Naamán el Sirio

12 mar

Naamán el Sirio

25/sep/99

2R5:1-27 (Haga click para leer el pasaje bíblico)

Aquí tenemos a un hombre que poseía lo que muchos desean hoy: ¡grandeza!. Además era reconocido como grande y honrado. Sucede que algunos hoy son tenidos como grandes, aunque en realidad son pequeños y otros que siendo grandes no son reconocidos por nadie. Naamán, nos dice el pasaje, era grande delante de su señor. Sin embargo había un “pero” para este hombre: era leproso. Siempre hay un “pero” con los hombres. Hay un enorme PERO con la raza humana. Hay hombres y mujeres habilidosos, talentosos, aún geniales, en la música, en el deporte, en las ciencias o la tecnología. Muchos de ellos populares y reconocidos, admirados y algunos convertidos en ídolos y modelos, PERO en sus vidas hay tremendos puntos oscuros; debilidades, defectos, errores y miserias. No hace mucho, leía acerca del gran genio de la música Beethoven, el cual elevó la música a una altura inigualada pero que vivió una vida tormentosa en gran parte debido a un carácter iracundo y desequilibrado.

Este Naamán, era valiente en extremo, un gran general. Pero cada éxito que lograba en el campo de batalla, se veía empañado por la terrible realidad de su enfermedad. La alegría de cada victoria militar se desvanecía ante la amargura que le causaba verse leproso. Así es también con las personas hoy. En todos los hombres y mujeres, si sabemos buscar, vamos a encontrar rasgos de grandeza; los rastros de la mano de Dios, por el solo hecho de ser criaturas hechas a Su semejanza. Pero también, sin necesidad de buscar tanto, vamos a encontrar pecado; pecado que causa dolor, tristeza y ruina en cada vida. El viejo pecado que desde Adán, generación tras generación, vida tras vida y día tras día ha venido trayendo esclavitud, miseria y daño al pecador y a aquellos que le rodean y finalmente causando la muerte física, espiritual y eterna. Podemos fijar nuestra atención en el filántropo más grande o en el predicador más ilustre y ahí en el rincón más íntimo de su corazón estará anidado el viejo pecado ya sea en forma de incredulidad, orgullo o egoísmo. Podemos decir que detrás de cada lágrima derramada, se esconde un pecado propio o ajeno que más o menos directamente la ha causado.

Encontramos también en este pasaje bíblico otro “pero”. Un “pero” maravilloso, ya que una muchacha de la cual no sabemos ni el nombre ni la edad, estaba allí cautiva, en Siria; lejos de su hogar, insignificante para los hombres, pero no así para Dios. ¡Que bueno! Que aunque no sepamos su nombre ni su edad, que aunque para los hombres solo fuera una pobre cautiva, ¡Dios la utilizó!!. Vivimos la época de los grandes eventos. Se habla de la globalización en la economía y en la política, y parece que esto también hubiera llegado a la iglesia. Si no se hace un gran encuentro con mucho ruido y con grandes multitudes y con gran propaganda, parece que no tuviera valor. Pero ¡qué maravilloso! Que a Dios le agrade hacer grandes cosas usando siervos pequeños y desconocidos como esta muchacha cautiva de Israel. Dios usa y usará a aquellos siervos suyos pequeños y desconocidos para la multitud, pero que se atreven a decir lo que saben, lo que oyeron, vieron y creen. Esta muchacha, es una cara de la moneda y en la otra está el rey de Israel. Este rey tenía en su reino a un gran profeta. Pero no lo sabía o no lo creía. ¡Cuántas veces!, el Señor nos habla a través de algún hermano sincero y fiel, que oró y se preparó. Que vive cerca del Señor aunque quizá no habla muy bien. Buscamos a líderes famosos y hacemos muchos kilómetros para oírlos pero Dios usa a un hermano sencillo para hablarnos.

¡Qué triste es ver a este rey!, que había sido llamado a ser líder y ejemplo para su pueblo. Que estaba frente al desafío de ser un rey de corazón íntegro como su antecesor David y sin embargo no lo era. No tenía nada en claro, en cuanto a las cosas espirituales. Hoy también hay líderes evangélicos que juntan multitudes; tras ellos hay mucho movimiento y organización. Pero el evangelio no es predicado ni en sus sermones ni en la letra de sus canciones. Vivimos épocas en que los shows musicales, los denodados esfuerzos por lograr la unidad y las reuniones que apelan a las “sensaciones” han desplazado a la predicación del evangelio. Se nos ha inundado de canciones “evangélicas”, pero cuan vacías son las letras y carentes de significado. Que ausentes están la fe, el amor verdadero, el llamado al arrepentimiento y la sangre de Jesucristo.

Hay líderes hoy que solicitan el apoyo del gobierno. ¿Pero no fue esta una de las causas por la cual la iglesia apostató a través de la historia? ¿No dice la Biblia que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios? ¿ No dice que los que quieren vivir piadosamente sufrirán persecución?; ¿Puede acaso extrañarnos que un gobierno mundano nos discrimine y no nos sea favorable?

También el evangelio es a veces sacrificado en aras de la “unidad”.  Creo que si todos buscamos a Jesucristo no debemos preocuparnos por la unidad ya que avanzamos hacia la misma meta. Si somos un cuerpo ya estamos unidos. La mano no se ocupa en unirse al pie o al estómago sino en obedecer lo que la cabeza le manda. Así si obedecemos a Cristo estaremos en armonía y unidos.

