Bibliologia V. EL CANON

30 mar

Bibliologia V. EL CANON

Al declarar que cierta colección de libros – que surgieron de las experiencias de Israel primeramente y luego de la de la Iglesia del primer siglo – constituyen “la Palabra de Dios escrita”, hemos de esperar que alguien diga: ¿cómo pueden saber esto? ¿Quién hizo la elección de los libros considerados inspirados y por qué tiene validez? ¿No valen lo mismo los escritos sagrados de la India, Persia, del Corán, etc.? Por lo tanto es importante estudiar de cómo se llegó a lo que es nuestra Biblia en la actualidad.

1. DEFINICIÓN

El término griego “canon” proviene de una raíz que significa “caña”. Designa una vara para construir algo recto y derecho, como las reglas de los carpinteros o albañiles. También la regla de las proporciones de la figura humana y de las construcciones arquitectónicas se incluye en el concepto de “Canon”. En una aceptación pasiva ei ‘Canon” designa aquello que ha sido aceptado como regla de fe y práctica. En el caso concreto dei NT. el Canon designa el catálogo de los libros sagrados admitidos por la iglesia cristiana. La palabra “Canon” aparece en la Biblia en Calatas 6:16, Filipenses 3:16, donde significa que “la nueva creación” es el Canon para el nuevo pueblo de Dios, 7a regla”, la norma del cristiano (2Co.10:13-16).

Orígenes (siglo III d.C) utilizó el vocablo para indicar una “regla de fe”, o sea la norma por la cual hemos de medir y evaluar. De allí llegó a tener ei significado de “lista” o “índice”. Es a partir del Sínodo de Laodicea, del año 363 d.C., que el término “Canon” se aplica definitivamente a la normativa de las Escrituras.

•Así, cuando hablamos del “Canon de las Escrituras” nos referimos a la lista de los libros reconocidos como insspirados por Dios y usados por la Iglesia de Jesucristo. En oposición al Canon de la Escritura se encuentran los llamados “apócrifos”.

2.  NECESIDAD DE UN CANON

Entre las causas que hicieron necesaria la formación de un Canon de las Escritura consideramos aquí 5:

A.  El mandamiento divino de conservar los escritos sagrados. Dios mismo mandó conservarlos, mandamiento que obedecieron los sacerdotes, Josué y Samuel, así como los profetas y los escribas (Dt.10:4,5; 17:18; 31:26; ls.30:8; Josué 24:26; 13.10:25; Ro.3:2).

Un imperativo similar deben de haber sentido los primeros cristianos al conservar los escritos apostólicos (Pedro conocía las espístolas de Pablo: 2 Pe.3:16).

B.  Las guerras y persecuciones originaron la destrucción de gran cantidad del patrimonio literario de los judíos y cristianos. Estos tenían que saber cuáles de todos ellos eran inspirados y velar para que no se perdiera ninguna parte de ellos. En cuanto a los judíos, muchos estuvieron dispuestos inclusive a morir bajo las persecuciones de Antíoco Epífanes con tal de no quebrantar uno solo de los requisitos de la ley mosaica. ¿Cuánto no estarían dispuestos a sacrificar con tal de guardar su Tesoro, la Palabra de Dios?

En el año 303 d.C. Diocleciano mandó confiscar los libros sagrados de los cristianos. Hubo muchas mártires. ¿Quién iba a morir por lo que era un simple libro religioso? Otra vez había necesidad de saber cuáles escritos eran canónicos, 

C.  La proliferación de los libros apócrifos en el período intertestamentario y hasta en los mismos días de los apóstoles. Los cristianos se veían en la necesidad de distinguir cuidadosamente entre los libros canónicos y los que no lo eran. Había necesidad de contar con el verdadero Canon del NT para contrarrestar el efecto pernicioso de las enseñanzas de Marción, hereje que por el año 140 había formado su propio Canon consistente sólo en un evangelio incompleto de Lucas y 10 epístolas de Pablo.

D.  También era necesario tener el Canon NT para saber qué libros constituían la norma de fe y conducta, porque algunas iglesias usaban libros apócrifos en la lectura bíblica y en la enseñanza.

E.  Por la gran expansión del cristianismo a diferentes países había necesidad de traducción de la Escritura a los diferentes idiomas de los pueblos evangelizados. Para hacerlo tenían necesidad del Canon.

