LA FUENTE DE AGUA VIVA

2 feb

LA FUENTE DE AGUA VIVA

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Jer. 2:13
Porque dos males ha hecho Mi pueblo; me dejaron a Mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. Jn. 3:29-30
El que tiene la novia, es el novio… Es necesario que El crezca, pero que yo mengüe.
Jeremías 2:13 dice: “Porque dos males ha hecho Mi pueblo; me dejaron a Mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”. La intención de Dios en Su economía es ser la fuente, el origen, del agua viva que satisface a Sus escogidos y en la cual ellos pueden deleitarse. Tal satisfacción tiene como meta
producir la iglesia, la cual debe ser la expresión y la plenitud de Dios. Este es el anhelo del corazón de Dios, su beneplácito (Ef. 1:5, 9). Dicho pensamiento es desarrollado plenamente en el Nuevo Testamento, pero su semilla está sembrada en Jeremías 2:13.
La economía de Dios consiste en que Dios mismo se imparta como agua viva en el hombre a fin de producir la iglesia y esta sea su expresión. Este es el pensamiento que se desarrolla en los escritos de Juan. En Juan 1:1 y 14 vemos que el Verbo, que era Dios, se hizo carne, lleno de gracia y de verdad. El versículo 16 continúa: “Porque de Su plenitud
recibimos todos, y gracia sobre gracia”. En el capítulo cuatro de Juan, el Señor Jesús habló a la mujer samaritana acerca del agua viva (vs. 10, 14). En Juan 7:38, Él declaró: “El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”.
Apocalipsis 21 y 22 nos presentan una visión de la Nueva Jerusalén, la cual es una señal muy rica del aumento de Dios por medio del cual Él se expresa. Apocalipsis 22:1 y 2 nos muestra que el río de vida fluye en la Nueva Jerusalén y que en este río crece el árbol de la vida como el suministro de vida que sustenta y sostiene a toda la ciudad. Lo que se
expone en los escritos de Juan ciertamente es el desarrollo de la semilla sembrada en Jeremías 2:13.
Este pensamiento está confirmado en los escritos de Pablo. Por ejemplo, en 1 Corintios 12:13 dice: “Porque en un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un solo Cuerpo … y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”. Ser bautizado en el Espíritu significa entrar en el Espíritu y perderse en Él; beber del Espíritu es ingerir el Espíritu y
dejar que Él sature todo nuestro ser. En 1 Corintios 10:3 y 4, Pablo, usando la tipología del Antiguo Testamento, no sólo habla de beber sino también de comer: “Y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de
la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”. El alimento espiritual se refiere al maná (Éx. 16:14-18), que tipifica a Cristo como nuestro suministro diario de vida; la bebida espiritual se refiere al agua viva que brotó de la roca hendida (17:6), la cual tipifica al
Espíritu, que brotó del Cristo crucificado y resucitado para ser nuestra bebida, la cual suple todas nuestras necesidades. Bebemos de Dios como nuestra agua viva a fin de que se produzca la iglesia, la cual es el aumento de Dios; así pues, bebemos a fin de producir el
agrandamiento de Dios, Su plenitud, con miras a Su expresión.
Quiero recalcar que Dios tiene que ser fuente de agua viva para Sus elegidos debido a que Él formuló una economía, y dicha economía tiene como meta producir el complemento de Dios, Su novia. La economía de Dios tiene un propósito: que Dios ya no esté solo, sino que Él obtenga una esposa, la cual constituya Su aumento, Su agrandamiento y, por tanto, sea igual a Él, el Marido. Este es el significado que encierra la
palabra “crezca” en Juan 3:30. En este versículo, Juan el Bautista, al referirse a Cristo, declara: “Es necesario que El crezca”. En el versículo anterior, Juan había declarado: “El que tiene la novia, es el novio”. El crecimiento o aumento en el versículo 30, es la novia mencionada en el versículo 29. El Novio es Cristo, y la novia es Su aumento, Su
agrandamiento. Así como Eva era el aumento de Adán, al ser edificada con la costilla de Adán, también los elegidos de Dios como la novia son el aumento de Cristo, el Novio.

