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Obama promete luchar contra calentamiento global

26 Enero 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

Lunes 26 de enero de 2009 16:10
Brusco giro

Obama promete luchar contra calentamiento global

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, presentó hoy -en otro brusco giro, respecto a la administración de su predecesor George W Bush- sus primeros planes en materia medioambiental y prometió que su país liderará la lucha mundial contra el calentamiento global.

   “No vamos a ser rehenes de recursos que se están agotando, recursos de gobiernos hostiles y de una Tierra ya golpeada”, dijo el demócrata y aseguró que durante su gobierno reducirá la dependencia del petróleo e impulsará el uso de energías de bajo consumo como medio para combatir el cambio climático.

   Para Obama, la dependencia de estos recursos y el cambio climático constituyen “amenazas urgentes para la seguridad nacional” estadounidense.

   Como en otros asuntos que se propuso afrontar, el presidente estadounidense precisó que no puede ofrecer “una solución rápida”, pero sí un acercamiento “constante, centrado y pragmático”, según reportó la agencia de noticias DPA.

   En el marco de estas políticas, que representan un giro radical a la política energética llevada a cabo por Washington durante los últimos ocho años bajo la administración Bush, Obama anunció que implementará nuevos estándares a partir de 2011 que permitirán la construcción de vehículos mas eficientes para reducir la dependencia del petróleo.

   Además, Obama aseguró que tomará las medidas necesarias para asegurarse de que los “coches energéticamente eficientes del mañana” se construyan en Estados Unidos.

   El demócrata dejó claro que encara la situación tras haber “heredado” una “crisis económica cada vez más profunda” y lanzó un dardo a su predecesor, que negó hasta casi el final de su mandato la existencia del cambio climático.

   “Mi administración no negará hechos, sino que se guiará por ellos”, dijo Obama y advirtió que el país tiene “los recursos para cambiar”, pero que el desafío requerirá “coraje y compromiso”.

   El plan prevé además la creación de “millones” de empleos relacionados con las nuevas energías y el acondicionamiento del 75 por ciento de los edificios gubernamentales y de dos millones de hogares a unos nuevos estándares energéticos.

   Otro pilar de su política será el trabajo en conjunto “con los estados” federales, en lugar de “contra” ellos.

   Así, anunció que revertirá otra decisión de la administración Bush para permitir a California y otra docena de estados establecer sus propios y más estrictos estándares para las emisiones de gases de efecto invernadero de los vehículos. (Télam)

Obama ajusta las políticas ambientales y promete luchar contra el calentamiento global

14:16Dispuso medidas para impulsar vehículos más ecológicos y disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, las oficinas públicas deberán ceñirse a normas energéticas más severas.
Fue una de sus promesas durante la campaña electoral y acaba de cumplirla. Barack Obama, el nuevo presidente de EE.UU., presentó sus primeros planes sobre políticas medioambientales de su país.

En otro claro paso por diferenciarse de su antecesor, George W. Bush, Obama prometió que Estados Unidos liderará la lucha mundial contra el calentamiento global.

Si bien precisó que no puede ofrecer “una solución rápida” a estos problemas, sí aseguró que buscará un acercamiento “constante, centrado y pragmático”.

Además, aclaró que hace frente a este asunto luego de “heredar una crisis económica cada vez más profunda” y lanzó un dardo a Bush que negó hasta casi el final de su mandato la existencia del cambio climático: “Mi administración no negará hechos. Se guiará por ellos”, dijo Obama.

“Le dejaremos claro al mundo que Estados Unidos está listo para liderar” la lucha contra el cambio climático, afirmó el mandatario que tiene por delante otra gran deuda pendiente por saldar: la firma del Protocolo de Kyoto.

Los anuncios de hoy estuvieron vinculados a dos ejes: autos más ecológicos y oficinas gubernamentales energéticamente más eficientes. ¿El objetivo? Disminuir la dependencia del petróleo extranjero en EE.UU.

En un discurso desde la Casa Blanca sobre la energía y la situación económica, el mandatario anunció que permitirá que los Estados impongan sus límites a las emisiones de gases de los vehículos -algo que había sido vetado por Bush- y anunció una serie de medias que obligarán a los fabricantes de autos a producir vehículos de consumo más eficiente a partir de 2011.

El presidente aseguró que para Estados Unidos “ningún asunto es tan fundamental como el de la energía”, y prometió trabajar hacia la independencia energética.

Obama afirmó que el país tiene “los recursos para cambiar”, pero que se requerirá “coraje y compromiso”. Según explicó, la nueva política energética comienza con el plan de unos 820.000 millones de dólares para reactivar la economía propuesto por su gobierno y que actualmente debate el Congreso.
Este plan prevé la creación de “millones” de empleos relacionados con las nuevas energías y el acondicionamiento del 75 por ciento de los edificios gubernamentales que deberán responder a normas energética más severas; y de dos millones de hogares a unos nuevos estándares ecológicos.
Clarin.com

Los dieciseis nietos de Noé

26 Enero 2009 pauloarieu 1 Comentario

Los dieciseis nietos de Noé

 

Por Harold Hunt, con Russell Grigg

Cuando Noé y su familia salieron del arca eran los únicos habitantes de la tierra. Era tarea de los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, y sus esposas, repoblar la tierra a través de los hijos que les nacieran después del diluvio. De los nietos de Noé, 16 son nombrados en Génesis capítulo 10.

Dios nos ha dejado amplia evidencia para confirmar que estos 16 nietos de Noé en verdad vivieron, que los nombres que da la Biblia eran sus nombres exactos, y que después de la dispersión de Babel (Génesis 11) sus descendientes se fueron por toda la tierra y establecieron las naciones del mundo antiguo.

Las primeras generaciones después del diluvio vivieron hasta edades muy avanzadas, con algunos hombres sobreviviendo a sus hijo, nietos y biznietos. Esto los colocó en un lugar especial. Los 16 nietos de Noé eran las cabezas de sus clanes familiares, que se convirtieron en grandes poblaciones en sus respectivas áreas. Varias cosas ocurrieron:

  1. Gentes en diversos lugares se llamaron a sí mismas por el nombre de su ancestro común.
  2. Llamaron su tierra, y a menudo su principal ciudad y río más grande, por el nombre de ese ancestro.
  3. Algunas veces, varias naciones cayeron en la adoración de los ancestros. Cuando esto pasaba era natural que el dios que adoraban recibiera el nombre del ancestro o que proclamaran a su longevo ancestro como su dios.

Todo esto significa que la evidencia ha sido preservada de forma que nunca se pueda perder, ni la ingenuidad del hombre pueda ser borrrada. Ahora la examinaremos.

Los siete hijos de Jafet

Génesis 10:1-2 dice:1 “Estas son las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a quienes nacieron hijos después del diluvio. 2Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec y Tiras. ”

El primer nieto de Noé que se menciona es Gomer. Ezequiel ubica los primeros descendientes de Gomer, junto con Togarma (un hijo de Gomer) en los confines del norte (Ezequiel 38:6). En la Turquía moderna hay un área que en tiempos del Nuevo Testamento era llamada Galacia. El historiador judío Flavio Josefo anotó que la gente que en sus días eran llamados Gálatas o Galos (aprox. 93 d. C.) fueron antes llamados Gomeritas.1

Ellos emigraron al occidente, hacia lo que ahora son Francia y España. Por muchos siglos Francia fue llamada Galia, a causa de los descendientes de Gomer. El noroeste de España se llama Galicia hasta hoy.

Algunos Gomeritas emigraron más lejos, hacia lo que ahora se llama Gales. El historiador galés, Davis, anota una creencia tradicional de Gales según la cual los descendientes de Gomer “arrivaron a la Isla de Bretaña desde Francia, aproximadamente trescientos años después del diluvio”.2 Asímismo anota que la lengua galesa también se llama Gomeraeg (tras su ancestro Gomer).

Otros miembros de ese clan se establecieron an el camino, incluyendo Armenia. Los hijos de Gomer fueron “Askenaz, Rifat y Togarma” (Génesis 10:3). La Enciclopedia Británica dice que los Armenios tradicionalmente se conocen como los descendientes de Togarma y Askenaz.3 La armenia Antigua llegaba hasta Turquía. El nombre Turquía probablemente viene de Togarma. Otros emigraron a Alemania. Askenaz es la palabra hebrea para Alemania.

El siguiente nieto que se menciona es Magog. De acuerdo a Ezequiel, Magog habitaba en las regiones del norte(Ezequiel 38:15, 39:2). Josefo registra que a aquellos que el llamaba Magotitas, los griegos los llamaban Escitas. Según la Enciclopedia Británica, el nombre antiguo para la región que ahora incluye parte de Rumania y Ucrania era Escitia.4

El siguiente nieto es Madai. Junto con el hijo de Sem, Elam, Madia es el ancestro de los modernos iraníes. Josefo dice que los descendientes de Madai eran llamdos Medos por los griegos. Cada vez que los Medos son mencionados en el Antiguo Testamento, la palabra hebrea usada es Madai (maday). Después de la época de Ciro, los Medos siempre (con una excepción) son mencionados junto con los Persas. Ellos se convirtieron en un reino con una sola ley – “la ley de Media y de Persia” (Daniel 6:8, 12, 15). Más tarde se les llamó simplemente Persas. Desde 1935 ellos han llamado a su país Irán. Los Medos también se “asentaron en la India“.5

El nombre del siguiente nieto, Javan, es la palabra hebrea para Grecia. Grecia aparece cinco veces en el Antiguo Testamento y es siempre la palabra hebrea Javan. Daniel se refiere al “rey de Grecia” (Daniel 8:21), literalmente “el rey de Javan”. Los hijos de Javán fueron Elisa, Tarsis, Quitim y Dodanim (Génesis 10:4), de los cuales todos tienen conexiones con los griegos. Los Eliseos (unos griegos antiguos) obviamente recibieron su nombre de Elisa. Tarsis o Tarso estaba ubicada en la región de Cicilia (la moderna Turquía).

La Enciclopedia Britanica dice que Quitim es el nombre bíblico para Chipre.6 Los griegos adoraron a Júpiter bajo el nombre de Júpiter Dodanus, posiblemente una referencia al cuarto hijo de Javan, con Júpiter como derivado de Jafet. Su oráculo estaba en Dodena.

El siguiente es Tubal. Ezequiel lo menciona junto con Gog y Mesec (Ezequiel 39:1). Tiglat- pileser I rey de Asiria en aproximadamente 1100 a.C., se refiere a los descendientes de Tubal como los Tabali. Josefo registró su nombre como Tobelitas, que fueron luego los Iberios. “Su tierra, en los días de Josefo, era llamada por los romanos Iberia, y cubría lo que es ahora (el antiguo estado soviético de) Georgia cuya capital lleva hasta hoy el nombre Tubal como Tbilisi. Desde aquí, habiendo cruzado las montañas del Cáucaso, esta gente emigró hacia el noroeste, dando su nombre tribal al río Tobol y, por lo tanto, a la famosa ciudad de Tobolsk”.7

Mesec, el nombre del siguiente nieto, es al antiguo nombre de Moscú. Moscú es tanto la capital de Rusia como la región que rodea la ciudad. Hasta hoy, una sección, la Tierra baja de Meseca, aún lleva el nombre de Mesec, virtualmente inmutable por los tiempos.

De acuerdo a Josefo, los descendientes del nieto Tiras eran llamados Tiresios. Los griegos les cambiaron el nombre a Tracios. Tracia alcanzaba desde Macedonia al sur hasta el río Danubio al norte hasta el mar Negro al este. Tomaba gran parte de lo que llegaría a ser Yugoslavia. La Enciclopedia Mundial dice, “La gente de Tracia eran salvajes Indoeuropeos, que amaban la guerrear y saquear.”8 Tiras fue adorado por sus descendientes como Turas o Tor, el dios del trueno.

Los cuatro hijos de Cam

En seguida llegamos a los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán (Génesis 10:6).

Los descendientes de Cam viven, principalmente, en el suroeste de Asia y África. La Biblia a menudo se refiere a África como la tierra de Cam (Salmos 105:23,27; 106:22). El nombre del nieto de Noé, Cus, es la palabra hebrea para Etiopía.Josefo referenciaba el nombre como Cuz y dice que los etiopes “son aún hoy, tanto por sí mismos como por todos los jombres en Asia, llamados Cusitas.”9

El siguiente nieto de Noé es Mizraim. Mizraim es la plabra hebrea para Egipto. El nombre Egipto aparece cientos de veces en el Antiguo Testamento y (con una excepción) es siempre una traducción de la palabra Mizraim. P.e. en el entierro de Jacob, viendo los cananeos el llanto de los egipcios, llamaron a ese lugar Abel-mizraim (Génesis 50:11).

Fut, el siguiente nieto de Noé, es el nombre hebreo para Libia. Así se traduce tres veces en el Antiguo Testamento. El antiguo río Fut estaba en Libia. En los días de Daniel el nombre había sido cambiado a Libia (Daniel 11:43). Josefo dice, “Fut fue también el fundador de Libia y llamó a sus habitantes futitas, de sí mismo”.

Canaán, el siguiente nieto, es el nombre hebreo para la región que más tarde los romanos llamarían Palestina, p.e. la moderna Israel y Jordania.

Aquí debemos mirar someramente a algunos descendentes de Cam (Génesis 10:14-18). Está Patrusim, de donde salieron los filisteos (dando luego el nombre a Palestina) y Sidón, el fundador de la antigua ciudad que lleva su nombre, y Het, el patriarca del imperio hitita. También, éste descendiente es listado en Génesis 10:15-18 como el ancestro de losjebuseos (Jebus era el antiguo nombre de Jerusalén – Jueces 19:10), los amorreos, los gergeseos, los heveos, los araceos, los sineos, los arvadeos, los zemareos y los hamateos que después se dispersaron en la tierra de Canaán.

El descendiente más prominente de Cam fue Nimrod, el fundador de Babel (Babilonia), así como Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar (Babilonia).

Los cinco hijos de Sem

Por último llegamos a los hijos de Sem: Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram (Génesis 10:22).

Elam es el antiguo nombre de Persia, que es también el antiguo nombre de Irán. Hasta el tiempo de Ciro la gente de allí era llamada Elamita, y a menudo se les llamaba así en los tiempos del Nuevo Testamento. En Hechos 2:9, los judíos de Persia presentes en Pentecostés fueron llamdos elamitas. Los Persas son, por lo tanto, descendientes de Elam, hijo de Sem, y de Madai, hijo de Jafet (ver arriba). Desde los treinta llaman su país Irán.

Es interersante notar que la palabra “Ario”, que tanto fascinó a Adolfo Hitler, es una forma de la palabra “Irán”. Hitler quería producir una “raza” aria pura de superhombres. ¡Pero el mismo término “Ario” significa una línea mezclada de Semitas y Jafetitas!

Asur es la palabra hebrea para Asiria. Asiria fue uno de los grandes imperios de la antigüedad. Todas las traducciones de Asiria en el Antiguo Testamento vienen de la palabra Asur. Él fue adorado por sus descendientes. “Sin duda, mientras duró Asiria, hasta el 612 a.C., los recuentos de batallas, los asuntos diplomáticos y los boletines foráneos eran leídos a su imagen; y cada rey asirio sostenía que él llevaba la corona sólo con el permiso expreso del espíritu deificado de Asur.”10

Arfaxad fue el progenitor de los Caldeos. Etso “es confirmado por las tablas hurianas (Nuzi), que registran el nombre como Arip-hurra -el gundador de Caldea.”11 Su descendiente, Heber, le dio su nombre al pueblo Hebreo vía la línea Heber-Peleg-Reu-Serug-Nacor-Taré-Abram (Génesis 11:16-26). El otro hijo de Heber, Joctán, tuvo 13 hijos (Génesis 10:26-30), de los cuales todos se asentaron en Arabia.12

Lud fue el ancestro de los Lidios. Lidia se encontraba en lo que es ahora Turquía Occidental. Su capital era Sardis -una de las siete iglesias de Asia estaba en Sardis (Apocalipsis 3:1).

Aram es la palabra hebrea para Siria. Siempre que la palabra Siria aparece en el Antiguo Testamento se traduce de Aram. Los Sirios se llamaban a sí mismos Arameos, y su lengua es llamada Arameo. Antes de la expansión del imperio griego, el arameo era la lengua internacional (2 Reyes 18:26). En la cruz, cuando Jesús clamó, “Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?” (Marcos 15:34),13 Él estaba hablando arameo, la lengua de la gente común.

Conclusión 

Sólo hemos dado una mirada somera a los dieciseis nietos de Noé, 14 pero suficiente ha sido dicho para mostrar que en realidad vivieron y que fueron quienes la Biblia dice que fueron, y que sus descendientes son identificables en las páginas de la historia. No sólo la Biblia no es una colección de mitos y leyendas, sino que se mantiene sola como la llave para las tempranas etapas de la historia del mundo.

Referencias

 

1 Josefo: Obras Completas. “Antiguedades de los judíos”. 1:6:1.

2 J. Davis, Historia de los Bautistas galeses desde el año sesenta y tres hasta el año mil setescientos setenta, D.M. Hogan, Pittsburgh, 1835, reimpresión por The Baptist, Arbedeen, Mississippi, p. 1, 1976.

3 Enciclopedia Británica, Vol 2, p. 422, 1967.

4 Enciclopedia Británica, Vol 20, p. 116, 1967.

5 A.C. Custnace, Los Tres hijos de Noé, Vol. 1, `The Doorway Papers´Zondervan, Michigan, p. 92, 1975.

6 Enciclopedia Británica, Vol 3, p. 332, 1992.

7 Bill Cooper, Después del Diluvio, New Wine Press, Chichester, England, p. 203, 1995.

8 World Book Encyclopedia, Vol. 18, p. 207, 1968.

9 Ref. 1, 1:6:2.

10 Ref. 7, p.170.

11 Ref. 7, p. 172.

12 Ref. 5, p. 117.

13 Mateo 27:46 y Marcos 15:34 citan la forma aramea del Salmo 22:1, pero Mateo reconvirtió Eloi al hebreo Eli.

14 Por ejemplo, no hacemos referencia al origen de los chinos. Para evidencia sobre esta materia vea “The original, `unknown´ God of China”, Creation 20 (3): 50-54, 1998.

HAROLD HUNT

Ha pastoreado iglesias en Tenessee, Georgia y Mississippi por 40 años. Actualmente está escribiendo un comentario verso por verso de las epístolas de Pablo.

http://www.answersingenesis.org/espanol/docs/nietos.asp

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Mitología de Mesopotamia

26 Enero 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

Mitología de Mesopotamia

La mitología mesopotámica, es el nombre colectivo dado a las mitologías sumeriaasiria y babilónica.

Los sumerios practicaron una religión politeísta, con dioses antropomórficos que representaban fuerzas o presencias en el mundo, tal y como lo haría más adelante la civilización griega. En sus creencias establecen que los dioses originalmente crearon a los seres humanos para que estos les fungieran como sus sirvientes, pero los liberaron cuando estos fueron demasiados.

Muchas historias en la religión sumeria aparecen homólogas a las historias en otras religiones del Medio Oriente. Por ejemplo, el relato bíblico de la creación del hombre, así como la narrativa de la inundación universal y el arca de Noé se asemeja mucho a las historias sumerias. Los dioses sumerios tienen representaciones distintamente similares en religiones acadiascananitas y de otras culturas. Algunas de las historias y deidades también tienen sus paralelos griegos; por ejemplo, el descenso de Inanna en el inframundo se asemeja a la historia de Perséfone.

Cosmogonía 

  

Cosmología sumeria.

El universo apareció por primera vez cuando Nammu, un abismo sin forma, se abrió a sí mismo y en un acto de auto-procreación dio nacimiento a An (dios del cielo), y a Ki (diosa de la Tierra), referidos comúnmente como Ninhursag.

La unión de An y Ki produjo a Enlil, el señor del viento, quien eventualmente se convirtió en el líder de los dioses. Después del destierro de Enlil de Dilmun (el hogar de los dioses) debido a la violación de Ninliltenían un niño, Sin (dios de la Luna), también conocido como Nannar.

Sin y Ningal dieron a luz a Inanna (diosa del amor y de la guerra) y a Utu o Shamash (dios del Sol). Durante el destierro de Enlil, él engendró tres deidades del inframundo junto con Ninlil, el más notable de ellos fue Nergal.

Nammu también dio a luz a Enki o Abzu, dios del abismo acuático. Enki también controló el Me, los decretos sagrados que gobernaron las cosas básicas tales como la física y las cosas complejas tales como el orden y leyes sociales. Esto considera el origen de la mayoría del mundo.

Divinidades sumerias y semitas 

Dentro de la mitología mesopotámica puede hacerse una división entre las divinidades sumerias y las semitas. Primero existieron los dioses sumerios que más tarde fueron adaptados por los acadios, babilonios, asirios, arameos y caldeos (todos ellos pueblos semitas).

La tríada sumeria la formaban An, Enlil y Enki, que eran dioses y la tríada semita estaba compuesta por los dioses Sin, Ishtar y Shamash, los equivalentes a la Luna, Venus y el Sol. Existían además otros dioses menos tradicionales que representaban la fertilidad y la diosa madre.

En el lenguaje sumerio, Nin significa ‘señora’ y En significa ‘señor’. Por otra parte, ki es ‘tierra’ y lil es ‘aire’. De ahí resulta sencillo saber quién era el señor de la tierra (o dios de la tierra Enki), el señor del aire (o dios del aire Enlil), la señora del aire (o diosa del aire Ninlil), etc.

Mitos sumerios 

Los mitos sumerios son explicaciones sencillas y de fácil comprensión destinadas a la gente sin mucho conocimiento acerca de la antiguaSumeria, y están narrados en textos acadios como el Enuma Elish y el Atrahasis. Tratan cuestiones teológicas, políticas o filosóficas y reflejan aspiraciones e ilusiones expresadas en forma de novelas y poemas.

La característica general de los mitos es la de situar el personaje, generalmente un hombre, en su entorno normal pero sometido a las fuerzas de la naturaleza, la política o la economía. Estas fuerzas pesan sobre su destino, que está marcado por los dioses. Del mito se saca una reflexión, un consejo.

