“Y sobre esta roca edificaré mi iglesia…”

21 mar

“Y sobre esta roca edificaré mi iglesia…”

Fue en Capernaún donde Jesús pasó el mayor tiempo de su ministerio. A Jesús no le importó entrar en la Decápolis para comenzar a predicar y enseñar, algo muy difícil en su tiempo si consideramos el ambiente político reinante en esa zona greco-romana.

Estupendamente ubicada en las adyacencias del elevado Monte Hermón, Cesarea de Filipo era un centro cultural y religioso donde se rendía honor a la antigua divinidad Pan, dios griego de la fertilidad. Frondosos bosques y amplios riachuelos abundaban en la región que también se le conoce como Panías o Banías. En el sitio yacía un templo construido anexado a una cueva exactamente en la base de una montaña rocosa. Es en este ambiente lleno de santuarios de adoración pagana es donde Jesús sostiene una crucial conversación con sus discípulos. Jesús hace la pregunta sobre quien creen los hombres que es El y los discípulos manifiestan lo que han venido escuchando por doquier, pero Jesús insiste:

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”.

Pedro atinadamente responde:

“Tú eres el Cristo (el Mesías), el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16 LBLA).

Inmediatamente, Jesús reconoce la manifestación divina dada a Pedro y declara:

“Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18 LBLA).

En el enunciado hay un claro juego de palabras de uso frecuente en la enseñanza hebrea. Mucho se ha querido debatir sobre el significado teológico del controversial tema. A mi juicio es inocultable que lo más resaltante y trascendente es la revelación de gran magnitud hecha por Jesús en un sitio de inequívoca influencia como fue Cesarea de Filipo.

Las palabras dichas en Mateo 16:18 contienen una tremenda carga simbólica. En primera instancia, el término griego koiné “Petra” que aparece en el escrito significa peñón, acantilado o saliente de un acantilado. También significa roca que se proyecta, peñasco o terreno rocoso. El término siempre implica no una simple roca, sino una de notable tamaño. Por otra parte, al hablar de las puertas es sobradamente conocido que en las ciudades bíblicas las puertas representaban estructuras defensivas y de poder del mundo antiguo. Al afirmar Jesús que las puertas del Hades no prevalecerían contra la iglesia, dejaba muy en claro que las puertas enemigas del infierno serían atacadas.

También es de destacar que el rey Herodes hizo construir nichos en honor al dios Pan y su corte de ninfas que incrustados aún sobresalen desafiantemente en la ladera de la montaña rocosa de Cesarea de Filipo, asiento característico del sistema de sensualidad y aberración del imperio romano. Los discípulos de Jesús, quienes se habían sentado por años a los pies de su rabino para recibir sus enseñanzas, ahora eran conducidos a este lugar a los fines de ser comisionados en una enorme tarea: avasallar el poder maligno con todas las fuerzas y edificar Su iglesia sobre el mal. Jesús los llevó precisamente allí para que fueran testigos de la realidad moral de la época.

En este marco de Cesarea de Filipo, enfrente de ese peñasco paganizado, Jesús expone un claro desafío: el Mesías Jesús quería que Sus discípulos arremetieran contra los poderes del infierno.

Conviene aquí citar las palabras del profeta Abdías:

“Entonces tus valientes serán atemorizados, oh Temán, de modo que todo hombre será cortado del monte de Esaú con muerte violenta. Por la violencia contra tu hermano Jacob, te cubrirá la vergüenza, y serás cortado para siempre” (Abdías 1:9-10)

“En este marco de Cesarea de Filipo, enfrente de ese peñasco paganizado, Jesús expone un claro desafío: el Mesías Jesús quería que Sus discípulos arremetieran contra los poderes del infierno”

En el último verso, se habla específicamente de la violencia contra Israel (Jacob) y sus consecuencias. Aquí la palabra hebrea utilizada es hamas.gif (Hamas) que además de violencia, también implica cometer injusticia, crueldad, iniquidad o práctica de la maldad. A propósito del conflicto árabe-israelí, no es coincidencia escuchar el nombre de Hamás. Aunque Hamás es un acrónimo en árabe de “Harakat al-Muqawama al-Islamiya,” o Movimiento de Resistencia Islámica, en realidad es una agrupación fanática, empobrecedora y sanguinaria dedicada a la violencia y muerte. Hamás asesina hombres, mujeres y niños israelíes con el objetivo único de negar la existencia del Estado de Israel y el pueblo judío. La organización islamista opera militarmente fuera y dentro del Estado de Israel y a pesar de ser una entidad terrorista acaba de alcanzar una importante victoria en las recientes elecciones “palestinas”.