Gn. 2:9
Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto…
Jer. 17:7-8 Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que estará su follaje frondoso; y en el año de sequía no se inquietará, ni dejará de dar fruto. En el relato de Génesis 3, el diablo apareció en forma de serpiente, y sedujo a Adán y a Eva para inducirlos a comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Asimismo, en Jeremías se nos relata cómo la serpiente interviene a fin de distraer al pueblo de Dios para alejarlo del árbol de la vida y atraerlo hacia el árbol del conocimiento.
Jeremías 2:13 dice: “Porque dos males ha hecho Mi pueblo; me dejaron a Mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”. Esto nos muestra que Israel dejó el árbol de la vida y optó por el árbol del conocimiento, es decir, dejó la fuente de aguas vivas y prefirió a los ídolos (las cisternas). En resumen, podemos
ver los dos árboles en el libro de Jeremías; del capítulo dos al diez se nos presentan los dos árboles mencionados en Génesis 2. En estos capítulos de Jeremías, Dios parecía decir: “¡Gente insensata! ¿Por qué no vienen a Mí? ¿Por qué no me comen a Mí, el árbol de la vida? ¿Por qué acuden al otro árbol, a los ídolos?”.
Israel abandonó a Jehová, quien era su fuente de agua viva. Este fue el primer mal que cometió Israel. El segundo mal consistió en que Israel cavó para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.
Las palabras que leemos en Jeremías 2:13 acerca de las cisternas son,
obviamente, una ilustración que describe el esfuerzo de Israel por crear algo que sustituyera a Dios como la fuente de agua viva. Cavar cisternas en la roca es una labor muy dura. Además, la cisterna puede resquebrajarse. Una vez haya una grieta, el agua de la cisterna merma. Esto ejemplifica la labor e iniciativa humanas. Quizás laboremos con el
fin de conseguir algo para nosotros, y luego nuestra “cisterna” se resquebraja, de modo que perdemos todo lo que habíamos ganado.
Vemos otro aspecto de la economía de Dios en 17:7 y 8. Estos versículos indican que nosotros, los que creemos en Cristo, somos árboles plantados por Dios. Estos versículos indican también que Dios es comparado con el agua. Dios nos ha plantado junto
a Él, quien es el río. Dios no sólo es nuestra comida; Él es también nuestra bebida, el agua que acompaña la comida. Beber a Dios en calidad de agua también está relacionado con la impartición divina. Es así como nosotros, los seres humanos, crecemos en la vida de
Dios.
Jeremías 17:13 habla de Jehová como el manantial de aguas vivas. La intención de Dios en Su economía es ser la fuente, el origen, del agua viva en la cual Su pueblo elegido puede deleitarse. En su obstinación, Israel ofendió gravemente a Dios, abandonándole a Él, la fuente de agua viva (2:13). Dios desea ser el manantial de aguas vivas que sacia
nuestra sed y nos satisface. Según el capítulo diecisiete, si depositamos nuestra confianza en el Dios que nos nutre y refresca, le disfrutaremos como manantial de aguas vivas.
Todos estos elementos —el alimento, el agua, Dios mismo y el manantial de aguas vivas— conforman una sola entidad. Más aún, dichos elementos son componentes fundamentales del pensamiento divino respecto a cómo Dios lleva a cabo Su economía mediante la impartición. Al llevar a cabo Su economía impartiéndose en nosotros, Dios se convierte en nuestro alimento, nuestra bebida y nuestro manantial de aguas vivas. ¡Es maravilloso notar que en un pasaje de la Palabra relacionado con el castigo de Dios sobre Su pueblo pecador y perverso, veamos un panorama tan completo de cómo la economía
divina se lleva a cabo mediante la impartición de Dios en nosotros!

1 Co. 1:9
Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión de Su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Jer. 2:13
Porque dos males ha hecho Mi pueblo; me dejaron a Mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.