Estos mitos pueden considerarse como parábolas y se dividen en varios temas:

  • Acerca de los orígenes: de la tierra, de las cosas.
  • Acerca de la organización: fundación de ciudades, orden en el mundo, grupos sociales.
  • Acerca del contacto de los dioses con los hombres: Ejemplo, los Siete Malvados y los Siete Sabios.
  • El héroe. Aparecen epopeyas, de género épico. El héroe obtiene experiencia y conocimientos a partir de sus viajes.
  • El más allá. (ej. mito de Inanna o descenso a los infiernos)
  • Acerca de la vida de los dioses.

Dioses, demonios, héroes y otros personajes mitológicos 

  • Adapa: Primer Rey
  • Anat: diosa de la fertilidad y la guerra
  • Anshar: padre del cielo
  • Anu: el dios del cielo más elevado
  • Antu: diosa creadora
  • Apsu: el gobernante de los dioses y de los oceános subterráneos
  • Ashur: dios nacional de los asirios
  • Atrahasis: Protagonista del poema épico del mismo nombre**
  • Baal: deidad superior a todas las demas y principal dios de los Caldeo-Asirios
  • Damkina: diosa de la madre tierra
  • Ea: dios de la sabiduría
  • Emes: dios de la vegetación
  • Enbilulu: dios a cargo del Eufrates y el Tigris
  • Enmesarraa: dios de la leyes
  • Endursaga: dios heráldico sumerio
  • Enkimdu: dios de los rios y canales
  • Enlil: dios del clima y las tormentas
  • Enten: dios agricultor
  • Enurta: dios de la guerra
  • Ereshkigal: diosa del inframundo
  • Erra: dios de la guerra, disturbios y revueltas
  • Gilgamesh: héroe de la gran epopeya de Gilgamesh posterior al diluvio
  • Geshtu-E: dios menor de la inteligencia
  • Gugalanna: consorte de Ereshkigal
  • Gula: diosa de la sanación
  • Hadad: dios del clima
  • Huwawa: guardián del bosque de cedros de los corazones
  • Inanna: diosa del amor y la guerra, protectora de Uruk
  • Ishtar: diosa del amor
  • Isimud: dios mensajero
  • Iskur: dios de las tormentas y las lluvias
  • Kabta: dios responsables de los picos, palas y moldes de ladrillos
  • Kingu: marido de Tiamat
  • Kishar: padre de la tierra
  • Lahar: diosa del ganado
  • Marduk: dios nacional de los babilonios
  • Mummu: dios de las neblinas
  • Mushdamma: dios puesto a cargo de los edificios y las casas
  • Mušhuššu: animal mitológico
  • Nabu: dios de las artes de escribir
  • Namtar: dios sirviente en el inframundo
  • Nanna: diosa de la luna
  • Nanse: diosa de la justicia
  • Nergal: dios del inframundo
  • Nidaba: diosa de la fertilidad y la escritura
  • Ninazu: dios secundario del inframundo
  • Ningal: diosa de las cañas
  • Ningikuga: diosa de la cañas
  • Ninhursag: diosa de la madre tierra
  • Ninkasi: diosa de la elaboración de alcohol
  • Ninkurra: diosa madre menor
  • Ninlil: diosa del aire
  • Ninmah: diosa creadora
  • Ninsar: diosa de las plantas
  • Ninsikil: diosa patrona del paraíso mítico de Dilmun
  • Ninsubur: diosa o dios mensajero
  • Ninsuna: diosa de las vacas
  • Nintu: deidad madre
  • Ninurta: dios de Nippur
  • Nunbarsegunu: diosa madre
  • Nusku: dios de la luz y el fuego
  • Oannes: Personaje mitad hombre mitad pez
  • Pasittu: demonio que arrebata bebes
  • Shamash: dios del sol y de la justicia
  • Sin: dios luna
  • Tasmetu: diosa consorte de Nabu
  • Tiamat: diosa dragón
  • Tishpak: dios de Eshnunna
  • Uras: diosa ctónica (véase ctónico)
  • Utnapishtim: protagonista del diluvio
  • Utu: dios del sol
  • Uttu: diosa de los tejidos y la ropa
  • Utukki: Demonios del inframundo
  • Zarpanitu: diosa del nacimiento
  • Ziusudra: protagonista del diluvio

Fuentes 

  • La versión original de este artículo fue traducida del mismo artículo de la Wikipedia inglesa.
  • Parte de este texto proviene de la enciclopedia libre [1]
  • Las escrituras más antiguas conocidas de la cosmología sumeria provienen del Enheduanna.

Véase también 

Enlaces externos 

Arca de Noé

26 Enero 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

Arca de Noé

 

Pintura del estadounidense Edward Hicks (1780-1849), que muestra a los animales embarcando de dos en dos

Según el Antiguo Testamento, el Arca de Noé fue una enorme embarcación construida por orden de Yahvé para la salvación de Noé, su familia y ciertos grupos de animales para preservarlos del diluvio universal y luego repoblar la Tierra con ellos.

El relato bíblico 

Véase también: Diluvio universal

La historia del Arca de Noé, según los capítulos 3 al 6 del libro del Génesis, comienza como sigue:

Ángeles del séquito de Yahvéh Elohim observan que las hijas de los hombres se están multiplicando sobre la faz de la Tierra y comienzan a sentir atracción por ellas, así bajan del Cielo, las seducen y tienen relaciones con ellas, fruto de las cuales nacen seres extraordinariamente grandes conocidos como los Nefilim (que en idioma hebreo significa «los caídos», obviamente llamados así en alusión a sus padres), Yahweh se entera de esto, se enoja y expulsa a los angeles “que no guardaron su condición original” de su morada, pero además de esto planea destruir a los nefilim, pues éstos habían corrompido a la raza humana, y por su culpa “la Tierra estaba llena de violencia”. Así que Elohim exclama: “No habitarán mis espíritus con los hombres para siempre, pues èstos también son carne (o por el contexto “se volvieron carne”). Así, la vida de éstos tendrá que ser 120 años”

Sin embargo, encontró a un buen hombre que halló gracia ante sus ojos, Noé. «Un hombre justo y cabal entre la gente de su tiempo», y decidió que a él le correspondería mantener el linaje de los hombres. Yahweh dijo a Noé que construyera un arca, y que llevara con él a su esposa, a sus hijos SemCam y Jafet, y a las esposas de éstos. Adicionalmente, tenía que llevar de todos los animales: de los puros debía tomar siete parejas y de los impuros una sola pareja (un macho y una hembra), y para suministrarles alimentos, le dijo que tomara y almacenara la comida necesaria.1

Cuando Noé completó el arca, entraron él, su familia y todos los animales. «Aquel día fueron rotas todas las fuentes, y las cataratas del cielo se abrieron, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches». El diluvio cubrió hasta las montañas más altas. y todas las criaturas de la Tierra murieron; sólo Noé y los que estaban con él en el arca sobrevivieron.2

Finalmente, después de muchos días, el arca se asentó en el monte Ararat, y las aguas retrocedieron por algunos días hasta que emergieron las cimas de las montañas. Entonces Noé envió a un cuervo que «salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra». Luego Noé envió una paloma, que regresó porque no tuvo donde posarse. Noé envió de nuevo a la paloma y regresó con una hoja de olivo en su pico, y entonces supo que las aguas se habían retirado. Noé esperó siete días más y envió a la paloma una vez más, y esta vez el ave no regresó. Pero tuvo que esperar unos días mas, entonces él y su familia y los animales salieron del Arca, y Noé ofreció un sacrificio a Yahweh, y este decidió que nunca volvería a maldecir a la Tierra debido al hombre, y que no volvería a destruir toda la vida en ella.3

Para recordar esta promesa, Yahweh puso un arcoiris en las nubes y dijo, “Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, de todo tipo sobre la Tierra”.4

Descripción  

La Biblia dice que era un arca de madera resinosa con compartimentos, calafateada por dentro y por fuera. Los planos dados a Noé para la construcción del arca tenía dimensiones bastante moderadas: 135 m de largo, por 22,5 m de ancho y 13,5 m de alto, que podrían resultar suficientes para la fauna conocida en la época pero que no bastarían para albergar a toda la auténtica biodiversidad del planeta. Detallando escrupulosamente que hiciera un tragaluz a medio metro del remate, una puerta al costado y tres cubiertas superpuestas.

Las medidas del arca figuran en el capítulo 6, versículo 15, del libro del Génesis: 300 codos de eslora, cincuenta codos de manga y treinta codos de puntal. Respetando las medidas mencionadas más arriba da el equivalente a un buque de carga de 14.450 toneladas de arqueobruto, unos 41 mil metros cúbicos de espacio interior. Las tres cubiertas suministrarían una superficie total de 9.100 m². Casi todo el espacio disponible sería para la carga útil, pues era simplemente una caja destinada a flotar al garete y no debían llevar más que el alimento y el agua necesarios. Las proporciones coinciden sorprendentemente con la arquitectura naval moderna: 1 : 1/6 : 1/10. Esta caja sería involcable en cualquier condición de mar imaginable.

La historia del Arca según la hipótesis documentales  

De acuerdo a una escuela de críticas de textos modernos — la hipótesis documentales— la historia del Arca contada en el Génesis está basada en dos fuentes originalmente casi-independientes, y no alcanzó su forma presente hasta el siglo V antes de nuestra era. Estas hipótesis sostienen que el proceso de composición en el transcurso de muchos siglos ayuda a explicar la aparente confusión y repetición en el texto. Sin embargo, muchos judíos ortodoxos y cristianos tradicionales rechazan este análisis, y afirman que la historia del Arca es cierta, que tiene un solo autor (Noé), y que las faltas percibidas pueden explicarse racionalmente.5

La historia del Arca contada en el Génesis tiene paralelos en el mito sumerio de Utnapishtim, que cuenta cómo un antiguo rey fue advertido por su dios personal de que construyera una embarcación en la que escaparía de un diluvio enviado por el consejo superior de los dioses.

Se han hallado paralelismos menos exactos en otras culturas alrededor del mundo. La historia del Arca ha sido objeto de amplias elaboraciones en las variadas religiones abrahámicas, que mezclan soluciones teóricas a problemas prácticos (por ejemplo, cómo Noé se habría deshecho de los excrementos de los animales) con interpretaciones alegóricas (por ejemplo, el Arca sería un precursor de la iglesia cristiana, que ofrece salvación a la humanidad).

A comienzos del siglo XVIII, el crecimiento de la biogeografía como una ciencia significó que pocos historiadores naturales sintieran que podían justificar una interpretación literal de la historia del Arca. No obstante, algunos fundamentalistas bíblicos continúan explorando la región delmonte Ararat (en el noreste de Turquía), donde la Biblia dice literalmente que se asentó el Arca de Noé.

Notas  

  1.  Génesis 6 (Reina-Valera 1960)
  2.  Génesis 7 (Reina-Valera 1960)
  3.  Génesis 8 (Reina-Valera 1960)
  4.  Génesis 9 (Reina-Valera 1960)
  5.  La crítica de textos tiene como una de sus premisas que variedad de estilos significa multiplicidad de autores. Los diferentes estilos presentes en el Génesis, las repeticiones y la falta de orden cronológico o continuidad de la narración apuntan, según ellos, a la inexistencia de Moisés. Sostienen que la Torá tomó forma hacia el siglo V a.C. en manos de un concilio de sabios judíos y que Moisés no existió. Efectivamente hay once secciones en el Génesis, con diferentes estilos de escritura y hasta puntos de vista distintos, aunque no incompatibles. Pero esto no lleva por necesidad a la inexistencia de Moisés y al carácter mítico de los libros del Pentateuco. La misma historia del Éxodo narra que Moisés fue rescatado por la hija del Faraón. Suponiendo este hecho cierto le correspondía un puesto de heredero al trono. Hechos 7: 22 afirma que Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios. Por tanto no es incoherente considerar que una persona que no fue testigo presencial del Diluvio buscara documentos antiguos conservados en las bibliotecas egipcias o entre los miembros de su propio pueblo. Esto puede dar cuenta de las diferencias observadas. Se ven claramente los principios y colofones de los once documentos.

Véase también 

Enlaces externos 

  • Colabora en Commons. Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Arca de Noé.
  • BibliaLegal.com.br (texto bíblico acerca de la creación del Arca de Noé).
  • YHWH.es (información arqueológica del arca de Noé).
  • [1] (Estudios viabilidad técnica Arca de Noé por ingeniero naval).
  • [2] [Construcción del Arca de Noé por Ana Catalina Emmerick]
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Noe

26 Enero 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

Noe

Noé = «descanso, tranquilidad».

Hijo de Lamec, descendiente de Set (Gn. 5:28-29). En base a las palabras de Lamec, el nombre de Noé significaba para él a la vez reposo y consolación: «Éste nos aliviará (y’nahamênû) de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo.» En efecto, en heb. es usual hacer juegos de palabras y de asonancias. No se nos dice nada más acerca de Noé hasta que llegó a los 500 años de edad, y que tuvo tres hijos, Sem, Cam y Jafet (Gn. 5:32).

(a) El pregonero de justicia.

Es así como Pedro designa a Noé (2 P. 2:5). Era justo, íntegro y caminaba con Dios, lo que le hacía estar en acusado contraste con su generación impía y corrompida (Gn. 6:9; cfr. 5-6, 11-13). Mientras duraba la paciencia de Dios (1 P. 3:20) Noé predicaba a sus contemporáneos de diversas maneras:

(A) Por el ejemplo de su vida limpia (cfr. Fil. 2:15);
(B) por su «predicación», por cuanto advirtió con toda claridad a los hombres de su generación,
(C) por la construcción del arca, poseído de un temor reverente creyó en la santidad ultrajada de Dios y en lo inminente del juicio que se avecinaba (He. 11:7). Tomándose seriamente la Palabra del Señor, se aferró al único medio de salvación para él y los suyos. Había en el arca lugar de sobra para muchas otras personas (si hubieran querido entrar), así como para los animales. Fue así que «por esa fe condenó al mundo» demostrando que los impíos iban a morir, no por las aguas del Diluvio, sino por su indiferencia e incredulidad. En cuanto a Noé, vino a ser «heredero de la justicia que viene por la fe». En efecto, por íntegro que fuera no era sin pecado (Ro. 3:10, 23, 24) y fue literalmente salvado por la fe.

(b) Noé en el arca.

Para los detalles y las confirmaciones del relato del diluvio véase DILUVIO. Es impresionante el comportamiento de Noé durante este período prolongado en el que su paciencia y fe son puestas a prueba. Tenía 600 años cuando entró en el arca (Gn. 7:6). Dejó abierta la puerta aún siete días y después el mismo Dios cerró la puerta tras él (Gn. 7:4, 7, 10, 16). No vemos en Noé ningún apresuramiento ni aturdimiento, él hizo «conforme a todo lo que Dios le mandó» (Gn. 6:22; 7:5, 9, 16) y su actitud expresa, lo mismo que su nombre, reposo y tranquilidad. Después de los largos meses del terrible cataclismo, Dios mostró que se acordaba de Noé (cfr. Gn. 8:1). De una manera tranquila y metódica, Noé examinó una solución, dejando salir al cuervo y hasta tres veces la paloma, para verificar de una manera factual el estado de la tierra (Gn. 8:6-12); a continuación abrió la cubierta del arca (Gn. 8:13). Sólo salió de ella, no obstante, en obediencia a una orden determinada de Dios (ocho semanas más tarde, ni antes ni después) con todos los suyos, y con los animales que se habían salvado (Gn. 8:15-19).

(c) El pacto con Noé.

De inmediato, el patriarca erigió un altar, ofreciendo a Dios sacrificios. «Sin derramamiento de sangre no se hace remisión» (He. 9:22), y es sobre la base del sacrificio que Jehová establece un pacto con Noé y sus descendientes (Gn. 8:20; 9:9). Los puntos esenciales de este pacto son:

(A) Dios promete no volver a enviar jamás un diluvio de aguas sobre toda la tierra; los días, las estaciones y las cosechas durarán tanto tiempo como la tierra (Gn. 8:21-22; 9:11, 15). Sin embargo, un día los cielos y la tierra serán destruidos por fuego (2 P. 3:6-7, 10, 12).
(B) Como con Adán en el pasado (Gn. 1:28), Noé y sus hijos recibieron la orden de ser fecundos y de multiplicarse y llenar la tierra (Gn. 9:1, 7).
(C) Dios entregó en sus manos los animales, y les concedió su carne como alimento, en tanto que Adán, antes de la caída, era vegetariano (Gn. 9:2-3; 1:29).
(D) Se da la prohibición general de comer sangre (Gn. 9:4; cfr. Lv. 17:10-11).
(E) La vida humana queda protegida contra los animales y los mismos hombres (Gn. 9:5-6). Este texto instituye la pena de muerte por primera vez en el AT (cfr. Lv. 24:17, etc.; para el NT, cfr. Ro. 13:4).
(F) Se da el arco iris como señal de este pacto perpetuo (Gn. 9:12-17).

(d) La embriaguez de Noé.

Noé labró la tierra y plantó una viña, siendo sorprendido por el efecto embriagador del vino. Sem y Jafet se comportaron hacia su padre con respeto filial. Pero Cam se comportó con una actitud indecorosa, que suscitó la cólera de Noé, y que atrajo sobre Canaán, hijo de Cam, una maldición profética (Gn. 9:20-27; cfr. Éx. 20:5-6).

http://www.adorador.com/hombresdelabiblia/noe.htm

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Tolerancia y democracia

26 Enero 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

Presentación

1. Tres ámbitos de la tolerancia

2. El origen religioso: la tolerancia como precepto moral

2.1. La tolerancia en la edad de la Razón

3. La concepción liberal o el sentido político de la tolerancia

3.1. El pensamiento liberal y la tolerancia
3.2. El Estado de derecho como fundamento de la tolerancia
4. El prejuicio en la política como generador de intolerancias

4.1. La concepción del “adversario”
4.2. Dogmatismo y fanatismo
4.3. Indiferencia y escepticismo
5. La tolerancia como efecto de un intercambio democrático

5.1. El cambio político por la persuasión
5.2. La tolerancia como “virtud cívica”
5.3. Pluralismo y tolerancia
6. Una concepción pluralista de la tolerancia

Bibliografía

Sobre el autor

                                                                                                        

Se trata de saber si el método para hacer triunfar la verdad en la cual creo es el recurso a la persuasión o a la fuerza, a la refutación del error o a la persecución de quien se equivoca. Aquel que escoge el primer camino es un tolerante.

Norberto Bobbio


Presentación

La tolerancia es consustancial a la democracia. Si la democracia presupone el pluralismo de opiniones, preferencias y proyectos políticos, y además aporta un procedimiento institucionalizado y pacífico para dirimir esas diferencias en el marco de la igualdad de derechos ciudadanos, entonces la tolerancia tiene en la democracia su mejor habitat. En efecto, ¿cómo concebir, por ejemplo, el diálogo, el pluralismo, la legalidad o la representación política sin tolerancia?

Es cierto, sin embargo, que si bien la tolerancia es indispensable para la democracia, no cubre por sí sola todo el espectro de esta última. La tolerancia es una parte de la familia de valores, principios, procedimientos, instituciones y prácticas políticas que dan vida a la democracia. Así, junto a la tolerancia están, de manera destacada, la libertad, la igualdad política, la soberanía popular, el pluralismo, el diálogo, la legalidad, la justicia, la representación política, la participación, el principio de mayoría y los derechos de las minorías. La articulación de este cúmulo de principios y valores es lo que conforma el complejo sistema en el que la democracia cobra forma y operatividad.

La importancia y la necesidad de la tolerancia en el mundo actual se hacen evidentes cuando observamos el resurgimiento de diversas manifestaciones de intolerancia que atentan contra los derechos básicos de las personas. Por eso, hoy más que nunca se requiere que la tolerancia amplíe su presencia y norme las relaciones entre los actores políticos y sociales, sean éstos gobernantes o gobernados, ciudadanos u organizaciones, grupos étnicos, religiosos o naciones. La expansión de la tolerancia es una necesidad imperiosa: sólo ella puede asegurar la convivencia social y política civilizada, y ser una garantía para evitar el retorno de experiencias autoritarias y represivas de tan doloroso recuerdo como las que se han registrado en la historia del siglo que termina.

Estas razones hacen especialmente relevante el trabajo del Dr. Isidro H. Cisneros, autor del presente cuaderno, en el que expone con profundidad académica y de forma didáctica los ámbitos, el origen, la evolución histórica y la importancia de la tolerancia para la democracia.

Con el propósito de contribuir a que la tolerancia se asiente sólidamente como valor de nuestra cultura política, el Instituto Federal Electoral publica este número de la serie Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática.

Instituto Federal Electoral


1. Tres ámbitos de la tolerancia

La tolerancia es uno de los más importantes preceptos de carácter ético y político cuya observancia garantiza la convivencia en un régimen democrático. Éste, de acuerdo con Norberto Bobbio, encarna un método o un conjunto de reglas de procedimiento para la constitución del gobierno y para la formación de las decisiones políticas de carácter vinculante, pero también –y por desgracia esto se olvida frecuentemente– el “valor positivo de la democracia” radica en que dicho sistema de reglas implica una serie de valores y principios entre los que destacan, además de la tolerancia, el espíritu laico y la razón crítica. En las sociedades contemporáneas dichos principios permiten la solución pacífica de los conflictos, la ausencia de violencia institucional y la disposición de los actores políticos para establecer acuerdos.1

Para abordar el problema de la tolerancia y su papel en un régimen democrático es necesario, en primer lugar, hacer referencia a sus distintos “significados”, ya que muchas discusiones infructuosas se han desarrollado a partir de la ambigüedad que el concepto presenta desde su definición etimológica. En efecto, de tal enunciación es posible derivar por lo menos dos sentidos: de un lado, la tolerancia como sufrimiento, resistencia y resignación (lo que implica una “acción de sobrellevar”), y del otro, como aceptación y reconocimiento (que supone una “acción permisiva”). Así, el sustantivo latino tolerantia-ae puede traducirse literalmente ya sea como resignación y acción de soportar, que es la conceptualización más difusa, ya como aprobación y consentimiento.

A la confusión han contribuido otras definiciones que consideran la tolerancia como una “disposición de ánimo” que admite, “sin mostrarse contrariado”, ideas e incluso comportamientos diversos u opuestos a los nuestros.2

Ello acontece porque, desde sus orígenes en el campo de la religión, la tolerancia se entendió como el reconocimiento del derecho intelectual y práctico de los otros a convivir de acuerdo con un conjunto de creencias religiosas que no eran aceptadas, de ninguna manera, como propias. En su acepción contemporánea, la tolerancia ha extendido su campo de acción al respeto y la consideración de opiniones o prácticas ya no sólo de carácter religioso, sino también político e ideológico.

