, sobre la conocidísima historia de Daniel en el foso de los leones. El gran orador pintó con tan vivos colores el desespero del rey, accionando con las dos manos, cogiéndose con ellas la cabeza, en contraste con la tranquilidad de Daniel que suponía escogiendo al león más gordo y haciéndolo acostar para reclinar su cabeza sobre el mismo como almohada, que todos nos deleitamos escuchando una historia conocidísima como si fuera nueva. Lo más admirable del caso es que supo componer el sermón de tal forma que, sin forzar las aplicaciones de la historia, contenía un claro mensaje evangelístico, y cuando hizo un llama miento final, unas 300 personas acudieron a la pla taforma, muchas de ellas llorando, para testificar su aceptación de Cristo como Salvador personal.

Sin embargo, el predicador debe tener mucho cui dado, sobre todo si es joven y novel en el arte de predicar, de no forzar su imaginación de tal modo que pinte la historia con colores extraños, añadiendo detalles inverosímiles. Hay que evitar describir a Noé, como hizo cierto predicador, a la puerta del Arca leyendo la Biblia.

He aquí otro bosquejo sintético de un sermón na rrativo sobre una historia bien conocida del Nuevo Testamento.

 

Ejemplo 

EL HALLAZGO DEL RICO PUBL1CANO DE JERICO.

Lucas 19:9

I. Impedimentos.

1. Una dificultad popular: Publicano.

2. Una dificultad moral: Pecador.

3. Una dificultad financiera: Rico.

II. Ventajas.

1. Tenía un gran deseo de ver a Jesús.

2. Hizo un gran esfuerzo para verle.

3. Tenía voluntad de obedecer a Jesús.

III. Resultados.

1. Una gran confesión.

2. Una gran restitución.

3. Una grande verdad proclamada (vers. 20).

(C. L. Trawin)

 

Este esqueleto requerirá una introducción adecuada, según se explica en el capítulo VIII de este libro, y que se redondee cada punto, explicando lo que era el publicano; así como, usando un poco la imaginación, conviene referirse a los pecados de Zaqueo, hágase notar la paradoja de que en los asuntos hu manos la mayor dificultad es la pobreza, pero en los espirituales suele ser la riqueza.

La parte de aplicación evangélica a los oyentes debe basarse muy bien en el último subtítulo y en texto en que se apoya. De esta manera el sermón terminará del modo propio y lógico de los sermones avangelísticos, con una invitación a los pecadores y la llamada al corazón.

 

Ejemplo 

LIBERACIÓN DEL LAGO CENAGOSO

Salmo 40:1-6

 

I. El lago cenagoso es el mundo.

a) El pecado ha atascado nuestros pies desde nuestra misma infancia. Nos hundimos en acciones y palabras malas y la muerte física y espiritual nos amenaza. ¿Qué podemos hacer?

b) Tratar de salvarnos  a nosotros mismos: Tarea inútil.

c) Clamar al que puede salvarnos: «Oyó mi clamor».

II. Cristo es el Salvador poderoso que levanta al caído.

La encarnación del Verbo, es Dios «inclinándo se», bajándose para acercarse al pecador.

III. Su salvación es firme y segura. — «Puso mis pies sobre peña». Vers. 2.

IV.   El Salvador se complace en guiar a los salvados por el camino que El anduvo. «Enderezó mis pasos».

V. Pone en sus labios una canción nueva.

La vieja era: «¡Ay! ¡Ay! ¡Socorro!» La nueva es: «Alabanza a nuestro Dios» (Apocalipsis 5:9).

VI. Resultados del proceso de salvación.

a)  Verán esto muchos.

b) Temerán.

c) Esperarán en Jehová.

 

La imaginaria historia de un hombre hundiéndose en el cieno ha de ser solamente una ilustración, y sería un pecado contra el respeto que nos merece la Biblia decir que ocurrió literalmente al rey David. Evidentemente, el autor no tiene en vista nada más que su experiencia moral.

Siempre al añadir detalles a las historias bíblicas debemos proceder con sumo cuidado para distinguir lo que está referido en la Biblia y lo que es imagina ción del predicador. Nunca deben darse tales ideas como si fuesen de la Biblia, sino que debemos dis tinguirlas con un «probablemente…», «podemos su poner…», «es posible que…», «podía ocurrir que…», y nunca hacer una afirmación concreta que no se halle contenida en las Sagradas Escrituras. La primera cualidad del predicador es ser veraz.

 

MÉTODO ANALÍTICO

 

El sistema mayormente empleado en la clase de armones llamados expositivos es el método simple, que consiste en comentar versículo por versículo, este sistema, generalmente usado por los predicadores sin estudios, es también empleado por los grandes expositores de la Palabra de Dios. ¿La razón? pues que es el método que permite sacar más provecho de la porción que se estudia, ya que con él se analiza cada frase, cada sentencia, cada palabra, sin dejar nada por exprimir en consideraciones y comentarios.

El predicador sencillo lo encuentra maravilloso. No hay que preparar sermón alguno, ni bosquejo, con este sistema, sino tan sólo meditar cada versículo. Cuando se han terminado los pensamientos referentes a una frase se procede a la siguiente; sin embargo, este sistema puede hacerse muy pesado a los oyentes, sobre todo si éstos no son personas muy fervorosas, y el predicador es pobre de expresión y de conocimientos.

Pero puede resultar maravilloso si el predicador sabe ir de un texto a otro del modo debido, pues también este método más sencillo tiene su arte y sus reglas.

Al exponer así la Sagrada Escritura es necesario no pasar bruscamente de un texto al siguiente o de una frase a otra del mismo texto, sino que conviene relacionarlos.

a) Por contraste. Por ejemplo, si estamos comentando del Evangelio diremos: «El Señor nos declara en la frase anterior tal o cual cosa; ahora nos dice esto», haciendo notar la relación, diferencia o avan ce de pensamiento que hay entre ambas frases.

b) Por inferencia de lo no expresado, pero que se adivina o trasluce en el pasaje entre líneas. Las frases más diversas pueden ser relacionadas de esta forma si el predicador es un pensador ágil. Rogamos al lector que lea el pasaje Juan 5:37 al 45. A primera vista le parecerá que el discurso de Cristo cambia completamente de sentido en cada texto de la porción leída. Puede, naturalmente, comentarlo así, separa damente, haciendo como un pequeño sermón para cada texto. Sin embargo, por buenos que sean tales sermoncitos resulta desorientador para la mente de los oyentes oírlos juntos uno tras otro sin conexión alguna entre sí.

Pero puede darse cohesión a estos pensamientos, al parecer tan diversos, preparando un sermón expo sitivo bajo un tema en la siguiente forma:

 

Ejemplo 

LAS CREDENCIALES DE CRISTO

Juan 5:36 al 45

 

Vers. 36. — El Señor está hablando del testimonio de Juan, a quien los judíos enviaron a preguntar si era él el Mesías (véase Cap. 1; 19). Pero éste, en lugar de testificar de sí mismo, habló en favor de Cristo (Cap. 1, vers. 29). Los judíos orgullosos no lo creyeron, sino tan sólo algunos pocos discípulos; por esto Jesucristo les señala en cuanto a sí mismo un testimonio superior, el de Dios.

Vers. 37. — Ahora bien, la pregunta que ellos y cualquiera se haría es: « ¿Pero qué garantía tenemos de que Dios ha señalado a un humilde artesano de Nazaret como el Mesías?» Si pudiéramos ver a Dios, oír su voz haciéndonos tal declaración, bien, pero no hay tal cosa como esto. A este escepticismo alude la segunda parte del versículo.

Vers. 38. — Dado el modo en que Dios se revela al mundo, el que no tiene el Espíritu de Dios en el corazón no sabe percibir el mensaje de Dios en boca de sus mensajeros. Esto observamos cada día en nuestros servicios religiosos y ocurría igualmente en los días de Cristo. Sólo los que viven más cerca de Dios descubren y entienden por intuición espiritual lo que Dios quiere revelar a sus almas, por medio de sus siervos.

Vers. 39. — Pero las profecías de la Sagrada Escritura son un testimonio evidente, aun para el que no tiene la intuición espiritual, con tal que tenga buena voluntad. Por eso Cristo les invita a escudriñarla, para que se persuadan de que lo que las Sagradas Escrituras dicen acerca del Mesías que había de venir, estaba cumpliéndose en su persona.

Vers. 40. — El resultado de tal estudio sería la vida eterna, pero no por el mero hecho de leer la Biblia como un libro mágico, sino solamente en el caso; que como resultado de tal estudio naciera en ellos la fe sincera que les hiciera aceptar a Cristo de un modo libre y espontáneo.

Vers. 41. — Este reconocimiento no aprovecha al mismo Cristo, ya que aquel a quien adoran las criatu ras celestes no necesita la poca gloria que podemos darle.

Vers. 42. — Pero El se goza de ver el amor de Dios reflejado en el corazón de los hombres hechos a su imagen. Cuando falta este amor todo está perdido.

Vers. 43. — La locura humana consiste, empero, esto precisamente:

a) Rehúsa glorificar a Dios y da la gloria a cria turas humanas (santos, papa, héroes, ídolos nacio nales, etc.).

Vers. 44. 

b) Este gran error es fomentado por el humano orgullo, que procura obtener el honor para sí o para su grupo. (Mucho del honor que se da a los santos canonizados en cada época es fomen tado por el orgullo patriótico, de orden religioso, et­cétera. Ejemplo: Juana de Arco y muchos otros.)

Vers. 45-47. — La Palabra de Dios será, empero, el juez infalible que juzgará a los que se han extra viado de tal modo. ¡Qué desengaño para los judíos cuando se den cuenta de que les condena aquel a quien ellos idolatraban como su gran legislador y Caudillo!

¡Qué desengaño para muchos católicos cuando la bendita Virgen María pueda hablarles, no según la ilusión de los que hoy pretenden tener visiones, sino según ella es y piensa en verdad, lo cual conocemos por las enseñanzas del Evangelio!

Conclusión. — Nadie sino Cristo tiene credencia les divinas. Aceptémosle y dejémonos guiar sólo por El.

Cualquier predicador inteligente sabrá desarrollar estos puntos mucho más allá de lo aquí sugerido; pero el breve comentario que damos ofrece la clave para unir y relacionar estos versículos entre sí, ha ciéndolos la base de un sermón compacto. Nótese, empero, que para hacerlo así es indispensable tener un tema, y el de Las credenciales de Cristo es el mejor que corresponde a este pasaje.

Supongamos que el capítulo a comentar es 1.a Pe dro 1. También allí hay materiales diversos. ¿Cómo vamos a unirlos? En algunos casos es casi imposible, hay una brecha insalvable entre versículo y versícu lo; entonces convendrá agrupar el texto, o el grupo de textos que sigue, bajo otro título, y así sucesivamente, formando tantos sermones como pasos infranqueables encontramos entre versículo y versículo.

 

El análisis de 1.a Pedro 1, nos da cuatro temas.

I. La esperanza de los peregrinos: Vers. del 1 al 9.

II. El misterio escondido a los profetas: Vers. 10 y 12.

III. Exhortación a la santificación: Vers. 13 al 22.

IV. Permanencia de la Biblia: Vers. 23 al 25.

 

Tratemos ahora de desarrollar algunos de estos mas.

 

Ejemplo 

LA ESPERANZA DE LOS PEREGRINOS

1º. Pedro 1, del 1 al 9

 

Vers. 1. — El apóstol Pedro parece dirigirse a sus propios discípulos que creyeron a la palabra en el día de Pentecostés. Los comentadores difieren si el calificativo de extranjeros se refería a su calidad tales, como judíos de la dispersión en el mundo gentil, o a la condición de extranjeros en que nos hallamos situados todos los cristianos en un mundo que no conoce al Señor ni obedece sus leyes.

Vers. 2. — Si somos extranjeros entre el mundo por haber sido elegidos por la presencia de Dios para ser sus hijos. Sin embargo, tal presciencia implica nuestra voluntad de obedecer a su Palabra. Es por tal obediencia que nos es aplicada la virtud de sangre de Cristo, y cuando crecemos en la vida cristiana la gracia y la paz nos es multiplicada.

Vers. 3. — Cuántos motivos tenemos, por lo tanto, para alabar al Señor por su grande misericordia que nos ha hecho nacer de nuevo, haciendo brotar en nuestros corazones una esperanza que es viva porque se asienta sobre un hecho comprobado: la Resurrección de Jesucristo.

Vers. 4. — Esta esperanza es la de que somos he rederos de una herencia que tiene estas dos preciosas condiciones, imposibles de hallar en este mundo:

a) No se pasa ni marchita como todo lo que vemos.

b) No puede ser dañado ni contaminado por el pecado. Si hubiera la menor posibilidad de que el pe cado pudiera entrar en el Cielo alguna vez, sería desde ahora un motivo de pesar para los creyentes.

Vers. 5. — Esta herencia está reservada en los cielos para aquellos que somos guardados en la vir tud de Dios aquí en la tierra. Es decir, el que guarda la herencia en los Cielos, guarda a los herederos sobre la tierra para que no perdamos nuestra pose sión celestial, sino que obtengamos aquella salud, o sea, liberación, de todos los males que tendrá lugar en el postrimero tiempo.

