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La vacuna del miedo

16 feb

La vacuna del miedo

15/02/2009

Un doctor poniendo una inyección a una niña

Cuando uno ve esta imagen, lo último que se imagina es que, tras la inyección, esa niña pelirroja en lugar de decir ¡ay!, y salir a jugar con sus amigas, va a tener convulsiones, perderá el conocimiento y acabará ingresada en la UCI.

Como tampoco se imagina que en Austria y Alemania dos jóvenes vacunadas con Gardasil hayan muerto de forma repentina o que en EEUU hayan sido 20 las chicas fallecidas.

Cuando uno habla del Nobel de Medicina -que este año,casualmente, ha recaído en el descubridor del virus del papiloma- no piensa en que varios miembros del jurado estén vinculados a una multinacional que, casualmente también, fabrica dos vacunas contra el citado virus.

Cuando un gobierno inicia una vacunación masiva -innecesaria en opinión de muchos profesionales-, uno piensa que ha sido una decisión debatida largamente con expertos en la materia. Lo último que se imagina es que haya sido adoptada en un Consejo de Ministros bajo el chantaje político de determinadas Comunidades Autónomas.

Cuando uno piensa en esas Comunidades “preocupadas por la salud de sus niñas”, lo último que imagina es que entre ellas esté la de Madrid, donde las mujeres con cáncer de mama esperan una media de 100 días desde el diagnóstico hasta el inicio del tratamiento en algunos hospitales.

Cuando uno averigua que de la vacuna más cara de la historia -ronda los 500 €- no hay estudios independientes, se desconocen también los efectos secundarios a largo plazo, se ignora la duración de la inmunidad que confiere, y que su eficacia no se ha estudiado en niñas, sólo en adultas… cuando uno se da cuenta de todo esto, es cuando empieza a pensar que hay algo que huele a podrido.
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P.D. Que un grupo de expertos en salud pública esté provomiendo un documento público en el que pide una moratoria en la aplicación de la vacuna hasta obtener más evidencias de su efectividad, es algo que quizás no interese demasiado.

Pero es que, verán ustedes, en la España del Pronto y el Hola, del Gran Hermano y el Telecupón, lo que digan los expertos nos la pela.
Vamos, que si en la tele sale alguien diciendo que los gorrinos vuelan, tenemos a media España asomada al balcón.

La foto, realizada por John Vachon en 1943 es de dominio público y puedes encontrarla en: Flickr

Líquido eres y en líquido te convertirás

16 feb

Líquido eres y en líquido te convertirás

Posted: 13 Feb 2009 03:28 AM PST

Polvo eres y en polvo te convertirás, suele decirse desde la óptica religiosa. Pero lo cierto es que, a tenor de las cifras, más que polvo lo que parece constituir nuestra esencia es el líquido. Como si todo un mar anidase dentro de nosotros. Más que de carne y huesos, los seres humanos parecen ser uno de esos globos de agua que los niños te tiran a traición. Ya decía Heráclito que la vida es un río, ¿no?

Por ejemplo, si sumamos todos los litros de líquidos que nuestro cuerpo produce, recicla, expulsa y absorbe al día por el aparato digestivo, los riños, las mucosas y las glándulas varias, resulta que aparecen 180 litros. Habéis leído bien. 180 litros. Vayamos a desglosarlos.

170 litros son de la sangre que pasa diariamente por los riñones para ser depurados.

3 litros de jugos gástricos que al cabo del día produce el estómago.

8 litros de secreciones que pasan a través del aparato digestivo.

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FIDEL CASTRO: FOTOS, MENTIRAS Y VIDEOS

16 feb

FIDEL CASTRO: FOTOS, MENTIRAS Y VIDEOS
¿POR QUÉ CON BACHELET SÍ Y CON CRISTINA NO?

Por Carlos Forte

    La aparición de una fotografía que muestra a la presidenta chilena, Michelle Bachelet, junto a Fidel Castro, provocó la reapertura del debate en torno al encuentro que el ex mandatario cubano tuvo supuestamente con Cristina Kirchner a fines de enero pasado, especialmente por la aparición de una sospechosa foto que retrató la eventual reunión.
    Luego de que este periódico demostrara que esa foto de Cristina y Fidel estaba trucada (1) -investigación reproducida por destacados medios de información de todo el mundo-, ningún diario cubano se atrevió a publicar la imagen y sólo se hicieron breves menciones sobre el encuentro, algo insólito si se observa el usual comportamiento de la prensa de ese país en este tipo de cuestiones.
    Según una fuente de cancillería consultada por este periódico -la misma que confirmó la falsedad de la foto de Cristina y Fidel-, a causa del papelón por la revelación de ese trucaje, surgió la idea de la foto con Bachelet, la cual “no estaba en la agenda de la presidenta chilena ni pudo anunciarse con tiempo por depender del estado de salud de Castro”.
    Por caso, se sabe que Raúl Castro interrumpió un acto cultural en la ex embajada de Santiago en La Habana para avisarle a la mandataria de la inminencia de la cita. Fue cuando, intempestiva y sorpresivamente, Bachelet se retiró de la actividad en homenaje a Salvador Allende -en la que participaban varios artistas chilenos- y se juntó con Fidel.
    El encuentro con Bachelet fue más extenso que el de Cristina -a pesar de que Cristina aseguró haber hablado más de una hora con el ex mandatario cubano, luego se dijo que la reunión sólo duró media hora (2)- y se hizo en el más completo hermetismo. “El mayor interés era demostrar que Fidel está en buenas condiciones, no sólo a través de la pertinente foto, sino también de un discurso más ágil y creíble que el que el ex mandatario cubano había tenido (supuestamente) con Cristina”, afirmó la fuente mencionada.
    Lo interesante es que la aparición de las fotos de Bachelet y Castro, dan más argumento a la evidencia de la falsedad de las imágenes que oportunamente trascendieron de este último con Cristina. Veamos una y otra: 

    Por empezar, Fidel está en una posición más relajada, en coherencia total a las fotos que suele tomarse con diversos mandatarios, como puede verse a continuación.

Ahora veamos a Fidel con Cristina:

    Con la mandataria argentina, como puede verse, la posición es sumamente forzada y de una seriedad increíble.
    Por otro lado, es dable puntualizar la diferencia de altura entre Bachelet y Castro. El ex mandatario cubano es muy alto y eso salta a la vista (ver nuevamente la primera foto de esta saga). Sin embargo, Cristina -de casi idéntica altura que Bachelet- apenas es más baja que Fidel.
    Lo mismo sucede con el rostro de Fidel. Con Cristina Fidel parece mucho más saludable, con más cabello y con menos manchas en su rostro. Con Bachelet, el cubano parece haber envejecido de golpe.
    Por otro lado, es dable mencionar que, de la misma manera que se analizó la foto de Cristina con Castro, se hizo lo propio con la foto de Bachelet. En esta última pudo determinarse que no hay trucaje alguno.
    Por lo dicho, surgen algunos interrogantes:
    -¿Por qué en el encuentro con Bachelet las imágenes se mostraron en el acto y con Cristina hubo que esperar dos días?
    -¿Por qué el encuentro con la mandataria chilena duró una hora y media y con la presidenta argentina sólo media hora?
    -¿Por qué la charla con Bachelet trascendió con lujo de detalles y la de Cristina no?
    -¿Por qué hay varias fotos de Castro con la presidenta chilena y sólo una con la madataria argentina?
    -¿Por qué el sitio de Presidencia de la Nación cambió la imagen de Cristina, poniendo una foto más borrosa que la primera que se había publicado en primera instancia (3)?
    -¿Por qué todos los medios cubanos publicaron la foto de Bachelet, pero no la de Cristina?
    Por ahora, son preguntas sin respuesta.