Otro enemigo que anhela la destrucción del pueblo de Israel es el llamado Partido de Alá o Jizbolá. Sorprende que en el 2005, una comisión de la iglesia presbiteriana norteamericana, encabezada por Nihad Tu’meh y Robert Worley como portavoz, dispensaran una visita al Jizbolá reuniéndose con Nabil Qawuq, jefe de la organización terrorista en el sur del Líbano. Previamente, en Octubre del 2004, una delegación de la misma iglesia estadounidense se había reunido con Qawuq. Durante las conversaciones, el superior de la iglesia Ronald Stone afirmó, “Nosotros valoramos las preciosas palabras del Jizbolá, y su expresión de buena voluntad hacia el pueblo norteamericano. Alabamos de la misma forma su iniciativa para el diálogo y la mutua comprensión. Apreciamos estas declaraciones que nos traen más cerca a ustedes. Como superior de nuestra iglesia, me gustaría decir que según mi reciente experiencia, las relaciones y conversaciones con líderes islámicos son mucho más fáciles que tratar que las relaciones y el dialogo con los líderes judíos”.[1]

Debemos acotar que Hamás y Jizbolá aparecen en la lista de cuarenta organizaciones terroristas extranjeras tanto de la Unión Europea como del Departamento de Estado norteamericano.2 No, no son ingenuos estos creyentes. Son indecentes. Alguien decente reacciona ante las indecencias, porque tiene todo el sentido del mundo oponerse a la matanza brutal de seres humanos y la injusticia. Mas el daño no está sólo en las formas, o en la estética. Está en el fondo, en la grave estrechez intelectual y corta memoria que sufre la Iglesia Constantina. En aras de mantener una actitud “políticamente correcta” tristemente muchos seguidores de Jesús transparentan un cristianismo distorsionado producto de conductas y dogmas transmitidos a través de estrambóticos sermones de púlpito y el miedo a la condenación eterna, aunque también la posibilidad de ganar posiciones mundanales y de poder político. Existe una temática y complicidad clandestina en la iglesia institucional. La iglesia pretende sostener una relación ambigua con el Islam, mezcla de ignorancia concreta y simpatía teórica. Se supone que la iglesia debe batallar los poderes malignos de las tinieblas y sus representantes en la tierra.

Precisamente, sobre la posición de lucha de la iglesia el apóstol Pablo subrayó bien:

“Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas…” (Efesios 6:12)

Pero Pablo hizo también referencia a un gran misterio aclarando,

“el misterio que ha estado oculto desde los siglos y generaciones pasadas, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos” (Colosenses 1:26)

“… misterio que por los siglos ha estado oculto en Dios, creador de todas las cosas; a fin de que la infinita sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que llevó a cabo en Cristo Jesús nuestro Señor” (Efesios 3:9-11)

“Hoy la mezquita al-aksa y el llamado Domo de la Roca (monte de Esaú) emergen de manera intimidante como Petra o roca idolátrica del Islamismo en Jerusalén. El Santo Monte del Templo de Dios, el Monte Sión, exige la remoción de los antivalores que actualmente lo mancillan y se levantan contra la voluntad, santidad y soberanía de Di-s”

En este sentido, el profeta Abdías escribió un interesante pasaje:

subirán libertadores al monte Sión para juzgar al monte de Esaú, y el reino será del SEÑOR” (Abdías 1:21)

Efectivamente, hoy la mezquita al-aksa y el llamado Domo de la Roca (monte de Esaú) emergen de manera intimidante como Petra o roca idolátrica del Islamismo en Jerusalén. El Santo Monte del Templo de Dios, el Monte Sión, exige la remoción de los antivalores que actualmente lo mancillan y se levantan contra la voluntad, santidad y soberanía de Di-s.

No hace falta recordar Cesarea de Filipo para darnos cuenta que vivimos en una cultura orientada a la práctica de la permisividad, tolerancia, sensualidad y mentira. Muchas veces resulta ofensivo sugerir verdades y rechazar cierta calidad de conducta e ideas nos puede colocar la etiqueta de radicales e intolerantes. Pero Jesús no sólo comisionó a la iglesia extenderse por todo el mundo, más bien anunció que el poder de las tinieblas sería confrontado, estremecido y derrotado por Su iglesia.

A menos que la historia se detenga, el tiempo se avecina. Los creyentes debemos reflexionar, arrepentirnos y responder al llamado de lucha espiritual que tenemos en preparación al retorno del Mesías y el Reino de Dios. Las puertas del Hades no prevalecerán contra Su iglesia.

NOTAS

Fuente:

http://www.tzemach.org/articles/spanish/uponthisrock.htm

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