Vers. 6. — Es tan gloriosa esta esperanza que pro duce gozo aun en la aflicción, como ha sido el caso de muchos mártires y piadosos cristianos afligidos. (Cítese algún ejemplo.) Pues ante su grandeza y du ración toda aflicción aquí resulta sin importancia y breve. Es un gran consuelo en las aflicciones saber:

a) Que serán por poco tiempo.

b) Si son necesarias. No nos gusta padecer inútil mente, y ésta es la tragedia de los mundanos que no conocen la promesa de 2.a Corintios 4:17.

Vers. 7. — El apóstol nos define la principal razón Por la cual la tribulación puede hacerse necesaria en esta vida: Para que nuestra fe probada, como el oro, sea purificada de tal modo que, en el día de Cris to, el Supremo Juez no encuentre en nosotros sino motivos de alabanza, gloria y honra. Es decir, todo oro puro y ninguna escoria.

Vers. 8. — El apóstol recuerda que este Señor Jesucristo, cuya manifestación esperan sus lectores e hijos en la fe, nunca había sido visto por ellos; sin embargo, su fe es firme en El. Con tal motivo les admira. Podemos figurarnos a los creyentes diciendo gran apóstol: «¿Qué privilegio tuviste tú de convivir con El, de andar en su compañía y oír las pala das de su boca?» Y el apóstol respondería: «¡Qué privilegio tenéis vosotros que sin haberle visto le amáis! Mi fe no tiene importancia ni mérito alguno, la vuestra tiene mucho más valor en su presencia.» véase Juan 20:29.

Por esto el gozo espiritual de los creyentes en el Señor tiene esta doble cualidad:

a) Es inefable. Es decir, no se puede expresar con palabras.

b) Glorificado. Propio de la gloria. De la misma clase que el que disfrutaremos en la Gloria, con la sola diferencia que aquí lo experimentamos a gotas, en momentos de especial emoción religiosa, y allí lo tendremos a torrentes.

Vers. 9. — ¿Cuándo será esto? Cuando llegaremos al objetivo o meta de nuestra carrera. Vale, pues, la pena pasar tribulaciones durante el peregrinaje o prueba a que nos hallamos al presente sometidos.

 

Ejemplo 

EL MISTERIO ESCONDIDO A LOS PROFETAS

1.a Pedro 1:10-12

 

Vers. 10. — La palabra «salud», o salvación, en el versículo anterior, sugiere al apóstol una serie de consideraciones sobre el tema de la salvación profe sada en el Antiguo Testamento. Tenemos aquí una revelación de lo interesante que era para los mismos profetas el anuncio de los sufrimientos del Mesías, como en Isaías 53.

Vers. 11. — Era una cosa extraordinaria para ellos como judíos que aquel «Siervo de Jehová», que tenía que «rociar a muchas gentes y delante del cual los reyes cerrarían sus bocas», hubiera de padecer todo lo que se dice a continuación. Sin embargo, así ha sido.

Vers. 12. — El Evangelio es una dispensación pe culiar de nuestro tiempo. Este texto y otros de la Sagrada Escritura nos muestran que una cosa es el privilegio de los cristianos y otra el de los hom bres fieles del Antiguo Testamento, aunque formarán una misma compañía con los creyentes, pero proba blemente aquéllos como «amigos del esposo». Véase también Hebreos 11:40. La presente época de la Gra cia, aunque más difícil quizá que ninguna para el ejercicio de la fe, es la más bienaventurada para los fieles de Dios.

Todo en el Antiguo Testamento es una prepara ción de los propósitos de salvación revelados en el Nuevo.

Vers. 12. — Esta salvación, con la maravilla de la encarnación del Divino Verbo, y los frutos de ella, como son los milagros de la gracia en la transfor mación de pecadores, y el amor, heroísmo y consa gración de los creyentes, son cosas tan admirables, por lo que glorifican a Dios y confunden a Satanás, que los mismos ángeles fieles lo miran día tras día alborozados y gozosos. Véase Lucas 15:10.

¿No nos sentimos privilegiados de ser protagonis tas de Dios en este sublime espectáculo? ¿No pro curaremos esmerarnos para actuar con la máxima perfección?

 

MÉTODO  SINTÉTICO

 

Cuando el comentario abarca un capítulo fecundo, de las epístolas o de los salmos, por ejemplo, será conveniente para agruparlos bajo un tema omitir los textos que no se avienen al plan propuesto, haciendo la selección solamente de los que entran en el plan lógico del sermón.

Este método es aún más sugestivo que el explicar un versículo tras otro, y el público lo aprecia más, porque le permite recordar el mensaje muchísimo mejor.

Supongamos que se trata de exponer el capítulo 4 de Filipenses. El predicador puede agrupar los pensamientos principales de dicho riquísimo capítulo bajo un tema general, del siguiente modo:

 

Ejemplo 

SIETE PRIVILEGIOS DEL CREYENTE

 

1. Gozo constante: Vers. 4.

2. Liberación absoluta de cuidados: Vers. 6.

3. Paz abundante: Vers. 7.

4. Amigo siempre presente: Vers. 9.

5. Contentamiento que nunca fracasa: Vers. 11.

6. Poder todo suficiente: Vers. 15.

7. Una inagotable provisión para cada necesidad: Vers. 19.

 

Del mismo modo puede trazarse el conocido Salmo 23 bajo el tema:

 

Ejemplo 

PRIVILEGIOS DE AQUEL CUYO PASTOR ES JEHOVA

 

1. Toda necesidad suplida: Vers. 1-3.

2. Todo temor expulsado: Vers. 4.

3. Todo deseo satisfecho: Vers. 5-6.

 

El mismo pasaje que comentamos antes por el sistema analítico, versículo tras versículo, puede ser tratado por el sistema sintético desde el punto de vista de los privilegios, usando solamente aquellos textos que corresponden al tema, en la siguiente forma:

 

Ejemplo 

LO QUE GANAMOS POR LA FE EN CRISTO

1.a Pedro 1:3-8

 

1. Nuevo nacimiento: Vers. 3.

2. Una esperanza viva garantizada por un hecho innegable: Vers. 3.

3. Una herencia gloriosa (Vers. 4), cuyas carac terísticas son:

a) Incorruptible.

b) Incontaminable.

c) Reservada en los cielos.

4. Seguridad de los herederos: «Guardados por la virtud de Dios»: Vers. 5.

5. Gozo inefable y glorificado: Vers. 8.

6. Recompensa  y  honores  en la  aparición  de Cristo: Vers. 7.

 

El pasaje de Hechos 4, que refiere la actitud de los apóstoles cuando salieron de la cárcel, puede ser usado provechosamente para una reunión de oración, bajo el tema:

 

Ejemplo 

EL PODER DE LA ORACIÓN

 

I. Calidad de esta oración apostólica.

1. Tenía un motivo especial: Vers. 24.

2. Fue hecha con fe en el poder y providencia de Dios.

3. Fue unánime: Vers. 24 y 28.

4. Se apoya en palabras de la Sagrada Escri tura: Vers. 25-26.

 

I. Resultado de dicha oración.

1. Los discípulos llenos del Espíritu Santo: Ver sículo 31.

2. Dios levantó un defensor entre sus mismos enemigos: Cap. 5:34.

3. Recibieron valor para testificar, según pi dieron: Cap. 4:33.

4. Desarrolló la actividad y los frutos de la misma: Cap. 5:42.

 

Obsérvese cómo las divisiones de este bosqueje abarcan más allá de la porción principal que señalamos como texto, entrando en el capítulo 5, que con en materias muy diversas que deben omitirse como la mentira de Ananías y Safira; pero leyendo ambos capítulos puede observarse que el final del la continuación de la misma historia del 4, y 1o que importa es presentar a los oyentes todos aquellos datos que pueden apoyar la tesis del tema, o sea, el poder de la creación.

Para hacer buenos sermones expositivos de cualquier pasaje de las Sagradas Escrituras es necesario buscar una línea de pensamiento que engarce los principales textos como en una especie de collar d perlas. Será la manera de que la gente las retenga todas y no pierda ninguna. Si se las ofrecéis sueltas no recibirán tanta edificación espiritual, ni podrán recordar tan bien el sermón.

Supongamos que el comentario que queremos hacer es sobre el 2.° capítulo de 1.a Juan. Este es un capítulo difícil de unir en una sola línea de pensamiento, pues el estilo de San Juan no sigue un argumento continuo, como algunos capítulos de las epístolas de San Pablo, sino que varía constantemente sin embargo, puede hallarse aquí un lazo de conexión en la persona de Jesús, y podremos decir que el ca pítulo nos presenta:

 

Ejemplo 10º

SIETE  ASPECTOS  CONSOLADORES DE  CRISTO

 

1.   Jesús, abogado con el Padre: Vers. 1.

2.   Jesús,  la propiciación por  nuestro pecado: Ver. 2.

3.   Jesús, nuestra luz: Vers. 8.

4.   Jesús, dador del Espíritu Santo: Vers. 20, 27.

5.   Jesús, el Hijo de Dios: Vers. 20, 23.

6.    Jesús, el prometido: Vers. 25.

7.    Jesús, el que ha de venir: Vers. 28.

 

Cada uno de estos puntos puede desarrollarse con preciosas enseñanzas acerca de la persona de Cristo. Claro está que este método no nos permite comentar otras enseñanzas muy importantes que el mismo ca pítulo nos ofrece acerca de los jóvenes y de la nece sidad de vivir separados del mundo. Para esto debié ramos tratar los versículos 12 al 17 bajo otros temas como «La victoria contra el pecado» o «Vanidad de las cosas presentes». Pero no pueden mezclarse estos temas con el estudio de la persona de Cristo que nos ofrecen los otros textos escogidos, y el mensaje que da así más compacto y es más fácil de recordar.

Si el capítulo objeto de nuestro estudio fuera el 3.° de la misma epístola de Juan, el mejor lazo de Unión para relacionar muchos textos sería la persona del creyente. Así podríamos decir que el capítulo nos Presenta:

Ejemplo 11º

SIETE GRANDES HECHOS RESPECTO A LOS CREYENTES

 

1.   Los creyentes son hijos de Dios: Vers. 1, 2.

2.   Los creyentes serán como Cristo cuando El venga: Vers. 2.

3.   Los creyentes no practican el pecado volunta riamente: Vers. 5, 6, 9 y 10.

4.   Los creyentes han pasado de muerte a vida: Vers. 14.

5.   Los creyentes tienen confianza ante Dios: Ver sículos 19 al 21.

6.   Los creyentes tienen el privilegio de recibir respuesta a la oración: Vers. 22.

7.   Los creyentes tienen el don del Espíritu Santo: Vers. 24.

 

El orden en que presentamos estos puntos es tal como se hallan en el capítulo. Algunos predicadores prefieren presentarlos así, tratándose de sermones expositivos de largo texto, para facilitar a los oyentes la recomposición del sermón con una mera lectura del texto bíblico, sin tomar notas; pero otros prefieren presentarlos en un orden lógico.

Arreglado en esta segunda forma, el bosquejo debería ser así:

 

1. Los creyentes son hijos de Dios: Vers. 1 y 2.

2. Los creyentes han pasado de muerte a vida: Vers. 14.

3. Los creyentes tienen el don del Espíritu Santo: Vers. 24.

4. Los creyentes no practican pecados volunta rios: Vers. 5, 6, 9 y 10.

5.   Los creyentes tienen confianza en Dios: Ver sículos 19, 21.

6.   Los creyentes tienen el privilegio de recibir respuesta a la oración: Vers. 22.

7.   Los creyentes serán como Cristo cuando El vuelva: Vers. 2.

 

Este segundo método facilita la comprensión y buen recuerdo del sermón porque lleva a los oyentes por la mano con el mismo orden en que tienen lugar los privilegios del cristiano en la vida real.

 

VII

Ordenación del sermón

 

El orden es la base y secreto del sermón, como indicamos en el capítulo II.

El arreglo del esqueleto será la base de dicho orden.

No podemos clasificar un montón de cartas si no tenemos a mano un archivador, y los mejores pensa mientos de un sermón no podrían ser ordenados si carecemos de un bosquejo bajo cuyas divisiones prin cipales podemos agrupar los pensamientos que la meditación del tema y las diversas lecturas que he mos hecho relacionadas con el mismo han traído a nuestra mente.

Es necesario que dichos puntos principales vayan sucediéndose en valor creciente e interés. O sea, dicho negativamente: Que no se ponga lo que es de más peso primero, y que lo mismo las frases que los argumentos vayan disminuyendo en fuerza de modo que los más débiles vengan al fin. De esta manera no se puede mantener el interés de la gente ni hacer impresión sobre los oyentes.

El lector atento habrá podido observar un orden evidente en los bosquejos que hemos dado en otros capítulos, y lo habrá notado también en otros bosquejos y en los sermones que haya oído de buenos predicadores. Esta lección tiene, empero, por objeto hacer resaltar este carácter esencial del sermón, para lo cual daremos estas sencillas reglas:

 

1.Lo general tiene que preceder a lo particular personal. Por ejemplo: Si tratamos de describir la universalidad del pecado, nunca diremos: «Tú y yo somos pecadores, todos los hombres del mundo lo son», sino al contrario: «Todos los hombres son pecadores, tú yo lo somos también.»