Carlos Forte

(1) Los detalles del trucaje de la foto de Cristina y Fidel

(2) Ver http://www2.lavoz.com.ar/09/01/22/secciones/politica/nota.asp?nota_id=483405

(3) El cambio de la foto de Cristina y Fidel en el sitio de Presidencia de la Nación

 


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¿Cómo se hacen los dentífricos de distintos colores?

16 feb

¿Cómo se hacen los dentífricos de distintos colores?

Posted: 14 Feb 2009 06:58 AM PST

Los objetos cotidianos que nos rodean suelen ser pequeños misterios de la ingeniería, la química, la física y cualquier otra disciplina. Sólo hay que tener la mente abierta e inquisitiva, y de repente lo que nos rodea adquiere más importancia que los objetos míticos de las leyendas. Así pues, seguro que más de uno se habrá preguntado alguna vez cómo se logra que las pastas dentales con las que nos cepillamos los dientes sean de varios colores, surgiendo del tubo de esa forma tan uniforme, como las trazas de color de una bandera vermiforme, como gusanos multicolores.

Buceando por Internet se pueden encontrar respuestas más o menos precisas o elucubraciones de la gente de a pie, así que probablemente incluso exista más de una forma de conseguir el mismo efecto. Pero si he de quedarme con alguna explicación, es la que hace años recorté de una revista de divulgación científica de la cual ya ha olvidado el nombre.

En ella, Linda Murray, portavoz de la compañía Smith Kline Beecham, que fabrica la pasta dental Aquafresh, uno de los más conocidos dentífricos del género tricolor, ofrecía la siguiente explicación:

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El mito de que los perros ven en blanco y negro

16 feb

El mito de que los perros ven en blanco y negro

Posted: 15 Feb 2009 07:09 AM PST

Mucha gente cree que los perros ven el mundo en blanco y negro, como en una película antigua. Pero, irónicamente, muchos otros animales a los que les adjudicamos una visión en Technicolor, en realidad sólo lo hacen en blanco y negro.

Antes de resolver estas dudas, se impone una pequeña aclaración sobre cómo funciona la visión del color.

El color resulta de la interacción de la luz con la retina del ojo y es una consecuencia de la distinta sensación que producen en un observador luces de diferentes longitudes de onda. Así pues, el color no sólo es una invención de nuestro cerebro, sino una mezcla de invención junto con las características intrínsecas de la luz.

La visión del color depende de unos elementos anatómicos del ojo llamados conos, que, junto con los bastones (responsables de la visión en blanco y negro), se hallan en la retina. Los conos captan luz correspondiente a distintas longitudes de onda. Esto produce activaciones distintas en las células, y el conjunto de la información permite al córtex visual del cerebro construir la sensación de color.

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LEYENDAS URBANAS IV

16 feb

LEYENDAS URBANAS IV
¿HASTA CUÁNDO SEGUIRÁ EL SPAM DE LO IRRACIONAL?

Por Christian Sanz

    En el siglo VII antes de Cristo, la mitología estaba en pleno auge y la sociedad de entonces creía a pies juntillas lo que se desprendía de las leyendas fantásticas de la época. Claro que no existía el método científico y el pensamiento crítico era algo que no se estilaba aún. Era entendible, pues, que los habitantes de la antigua Grecia aceptaran como verdad irrefutable los fantásticos relatos de Hesíodo y Homero, entre otros.
    El tiempo pasó y fue dando pie a nuevos conocimientos de la invalorable mano de la inducción y la deducción. La propia filosofía fue evolucionando inexorablemente a la par del descubrimiento de la ciencia. Grandes personajes como Isaac Newton, Charles Darwin y Albert Einstein derribaron, con sus contrastables hipótesis, irracionales creencias de sus propias épocas. En ese sentido avanzó la ciencia y los paradigmas de su método fueron superándose a lo largo de los siglos.
    Sin embargo, hay cuestiones que son difíciles de desterrar y que probablemente estén arraigadas a esas viejas creencias populares de nuestros antepasados. Tal vez sea algo genético y lejanamente hereditario, quizás sólo se trate de falta de instrucción en lo que a espíritu crítico refiere. Quién sabe.
    Lo cierto es que, a pesar del paso del tiempo y del avance del conocimiento, en la actualidad sobreviven relatos cuasi mitológicos a los que suele denominarse “leyendas urbanas”. Son historias con tramas improbables y argumentos contradictorios, pero que persisten en el imaginario popular a fuerza de continua repetición entre los individuos.
    Hay infinidad de leyendas, como la de la jeringa con sangre en la butaca del cine, el hueso de rata en el restaurante chino, las figuritas infantiles con LSD y las hamburguesas de Mac Donalds hechas con “carne” de lombriz. A lo largo de los años, este cronista ha escuchado infinidad de ellas en boca de amigos y conocidos que aseguran que les han sucedido a terceras personas. Esto último es importante a la hora de entender las leyendas urbanas: siempre le ocurre a algún “amigo de un amigo” o un familiar lejano, jamás le ha sucedido a nadie de manera directa.
    Las nuevas tecnologías, merced al descubrimiento de Internet y el correo electrónico, han ayudado a la difusión de información de todo tipo. Y entre esa información aparecen las inevitables leyendas urbanas.
    Una de las más actuales tiene que ver con la supuesta desaparición de una chica llamada Ashley Flores, la cual es buscada por su madre a través de una dirección de correo electrónico. Así reza la leyenda: “Mi hija tiene 13 años, Ashley Flores, está desaparecida desde hace dos semanas. Puede ocurrir que si todos pasan este mensaje, alguna persona la reconocerá. Se han encontrado personas con este método. Internet circula por todo el mundo… Por favor, pasa este mensaje a todos tus contactos. Gracias a todos ustedes podré encontrar a mi niña.
    Si tienes información, contacta con HelpfindAshleyFlores@yahoo.com. Sólo hacen falta 2 minutos para hacer circular el mensaje. Si se tratase de tu hijo(a) harías lo imposible por obtener ayuda”.

    Como puede verse, el mensaje apela a los sentimientos más hondos de las personas, ya que invita a ponerse en el terrible lugar que ocupa la madre de Ashley. Esto provocará que el mensaje sea reenviado sin dudar por los que lo han recibido, generando una progresión geométrica de innecesario spam.
    Lo primero que debe hacerse para no dispersar el mensaje en vano, es escribir a la dirección de Yahoo que indica el mensaje, ¿qué mejor que verificar que el mail sea verdadero, para no hacer un reenvío innecesario? Allí nos toparemos con la primera sorpresa, ya que la dirección de correo es inexistente y el mail enviado volverá indefectiblemente a nuestra bandeja de entrada.
    Luego, hay que verificar que exista una persona llamada Ashley Flores, lo cual llevará a la segunda decepción, ya que no existe persona en la Argentina con ese nombre.
    Finalmente, debería llamar la atención de cualquiera que el supuesto mensaje no contenga los detalles más obvios de cualquier pedido de auxilio, como un teléfono de contacto y las características físicas de la persona a buscar.
    Lamentablemente, la sociedad actual carece de la mínima -y necesaria- dosis de escepticismo a la hora de evaluar este tipo de cuestiones. Es la causa principal de muchas de las estafas cibernéticas que hoy en día se cometen, ya que cualquiera cree en cualquier cosa y cae como chorlito en las trampas más pueriles.
    Es un síntoma de la enorme carencia de pensamiento crítico que ostenta la sociedad de hoy, no sólo para saber evaluar si un mensaje es verdadero o falso, sino también para saber actuar frente a las elecciones más y menos importantes del quehacer diario.
    Por caso, la falta de escepticismo -que no significa no creer en nada, sino suspender el juicio hasta poder comprobar algo concreto- genera que un individuo sea convencido una y otra vez, y normalmente estafado, por referentes políticos de dudosa credibilidad, aún por parte de aquellos que ya le han mentido a la sociedad repetidamente. Es por eso que históricamente se reciclan los mismos personajes en torno a la política vernácula, sin solución de continuidad.
    Es bien cierto que la falta de pensamiento crítico es parte de la radiografía idiosincrática de nuestra sociedad, pero también es un espejo de la perversidad sin límites de aquellos que se aprovechan de la credulidad ajena.