Gn. 2:17
Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

1 Jn. 5:21
Hijitos, guardaos de los ídolos.

En Jeremías 2:13, no sólo vemos un elemento positivo —la fuente de agua viva—, sino también un elemento negativo: el hecho de que los hijos de Israel dejaran esta fuente y cavaran para sí cisternas rotas que no retienen agua. Este aspecto negativo indica que Israel, al igual que Adán en Génesis 3, había caído. Adán cayó al dejar el árbol de la vida y acudir a otro árbol, a saber, el árbol del conocimiento del bien y del mal. Asimismo, Israel cayó al abandonar a Dios como fuente de agua viva y acudir a una fuente que no era Dios mismo. Esta fuente es representada por las cisternas que Israel cavó para sí.
Dios anhelaba profundamente que Israel bebiera de Él y llegara a convertirse en Su aumento, Su plenitud, a fin de expresarlo a Él. Israel debía haber bebido de Dios, quien era su fuente de agua viva, pero en lugar de beber, ellos cometieron dos maldades. La primera maldad consistió en abandonar a Dios; la segunda, en cavar cisternas para
reemplazar la única fuente. Esas cisternas, sin embargo, estaban rotas y no podían retener agua. Esto indica que aparte de Dios como fuente de agua viva, nada puede saciar nuestra sed ni satisfacernos; sólo la impartición de Dios como agua viva en nosotros podrá hacernos Su aumento, lo cual redundará en Su expresión.
Era la intención de Dios impartirse en el hombre y llegar a ser su satisfacción para que se produjera el aumento de Dios, pero el hombre se volvió infiel e impuro y dejó a Dios, cambiándolo por ídolos. El hombre comenzó a abandonar a Dios en el huerto del Edén. Eva, la esposa de Adán, no le fue fiel a Dios y, al dejarse seducir por la serpiente, se tornó de Dios a Satanás, el cual está simbolizado por el árbol del conocimiento del bien y del mal. Por medio de Eva, Adán también fue seducido y comió del fruto del árbol del conocimiento. De esta manera, el hombre abandonó a Dios y se volvió a los ídolos. Cada
rama del árbol del conocimiento es un ídolo. Todo lo que poseemos, e incluso todo lo que somos, puede ser un ídolo. Israel era maligno y le fue infiel a Dios, pues abandonó a Dios y se volvió a los ídolos. En cuanto a esta infidelidad para con Dios, nosotros somos como
Israel.
Debemos darnos cuenta de que Dios permite que nos sobrevengan dificultades debido a que Él es fiel en Su propósito al hacer que nos volvamos de los ídolos a Él.
Nuestra paz, seguridad, salud y posesiones materiales pueden convertirse en ídolos para nosotros, y Dios es fiel al eliminar estas cosas para que bebamos de Él como la fuente de agua viva. Si nuestra casa o nuestras posesiones se convierten en nuestros ídolos, beberemos de ellos y no de Dios. La fidelidad de Dios se manifiesta al despojarnos de nuestros ídolos y hacer que bebamos de Él.
Dios manifiesta Su fidelidad al conducirnos a ser partícipes de Su economía, y dicha economía consiste en que bebamos a Cristo, comamos a Cristo, disfrutemos a Cristo, absorbamos a Cristo y asimilemos a Cristo para que se produzca el aumento de Dios, y
así Su economía sea cumplida. En esto consiste la fidelidad de Dios.
En lugar de beber de Dios como fuente de agua viva, Israel bebió de sus ídolos. Por consiguiente, Dios usó a los babilonios para aniquilar estos ídolos y destruir también a Jerusalén e incluso al templo, el cual se había convertido en un ídolo para ellos. Debemos ver que no somos mejores que Israel. Cualquier cosa se puede convertir en uno de
nuestros ídolos, pero Dios manifiesta Su fidelidad al cumplir Su economía. En Su fidelidad, Él destruye nuestros ídolos para que bebamos de Él. Todos necesitamos beber de Dios, la
fuente de agua viva, recibiendo a Cristo en nosotros y asimilándole, a fin de que Él crezca en nosotros para el cumplimiento de Su economía, con miras a que Él obtenga Su expresión mediante Su complemento.

1 Jn. 1:1-2 Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (y la vida fue manifestada, y hemos visto y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó).