2.Si hay que relacionar algo presente con lo ausente, se toma lo ausente primero. Por ejemplo: El Señor, en Lucas 13, habla de «aquellos galileos», pero después dice: «Si vosotros no os arrepintiereis, pereceréis igualmente», aplicando el ejemplo de los ausentes a los presentes.

3.Si se trata de un asunto donde entra el elemento tiempo, no se debe invertir el orden, sino tom arlo en el de pasado, presente y futuro. Tenemos el ejemplo en Hebreos 13:8. No tendría la misma fuerza y belleza este pasaje si dijera: «Jesucristo es el mismo por los siglos, hoy y ayer.» Parece que esta regla cae por su propio peso; sin embargo, algunos predicadores faltan a ella con frecuencia.

4.Si hay tales elementos como manifestación, causa y resultado, es natural que para tener orden lógico principie por causa, luego manifestación y por último resultado.

5.Siempre debemos poner como en el último lugar aquel punto que lleve a la decisión importante que se desea producir por medio de un sermón.

 

Estas reglas generales para las divisiones principales se aplican igualmente a las subdivisiones, y algunas de ellas aun a las mismas frases del sermón. por ejemplo, si tomamos como tema:

 

Ejemplo 1º.

UN CORAZÓN QUEBRANTADO

Salmo 51:17

 

Poniendo las subdivisiones en esta forma:

I. Cómo se produce el quebrantamiento de co razón.

II. Por qué se recomienda un corazón quebran tado.

III. En qué consiste un corazón quebrantado.

 

Se observará una falta de orden que impide asi milar y retener la verdad.

Pero si colocamos los puntos en este orden:

I. En qué consiste un corazón quebrantado.

II. Por qué es indispensable y se recomienda un corazón quebrantado.

III. Cómo se produce el quebrantamiento de co razón.

 

Notaremos que este segundo bosquejo nos permi te explicar el asunto de un modo lógico y seguido, pasando de un punto a otro y terminando con apli caciones prácticas. Sería una insensatez tratar de explicar cómo se produce o se realiza una cosa sin antes saber lo que tal cosa es; por esto el orden conveniente es el segundo.

El orden del bosquejo debe abarcar no solamente los puntos principales sino extenderse del modo más escrupuloso y perfecto posible en las subdivisiones, pues traería la confusión igualmente a las mentes de los oyentes si se faltara a esta regla al explicar los detalles más ínfimos del sermón.

Veamos éste.

 

Ejemplo 

LA PUERTA ESTRECHA

Mateo 7:13-14

 

Introducción. — Explicar la costumbre que había antiguamente de hacer puertas estrechas en ciertas ciudades o fortalezas para facilitar su defensa, y puntualizar el inconveniente que ello ofrecía a los hombres de regular estatura y a ciertos animales de carga como el camello (Mateo 19:24).

También las calles y caminos eran más estrechos en aquellos tiempos, especialmente los que conducían a ciertas fortalezas. En todos los casos el camino ancho era el más transitado.

Jesús nos exhorta a porfiar, a entrar por el lugar más difícil y a andar por el camino menos atractivo.

 

I. Qué significa porfiar.

 Empeñarse en un propósito.

2º Apartar los obstáculos (como se hacía qui tando la carga al camello cuando ésta subía a la altura de la cabeza).

3º Agacharse y aun doblegar la rodilla.

4º Desoír los consejos de los que pretenden que la entrada es imposible, o arguyen que no hay peligro fuera.

II. Por qué hemos de porfiar a entrar por la puerta estrecha.

1º Por causa del insidioso peligro que el ca mino ancho tiene en sí.

a) Es atractivo a la carne y popular, mien tras que el estrecho parece solitario.

b) Por la naturaleza estamos acostumbra dos al camino ancho.

c) Lleva a la perdición.

2º Porque el camino estrecho es el único de felicidad y vida.

a) Es imposible encontrar felicidad en el camino del mal.

b) Sólo la regeneración concede parte en el Reino de Dios (San Juan 3:3).

3. Porque la vida eterna, que es la meta del camino estrecho, merece todo esfuerzo.

Ejemplo: Ilústrese con el ejemplo de que todo lo que es digno de ser alcanzado          cues ta esfuerzo. Por ejemplo: Música, pintura, ciencias, etc.

a) Esta vida significa liberación de la con denación.

b) Dulce comunión con Dios.

c) Eterna felicidad y gloria.

4º Porque habrá un día cuando no será posi ble entrar aunque se quiera (Luc. 13:24-25).

 

Este bosquejo es bastante completo aunque no tiene más que dos divisiones, porque éstas contienen bastantes subdivisiones, con abundante material.

Podría hacerse el bosquejo en otra forma trans formando en título el punto primero:

 

«Por qué hemos de porfiar a entrar por la puerta estrecha»

 

Y en divisiones de primer orden los cuatro puntos principales de esta división.

Pero esto dejaría fuera del sermón aquella des cripción de la palabra porfiar que nos es una buena preparación para que los oyentes entiendan mejor las consideraciones más importantes y prácticas del segundo punto.

Siempre los puntos principales deben ser una preparación del que le sigue.

Veamos ahora lo que ocurre con las subdivisiones cuando se hallan desordenadas.

Suponga el estudiante que hallara este mismo bos-[uejo redactado en la siguiente forma:

 

I. Qué significa porfiar.

4º Desoír los consejos de los que pretenden que la entrada es imposible o arguyen que no hay peligro afuera.

3º Agacharse o doblegar la rodilla.

1º Empeñarse en un propósito.

2º Apartar los obstáculos.

 

El punto 4º parece ser tan bueno para empezar como el 1º, pero si empezamos por éste no podremos poner el 1º y se nota que la entrada es demasiado brusca.

Por otra parte, el punto 4º nos permite hacer aplicaciones prácticas referentes a los que tratan de persuadirnos de que no hay peligro para nuestras almas, permaneciendo fuera del Evangelio de la gracia de Dios, y siempre conviene que las exhortaciones prácticas vengan al final, ya sea del sermón o en sus divisiones principales.

La falta de orden se observa de un modo muy especial entre el segundo y tercer punto y se nota también que el 3º no puede ir detrás del 4º El único lugar que le conviene es el 1º

Supongamos que las subdivisiones del 2º punto las encontramos en el siguiente orden:

 

I. Por qué hemos de porfiar para entrar por la puerta estrecha.

3º Porque la vida eterna, que es la meta del camino estrecho, merece todo esfuerzo.

4º Porque habrá un día cuando no será posi ble entrar aunque se quiera.

2º Porque el camino estrecho es el único de felicidad y vida.

1º Por causa del insidioso peligro que el ca mino ancho tiene en sí.

 

También aquí el punto 3º parece tan bueno como el 1º para empezar, pero debemos tener en cuenta que el camino ancho es el que está siguiendo actual mente el pecador y, por lo tanto, es antes que todo lo demás.

El punto 4º salta a la vista que tiene que ser úl timo porque se refiere a una cosa final, la condena ción y desespero del pecador.

El 2º tiene que ir inmediatamente después del 1º porque se refiere a algo presente: la paz y felicidad de la vida cristiana, mientras que los puntos 3º y 4º tienen que ver con la vida venidera; por lo tanto, es natural que se expongan después.

Veamos ahora las subdivisiones de segundo orden.

Si bajo la subdivisión:

 

1º Por causa del insidioso peligro que el ca mino ancho tiene.

Ponemos:

b) Por la naturaleza estamos acostumbra dos a andar por camino ancho.

c) Lleva a la perdición.

a) Es atractivo y popular, mientras el es trecho parece solitario.

 

Encontramos desorden, aunque también aquí el punto b) parece tan bueno como el o) para empezar; pero observemos que el punto a) se refiere algo general, mientras que el b) tiene que ver con lo par ticular y personal, y tal ordenación contradeciría la primera de las cinco reglas que hemos dado al prin cipio de este capítulo.

El punto c) debe ir en último lugar porque es lo final y patético.

Si bajo la segunda subdivisión:

2º Porque el camino estrecho es el único de felicidad y vida, decimos:

b) Sólo la regeneración concede parte en el Reino de Dios.

a) Es imposible encontrar felicidad en el camino del mal.

 

Notaremos la misma falta de orden porque pri mero es el camino del mal y la falta de felicidad que en él encontramos y después la regeneración y su fruto, el acceso a Dios.

Si bajo la subdivisión tercera:

3º Porque la vida eterna, que es la meta del camino estrecho, merece todo esfuerzo, de cimos:

c) Esta vida significa eterna felicidad y y gloria.

b) Dulce comunión con Dios, a)   Liberación de la condenación.

 

Habremos faltado a las reglas tercera y cuarta, pues es evidente que lo primero que encuentra la gracia de Dios en nosotros es pecado y condenación; que produce, ya en esta vida y se perpetuará en la venidera, es: dulce comunión con Dios; y lo último permanente será la felicidad eterna.

En todo bosquejo debe notarse un avance en los puntos como un escalón que lleva a otro.

Cualquier predicador puede notar que un sermón desordenado no mantiene en el auditorio el mismo grado de interés que un sermón cuyos puntos llevan del uno al otro de un modo lógico, claro y racional. Por esto es importantísimo aprender de memoria y tener en cuenta las cinco reglas dadas al principio de este capítulo.

 

VIII

La introducción al sermón

 

Se ha dicho que las dos partes más importantes del sermón son la introducción y la conclusión. En la introducción obtenemos la atención de los oyentes. En la conclusión llevamos al auditorio al punto deci sivo, que es el objetivo de todo sermón, y «lo que bien empieza, bien acaba», por lo menos con cierta probabilidad. Un auditorio bien dispuesto desde el principio escuchará con mayor atención al predica dor y sacará mayor provecho de todo el contenido del sermón.

¿Cómo empezar de modo que se gane el interés y la simpatía de los oyentes?

 

VENTAJAS Y PELIGROS DEL HUMORISMO

 

Muchos predicadores modernos, sobre todo en Norteamérica, han tomado la costumbre de contar un chascarrillo que despierta la hilaridad. Como se ría difícil hallar chascarrillos que se ajustaran al tema del sermón, la mayor parte de las veces tales introducciones no son sino una especie de bufonada con la cual el predicador trata de hacerse simpático a los oyentes, procediendo después a la parte seria y espiritual.

Aun grandes predicadores usan este método, el cual no es de censurar cuando el predicador sabe hacerlo con mesura y verdadera gracia. Lo malo son las burdas imitaciones de semejante proceder.

Hay predicadores que poseen un carácter tan simpático que no les «cae mal» este modo de despertar la atención de sus oyentes; sus maneras y su sonrisa natural son el marco adecuado de tales chas carrillos inocentes. Pero ¡ay! del predicador que trate de hacerse «gracioso» sin serlo por naturaleza. Se hará soberanamente ridículo y despreciable a la concurrencia a la cual trata de interesar o cautivar con sus ridiculeces. Por esto los predicadores noveles deben comprender que lo que es permisible en un gran predicador, no lo es siempre a los que no poseen la fama, la autoridad o las dotes personales le aquel a quien vanamente tratan de parodiar.

El predicador que trate de ensayar este método, por el afán de hacerse gracioso, sino por el decidido y serio propósito de ganar la atención de los oyentes, debe andar con mucha cautela sobre ese terreno resbaladizo y no exagerar al principio sus frases graciosas, sino procurando, discretamente, conocer la opinión que ellas han merecido a las personas más sensatas de su auditorio. Las opiniones pueden diferir a este respecto, pues hay personas excesivamente serias o pesimistas que siempre juzgarán mal una broma desde el pulpito, y otras que quisieran hallar en el pulpito casi tanta diversión como en un circo. El predicador sensato no tardará en comprender cuál es el verdadero sentir de la generalidad de sus oyentes, pero el que se cree a sí mismo gracioso, puede pasar mucho tiempo sin darse cuenta de que en lugar de atraer repele y se hace ridículo por sus sandeces.

Aunque consideramos estas advertencias extraordinariamente importantes, no es de esta clase de introducción que tenemos que hablar en esta lec ción, sino de la introducción del sermón propiamente dicha.

 

DESPERTANDO EL INTERÉS

 

Se ha dicho con razón que nunca debemos empe zar a servir la mesa de la predicación sin despertar el apetito de los oyentes. Nunca debemos empezar a exponer enseñanza, doctrina o exhortación sin haber antes hecho pensar a nuestros oyentes: «Hoy sí que vamos a tener un buen sermón.» «Parece que va a ser grandemente interesante lo que el predicador va a decirnos hoy.»

Para esto, no basta con anunciar desde el prin cipio que vamos a predicar sobre un tema muy im portante, pues cuando habremos usado esta expresión media docena de veces como introducción a nuestros sermones los oyentes ya no encontrarán interesante que lo digamos otra vez. El único medio para des pertar el interés es hacer una introducción tan inte resante que ponga a los oyentes en favorable dispo sición para escuchar el resto del sermón.

I. Una de las mejores formas de introducción, siempre que exista tal posibilidad, es la referencia a un hecho actual, a un incidente que se ha publi cado en los periódicos. Sin embargo, esta clase de introducción ofrece dos peligros:

1º Que la introducción tenga poca o ninguna re lación con el tema y aparezca forzada y fuera de lugar.