Christian Sanz

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Israel lanzó ataques en zona fronteriza de Gaza a Egipto

16 feb
Lunes 16 de febrero de 2009 11:30
Medio Oriente
Israel lanzó ataques en zona fronteriza de Gaza a Egipto

Israel atacó hoy desde el aire la zona fronteriza entre la Franja de Gaza y Egipto y, según fuentes israelíes, impactó un túnel destinado al contrabando de armas.

La noticia, que no denunció víctimas, no fue confirmada aún por Israel.

Fuentes del ejército israelí habían informado previamente que dos cohetes habían sido lanzados desde la Franja de Gaza hacia Israel, sin causar víctimas.

Uno de los cohetes cayó en una zona desierta y el otro en un terreno cultivado, causando leves daños materiales, según informó la agencia de noticias Ansa.

Desde el 18 de enero pasado rige en la Franja de Gaza un cese del fuego, declarado para poner fin a las acciones militares israelíes en la zona, tras la muerte de más de 14.000 palestinos.

Paralelamente, otro palestino murió y otras cinco personas resultaron heridas, tres de ellas muy graves, por una explosión ocurrida hoy cerca de la ciudad de Beit Lahia, en el norte de la Franja de Gaza, según informaron fuentes hospitalarias.

Algunos vecinos dijeron que había explotado una granada disparada desde un tanque israelí, pero otros aseguraron que se trataba de un “accidente laboral”, término eufemístico con el que se alude al estallido accidental de un artefacto explosivo manipulado por milicianos.

Una portavoz militar en Tel Aviv negó cualquier actividad por parte del Ejército israelí en la zona. (Télam)

Rusia pidió por la paz 

Rusia también sumó su voz a la de otros miembros de la comunidad internacional para expresar su deseo de que Israel, luego de las elecciones celebradas el pasado martes 10, pueda dar vida a un gobierno que “relance el proceso de paz” con los palestinos.

Lo dijeron los medios electrónicos israelíes, citando declaraciones del ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, al presidente Shimon Peres.

Lavrov, quien llegó ayer a Israel, manifestó la esperanza de que el próximo gobierno israelí pueda seguir en el camino de la negociación trazado por los mediadores internacionales, y agregó que Moscú tiene intención de intensificar sus esfuerzos diplomáticos en la región.

El ministro ruso observó que su país dispone de canales informales de contacto utilizados para intentar impulsar hacia la paz también a Hamas, pero admitió que entre los varios miembros del movimiento islámico radical en el poder en la Franja de Gaza, se registran actitudes “diferentes”.

Por su parte Peres aseguró la voluntad de Israel de llegar a un “acuerdo de paz global, y no sólo con los palestinos, sino con todos los países árabes”, según informó la agencia de noticias Ansa.

Sin embargo, reiteró que no tiene intención de aceptar “los lanzamientos de cohetes desde la Franja” y -hablando con Lavrov sobre las imágenes difundidas en el mundo durante las semanas del conflicto armado- acusó a las cadenas internacionales de no haber sabido “reflejar la verdadera situación” en el terreno.

Estados Unidos y la Unión Europea -además de Rusia- ya comunicaron, formal o informalmente, que están a favor de un gobierno de gran coalición en Israel más que de uno constituido sólo por la derecha. (Télam) (LNP)

Sigue Sin Explicación un Raro e Intenso “Ruido de Fondo” en las Radioemisiones Cósmicas

16 feb

Astrofísica
Sigue Sin Explicación un Raro e Intenso “Ruido de Fondo” en las Radioemisiones Cósmicas
16 de Febrero de 2009.

NASA/ARCADEUn equipo de científicos financiados por la NASA, incluyendo dos de la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB), sigue sin lograr explicar el inesperado “ruido cósmico” que descubrieron en la banda del espectro electromagnético correspondiente a las ondas de radio.

El hallazgo proviene de los datos reunidos por un gran globo sonda de la NASA, lleno con helio. En ellos, los científicos descubrieron este ruido cósmico en la banda de las ondas de radio, seis veces más estruendoso de lo esperado.

“Es como si viviéramos en un cuarto oscuro y cada vez que encendiésemos las luces y explorásemos, halláramos algo nuevo”, declara Philip M. Lubin, miembro del equipo y profesor de física en la UCSB. “El universo continúa asombrándonos y proporcionándonos nuevos misterios. Es como un gran rompecabezas del que nos dan piezas poco a poco para que ocasionalmente podamos ver a través de la niebla de nuestra confusión”.

La misión, denominada ARCADE, tenía por objetivo explorar el cielo en busca del calor de la primera generación de estrellas. En su lugar encontró un enigma cósmico.

Una pantalla misteriosa de ruido ultrafuerte en forma de ondas de radio impregna el cosmos, impidiendo a los astrónomos observar el calor de las primeras estrellas. El instrumento a bordo del globo sonda de la misión ARCADE descubrió esta estática cósmica en su vuelo de Julio del 2006. El ruido es seis veces más estruendoso de lo esperado. Los astrónomos no tienen ninguna idea del por qué, a pesar de la larga labor de estudio efectuada desde entonces.

“En lugar de la débil señal que esperábamos encontrar, aquí estaba este ruido retumbando seis veces más fuerte de lo que cualquiera había predicho”, rememora Alan Kogut, de la NASA. Un análisis detallado descartó que su origen estuviera en las estrellas primordiales o en fuentes de radio conocidas, incluyendo el gas en el halo exterior de nuestra propia galaxia. La fuente de este fondo cósmico de ondas de radio sigue siendo un misterio.

El instrumento voló a una altitud de cerca de 40 kilómetros, donde la atmósfera empieza a atenuarse de manera acusada para dejar lugar al vacío del espacio.

El problema, tal como destaca Dale Fixsen, miembro del equipo, que trabaja en la Universidad de Maryland, es que no parece haber suficientes radiogalaxias (galaxias con emisiones de radio significativas) a las que poder responsabilizar de la potente señal descubierta en la misión ARCADE. Para explicar la señal por la acción de dichas galaxias, debería haber tantas que estarían “empaquetadas en el universo como sardinas en una lata”, en palabras de Fixsen. “No quedaría ningún espacio libre entre una galaxia y la siguiente”.

La estática de ondas de radio detectada en la misión ARCADE es mucho más fuerte que la emisión de ondas de radio combinada de todas las galaxias en el universo. Esto sugiere que algo importante, y nuevo para la ciencia, tuvo que haber ocurrido cuando se formaron las primeras galaxias, una época en la que el universo tenía menos de la mitad de su edad actual.