En las siguientes páginas abordaremos tres perspectivas que pueden ser de mucha utilidad para disipar el desconcierto que, en nuestra opinión, existe en torno al campo de acción de este principio de la democracia: la normativa, en la cual la tolerancia aparece como un “discurso sobre la naturaleza de la verdad” y como un “deber moral”; la descriptiva, en que se presenta como un “reconocimiento de la diversidad” y como un “mal menor” o “mal necesario”, y la histórica, en la cual se muestran sus expresiones en las diferentes épocas y latitudes.


1.1. La tolerancia como valor de la democracia (dimensión normativa)

La primera distinción conceptual que la tolerancia nos plantea está representada por el valor democrático de la pluralidad de puntos de vista. Concebir la tolerancia como un “valor” nos remite al problema de la “verdad” o, más concretamente, de la “relatividad de la verdad”. En esta concepción, en efecto, la tolerancia aparece principalmente como un discurso sobre la naturaleza de la verdad. De acuerdo con esto, en una democracia “la verdad” sólo puede ser alcanzada por la confrontación o la síntesis de diversas verdades parciales. Según algunas doctrinas que profesan aquello que Max Weber denominaba un politeísmo de los valores, en el régimen democrático la verdad no es y no puede ser una sola, sino que, contrariamente, tiene muchas caras. Por otro lado, como sostiene Bobbio, no vivimos en un “universo” en el cual algunos grupos –que pueden ser de carácter religioso o político y por lo tanto ideológico– son los “únicos depositarios de la verdad”, sino en un “multiverso” que, contrariamente, se integra por una sociedad compleja de carácter plural, que algunos autores han concebido como la “sociedad abierta” prototípica de las democracias modernas. El máximo representante de esta formulación es el pensador inglés Karl Popper. Por su parte, la “sociedad cerrada” constituye aquel “monopolio de la fe” que ha caracterizado a los diferentes totalitarismos religiosos o políticos. En este esquema, la tolerancia aparece en clara contraposición con la concepción de las “verdades absolutas”, en la que cada quien debe considerar como verdadera solamente su propia creencia. Consecuentemente, siendo muchas las “verdades” que existen en una democracia, cada una tiene un valor relativo. Dicho de otro modo, existe la posibilidad de que diversas interpretaciones convivan pacíficamente; su encuentro resulta benéfico justamente porque nadie posee la verdad absoluta. Al permitir la libre expresión de los diversos puntos de vista, la tolerancia favorece un conocimiento recíproco, es decir, un “mutuo reconocimiento” a través del cual es posible la superación de las verdades parciales y la formación de una verdad más comprensiva en el sentido de que logra establecer un acuerdo o un compromiso entre las partes.

Por el lado normativo es posible identificar una segunda caracterización de la tolerancia que permite concebirla como el necesario respeto que nos merece el otro, quien es considerado “diferente” justamente porque sostiene puntos de vista que no son los nuestros pero tienen igual validez. En este caso, la tolerancia aparece como un “deber moral” que permite la afirmación de la libertad interior. El tolerante podría estar representado por aquella persona que sostiene: “creo firmemente en mi verdad, pero también creo que debo obedecer a un principio moral absoluto que está representado en el ‘respeto a los demás’”. Este respeto que los individuos se deben entre sí parte del reconocimiento del derecho de todo hombre a creer según los dictados de su conciencia. En el mundo contemporáneo lo anterior aparece estrechamente vinculado con la afirmación de aquellos derechos de libertad que, como se verá más adelante, se derivaron y se encuentran en la base del Estado democrático-liberal: primero los derechos de libertad de conciencia y después los derechos de libertad política y, entre éstos, la libertad de expresión. En esta interpretación normativa la tolerancia no es requerida sólo porque sea socialmente útil o políticamente eficaz, sino porque la tolerancia en una democracia, además de ser necesaria como precepto de la convivencia entre sujetos con iguales derechos y obligaciones, resulta ser éticamente obligatoria para todos en la medida en que establece el marco normativo para la confrontación civilizada y pacífica de las opiniones.


1.2. La tolerancia como método para la solución de las controversias (dimensión descriptiva)

La segunda definición de la tolerancia se refiere a su papel en la solución de los conflictos que surgen de la convivencia democrática. Aquí, la tolerancia aparece como el reconocimiento de la “diversidad” de los actores y por lo tanto de la “pluralidad” que puede y debe existir en una democracia. La tolerancia como método de convivencia extiende su campo de acción a los problemas que plantea la coexistencia de diferentes grupos étnicos, lingüísticos o religiosos y, más en general, al problema de los llamados “diversos” o “diferentes” ya sea por razones físicas o de identidad cultural. Nos referimos a aquellas características que distinguen a determinados grupos como son las mujeres, los minusválidos, los homosexuales, etc., que en una democracia hacen valer su “voto diferenciado”. En efecto, estos grupos, en su calidad de ciudadanos, expresan sus diferencias a través del voto y, por lo tanto, reclaman activamente su derecho a ser considerados como sujetos en igualdad de condiciones independientemente de sus diferencias físicas, culturales o políticas.

Al respecto, es posible sostener que una cosa es el problema de la tolerancia de creencias u opiniones distintas (que como ya vimos implica una argumentación sobre la verdad y sobre la compatibilidad de verdades contrapuestas) y otra el problema de la tolerancia hacia quienes son diferentes física o socialmente. La tolerancia como reconocimiento de la diversidad sitúa en un primer plano el tema del prejuicio y de la consiguiente discriminación que pueden existir en una democracia.

Esta dimensión descriptiva del modo de funcionamiento de la tolerancia en los regímenes políticos se encuentra referida al análisis de la potencialidad de la intolerancia, ya que el prejuicio –entendido como una opinión o conjunto de opiniones asumidos a priori y en forma acrítica y pasiva ya fuere por tradición, costumbre o por mandato de una autoridad cuyos dictámenes se aceptan sin discusión– genera discriminación y exclusión, y, por esta vía, intolerancia. El prejuicio, en consecuencia, no sólo limita los derechos de libertad, sino que también, lo que es más grave, puede nulificar las reglas de la convivencia democrática.

Sin embargo, también es posible identificar otro espacio descriptivo de la tolerancia que está representado por aquella concepción que la considera como un “mal menor” o un “mal necesario”. Un tolerante podría sostener que “la verdad tiene mucho que ganar si es capaz de soportar el error ajeno”, pues permite que las decisiones políticas sean procesadas en un ambiente de estabilidad y paz social. Concebida así, la tolerancia estaría siendo remitida al ámbito de la “razón práctica” y no implicaría de ninguna manera la renuncia a las convicciones de cada quien, sino sólo el compromiso de “revisar” y “adecuar” las propias opiniones de acuerdo con las cambiantes circunstancias políticas y sociales. En este sentido, la tolerancia es un concepto que se adapta y se modifica según las condiciones históricas sin perder necesariamente su sentido original. Considerar la tolerancia como un mal necesario parte del reconocimiento explícito de que la persecución, el hostigamiento, la coerción o cualquier otra forma de violencia, en lugar de ayudar a eliminar aquello que se considera un “error”, contribuye a reforzarlo, como frecuentemente ha demostrado la experiencia histórica. Recrudecer las diferencias sólo ha llevado a la marginación y, en casos extremos, a la eliminación del diferente. Baste pensar en la intolerancia de la Reforma calvinista del siglo XVI o en los totalitarismos que se desarrollaron durante el XX: en ambos casos el empleo de la fuerza sólo contribuyó a expandir el disenso extremo y, en no pocos casos, lo obligó a expresarse, también, por medios violentos. En consecuencia, es posible observar que la intolerancia nunca ha obtenido por la constricción los resultados que se propone, ya que los métodos de la fuerza nulifican cualquier posibilidad de solución pacífica de los conflictos.

Bobbio ha considerado que la tolerancia, como método para la solución de las controversias, puede ser concebida también como un “mal necesario” al proceder de un cálculo político:

1) si soy el más fuerte, aceptar el error ajeno puede ser un acto de astucia ya que el “error” puede propagarse más rápidamente en la persecución que en la benévola, indulgente y permisiva tolerancia; 2) si soy el más débil, es un acto de necesidad, ya que si me rebelase sería aplastado y perdería toda esperanza de que mis posiciones pudieran fructificar en el futuro y, finalmente, 3) si somos iguales, entra en juego el principio de la reciprocidad, sobre el cual se fundamentan todas las transacciones y los acuerdos que sustentan cualquier convivencia de tipo democrático.3


1.3. La tolerancia en su dimensión histórica

Este último ámbito de la tolerancia se refiere a su evolución en el tiempo y de manera especial a su origen religioso. Como sabemos, la tolerancia comienza su desarrollo en Europa durante el largo periodo que abarca los siglos XIV al XVI como un principio ético que representaba un indulto para los vencidos durante las guerras de religión y, por lo tanto, como una particular consideración a los “impuros” e “infieles”. En efecto, la tolerancia evoluciona a partir de la ruptura del mundo religioso cristiano, la cual generó, a su vez, una necesaria convivencia entre las diferentes doctrinas teológicas en el marco de la transformación de los denominados Estados teocráticos.

En sus orígenes la tolerancia surge, de este modo, como un “precepto moral” que justifica la existencia pacífica y condescendiente de religiones distintas. Más tarde, como se verá en el siguiente apartado, los autores clásicos -de Moro a Voltaire- abren la posibilidad para el desarrollo de otro principio a través del cual la tolerancia pasa al ámbito de los Estados laicos, los cuales asumieron aquello que Emmanuel Kant denominó “la libertad de todos por la ley de la razón”. El movimiento intelectual encarnado por la Ilustración y la ruptura política que representó la Revolución francesa permitieron el desarrollo de la transición que, partiendo del reconocimiento de la libertad religiosa, arribó al reconocimiento de la libertad política, es decir, de aquellas libertades y derechos que constituyen el “fundamento ético” del moderno Estado democrático.

De este modo, la tolerancia pasó de ser un precepto moral en los Estados teocráticos a una norma jurídica garantizada por el Estado de derecho, el cual, como veremos más adelante, representa el principal fundamento del régimen democrático. Otros valores y principios que acompañaron a la tolerancia en este desarrollo fueron el espíritu laico, la razón crítica, la libre conciencia individual y la disposición de los actores a excluir la violencia como vía de solución de los conflictos. En este sentido, el Estado de derecho resulta fundamental para la tolerancia porque constituye el marco legal y normativo fuera del cual el diálogo democrático se dificulta o –en casos extremos– se vuelve imposible.


2. El origen religioso: la tolerancia como precepto moral

El periodo formativo de la idea de la tolerancia continúa su trayectoria a través de Erasmo de Rotterdam y los humanistas del siglo XVI, quienes se manifestaron en contra de la negación total de la libertad humana del luteranismo, hasta los precursores del movimiento de la Ilustración a finales del siglo XVII y principios del XVIII. El ímpetu racionalista del Renacimiento concierne al desarrollo de la tolerancia principalmente de dos maneras: de un lado, provocando un sentimiento anticlerical o simplemente no clerical, conocido generalmente como espíritu secular o espíritu laico y, del otro, incrementando la búsqueda de valores humanos universales y, por lo tanto, una actitud indulgente y comprensiva frente a la disidencia religiosa.

En la Europa del siglo XVI, la clemencia y la indulgencia eran privilegios que sólo se otorgaban a quien reconocía su error. En una importante medida debemos el principio de la tolerancia al grupo italiano de reformistas encabezado por Fausto Sozzini, quienes en 1574 rechazaron el dogma de la Trinidad y fueron los padres de la corriente de cambios que se conoció con el nombre de “unitarismo”.4

En esta etapa histórica, los vencedores de las guerras de religión instauraron un “principio ético” que permitía otorgar el indulto a los antiguos disidentes, quienes eran considerados “herejes” y representaban la heterodoxia derivada de la proliferación de las sectas protestantes. En la búsqueda de nuevas formas de condescendencia ante el movimiento cismático, se encontró una solución que otorgaba el “perdón” y la “indulgencia” a quienes habían sido sometidos en el transcurso de la confrontación. Esta fórmula fue representada por el precepto de la tolerancia que, sin embargo, sólo permitía la supervivencia de las concepciones de los vencidos pero no les otorgaba igual dignidad. Tan es así que, cuando hablamos de tolerancia en su significado histórico, hacemos referencia principalmente al problema de la convivencia entre diferentes creencias y doctrinas teológicas que la ruptura del universo religioso cristiano promovió.

A lo largo de las guerras de religión, los intolerantes estuvieron convencidos de poseer la Verdad (así, con mayúsculas) y de que todos aquellos que sostenían ideas distintas estaban equivocados y, por lo tanto, merecían ser eliminados como “enemigos y traidores” del statu quo. De este modo, la tolerancia se desarrolló después de la Reforma, en las luchas entre las diferentes partes de la cristiandad, y surgió como elemento indispensable de la vida civil de Occidente sólo después de la Ilustración y con la concepción individualista de la política y de los derechos del hombre y del ciudadano que con ella se desarrollaron. Esta tradición del pensamiento dio vida al predominio de la razón y del pensamiento laico, y con ellos a una nueva interpretación de la tolerancia basada en los diferentes aspectos de la vida civil.5


2.1. La tolerancia en la edad de la Razón

La Revolución francesa permitió el desarrollo de una concepción muy particular de los derechos del hombre y del ciudadano que hizo posible, a su vez, el establecimiento de la libertad política, la cual constituye uno de los fundamentos éticos del Estado liberal moderno, un Estado que permitió el desarrollo de la importancia “simbólica” de las diferencias. En esta perspectiva, debemos reconocer que uno de los grandes problemas que ha enfrentado el régimen democrático en su desarrollo histórico es la expansión de la esfera del individuo, de sus derechos y obligaciones. Al respecto es importante recordar que, en la historia del pensamiento político, el desarrollo del principio de la tolerancia encontró un terreno fértil que permitió el florecimiento de importantes reflexiones teóricas en torno al problema de la “diferencia” y de la “diversidad”. En efecto, si intentáramos configurar una posible “teoría de la tolerancia”, tendríamos que hacer referencia a un grupo de importantes autores clásicos, entre los que mencionaremos a Tomás Moro, que en su Utopía (1516) reivindicaba la tolerancia religiosa como una característica fundamental que debería tener la comunidad ideal, ya que:

 

sería temerario e insensato pretender con violencia y amenazas que aquello que tú crees verdadero aparezca tal para todos (…) en el futuro, sólo que se proceda con raciocinio y moderación, la verdad se hará luz de una buena vez imponiéndose por virtud propia. Si, al contrario, las diferencias se desarrollan entre armas y pleitos, dado que los peores son los más obstinados, la mejor religión y la más santa está destinada a ser sofocada en la riña.

 

Moro afirmaba que todos reconocían la existencia de un Dios creador del universo, pero que cada quien “lo concibe y venera a su modo” y que, por lo tanto, cada quien debería tratar de persuadir al otro “sin violencia o injuria”, ya que nadie puede violar la libertad religiosa individual.

Entre los autores que podrían ser considerados como parte de la “tradición formativa” de la tolerancia encontramos también a Marsilio de Padua, cuya obra Defensor pacis (1324) rechaza toda acción temporal de la Iglesia, deduciendo así el principio del Estado laico y su disociación del Estado eclesiástico. Más tarde Jean Bodin, quien en los Seis libros sobre la República (1576) postula la eliminación de las controversias dogmáticas, reconoce la soberanía como una característica fundamental del Estado. En su Heptaplomeres (o siete interlocutores), Bodin nos propone la figura de la tolerancia religiosa cuando hace posible que discutan un católico, un luterano, un calvinista, un hebreo, un mahometano, un pagano y un adepto a la religión natural. Este último, quien es el personaje principal, sostiene que todas las religiones positivas tienen un común denominador representado por la Razón. Del mismo modo, podríamos considerar al filósofo alemán Juan Althusius, quien aceptó en su Politica Methodice Digeste (1603) que la tolerancia resulta un precepto indispensable para la práctica de la política. Althusius recupera de Bodin la doctrina de que la validez del Estado consiste en su soberanía, pero afirma, por primera vez, que este principio debe ser atribuido al pueblo.

Por otro lado, encontramos a Ba-ruch Spinoza, quien en su Tractatus Theologico-Politicus (1670) reconoce que la libertad del individuo se encuentra en la base de la constitución del Estado. En esta obra Spinoza intentaba demostrar que en una comunidad libre “debía ser lícito que cada uno pensase aquello que quisiera y que cada uno dijese aquello que piensa”. Estas consideraciones no podían ser ajenas al hecho de que la familia de Spinoza, que era de origen hebreo, fue obligada a abandonar España por la intolerancia religiosa. Otro importante autor es Samuel Pufendorf, quien en su texto De Habitu Religionis Christianae ad Vitam Civilem (1687) insiste en que el contrato original que establece una comunidad social no lleva implícita ninguna renuncia a las creencias religiosas. Considera que el hombre es por naturaleza un ser racional y que cada uno debe mantener con sus similares un “estado de socialidad pacífica” conforme a la finalidad del género humano.

En esta galería de autores de la tolerancia no podría faltar John Locke, autor de la Epistola de Tolerancia ad Clarissimun Virum (1689), así como de las Tres cartas sobre la tolerancia (de 1689, 1690 y 1692), en donde introduce el principio de la libertad religiosa, y es uno de los primeros promotores de la libertad civil como parte consustancial del espíritu social. La importancia especial de Locke radica en que considera que el principio de la tolerancia constituye “un punto de encuentro” entre las tareas y los intereses que caracterizan, respectivamente, a la Iglesia y al Estado. Desde esta perspectiva, Locke es el más importante eslabón teórico entre el pensamiento de la Ilustración y el liberal. Por último, en este grupo de autores considerados clásicos no podemos dejar de citar a Voltaire y su Tratado de la tolerancia (1762), obra en la que formula un alegato en favor de la tolerancia y en contra del dogmatismo religioso. Voltaire es el máximo representante de la Ilustración en Europa al convertirse en el defensor por excelencia de la tolerancia religiosa y de los derechos del hombre.

Las reflexiones de estos filósofos de la política propiciaron el desarrollo de dos enfoques que aún en nuestros días resultan de utilidad para afrontar el problema relativo a lo “diverso”. El primero se presentó como un discurso filosófico sobre la posesión de “la verdad” en un sentido de supremacía en relación con otras “verdades” consideradas equivocadas por parte de una determinada élite, mientras que el segundo encarnó el reconocimiento de “la diversidad” en relación con quienes podían ser considerados “diferentes” por razones exclusivamente físicas, culturales o sociales. La primera interpretación tuvo como referente algunos grupos religiosos a partir de la convicción de que eran los únicos “depositarios de la verdad”; la segunda reflejaba un prejuicio respecto al “otro”, y en este sentido se fundaba (y en muchos casos se funda todavía hoy) en una discriminación. Queda claro que la exclusión representa una manera rápida y eficaz de eliminar al adversario. En ambos casos, la tolerancia se relacionó con el problema de la necesaria compatibilidad entre posiciones diferentes e incluso antagónicas.


3. La concepción liberal o el sentido político de la tolerancia

El camino seguido por el principio de la tolerancia en cuanto regla de convivencia no ha sido fácil; es más, en muchos sentidos ha sido un camino tortuoso y de un costo muy elevado en términos de persecuciones y supresión de vidas. Como hemos podido observar, en el plano teórico fue necesario que se formularan diversos alegatos defensivos en contra de las acusaciones recurrentes que consideraban la tolerancia más que nada como una expresión de la “indiferencia” religiosa. Un elemento importante para la inclusión de la tolerancia en la concepción del liberalismo fue el reconocimiento de un cambio que permitió el paso de la tolerancia desde el ámbito de la moral al del derecho, es decir, admitir que los infieles y los herejes liberados de la persecución por los tribunales eclesiásticos podían ser juzgados y castigados, de acuerdo con las nuevas circunstancias, por un juez secular como transgresores, en todo caso, de la ley civil. En este sentido, la lucha por la coexistencia pacífica entre las distintas interpretaciones teológicas que estaban en contra del “monopolio de la fe”, proclamado por las autoridades eclesiásticas, comenzó a rendir sus frutos cuando los Estados teocráticos fueron sentando las bases para su paulatina transformación en Estados no confesionales o laicos, proceso que, como es conocido, precedió y sentó las bases para el desarrollo de aquella profunda ruptura política encarnada por la Revolución francesa a partir de la cual el liberalismo inició su accidentado desarrollo teórico y político sobre todo en Europa durante los siglos XVIII y XIX.

En el contexto abierto por este proceso se establecieron las premisas necesarias para el reconocimiento, además de la libertad religiosa, de otras libertades –entre éstas la política– que constituyen el fundamento ético del Estado liberal moderno. Ello aconteció en modo tal que la afirmación de estas libertades permitió la formación de una de las más altas expresiones del espíritu laico, es decir, de aquella actitud del pensamiento que influyó en la Ilustración y que es representada por la “razón crítica” y la libre conciencia individual. Podemos afirmar, en consecuencia, que la concepción liberal de la tolerancia constituyó una etapa más para el desarrollo del principio de la libertad política, en contra del principio de la prepotencia que representó la intolerancia religiosa.

A partir del periodo abierto por los cambios políticos y culturales que generó la Revolución francesa, la tolerancia se transformó de precepto moral en norma jurídica con el reconocimiento de los derechos inalienables del individuo y el ciudadano. Éste fue un cambio cualitativo muy importante porque amplió la concepción misma de la tolerancia. Es importante tenerlo presente ya que cuando la tolerancia transitó al ámbito de la política impuso a los ciudadanos un código de conducta civil con un valor universal que representó al buen gobierno (o gobierno de las leyes), distinguiéndolo del mal gobierno (o gobierno de los hombres). Sin olvidar las intolerancias que también generó dicha Revolución, debemos afirmar que el principio de la tolerancia encontró bases sólidas para empezar a ser concebido, y no sin dificultades, como un “precepto ético de la convivencia” entre los hombres sin importar su credo, orientación política o diferencias físicas. Se reconocía, finalmente, la igual dignidad entre los seres humanos.