2º Que el predicador, sobre todo si es más in telectual que un verdadero servidor de Dios, predi que, no la Palabra, sino sus propios comentarios a los sucesos del día. Tal introducción debe ser siem pre solamente una excusa para entrar en materia, un medio para llamar la atención de los oyentes, pero no el verdadero tema del sermón, el cual ha de ser siempre Jesucristo, su obra y sus enseñanzas. No tenemos otro tema los predicadores cristianos; de otro modo, el predicador tendría honradamente que dimitir de su cargo de predicador cristiano y hacerse conferenciante de club. Algunos predicadores harían un gran servicio a la obra de Dios si tomaran tal decisión.

II. Otro método de introducción es explicar el origen del propio sermón. Esta es una introducción extraordinaria, de la que no se debe abusar. El público tolerará que el predicador le cuente sus experiencias íntimas de vez en cuando, sobre todo si nota en el mismo un sentimiento de sinceridad. Pero se hace ridículo y petulante el que está contando con frecuencia cómo Dios le inspiró el sermón. El auditorio se apercibirá muy pronto de si el predicador está haciendo una sincera confesión o está jactanciosamente presentándose como una especie de profeta.

III. Puede empezarse algunas veces con una ponderación de la verdad o doctrina que nos proponemos exponer. Como todas las demás clases de introducciones, ésta es buena cuando no se abusa de ella, o que se alterna con muchas otras.

IV. A veces resulta necesario empezar el discurrir con una introducción sacada del contexto. La ocasión en que fueron dichas las palabras del texto, las circunstancias que rodeaban a la persona que las pronunció o escribió, etc.

Supongamos ahora que el tema a desarrollar sea Mateo 11:28: «Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados y Yo os haré descansar.» El predicador puede formular la introducción de las siguientes maneras:

1. Del contexto. Leyendo atentamente los ver sículos 20 a 27 de este capítulo, encontrará que Jesús hizo en aquella ocasión una severa amonestación a las ciudades de Corazín y Bethsaida, y asimismo una oración de alabanza al Padre por haber escondido las cosas del Reino de los Cielos a los sabios y enten didos y haberlas revelado a los humildes, terminando con las solemnes palabras: «Todas las cosas me son entregadas de Mi Padre, y nadie conoció al Hijo sino el Padre, y nadie conoció al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar.»

El predicador puede empezar explicando en vigo rosas frases los sentimientos del corazón de Cristo ante la incredulidad y dureza de corazón de aquellos privilegiados habitantes de Galilea, del gozo de Cris to mismo al ver que algunos habían comprendido las doctrinas del Reino y Su misión divina, como fue con el apóstol Pedro y otros. Cristo se ve a sí mismo como el único recurso para las almas entenebrecidas y perdidas en sus pecados y ardorosamente parece exclamar: «Puesto que es así, puesto que estáis en el profundo abismo de las tinieblas y del dolor huma no y puesto que Dios ha enviado un Mediador Omni potente para levantaros de vuestra condición caída y revelaros los sublimes misterios del Reino de Dios: No desaprovechéis tan precioso privilegio. Venid a Mí, etc.»

2. Del autor del libro. El predicador puede tam bién formular una buena introducción a este gran texto diciendo: «Había una vez un hombre que es taba terriblemente fatigado por el peso de sus peca dos», pasando a contar muy brevemente la conver sión de Mateo, y añadir: «A este publicano debemos el haberse conservado las palabras que mayor con suelo han producido a la Humanidad»: «Venid a Mí, etcétera.»

3. Por un incidente personal. El predicador po dría despertar interés para la enseñanza de este pre cioso texto si pudiera contar, por ejemplo, de un modo gráfico y vivo, de un hombre o mujer a quienes ido venir muy cargados, supongamos con un gran haz de leña, y lo feliz que fue tal persona cuando supo poner su carga sobre otro, quizás el marido o un hijo que salió en su auxilio. Pero tal ilustración carece de interés si el predicador no puede decir que es un incidente de su propia experiencia, y por su honradez como servidor de Dios y como cristiano no puede permitirse hacer tal afirmación si no fuera cierta.

4. Haciendo referencia a un hecho de actualidad; por ejemplo, el descubrimiento de la bomba atómica. Bien podríamos empezar diciendo que «desde que se descubrió tal artefacto la Humanidad está viviendo con una pesada carga de temor sobre su corazón» de ahí empezar a desarrollar la doctrina del texto.

5. Por una ponderación del propio texto. En tal caso, diríamos: «He aquí unas palabras misteriosas que nadie se ha atrevido a pronunciar. Palabras que serían una terrible blasfemia en labios de un simple mortal; ni Sócrates, ni Platón, ni Buda, ni Confucio, ni ninguno de los grandes maestros de la Humanidad ha soñado siquiera en arrogarse la facultad de auxiliar personalmente a todo el mundo. Todos ellos se tan limitado a dar consejos para el buen vivir; pero he aquí Uno que se levanta en medio de los siglos y exclama: «Venid a Mí, etc.» ¿Quién era el que tales palabras pronunció? ¿Tenía autoridad para hablar de esta forma?, etc.

 

LIMITES DE  LA INTRODUCCIÓN

 

La introducción no debe ser excesivamente larga, se trata de preparar solamente el interés del auditorio, y es un peligro decir en el exordio lo que tiene que ser expuesto en el sermón. Igualmente lo es el divagar tanto con frases ampulosas y huecas en esta primera parte del sermón que, en lugar de despertar interés- el público lo pierda por cansancio. Spurgeon cuenta de una señora que decía de su predicador: «Cuando nuestro pastor prepara la mesa está tanto tiempo haciendo ruido con los cuchillos y tenedores que cuando llegan las viandas ya se ha perdido el apetito.»

A veces sirve bien, a modo de introducción, una referencia al asunto tratado el domingo anterior; no una repetición o resumen del sermón anterior, sino una mera referencia, quizá por contraste. Por ejemplo: «El domingo pasado hablamos de la fe, hoy tenemos otro asunto no menos importante, el de las obras.» «El domingo pasado se habló del Jui cio, hoy de lo que sigue al Juicio, o sea, el Reino Eterno de los redimidos», etc. Pero esta introducción no es de las más interesantes y sería pueril hacerla si no existe una verdadera relación de continuación o de contraste con el tema del domingo anterior.

Entre las ilustraciones de carácter personal está la de referir algo de interés que el predicador ha visto y que sus oyentes desconocen, como un monu mento, una obra de arte, una costumbre indígena. Pues ello sirve muy bien para cautivar la atención. El doctor Torrey dice que ha usado como introducción de un sermón que ha predicado un sin fin de veces, y con el cual ha ganado millares de almas, la descrip ción de un cuadro que vio en una galería de pinturas de Europa; de modo que acostumbraba decir que su viaje a Europa había quedado bien pagado por el interés despertado por ese medio. Al público siempre le gusta aprender, y por esto el predicador que viaja o lee mucho se hará cada vez más interesante, si es un buen observador y sabe almacenar en su mente, aaquellos incidentes que pueden servirle como introducción o ilustración de sus sermones. Para el uso de tal clase de material el predicador debe, empero, hacerse cargo de que sus oyentes no han estado con él y la narración debe ser clara y detallada, pero omitiendo cuidadosamente aquellos detalles que no tienen referencia al tema u objeto que se propone.

Cierto predicador empezaba con frecuencia sus sermones sobre diversos temas refiriéndose al monumento a Colón en Valladolid, donde aparece el león de Castilla arrancando del escudo español la palabra «Non» y dejando el «plus ultra». El predicador refería en tonos muy patéticos el sentir de los antiguos que creían que el Estrecho de Gibraltar era el fin del mundo, y así escribieron en el escudo de Castilla la frase «Non plus ultra» («No más allá»), hasta que por la ayuda de la reina de Castilla, Colón descubrió que existía un más allá, el Nuevo Mundo.

Esta ilustración puede ser usada provechosamente como introducción, a causa del interés que des pierta; pero es necesario recordar que su carácter es naturalmente introductivo y, por consiguiente, una vez presentada la ilustración, no se puede acompañar de consideraciones concluyentes tales como: del mismo modo, Cristo, el que es llamado el León de Judá, nos ha hecho evidente la existencia de un mundo más allá y nos ofrece una gloriosa esperanza de la «vida eterna», pues tales frases son más adecuadas para el final que para el principio del sermón. Por eso, si queremos usar una ilustración como ésta para introducir el sermón, no podemos agotar desde el principio las consideraciones naturales a que se presta, sino decir: «Los hombres piensan que no existe nada más allá de la muerte. Como los antiguos, han puesto sobre el escudo de sus vidas la marca del león plus ultra». ¿Pero puede conformarse el corazón con tan triste esperanza? ¿Será verdad que no existe nada más allá de la tumba?»

Si el predicador trae sus afirmaciones conclusivas al principio del sermón, la gente considerará ocioso seguir el curso del mismo, pero si formula preguntas de capital interés, poniéndose en el terreno del escéptico, se despertará el interés para saber cómo va a responder el predicador a tales preguntas y cautivará la atención hasta el final. Entonces, en muchas mejores condiciones de mente y espíritu de parte de los oyentes, podrá dejar caer la conclusión: «Ciertamente, Cristo ha venido a darnos una glorio sa esperanza y la tenemos asegurada por tales y tales pruebas», las que habrán sido expuestas antes en el curso del sermón.

Hay predicadores que empiezan a lanzar exhorta ciones al arrepentimiento y a la conversión desde la introducción misma. No puede hacerse mayor equi vocación que ésta. Aun cuando muchos de los oyen tes hayan asistido mil veces a los cultos y conozcan el Evangelio tanto como el mismo predicador, éste ha de desconocerlo al preparar el sermón y hablar les como si fuera la primera vez que lo oyeran. En primer lugar, porque es posible que entre los oyentes haya uno o muchos que se hallen en semejante situa ción, y en estas personas hay que pensar sobre todo. En segundo lugar, porque a los mismos oyentes an tiguos no les gusta oír un sermón desordenado, en el cual se dicen las últimas cosas al principio, sino que escuchan con mucho mayor deleite un discurso que empieza y sigue en un orden lógico.

 

IX

La conclusión del sermón

 

Si empezar bien es importante, no lo es menos terminar bien y terminar a tiempo.

Hay predicadores que no encuentran la manera de terminar y divagan repitiendo exhortaciones de carácter más o menos semejante, hasta que el pú blico, en lugar de sentirse conmovido por tales lla mamientos, sólo desea angustiosamente que el predi cador ponga fin a su perorata.

«Di lo que tengas que decir y termina cuando lo hayas dicho», es el consejo de todos los maestros en la predicación.

¿Pero cómo se tiene que terminar?

 

MÉTODO RECAPITULATIVO

 

Una de las mejores formas y más comunes es haciendo una recapitulación de los puntos principa les del sermón. Esto no significa volver a explicar dichos puntos, sino simplemente mencionarlos para dar lugar con énfasis a un pensamiento final que será el llamamiento o exhortación. Esta clase de recapitulaciones suelen iniciarse con un:

«Puesto que…»

Supongamos que el sermón ha sido sobre: «Los privilegios del rebaño de Cristo», que tenemos en la página ??. Una mención de tales privilegios, seguida de una exhortación de poner la fe en Cristo para poder gozar de los mismos, será una buena conclusión.

Lo propio diremos sobre el bosquejo del Salmo 23 del que le sigue, que lleva por título «Lo que gana os por la fe en Cristo».

En cambio, el bosquejo «El poder de la oración», basado en Hechos 4 y 5, no permite una conclusión basada en los puntos principales, que son: «Calidad; la oración apostólica y resultados de la misma», habrá que buscar otra fórmula de recapitulación basada en los subtítulos y no en los puntos principales. Por ejemplo: «Si nuestras oraciones son definidas, tienen un motivo especial, si son unánimes con nuestros hermanos y hechas con fe apoyándonos sobre las promesas de la Sagrada Escritura, recibiremos, sin duda, los mismos privilegios y recompensas que obtuvieron aquellos discípulos: gozo y valor y, por encima de todo, el don del Espíritu Santo.»

La forma recapitulativa no es indispensable en todos los sermones. Podemos terminar también el comentario de Filipenses 4 diciendo: «En vista de los grandes privilegios del creyente y ante la realidad de las cosas que Dios nos ha prometido, ¿quién no querrá ser como el apóstol San Pablo? ¿Por qué hemos de serlo? ¿Qué nos hará desistir de tal propósito? ¿Será el temor a la pobreza o al menosprecio? Lo había sufrido el apóstol (vers. 12). Pero las riquezas de Cristo superan a cualquier pérdida y la compensan mil veces. No dudemos, pues, en entrar y marchar con paso firme por el camino de fe.»

En el bosquejo del gráfico la recapitulación se ciñe a las subdivisiones del punto II porque son las de carácter activo, o sea, las que dependen de la vo luntad del oyente; dicha mención puede ser corrobo rada por una breve alusión a los resultados que se describen en las subdivisiones del punto III. Pero en otros bosquejos la recapitulación puede ser una breve mención de todas las divisiones principales del sermón. Jamás debe ser una mención de todas las divisiones y subdivisiones, pues resultaría exce sivamente largo y perdería por ello toda fuerza y vigor, viniendo a resultar más bien una repetición del sermón, lo cual debe evitarse a toda costa.