 

Información adicional en:

10 lecciones sobre liderazgo que aprendí a fuerza de golpes

16 feb

10 lecciones sobre liderazgo que aprendí a fuerza de golpes

Primera lección: «Por la gracia de Dios soy lo que soy»

No sé si todos los líderes sienten lo mismo, pero a mí me agrada ser líder. Cuando era adolescente me preguntaba interiormente si eso no sería un pecado. ¿Es pecado sentirse a gusto como líder?… Sí, cuando te mueve el orgullo. No, cuando sientes que Dios te llama a servir. Pero ¿qué pasa cuando ocurren ambas cosas al mismo tiempo?… Me sentía llamado a servir, pero el problema era mi orgullo. Tenía quince años y era presidente de la unión de jóvenes de mi iglesia. Deseaba ser admirado, elogiado, respetado. Soñaba con caminar en medio de la multitud y que la gente dijera al verme pasar: «Allí va Samuel, el líder». Soñaba con recibir aplausos y halagos. No era consciente de mis faltas. Días atrás un periodista le preguntó a una mujer que tiene liderazgo político en la Argentina: «Señora, ¿cuáles son sus defectos?» Ella contestó: «Mi defecto es no saber cuáles son mis defectos». Así era yo. En mi adolescencia imaginé que el diablo me llevaba a un monte para ofrecerme la fama y la gloria de este mundo. Una vez pensé en eso y tuve miedo. Lo recordé años después en Barcelona, cuando el pastor Bonet me condujo hasta la cumbre del monte Tibidabo para mostrarme una espléndida visión panorámica de aquella ciudad, y me preguntó: «¿Sabes por qué este monte se llama Tibidabo?». «No», —le contesté. «Hay una vieja leyenda», —me dijo, «que supone que aquí Satanás le mostró a Jesús el mundo y su gloria diciéndole: «Tibidabo, te lo daré». No lo he olvidado. He aprendido que en el liderazgo hay muchas tentaciones de gloria. Todo líder puede encontrarse con un Tibidabo. El Señor tuvo que quebrantarme un día, tiempo después, hasta llevarme a reconocer, como el apóstol Pablo, que tan sólo «por la gracia de Dios soy lo que soy» (1 Co. 15:10).

Segunda lección: Ser líder no significa ser juez

Tenía dieciocho años y había ido a predicar ante una pequeña congregación en uno de los suburbios más pobres de la ciudad. Con el impulso propio de la edad dije algunas palabras muy fuertes, amonestando a los hermanos. Uno de ellos, anciano, interrumpió mi sermón y, puesto en pie, me dijo: «Usted es un mentiroso y un hipócrita». No supe qué hacer ni qué decir. En ese momento todos guardaron silencio y yo me sentí impulsado a abandonar el púlpito. Pero no lo hice. Con los ojos nublados por las lágrimas traté de terminar mi mensaje sin referirme al incidente, agregué algunas frases más o menos incoherentes, e inmediatamente regresé a mi casa. Me sentía profundamente herido, humillado, agraviado, y lloré largamente. No quise reconocer que en mi mensaje yo había sido injusto con la congregación. Tampoco pensé que la reacción del anciano que me había reprendido era comprensible, pues había sido provocada por mi propia altivez. Además, considerándome lastimado por una grave ofensa, no tenía la menor intención de perdonar al culpable de esa agresión verbal. Comencé a cultivar pensamientos tan extravagantes como: «Esto me pasa por ser líder. Es el precio que tengo que pagar por el liderazgo. Soy una víctima de la agresión del pueblo, como Moisés en el desierto», etcétera. Hay muchos líderes que se sienten víctimas. En esos días me sentí un líder víctima. Es más cómodo sentirse víctima de una injusticia ajena que reconocer la injusticia propia. Abusando de mi condición de «líder incipiente» yo había prejuzgado a un grupo de fieles cristianos. Ser líder no significa ser juez. Gracias a Dios, muy poco tiempo después el anciano y yo pudimos llegar a una genuina reconciliación y a comprender mejor los valores del pasaje de Mateo 7:1-5.

Tercera lección: Además de ser fuerte, el líder debe saber perdonar

Esta lección se parece a la anterior, pero no es igual. En mis años de estudiante me tocó leer la novela gauchesca Don Segundo Sombra, del autor argentino Ricardo Güiraldes. Me sentí impactado por un pasaje en el que un hombre le daba algunos latigazos a un joven y le decía: «¡Hacete duro muchacho!» (hazte duro, muchacho). El doctor Stanley Jones, médico misionero en la India, afirmaba que sería ideal que el buen líder tuviera piel de rinoceronte (¿o de hipopótamo?) para no sentirse herido por las flechas de sus adversarios. Desde distintos ángulos ambos escritores enfatizaban la importancia de la fortaleza del líder o del futuro líder. A veces un líder es objeto de ataques injustos, de acusaciones falsas, de intrigas palaciegas carnales. ¿Qué debe hacer? ¿lamentarse? ¿abandonar la carrera? ¿darse por vencido? Los grandes hombres de la Biblia pasaban a través de tales crisis tomados de la mano de Dios. El apóstol dijo a los cristianos de Corinto: «Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado, pero el que me juzga es el Señor» (2 Co. 4:3,4). El verdadero líder es fuerte. El verdadero líder sigue adelante. El verdadero líder ama a toda la gente. El verdadero líder perdona, como el gran líder Esteban perdonó a sus victimarios.

Cuarta lección: «El líder cristiano no da órdenes, sino que las recibe del gran Jefe y las obedece»

Varios pastores viajábamos en un autobús rumbo al sur de la Argentina. A mi lado se sentó un veterano siervo de Dios, mucho mayor que yo. En un momento de la conversación me dijo: «Casi todo líder suele atravesar un proceso hacia la madurez. Durante el primer período cree que puede alcanzar todo lo que se proponga. En el segundo período se siente frustrado y piensa que no puede hacer nada. Y en el tercer período comprende, por fin, que sólo Dios es el que hace todas las cosas». Aunque no se lo dije, yo me sentía en el segundo período, ¡y en el primero me había ido bastante mal!… Tenía poco más de veinticinco años de edad. Había alcanzado ciertas ventajas materiales en una gran compañía de seguros, ocupaba también varios cargos denominacionales, pero me sentía desconcertado. Las cosas no salían como yo quería. No estaba satisfecho. En realidad, arrastrado por la inercia, seguía dedicándome a las tareas del primer período, pero ya no creía que podría conseguir todo lo que me propusiera. Me hallaba exactamente en la condición descrita por mi compañero de viaje. Pensaba que no podía hacer nada más. Pero, a causa de la plática, vinieron a mi memoria unas palabras de la Biblia: «Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Fil 2:13) ¿Qué lugar había dado a Dios en mis planes?… Claro, eran mis planes. Yo los hacía, y después pedía que Dios «pusiese su sello de aprobación». No estaba habituado a pensar seriamente en los planes del Señor y seguirlos. Un amigo me dijo una vez: «El líder cristiano no da órdenes. El líder cristiano recibe órdenes del Gran Jefe y las obedece». Tenía razón. Tuve que aprenderlo.

Quinta lección: Un líder debe trabajar en equipo

En los primeros años de mi liderazgo pretendía hacer todas las cosas solo. No sabía trabajar en equipo. A veces me sentaba ante la máquina de escribir hasta la madrugada. Viajaba por la noche a Buenos Aires (o a otra ciudad), tenía reuniones todo el día, y regresaba a Rosario viajando otra vez durante la noche siguiente. Generalmente eso ocurría los sábados. Cuando llegaba a mi casa ya era la mañana del domingo y debía ir a predicar a la iglesia, además de enseñar en una clase de la escuela dominical. Después comía velozmente, dormía una breve siesta e iba a ocupar nuevamente el púlpito. Durante la semana también trabajaba con un ritmo acelerado y obsesivo. Así se veía afectada mi vida familiar y se deterioraba mi salud física, emocional y espiritual. En lo físico, porque no tenía suficiente descanso. En lo emocional, porque vivía preso de toda clase de tensiones. En lo espiritual, porque era mal mayordomo del tiempo y eso me llevaba a abandonar responsabilidades en el hogar y a descuidar muchos aspectos de la misión de la iglesia. Muchas veces mi esposa tenía que reemplazarme. Pero un día, durante los momentos humorísticos de un campamento evangélico, unos jóvenes imitaron risueñamente mi manera de ser. Lo hicieron con mucha sabiduría. Esa hora amena me trajo un mensaje del cielo. Fue como la voz de Jetro diciéndole a Moisés: «No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo… No podrás hacerlo tú solo» (Ex. 18:17,18). Y el consejo de Jetro seguía: «Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga sobre ti, y la llevarán ellos contigo» (vv. 21,22). Hasta entonces Moisés contaba con el apoyo de «los ancianos de Israel» (Ex. 3:16), pero en el ejercicio concreto del liderazgo y la atención del pueblo, él estaba completamente solo (Ex. 18:13-16). Necesitaba tener un equipo bien organizado, un grupo de colaboradores con quienes compartir el liderazgo. Jetro le mostró el camino. Y a mí también. Un líder debe trabajar en equipo.