Nos dice este relato, que Naamán fue a Eliseo con dones, regalos dinero y con todo su prestigio. Así también suelen los hombres ir a Cristo llevando sus obras consigo y también sus méritos y su ortodoxia y su experiencia. Pero solo hacía falta que Naamán fuera con su lepra para ser limpiado y así debemos ir a Cristo humillados y despojados de toda justicia. Solamente con nuestro pecado, para que El nos limpie.

También leemos que Eliseo no salió a verle sino que envió a un mensajero. ¡Nuevamente aquí un pequeño siervo!, un mensajero simple con un mensaje simple: ¡Ve y lávate!. Naamán, de nada sirven tus obras, tus títulos y tus dones. De nada sirve tu dinero: ¡Ve y lávate! ¡Zambúllete siete veces en el Jordán!. Hoy también el mensaje que debemos predicar es simple ¡Ve y lávate de tus pecados en la preciosa sangre de Jesucristo! Dice la Biblia, que Naamán se enojó porque el mensaje que le dieron era demasiado sencillo. El esperaba algo más ampuloso. Algo más espectacular. El pensaba: “estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra.” Hoy los hombres también esperan una religión mas espectacular y complicada; aceptan hacer votos y cumplirlos; aceptan ritos complicados y fiestas de guardar; están de acuerdo con rezar novenas y rosarios; aman las campañas multitudinarias y las reuniones con saltos, gritos, caídas y mucho espectáculo; mucho ruido también; pero si Dios envía a su mensajero que dice: “Estás sucio; ¡Ve y lávate en la sangre derramada de Cristo!”, se van enojados.

Hoy la voz de Dios nos sigue diciendo: ¡Ve y lávate en la sangre derramada de Cristo!. Nos dice el v.14 que Naamán descendió; ¡Gracias a Dios! Este hombre descendió; descendió de sus prejuicios; aceptó lo que se le mandaba, aunque no coincidía con sus expectativas; descendió de su posición de general del ejército ya que escuchó el sabio consejo de sus siervos. ¡Y la gracia de Dios le limpió!. Ojalá alguien que escucha o lee esto, pueda aceptar este sencillo evangelio que manda que te laves en la sangre de Cristo derramada a nuestro favor.

No deja de llamar la atención también, la actitud fatal de Giezi, el criado de Eliseo; él amó el dinero; quiso enriquecerse con las cosas espirituales. Quiso tomar aquello que el sabio profeta Eliseo sabía que no se debía tomar. Dios nos libre a cada uno y libre a la iglesia toda, de esta nefasta actitud. Dios nos libre para que la lepra del mundo no se nos pegue a nosotros.

¡Señor! Haznos mensajeros sencillos como esta muchacha, o como aquel que envió Eliseo. Ayúdanos a decirle al mundo que se tiene que lavar en la sangre de tu amado Hijo.

Si no los has hecho aún, ven a Cristo pidiendo perdón por tus pecados y el te lavará en su sangre.

Amén

Citas Bíblicas:

2R 5:1-27 (Volver al sermón)

Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso. Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán. Esta dijo a su señora: Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra. Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel. Y le dijo el rey de Siria: Anda, vé, y yo enviaré cartas al rey de Israel. Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos. Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra. Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí. Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel. Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. 10Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Vé y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio. 11 Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra. 12Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado. 13Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? 14 El entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio. 15 Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo. 16 Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré. Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso. 17 Entonces Naamán dijo: Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová. 18 En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor el rey entrare en el templo de Rimón para adorar en él, y se apoyare sobre mi brazo, si yo también me inclinare en el templo de Rimón; cuando haga tal, Jehová perdone en esto a tu siervo. 19 Y él le dijo: Vé en paz. Se fue, pues, y caminó como media legua de tierra. 20 Entonces Giezi, criado de Eliseo el varón de Dios, dijo entre sí: He aquí mi señor estorbó a este sirio Naamán, no tomando de su mano las cosas que había traído. Vive Jehová, que correré yo tras él y tomaré de él alguna cosa.21 Y siguió Giezi a Naamán; y cuando vio Naamán que venía corriendo tras él, se bajó del carro para recibirle, y dijo: ¿Va todo bien? 22 Y él dijo: Bien. Mi señor me envía a decirte: He aquí vinieron a mí en esta hora del monte de Efraín dos jóvenes de los hijos de los profetas; te ruego que les des un talento de plata, y dos vestidos nuevos. 23 Dijo Naamán: Te ruego que tomes dos talentos. Y le insistió, y ató dos talentos de plata en dos bolsas, y dos vestidos nuevos, y lo puso todo a cuestas a dos de sus criados para que lo llevasen delante de él. 24 Y así que llegó a un lugar secreto, él lo tomó de mano de ellos, y lo guardó en la casa; luego mandó a los hombres que se fuesen. 25 Y él entró, y se puso delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De dónde vienes, Giezi? Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna parte. 26 El entonces le dijo: ¿No estaba también allí mi corazón, cuando el hombre volvió de su carro a recibirte? ¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? 27 Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve.

Fuente: http://usuarios.advance.com.ar/hbaulies/Naaman.html

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