 

VARIEDAD  Y VIVACIDAD

 

La conclusión no debe ser estereotipada y monó tona. No hay nada que produzca peor efecto a los oyentes que ver que el predicador se inclina a leer las palabras finales del sermón.

Se le dispensará al predicador la necesidad de mirar al bosquejo en otras partes del sermón, pero la conclusión es el punto culminante de su mensaje, y es en este momento cuando el predicador ha de hablar con la mayor solemnidad o el mayor ardor, según la naturaleza o carácter del sermón. Es enton ces cuando su corazón ha de desbordarse de tal modo que el auditorio sienta que el predicador está, no leyendo unos pensamientos escritos en su oficina, sino, bajo el impulso del Espíritu Santo, tratando de hacer penetrar la palabra en los corazones.

Por esto hay que evitar, en este momento más que nunca, el pronunciar frases vagas y de poco sentido. Todo predicador ha notado que generalmente hay más facilidad de expresión al terminar el ser món, pero de ningún modo ha de confiarse a su facilidad de palabra en ese momento solemne y de cisivo. Tiene que llevar algunas frases bien estudia das, que concreten el mensaje y lo hagan incisivo en el corazón de los oyentes; sin embargo, no debe imitarse a éstas. Si el Espíritu Santo le inspira nuevos pensamientos expóngalos sin temor, pero cuidando de que no sean simples repeticiones de lo ya dicho, sino pensamientos tajantes, más fuertes que todos los usados en el curso del sermón y penetrantes hasta partir el alma. Evítese la excesiva extensión. La conclusión nunca debe exceder de unos pocos minutos. Es difícil fijar cuántos de un modo exacto, pues depende del carácter del propio sermón; pero lo que debe evitarse es que sea la conclusión en sí misma un nuevo sermón en miniatura.

Tampoco debe ser una repetición de lo dicho en otros sermones. Hay predicadores que en cada conclusión usan argumentos muy similares como el de: mañana podría ser demasiado tarde para aceptar Cristo». Está bien que en cada sermón se haga énfasis sobre la necesidad de tomar una decisión inmediata, pero si las frases son estereotipadas e idénticas para todos los sermones, el predicador se hará muy pesado y el público temerá verle llegar al final, por el fastidio de escuchar lo que ya se sabe e memoria.

 

LOS LLAMAMIENTOS

 

No queremos terminar sin decir una palabra sobre la cuestión de los llamamientos. No estamos en contra del sistema cuando el ambiente es propicio el predicador tiene la convicción de que hay entre el auditorio «oyentes maduros», es decir, con bastante conocimiento del Evangelio para comprender en el paso que van a dar, faltándoles solamente la decisión. En tales casos el llamamiento puede ser una verdadera bendición del Cielo para tales almas, pero insistir e insistir hasta provocar decisiones inmaturas de personas que ignoran los principios esenciales del Evangelio, además de ser insensato para el predicador, puede resultar en perjuicio de tales almas, ya que tales personas pueden venir a considerarse convertidas por medio de un acto mecánico que no afectó su corazón y que nada tiene que ver con el nuevo nacimiento. Es verdad que algunas veces estos oyentes, acudiendo a los cultos, llegan a comprender más tarde aquella fe que pro fesaron inconscientemente, pero también puede ser motivo a algunos para que dejen de asistir a los cul tos, avergonzados por las burlas de sus compañeros no convertidos, ya que no existe en ellos fundamento sólido para saber defender su fe y llevar el oprobio de Cristo. Y en otros casos pueden dar lugar al en durecimiento, en un falso concepto de conversión, siendo causa de que se introduzcan en la iglesia miembros no regenerados.

Recuerdo el caso de una persona a la cual feli citaban los creyentes por haberse levantado mani festando aceptar a Cristo, la cual respondió: «No, yo no entiendo de estas cosas, pero me daba lástima aquel pobre señor que nos pedía que nos levantáse mos con tanta insistencia.»

Evitemos tanto la frialdad como los excesos en este momento solemne del sermón; pues ni la exce siva insistencia ni la gritería extremada son señales evidentes de la inspiración del Espíritu Santo. Es al final, más que en otro momento del sermón, cuando debemos movernos enteramente bajo su santa in fluencia; dejémonos, pues, conducir por El, pero re­cordando que el Espíritu Santo jamás ha inducido a nadie a empalagar a la gente, sino que es su gran propósito y objeto llevar las almas a Cristo, o, por lo menos, dejar en ellas tan favorable impresión que vengan a ser inexcusables si no se convierten.

Se ha dicho con verdad que una conclusión fas tidiosa puede significar una piedra de tropiezo para el corazón mejor impresionado por el mismo sermón. Es preferible que queden los oyentes con deseos de oír más, cuando el sermón ha sido bueno, que no que las buenas impresiones recibidas se borren por una inclusión desafortunada y desastrosa.

Podríamos resumir lo dicho en los siguientes

 

CONSEJOS PRÁCTICOS

 

1.° Sea cualquiera la forma de conclusión que uses, hazla adecuada al conjunto del mensaje. Que no a un nuevo sermón, sino la aplicación práctica de las verdades expuestas anteriormente.

2.° No uses frases estereotipadas en la conclusión; de cada sermón.

3.° Sé breve. No describas círculos y más círculos, como un aeroplano en descenso, repitiendo las mejores frases del mismo sermón y añadiendo nuevos materiales. Desciende en línea recta, en picado, desde las alturas de tu disertación al mismo corazón de los oyentes. Que nadie tenga que decir lo que aclaró cierta labradora escocesa acerca de un buen sermón de conclusión interminable: «El pastor llegó casa en un viaje magnífico, pero tenía los caballos desbocados y no los pudo parar.»

4.° Acentúa el lado positivo más que el negativo, la conclusión. Durante el curso del sermón puedes tener que tratar con el lado negativo, pero no termines con imprecaciones, lamentaciones ni expresiones desalentadoras. El mensaje del Evangelio es siempre mensaje de esperanza. Levanta los corazones a lo positivo, a lo bueno, a lo sublime de las promesas de Dios, por grave o solemne que haya sido el sermón. Una conclusión neurasténica es la peor conclusión de un sermón.

5.° Haz la conclusión personal, pero no excesivamente personal.

6.° Nunca distraigas la atención ni debilites la fuerza de la conclusión con una apología. En la in troducción puede alguna vez el predicador pedir ex cusas por su dificultad en hablar el idioma, su falta de tiempo para preparar el mensaje o su incapacidad para tratar el asunto; pero esto jamás es permisible en la conclusión. Si el sermón ha sido bueno, tal apo logía demuestra pedantería y orgullo por parte del predicador. Si ha sido mediocre, sólo servirá para recalcar los defectos del propio sermón y desvalo rizar lo bueno que en él haya podido haber.

La conclusión del segundo libro de los Macabeos produce una impresión penosa y es la mejor prueba de la no inspiración de tal apócrifo. Pero mucho más que en un escrito, es contraproducente toda apo logía al final de un discurso hablado.

Termina el mensaje con la mayor dignidad, y en comienda al Santo Espíritu de Dios lo que tú no has podido o sabido hacer, aun en aquellas ocasiones en que, por el motivo que sea, sientas en tu concien cia que fue un fracaso el sermón, comparado con otros tuyos o con lo que hubieses querido que fuera. Ten presente que esta experiencia ocurre no sólo a los predicadores mediocres (éstos generalmente que dan más satisfechos de sus propios sermones que lo que debieran quedar), sino a los más grandes predi cadores. Resuelve en tu corazón en tales casos pre pararte mejor otra vez. Tal resolución, hecha en el mismo pulpito al terminar un sermón deficiente, ha sido la génesis de otro sermón poderoso, en mu chos casos, y en la propia experiencia del autor de estas páginas.

7.° Evita las expresiones humorísticas en la con clusión. Ya hemos indicado con qué limitaciones y prudencia debe hacerse uso de tales expresiones al principio o en el curso del sermón, pero no es per mitido de ningún modo al final. Como dice Reinold Niebuhr en un artículo titulado «Humor y Fe»: «Pue de haber risa en el vestíbulo del templo, y el eco de la risa en el templo mismo; pero solamente fe y oración, y no risa, en el lugar santísimo», que es la conclusión del mensaje.

8.° Abstente de cualquier acto que distraiga la atención. Un gesto exagerado: quitarse y ponerse las gafas, levantar un himnario, o el accidente de caerse una hoja de los apuntes, no son incidentes tan graves en el curso de un sermón; pero debe ha cerse todo lo posible para evitarlos al final. Algo semejante debe decirse del hábito de mirar al reloj de bolsillo o pulsera que tienen algunos predicado res. Unos porque, no sabiendo qué decir, les convienen cerciorarse de que el sermón no ha sido demasiado corto, y otros porque, teniendo demasiado material, temen excederse del tiempo. Huelga decir que la impresión que producen estos últimos en el auditorio (el cual suele darse perfecta cuenta de la situación en ambos casos) no es tan desastrosa como la que causan los primeros, pero aun en este último caso, más perdonable, esta sencilla acción puede ser per judicial para muchos espíritus superficiales. Es con veniente que haya en las capillas un reloj, bastante grande, colocado en la parte posterior, jamás de cara al público, para que el predicador pueda seguir el curso del tiempo sin que el auditorio se aperciba. A falta de tal reloj, es buena precaución por parte del predicador poner su propio reloj sobre el pulpito en el momento de empezar, evitando hacerlo du rante el curso del sermón, y menos al final.

 

LA IGLESIA EN LA CONCLUSIÓN

 

Los diáconos y miembros de cada Iglesia debe rían ser educados acerca de la solemnidad de la conclusión. A veces son estos mismos los que contribuyen a distraer la atención sin darse cuenta de ello, haciendo preparativos para la terminación, tales como abrir las puertas, repartir himnarios para el himno final, preparar las bolsas para la ofrenda a la vista del público, etc.

Otras veces, miembros más entusiastas que dis cretos intentan corroborar el «éxito» del sermón su surrando exhortaciones o alabanzas acerca del mis mo a personas inconvertidas, o lo que es todavía peor, incitándolas a levantarse. Nada más equivoca do. Tales momentos han de ser solamente de aten ción y oración silenciosa por parte de los fieles de la iglesia.

Algunas veces el autor se ha sentido tentado a detener el sermón y pedir misericordia a las perso nas que en aquellos solemnes momentos se les ha ocurrido levantarse para ir al patio o salir del tem plo, a pesar de ver que el sermón estaba terminando y no corrían peligro de perder ningún tren.

Y no diremos nada del desastre que significa un bebé que rompe a llorar o se inquieta durante los cinco minutos finales del sermón. Algunos predica dores tienen la costumbre de pararse y aguardar en silencio hasta haber pasado tal interrupción. Siempre es desagradable tener que hacer esto, por lo que cuesta recoger de nuevo la atención del auditorio. Ello es posible cuando se dispone todavía de muchos minutos, pero es casi imposible al final. En ese pe ríodo del sermón, atención distraída es atención perdida. Por esto los miembros debieran conjurarse en ayudar al pastor: Los diáconos, atajando del modo más discreto y rápido cualquier perturbación. Los creyentes en general, bajando sus cabezas para orar, sin volverlas de un lado para otro para ver si se le vanta alguien. Nada puede perjudicar tanto las deci siones como esta curiosidad imprudente. Sabemos cuan grato es para el creyente fervoroso, que está oando por un despertamiento, «ver» decisiones; pero ¡más sensato limitarse a «oírlas» de labios del testificante o en la respuesta del pastor, y será siempre mucho más gozoso para su propia conciencia haber mudado a tales decisiones con oración que estorbarlas con actitudes inconvenientes.

Es necesario hacer énfasis sobre estos detalles en las reuniones de iglesia, para el mejor orden y provecho en los cultos, sobre todo en los evangelísticos.

 

X

Clases de estudio Bíblico

 

Hemos dicho que para la preparación de un ser món desde el pulpito no conviene tomar todo un ca pítulo, sino un hecho, parábola o porción que pueda ser conectada con alguna línea de pensamiento. La razón es que cuando el predicador habla él solo desde el pulpito le conviene presentar un mensaje compac to y no excesivamente extenso.

Pero hay otro método de instrucción, llamado Clase Bíblica, en la cual no sólo el predicador, sino los oyentes, pueden tomar parte, y aunque ello exce de los límites de la Homilética, por lo importante que es para los pastores e instructores cristianos, no queremos dejar de ofrecer algunas sugestiones sobre dichos estudios.

Se recomienda para la Clase Bíblica que todos los oyentes tengan su Biblia en la mano y, si el nú mero de asistentes lo permite, estén sentados for mando círculo.

En las clases bíblicas no deben usarse los sermo nes textuales, sino expositivos o tópicos, desarrollan do estos últimos a base de textos bíblicos.