3.  EL CANON DEL ANTIGUO TESTAMENTO

En Romanos 3:1,2,4 encontramos un texto clave para demostrar el interés por un Canon de parte del pueblo de Israel: ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío?, ¿o de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios…sea Dios veraz y todo hombre mentiroso”. Aunque fueran perseguidos o partieran por sus propios intereses, siempre iban acompañados de sus escritos: “Porque Moisés desde generaciones antiguas tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada sábado” dice Jacobo (Hch. 15.21). Los judíos se convirtieron en “el pueblo del Libro”.

Con toda probabilidad, fueron Judas Macabeo y sus allegados quienes dieron estructura a los libros profetices y a los “Ketubim”, al dividir en dos grupos los diferentes documentos canónicos que coexistían con los mosaicos. Eso habría tenido lugar alrededor de los años 164 a.C. Muy importante sobre el particular es el testimonio de 2º Macabeos: 14,15: “…Reunió Judas todos los libros dispersos a causa de la guerra que hemos padecido, y ahora los tenemos a mano. Si los necesitáis, enviadnos alguien que os los lleve”.

Después de la destrucción de Jerusalén en 70 d.C. y con esto la dispersión, los judíos se vieron forzados a buscar algo que mantuviera su unidad e identidad como nación. Ya que no podían reunirse para celebrar el culto en el Templo de Jerusalén, seguían reuniéndose en sus sinagogas para la lectura de las Escrituras y la oración. Sin embargo, por la cantidad de libros religiosos, tuvieron que analizar cuáles eran Escritura y cuáles no. En el año 90 d.C. un grupo de destacados rabinos se reunieron en Jamnia, en la costa de Fenicia, para tratar el tema del Canon ya existente. El lugar de los libros de Ester, Eclesiastés y Cantar de los cantares fue discutido, pero fueron al final aceptados como Escritura. Pero en la práctica, el Canon del AT ya estaba determinado antes de la venida de Cristo.

Como ya vimos, lo realmente relevante es el testimonio de Jesucristo. Aunque Cristo no estuviera de acuerdo con las tradiciones orales de los fariseos (Mt.15; Mr.7), su actitud era bien distinta hacia el Canon del AT. Dijo: 

“Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas, y en los salmos” (Lc.24:44). Es interesante observar que se refiere a las tres divisiones de las Escrituras hebreas.

Con excepción de Rut, Cantar de Cantares y Ester, el NT ratifica claramente la canonicidad de la Biblia hebraica.

Los cristianos de Berea fueron alabados por su interés en comprobar a través de las Escrituras del AT las nuevas enseñanzas que traían los apóstoles (Hch. 17:11). Esto evidentemente señala la aceptación plena del AT como Canon por la Iglesia primitiva.

Los Padres de la Iglesia aceptaron (exceptuando a Agustín, quien incluyó los libros apócrifos) los mismos 39 libros que fueron reconocidos por los judíos como Escritura.

La Iglesia protestante sigue las pisadas de la Iglesia de los primeros siglos, y de los reformadores del siglo XVI, aceptando el Canon judío como inspirado.                                                                                                    

 

4. EL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO

El Canon del NT se formó dentro de un período de tiempo mucho más corto que ei deí AT por ser la culminación, la ama de éste. El NT fue compuesto en la segunda mitad del primer siglo (alrededor de 51 años, 45-96d.C.).

El factor principal para determinar la canonlcidad de los libros del NT fue la inspiración de Dios, y su prueba  principal era su calidad de apostólico. Por esto, no se quiere decir que necesariamente ios escritores tenían que ser apóstoles, sino que tenían autoridad apostólica o la aprobación de un apóstol. (Como hemos visto más arriba) Cristo había prometido que el Espíritu Santo iba a guiarles a toda verdad (Jn. 16:13), indicando la inspiración de sus escritos. Se afirma también que la Iglesia está edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas” (Ef.2:20). En Hechos 2:42 leemos que uno de los elementos que unían a la recién nacida Iglesia era la doctrina de los apóstoles”.

La lista más antigua de la cual tenemos conocimiento de nuestros 27 libros del NT, tal cual hoy la conocemos, data del 367 d.C. formulada por Atanacio de Alejandría en su epístola de Pascua de Resurrección.