Sexta lección: El líder sabe ganar y perder sus batallas

Todo líder tiene que acostumbrarse a perder algunas batallas. A veces perdemos en un debate con los demás miembros del equipo, porque los demás tienen razón y nosotros no. Otras veces, aunque tengamos la razón, también perdemos porque ellos analizan el asunto desde otro punto de vista. Lo difícil es decidir qué pasos vamos a dar después de perder la batalla. En general, las batallas protagonizadas por el liderazgo no son sobre temas teológicos sino sobre criterios administrativos y otros asuntos prácticos. Por ejemplo, suele ser un debate relativo a la computadora que hay que comprar para la tesorería, porque es necesario reemplazar el modelo que estamos usando actualmente. O una discusión sobre las características que debe tener la ampliación y reparación del edificio dedicado a la educación cristiana. O un estudio para coordinar los calendarios de actividades de todos los organismos de nuestra iglesia. Etcétera. Si perdemos la batalla, el primer paso es aceptar la voluntad de la mayoría, salvo que la mayoría haya tomado decisiones antibíblicas, como —por ejemplo— suprimir la Cena del Señor, abandonar la práctica del bautismo, o negar alguna doctrina fundamental. Fuera de tales excepciones, es bueno someterse democráticamente a lo que los demás hayan resuelto aunque no nos agrade el tipo de computadora o el color de la pintura del edificio. El segundo paso es no comentar con otros hermanos nuestro disgusto por la decisión adoptada. La siembra de críticas produce malos frutos, sobre todo cuando procede de un líder. El líder no ha de ser hipersensible, sino maduro.

Hay denominaciones, iglesias y organismos varios que eligen a sus directivos mediante el voto de sus miembros. Si un líder no resulta nombrado, debe aceptar ese hecho sin sentirse menospreciado por sus hermanos. El liderazgo no siempre depende del cargo que uno ocupa. A Diótrefes le gustaba «tener el primer lugar entre ellos» (3 Jn. 9); pero él no era realmente un líder. Los que no son verdaderos líderes se envuelven en guerras despiadadas contra hermanos que están en el liderazgo, como si ignorasen que Dios nos ha dado espíritu de dominio propio (2 Ti. 1:7) para todas las circunstancias.

El tercer paso es orar por los que ganaron la batalla y brindarles nuestro amor fraternal. Un predicador latinoamericano dice: «no ores a los santos; ora por los santos, por tus hermanos en la fe». La oración favorece la unidad. En mi congregación hay un equipo de 56 líderes fieles, hombres y mujeres que sirven al Señor y trabajan en la iglesia. No todos piensan igual. No todos tienen los mismos criterios. Pero ellos saben ganar y, sobre todo, saben perder batallas. Permanecen unidos en sus respectivos ministerios, sin magnificar sus diferencias de opinión. Eso es lo que Pablo pidió a Evodia y a Síntique (Flp. 4:2). Así la iglesia de Filipos podía regocijarse en el Señor.

Séptima lección: Las críticas deben hacer crecer al líder

Un buen líder no debe limitarse a aceptar las críticas. También tiene que investigar si las críticas son fundadas y cambiar lo que haya que cambiar. No es extraño que algunas veces los líderes oigamos ciertas críticas asumiendo una actitud de tolerancia y benevolencia, para después echarlas en saco roto sin analizarlas seriamente. Por supuesto, no sería sano rasgarnos las vestiduras y mesarnos los cabellos si creemos que las críticas son injustas (tal vez no sean tan injustas). Pero tampoco es sano actuar con indiferencia ante las críticas razonables. Es obvio que todo líder está expuesto a la crítica, porque cumple su ministerio ante la mirada de muchos. Pero no debe ignorar la opinión de sus críticos. Jesús preguntaba: ¿Quién dice la gente que soy yo?» (Lc. 9:18). Había distintas respuestas en cuanto a su identidad. También había personas que lo admiraban y otras que lo rechazaban. A veces caemos en el error de citar al Quijote cuando dice: «¿Ladran, Sancho? Señal que cabalgamos». Es mejor dejar a Cervantes y averiguar si las críticas pueden ayudar a mejorarnos y crecer. Hay líderes que imaginan que cada crítica es un ataque. Es mejor reconocer que cada crítica es un desafío, un reto que nos impulsa a seguir perfeccionando nuestro ministerio. Yo agradezco a mis críticos. Unos corrigieron mis errores en el púlpito. Otros señalaron mis defectos en el ministerio. Algunos me dieron nuevas ideas. Hubo cosas que me dolieron, y otras me hicieron sonreir. Pero todas las críticas son y siguen siendo útiles. Pienso que, en última instancia, las críticas son herramientas en las manos del Gran Alfarero.

Octava lección: Los líderes deben tomar decisiones difíciles, confiando en el Señor

Años atrás unos jóvenes me preguntaron si entre los instrumentos musicales que se usaban en el culto podían incluir una batería (un conjunto de instrumentos de percusión como los que tienen las bandas de rock, jazz y otros ritmos). Como entonces el uso de las baterías no se había generalizado tuve algunas dudas. Pensé en las tradiciones de mis padres y otros antepasados. Consideré también las antiguas costumbres de algunos diáconos y ancianos de la congregación que antaño habían llegado desde distintas regiones de España, Polonia y Holanda. Y contemplé, además, lo que dirían otras iglesias y otros líderes. Durante unos días tuve la intención de contestar «no». Hubo una época en que el órgano, el piano y el armonio a pedal eran los únicos instrumentos musicales aceptados en los cultos. Me acordaba de los muchos hermanos mayores que se habían escandalizado por el uso de guitarras en las reuniones. Sin embargo, leyendo el salmo 150 y otros pasajes vi que la Bibliaapoyaba el uso de toda clase de instrumentos en la alabanza. Entonces dije que «sí»

La historia no terminó allí. Pocas semanas después un anciano de la congregación enfermó gravemente. Me llamó a su lecho de muerte y me dijo: «Mi última voluntad es que en la iglesia deje de usarse la batería. Que tal instrumento nunca vuelva a oírse en los cultos». Por supuesto, no era el momento de iniciar una discusión. Leímos unas porciones de la Biblia, como el salmo 23 y otros pasajes de inspiración, y oramos. Pocas horas después, este querido anciano partió a la eternidad. ¡Pero varios hermanos se habían enterado de su última voluntad! ¿Qué hacer? Se planteaba un conflicto entre la voluntad del anciano, la de los jóvenes y, por encima de todo, la de Dios. Como líder debía tomar una decisión en consulta con mi equipo, o tendría que llevar el asunto a la asamblea general de los creyentes miembros de la iglesia para que ellos resolvieran el problema después de un debate que podría causar dolorosos enfrentamientos. Oramos mucho y pensamos: «Un día estaremos en el cielo con este amado anciano, y allí conversaremos sobre el tema. Mientras tanto, por ahora vamos a seguir usando la batería en los cultos y veremos qué pasa». Nadie se opuso, y la iglesia fue grandemente bendecida. Muchos jóvenes fueron ganados para Cristo. Aquella batería se siguió usando con inteligencia, sin caer en el vicio del ruido ensordecedor. Hemos aprendido que Dios quiere que los líderes se atrevan a tomar decisiones difíciles, confiando en Él. «Jehová dijo a Moisés: ¿Por que clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen» (Ex. 14:15).