 

ESTUDIO DE LA BIBLIA POR LIBROS

 

Pero es también recomendable en esta clase de reuniones el estudio de la Biblia por libros y capítulos. En tal caso cada asistente debiera conocer de antemano el capítulo o porción que se va a estudiar, aún es mejor si se han distribuido preguntas escritas que despierten interés en el estudio. Dichas preguntas o sugestiones pueden ser formuladas particularmente por el instructor para cada capítulo o libro, o bien utilizar las siguientes sugestiones de carácter general:

 

a) ¿Quién escribió el libro?

b) ¿A quién fue escrito?

c) ¿Cuándo fue escrito?

d) Motivo por el cual lo fue.

e) Circunstancias de aquellos para los cuales fue escrito.

f) ¿Qué referencias nos da el libro de la vida y carácter del autor?

g) ¿Cuáles son las principales ideas del libro (o enseñanzas)?

h) ¿Cuál es la verdad central del libro?

i) ¿Cuáles son las características del libro?

j) Que cada alumno haga una división analítica del libro comparándola con la división que traiga el Director.

k)   Puntualícense las enseñanzas o aplicaciones espirituales que ocurren en cada sección.

 

El estudio será todavía más provechoso si en lugar de preguntas generales puede usarse un bosquejo formulado por algún buen expositor de la Biblia. Hay libros interesantes y también cursos bíblicos que pueden servir de ayuda al respecto. Como ejemplo ofrecemos a continuación uno de los estudios bíblicos por libros que se publicaron en nuestra revista El Cristiano Español. De una forma similar a la in dicada, y usando los mismos epígrafes que ponemos en mayúsculas, pueden estudiarse, no solamente los otros libros del Pentateuco, sino casi todos los libros de la Biblia.

 

Éxodo.

 

EL NOMBRE «Éxodo» nos indica el contenido de este libro, la salida de Israel de Egipto. Israel vuelve a su tierra prometida. Éxodo contiene la maravillo sa e importante historia, empezada en Génesis, asu miendo una forma nacional, más bien que personal o familiar, y narrando los pasos que condujeron al establecimiento de la teocracia hebrea. En este he cho histórico vemos la figura de las verdades fun damentales de toda salvación. Podemos llamar a Éxodo «el libro de la salvación». Empieza con la oscuridad del yugo egipcio y termina con la nube de la gloria de Dios en el tabernáculo.

ÉXODO Y LOS CRISTIANOS. — El viaje de los israelitas de Egipto a Canaán es un símbolo de la peregrinación del cristiano.

1. Egipto = el reino de Satanás, el mundo del cual tenemos que salir.

2. Desierto = La condición del creyente que ha dejado la vida antigua, pero que todavía no ha encontrado la plenitud de la vida nueva en Cristo.

3. Canaán = La vida del creyente que encontró en Cristo la vida abundante y victoriosa.

 

LLAVES DEL LIBRO llamamos a los versículos de cada libro, que nos dan el conjunto del contenido del mismo, p. ej.:

 

3:7-8… aflicción en Egipto… librado… sacado a buena tierra.

12:13… la sangre os será por señal… Lo fun damental de la salvación.

19:4-6… os he traído a Mí… para ser un espe cial tesoro sobre todos los pueblos.

 

TIEMPO. — Entre Génesis y Éxodo hay un espacio de tres siglos y medio, sobre el cual no leemos nada en la Biblia. En este tiempo creció la familia Jacob (70 personas, Éxodo 1:5) y se hizo nación numerosa (1:7).

LA PRINCIPAL FIGURA de Éxodo es la de Moisés. El nos es presentado como representante de la ley y del antiguo pacto (Juan 1:17). Mirando su historia podemos dividirla en tres partes de 40 años cada una. 40 años de alta educación humana. Se hizo un varón poderoso.

40 años de educación divina en la quietud del de sierto. Allí se hizo varón humilde y sencillo. 40 años ejerciendo su alta profesión y experimen tando cómo Dios puede utilizar poderosamente a un hombre humillado.

Nótese la importancia de la primera educación que recibió en su más tierna juventud en la casa pater na. Después de muchos años de estar en el palacio egipcio, se recordó de su Dios y de su pueblo (Hechos 11:24-26). El fue hecho salvador, guía y mediador de Israel.

DIVISIÓN DEL LIBRO. — Podemos dividirlo en tres partes:

 

1. Israel en Egipto: Cap. 1-15:21.

a) Opresión por los egipcios. Por medio de ella, Dios preparó al pueblo para salir de la tierra rica de Gosén.

b) Nacimiento y educación de Moisés. Dios preparó al salvador y guía.

c) Plagas en Egipto, Pascua y salida. Dios preparó al enemigo para dejar ir al pueblo.

2. Experiencias en el camino del desierto: Capí tulo 15:22, cap. 18.

Mará, Elim, codornices, maná, agua de la peña, victoria sobre Amalec. El Señor, que sacó a Israel de Egipto, también los mantenía, protegía y guiaba.

3. Israel al pie del monte Sinaí: Cap. 19-40. Mandamientos de Dios, Alianza entre Dios y el

pueblo, plan del tabernáculo, becerro de oro, construcción del tabernáculo. Los salvados, para permanecer con el Señor, necesitan:

a) la ley, que es la norma de la voluntad de Dios; y

b)    el sacrificio, cuya sangre limpia simbóli camente de las transgresiones de la ley.

 

CRISTO EN EL ÉXODO.— Toda salvación de Dios es hecha por Jesucristo. Por lo tanto, es todo este «libro de la salvación» un símbolo de Cristo.

1.El cordero de la pascua: Cristo el cordero de Dios: Juan 1:29, 1.a Cor. 5:6-8, 1.a Ped. 1:18-19.

2.Aarón: Cristo nuestro sumo sacerdote: He breos 5:5 y 9, 7:11.

3.El mar Bermejo: La muerte de Cristo nos libra de la vida antigua: 1Cor. 10:2.

4.El maná: Cristo es el pan vivo que descendió del Cielo: Juan 6:31, 35.

5.El tabernáculo: Cristo habitó entre nosotros: Juan 1:14, Hebr. 9:23-24. Exteriormente  no ofrece ningún atractivo: Filip. 2:6-8. Pero por dentro todo es precioso, de oro fino con los colores de la gloria: Col. 2:3 y 9.

 

No sólo el tabernáculo entero, sino también los objetos en él nos hablan de Cristo:

La puerta (única): Juan 10:7.

Altar del holocausto: El lugar de la expiación: Hebr. 9:13-14, 10:12; Apoc. 13:8.

Fuente de metal: El lavacro de la regeneración: Tito 3:5.

Mesa de los panes: «Yo soy el pan de vida»: Juan 6:35, 48, 50, 51.

Candelero: «Yo soy la luz del mundo»: Juan 8:12, 1:9.

Altar de perfumes: La oración sacerdotal de Cris to: Juan 17.

El arca conteniendo la ley de Dios, y la cubierta con los querubines, tenían que ser rociadas con la sangre del sacrificio. Cristo, con su propia sangre, entró una vez a la presencia de Dios: Hebr. 9:12-14. El cumplió la ley y la cubrió con su sangre. La ley que pidió la muerte del pe cador está satisfecha por el sacrificio expiato rio de Cristo.

 

EL MENSAJE DE ÉXODO es doble. Habla del minio del Señor y de la redención. Su dominio se nota en sus palabras, órdenes, mandamientos, juicios, su santidad, y también en su bondad y cuidado todas las necesidades de su pueblo. Por todo el libro pasa el hilo negro del pecado del pueblo y de personas individuales. Pero Dios, en su inmensa gracia, presenta un recurso de salvación por la sangre del sustituto y abre a su pueblo pecador el camino a su trono de gracia.

Todos los libros de la Biblia pueden ser estudiados de una forma similar, buscando en ellos, por encima de sus datos históricos, profundas enseñanzas morales y espirituales.

 

ERRORES A EVITAR

 

Dos errores que el director de un Grupo de Estu dio Bíblico debe evitar con gran cuidado son: Por un lado, darlo como un sermón de predicación monopo lizado, y por el otro, convertirlo en una clase de Seminario, limitándolo a los datos históricos, crono lógicos o analíticos sin especial mención de la ense ñanza espiritual. Jamás hay que olvidar que ésta tiene primordial importancia en la Iglesia, tratándo se de libros de la Sagrada Escritura, cuyas mismas narraciones históricas fueron escritas: «para nues tra enseñanza y admonición» (1.a Cor. 10:11); pero quedará mejor fijada la verdad en la mente y resul tará mucho más interesante y efectiva si, en lugar de ser administrada en dosis concentradas de ince sante exhortación, va acompañada del estudio his tórico, y analítico y aun geográfico, que permita al estudiante conocer bien la procedencia y motivo de tales enseñanzas que surgen del texto, ora por ejem plo histórico, o por simbolismo.

En este último caso hay otros extremos que con viene evitar. Uno es el de forzar la imaginación para encontrar en todo detalle del Antiguo Testamento símbolos y figuras de las doctrinas del Nuevo. Halla mos esta tendencia de un modo exagerado en los escritos patrísticos. Orígenes, por ejemplo, veía un símbolo de la cruz hasta en la forma de cortar el cordero pascual. Un simbolismo ingenuo y sin base no resultaría edificante a un público de nuestro siglo.

El extremo opuesto es prescindir de toda aplica ción simbólica, con lo que el Antiguo Testamento se convierte en una simple y árida narración histórica con ligeros matices éticos. El predicador moderno que asume tal actitud despreciando todo simbolismo, debería empezar por suprimir del Nuevo Testamento varias epístolas como Romanos, Corintios y Hebreos, mejor que todo debería dejar el ministerio cristiano de su iglesia en manos de alguien que crea en la Biblia desde el principio al fin. Otro error funesto es el de introducir en los estudios, para hacer gala de erudición, discusiones hec has de carácter crítico acerca de los documentos originales de la Sagrada Escritura, códices y variantes, pseudo-autores, etc. Spurgeon decía con mucha razón: «Nunca divulguéis el error tratando de combatirlo.» El pastor necesita estar bien orientado sobre tales asuntos, pero no para llevarlos al público, sino para poder responder a cualquier pregunta al respecto.

Si una de tales cuestiones surgiera en la clase de estudio Bíblico o en la Escuela Dominical, lo más conveniente es responderla de un modo general y breve e invitar al interpelante a una conversación más extensa en particular. Tal invitación debe ser hecha, si es en la clase, alegando falta de tiempo, aún mejor si puede soslayarse y hacerla más tarde en privado, a fin de no levantar sospechas en aquellas a quienes no interesan o no convienen tales tesis, ora por su limitada cultura o por su delicada condición espiritual.

Recordamos el caso de un joven pastor de un pueblo rural, recién salido del Seminario, que, con pretexto de «instruir a la juventud de la Iglesia», empezó una serie de clases de estudio bíblico en las cuales trataba de deslumbrar a sus oyentes llenando pizarra con textos griegos y hebreos, y acabó por arruinar la fe de muchos con sus discusiones críticas, totalmente impropias e inadecuadas a la condición intelectual y espiritual de los sencillos fieles a quienes se dirigía.

Fervorosamente exhortamos a los estudiantes bíblicos y predicadores en cuyas manos venga a parar el presente Manual de Homilética, a evitar y aun a huir de tales peligros, procurando la edificación es piritual de sus oyentes por encima de todo otro mo tivo.

 

ESTUDIO DE LA BIBLIA POR CAPÍTULOS

 

Tanto o más sugestivo que el estudio por libros es el estudio por capítulos, ya’ que de este modo se puede entrar con más detalle en cada asunto. Como quiera que éstos puedan repetirse en el curso del libro, debe hacerse énfasis sobre verdades nuevas cuando se repita un mismo asunto. Esta recomenda ción es especialmente importante para los libros doc trinales, o sea, las epístolas y los libros proféticos del Antiguo Testamento.

He aquí una serie de sugestiones de aplicación general:

a)     Defínase el tema del capítulo o asunto prin cipal de que trata, en una sola frase.

b)     Principales personajes del capítulo.

c)      La verdad o doctrina más destacada del ca pítulo.

d)     La mejor lección del capítulo.

e)      El mejor versículo del capítulo. (Sugiérase que cada uno aprenda de memoria el versículo elegido.)

 

El predicador puede terminar haciendo énfasis sobre las principales lecciones del capítulo, y lo hará con mucho más provecho si los asistentes han tenido ya que estudiarlo para responder a las anteriores preguntas.

Estas preguntas pueden ser usadas para clases elementales, incluso de niños.

Para clases entre personas más adelantadas en conocimientos bíblicos y experiencia espiritual, puede usarse la siguiente serie de preguntas o sugestiones:

 

a)     Cítense uno por uno los principales hechos del capítulo y las enseñanzas que contiene cada uno de ellos.

b)     Señálense los errores a evitar (con referencia a la conducta de personajes que aparecen en el capítulo o amonestaciones que contiene).

c)      Nótense las cosas dignas de imitación.

d)     Principales enseñanzas. (No de hecho como se señala en el apartado a), sino por precepto.)

e)      ¿Cuál de estas enseñanzas puede considerarse interesante discusión?

f)       Preséntense copiados cada uno de los versícu los principales por su enseñanza espiritual.

g)      Declárese cuál es la verdad o doctrina que se destaca en el capítulo.