Otro dato interesante es la inmensa cantidad de citas del NT por los escritores cristianos. Dean Burgon, en su gran índice de citas patrísticas, descubrió 22.534 citas del NT sólo en los escritos de Justino Mártir, Ireneo, Clemente de Alejandría y Orígenes. El profesor Johnstone ha mostrado en sus “Principios de evidencia en la investigación crítica”, que hacia el principio del tercer siglo, en nuestra era, había unos 2 millones de cristianos en el mundo y que la creencia de autores como Ireneo, o Clemente o Terturliano, de que el NT era de autoridad divina era aceptada por todo el mundo cristiano de aquel tiempo.

El sínodo de Nipona (393 d.C.) reconoció los 27 libros que hoy tenemos en nuestro NT. Esto luego fue promulgado en el Concilio de Cartago (397 d.C.). Desde esta época no ha habido seria oposición al Canon neotestamentario.

5. PRUEBAS DE CANONICIDAD

Habían diferentes pruebas que se hacían para aceptar un escrito en el Canon de la Biblia. Se formulaban las siguientes preguntas:

A. ¿Es autoritativo? ¿Proviene de la mano de Dios?

B. ¿Es profetice o apostólico? ¿Fue escrito por un hombre de Dios?

C. ¿Es auténtico? Los padres de la Iglesia trabajaron sobre el modus operandi de que “si estás en duda, deséchalo”. Tenía que concordar con el resto de la Biblia (Hch. 17:11, Gá.1:9).

D. ¿Es dinámico? ¿Tiene el poder de Dios que transforma vidas? ¿Es una realidad prometida por Dios? (ls.55:10,11; Hb.4:12)

E. ¿Fue recibido, reunido, leído y usado? ¿Fue aceptado por el pueblo de Dios? No era necesario que lo aceptaran los incrédulos o herejes porque, de todas formas, no lo podían comprender (1C0.2:14). Todo lo que es instituido por Dios, Dios tiene el cuidado de revelárselo a los suyos. Este papel le cupo al Espíritu Santo.

6. EL SIGNIFICADO DEL CANON PARA LA IGLESIA

La relación entre la Iglesia -el pueblo de Dios- y la Escritura -Palabra de Dios- es la siguiente, según comprobamos el alcance del Canon para todas las generaciones hasta que vuelva Cristo:

A. La Iglesia confesó, pero no otorgó la canonicidad de los libros inspirados.

B. La Iglesia informó al mundo, y sigue informándole, tocante al fundamento sobre el cual se apoya. Pero ella no formó dicho fundamento.

C. La Iglesia fue la editora, pero no la autora del Canon. Puso en circulación los escritos que había recibido primero.

D. El Canon fue reconocido, no formado

E. El Canon debe controlar la Iglesia, no la iglesia el Canon.

F. El Canon es una norma cerrada: ha sido dado una vez por todas en el cumplimiento de los tiempos. No habrá otra revelación hasta la segunda venida de Cristo.

G. La autoridad precede a la canonicidad. Los escritos bíblicos están en el Canon porque son inspirados. No tienen autoridad por encontrarse en el Canon, sino por tener autoridad se encuentran en él.

H. La Iglesia es el fruto del Canon. El Canon es la autoridad divina y constituye la regla infalible, suprema y definitiva por la que debe regirse el cristiano y la Iglesia, en todo lo que atañe a su fe y a su conducta.

 

¡Importante!

Es de alta importancia reconocer que la Iglesia no creó ni fijó la lista de los libros reconocidos, sino que simplemente reconoció aquellos que fueron inspirados desde el momento en que fueron escritos. De lo contrario, se impondría la autoridad humana sobre la divina en decisión de cuáles libros incluir en el Canon.

7. LOS LIBROS APÓCRIFOS

A. Definición: El significado de apócrifo es “escondido u oculto”. Los apócrifos son los catorce o quince libros o añadiduras a ciertos libros, que no se encuentran en el Canon hebreo, y sí en el Canon alejandrino (la Septuaginta). Fueron escritos en los primeros siglos antes de Cristo. La mayoría de ellos son aceptados por la Iglesia Católica como parte de la Biblia. Debe insistirse en que no se encuentran en el AT hebreo, sino que fueron añadidos a la traducción griega conocida como la Septuaginía. (LXX). Fue Jerónimo en el siglo IV el primero en nombrarlos de esta manera.