Novena lección: El líder no debe tener un ministerio selectivo para agradar y satisfacer

En un hermoso país, que aquí prefiero no identificar, fui invitado a predicar en varias campañas de evangelización durante un mes en distintas ciudades, como lo hacía de vez en cuando en otros lugares. En una de las cruzadas me acompañó todos los días un buen cantante cristiano. La noche de apertura, mientras él cantaba su primera canción, algunos muchachos se burlaron a gritos, le silbaron y le arrojaron colillas de cigarrillos y cáscaras o pieles de frutas. Después todo prosiguió normalmente. El programa de la comisión organizadora indicaba que en el momento de la invitación el cantante debía entonar el himno «Tal como soy» u otro similar. El pianista tocó el preludio dos o tres veces, pero el cantante se negó a cantar. Fue un momento difícil, aunque ello no impidió que hubiera decisiones. Al terminar la reunión conversé con él. Me dijo literalmente: «No quiero cantar para un público inculto». Le contesté: «Tú no debes cantar para el público. Tú tienes que cantar para Dios. Además, entre ese público, como tú lo llamas, hay centenares de personas que necesitan entregarse a Cristo. Invítalas con tu canto a aceptar al Señor. No eres un artista que busca los aplausos de la gente. Eres un líder que conduce a las almas a los pies del Salvador». Pero mi exhortación fue inútil. Aquel cantante, joven aún, quería tener un ministerio selectivo, destinado a los que él deseaba halagar y satisfacer, que supieran apreciar su arte, su calidad interpretativa, y no a aquellos que él consideraba «público inculto». Esto ocurrió hace mucho tiempo, pero entonces me hice una pregunta que sigo repitiendo: ¿No hay líderes de todo tipo, no sólo cantantes, que por su propia decisión se limitan a ministerios selectivos, buscando agradar a determinado tipo de personas al margen de las verdaderas necesidades de la gente sin Cristo y del pueblo de Dios? ¿no se parecen a los falsos profetas?… Durante la «reunión cumbre» de los reyes Acab, de Israel, y Josafat, de Judá, unos cuatrocientos profetas falsos se complacían en halagar a los distinguidos soberanos y sus acompañantes. Se trataba de un público selecto. Había que decir y hacer cosas agradables. El líder del grupo, Sedequías, hijo de Quenaana, aseguraba que Jehová le había revelado que Acab y Josafat se apoderarían de la ciudad de Ramot de Galaad, que estaba bajo el control de Siria. Eso era lo que los reyes querían oír. Sin embargo, perdieron la guerra (1 Re 22 y 2 Cr. 18).

Décima lección: El líder no debe sacar ventaja propia de sus relaciones con políticos

En América Latina la inestabilidad política no es extraña. En su historia se notan con cierta frecuencia los cambios de gobierno por golpes de estado o movimientos revolucionarios. La actividad de las guerrillas ya no sorprende a nadie. El problema para un líder cristiano es el riesgo de equivocar su estrategia. He predicado en casi todos los países de América Latina, con toda clase de gobiernos. Años atrás, al terminar un programa de televisión en un país que no era el mío, recibí la llamada de un dictador latinoamericano. Me llamó directamente a la estación, un minuto después de haber finalizado mi plática, y me dijo: «Preséntese mañana a las 10 a.m. en el Palacio de Gobierno. Identifíquese ante la guardia, y ellos lo llevarán a mi despacho. Quiero que conversemos personalmente». Como es lógico me presenté a la hora señalada y fui inmediatamente recibido por el Jefe de Estado. Se interesó en mi nacionalidad y origen étnico. Luego me preguntó: «¿Cree usted realmente en lo que dijo ayer por televisión?» Su inquietud era auténtica. Más adelante me dijo: «Comprenda usted que yo no puedo hacerme protestante. Tengo compromisos». Hablamos durante unos quince minutos. Me dijo que a lo largo de su gobierno había sido visitado por religiosos de distintas iglesias: «Me regalan Biblias, rezan y se van. Creo que algunos, no todos, utilizan estas entrevistas para hacerse propaganda». Me pareció que el dictador podía estar equivocado. Los líderes deben ser prudentes. Al despedirnos confesó que le interesaría mantener una buena relación con Dios. Ese había sido el tema de nuestra conversación. El rey Agripa dijo a Pablo: «Por poco me persuades a ser cristiano» (Hch. 26:28). Pero antes Pablo le había dicho que él había sido enviado por Jesús a abrir los ojos de los gentiles «para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios» (v. 18). El apóstol no intentó utilizar la entrevista con el rey Agripa en beneficio propio. Es otra lección importante.

-Publicado en Apuntes Pastorales, Volumen XVII, número 2.

Fuente: http://samuelolibert.blogspot.com/2007_05_01_archive.html

Judas, el Iscariote

16 feb
EL LÍDER

Judas, el Iscariote

 
por Samuel O. Libert

Un día Judas, el Iscariote, comparecerá ante el Señor en el juicio del Gran Trono Blanco (Ap 20.11–12). Allí estará el Juez Supremo. Allí se dictará la sentencia final. Allí el Universo contemplará las consecuencias de ignorar o subestimar los privilegios ofrecidos por el Señor.

Un abogado para Judas Iscariote

Muchas veces me he preguntado qué habría dicho si me hubieran nombrado abogado defensor de Judas Iscariote. El abogado que asume esa función tiene que buscar atenuantes, tiene que hallar argumentos, tiene que presentar pruebas que favorezcan al acusado, aunque crea o sepa que su defendido es culpable. A través de la historia gran parte de la humanidad ha condenado a Judas Iscariote. Padres y madres, creyentes o ateos, jamás eligen para sus hijos el nombre de Judas Iscariote. Ese nombre está asociado a ideas de traición, a la ignominia, al oprobio, al deshonor. La palabra «Judas» se usa en los grupos políticos, o en la sociedad entera, para calificar a los desleales, los pérfidos, los infieles. Ni siquiera la existencia de otros personajes de la antigua historia cristiana, también llamados Judas (Judas, hermano del Señor; Judas Tadeo o Lebeo, hijo de Jacobo; Judas de Damasco; Judas Barsabás) ha despojado a ese nombre de su marco siniestro. Quizás muy pocos letrados hayan imaginado la posibilidad de defender a Judas Iscariote ante un tribunal humano. Hoy trataremos de hacer un juicio, no para declararlo inocente, sino para contemplarnos a nosotros mismos con la toga de los magistrados, de los fiscales, de los abogados, frente al protagonista de una gran tragedia.