 

Para clases todavía más adelantadas pueden usar las siguientes sugestiones:

 

a)     Léase el capítulo en dos o tres versiones dife rentes (de Valera, Moderna, Católica, etc.) y cítense por escrito las principales variantes y declarando cada uno cuál prefiere, teniendo en cuenta no sólo la elegancia del lenguaje sino la verdad doctrinal, según se desprende del conjunto de la Biblia.

b)     Búsquense los pasajes paralelos de la referen cia y cítese la diferencia entre ellos.

c)      Déle la fecha aproximada de los hechos a que se refiere el capítulo.

d)     Haga cada alumno un bosquejo o análisis del capítulo.

e)      Cite cada uno los textos aptos para un sermón textual y formule sus principales divisiones.

f)       Señálense las frases o palabras más impor tantes.

g)      Puntualícense las lecciones más importantes e indíquese de ellas cuál es, en el concepto del alumno, la principal.

h)     Cítense los lugares o ciudades que se nombran en el capítulo, y dese una breve historia de ellos según aparece en otras partes de la Bi blia.

i)        Dificultades en el capítulo, si las encuentra.

 

El principal peligro en las clases de estudio bíbli co es que, con el pretexto de hacer preguntas sobre el texto o exponer verdades aprendidas en el mismo, algunos de los concurrentes se aparten del tema y hagan perder el tiempo con frivolidades. El predica dor o director necesita mucha táctica y firmeza para obligar a concretar y ceñirse al asunto.

Por esto un método recomendable es hacer que los participantes traigan sus sugestiones por escrito y usar el director, en la clase próxima, un resumen de las mejores y más sugestivas respuestas de cada uno. Los concurrentes se sienten interesados y hala gados al observar que se ha hecho caso de sus pen samientos, los cuales son expuestos por el director mucho más concretamente que si cada uno tomara la palabra por sí. Para aportar más interés a la reu nión, puede, empero, el predicador sugerir una expo sición verbal de aquellas sugestiones que haya nota do como de más valor, limitándose a citar él mismo las menos interesantes, pero que merezcan ser ci tadas.

Para completar el estudio puede aportar algunos pensamientos propios o sacados de algún buen co mentador como Meyer, Carroll, Ryle, etc., sobre el capítulo citado.

Se ha dicho con razón que el buen predicador no sólo debe saber estudiar él mismo la Biblia sino hacer que otros la estudien, y éste es el objeto de las cla ses de estudio bíblico. Los grandes discursos desde el pulpito aportan mucha luz y dan mejor compren sión a los oyentes acerca de las verdades bíblicas, pero no estimulan suficientemente el estudio personal. Deslumbrados por su arte y elocuencia, se sienten, por lo general, los oyentes incapaces de estudiar la Biblia como lo ha hecho el predicador, y ello convierte a los miembros de la Iglesia en oyentes de inferencias religiosas, más bien que estudiantes; la Palabra de Dios. Aunque la predicación desde pulpito será siempre el medio indispensable de enseñanza y el más eficaz para ganar a los inconversos, las clases de estudio bíblico estimulan más el don de cada uno y fomentan de un modo extraordinario la vida espiritual. Por esto son muy recomendables para los creyentes o miembros de iglesias angélicas.

 

XI

El uso de ilustraciones

 

Las imágenes son para el discurso lo que las ven tanas para una casa: hacen entrar la luz del argu mento en las mentes más obtusas, a quienes las ideas abstractas resultan pesadas y a veces incompren sibles.

El ejemplo de Jesús nos autoriza y estimula para el empleo de ilustraciones en la predicación. Hasta la cara de los pequeños se ilumina cuando el predi cador empieza a contar alguna anécdota para ilus tración de su sermón.

Pero, aun cuando las ilustraciones son de tan grande utilidad, no se debe abusar de su uso. Hay sermones que resultan enflaquecidos por un exceso de metáforas o anécdotas. Dicho uso excesivo puede hacer que la gente preste demasiada atención a las anécdotas y olvide los argumentos y exhortaciones del sermón. Debemos recordar que nuestro objeto no es entretener o divertir a las personas sino hacer les sentir las verdades espirituales. Volver el espí ritu de nuestros oyentes del objeto principal del ser món para fijarlo en imágenes complacientes puede resultar perjudicial.

Las anécdotas han de ser usadas únicamente en los lugares apropiados y deben ser ellas mismas adecuada ilustración del argumento que se viene exponiendo. No hay nada peor en un sermón que una anécdota colocada forzadamente en algún lugar que no le corresponde. Si no tenemos ninguna anécdota bien adecuada e ilustrativa no usemos ninguna. Es mil veces preferible un sermón con pocas o ninguna anécdota que un sermón repleto de ilustraciones que o encajan con el argumento.

 

ANÉCDOTAS HUMORÍSTICAS

 

No está proscrito el uso de anécdotas humorísticas; al contrario, éstas son las más gratas y mejor recordadas; pero debe tenerse sumo cuidado en que no traspasen el límite del humor; que no sean chabacanas o triviales. El pulpito es un lugar sagrado a los oyentes que acuden a escuchar la Palabra de Dios esperan recibir pensamientos dignos y de acuerdo con el propósito a que está destinado.

Un ejemplo de anécdota humorística, pero adecuada, es la del salvaje que acudió acongojado al misionero porque su perro había devorado algunas hojas de la Biblia, y al decirle éste que la pérdida no era tan considerable porque podía ofrecerle otra Biblia por poco dinero, el salvaje replicó que lo que sentía no era la pérdida del libro, sino del perro, ya le había observado que este libro tiene la virtud de hacer volver mansas a las personas, y temía que dicho efecto se produjera en su magnífico perro cazador.

 

COMO REFERIR ANÉCDOTAS

 

Lo más esencial en las anécdotas es el modo en que son contadas. Una anécdota excelente puede producir muy poca impresión a los oyentes si es contada con indiferencia. El buen narrador de anécdotas debe mostrarse él mismo interesado en lo que cuenta y mantener el interés del auditorio contando los inci dentes de la anécdota por orden sin adelantarse a revelar el «final» del caso, para que se mantenga latente el espíritu de sorpresa. Adelantar un solo detalle de una anécdota puede estropearla comple tamente, pues la gente ya no escucha con interés cuando conoce el desenlace.

Evítese, por lo tanto, el anunciar desde el prin cipio el final de la historia; por ejemplo:

Hay una anécdota muy ilustrativa acerca de la fe. Se trata de un niño que es invitado a lanzarse en los brazos de su padre desde el balcón de una casa que está ardiendo. El niño, azorado, no distin gue al padre en la oscuridad de la estrecha calle, pero el padre puede ver al niño a la luz de las llamas que salen de las ventanas altas del edificio, y por fin éste se decide a dar un salto en el espacio vacío confiando en la palabra del padre, para encontrarse pronto a salvo en los fuertes brazos de éste.

Al explicar esta anécdota hay que hacer vibrante el caso, poniendo algunas pinceladas que hagan a los oyentes ver en su imaginación la casa ardiendo y el angustioso movimiento del vecindario. Es indis pensable, asimismo, referir en forma de diálogo la conversación que tendría lugar entre padre e hijo, hasta que el público dé un suspiro de alivio al oír cómo el niño cayó sano y salvo en los brazos de este último.

Evítese absolutamente decir: «Lo que estoy di ciendo acerca de la fe tiene mucho parecido con el caso de un niño que fue salvado por su padre, el cual le invitaba a lanzarse a sus brazos desde el balcón de una casa que estaba ardiendo.» Este modo indi ferente de explicar la anécdota no da una impresión viva del caso y suprime totalmente el elemento de sorpresa al anunciar desde el principio que el niño fue «salvado» por su padre. Procúrese que la gente no sepa si el niño fue salvado o pereció entre las llamas hasta que oigan el final.

Sin embargo, la anécdota no debe ser contada con tantos detalles hasta el punto de convertirla en una larga historia que haga olvidar a los oyentes la parte argumentativa del sermón. Dense solamente aquellos detalles que puedan aumentar el interés de la narración, y ninguno más.

 

COMO  INTRODUCIR LAS ANÉCDOTAS

 

Parece de poco interés, y sin embargo es muy importante, la forma de empezar a referir la anécdota. Hay predicadores que tienen siempre una misma forma: «Recuerdo haber leído…» A la gente no le interesa si el predicador ha leído la anécdota o la oído contar. Y todavía es peor cuando el predicador dice: «Recuerdo haber leído en un libro…», es todavía menos importante para el público si lo ha leído en un libro o en una revista. Evítense cuidadosamente en los sermones estas frases ociosas el sermón resultará más corto e interesante. Es mucho mejor empezar diciendo: «En cierta ocasión ocurrió tal o cual cosa», o bien: «Existía en el país tal o cual.» Este detalle no es ocioso, pues la gente le gusta que le cuenten historias verdaderas y la referencia de donde tuvo lugar el incidente, cuando es posible darla, aumenta el interés del caso.

 

ANÉCDOTAS PERSONALES

 

En mayor medida se acrecienta el interés del público cuando el predicador puede contar algún caso vivido por él mismo. Los grandes predicadores tienen generalmente un arsenal de incidentes de su vida que usan como ilustraciones de sus sermones.

Sin embargo, debe evitarse cuidadosamente la pedantería al referir tales casos y el uso excesivo del pronombre personal. Procúrese sustituirlo tanto como se pueda por el plural, si en el hecho han in tervenido varias personas, pues ello dirá mucho en favor de la modestia del predicador.

Otro peligro al contar anécdotas personales es el de referir casos triviales o poco ilustrativos, por el prurito de hablar el predicador de sí mismo. Un incidente que al que lo ha vivido puede parecerle muy chocante e interesante, puede resultar intras cendente y aburrido para el que lo oye contar. Pero nunca lo será para un auditorio inteligente, si el caso ilustra verdaderamente el argumento o contiene una evidente lección moral o espiritual.

 

DISTRIBUCIÓN DE LAS ANÉCDOTAS

 

Las anécdotas deben ser bien distribuidas. Es magnífico el sermón que puede tener una anécdota para ilustrar cada uno de sus puntos principales. Es mucho mejor si la anécdota puede ser puesta al final del punto; pero no siempre es posible. Muchas veces se nos ocurren anécdotas que ilustran un punto se cundario o una frase del sermón. Evítese, empero, poner una anécdota para ilustrar una simple frase, si ésta no es muy importante y contiene la esencia de un punto del sermón. En tal caso parece puesta solamente para dar lugar a la anécdota. Tiene que ser la anécdota para el sermón, y no viceversa.

¿Pueden usarse dos anécdotas para ilustrar un mismo pensamiento?

Sí, pero de ningún modo deben ser contadas una tras de otra. El poder del Evangelio para transfor mar las almas puede ser bien ilustrado por la antes referida anécdota del salvaje y su perro, y también por algún caso de conversión, por ejemplo el de «El borracho de nacimiento», quien después de convertirse, vendiendo periódicos en una taberna, fue invitado por sus antiguos compañeros, y al negarse a beber le arrojaron la cerveza en la cara diciéndole: «Si no por dentro, por fuera.» El hombre, arremangando un brazo, les mostró sus fuertes músculos y dijo que en otro tiempo habría empezado una pelea, pero ahora no hacía sino perdonarles y así se limitaba a enjugarse la cara, encomendándoles a la gracia y misericordia del Señor.

Si contásemos la segunda anécdota inmediatamente después de la primera mientras aún se conserva el sentimiento de hilaridad en el auditorio, se perdería totalmente el sentido de importancia de esta segunda. Pero si después de contar la primera decimos: tenía razón el pobre salvaje, pues ciertamente Dios es todopoderoso para transformar a las almas haciendo de los leones corderos, pues como dice el apóstol, si alguno está en Cristo, nueva criatura es, etc;», el público estará preparado por estas sencillas frases para oír la historia del bebedor convertido, lucho más que si pasásemos de la primera anécdota a la segunda con un simple: «También recuerdo el caso de un hombre totalmente entregado a la bebida,  etc.»

Spurgeon dice: «Es feliz el predicador que encuentra una anécdota para el final de su sermón, una historieta o ejemplo que haga viva y patente la enseñanza del mismo.» Este es el hermoso ejemplo que hallamos al final del Sermón del Monte, sin la parábola del hombre que edificó su casa sobre la peña.

 

COMO ARCHIVAR ANÉCDOTAS

 

Para disponer de anécdotas ilustrativas y adecuadas es necesario tenerlas archivadas de antemano, ora en el cerebro, quien posea tan privilegiada me moria, o en un índice. Rebuscar libros y revistas en busca de anécdotas en el mismo momento de prepa rar el sermón es una pérdida de tiempo que ningún predicador ocupado puede permitirse, y en la gran mayoría de los casos no da resultados satisfactorios. Por esto es aconsejable tener un índice bien clasificado.

La clasificación de anécdotas no es tarea sencilla y no puede darse acerca de ello una norma fija, ya que cada predicador suele tener sus peculiaridades de pensamiento, pero puede servir de pauta la clasi ficación siguiente:

 

CRISTO. — Ilustraciones sobre su: Amor. Sacrifi cio. Sustitución. Perdón.

PECADOR. — Ejemplos de: Degradación moral. Ignorancia. Resultado del pecado.

SALVACIÓN. — Medio o condiciones para obte nerla: Arrepentimiento. Fe. Abandono de impedimen tos. Peligros de la indiferencia y tardanza. Su valor. Su alcance.