Fil. 1:21
Porque para mí el vivir es Cristo…
Debemos saber que el Señor esta restaurando muchas cosas en este tiempo, pero la principal restauración es que participemos adecuadamente de Él. Nuestro Dios no es únicamente el Dios de la creación y de la redención, estás son medios para llegar a su
meta, la cual es que en el universo el Señor nos levantó para ser su ayuda idónea y esto es sólo por medio de su vida en nosotros.
Ciertamente Él nos creó y nos redimió, pero ¿con qué objetivo? Para que cumplamos la meta inherente a la vida divina. Dios nos creó a Su imagen a fin de que lo expresemos conforme a Su imagen. Pero, ¿cómo podremos expresarlo si Él no es nuestra vida? Despojados de Su vida, ¡esto sería imposible! ¡Alabado sea el Señor porque aquel
Dios objetivo que estaba lejos de nosotros, ahora está dentro de nosotros! Él no solamente está en nosotros, sino que permanece en nosotros. Él permanece en nosotros todo el tiempo. Desde el día en que confesamos que éramos pecadores e invocamos el nombre
del Señor, Dios mismo entró en nosotros, y desde ese momento Él mora en nosotros para ser nuestra vida. Él habita en nosotros para ser nuestro vivir diario. Debemos vivir por Él. Esto es algo que se ha perdido en el cristianismo actual. Esto está en la Biblia, sin
embargo, no es parte de la experiencia cristiana. Por ello, el Señor está recobrando lo relacionado a la vida divina.
Lamento tener que decir que aún cuando el cristianismo actual cuenta con tantos creyentes genuinos en los cuales mora Cristo, en cierto sentido, la gran mayoría de ellos permanecen ajenos a la vida de Dios. Su Dios mora en ellos; no obstante, ellos no lo conocen. Ellos piensan que Dios está muy lejos de ellos, en los cielos, pues apenas lo
conocen como el Dios que efectuó la creación y la redención. Ellos jamás se han percatado de que ahora Dios es la vida que está en ellos. Por esta razón, hoy la restauración del Señor consiste primordialmente en recuperar todo lo relativo a la vida divina. Necesitamos darnos cuenta de que nuestro Dios no solamente es el Dios que
efectuó la creación y la redención, sino también el Dios de vida, Dios como vida. Él es nuestra vida. Poseemos Su esencia y naturaleza y poseemos, además, la ley de vida que opera en nuestro ser a medida que nosotros permanecemos en Él y le vivimos. ¡Alabamos
al Señor, pues ahora poseemos a Dios como vida, el Dios de vida!
Todos debemos orar: “Señor, abre nuestros ojos y ábrenos Tu Palabra viviente.
Revélanos que en la Biblia no hay asunto más crucial que el de la vida divina”. Entonces, el Señor nos concederá una visión celestial, la cual se convertirá en la visión por la cual seremos gobernados y nuestra vida natural será aniquilada. Todas las veces que vayamos
a expresarnos a nosotros mismos, esta visión resplandecerá en nuestro ser y hará que no podamos vivir por nuestra propia cuenta. Más bien, oraremos: “Oh Señor Jesús, Tú eres mi vida y mi suministro de vida. Tú eres mi alimento diario, Tú eres quien mora en mí y eres mi Persona. Yo no soy sino una habitación vacía que te ofrece su corazón para que
hagas Tu hogar en él”.
Si tomáramos a Cristo de esta manera, ¡seríamos excelentes cristianos! El Señor ha dedicado todos Sus esfuerzos a que nuestro disfrute de Su Persona como vida sea restaurado. Ciertamente damos gracias a Dios por haber efectuado tanto la creación como la redención, pero no ignoramos que hoy en día Dios es vida, y que este Dios de vida está
corporificado en Cristo. Hoy, este Cristo es nuestra vida, nuestro pan de vida, Aquel que mora en nosotros y nuestra persona. Por tanto, podemos decir con Pablo: “Porque para mí el vivir es Cristo” (Fil. 1:21).
Hoy, la economía de Dios no consiste en cierta forma de adorar o comportarse, sino en que vivamos por Cristo, vivamos con Cristo y vivamos en virtud de Cristo. Todos nosotros tenemos que vivir por Cristo y vivir con Él. En esto consiste la economía de Dios.
Esto refleja el beneplácito de Dios. Nada es más grato para Dios que Su Hijo se establezca en todo nuestro ser. Entonces, todo nuestro ser será lleno de Él, estará saturado de Él y será plenamente poseído por Él.