Se denomina como “apócrifos” a todo escrito que habiendo pretendido o pretendiendo todavía la canonicidad no es inspirado y, por lo tanto, no es reconocido por el pueblo de Dios.

B.  ¿Por qué se consideran apócrifos?

1)  Porque contienen doctrinas falsas y fomentan prácticas que están en desacuerdo con la Escritura inspirada como la justificación del suicidio, la oración por los muertos, la limosna como medio de expiar él pecado, que el fin justifica los medios, supersticiones y magia.

2)  Abundan en inexactitudes e incoherencias históricas y geográficas.

3)  Recurren a tipos literarios y despliegan una artificialidad en las materias y en el estilo que no guarda relación con la Escritura inspirada.

4)  Carecen de los elementos distintivos que le dan a la genuina Escritura su carácter divino, tal como el poder profético y poético y el sentimiento religioso.

5)  Ni uno solo de los escritores del NT cita porción alguna de los apócrifos, hecho que constituye un vigoroso argumento en pro de la tesis protestante.

6)  No hay ninguna evidencia en el testimonio antiguo que apoye su inclusión:

 • Filón, filósofo judío, citó a menudo el Canon hebreo, pero nunca los apócrifos como inspirados.

•  Josefo, historiador del primer siglo, excluye explícitamente los libros apócrifos.
» Los eruditos de Jamnia (90 d.C.) no los reconocieron como canónicos.

 • Ningún Canon o concilio de la Iglesia cristiana durante los primeros 4 siglos reconoció los apócrifos. Incluso, muchos de los Padres de la Iglesia hablaron en contra de estos libros.

• Jerónimo, erudito y traductor de la Vulgata los rechazó. Disputó el tema con Agustín. Bajo presión tradujo algunos de los libros apócrifos al latín. Después de su muerte, estos libros fueron agregados a la Vulgata desde la antigua versión latina.

• Muchos eruditos católicos durante la Reforma rechazaron los apócrifos, asimismo todos los reformadores. Lutero relegó los apócrifos a una sección separada en su Biblia; decía que eran “buenos y útiles para leer”, pero no como base de la doctrina. Calvino excluyó por completo los apócrifos. La Reforma mantuvo el principio de que la Biblia, y solamente ella, es el medio de información, doctrina y ética. Los reformadores, según queda indicado, rechazaron los apócrifos como parte de la Biblia. Más tarde, como parte de la Contrareforma, el Concilio de Trento (1546) reconoció los apócrifos como canónicos.

C.  ¿Cuáles son los libros apócrifos?

1)Los libros apócrifos del AT son: 1° Esdras, 2° Esdras, Tobías, Judit, Adiciones a Ester, La Sabiduría de Salomón, Eclesiástico o Sabiduría de Sirac, Baruc, Adiciones a Daniel, La oración de Manases (comp.2Cr.33:19), 1aMacabeos y 2a Macabeos.

2) Los del NT son muchísimos, pero los principales son los siguientes: Protoevangelio de Santiago, La Asunción  de María, La Natividad de María, diferentes Evangelios según: Tomás, los Hebreos, de los Egipcios, de Marción, de los Ebionitas, de Pedro, del seudo Mateo, de Nicodemo, de José el Carpintero y el Evangelio árabe de la niñez; le siguen los Hechos de: Pablo, de Pedro, de Andrés, de Tomás, y de Juan; y las Epístolas: de Jesús a Abgaro, de Pablo a los Laodicenses, de Pablo a Séneca, de Pedro a Santiago, y La Epístola perdida de Pablo a  los Corintios.

“La Santa Iglesia Cristiana, de la cual Jesucristo es la cabeza, ha nacido de la Palabra de Dios, en la cual permanece y no escucha la voz de un extraño”. Zwinglio

Para meditar:

>Gracias al Canon tenemos hoy una revelación de Dios completa y suficiente. Es completa porque no le  falta ningún libro, y suficiente porque no necesita de ningún otro. Todo lo necesario para la Salvación de nuestras almas lo encontramos en la Palabra de Dios.

>Si Dios se encargó de revelar Su voluntad a diferentes personas, también se encargaría de que cualquier persona, aún muchos años después, supiera cuál era Su Palabra.

> Si Dios se dio tanto trabajo para que Su Palabra llegara a nuestros días y a nuestras manos de forma íntegra y segura, ¿qué valor le doy a esta Palabra?

Esteban Beitze, Bibliología, Instituto Teológico Muller

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