De este modo, mientras que la Iglesia podía ser considerada como “una libre sociedad de hombres que se unen espontáneamente para servir a Dios con objeto de conseguir la salvación de sus almas”, el Estado empezaba a ser concebido como “una sociedad de hombres establecida sólo para conservar y promover los bienes civiles” representados, de acuerdo con el pensamiento liberal, por la vida, la libertad, la integridad, el bienestar corporal y la posesión de bienes materiales. Al respecto, Bobbio considera que

la libertad religiosa era el núcleo desde el cual se habían desarrollado todas las otras libertades. Reconocer el derecho de cada quien a profesar su religión y a ejercitar libremente su culto quiere decir reconocer que cada hombre es libre de expresar sus opiniones, de difundirlas a través de la prensa, de reunirse en privado o en público y de asociarse permanentemente con quienes comparten sus ideas.6


3.1. El pensamiento liberal y la tolerancia

El reconocimiento de los derechos fundamentales del hombre y del ciudadano permitió la coexistencia en la diversidad, entendida ya no en términos peyorativos, sino exclusivamente descriptivos. Con el triunfo de la Ilustración en el siglo XVIII y del pensamiento político liberal durante el XIX se reconoce el principio de la tolerancia en su forma más completa y con un carácter más dinámico en términos de tutelaje, sobre todo con las diferentes constituciones políticas de inspiración liberal y las declaraciones universales de los derechos humanos. Esta transformación contribuyó a dar a la tolerancia un nuevo significado, identificándola con el pluralismo de los valores, de los grupos y de sus intereses.

Por otro lado, el desarrollo del pensamiento liberal permitió la asimilación de los principios éticos de la tolerancia así como el establecimiento de un método de conducta y de convivencia social con un valor de tipo “racional” en términos jurídicos y normativos. De acuerdo con algunas interpretaciones, el principio de la tolerancia transfirió la teoría del laissez faire de la economía a la actividad política en general dándole mayores espacios para su desarrollo. En este contexto se consideraba un “gobierno ideal” aquel que pudiera permitir la máxima extensión de los derechos naturales, los que eran considerados de carácter irrenunciable. Así, tal concepción tuvo un gran impulso a partir de las teorías que propugnaron los fisiócratas. La concepción moderna de la tolerancia, por lo tanto, es heredera del racionalismo, y en este sentido tiene por fundamento un principio ético de inspiración liberal representado por el respeto de los derechos inalienables de la persona. Cuando el pensamiento liberal defiende la tolerancia, lo hace desde la perspectiva de las garantías de libertad y del derecho a expresar sin impedimentos la propia opinión, rechazando la primacía de cualquier tipo de poder por encima de las instituciones civiles que basan su existencia en la voluntad de los ciudadanos. De este modo, se separan las instancias religiosas y políticas y adquiere cada una su propia autonomía.

Es posible afirmar, en consecuencia, que la tolerancia constituyó uno de los más importantes principios inspiradores del Estado liberal en la medida en que promovió el respeto y la garantía jurídica de los derechos de libertad que son los preceptos básicos en los que se funda el Estado de derecho. Desde esta perspectiva, el itinerario histórico de la tolerancia se encuentra estrechamente relacionado con la implantación de las libertades del individuo, también llamadas libertades negativas, así como con las de la colectividad, o libertades positivas. Las primeras son representadas principalmente por los “derechos civiles”: las libertades de pensamiento, asociación, opinión y reunión, mientras que las segundas lo son por las “libertades del ciudadano”, el cual es concebido como parte integrante de una totalidad organizada pero que respeta el ámbito del individuo en cuanto tal.

A este respecto, es importante señalar que los derechos civiles han sido considerados naturales e inviolables por una vertiente del pensamiento político que parte de John Locke –quien en sus Dos tratados sobre el gobierno civil (1690) sostiene que “la libertad de los hombres bajo un gobierno consiste () en la libertad de seguir la propia voluntad en todo aquello en lo cual la norma no tiene precedentes”– y llega a Montesquieu, quien en Del espíritu de las leyes (1748) considera que “la libertad es el derecho de hacer todo aquello que las leyes permiten”. Montesquieu afronta el problema del espíritu de las leyes sobre todo en relación con la libertad del comportamiento humano, proponiéndose justificar históricamente las condiciones que garantizan la libertad política del ciudadano.

La tradición intelectual en la que se sustenta el pensamiento liberal tiene otros grandes representantes, como Benjamin Constant, para quien es posible la separación entre “libertades liberales” y “libertades democráticas”, y en tal perspectiva sostiene que las primeras podrían existir sin un pleno reconocimiento de las segundas; y, más recientemente, Isaiah Berlin, quien, al estudiar la relación entre libertad negativa y libertad positiva, sostiene que lo importante es “el ámbito” de aplicación de las leyes y no “la fuente” de la que emanan.

La ampliación de los derechos del individuo se tradujo, entonces, en el pleno ejercicio de la libertad política y de las facultades que de ella se derivan, en modo tal que, a partir de este momento, los problemas de la tolerancia serán representados por las condiciones en que se desarrolla dicho tipo de libertad y por los límites que la afectan debido a que existen demarcaciones precisas orientadas a evitar, en primer lugar, los abusos del poder. El pensamiento liberal incorporó en su cuerpo doctrinal –caracterizado por un sistema basado en el “conflicto” como elemento constitutivo de la naturaleza humana– el reconocimiento legítimo de la existencia de “posiciones contrastantes”. En este sentido, la disputa se enmarcaba dentro de espacios delimitados por acuerdo entre las partes para evitar la violencia, a partir de la configuración de un marco jurídico-normativo y de un conjunto de “reglas del juego” previamente convenidas.


3.2. El Estado de derecho como fundamento de la tolerancia

El liberalismo permitió que la tolerancia fuese garantizada jurídicamente por el “Estado de derecho” promovido por esta concepción política en su largo recorrido por Europa durante los siglos XVIII y XIX. Recordemos que Estado de derecho significa que existe una estructura formal del sistema jurídico que garantiza las libertades fundamentales por medio de la ley. De acuerdo con Bobbio, el liberalismo es una doctrina del Estado limitado tanto con respecto a sus poderes como a sus funciones: “La noción común que sirve para representar al primero es el Estado de derecho; la noción común para representar al segundo es el Estado mínimo”.7

Debemos dejar bien claro que en el Estado de derecho la tolerancia tiene un margen legal y un encuadramiento normativo fuera del cual el intercambio entre los diferentes actores puede obstaculizarse o, en casos extremos, puede hacerse imposible, alejando la necesaria reciprocidad que debe existir entre los ciudadanos. Cuando este intercambio se rompe, generalmente es por una exacerbación de los contrastes. Es por esto que tal sistema legal constituye el fundamento más importante de la democracia, ya que representa la única garantía plena para la convivencia civil y pacífica y en él la persuasión preside la solución de los conflictos.

La tolerancia resulta ser, por lo tanto, una expresión ética del derecho que transformó el viejo sistema de principios y valores –que se fundaba en “convicciones”– en otro sistema normativo que reconocía y garantizaba constitucionalmente el valor de la “opinión” del individuo. Este marco expandió la capacidad de expresar puntos de vista diferentes dentro de un espíritu de tolerancia jurídicamente reconocido y abrió la posibilidad de “revocar el prejuicio” aceptando otra posibilidad: aquella de pregonar y defender a contracorriente un determinado punto de vista ético o político, modificándolo a cada momento de acuerdo con la transformación de las particulares circunstancias históricas.

La tolerancia, colocada como el eje cardinal de una controversia política democrática caracterizada por la existencia de reglas de procedimiento previamente establecidas, no logró evitar, sin embargo, que se asistiera, sobre todo en los inicios del siglo XX, al “renacimiento” de nuevas contraposiciones de carácter radical entre diversas expresiones de tipo “religioso”, esta vez representadas, paradójicamente, por “las nuevas ideologías del conflicto” que enfrentaban no a adversarios, sino a enemigos irreconciliables, y cuya única posibilidad de existencia se basaba en la eliminación del “adversario”. Muy frecuentemente esta obstinación por hacer desaparecer cualquier tipo de disenso provocó el surgimiento de distintas formas de totalitarismo.

Cuando hablamos de la intolerancia de ayer no debemos olvidar las intolerancias de hoy, sobre todo en los últimos tiempos en que nuevas y viejas ideologías de carácter antiliberal pretenden colocarse por encima del individuo, privilegiando aquel tipo de vínculo o de pertenencia que tiene por única razón a un Estado, una Iglesia, un partido o una secta. Estos vínculos estrechos promueven y defienden la validez absoluta de las nuevas “ideologías de la intolerancia” que amenazan con ser, irónicamente, muy similares a aquellas que impulsaron a los grandes perseguidores de los siglos XVI y XVII. Hostigando al “diferente”, la intolerancia hace peligrar los progresos del pensamiento laico.


4. El prejuicio en la política como generador de intolerancias

Los diferentes valores del régimen liberal-democrático no han impedido el surgimiento de formas diversas de “prejuicio” y “discriminación” que a su vez han generado intolerancias. Las formas del prejuicio pueden ser muy variadas, pero en todas hay una “apatía hacia el que es diferente”, una forma de rechazo o desprecio en la que es posible identificar elementos de frustración y temor hacia lo “desconocido” y, como consecuencia, la existencia de ciertos grados de hostilidad hacia lo que los antiguos llamaban “los extranjeros”, aquellos que eran considerados elementos ajenos a la comunidad. Este rechazo constituye un recordatorio constante de que, en épocas de adversidad o desgracia, es muy frecuente hacer recaer las propias culpas sobre los adversarios, víctimas expiatorias que generalmente son minorías que no logran ejercer todos sus derechos. Se considera que son ellos, y no nosotros, los responsables de los problemas. Esto ocurrió durante los hostigamientos y las persecuciones religiosas del siglo XVI y sigue ocurriendo hoy bajo diversas modalidades pero con la misma fórmula:

Ellos, a los que perseguimos a causa de sus creencias, sólo pueden salvarse si aceptan la religión verdadera (es decir, la nuestra); ellos, a los que intentamos destruir, están preparando nuestra destrucción, mientras que nosotros sólo nos limitamos a ejercer el derecho de protegernos.

 

En el mundo contemporáneo, el prejuicio se encuentra referido principalmente a una serie de exclusiones y limitaciones de los derechos de determinadas poblaciones y grupos que se caracterizan por peculiaridades como la lengua, la religión, la cultura y el origen nacional. Otros factores que condicionan el prejuicio son de tipo económico, étnico, psicológico y político. En efecto, la amenaza al “orden” que representan las minorías ha sido, muy frecuentemente, la principal justificación para el desarrollo de una amplia gama de exclusiones sociales.

Visto que el prejuicio en política es un fenómeno que ha renacido con el final del siglo, consideramos que merece una atención especial. En una democracia muchas veces resulta necesario asumir el papel del otro, poniéndose uno mismo en el lugar del adversario e intentando considerar el problema en cuestión desde su punto de vista, respetando en todo momento su facultad de expresarse. Con esta actitud podría reducirse significativamente la generación y la exacerbación de hostilidades.


4.1. La concepción del “adversario”

El punto crucial de las construcciones totalitarias reside en la exacerbación de la idea de “enemigo” en la medida en que

el otro va anulado, suprimido, porque mete en juego la propia realización, la propia identidad. El mecanismo es doble: primero se construye la idea de que la propia identidad coincide con la totalidad del ser. Después se identifican los enemigos de esta identidad como los enemigos de la totalidad del ser. Por lo tanto los propios enemigos se convierten, inevitablemente, en los enemigos del mundo.8

 

Tal ha sido el mecanismo utilizado por los diferentes autoritarismos en muy diversas épocas. Este tipo de razonamiento no es más que una expresión radical del fanatismo. La intolerancia puede ser representada perfectamente por la figura del fanático, quien, poseído y deslumbrado por “la verdad absoluta”, busca imponerla tratando de eliminar las verdades de los demás, ya sea mediante la negación, la persecución, la discriminación o el sectarismo. En realidad, el fanático hace una especie de protección en contra de la injerencia de quien considera “ajeno” en la medida en que amenaza con romper la “armonía” de su propia concepción; no admite más verdad que la que él profesa y, por lo tanto, renuncia a la comunicación con quien representa –por cualquier razón– al diferente: su principal objetivo consiste en tratar de imponer a través de medios coactivos su propio punto de vista. He aquí que la violencia –en sus distintas dimensiones– aparece como el medio más idóneo para alcanzar este particular fin. Sobre la base de estas formulaciones ideológicas, muy frecuentemente se han cometido importantes atropellos y violaciones a los derechos de los ciudadanos.

Mientras que el prejuicio a menudo se ha traducido en hostilidad hacia otros sujetos que no comparten los mismos puntos de vista con base en la premisa de que ellos no son como nosotros, en política el prejuicio comporta no sólo una actitud intelectual y afectiva, sino también (y de aquí muchas pretensiones totalitarias) una serie de actitudes orientadas a la acción que generalmente toman alguno de los caminos de la violencia, la cual, a su vez, no hace más que acentuar con fuerza los contrastes y las contradicciones. Éste fue el caso de los totalitarismos que se desarrollaron durante el presente siglo; baste recordar a Hitler, Mussolini o Stalin. En política, en efecto, el prejuicio y la discriminación que de él se deriva –entendida como acción y efecto de separar, distinguir o diferenciar una cosa de otra– se encuentran relacionados causalmente y se nutren uno a otro. Esta relación se desarrolla en forma circular, ya que el prejuicio y la discriminación no generan otra cosa que intolerancias.

El problema de la discriminación –en cualquiera de sus formas– en una democracia nos mete de lleno en el problema de la vigencia y aplicación de los derechos de ciudadanía en términos de “inclusión” y “exclusión”, ya que el prejuicio en política provoca diferentes tipos de segregación y desigualdad de trato entre ciudadanos que, por lo menos en teoría, gozan de igual dignidad y estatuto jurídico. En una democracia deberían estar desterradas aquellas prácticas que generan “trato desigual en relación con los iguales”. Este tipo de discriminación ocurre más frecuentemente de cuanto nos podamos imaginar en los regímenes que se reputan democráticos. Por otro lado, cuando se considera sólo a los discriminados, resulta muy útil invertir la frase y hablar de “trato igual dado a los desiguales”. Por lo tanto, podemos sostener que una democracia basada en la igualdad ante la ley así como en otras normas de carácter universal debe, a cualquier costo, tratar de evitar que se delimite el radio de acción de vigencia de los derechos ciudadanos por cualquier tipo de discriminación que pueda desarrollarse en el seno de la sociedad, y más aún si esta discriminación obedece a criterios fundamentalmente de tipo político.

De aquí se deduce que el prejuicio podría disminuirse mediante la reivindicación del derecho de expresión de las diferencias como un derecho inalienable. No menor influencia podría tener el desarrollo de un nuevo clima de opinión fundado en los preceptos de la tolerancia y en la reafirmación de la tesis de que en una democracia los derechos corresponden a todos los ciudadanos sin importar las características que los distinguen. Al respecto, es posible identificar por lo menos tres reglas básicas para la convivencia civil en una democracia: a) a la mayoría se le exige respeto en relación con las minorías derrotadas mientras que las minorías deben acatar el veredicto de la mayoría; b) la mayoría debe estar siempre en condición de ocupar el lugar de la minoría, la cual podrá dejar un día de ser minoría, y c) la política no lo es todo, no debe serlo; al contrario, se debe propugnar una libertad que vaya más allá de lo político.9

Por su parte, una concepción totalitaria de la política generalmente considera que el adversario debe ser suprimido para salvaguardar la propia identidad. Los actores de la democracia deben rechazar la concepción schmitteriana de la política del amigo-enemigo10 y aceptar como única opción de convivencia válida aquella que se funda en una pluralidad de sujetos con su diversidad de concepciones y en donde el desarrollo de cada uno supone necesariamente iguales posibilidades de desarrollo para el otro.


4.2. Dogmatismo y fanatismo

La pretensión de unanimidad muchas veces se transforma en “intolerancia”, es decir, en una actitud que no busca reflexionar para tratar de entender las razones y los derechos de los otros, sino que se encuentra dominada por la arrogancia y la prepotencia de poseer la “verdad” hegemónica. Justamente la labor inacabada de la democracia es desterrar una serie de dogmatismos y discriminaciones que no sólo limitan los aludidos derechos de libertad, sino que también –lo que es más grave– nulifican las reglas de la convivencia democrática.

Por su lado, el “fanatismo en la política” ilustra muy bien una concepción no democrática de la competencia entre sujetos que frecuentemente refleja de manera descarnada los abusos del poder. En consecuencia, conceptos como dogmatismo y estereotipo se encuentran en una estrecha relación en la medida en que producen fanatismo e intolerancia. Analizar estos fenómenos de exclusión y persecución resulta de gran interés porque actualmente representan el núcleo más firme de la resistencia al cambio político. De este modo, mientras que el fanatismo se refiere a una predisposición de los individuos o de los grupos para expresar mediante acciones concretas juicios o conceptos antes de haber reunido y examinado la información pertinente –y, por lo tanto, se basa en pruebas insuficientes o incluso imaginarias–, el dogmatismo constituye una representación de las actitudes de resistencia al cambio frente a las nuevas experiencias. A este respecto, podríamos afirmar que el fanatismo se funda en un prejuicio hacia “los otros” (que en política son los adversarios), presentándose muchas veces bajo la forma de una opinión no justificada, que puede ser o no favorable y que induce a actuar en consonancia con la misma.

No es necesario hacer un elenco de las posibles consecuencias que pueden sufrir los grupos que padecen el fanatismo cuando el prejuicio en que se basa les resulta desfavorable. Pero es necesario también poner atención al caso opuesto, cuando dicho prejuicio tiene un carácter favorable, ya que –como quiera que sea– representa un conjunto de generalizaciones sin fundamento alguno y que en la mayoría de los casos es incluso de carácter irracional.

En una democracia cualquier forma de prejuicio, en la medida en que produce discriminaciones, debe ser combatido. El intolerante se inspira en la “voluntad de poder” que anula los derechos del individuo con el cual establece un tipo de relación de subordinación. Esta jerarquización impide la libre expresión del pluralismo. El intolerante anula los valores democráticos fundamentales en la medida en que no acepta a quien no piensa o actúa de su mismo modo. No olvidemos que además de la intolerancia física también existe un tipo de intolerancia intelectual que si bien no recurre a la violencia en su forma más evidente, ejerce del mismo modo la coacción al pretender impedir la libertad de expresión de los otros circunscribiendo al máximo los espacios para el establecimiento del acuerdo.

En el final del milenio la lucha contra el dogmatismo y el fanatismo no puede darse por concluida. Las democracias contemporáneas deben comprometerse decididamente a tratar de reducir al máximo las expresiones de intolerancia, promoviendo una nueva actitud basada en la tolerancia y la persuasión. La ampliación de la democracia pasa también por la apertura mental para con el diferente, que tiende a limitar y muchas veces a eliminar el dogmatismo y las “verdades” preconcebidas.


4.3. Indiferencia y escepticismo

Respecto a lo anterior es necesario distinguir dos falsos problemas referidos al ejercicio de la tolerancia en el Estado liberal-democrático: uno es el de la tolerancia entendida como “indiferencia” en el sentido de desinterés o apatía para entablar comunicación con quien sostiene posiciones diversas, y el otro el de la intolerancia considerada sinónimo de rigor y firmeza.11

Lo primero sucede cuando la tolerancia es interpretada como licencia para hacer cualquier cosa y como indulgencia absoluta hacia el culpable, es decir, como condescendencia hacia “el mal” y hacia “el error”, ya sea por falta de principios, por la decisión de “vivir sin problemas” o por simple ceguera frente a los valores de la convivencia; esta posición podría estar representada por la siguiente frase: “todo da igual si no es lo que yo quiero”. Lo segundo ocurre, al contrario, cuando se concibe la intolerancia como una actitud de rechazo sin más de la severidad, del rigor y de la firmeza. La tolerancia tiene sus límites, ya que tolerar todo sin ningún tipo de limitaciones conduciría a la descomposición social y a la anarquía. Sin embargo, la tolerancia no debe ser confundida con la debilidad; al contrario, significa confianza en las propias fuerzas y certidumbre en la racionalidad de los propios postulados.

Por último, otro aspecto que se vincula con el problema de la tolerancia como “indulgencia” y “condescendencia” es representado por el problema del “escepticismo” que hace más extremosa la relatividad de los valores. En efecto, no es lo mismo ser escéptico que tolerante, ya que, como sostiene Bobbio,

el escéptico es aquel al que no le importa cuál fe triunfa; el tolerante, por razones prácticas, es aquel a quien le importa mucho que triunfe la verdad, preferentemente la suya, aunque no debe excluir la posibilidad de que triunfe la verdad del otro, ya que considera que mediante el ejercicio de la tolerancia su objetivo, que es combatir el error o impedirle que promueva algún tipo de discriminación, puede ser alcanzado mejor por otras vías que con el recurso a la intolerancia.12

Por su parte, la intolerancia representa el desprecio de los valores que hacen posible la convivencia democrática: el diálogo es fundamental para la solución de los problemas, sobre todo si nos encontramos frente a expresiones políticas que sostienen la validez de emplear formas de eliminación o “purificación”, sean de tipo político, intelectual o moral. Estas prácticas, desgraciadamente, han llevado al convencimiento de que la eliminación física del “adversario” es la única vía capaz de “solucionar” las diferencias entre los grupos. Cuando las prácticas políticas encuentran su sustento en la intolerancia se convierten en una prolongación de los métodos de la guerra, ya que “un proyecto de emancipación que niega la existencia de una pluralidad de sujetos en conflicto entre sí para decidir lo que podría y debería ser la vida en común es () un proyecto de redención religiosa. La política se concibe, entonces, como prolongación de la guerra, y ya no se reconoce ninguna pluralidad de sujetos: la afirmación de uno de ellos supone la muerte del otro”.13

Que quede claro que los enemigos de la tolerancia son los dogmas, las verdades absolutas, el fanatismo y, sobre todo, la violencia.