Antecedentes

Recuerdo que años atrás, hallándome en los Estados Unidos, visité un museo de cera donde un artista plástico había reproducido en tamaño natural el encuentro de la última cena. Efectos luminosos y una suave brisa artificial daban al espectáculo una sensación de notable realismo. La obra de arte estaba en un escenario, y los visitantes la mirábamos en silencio desde nuestras butacas. Traté de identificar a Judas Iscariote. Todos los personajes eran jóvenes. Todos eran agradables. No había un solo rostro torvo. Ninguno tenía «cara de Judas». Entonces vino a mi memoria un diálogo contado en el evangelio de Mateo (26.21-22). «Y mientras comían (Jesús) dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿soy yo, Señor?». A su vez, Lucas (22.23) relataba, «ellos comenzaron a discutir entre sí quién de ellos sería el que había de hacer esto». La misma escena se describe en el Evangelio de Marcos (14.18–19). En otras palabras, en vísperas de la crucifixión, ninguno de los discípulos suponía que Judas Iscariote sería el traidor.

Según dice el Evangelio de Juan (13.21–30), cuando Jesús señaló claramente a Judas, le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo más pronto». El relato agrega: «Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta, o que diese algo a los pobres.» ¡Ellos no imaginaban que Judas Iscariote iba a ser el entregador!… ¡El Iscariote tenía cara de inocente! Hoy diríamos: «cara de buen cristiano». ¿Por qué? ¡Porque Judas Iscariote había estado junto a ellos, en estrecha amistad con ellos, todo el tiempo al lado de Jesús!

Sin embargo, alguien podría preguntarme: ¿No les había dicho Jesús: «uno de vosotros es diablo» (Jn 6.70–71)?… ¡Sí! La Biblia aclara que se trataba de Judas, pero en esa ocasión Jesús no lo identificó. Aguardó hasta el final. Otros tal vez digan: ¿Acaso los demás discípulos ignoraban que, como dice también el Evangelio de Juan (12.6), el Iscariote «era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella»? ¡Era verdad, pero ellos no lo sabían en ese momento! ¡Tampoco prestaron atención cuando Judas preguntó: «¿Soy yo, Maestro?» y Jesús le contestó: «¡Tú lo has dicho!» (Mt 26.25). Los evangelios se escribieron mucho tiempo después, cuando los pecados secretos del Iscariote ya habían sido descubiertos, ¡pero no debemos olvidar que, en la última cena, ninguno los conocía!

Además, sin que intentemos justificarlo, hasta entonces Judas había practicado un «robo hormiga», minúsculo, porque Jesús nunca nadó en dinero, ¡su bolsa no era abundante! Para pagar el impuesto del templo, el Señor tuvo que recurrir a una moneda que estaba en la boca de un pez (Mt 17.24–27). Pienso que Judas Iscariote no es un caso aislado de alguien que trata de obtener «pequeñas» ganancias deshonestas en su ministerio religioso (y me refiero a lo que él hacía antes de traicionar a Jesús). Al juzgarlo por eso, cada uno debe revisar su propia conciencia. Tengamos en cuenta que, hasta la última hora, Judas Iscariote tuvo una «buena imagen».

El acusado

¿Qué sabemos sobre Judas Iscariote?… Su historia es una historia sombría. Iscariote es Ish-Querioth, hombre del pueblo de Queriot, en el extremo sur de Judea. Entre los doce discípulos, era el único de ese lugar. Los demás eran galileos. Jesús invitó a Judas. Lo llamó a seguirlo… ¡Le dio una oportunidad! Y el Iscariote aceptó. ¿Por qué? Porque Judas era joven, entusiasta, lleno de vida, y estaba dispuesto a involucrarse en la aventura de seguir a un rabino igualmente joven, caminando junto con él por los caminos polvorientos de Palestina. Jesús no le ofrecía comodidades. Jesús era un maestro que así como era popular, también era rechazado. Era pobre. Había declarado: «Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos, mas el Hijo del hombre no tiene donde recostar su cabeza» (Lc 9.58). ¿Qué atractivo podía ofrecer Jesús a aquel muchacho de una lejana región?… Judas debió sentirse fascinado por la personalidad de Jesús. El Iscariote era impulsivo. Quizás un fanático. Tal vez veía en Jesús al futuro Libertador de Israel, al hombre que desplazaría a Poncio Pilato, a Herodes y a todos los que ejercían el poder. Estaba dispuesto a compartir su destino, su lucha. Vio a Jesús como el revolucionario, el nuevo líder de una revuelta contra Roma, el que sacudiría las cadenas opresoras, el que los libraría del dominio del Imperio.

Por eso no vaciló en seguir a Jesús. Lo siguió veinticuatro horas por día, siete días por semana, cuatro semanas por mes, doce meses por año. Era difícil distinguirlo de los demás, como hoy pasa con los cristianos nominales. Estuvo en todos los sermones, en todos los estudios bíblicos, en todos los tiempos de oración, en todos los retiros espirituales, en todas las ceremonias religiosas. ¿Se parece en algo a nosotros?… Fue el único discípulo que ejerció un cargo, el de tesorero, porque gozaba de la confianza de los demás. Un día Jesús «llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos, y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos… y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban» (Mr 6.7–13). Iban de dos en dos. ¡Esto significa que Judas estaba entre ellos!… ¡Quiere decir que el Iscariote predicaba que los hombres se arrepintiesen, que él echaba fuera demonios, que él sanaba a los enfermos! Judas tenía la experiencia de la teoría y la práctica, de la doctrina y del ministerio. Cursó una carrera en el mejor Seminario Teológico de toda la historia. ¡Era el doctor Judas Iscariote! ¡Había estudiado! ¡Su profesor fue Jesús! ¡Nunca faltó a clase! ¡Podía haber sido el principal orador en un congreso espiritual! ¡Podía haber predicado en una cruzada unida! ¡Podía haber sido pastor de una gran iglesia! ¡Podía haber enseñado en un seminario! ¡Podía haber escrito un libro! Tengámoslo en cuenta.

¿Fue el Iscariote un hipócrita? No lo sé. Judas había dejado su pueblo, su hogar, sus amigos, su entorno familiar, sus bienes materiales, para seguir a Jesús todos los días, de sol a sol. ¿Quién de nosotros hace eso ahora? Los otros discípulos visitaban frecuentemente sus casas de Galilea, pero Queriot se hallaba lejos y no era fácil viajar hasta allí. Judas podía decir al Señor, igual que Pedro, «nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido» (Mt 10.28). Creo que Judas era un muchacho inmaduro, con algunas ambiciones personales, que no entendía la misión redentora del Hijo de Dios porque confiaba en sus propias vivencias. Tenía los mismos defectos de los demás discípulos, trabajaba a la par de ellos, pero su corazón y su cerebro no estaban gobernados por Jesús. Paradójicamente, Judas estaba al lado de Jesús y, sin embargo, se hallaba muy lejos de él.

¡Pensémoslo nosotros!

Cuando llegue el Día del Juicio habrá muchos religiosos que le dirán al Juez Supremo: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» Y el Señor les responderá: «Nunca os conocí.» (Mt 7.21–23)

La tentación

Judas había oído o había sido testigo de la manera cómo Jesús se libraba de todo tipo de ataques. En Nazaret intentaron despeñarlo (Lc 4.28–30); en Jerusalén pretendieron apedrearlo (Jn 8.59); otras veces conspiraron contra él, pero Jesús siempre salió ileso. Era evidente que Jesús tenía recursos sobrenaturales. Había resucitado a Lázaro… y a otros. En base a esos antecedentes, el Iscariote fue tentado por Satanás a planear un pecado que, en su propia opinión, no tendría mayores consecuencias. Pensó en buscar secretamente una recompensa para entregar a Jesús en manos de sus verdugos. Creyó que no había peligro, porque Jesús todas las veces se había librado de sus enemigos, y ahora lo haría una vez más. Treinta piezas de plata era una suma codiciable, fácil de ganar, sin riesgos, pues el Maestro tenía mucho poder y no podrían matarlo. Además, entregarlo a sus enemigos no era una cosa tan complicada. Toda la gente sabía dónde se hallaba Jesús, de modo que lo que Judas iba a hacer también lo podía hacer cualquier otro. Era público y notorio que Jesús solía estar en el huerto de Getsemaní. Judas estaba dispuesto a la traición, pero confiaba en la habilidad de su Maestro para salir del paso. En el aposento alto, Jesús había lavado los pies de Judas con sus propias manos. El Iscariote se había emocionado, pero la tentación era fuerte. Su corazón estaba dividido. Por cierto, Judas jamás imaginó las dimensiones de la terrible tragedia que su acción iba a desencadenar. En medio de la cena se retiró para cumplir su compromiso. Hay pecados que creemos intrascendentes, pero su fruto es fatal.