Jn. 4:14
Mas el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que Yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

1 Co. 12:13
Porque en un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un solo Cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

Ro. 8:11
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por Su Espíritu que mora en vosotros.
Dios quiere que lo tomemos como nuestra fuente y que bebamos de Él todos los días hasta que se convierta en el río del agua de vida que fluye en nuestro interior. Por haber caído, el hombre carecía de toda esperanza, se había corrompido al máximo, estaba desahuciado y no podía cambiar. Pero Cristo ha venido para ser nuestra justicia y nuestra
vida. En lo concerniente a nuestra posición externa, Él es nuestra justicia y, como tal, nos justifica delante de Dios. En lo concerniente a nuestra condición interna, Él es la vida divina que nos llena, nos hace uno con Dios, e incluso, hace que Dios llegue a ser nuestra constitución intrínseca, a fin de que podamos vivir a Dios. Entonces seremos una entidad corporativa, el Cuerpo de Cristo. Éste es el meollo del libro de Jeremías.
Dios anhela que lo tomemos como fuente de agua viva en nuestra vida diaria. Esto significa que Él desea que nosotros le disfrutemos como el origen, la fuente, de nuestro ser. La única manera de tomar a Dios como nuestra fuente de agua viva es bebiéndole día a día. Al beber, ingerimos el agua viva que procede de Dios, la fuente.

Juan 4 nos muestra la importancia respecto a beber de Dios como la fuente. El Señor Jesús dijo a la mujer samaritana que fue a sacar agua del pozo y a la cual Él le pidió agua: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le habrías pedido y Él te habría dado agua viva” (v. 10) … Las palabras del Señor [en el
versículo 14] indican que lo que bebemos, llega a ser uno con nosotros. Cuando bebemos de Dios como fuente de agua viva, Él se hace uno con nosotros, y nosotros nos hacemos uno con Él. Cuanto más bebemos de Dios, más Él es uno con nosotros y más nosotros
somos uno con Él y llegamos a estar constituidos de Él en Su vida y naturaleza.
A los ojos de Dios, no hay maldad mayor que abandonarle a Él, el origen, la fuente de agua viva e ir a otra fuente. Toda otra fuente es un ídolo. En [Jeremías 2:13] los ídolos son comparados a cisternas rotas que no pueden retener agua. Hoy en día las personas
se afanan por cavar para ellos mismos toda clase de cisternas. En realidad, tales cisternas son ídolos. Al considerar esta situación, debemos darnos cuenta de que Dios anhela que lo tomemos como la fuente, el origen, de nuestra vida y de nuestro ser.
Al creer en Cristo recibimos la vida eterna, la vida divina. Esta vida divina es la centralidad y la universalidad de nuestra vida cristiana. Esta vida es el propio Cristo, y Cristo es Dios mismo. Puesto que Dios está en nosotros como vida, podemos conocerle, ganarle y vivirle, y Él puede llegar a ser nuestra constitución intrínseca. Más aún, al
impartirse en nosotros como vida, Dios cumple Su economía, con miras a obtener una expresión corporativa de Sí mismo por la eternidad.
Hoy conocemos a Cristo como nuestra vida (Col. 3:4). Él es la vida divina, la vida eterna, la vida increada, la vida todo incluyente. Debido a que conocemos la vida divina, estamos en posición de experimentar el impartir divino, es decir, la impartición de la Persona misma de Dios a fin de que lleguemos a ser Su aumento, Su agrandamiento, con
miras a Su expresión. En esto consiste la intención de Dios, la meta de Dios, el propósito de Dios y la economía de Dios, que incluye Su preciosa impartición.
El Dios Triuno ha sido procesado y consumado a fin de impartirse en nuestro ser. Ahora, por medio de esta impartición, somos aptos para conocer a Dios y ser Su pueblo.

Fuente:

http://www.mcduruguay.org/palabra/03%20La%20fuente%20de%20agua%20viva.pdf

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3 comentarios to “LA FUENTE DE AGUA VIVA”

  1. aldana 16 febrero 2009 at 7:01 PM #

    hola soi aldi ii esta re cool ii rw bueno los amoo

  2. Melanie Lucia 21 febrero 2009 at 6:55 PM #

    Somos una familia Cristiana de T y tres el libro esta muy bueno por que es para alimentar el alma

  3. Melanie Lucia 21 febrero 2009 at 6:59 PM #

    Hola soy una niña Cristiana de T.y tres que dios los bendiga siempre yo he leido el libro y esta espectacular

Los comentarios están cerrados.

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