5. La tolerancia como efecto de un intercambio democrático

Si consideramos que una de las definiciones más difundidas de la democracia la concibe como un conjunto de reglas de procedimiento en donde el “respeto a la diferencia” es recíproco, entonces el principal problema consiste en definir los métodos para que dicha forma de gobierno pueda contar con la efectiva existencia de ciudadanos activos; por tanto, es necesario abordar el problema de los ideales y los valores de la democracia. Entre éstos destacan el método de la persuasión, el principio de la reciprocidad democrática entre los adversarios y la tolerancia. Como método, la democracia garantiza mediante elecciones el derecho a constituir nuevas mayorías recurriendo fundamentalmente a los canales de acceso institucional y de renovación de las estructuras de autoridad por medios legalmente reconocidos, excluyendo por principio cualquier forma de violencia. Sin embargo, la democracia representa también un sistema ético-político, es decir, un sistema que encarna un conjunto de valores, principios y normas de convivencia sin los cuales la confrontación política sería imposible. El primero de ellos es la no violencia que, a su vez, presupone una serie de mecanismos para la solución de las controversias por la persuasión, seguida de la moderación, el libre debate de las posiciones, la fraternidad y la igualdad política. Aquí la tolerancia encarna una virtud democrática en la medida en que hace posible nuestra disponibilidad y nuestro compromiso para cambiar de opinión de acuerdo con las nuevas circunstancias.

No obstante, mientras que la democracia liberal incluyó a la tolerancia entre sus valores constitutivos, reconociéndola como una solución “éticamente apropiada” a los conflictos de una sociedad pluralista, en la democracia actual vemos la necesidad de extender los espacios de la tolerancia según lo exige la complejidad de los nuevos problemas

¿Cómo es posible que aún hoy, en los umbrales del siglo XXI, se replantee la necesidad de un principio de convivencia para solucionar las diferencias que se contraponen en este particular tipo de régimen político? ¿Es posible sostener que los problemas que aquejan a la democracia se encuentran directamente relacionados con las dimensiones de la tolerancia? ¿Los actores de la democracia deben reconocer la necesidad de expandir este principio a nuevos espacios de la convivencia? Hasta hace pocos años –por lo menos en los países considerados democráticos– la tolerancia aparecía como un problema política y teóricamente resuelto. Dicho en otras palabras, ¿por qué en el mundo de las democracias pluralistas la tolerancia constituye aún un problema? Diversos autores han sugerido que la respuesta es que la tolerancia, en su dimensión liberal clásica, no está capacitada para resolver las auténticas cuestiones de nuestro tiempo.

El nuevo mapa de la cultura y la política está caracterizado por aquello que se conoce como la “soledad normativa de la democracia”: una vez reconocida la fractura del comunismo histórico como régimen político y sistema de ideas que buscaba resolver los desafíos producidos por los persistentes problemas de igualdad y de extensión de la libertad, la pregunta que nos asalta es: ¿con cuáles instrumentos normativos e institucionales y con qué valores la democracia que conocemos se dispone a enfrentar las demandas que el “socialismo realmente existente” no logró enfrentar ni mucho menos solucionar? Las anteriores son sólo algunas de las más importantes preguntas a las que debemos buscar respuesta si es que nos preocupa la ampliación de los actuales límites de la democracia.


5.1. El cambio político por la persuasión

Iniciaremos este apartado recordando que la política representa en su mejor tradición “el arte del compromiso”; pero no debemos olvidar que el compromiso es más difícil de lograr entre hombres que se encuentran fuertemente ideologizados y que no reconocen la posibilidad de convivencia pacífica con el adversario. La importancia de la persuasión para la democracia deriva, en primer lugar, del hecho de que por sí misma excluye la fuerza para la solución de las controversias y, en segundo lugar, en que si tiene éxito se traducirá en un “cambio de actitudes” que a su vez puede modificar una situación establecida. El que un grupo cambie una actitud política basada en prejuicios es muy saludable para la democracia porque implica diversos cambios adicionales: de un lado, un cambio de opinión y de percepción en relación con aquel conjunto de presupuestos en que se fundaba la acción de rechazo hacia los adversarios y, del otro, un cambio en la disposición, que genera un cambio en la acción. Un cambio en la cultura necesariamente tendrá influencia en el ámbito político, ya que las formas de comportamiento entre los ciudadanos se modifican de acuerdo con los nuevos presupuestos. Naturalmente, aquí estamos haciendo referencia al cambio político de tipo innovador en sentido democrático, aunque no podemos olvidar aquellos otros tipos de transformaciones tendientes tanto a la conservación como a la restauración de un determinado orden político.14

El cambio de actitudes representa el primer paso para establecer una sociedad fundada en la tolerancia y la coexistencia no antagónica de posiciones. Sabemos hoy que los gobiernos pueden mantenerse en pie sólo por la violencia o el consenso. Para acrecentar este último en una democracia los políticos deben “ganarse a los hombres con palabras y con hechos”.15

Los valores de la democracia se refieren principalmente a los fines que proclama. Sin embargo, los medios institucionales con los cuales pretende alcanzar sus fines también son importantes. Para ser duradero, el cambio político debe desarrollarse sobre la base de las “reglas del juego” comúnmente aceptadas. El cambio político de tipo democrático establece una serie de compromisos que se traducen a su vez en nuevos instrumentos para la solución de los conflictos. Tal tipo de transformación política puede tener un carácter gradual o una dinámica más intensa, pero siempre deberá tener como principal característica la ausencia de violencia en cualquiera de sus formas.

Es en esta perspectiva donde el principio de la tolerancia se vincula al Estado de derecho en la búsqueda de soluciones a los problemas que surgen de la convivencia. Por lo tanto, el cambio político de carácter democrático debe inspirarse en la persuasión y no en la fuerza:

El principio del buen demócrata, es decir, de aquel que tiene en la máxima consideración los procedimientos universales, es antitético al principio del maquiavélico, o sea, de aquel que tiene la mente y los ojos fijos solamente en el resultado. La máxima del maquiavélico sería: el fin justifica los medios; la del demócrata, al contrario: los medios justifican el fin.16

El cambio político de carácter democrático y la práctica de la tolerancia se acompañan y se condicionan mutuamente en la medida en que la tolerancia permite acuerdos con los cuales se puede dar, de manera pactada, un cambio en la forma de gobierno. Aprender las reglas de la tolerancia implica tratar de ser inmunes a los prejuicios y a la parcialidad, lo que significa capacidad para reconocernos al mismo tiempo como “iguales y diversos”, sintetizando con armonía dos conceptos que en general se conciben como contrapuestos pero que aprenden a convivir en la democracia. A este respecto, quisiéramos concluir estas ideas recordando a Max Weber, quien en relación con la forma política de la sociedad industrial señaló:

En una edad del politeísmo de los valores, el único templo abierto debería ser el Panteón; un templo en el que cada uno pueda adorar a su propio dios.


5.2. La tolerancia como “virtud cívica”

La tolerancia constituye una virtud cívica y, por lo tanto, representa un valor ético de la democracia. En las sociedades modernas la tolerancia se traduce en el mínimo consenso social necesario para que un régimen político funcione de modo civilizado: el demócrata es aquel que, respetando las diferencias, puede convivir pacíficamente.

En una democracia, la tolerancia es aceptada sobre todo como un deber ético y no sólo porque sea socialmente útil o políticamente eficaz, porque como sostiene Bobbio,

si la democracia es principalmente un conjunto de reglas procesales, ¿cómo creer que pueda contar con ‘ciudadanos activos’? Para tener ciudadanos activos ¿no es necesario tener ideales? Ciertamente son necesarios los ideales () el primero que nos viene al encuentro por los siglos de crueles guerras de religión es el ideal de la tolerancia. Si hoy existe la amenaza contra la paz del mundo, ésta proviene, una vez más, del fanatismo, o sea, de la creencia ciega en la propia verdad y en la fuerza capaz de imponerla.17

En consecuencia, podemos sostener que el tolerante se encuentra seriamente comprometido con la defensa del derecho de cada individuo a profesar “su verdad” y a practicarla, y, en este sentido, la tolerancia no implica en ningún modo renunciar a nuestras personales convicciones; al contrario, el esfuerzo común, el respeto mutuo, la voluntad de diálogo y el disenso que acepta las reglas del juego constituyen sinónimos de la tolerancia.

El tolerante se basa en el “principio de la reciprocidad” que fundamenta todas las transacciones, todos los compromisos y todos los acuerdos que pueden llevarse a cabo en el Estado democrático. Estas transacciones se basan en un tipo de justicia distributiva que prevé el intercambio entre desiguales de una serie de acciones en paridad.18

La sentencia que ilustra esta situación podría ser formulada en los siguientes términos: “no se trata de que los seres humanos seamos todos iguales; de lo que se trata es que todos seamos tratados como iguales”. En tal sentido, dichas relaciones de reciprocidad fundamentan cualquier tipo de convivencia pacífica y civil: “si tú me toleras, yo te tolero; si yo me atribuyo el derecho a perseguir a los otros, atribuyo a los otros el derecho a perseguirme”. En la perspectiva que estamos analizando, la “igualdad” en que se fundamenta la tolerancia no significa solamente constricción a un trato idéntico; significa, aún más, considerar la presencia del “otro”, justamente en cuanto diverso, como un dato irrenunciable de nuestra misma socialidad, como una condición necesaria de pluralidad entre sujetos con diferentes creencias: la libertad del individuo no termina donde empieza la libertad del otro. Más bien, la libertad del otro constituye, hoy por hoy, la principal condición de la propia libertad. En una democracia la tolerancia no es sólo la consecuencia de la garantía de derechos o libertades, sino que puede ser considerada también como una “actitud mental” que permite reconocer que, en nuestras sociedades, la función de mediación constituye un elemento central para regular las relaciones entre el individuo y el Estado.


5.3. Pluralismo y tolerancia

Reconocer, en síntesis, la existencia de la diversidad en la conformación de las decisiones colectivas es reconocer que, en este sentido, el pluralismo y la democracia resultan consustanciales a la tolerancia, dándole a ésta un espacio para la expresión del disenso, el cual ha sido aceptado en las sociedades pluralistas como un “mal menor” cuando el costo de la represión resulta mayor, o como un “mal necesario” cuando no es posible eliminar tal disenso, el cual, como bien se sabe, cuando es lícito resulta funcional para la democracia.19

Del mismo modo en que la tolerancia constituye el fundamento ético del sistema democrático, su antítesis, la intolerancia, establece una correlación directa con el autoritarismo político. Históricamente, el periodo posbélico nos permitió observar cómo la intolerancia se vio reflejada en el choque frontal entre dos concepciones ideológicas y políticas caracterizadas por su dogmatismo y su incapacidad para comprenderse mutuamente. Como ya hemos señalado, la exacerbación de las contradicciones hace de la confrontación política, irremediablemente, una lucha entre bloques. En la llamada Guerra Fría se manifestaron esquemas ideológicos antitéticos que descartaron el diálogo, invalidándolo como una de las “reglas del juego” para solucionar los conflictos sociales. Resultaba más importante y también más fácil fortalecer las propias certidumbres que tratar de escuchar las razones del otro. En efecto, la polarización entre estas concepciones propició no pocos conflictos y guerras a nivel regional. Con la caída del muro de Berlín desaparece esta fuerte contraposición político-ideológica; sin embargo, no podemos quedar impasibles frente al hecho de que en los últimos tiempos han surgido nuevos fanatismos, como aquel de tipo religioso encarnado por los régimenes teocráticos representados principalmente por el fundamentalismo islámico, y los movimientos de intolerancia racial –como el de los skinheads en Europa– que están en contra de la inmigración por considerarla una amenaza a sus condiciones de vida. Estas nuevas intolerancias aparecen peligrosamente como una antítesis de las virtudes cívicas democráticas.

Si no se acepta la pluralidad sólo quedará el camino de la persecución política e ideológica. La experiencia histórica ha demostrado trágicamente que la intolerancia –transformada en forma de gobierno que implementa políticas discriminatorias– nunca ha sido capaz de obtener los resultados que se propone en el largo plazo. El caso del apartheid sudafricano fue quizás uno de los más significativos. Contrariamente, la tolerancia va aparejada con el principio de la libertad en la medida en que permite el desarrollo de un “ámbito de inmunidad” que protege las decisiones del individuo en contra de los abusos de cualquier tipo de poder (siempre que no atenten contra los derechos de los otros individuos). En este sentido, la tolerancia también ha representado históricamente el método de la persuasión respecto a su contrario: el método de la fuerza o de la coacción. En tal perspectiva, resulta evidente que detrás de la tolerancia como virtud cívica no es posible encontrar solamente la aceptación pasiva y resignada del error, sino que existe además la posibilidad de que los individuos tengan una “actitud crítica” basada en el uso de la razón, aceptando por tanto la racionalidad del otro, del diferente.

Por las razones expuestas, la tolerancia debe ser entendida en un sentido activo capaz de contrarrestar las inercias del que no está dispuesto a convivir pacíficamente. La tolerancia como intercambio encarna una concepción del hombre que no es capaz de guiarse solamente por sus propios intereses, sino que también es capaz de considerar estos intereses en la perspectiva del interés de todos. En este sentido, la tolerancia representa el equilibrio entre distintas fuerzas y presupone el desmantelamiento de los prejuicios hacia el “diverso”.20

Desde esta lógica, la tarea de la política en una democracia consiste en garantizar –con las leyes– el respeto y la promoción de los valores cívicos que están comprendidos en el precepto de la tolerancia entre los ciudadanos. Es importante precisar que el tolerante debe rechazar conscientemente la violencia como medio privilegiado para obtener el triunfo de sus ideas subordinando a los demás a su propia concepción. El concepto de tolerancia en su significado moderno debe ser referido al problema de la convivencia entre minorías étnicas, culturales, lingüísticas o religiosas, es decir, debe relacionarse con el “problema del diverso”.

La tolerancia significa, entonces, la aceptación del pluralismo en todas sus dimensiones. En esta perspectiva, importantes filósofos de la política como Michael Walzer consideran que la tolerancia, entendida como libertad de conciencia, representa mucho mejor a la democracia que cualquier otra de sus prescripciones o procedimientos. Concluiremos esta sección invocando la importancia que tiene en el pensamiento laico el sentido de la moderación, contra cualquier forma de “histeria colectiva” en que se encarnan los nuevos fundamentalismos e indicando en la “racionalidad” humana la más alta lección que se puede extraer del largo camino que la libertad ha tenido que recorrer en el pasado. Porque, como sostiene Bobbio, “no se puede ser intolerante sin ser fanático”.


6. Una concepción pluralista de la tolerancia

En este último apartado haremos referencia a una cuestión que puede ser formulada en los siguientes términos: ¿cuál es la tolerancia que requerimos frente a los nuevos desafíos?, o, dicho de otra manera, ¿cuál es la tolerancia que resulta adecuada a las sociedades marcadas por una creciente complejidad y heterogeneidad? Una posible respuesta podría encontrarse caracterizando los elementos que contribuyen a distinguir a una concepción pluralista de la tolerancia, la cual consideramos necesaria para enfrentar los problemas que amagan a las democracias al final del siglo, sobre todo después de la crisis del comunismo histórico. En efecto, frente a un fenómeno que evidencia los signos de agotamiento y las limitaciones por las que transita la concepción tradicional, de tipo liberal, de la tolerancia, algunos autores consideran indispensable intentar establecer los perfiles para su posible reformulación.21

Una nueva concepción pluralista de la tolerancia se podría referir a la “tolerancia pública” de aquel conjunto de diferencias colectivas representativas de los nuevos grupos e intereses que se han desarrollado durante los últimos tiempos en las democracias. Esto es importante porque, a pesar de la existencia del Estado de derecho heredado del liberalismo, en el régimen democrático actual aún existen grupos sociales que son considerados “diferentes” y son excluidos o discriminados sobre la base de prejuicios. Por lo tanto, la concepción pluralista se refiere a los comportamientos y las prácticas que en una democracia vulneran los derechos de las nuevas identidades colectivas que son débiles en la esfera pública. Aquí la tolerancia no aparece ya como un mero cálculo político, como una razón de mera prudencia política o como un discurso sobre la posesión de la verdad; aquí la tolerancia aparece, para decirlo con Bobbio, como la elección de un verdadero método universal (o que por lo menos debería tener un valor universal) de convivencia civil que se aplica en todos los ámbitos de la vida social.

Al respecto debemos recordar que toda convivencia política de carácter democrático se basa en un compromiso representativo del consenso y del disenso. Reconociendo estas dos dimensiones de la vida políticamente organizada podríamos afirmar que, desde una perspectiva pluralista, la tolerancia encarna un modus vivendi y una “contraprestación” que se reflejan en una relación de reciprocidad e intercambio. Una vida democrática organizada a partir de una concepción pluralista de la tolerancia tendría por fundamento recuperar la validez del “diálogo democrático” y del “método de la persuasión”, respecto al método de la coacción o al de la fuerza, pero aplicándolos en la mayoría de las esferas de la vida social. En este sentido, aquello que nos permite caracterizar a una concepción pluralista de la tolerancia sería una nueva concepción en donde ésta se aplica a la gran variedad de actividades extrapolíticas que se considera que pueden convivir en una sociedad. El valor político de esta concepción reside en que configura una coexistencia cooperativa entre los diversos grupos que habitan en las democracias contemporáneas. Representaría aquello que John Rawls ha denominado un consenso por intersección, el cual estaría ilustrando aquel conjunto de principios y valores que modelan las instituciones de base de una “sociedad justa”. En el esquema propuesto por este autor, tal tipo de sociedad es representado por un sistema de cooperación, estable en el tiempo, que se desarrolla entre ciudadanos considerados libres e iguales.

En esta lógica, la concepción pluralista de la tolerancia se traduciría en un comportamiento activo de confianza en la razón o, más correctamente, en la racionalidad del otro. Una sociedad fundada en la tolerancia estaría representada, en pocas palabras, por una concepción de la vida del hombre en la democracia en la que éste no sólo es capaz de esforzarse por alcanzar sus propios intereses, sino también de considerar sus intereses a la luz del interés de todos. Dicho más esquemáticamente, si en la concepción tradicional de tolerancia aparecía el dilema: “mi libertad termina en donde empieza la tuya”, en la interpretación pluralista que ahora se discute el principio de convivencia se ha transformado, estableciendo que “el ejercicio de mi libertad y mis derechos se convierte en una condición para el ejercicio de tu libertad y tus derechos”.

De acuerdo con cuanto hasta aquí hemos sostenido, la tolerancia debe constituirse en un método universal para la convivencia civil. En efecto, una concepción pluralista de la tolerancia hace hincapié no en la exclusión, sino en la inclusión del mayor número de iniciativas y puntos de vista en la construcción democrática. Podríamos concluir señalando que la tolerancia, en síntesis, es un conjunto de principios de la convivencia civil que están representados en la famosa expresión de Aristóteles según la cual el hombre es un zoon politikón, es decir, un ser que aspira a la asociación urbana o, dicho más simplemente, un ser que aspira a ser un ciudadano.


Bibliografía

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Bobbio, Norberto, “Perchè democrazia”, en Organizzazione dellostato e democrazia, Franco Angeli, Milán, 1977.

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Bodino, Juan, Los seis libros de la República, Aguilar, Madrid, 1973.

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Locke, John, Ensayo sobre el gobierno civil, Aguilar, Madrid, 1969.

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Montesquieu, Charles de, Del espíritu de las leyes, Porrúa, México, 1977.

Spinoza, Baruch, Epistolario, Sociedad Hebraica Argentina, Buenos Aires, 1950.

Moro, Tomás, Utopía, Fondo de Cultura Económica, México, 1975.

Voltaire, Tratado de la tolerancia, Grijalbo, Barcelona, 1984.


Sobre el autor

Isidro H. Cisneros es doctor en Ciencia de la Política por la Universidad de Florencia, Italia. Actualmente se desempeña como profesor-investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en la sede académica de México. Recibió el <Contributo di Ricerca 1990> otorgado por la Fundación Luigi Einaudi de la ciudad de Turín, Italia. Recientemente obtuvo el premio del XI Certamen de Ensayo Político 1996 “Presente y Futuro de la Izquierda”, organizado por la revista Nueva Sociedad de Venezuela. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Entre sus últimas publicaciones: “La transizione messicana alla democrazia”, en Latinoamerica, núm. 37-38, Roma, Italia, 1990; “Los diferentes momentos del cambio político de tipo democrático”, en Perfiles Latinoamericanos, año 3, núm. 4, México, 1994; “Se escribe tolerancia; pero se debe leer democracia”, en La Jornada Semanal, núm. 269, agosto de 1994; “Dilemas de la gobernabilidad en la democracia”, en Crónica Legislativa, núm. 1, año IV, 1995; “Tolerancia y democracia”, en Revista del Centro Andino de Acción Popular, núm. 35, Quito, Ecuador, 1995; “Pluralismo y tolerancia en las instituciones democráticas”, en Este País, núm. 55, octubre de 1995; “Tolerancia y ciudadanía”, en Perfiles Liberales, núm. 46, Bogotá, Colombia, 1996; y “Los modelos de la transición política: México en la disyuntiva de la innovación o la conservación”, en La agenda política para el fin de siglo, Ediciones La Jornada/CCI-UNAM, de próxima aparición.