El máximo delito

«Vino Judas, uno de los doce… Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó.» (Mt 26.47-50) «Entonces Jesús le dijo: —Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?» (Lc 22.47-48) La traición se consumaba ante la mirada atónita de los demás discípulos. «Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar.» (Sal 41.9) Cuando los soldados y alguaciles se marchaban llevando a Jesús, su infiel discípulo Judas Iscariote acariciaba las treinta piezas de plata. Pensaba: «De un momento a otro el Maestro saldrá en libertad. No es un pecado tan grave. Con este dinero podré volver a Queriot y empezar de nuevo».

La defensa

Al llegar la mañana, el Iscariote descubrió que Jesús no había salido en libertad. Supo que Jesús «era condenado» (Mt 27.3). Lo iban a matar. Sintió el tremendo peso de la culpa, la desesperación ante lo irreparable. Se había equivocado. Su pecado era gravísimo. En un instante pasaron por su mente los recuerdos de todas las experiencias vividas junto al Maestro, de todas las enseñanzas recibidas de los labios del Hijo de Dios. Sufrió el dolor de su propia traición. Había traicionado a Jesús, había traicionado a sus compañeros, había manchado sus manos con el vil precio de su felonía.

La desesperación devoró a Judas. Corrió alocadamente por las calles de Jerusalén y fue al templo. Allí, dice la Biblia, «devolvió arrepentido las treinta piezas de plata.» (Mt 27.3) Este es el primer punto de la defensa. «Se arrepintió.» Su actitud impresionaba como un genuino arrepentimiento. ¿Acaso alguien ignora que el arrepentimiento, si es verdadero, es uno de los pasos para la salvación? En el caso de Judas Iscariote, podríamos decir que su particular «arrepentimiento» fue el profundo pesar que le atormentó el corazón. Tuvo un gran remordimiento, que lo impulsó a abandonar dramáticamente el rumbo de su traición.

Devolvió las treinta piezas de plata. He aquí el segundo punto de la defensa. Hizo restitución. ¿No es otro paso para la salvación? En el Evangelio de Lucas (19.8) leemos que cuando un hombre llamado Zaqueo creyó en Cristo, dijo: «Si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.» Judas Iscariote devolvió todo el dinero que había recibido. No guardó un solo centavo. No podemos acusarlo diciendo que retuvo todo o parte del precio de su traición. No quiso conservar consigo las huellas de su infidelidad.

También dijo: «Yo he pecado.» Estamos ante el tercer punto de la defensa. Confesó su pecado. ¿No es el confesar nuestro pecado un requisito para reconciliarnos con Dios? En la historia bíblica hay frecuentes casos de personajes que dicen: «He pecado», como Moisés, David y otros. Judas Iscariote reconoció su pecado y no se aferró al falso orgullo de los que pretenden justificarse con toda clase de excusas. Judas era en ese instante un joven abrumado por su tremenda maldad. No podemos acusarlo diciendo que no confesó su pecado. Lo hizo.

Además, testificó en cuanto a Jesús, declarando que había entregado «sangre inocente». Sus palabras fueron: «Yo he pecado entregando sangre inocente.» Tenemos el cuarto punto de la defensa. Mientras Pedro negaba su relación con el Hijo de Dios, Judas Iscariote afirmaba que el Maestro era inocente, ¡y lo declaraba frente a sus grandes enemigos! Así, en una hora crucial, se identificaba como discípulo de Jesús momentos antes de la crucifixión. ¿No es el hecho de testificar valientemente a favor de Jesús una actitud propia de los que creen en él?… Tampoco podríamos acusar a Judas Iscariote diciendo que no dio testimonio de la inocencia de Jesús.

La sentencia

«Salió, y fue y se ahorcó.» (Mt 27.5) Judas, el Iscariote, dictó su propia sentencia. Recordemos. Él estuvo más de tres años al lado de Jesús, predicó en Su nombre, echó demonios en Su nombre, sanó enfermos en Su nombre, lo traicionó, se arrepintió, devolvió totalmente el precio pactado por la traición, confesó su pecado, y fue el único discípulo que ese día declaró ante las autoridades que el Maestro era inocente. ¡Pero hoy está en el infierno!… ¿Por qué? ¡Porque no fue a Jesús! ¡Porque no se acercó a la cruz de Cristo con su confesión y con su arrepentimiento! ¡Porque quiso lavar su pecado con su propia sangre, en un suicidio cruento, antes que con la sangre inocente del Hijo de Dios, que fue derramada para limpiar nuestras culpas! Todos sus pasos fueron estériles. En vez de ir al Señor, fue al templo, a los líderes religiosos (Mt 27), para encontrar la cruel respuesta que tantas veces nos da este mundo: «¿Qué nos importa a nosotros?» Y se ahorcó.

Reflexión final

Aquel día hubo dos cuerpos en dos maderos. En uno estaba Judas, el Iscariote, derramando inútilmente su propia sangre, porque con ella no podía lavar sus propias culpas. En el otro se hallaba Jesús, cuya sangre limpia el pecado de todos los que lo aceptamos como Señor y Salvador. En uno estaba la evidencia del fracaso humano, la tristeza de la frustración, el dolor de haber errado el camino, la angustia de no haber hallado auxilio en la institución religiosa, la pena de no haber reconocido a tiempo la bondadosa mano que le tendió el Señor. En el otro estaba la más grande demostración del amor de Dios, llevando sobre sí mismo el castigo de nuestros pecados, ofreciendo su mano a todos los religiosos frustrados y desorientados, a todos los que tienen sed en el alma, a todos los que buscan nueva vida espiritual, a todos los que necesitan perdón y paz interior, y a todos los que desean Su compañía para cruzar un día el río de la muerte y llegar triunfantes al más allá celestial.

¿Podemos juzgar a Judas? ¿Es posible, que, como fiscales, levantemos contra él nuestro dedo acusador, sin ser conscientes de nuestras propias flaquezas?… Siento profunda compasión ante el drama del Iscariote. Sé que, según las Escrituras, él fue «el hijo de perdición» (Jn 17.12). Sé que «Satanás entró en él.» (Jn 13.27) Sé que fue impulsado por una fuerza demoníaca (Jn 13.2). Pero también sé que él quiso salir del lazo, a su manera, y no pudo. Su intento de lavar su honor fue desgraciado y fatal.

Un día Judas, el Iscariote, comparecerá ante el Señor en el juicio del Gran Trono Blanco (Ap 20.11–12). Allí estará el Juez Supremo. Allí se dictará la sentencia final. Allí el Universo contemplará las consecuencias de ignorar o subestimar los privilegios ofrecidos por el Señor.

Samuel O. Libert, de nacionalidad argentina, evangelista internacional, maestro de la Biblia y pastor por más de 50 años. Actualmente es pastor de una iglesia Bautista en Rosario, Argentina. Autor de varios libros y centenares de artículos y folletos.

Fuente: http://www.desarrollocristiano.com/site.asp?seccion=arti&articulo=87

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