BENEFICIOS DEL CRISTIANO. – Seguridad de la salvación. Cuidado y protección divina. El Cielo. Lechos de muerte de creyentes.

FRUTOS DEL CRISTIANISMO. — Pasivos: Hu mildad. Verdad. Paciencia. Gratitud. Obediencia. Etc. Activos: Testimonio. Mayordomía cristiana. Filan tropía.

ORACIÓN. — Condiciones: Fe. Santidad. Sinceri dad. — Respuestas: Inmediatas. Diferidas.

BIBLIA. — Su influencia sobre individuos. Sobre naciones. Ejemplos de amor a la Sagrada Escritura. Informes acerca de la Biblia.

ATEÍSMO. — Ilustraciones sobre lo razonable de la fe. Resultados del ateísmo.

ROMANISMO. — Papas. Intolerancia. Imágenes, purgatorio. Indulgencias. Etc.

 

Puede reservarse una o varias páginas de una libreta para cada título según las probabilidades que existan de hallar anécdotas sobre cada clasificación, nótese el título, y si éste no es bastante definido, añádase una frase que sintetice o recuerde la anécdota y a continuación el libro o revista y página donde se encuentra. (El libro Enciclopedia de Anécdotas e Ilustraciones, recientemente publicado por Editorial CLIE, contiene un plan clasificación de anécdotas que puede ser seguido o imitado, al archivo de nuevas anécdotas, además de las 1.314 que tiene el referido volumen).

A menos de sernos muy familiar una anécdota y haberla contado muchas veces (lo que debe evitarse cuando se habla a un mismo público), es conveniente tenerla cada vez de nuevo, a fin de poder referirla con la necesaria seguridad de detalle y vivacidad de estilo.

 

XII

El estilo de la predicación

 

Hay muy diversas formas de tratar un texto o pasaje bíblico como hemos visto, y cada predicador suele aplicar a su estudio y desarrollo su estilo per sonal.

Al decir estilo, no nos referimos aquí al estilo oratorio propiamente dicho, o sea: las frases y figu ras retóricas peculiares de cada uno, sino a la forma de tratar el texto o el pasaje al componer el sermón.

 

ESTILO  NARRATIVO

Es decir, saben narrar historias y hacer vivir ante las mentes de sus oyentes las ideas que existen en su cerebro. Son poetas y artistas por naturaleza. Regularmente los poetas en el pulpito lo son tam bién en su estudio y a ellos debemos muchas de las buenas poesías evangélicas.

Todo predicador debiera poseer este arte en cierta medida, aun cuando jamás llegue a escribir un verso. El espíritu poético y una imaginación exuberante son cualidades casi imprescindibles en el predicador.

Sin embargo, un buen predicador, y sobre todo los que son poetas, deben procurar no dejarse llevar demasiado lejos por este estilo, de modo que, pintando y floreando el sermón, se olviden de que el objeto esencial del mismo es enseñar, convencer y edificar. Deben también velar para que sus figuras retóricas no sean tan exageradas que se hallen fuera el alcance de la mente y conocimiento de sus oyentes, y éstos salgan sin saber lo que ha dicho el predicador; o que, aun siendo comprensible, resulte, por ocupar demasiado tiempo en florida retórica, muy pobre el sermón en contenido espiritual. La narración agradable y las altas figuras poéticas son como la sal y el colorido del sermón, pero del mismo modo que nuestro paladar repudia un manjar salado y nuestros ojos sufren a la visión de colores demasiado subidos, las mentes de los oyentes, sobre todo si se trata de personas sencillas, sufren literalmente por lo que puede llamarse «deslumbramiento intelectual», al verse obligados a escuchar continuamente frases de alto contenido poético en un sermón.

Otros predicadores tienen una facultad extraordinaria para el

 

ESTILO CONSIDERATIVO

 

Saben ver inmediatamente los diversos aspectos; una verdad, las aplicaciones que pueden sacar de una palabra o frase de la Sagrada Escritura, de modo que las divisiones y subdivisiones de un texto salen fácilmente de su mente y de su pluma. Es ésta también una facultad preciosa en el predicador. Spurgeon la poseía en grado sumo, no careciendo tampoco el don narrativo y hasta cierto punto poético.

La facultad considerativa sabe cavar hondo en el texto o pasaje leído como tema, y desentraña sus tesoros con facilidad. Lo observa todo, lo ve todo, en la forma de una palabra, el orden con que viene detrás de otra, cualquier detalle, cualquier matiz del texto le ofrece materia para un sermón. El conoci miento de las lenguas originales Hebreo y Griego favorece la facultad considerativa en el predicador. Pero muchos la poseen de un modo innato, sin haber estudiado jamás en un Seminario, como ocurrió con el propio Spurgeon, que careció de tal oportunidad.

El estilo considerativo es el más propio para la edificación de los creyentes. Pero este estilo expone, no demuestra, no razona; dando por sentada la ver dad, la desenvuelve, y se acerca al corazón a ofre cerla, retirándose triste si la mente la rechaza. Tal fue el estilo de Cristo al hablar a las multitudes igno rantes por medio de parábolas y por las grandes afirmaciones de sus admirables discursos. Este suele ser asimismo el estilo de muchos creyentes sencillos, que han recibido la verdad de Dios sin preguntarse el porqué, y apenas son capaces de comprender que otras personas tengan necesidad de razonar.

Pero el uso constante de este estilo, en toda clase de sermón y en todo período de cada sermón, es un defecto en un buen predicador. Cristo usó los estilos narrativos y considerativos cuando hablaba con cier ta clase de oyentes, pero con sus astutos enemigos que vinieron a acecharle con preguntas capciosas en el templo, no dejó de emplear admirablemente la argumentación y la lógica.

 

ESTILO ARGUMENTATIVO

 

Algunos predicadores son especialistas en este es tilo. Tienen en cuenta la mente de sus oyentes al formular su mensaje. Saben que la apelación última ha de ser al corazón, pues «ningún pecador se con vierte por la cabeza, sino por el corazón» como se ha dicho con verdad; pero la mente puede ofrecer obstáculos al corazón que debieran ser removidos para que éste no halle excusa al recibir el llama miento final.

El estilo argumentativo es el más propio para reuniones de evangelización en el presente siglo escéptico. Este estilo no significa siempre la presen tación de pruebas o evidencias de la religión cristia na, aunque éstas tienen una parte muy notable en tal clase de estilo, sino que el estilo argumentativo se halla también en la predicación dirigida a los creyentes, cada vez que apelamos a un argumento lógico, a un motivo por el cual debiera hacerse tal o cual cosa.

La facultad de razonar y hacer razonar es el don más precioso de todo predicador. Debemos tener en cuenta que no solamente razonan los sabios, sino también las personas más sencillas. «Convencer es vencer», se ha dicho con razón, y aun cuando no siempre los «vencidos» por la fuerza del argumento se rinden a la verdad para aceptar a Cristo, o para servirle como ellos mismos comprenden que debieran, es una gran cosa quitar los obstáculos a la mente; y abrir a los oyentes el camino de su deber de modo que se hallen «sin excusa» si no han andado por el mismo.

Los predicadores amantes de este estilo debieran tener, empero, en cuenta al hablar en tonos argumentativos, no sus propias mentes, sino las de sus oyentes. Muchos predicadores fallan en el camino del éxito por causa de este gran defecto: Olvidan su auditorio cuando razonan. No tienen en cuenta que el mozo tendero, la criada y el barbero que se sientan en los bancos y no han pisado nunca las aulas de un Seminario o Universidad no tienen las mismas dudas que los sabios y eruditos; sin embargo, tienen sus dudas propias. Buscar cuáles son éstas, y res ponderlas, es el gran deber del predicador evangé lico, y a esto debe dedicar sus esfuerzos y los cono cimientos de su cultura un tanto superior a la de sus oyentes.

Por otra parte, debe abstenerse cuidadosamente de despertar, haciendo gala de su sabiduría, otras dudas que aquellos oyentes nunca han tenido. Spurgeon decía: «No seáis el instrumento del error es parciéndolo al tratar de combatirlo» El predicador que sabe ponerse al nivel de las mentes de sus oyen tes cuando predica, será estimado y popular. Sería muy buena cosa para todo predicador entablar con versación durante la semana con oyentes de diversos niveles de cultura de su iglesia y hacerles explicar lo que recuerdan acerca del sermón del domingo. Al gunos tendrían grandes sorpresas al hacer esto, pero aprenderían mucho acerca de cómo deben predicar en ocasiones próximas.

El estilo argumentativo no se aplica solamente a los discursos propiamente apologéticos, sino que pue de ser empleado en cualquier clase de predicación o exhortación. El apóstol San Pablo emplea abun dantemente este estilo, con diversidad de motivos. Tanto cuando habla a los eruditos de Atenas como cuando defiende su propio apostolado, o al exponer la salvación por gracia en la carta a los Romanos, el estilo del apóstol es argumentativo, diferenciándose con esto notablemente de los demás escritores del Nuevo Testamento.

A fin de dar una idea de lo expuesto acerca de la diversidad de estilos, vamos a insertar tres bos quejos concebidos en las tres indicadas modalidades basadas sobre un mismo texto. Supongamos que éste es «Creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor Jesucristo», 2.a Pedro 3:18.

 

Ejemplo 

Estilo narrativo, metafórico o poético

EL MAYOR FENÓMENO DE LA ESPIRITUAL

CREACIÓN. 2.a Pedro 3:18

Introducción. — El predicador describirá con fra ses poéticas el crecimiento de una planta, mencio nando el sol, la luna, los vientos, el rocío; con expre siones metafóricas, llamará, quizás, al sol «el astro rey» o «el rubicundo Apolo», si es un poco pedante, y al rocío «perlas de la mañana». Se referirá a la seda de los pétalos y al embriagador perfume de los capullos en flor. Luego dirá:

 

1.° El creyente es una planta espiritual.

a) Ha recibido la vida de Dios;  no puede dársela a sí mismo.

b) Es regado por los arroyos de la Palabra Divina.

c) Recibe los vivificantes influjos del Espí ritu Santo.

d) Es azotado por los vientos de la adversi dad para que sea fortalecido.

 

2.°   El creyente debe crecer.

a) Para desarrollarse y subir a un nivel mo ral más alto que las personas que le ro dean, a fin de ser distinguido como testigo de Cristo.

b) Debe dar frutos de trabajo activo.

c) Debe dejar tras de sí perfume de san tidad.

d) Debe cobijar bajo la sombra de su carác ter benéfico a los cargados y sedientos que andan por el camino de la vida.

 

Conclusión. — Sólo así compensará los afanes del gran Hortelano de la vida que le ha colmado de be neficios, y será una bendición en el árido desierto de ese mundo de pecado. ¿Lo eres tú? ¿No quieres crecer más?

 

Ejemplo 

Estilo considerativo

NECESIDAD DE PROGRESO EN LA VIDA ESPIRITUAL.

2.a Pedro 3:18

Pigmeos o gigantes en la fe

 

Introducción. — Dios ha dado a todos los seres el poder de la vida, pero por razones diversas de alimentación, ejercicio o mal estado de cierta glán dula interna unas personas alcanzan estatura y for taleza física muy superior a otras. Del mismo modo hay diversidad de niveles espirituales en los hijos de Dios. Por ser esta vida una escuela de prueba para la eternidad, ha de ser nuestro mayor deseo alcanzar el grado máximo dentro de las circunstancias en que Dios nos ha puesto. Por consiguiente, nos conviene considerar a la luz de nuestro texto:

 

I. ¿QUE ES CRECER EN LA GRACIA?

1.° Es crecer en fe y amor a Dios. Los discí pulos dijeron: «Auméntanos la fe», que no es credulidad, sino confianza en las prome sas de Dios, ello hace sentirnos más cerca de El, en una intimidad amorosa y agra decida.

2.° Es aumentar nuestro conocimiento de su Palabra; de sus propósitos y deseos. No un mero conocimiento intelectual de historias o frases bíblicas, sino de experiencias personales con Dios andando a la luz de su palabra.

3.° Es un aumento en sentimientos similares a los de nuestro modelo, Cristo, quien nos exhorta a ser perfectos como nuestro Padre que está en los Cielos, a renglón seguido de ordenarnos amar aún a nuestros enemigos.

4.° Es, resumiendo los tres puntos anteriores, un aumento en santidad, de aborrecimiento al mal y acercamiento a todo lo bueno y a todo lo grato y agradable a la voluntad de Dios.

 

II. MODOS DE CRECER.

1.° Por la meditación de la Palabra de Dios. El salmo 119 es un exponente de la eficacia de la palabra divina para el crecimiento espiritual. Cítense los versículos 11, 105, 128, 165 u otros (no un número excesivo).

2° Por la oración. Las personas más elevadas espiritualmente han sido hombres y muje res de oración que vivieron en la presencia de Dios. Cítense ejemplos.

3.° Por la actividad. Como el ejercicio desarro lla y fortalece nuestros músculos, el tomar parte activa en la obra de Dios desarrolla nuestra vida espiritual.

4.° Por la abnegación. Es el aspecto doloroso de la actividad o de la inactividad forzada por enfermedades o pruebas que Dios nos permite, las cuales queman la escoria y de sarrollan nuestras virtudes espirituales, si sabemos interpretarlas y a