1 Cfr. Norberto Bobbio, , en Rivista di filosofia, X, núm. 2, febrero de 1954, e Id., , en Moneta e credito, BNL, XV, núm. 59, septiembre de 1962.
2 Véanse, por ejemplo, The New Encyclopaedia Britannica, vol. X (Micropaedia), University of Chicago, Chicago, 1974, p. 31; Diccionario Unesco de Ciencias Sociales, Planeta, Barcelona, 1988, p. 2246; Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, Herrerías, México, 1941, p. 1227, y Nicola Zingarelli, Vocabolario della lingua italiana, Zanichelli, Bolonia, 1991, p. 2011.
3 Norberto Bobbio, , en Mondoperaio, 39, núm. 11, noviembre de 1986, p. 44.
4 “El movimiento de la Reforma se extendió a Italia, pero Roma tuvo éxito en sofocarlo, y muchos heréticos huyeron a Suiza. El grupo ‘antitrinitario’ fue obligado, por la intolerancia de Calvino, a escapar a Transilvania y Polonia, donde propagó sus doctrinas”. Cfr. J. M. Bury, Historia de la libertad de pensamiento, Fondo de Cultura Económica, México, 1941, pp. 65-66.
5 David Miller, The Blackwell Encyclopaedia of Political Thought, Blackwell, Oxford, 1991, pp. 521-523.
6 Norberto Bobbio, , en Tra societá e scienza. 200 anni di storia dell’Acca-demia delle Scienze di Torino, Alemandi, Turín, 1988, pp. 72-77.
7 Norberto Bobbio, , en Liberalismo y democracia, Fondo de Cultura Económica, México, 1989, p. 17.
8 Ferdinando Adornato, Oltre la sinistra, Rizzoli, Milán, 1991, p. 112.
9 Irving Fetscher, La tolerancia, Gedisa, Barcelona, 1994, pp. 137-142.
10 Cfr. Carl Schmitt, El concepto de lo político, Folios Ediciones, México, 1985.
11 Norberto Bobbio, , en Lettera Internazionale, 4, núm. 15, enero-marzo de 1988, pp. 16-18.
12 Norberto Bobbio, , op. cit., p. 43.
13 José María Benegas, , en Escritos sobre la tolerancia, Editorial Pablo Iglesias, Madrid, 1986, p. 19.
14 Estos temas asociados con las dimensiones y modalidades del cambio político los he abordado en , en Perfiles Latinoamericanos, Flacso-México 3, núm. 4, 1994.
15 Quizás, entre los muchos autores que han estudiado la persuasión en política, destacan el cientista político Harold D. Lasswell, quien formuló un conjunto de categorías teóricas para analizar los efectos de las comunicaciones persuasivas, así como el sociólogo Paul Lazarfeld, quien estudió las complejas redes de comunicación sobre la conducta política de los individuos. Cfr. H. D. Lasswell, Language of politics, MIT Press, Cambridge, 1965, y P. Lazarfeld, The people’s choice, Columbia University Press, Nueva York, 1960.
16 Norberto Bobbio, , en Il Ponte, núms. 11-12, noviembre-diciembre de 1975.
17 Norberto Bobbio, El futuro de la democracia, Fondo de Cultura Económica, México, 1986, pp. 30-31.
18 Norberto Bobbio, , en Enciclopedia Europea, Garzanti, Milán, 1980, p. 357.
19 He tratado estos temas en otros lugares, por lo que aquí no abundaré en estas cuestiones. Cfr., , en La Jornada Semanal, núm. 260, junio de 1994; , en Este País, octubre de 1995, y , en Litoral, primavera de 1996.
20 Elías Díaz, Ética contra política, Fontamara, México, 1993, p. 41.
21 Anna E. Galeotti, , en Political Theory núm. 21, 1993, pp. 585-605.

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¿Que son los Hugonotes?

26 Enero 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

 

¿Que son los Hugonotes?

Respuesta:

Término de etimología incierta y discutida (cfr. P. Bourguet, Huguenots, le sobriquet mystérieux, París 1959) usado en el s. xvi para designar a los protestantes franceses adictos al calvinismo (v.). El protestantismo se había introducido en Francia a la sombra de algunos discípulos de Lefévre d’Etaples reunidos en el círculo de Meaux, entre los que destacó por su actividad Guillermo Farel; más tarde fueron las ideas de Calvino (v.) las que se impusieron en los ambientes reformistas franceses. Las primeras medidas antiprotestantes adoptadas procedieron de la Sorbona (que publicó en 1521 su Determinatio, condenando el luteranismo), del Parlamento (que el 13 jun. 1521 prohibió la publicación y venta de libros sobre la S. E. y el dogma sin la aprobación de la Facultad de Teología de París) y, por último, aunque menos decidida, del mismo rey, Francisco I (v.) que, aun siendo buen católico, se mantuvo fluctuante en numerosas ocasiones. Esta actitud ambigua permitió que los calvinistas fuesen poco a poco, a pesar de las intermitentes persecuciones, penetrando en el país y tomando una actitud beligerante (affaire des placards, 18 oct. 1534). A pesar de la postura de clara y decidida hostilidad tomada por Enrique II desde el comienzo de su reinado, y de las sucesivas legislaciones represivas, el calvinismo siguió ganando terreno: aumentó cada vez más la propaganda; se organizaron campañas contra el culto de la Virgen y las más arraigadas devociones cristianas; y, finalmente, los h. llegaron a celebrar en 1559, en París, su primer sínodo general, en el que se reunieron los delegados de 11 comunidades bajo la presidencia del pastor de la de París, Francisco Morel, se publicó una confesión de fe y un Código de la Iglesia reformada. De este modo llegaron a constituir una poderosa fuerza política a la que se acercaron, con afán de utilizarla en su provecho, algunos elementos de la oposición al partido de la regente, Catalina de Médicis (v.) y de la influyente familia de los Guisa (v.); entre ellos destacan los príncipes de Borbón y de Condé, y el almirante Coligny. Belicosos y atrevidos, los h. comenzaron una acción en pro de su causa. Se organizaron militarmente y ocuparon numerosas iglesias católicas instaurando en ellas los cultos calvinistas. Planearon la conjuración de Amboise contra el rey Francisco II y los Guisa, que fue descubierta en 1560 y provocó nuevos edictos de persecución. Durante la minoría de Carlos IX se intentó una solución pacífica en el coloquio de Poissy (1561) promovido por la regente. Catalina firmó el 17 en. 1562 un edicto de tolerancia por el que se concedía a los h. libertad de culto, excepto en las ciudades, a cambio de devolver a los católicos las iglesias que se les habían tomado. No aceptaron estas condiciones sino que iniciaron una nueva campaña de violencias llegando a matar a algunos sacerdotes junto a París y, sobre todo, cometiendo enormes crueldades en el sur de Francia. La potente reacción católica dio ocasión a la primera de las ocho guerras de religión que durante cerca de 40 años (1562-98) ensangrentaron el suelo francés (V. FRANCIA V y VI; NOCHE DE SAN BARTOLOMÉ), y durante los que la posición de los h. se fue afianzando cada vez más. Enrique IV (v.), antiguo h. convertido al catolicismo, publicó el 13 abr. 1598 el célebre edicto de Nantes que concedía a los calvinistas libertad de religión en todo el reino, con ligeras limitaciones; asimismo les permitía el acceso a los cargos públicos y hacía otras concesiones, pero les imponía la obligación de observar exteriormente las fiestas y culto católicos y atenerse a la legislación católica del reino. Esta actitud oficial de tolerancia se mantuvo hasta la revolución que los h. provocaron en el Lanquedoc con motivo del matrimonio de Luis XIII (v.) con la princesa española Ana de Austria; se produjo otra guerra religiosa que finalizó con el tratado de Montpellier (18 oct. 1622). La influencia política de los h. acabó definitivamente por medio de la acción del cardenal Richelieu (v.) quien, convencido que constituían un Estado dentro del Estado, se propuso con toda energía someterlos. Firme, pues, en este plan y con la indomable energía que lo caracteriza, después de vencerlos en 1625 los trató con suavidad; pero habiéndose ellos rebelado de nuevo en 1627 con el apoyo de los ingleses, acometió la principal fortaleza h., la Rochela, que al fin tuvo que rendirse (1628). En el edicto de Nimes (1629) se renovaba sustancialmente el de Nantes, pero únicamente en los puntos religiosos. Mazarino (v.) siguió la política de Richelieu. Luis XIV (v.) procedió todavía con más decisión tratando de devolver a Francia la unidad religiosa. Las primeras tentativas de conversión fracasaron y muchos hugonotes emigraron. Entonces el rey trató de apoderarse de sus bienes, aunque más tarde, en 1681, aceptó el plan de su ministro Louvois, de forzar a los h. mediante las ‘dragonadas’, es decir, alojando los soldados en las casas de los h. El sistema provocó numerosas rebeliones de calvinistas sofocadas por la fuerza. De hecho se consiguió la desaparición (por conversión forzada o emigración) de la mayoría de los h. Entonces, Luis XIV, pretextando que el calvinismo había desaparecido, suprimió el edicto de Nantes (1685). Como fruto de esta política emigraron de Francia unos 70.000 h. Inocencio XI (v.), con todos los buenos católicos del mundo y de Francia, no pudo menos de desaprobar la violencia empleada por Luis XIV y sus agentes. Desde entonces, enormemente reducidos en número, vivieron clandestinamente, aunque en 1702-04 provocaron otra rebelión (la de los camisards o de las Cévennes), cuya represión acabó con la resistencia de los h. En 1787, un edicto de Tolerancia devolvía a los h. una existencia legal, aunque con numerosas restricciones. En 1789, la Revolución (v.) les dio una libertad completa, codificada en 1802 por el Imperio. En el curso del s. xix surgieron divisiones teológicas que dieron origen a diversas sectas (‘liberales’, ‘ortodoxas’, ‘libres’, ‘metodistas’, etc.). En 1938, la mayor parte de estas sectas se fundieron de nuevo (450.000 miembros y cerca de 600 pastores). V. t.: FRANCIA V y VI.

BIBL.: B. LLORCA, R. GARCÍA VILLOSLADA, F. J. MONTALBÁN, Historia de la Iglesia católica, III, 2 ed. Madrid 1967, 749-755, 928-938; IV, 3 ed. ib. 1963, 80 ss. (con abundante bibl. bien clasificada); A. EHRHARD, W. NEuss, Historia de la Iglesia, 4 vol., Madrid 1961 ss.; IV, 231 ss.; L. ROMIER, Les origines politiques des guerres de religion, d’aprés des documents originaux inédits, 2 vol., París 1913-14; íD, Le Royaume de Catherine de Médicis, 2 vol., 2 ed. París 1922; íD, Catholiques et huguenots á la cour de Charles IX, 2 ed. París 1924; fD, Guerres de religion, 6 vol., París 1914 ss.; J. VIÉNOT, Histoire de la reforme franpaise des origines á l’Edit de Nantes, París 1926; íD, Histoire de la reforme franpaise de 1′Edit de Nantes á sa revocation, París 1934; F. ROCQUAIN, La France et Rome pendant les guerres de religion, París 1924; A. LEVIS-MIREPOIX, Les Guerres de religion, París 1950; O. ZOFF, Die Hugenotten, Constanza 1948; K. MANOURY, Die Geschichte der Hugenottenkirche, 2 vol., Berlín 1940-41; J. ORCIBAL, Louis XIV et les protestants, París 1951; A. DuCASSE, La guerre des camisards: la resistente huguenote sous Louis XIV, París 1946.

http://www.teologoresponde.com.ar/respuesta.asp?id=295

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RESEÑA HISTÓRICA DE LA RESISTENCIA Y LA REBELIÓN DE LOS PUEBLOS

26 Enero 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

EL DELITO POLÍTICO EN COLOMBIA

CAPITULO I

RESEÑA HISTÓRICA DE LA RESISTENCIA Y LA REBELIÓN DE LOS PUEBLOS

El 11 de septiembre de 2001 el mundo presenció en directo a través de la televisión los atentados terroristas contra los mayores símbolos de la civilización occidental: las Torres Gemelas del World Trade Center y el Pentágono, expresión máxima de seguridad del mundo globalizado. La superpotencia, gendarme único y autoproclamado del mundo desde el fin de la guerra fría, demostró su vulnerabilidad. Todo el poder imperial que le ha permitido sembrar odio, miseria y terror en distintos lugares del planeta en nombre de la libertad y la democracia, originó estos hechos de venganza que han de cambiar la historia de la humanidad. ¿En qué queda hoy el derecho de resistencia de los pueblos frente a la opresión, el derecho a la autodeterminación y soberanía de pueblos subyugados? ¿Cómo se afectarán los alcances logrados en materia de derechos humanos? Frente a la guerra contra el terrorismo que no tiene fronteras y la profundización de las asimetrías militares, económicas y sociales, ¿en qué quedarán los nobles propósitos del Derecho Internacional Humanitario?

En todo caso, la represión indiscriminada o selectiva contra todos aquellos que sean calificados como terroristas, no impedirá que los sentimientos de rebeldía se sigan expresando a lo largo y ancho del planeta. La única manera de avanzar hacia la paz es asegurando un orden internacional justo, con seguridad democrática; un Estado social de derecho universal sería la mejor forma de prevenir toda clase de terrorismo, tanto el que practican los Estados como el reactivo que asumen ciertas causas religiosas, sociales o políticas. Si todo lo que se invierte en la represión del delito se invirtiera en prevenirlo, el mundo sería más seguro.

En el mundo globalizado de hoy, entramos a la era del terrorismo, en el que cualquier forma armada de resistencia, o incluso no expresamente armada, puede llevar a esta odiosa calificación. Las vestiduras de occidente se rasgan en la paranoia de la inseguridad y la Carta de las Naciones Unidas se invoca o se interpreta al antojo de quienes gobiernan la aldea global o por sus subditos que administran los precarios Estados-nación en grave crisis de soberanía. El terrorismo se convierte en oportunidad para anular y desnaturalizar el derecho de resistencia frente a poderes nacionales y transnacionales que someten a tres cuartas partes de la humanidad a un estado permanente de miseria, de opresión y de abiertas o sofisticadas formas de tiranía, incluso bajo el ropaje de democracias formales. En la actualidad, se hace necesario plantear cuáles son los problemas fundamentales por los que atraviesa la humanidad y si es legítimo o justo el rebelarse contra estas formas de dominación en el orden mundial o nacional. Los nuevos dueños del statu quo se proclaman dueños de la justicia, de la libertad, de la democracia y de la razón. Todo el que atente contra el sistema imperante ya no será tratado siquiera como delincuente político, sino como terrorista y, por tanto, como un enemigo universal.

Para hacer frente a esta inercia, recordemos que en el itinerario histórico los avances sociales, políticos, económicos, culturales e incluso científicos han sido posible gracias a aquellas personas y aquellos pueblos que se han rebelado contra los poderes establecidos.

Podemos afirmar que el derecho a la resistencia se ha utilizado a través de la historia de la humanidad como un derecho de los pueblos para liberarse de la tiranía y la opresión de quienes ejercen arbitrariamente el poder: “Hace muchos siglos se denomina derecho de resistencia el ejercido por los subditos para lograr la cesación de comportamiento tiránico asumido por autoridades que abusan grave y reiteradamente de sus competencias. Este abuso se identifica con el ultraje hecho a la justicia mediante actos violatorios de los bienes jurídicos fundamentales -la vida, la integridad, la libertad, la seguridad, etc.- cuya ejecución no han logrado los ciudadanos hacer prevenir y sancionar con el auxilio de instrumentos pacíficos de control y freno del poder. Entre esos instrumentos están el ejercicio de recursos y acciones judiciales, las apelaciones al ministerio público y las campañas de denuncia por la prensa y otros medios de comunicación. Cuando todos los mecanismos de refrenamiento pacífico fracasan, los agredidos por la autoridad tiránica tienen, dadas ciertas condiciones, el derecho inalienable a defenderse con el uso de la fuerza: a entrar en insurrección contra la tiranía”. (1)

De esta definición derivamos que el derecho a la resistencia involucra varias formas de exigibilidad y “justiciabilidad” de los derechos y libertades, que pasa por la desobediencia civil y llega hasta el extremo de la rebelión armada cuando las necesidades la imponen. El autor citado habla de tres formas de resistencia: una resistencia pasiva fundamentada en acciones de la no violencia; una resistencia activa que puede ser legal, si emplea mecanismos previstos en el ordenamiento jurídico o insurreccional,si opta por el recurso a la fuerza armada y se manifiesta como un levantamiento. (2)

Para precisar el tema de que se ocupa este escrito, cabe resaltar que: “El derecho a la resistencia insurreccional bien puede ser definido como el derecho inherente de todo ser humano a rechazar el acontecimiento de un gobierno que se ha colocado en la posición del agresor injusto. Así como es legítimo que una persona defienda un derecho propio o ajeno contra la injusta agresión de un particular, y que el Estado rechace todo ataque armado proveniente del exterior, no contraría ni el derecho ni la justicia que los miembros de la comunidad política repelan a quienes, haciendo un uso retorcido de la autoridad pública, amenazan los bienes jurídicos primordiales de los ciudadanos. El derecho a resistir es el derecho del pueblo a la legítima defensa” (3). Según el mismo autor Mario Madrid Malo: “Por pertenecer al ámbito de la defensa legítima, el ejercicio del derecho de resistencia tiene los mismos requisitos que exige el de la defensa privada: necesidad de amparar derechos ciertos e indiscutibles, inexistencia de otro medio idóneo para evitar o repeler el ataque, injusticia de la agresión, actualidad o inminencia del peligro y, por último, proporcionalidad entre la respuesta y la ofensa (4). La acción de un pueblo que se levanta contra la tiranía participa esencialmente de los caracteres de la otrora llamada guerra defensiva”. (5)

TIRANICIDIO

En la historia de la humanidad, la resistencia a regímenes tiránicos, antidemocráticos y represivos no constituye delito alguno, sino que constituye un derecho. Como antecedentes más inmediatos del derecho a la resistencia está el tiranicidio, doctrina que en los siglos XV y XVI cobra su mayor fuerza. Tal doctrina estableció que éste era un derecho cuando no hubiere forma distinta de solución. Pensadores como Confúcio (quien los llamó ladrones del camino real), Teofrasto, Séneca, Quintiliano y Luciano defendieron el tiranicidio como medio de redención de los pueblos oprimidos. El mayor defensor de esta doctrina fue el padre jesuíta Juan de Mariana, quien en su famoso libro De Regeet Regís Institutione ad Philipus III, publicado en 1599, expresó: “Es saludable que éste sepa (el príncipe) que si oprime la república, será expuesto a ser asesinado, no sólo con derecho sino con aplauso y gloria de las generaciones futuras”. Tomás de Aquino también consintió la figura del tiranicidio, aduciendo que la resistencia a una autoridad injusta no es sedición. En Suma teológica, rechazó la doctrina del tiranicidio; sin embargo, sostuvo la tesis de que los tiranos debían ser depuestos por el pueblo.

Conceptos actuales nos enseñan “la voz tirano para referir en general a aquél que gobierna por el terror -imponiendo, principalmente por la violencia, su arbitrio-en perjuicio de las libertades fundamentales de los subditos”. (6)

La tiranía es un sinónimo de un gobierno ilegítimo, y esa ilegitimidad puede ser por la forma de acceso al poder o por los abusos cometidos durante su ejercicio, para algunos “puede provenir ya de la forma como accedió al poder (vgr. por golpe contra las autoridades legítimamente constituidas), ya de la comisión de gravísimos y repetidos desafueros que desvirtúan de manera total el sentido y el fin de la autoridad (vgr. suspensión generalizada de las libertades públicas, cierre de las cámaras legislativas, aherrojamiento de la judicatura, exterminio de los opositores, etc.)” (7). Para el caso colombiano, ante una grave y sistemática violación de los derechos humanos cabe preguntarnos si estamos frente a un gobierno legítimo, formalmente democrático pero a su vez sustentado en la exclusión económica y política.

En la Edad Media, Juan de Salisbury, en su libro Hombre de Estado, dice: “Cuando un príncipe no gobierna con arreglo a derecho y degenera en tirano, es lícito y está justificado su deposición violenta”, y recomienda que contra el tirano se use el puñal aunque no el veneno.

Martín Lutero proclamó que cuando un gobierno degenera en tirano y vulnera las leyes, los subditos quedan liberados del deber de obediencia. Su discípulo Felipe Helanchton sostuvo que es legítimo el derecho de resistencia cuando los gobiernos se convierten en tiranos. Calvino, el pensador más notable de la Reforma, desde el punto de vista de las ideas políticas, postuló que el pueblo tiene derecho a tomar las armas para oponerse a cualquier usurpación.

Nadie menos que un jesuíta español de la época de Felipe II, Juan Mariana, en su libro De rege et regis institutions, afirma: “Cuando el gobernante usurpa el poder o, cuando elegido, rige la vida pública de manera tiránica, es lícito su asesinato por un simple particular, directamente o valiéndose del engaño, con el menor disturbio posible”.

El escritor francés Francisco Hosnan sostuvo que entre gobernantes y subditos existe el vínculo de un contrato, y que el pueblo puede alzarse en rebelión frente a la tiranía de los gobiernos cuando éstos violan aquel pacto.

Los reformadores escoceses Juan Knox y Juan Poynet sostuvieron que es legítima la resistencia a los gobiernos cuando oprimen al pueblo y que es deber de los magistrados honorables encabezar la lucha, y en el libro más importante de ese movimiento, escrito por Jorge Buchman, se dice: “Si el gobierno logra el poder sin contar con el consentimiento del pueblo o rige los destinos de éste de una manera injusta y arbitraria, se convierte en tirano y puede ser destituido o privado de la vida en último caso”.

Juan Altusia, jurista alemán de principios del siglo XVII, en su Tratado de política, dice: “La soberanía, en cuanto autoridad suprema del Estado, nace del concurso voluntario de todos sus miembros; la autoridad del gobierno arranca del pueblo, y su ejercicio injusto, extralegal o tiránico, exime al pueblo del deber de obediencia y justifica la resistencia y la rebelión”.

Más cercano en el tiempo, en el siglo XVII, en Inglaterra, fueron destronados dos reyes, Carlos I y Jacobo II, por actos de despotismo. Estos hechos coincidieron con el nacimiento de la filosofía política liberal, esencia ideológica de una nueva clase social que pugnaba entonces por romper las cadenas del feudalismo. Frente a las tiranías del derecho divino, esa filosofía opuso el principio del contrato social y el consentimiento de los gobernados, y sirvió de fundamento a la Revolución Inglesa de 1688 y a las revoluciones americana de 1775 y francesa de 1789. Estos grandes acontecimientos revolucionarios abrieron el proceso de liberación de las colonias españolas en América, cuyo último eslabón fue Cuba. El derecho de insurrección contra la tiranía recibió entonces su consagración definitiva y se convirtió en postulado esencial de la libertad política.

Ya en 1649, John Milton escribe que el poder político reside en el pueblo, quien puede nombrar o destituir reyes, y tiene el derecho de separar a los tiranos. John Locke, en su Tratado de gobierno, sostiene que cuando se violan los derechos naturales del hombre, el pueblo tiene el derecho y el deber de suprimir o cambiar de gobierno. “El único remedio contra la fuerza sin autoridad es oponerle la fuerza”.

Juan Jacobo Rousseau dice con mucha elocuencia en su Contrato social’.”Mientras un pueblo se ve forzado a obedecer y obedece, hace mejor recuperando su libertad por el mismo derecho que se la han quitado… Renunciar a la libertad es renunciar a la calidad de hombre, a los derechos de la humanidad, inclusive a sus deberes. No hay recompensa posible para aquel que renuncia a todo. Tal renuncia es incompatible con la naturaleza del hombre, y quitar toda la libertad a la voluntad es quitar toda la moralidad a las acciones. En fin, es una convicción vana y contradictoria estipular, por una parte, con una autoridad absoluta y, por otra, con una obediencia sin límites…”

Sólo escritores reaccionarios se opusieron a este derecho de los pueblos, como aquel clérigo de Virginia (Estados Unidos), Jonathan Boucher, quien dijo: “El derecho a la revolución es una doctrina condenable derivada de Lucifer, el padre de todas las rebeliones”.

EL DERECHO DE RESISTENCIA EN LAS PRIMERAS CARTAS DE DERECHOS HUMANOS

Con la paulatina aparición de las constituciones demoliberales o burguesas, se pasó de la doctrina del tiranicidio al derecho a la resistencia. Así por ejemplo, la Declaración de Derechos de Virginia proclamada el 12 de junio de 1776, expresó:

“Que el gobierno es o debe ser instituido para el común provecho, protección y seguridad del pueblo, nación o comunidad; que de los varios modos o formas de gobierno, el mejor es aquél que es capaz de producir el mayor grado de felicidad y seguridad, y ofrece mayor garantía contra el riesgo de una mala administración; y que cuando un gobierno fuera manifiestamente inadecuado o contrario a estos principios, una mayoría de las comunidad tiene el derecho indiscutible, inalienable e imprescriptible de reformarlo, alterarlo o abolirlo en la forma que juzgue más conveniente al bienestar público”.

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos, adoptada por el congreso continental de Filadelfia el 4 de julio de 1776, firmada por John Hancock, John Adams, Samuel Adams, Josiah Bartlett, Carter Braxton, Thomas Lynch, Arthur Middleton, Thomas M’Kean, y Lewis Morris, dice: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos, se instituyen entre los hombres los gobiernos que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o aboliría e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores posibilidades de alcanzar su seguridad y felicidad… Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, demuestra el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y establecer nuevos resguardos para su futura seguridad”.

Durante el siglo XVIII, la tiranía fue asimilada a la monarquía rescatando las ideas de la Política de Aristóteles: “La tiranía es la monarquía que tiende al interés del monarca… una monarquía en la que el soberano gobierna a su antojo sobre la colectividad política”. (8)

En consecuencia, la insurgencia es legítima por cuanto el tirano rompe el pacto social, desconoce las reglas del juego con el ejercicio del poder, pasando de gobernante a un agresor injusto del pueblo, legitimándose este último para asumir una defensa individual y colectiva para deponer al tirano.

Durante todo el siglo XIX, esa doctrina fue constantemente invocada por lo independentistas latinoamericanos. El acta de la constitución del estado libre e independiente del Socorro (15 de agosto de 1810) empezaba diciendo: “El pueblo del Socorro, vejado y oprimido por autoridades del antiguo gobierno, y no hallando protección en las leyes que vanamente reclamaba, se vio obligado… a repeler la fuerza con la fuerza”.

De igual manera, durante el siglo XX la Iglesia católica legitimó el derecho a la resistencia. En 1937, en la encíclica Firmissimam Constantiam, Pío XI afirma:

“…Cuando llegara el caso de que (los) poderes constituidos se levantasen contra la justicia y la verdad hasta destruir aun los fundamentos mismos de la autoridad, no se ve cómo podría entonces condenarse el que los ciudadanos se unieran para defender la nación y defenderse a sí mismos con medios lícitos y apropiados contra los que se valen del poder público para arrastrarle a la ruina” (9). En 1967, en la encíclica Populorum Progressio, Paulo VI sostiene que “en caso de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de las personas y damnifícase peligrosamente el bien común del país” (10)puede justificarse la insurrección revolucionaria.

En la actualidad, el tema de la resistencia también ha sido extensamente tratado por el filósofo francés Emmanuel Mounier: “Si ningún cristiano puede combatir el poder establecido por ambición personal o por gusto, hay un momento en que esta sumisión de hecho, según la tradición teológica, ya no es un deber para los gobernados. Es aquél en que el régimen se convierte en tiránico, es decir, en que el soberano, en lugar de gobernar en vistas al bien común, lo hace en vista de su propio bien privado” (11). La consideración es de pura estirpe tomista, porque presenta la acción resistente como un remedio extremo contra la actividad del gobierno que ha perturbado el orden justo.

También existe una declaración de una importancia mayúscula que ha sido poco conocida, la Declaración de Argel o Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos, la cual fue promulgada el 4 de julio de 1976 por los pueblos del Tercer Mundo, los pueblos explotados, los pueblos víctimas de la expoliación imperialista. Esta declaración es un llamado a la unidad solidaria de los pueblos del sur para el derribamiento de las estructuras nacionales e internacionales del imperialismo y los sistemas coloniales. Es un clamoroso llamado a la lucha por la liberación de los pueblos y la autodeterminación de los mismos. En el artículo 28 de esta declaración, se lee: “Todo pueblo, cuyos derechos fundamentales sean gravemente ignorados, tiene el derecho de hacerlos valer especialmente por la lucha política o sindical, e incluso, como última instancia, por el recurso de la fuerza”.

Inclusive juristas de gran renombre se han pronunciado sobre el carácter de deber y de derecho que tiene la resistencia al oprobio. Así por ejemplo, el ilustre Pessina afirmó: “Hay momentos en la historia en los que no solamente es lícito, sino obligatorio, tomar las armas contra el poder social que traiciona su misión; y la revolución se convierte en necesidad imprescindible para un pueblo oprimido que debe dignificarse, sea expulsando a dominadores extraños, sea pisoteando el yugo de una casta que pisotea en lo interno las sacrosantas normas de derecho”.

La Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos, creada en Argel en 1976, en su parte considerativa dice: “Vivimos tiempos de grandes esperanzas, pero también de profundas inquietudes; tiempos llenos de conflictos y de contradicciones; tiempos en que las luchas de liberación han alzado a los pueblos del mundo contra las estructuras nacionales del imperialismo, y han conseguido derribar sistemas coloniales; tiempos de luchas y de victorias en que las naciones se dan, entre ellas o en su interior, nuevos ideales de Justicia; tiempos en que las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, hasta la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, han expresado la búsqueda de un nuevo orden político y económico, internacional”.

“Pero son también tiempos de frustraciones y derrotas, en que aparecen nuevas formas de imperialismo para oprimir y explotar a los pueblos”.

“El imperialismo, con procedimientos pérfidos y brutales, con la complicidad de gobiernos que a menudo se han autodesignado, sigue dominando una parte del mundo. Interviniendo directa o indirectamente, por intermedio de la empresas multinacionales, utilizando a políticos locales corrompidos, ayudando a regímenes militares que se basan en la represión policial, la tortura y la exterminación física de los opositores; por un conjunto de prácticas a las que se les llama neocolonialismo, el imperialismo extiende su dominación a numerosos pueblos”.

“Conscientes de interpretar las aspiraciones de nuestra época, nos hemos reunido en Argel para proclamar que todos los pueblos del mundo tienen el mismo derecho a la libertad, el derecho de liberarse de toda traba extranjera, y de darse el gobierno que elijan; el derecho, si están sojuzgados, de luchar por su liberación, y el derecho de contar en su lucha con el apoyo de otros pueblos”.

“Persuadidos de que el respeto efectivo de los derechos del hombre implica el respeto de los derechos de los pueblos, hemos adoptado la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos”.

“Que todos los que a través del mundo libran la gran lucha, a menudo con las armas en la mano por la libertad de todos los pueblos, encuentren en la presente Declaración la seguridad de que su lucha es legítima”.

Los postulados de la Declaración de los Pueblos y su parámetros en los cuales es posible la plena vigencia de los derechos humanos, pueden sintetizarse así:

• Derecho a la existencia. Del pueblo, la comunidad, la nación (hasta llegar a ser Estado mismo); cada conglomerado, cada patria, en su propia identidad, en los límites propios, pero con su cultura propia, auténtica, original; respeto a su territorio (sin invasiones, sin violaciones, sin criminales intervenciones); ni masacres, ni torturas, ni persecución, ni deportaciones, ni implantación de condiciones que comprometan en todo o en parte su propia identidad, su integridad como grupo humano.

• Derecho a la autodeterminación política. Determinarse a decidir su destino por sí mismo; adoptar su forma política en el Estado: función básica, en la administración y función técnica. Sin recorte a las libertades de cada pueblo, rechazo al coloniaje, al imperialismo político o económico (Estados o transnacionales), lo mismo a toda clase de racismo; la autodeterminación, sólo limitada por el uso de la democracia real, que ampare a todo el conjunto social, en acción decidida y persistente para asegurar las libertades fundamentales.

• Derechos económicos. Las riquezas y recursos naturales de cada pueblo le dan el derecho exclusivo de empleo a los mismos. Si hubiere expoliación, el pueblo-víctima debe recuperar lo que le pertenece, obteniendo adecuada apropiación ante el hecho injusto del que haya sido sujeto pasivo; la ciencia y la tecnología al servicio de toda la humanidad para el uso, goce y usufructo de cada pueblo; igualdad de trato en las relaciones internacionales, por ejemplo, en el trato equitativo entre las partes contratantes; soberanía económica de cada pueblo y solidaridad entre todos los pueblos para el adecuado ejercicio de la economía nacional e internacional.

• Derecho a la cultura. Mantenimiento, enriquecimiento y buen uso de su propio idioma, para expresar con claridad sus conceptos en lenguaje sencillo y apropiado; defensa de sus riquezas artísticas, históricas y culturales. Todo pueblo tiene derecho a que no se le imponga una cultura extranjera.

• Derecho al medio ambiente y a los recursos naturales. Es la importancia de la ecología conservar, proteger, mejorar y velar por el medio ambiente: nuestro habitat, el escenario de toda vida y la probabilidad de subsistencia de la especie humana; propiedad común de algunos bienes de los pueblos del mundo (la altamar, el fondo de los mares y el espacio extra atmosférico); solidaridad internacional para desarrollo económico, empleo de los recursos naturales y sana política de ecología.

• Derechos de las minorías. Respeto permanente a la identidad, acervo de tradiciones, idiomas y, en general, del patrimonio cultural de la minoría que conviva con otros sectores de la comunidad nacional; no podrá haber ninguna diferenciación entre los derechos de las mayorías y los de las minorías y, por consiguiente, la participación en la vida colectiva deberá estar garantizada contra toda clase de discriminaciones, salvo a favor de los sectores vulnerables.

• Garantías y sanciones.

a. El ataque o menosprecio a los derechos de los pueblos debe provocar la sana reacción de la comunidad internacional.

b. Todo enriquecimiento ilícito de un pueblo a costa del perjuicio de otro, debe dar lugar a la restitución de los beneficios mal habidos.

c. Tratados, acuerdos o contratos que conduzcan a situaciones injustas no podrán tener efecto alguno y, por ende, el perjuicio que causa este tipo de dolorosas conductas debe ser reparado a favor del pueblo perjudicado.

d. Cuando el endeudamiento extemo se hace asfixiante, insoportable y oneroso, el pueblo perjudicado podrá alegar que la deuda no le pueda ser exigida.

e. Los tribunales penales internacionales podrán juzgar los crímenes contra los pueblos.

f. Los derechos conculcados de un pueblo deberán ser materia para la tarea destinada a hacer valer las formas de lucha reivindicativas, advirtiéndose en la declaración que “…incluso, como última instancia, por el recurso a la fuerza”.

g. Ante las organizaciones internacionales deberá permitirse la representación de los movimientos de liberación.

h. Deberá imponerse el respeto al derecho humanitario, tanto en conflictos extemos como en situaciones anómalas internas.

i. Cada pueblo tiene derecho a darse su propio modelo de desarrollo.

Como se ve, este instrumento contemporáneo es una carta de derechos sin la cual se considera que no es posible redimir los derechos de los pueblos y de los individuos para garantizar la erradicación de la miseria y todas las formas de tiranía u opresión.

En suma, el derecho a la resistencia, el derecho a la rebelión, han sido reconocidos a través de la historia. No obstante, cuando los pueblos se levantaron (violentamente o no) contra la injusticia, contra la miseria, contra la opresión, los Estados desconocieron el primigenio derecho a la resistencia y a la rebelión; consignaron en sus códigos penales lo que hoy se conoce como delito políticoque es el mismo derecho a la resistencia. Es decir, por obra y gracia de la voluntad de los Estados, se convirtió el ejercicio de un derecho en una conducta delictiva.

DERECHO DE RESISTENCIA COMO PARTE DEL DERECHO INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), promulgada el 10 de diciembre de 1948, en un considerando de su preámbulo, consagra: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

La DUDH es el instrumento fundamental sobre los derechos humanos que deben ser protegidos por un régimen de derecho, esto es, por un conjunto de normas jurídicas que prevengan y repriman su violación. Cuando tal régimen es desconocido por las propias autoridades, deja de cumplirse la primera finalidad de la comunidad política: conservar los derechos del hombre. Allí donde los gobernantes no reconocen efectivamente los derechos fundamentales de los gobernados, sino que, por el contrario, los hacen objeto de atropello continuo, surge una situación de injusticia, un estado de violencia institucional que las víctimas del agravio tienen derecho a impugnar y a impedir. Si tal situación se toma crónica e irremediable por vías menos rigurosas, la oposición a sus causas y efectos puede incluso llevarse hasta el recurso a las armas” (12).

El propio Concilio Vaticano II parece admitir la legitimidad del recurso a la fuerza al enseñar: “Cuando la autoridad pública, rebasando su propia competencia, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rehuir las exigencias objetivas del bien común; les es lícito, sin embargo, defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de tal autoridad, guardando los límites que señala la ley natural y evangélica” (13).

En constituciones como la colombiana, el derecho de resistencia es por lo general un derecho innominado, es decir, un derecho que no aparece escrito pero que existe en la medida en que se deriva de la dignidad humana; por ser preexistente a la existencia misma de la organización política, se deriva directamente de la soberanía popular que pregona la Constitución.

Por otra parte, el artículo 94 de la Constitución de 1991 advierte que la enunciación de los derechos contenidos en el texto constitucional y en los instrumentos jurídicos internacionales vigentes “no debe entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona humana, no figuren expresamente en ellos”. Por ello el derecho a resistir no es un derecho negado por el constituyente colombiano por el hecho de que no esté positivado. Es un derecho no enunciado o innominado.

DEL DERECHO DE RESISTENCIA DE LOS PUEBLOS AL DELITO DE REBELIÓN

El derecho de resistencia deviene en delito de rebelión que, como parte de la resistencia, se criminaliza. Las siguientes son acepciones extractadas del diccionario Planeta de la Lengua Española sobre la palabra rebelde, las cuales ayudan a determinar el concepto de este término.

“Rebelde: adj. y n.m. y f. Dícese del que se rebela o subleva// Dícese de la persona que no comparece en el juicio, después de llamada en forma, o que tiene incumplida alguna orden o intimación del juez// ad. Dícese de la persona o animal difícil de gobernar, educar…”

“Rebelde: quien incurre en una rebelión (v) // Desobediente // Insurgente // Sublevado // Revolucionario // Indócil // Insumiso // Insociable // Inadaptado // Indomable // Sordo a la razón // Insensible al sentimiento //. En las guerras civiles, bando opuesto al poder legítimamente constituido o del que por tal se tiene. // Combatiente o partidario de esas fuerzas, denominadas también facciosas (v)” (14). En otro grupo de significados, se indica: “quien incurre en rebeldía (v). // El que no comparece ante llamamiento de un tribunal militar o de otra jurisdicción. // El que se opone a las resoluciones y mandamientos de tales autoridades o quien no les da cumplimiento” (15).

“Rebelde: Que se opone o resiste a la autoridad, que se rebela o subleva. Anticuado rebele ‘rebelde’, del latín rebellis ‘rebelde, que hace la guerra de nuevo, que vuelve a empezar la guerra’, de re- de nuevo (véase re + bellum también dellum) ‘guerra (véase duelo)”(16).

Para Alejandro D. Aponte, el rebelde se enmarca dentro de los siguientes parámetros: “El rebelde fue concebido a la sombra del combatiente (del beligerante propio de los conflictos armados interestatales). La identidad de clase de los combatientes permitió en gran medida la incorporación de estatutos fundamentales de regulación y humanización de lo bélico, y dio claridad a la respuesta estatal en cuanto a los sujetos del delito de rebelión” (17).

En el siglo XX “se inaugura una ambigüedad estatal, una falta de claridad en la definición del estatus del rebelde. Obreros socialistas de los años veinte, campesinos que emergían como nuevos actores y que alimentaban reivindicaciones sociales, indígenas que luchaban por la tierra, todos ellos como nuevos sujetos políticos de la protesta popular, comenzaron a ser criminalizados en el horizonte de la rebelión” (18).

Las anteriores acepciones llevan a concluir que rebelde connota cambio de la estructura social; insubordinación a la ley existente; no comparecimiento a requerimiento judicial. En el proceso de ruptura, el rebelde aboga por sus ideas y las contrapone al juez que lo juzga. Propugna por un cambio en el sistema social imperante y a partir de ello establece el debate jurídico rechazando las garantías procesales que el mismo sistema le otorga; rechaza la defensa que se le impone para llevar a cabo sus propios alegatos jurídicos que en la práctica son verdaderos discursos ideológico-políticos del fin que su lucha persigue.

El poder supremo del Estado en la sociedad contemporánea lo destaca con enfático empirismo Von Jhering, al expresar: “El derecho puede, en mi opinión, definirse como el conjunto de normas en virtud de las cuales, en un Estado se ejerce la imposición. Los reglamentos sociales sancionados por la imposición pública constituyen el único derecho. El Estado es el poseedor soberano de esta imposición”. Primando siempre la razón última del Estado en la Edad Moderna, como lo recuerda el maestro Maggiori: “La historia nos enseña que, desde que existe el Estado, aunque sea en forma embrionaria, la agresión contra su existencia y su seguridad ha sido considerada como delito. En verdad, no se puede creer en el Estado y en su necesidad si impunemente lo dejamos ofender y poner en peligro”. Estas tesis dejan entrever el delito político como un ataque al derecho de resistencia para impedir afectar la razón de Estado.

Desde el punto de vista de la teoría objetiva, el delito político tiene varias definiciones: para Barsanti, era un ataque contra el Estado, contra su forma, sus poderes y su organización política, el cual se presenta como un acto de oposición a la seguridad del Estado; Prins lo definió como “una acción que unida a una intención conforma un atentado contra el orden político del Estado y contra sus condiciones de existencia”. Tristy lo definió diciendo que es una infracción contra la cosa pública”; Napodamo, por su parte, consideró al delito político como un acto natural cuya punición se funda en una razón intrínseca, igual a la que justifica la sociedad, y sobre la cual se basa la sanción de los delitos contra la sociedad misma. Conti señaló al respecto: “Ocurre reiteradamente que en la vida de los Estados no siempre marchan de acuerdo la conciencia jurídica y la conciencia política. La política admite que se han engendrado nuevas necesidades, y el derecho no dicta normas adecuadas a su protección y ejercicio. El equilibrio fundamental de las fuerzas políticas resulta roto por esta divergencia”.

Desde el punto de vista de la teoría subjetiva, Eugenio Florián definió el delito político en sentido estricto, diciendo que son las acciones que atacan directamente el orden político de un Estado determinado, es decir, las instituciones y las funciones políticas del Estado. La incriminación del delito político se funda en que constituye una violación de la ley de la mayoría, considerándola como un centro de gravedad de la organización del Estado.

Cuello Calón estima que los delitos políticos no constituyen peligros para la sociedad y considera que por el carácter excepcional u ocasional de sus infracciones se hacen acreedores del derecho público, y no merecen una sanción penal que pueda constituir una lucha desde el punto de vista moral.

Dentro del pensamiento cristiano, en el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino trata el tema bajo la denominación “De la sedición”, y manifiesta que es lucha entre partes de una misma sociedad o nación, calificándola como pecado mortal, si es opuesta a la unidad pacífica de la multitud social y, con ello, a la justicia y al bien común. En el punto 3°, precisa: “El levantamiento contra el régimen tiránico no es sedicioso, pues el verdaderamente sedicioso es el mismo régimen que antepone su bien particular al de la sociedad que esclaviza. No obstante, la revolución contra el régimen no es lícita si acarrea mayores males que la soportación de la tiranía”{Suma teológica, tomo VII, p. 1.017).

La posición de la Iglesia y los últimos pontífices sobre lo que debe entenderse por bien común ha sido fijada de la siguiente manera por Juan XXIII, en Pacen in Terris: ”El bien común consiste y tiende a concretarse en el conjunto de aquellas condiciones sociales que consienten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de su propia persona”.

En la Europa del siglo XVIII se teorizó sobre el derecho de resistencia a la opresión y se pusieron límites a los poderes arbitrarios. A partir de criterios morales se pusieron talanqueras a los poderes arbitrarios del tirano, dándose un perfil ennoblecido al delincuente político, y un tratamiento benevolente, a la vez que se prohibió la extradición del opositor político.

Sobre el particular, Sebastián Soler sostiene: “Hasta las modernas constituciones, hijas del movimiento iluminista, la calificación de un hecho como un crimen majestatis era la causa del mayor repudio y de las sanciones más graves. En cambio, casi toda la doctrina de este delito construida a partir del siglo XVIII está concebida como la teorización del derecho de resistencia a la opresión. Los teorizantes políticos de la Ilustración se preocuparon sobre todo de poner diques a poderes arbitrarios, de manera que, juzgando con criterios morales, desde luego muy justos, trazaron una silueta ennoblecida del delincuente político, el cual, en las leyes democráticas fue considerado con especial benevolencia. El ejemplo típico de ese cambio se halla en los acuerdos de extradición que en la época absolutista miraban sobre todo a la entrega de esa clase de delincuentes, entrega que, en la actualidad, por regla casi universal está expresamente excluida”.

Debe circunscribirse el análisis del delito político dentro de un sistema democrático real y no dentro de un sistema democrático formal como el colombiano, donde no existe el principio de separación de las ramas del poder público, que deberían garantizar un control armónico entre las mismas; donde las libertades son una mera formalidad, y se convierten en “libertades para nada”; donde el pueblo no se expresa libremente y no existe una verdadera soberanía popular, siendo objeto y no sujeto de Estado, o sea, el pueblo al servicio del Estado, y donde los derechos humanos no existen.

En el campo del delito político, la norma penal y la cárcel son el reflejo de la venganza institucionalizada contra los opositores políticos, “cuando los consejeros son el interés y el miedo, sin amor a lo justo; cuando los jueces no son magistrados imparciales, sino las mismas partes interesadas, que buscan la razón de sus decisiones en el cálculo de las propias fuerzas, de las propias necesidades, de los propios temores o esperanzas; entonces resultan ciertamente pueriles los esfuerzos del jurista que pretende, desde su humilde escritorio, dictar preceptos que nunca serán escuchados por nadie” (Carrara, Opúsculo 3.937).

¿Qué relación guarda la cita anterior con la reciente y actual historia político-jurídica del país en el tratamiento de la delincuencia política? Su juzgamiento se atribuía antes a la Justicia Penal Militar por procedimientos abreviados (consejo verbal de guerra y artículo 590 del Código de Justicia Penal Militar) y se juzgaba a los delincuentes políticos como asociados para delinquir. En la actualidad, son juzgados por la Justicia Penal Ordinaria por medio de procedimientos especializados (Estatuto Antiterrorista y Estatuto para la Defensa de la Justicia), que superaron con creces la mentalidad represiva de la jurisdicción castrense, juzgándosele como terroristas.

Eugenio Florián, en su obra Delitos contra la seguridad del Estado, opina que el delito político debía ser beneficiado con especial represión, sin incluir dentro de ellos las acciones que atenían contra los Estados donde el pueblo es realmente el soberano.

Existe una nueva corriente dentro de los tratadistas de derecho penal, de no considerar delitos políticos los actos que atenían contra el pueblo, los intereses populares y la democracia, dejando fuera de esta distinción todos los actos movidos por un interés antidemocrático.

Hart Santamaría afirma: “En un Estado socialista no puede existir el delito político, pues es precisamente el sistema socialista el más avanzado en sus relaciones económicas, políticas y sociales. Con el triunfo de la Revolución de Octubre, surgió el primer Estado socialista del mundo, al cual se opuso la reacción contrarrevolucionaria, conformada por la clase despojada de sus antiguos privilegios que iba al rescate de sus intereses egoístas. Estas conductas no podían calificarse con el móvil altruista que caracteriza a la verdadera delincuencia política, pues pretendían el retroceso del poder de los obreros y campesinos a un régimen sociopolítico basado en el poder de un clase reaccionaria… A estos delitos, por sus propósitos retrógrados y reaccionarios, se les denominó delitos contrarrevolucionarios y no políticos”.

Jiménez de Asúa, al referirse al Código Penal soviético, planteó: “El Código Penal soviético de 1992 trata con dureza extrema a los contrarrevolucionarios y el uso de la pena de muerte en su forma de fusilamiento, casi con preferencia, para los autores de delitos políticos”. Y, al referirse al Código Penal soviético de 1926, dijo: “todavía se emplean rigores altos contra el delincuente político, puesto que se declara terminantemente que esa especie de infracciones constituyen los crímenes más graves”.

Luis Carlos Pérez, al expresarse sobre la Revolución Soviética, dijo: “Quien atente contra esa conquista que va en beneficio de todos los hombres, sin distinción ninguna, quien se dirija contra el sistema igualitario, es un criminal que debe ser eliminado si no existe posibilidad de que reconozca su error, o si el daño ha tenido tan grandes dimensiones que con él se ha perjudicado la comunidad entera”.

Fidel Castro, en el caso Cúbela, definió el delito contrarrevolucionario así: “El delito contrarrevolucionario es en gran parte una resultante del medio; los individuos nacen y crecen dentro de una sociedad de clases que la revolución trata de abolir. Este delito desaparecerá con la sociedad egoísta que lo engendró. La responsabilidad de los hombres es en gran parte condicionada por la realidad social donde se forma y la educación que recibe; la sanción revolucionaria es por encima de todo, una sanción y no un castigo”.

El general Uribe Uribe demostraba en el Congreso, a propósito de una ley sobre amnistía, que los delitos de rebelión siempre aparecen conexos con otros y que lo que se debe juzgar es la rebelión misma y no los otros delitos realizados, porque quien quiere una cosa tan grande como es derrocar al gobierno, debe pasar por situaciones intermedias que no son las de las vías pacíficas, las del lenguaje correcto, las de las buenas maneras, sino las de los delitos comunes descritos en la ley penal respectiva. Y entendía Uribe Uribe que el rebelde es rebelde porque ha sido vencido en su empresa.

En Colombia, el general Rafael Uribe Uribe, a quien unos recuerdan como héroe y otros como mártir, dijo sobre el fin de su lucha y de las luchas libradas por los delincuentes políticos: “¿Qué acto revolucionario hay que no quepa dentro del concepto de rebelión? Todos van dirigidos, o contra las autoridades, o contra las personas, o contra las propiedades. El revolucionario se alza contra el orden constituido; desconoce los empleados de todas las jerarquías y lucha contra ellos, puesto en armas; recluta, encarcela y recoge prisioneros; se bate hiriendo o matando a sus adversarios; levanta empréstitos forzosos, expropia mercancías para las tropas, toma ganado para su sostenimiento y caballerías y monturas para la campaña; penetra en las habitaciones y predios ajenos rompiendo puertas y cercas; en los combates, pone fuego a edificaciones y plantaciones y, en suma, echa mano de cualquier medio que esté al alcance para el logro de su fin… Triunfador, el revolucionario es el hombre que sacrifica la tranquilidad, los bienes o la vida en aras de un ideal. Es el salvador glorioso de la libertad, el padre de la patria y el guerrero enérgico que subordinó a la adquisición de la victoria los intereses individuales. Vencido, es encasillado dentro de las tristes y deshonrosas clasificaciones del Código Penal con el nombre de rebelde, guerrillero, ladrón, asesino, desalmado, sediento de botín y eterno enemigo del hombre, incapaz de ganarse la vida por medios honrados.. “ (19).

Y es que al delito político le son propios diversos actos que deben conducir a la realización del mismo. Si los rebeldes no se apoyan en su lucha con otras actividades que se enmarcan en los delitos comunes, para lograr su fin de derrocar el orden constitucional, es obvio que nunca alcanzarán el poder. Porque, ¿cómo se entendería una guerra irregular sin que los rebeldes acudan a sabotajes, ataques, emboscadas, expropiaciones, falsedad en documentos públicos, es decir, en una serie de delitos que son propios de un escenario insurreccional o revolucionario?

Luis Carlos Pérez, uno de los pocos que ha escrito sobre delito político, ha reiterado el carácter especial que éste tiene. En una de sus obras, sostiene lo siguiente: “Las conductas rebeldes. Las descripciones del artículo 125 son las de un tipo compuesto, alternativo y acumulativo. Compuesto, porque cada una de las conductas podría convertirse en tipo autónomo, perteneciente al mismo bien jurídico. Alternativo, porque los rebeldes escogen cualquiera de las varias finalidades determinadas. Y acumulativo, porque los agentes pueden proponerse no un solo objetivo sino dos o más de los cinco previstos” (20).

Bernardo Gaitán Mahecha, columnista de El Siglo y ex ministro de Justicia, escribía: “…La violencia que no se acallará hasta cuando se modifique la manera de pensar y cambie la ideología mercantilista, utilitarista y egoísta de la clase dirigente; hasta cuando se modifiquen las condiciones infrahumanas en que vive la mayoría del pueblo colombiano, se termine con las politicastros que hacen de la política una profesión lucrativa y se aniquile la improvisación gubernamental; se acabe con la corrupción administrativa; se produzca más y se reparta mejor. Que por todas estas cosas lucha la rebeldía colombiana… pero es algo más, es un hombre que se compromete con su ideal y que se pone en contradicción con la sociedad a la cual pertenece y que al sacrificarse dentro de ella, la incita a renovarse”.

Es pertinente citar también a Juvenal Herrera Torres, actor del conflicto interno, quien en su condición de preso político, decía: “Cuando los jefes liberales y conservadores se pusieron al frente de las guerras civiles, eso era ¡patriotismo! ¡Valor civil! ¡Doctrinarismo! ¡Militancia en acción! Pero en tratándose de los campesinos que luchan por recuperar la tierra, de los indígenas que se defienden de los desafueros de los terratenientes, de los obreros que reclaman lo que justamente merecen, los estudiantes que exigen libertades democráticas, de los ciudadanos que organizan un paro cívico hasta hacer sentir sus necesidades para impedir nuevas alzas en los servicios, o que se dan formas organizativas para luchar por un futuro de paz y de progreso, por una patria libre, por una sociedad sin opresores, eso es ¡Subversión! ¡Ilegal! ¡Ideas importadas! ¡Perturbación del orden! ¡Caos creado por agitadores profesionales! ¡Ardides del comunismo internacional! ¡Intromisión del castrismo! ¡Crimen organizado!”

“El egoísmo es al delito común lo que el altruismo al delito político. En tanto que el egoísmo es el reflejo psicológico del instinto de conservación del individuo, el altruismo es el del instinto de conservación de la especie, esto es, de la colectividad. El egoísmo es la columna vertebral de la concepción burguesa del mundo. El altruismo, la fraternidad de la humanidad liberada, es la concepción proletaria del mundo, es la concepción marxista-leninista”.

“El delincuente colectivo priva de la vida o de la hacienda, no por satisfacer su codicia o su odio contra el que personalmente le ofendió o aborrece, sino a fin de procurar medios pecuniarios con qué sostener su causa, o para combatir a los que la atacan; no persigue ni mata a un hombre como tal, sino como defensor de lo que él quiere destruir como funcionario, como autoridad, como representante de una institución, como parte de una casta o de una clase”.

El concepto de delito político ha pasado por las corrientes subjetiva y mixta, predominando en la actualidad esta última, pudiéndose destacar como principales elementos los siguientes: es una asociación político-militar contra el sistema burgués imperante; está guiada por principios filosóficos que trascienden los campos político, económico y social, ajena a los actos propios de la delincuencia común, como una moral colectiva y propendiendo por una mejor vida social; su accionar está orientado a transformar la realidad en que vive para lograr un mejor sistema, mejores normas, mejores instituciones, mejores gobiernos y, buscando que las viejas estructuras den paso a una nueva sociedad, más justa, más igualitaria, surgiendo un nuevo orden social.

Con respecto a la conexidad, Luis Carlos Zarate afirma que no hay una doctrina clara sobre el delito político y que la legislación nacional lo ha tomado de esa manera; para este autor: “Es también raro, en la práctica, que un delito político puro sea cometido sin estar precedidos de faltas o delitos de derecho común con los cuales él se encuentre más o menos estrechamente ligado, en razón del fin político único perseguido por uno o varios autores. El autor o autores del mismo pueden ser detenidos con la ejecución de sus planes políticos inmediatamente después de la perpetración del delito común, a continuación de la intervención de la justicia.. “(21).

El delito político ha pasado por dos etapas: la primera, la que lo consideró como un crimen majestatis donde debía tratarse con extrema dureza y la severidad; y la segunda por distintas corrientes del pensamiento se le atribuyen móviles altruistas, progresistas, ganando un tratamiento privilegiado y gran simpatía entre los pueblos. En la actualidad, no se consideran como delito político los actos que atenten contra los Estados democráticos y socialistas, considerándose estos delitos como comunes y contrarrevolucionarios, respectivamente, por atentar contra el pueblo, la democracia y la revolución.

En los códigos penales se da formalmente un tratamiento preferencial a los delitos políticos, lo cual se debe, por una parte, a la lucha de los pueblos en favor de quienes han luchado y luchan por su libertad y, por otra, a que el Estado burgués sólo usa su modelo represivo penal, cuando se ve obligado por las circunstancias, cuando no usa la tortura, el asesinato, el genocidio, la desaparición forzada, que no aparecen en sus constituciones y códigos.

En el caso colombiano han coexistido dos códigos penales: el Código Penal Ordinario que, en apariencia, le da un trato benevolente al delito político, y el Código Penal Especial de orden público, antiterrorista o especial, constituido en su mayoría por toda la legislación extraordinaria expedida durante el Estado de sitio, siendo sus máximos modelos, el Estatuto de Seguridad, y más recientemente, el Estatuto Antiterrorista y el Estatuto para la Defensa de la Justicia, donde se acaba prácticamente con el delito político y, por exclusión de materia, con su tratamiento preferencial, de cuyas normas todavía subsisten sistemas diferenciados para procesar a los rebeldes y/o terroristas conforme al Código Penal.

El sistema carcelario colombiano es antro de vicios, corrupción, inmoralidad y miseria; que busca aislar físicamente y aniquilar anímicamente al rebelde, con el propósito de que se olvide de sus ideales nobles y altruistas por los cuales luchó y fue encarcelado, y se contagie con los vicios allí reinantes. Sobre el particular, afirma Miguel Castells:

“La cárcel es la antisociedad y la cárcel también es parte esencial de una sociedad tangible, real y concreta que la necesita… La cárcel llena la finalidad que puede perseguir un determinado sistema de proceso político: La ejemplarización mediante el castigo; la eliminación, aislamiento del adversario de cara a las masas; la destrucción del enemigo… Son variados los elementos que juegan el proceso político. Pero no creo equivocarme si considero que en las sociedades de nuestro hemisferio, uno de los ejes principales sobre el que giran los sistemas políticos es la cárcel. La idea de la cárcel gravita obsesivamente sobre el proceso político” (Los procesos políticos: de la cárcel a la amnistía, pp. 13 y 16).

En Colombia, contra el preso político, además del aparato judicial, la cárcel se convierte en un instrumento adicional de venganza para quebrar la voluntad de resistencia de los individuos.

DEL DELITO POLÍTICO AL DELITO SOCIAL Y AL TERRORISMO

Pareciera que en la Segunda mitad del siglo XX y en los albores del actual se comienza a relativizar el delito político, para descalificar de manera más abierta al opositor político, y por ello se inicia una clasificación de puros y relativos. Los delitos políticos puros son los realzados con un móvil político y afectan exclusivamente el ordenamiento del Estado. Los delitos políticos relativos son los que con ocasión de realizar un delito de esta clase, lesionan un bien privado y que se asimilan a delitos comunes.

Poco a poco se elimina el concepto de delitos complejos pasando a la concepción de delitos conexos. Es delito complejo, el que con un solo acto lesiona el orden político y un bien privado; por ejemplo, el homicidio de un jefe de Estado. Es delito conexo, el que lesiona un bien jurídico privado, cuando se está en camino para la realización de un delito político; por ejemplo, el robo de armas para utilizarlas en una revolución; o cuando, originado por un móvil político, se atacan bienes privados como los transportes o se secuestran personas para incrementar las arcas del movimiento rebelde.

Por otra parte, se acuña el concepto de delito social, que es asimilado al delito común. Cuello Calón, observa: “Como delito social típico solía presentarse el delito anarquista, generalmente realizado por medios explosivos”. Pero a continuación advierte: “En contra de esta opinión, muy extendida, que mira el delito social, especialmente los crímenes anarquistas como delictiva juris gentium, algunos autores, sobre todo en Italia, los reputan como verdaderos crímenes políticos” (Delincuencia Política, 1940, p. 17).

Si se consideran los grupos insurgentes colombianos como terroristas, no podría haber en Colombia procesos de paz o de reconciliación; desde ese punto de vista no hubiera sido posible que el M-19, el EPL, el PRT y el Quintín Lame todas organizaciones insurgentes, se hubiesen acogido a las leyes de amnistías o indultos que permitieron su regreso a la sociedad civil, porque todos combatieron y mataron a los que consideraron sus adversarios, entonces por qué no reconocer a los aún no desmovilizados ni reinsertados su condición de rebeldes, cuando se propone el canje de prisioneros habría que pensar si realmente la pena cumple alguna función frente a los rebeldes, habría que pensar hasta dónde los rebeldes necesitan ser resocializados para que renuncien a las utopías, o si la pena es simplemente una retaliación “El delito es síntoma que denuncia enfermedades del organismo social”.

Era infructuoso hasta hace unos años buscar en los códigos penales un concepto de terrorismo porque no incluyen esa figura como delito, castigándose como homicidio, lesiones, asociación para delinquir, rebelión, y otros delitos de peligro común.

Hasta 1980, se introduce el delito de terrorismo en el Código Penal colombiano que se caracteriza por incluir dos elementos característicos: propósito de “crear o mantener un ambiente de zozobra o perturbar el orden público”.

En Colombia, la ambigüedad del tipo penal de terrorismo permite que se entienda por éste, conductas que, incluso, pueden responder al ejercicio de los derechos fundamentales a la huelga o a la protesta popular o social.

A raíz de los hechos del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos los militaristas de todo tipo que pregonan la guerra, pero sólo quieren hacer correr sangre ajena, han encontrado un pretexto para encasillar a las agrupaciones insurgentes como organizaciones terroristas.

SURGIMIENTO DE LAS GUERRILLAS EN COLOMBIA COMO UNA FORMA DE RESISTENCIA ARMADA

En una entrevista concedida por Gloria Gaitán, hija del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, asesinado en 1948, declaró: “Si uno analiza los momentos en que se inicia el genocidio al gaitanismo, que es en 1945, ve que no son acciones que estén aisladas del contexto político; es decir, a medida que el gaitanismo tiene más y más posibilidades de llegar al poder por la vía electoral, cada vez se va incrementando el proceso de matar deliberadamente a las figuras más connotadas del gaitanismo regionalmente. Eso, por un lado, demuestra que hay una correlación directa entre crecimiento del movimiento gaitanista y empleo de las matanzas colectivas sistemáticas, y no solamente regionales sino nacionales a la dirigencia gaitanista”.

“Pero si vemos por otro lado, también entendemos que hay la utilización de dos elementos: uno, la chulavizacion de la policía. Hay declaraciones muy directas y explícitas del gobernador de Boyacá, Pepe Villareal, diciendo que eso se encuentra en dos documentos: uno, el libro de Arturo Alape, sobre el bogotazo; y el otro, la recolección de memorias individuales firmadas por María Valencia”.

“Y ahí uno encuentra que la ‘godificación’, como lo han llamado, de la Policía se hace en declaraciones de Villarreal de una manera deliberada para tener una policía al servicio del régimen de la Unión Nacional, que era un régimen presidido por Ospina Pérez, pero con miembros de partidos liberales y conservadores. Los anteriores son los antecedentes del Frente Nacional. Y también la utilización tradicional y consciente de los sentimientos atávicos del pueblo hacia los partidos tradicionales”.

“Como se trata siempre de borrar la autoría de todos los genocidios y achacárselos al pueblo, es mucho más fácil decir que no fue una violencia deliberada de la oligarquía liberal y conservadora para exterminar al gaitanismo sino que fue una guerra bipartidista del pueblo liberal contra el pueblo conservador, es decir, ya ; no es el Estado el que tiene la culpa sino que es el mismo pueblo, es lo que sucede hoy. Es decir, las grandes masacres no las comete el Estado sino que las cometen los paramilitares. Cuando los paramilitares, tal como lo han denunciado organismos internacionales, están en estrecha vinculación con el ejército, es el mismo mecanismo. Como ya no les funciona tanto la violencia entre liberales y conservadores, ahora la tienen que hacer entre guerrilleros y paramilitares, para echarle la culpa a la gente común y corriente, a los campesinos y no al Estado”.

“Creo que no conozco históricamente otros propósitos fuera de la invasión de los españoles al continente, que haya sido un genocidio deliberado por la toma del j poder, por dominar el Estado; eso sucede cuando se quieren acabar los imperios | precolombinos para instaurar la colonia; es una lucha por el poder y luego nuevamente se utiliza el genocidio a partir del 45. ¿Y por qué el genocidio se ha continuado? Porque antes eran matanzas por razones sociales y económicas, puntuales; por ejemplo, la lucha por la tierra; lo que sucedió en todo el norte del Tolima y el sur de Cundinamarca y también en el caso de las bananeras, que son por cuestiones económicas y sociales, y por lo tanto, son puntuales desde el punto de vista regional. Pero, ¿cuándo se vuelven nacionales y por qué el genocidio sigue siendo un instrumento, similar al que se inicia en el 45? Porque efectivamente el pueblo, tal vez inconscientemente, pero ya entiende que la solución de sus problemas económicos y sociales radican en cuestiones de poder, no solamente en cuestiones coyunturales de tipo local. De modo que analizar el genocidio de la década de los años cuarenta, nos permite ver mecanismos idénticos con el genocidio de la Unión Patriótica; porque lo que diferencia a la UP con otros movimientos políticos contemporáneos es que estaba bajo las directivas de quienes querían la toma del poder, no compartir el poder con la oligarquía; es decir, cuando se plantea el quítese la oligarquía para que el pueblo se tome el poder, es cuando se aplica el genocidio” (22).

Esta entrevista con la hija del caudillo inmolado, en medio del genocidio político decretado contra sus seguidores, muestra la relación existente entre la violencia de los años cincuenta y la aparición de las guerrillas en la décadas de los años sesenta y setenta.

Durante el siglo XIX, las ideas socialistas revolucionarias que inspiraron las guerras civiles eran las ideas liberales; ideas progresistas que se disputaban los escenarios políticos con los conservadores y la Iglesia, que representaban el viejo orden feudal, que se declaraban anticomunistas.

Desde la Constitución de 1886, fruto de la victoria conservadora, hasta 1930, fecha en que termina la hegemonía liberal, se libraron grandes luchas sociales, populares y obreras, bajo la modalidad de movimientos sociales y alzamientos populares masivos, en los cuales convergían sectores liberales y sectores de izquierda. Ya en el siglo XX, en el marco del movimiento obrero, se empiezan a perfilar idearios de izquierda y revolucionarios que van tomando distancia con las ideas del partido liberal. Hacia 1919 se crea el Partido Socialista, que tiene como antecedente el Partido Obrero; allí aparece el izquierdismo liberal y los intelectuales anarquistas. Esta propuesta se concreta en 1927 con la creación del Partido Socialista Revolucionario en la Convención de la Dorada, que luego da origen al Partido Comunista Colombiano. Era un momento histórico de grandes luchas sociales y sindicales; por ese entonces aparece Jorge Eliécer Gaitán como abogado de los trabajadores de las telefónicas de Bogotá. Todas esas luchas sociales hacen que en 1930 el Partido Eiberal llegue al poder, quedando en duda si realmente eran los proletarios los beneficiarios o solamente la oligarquía liberal que se hacía a éste.

En 1928, se desata la crisis y la llamada masacre de las bananeras, en el departamento del Magdalena, en las cuales el Estado se alindera con los intereses de la multinacional United Fruit Company, desconociendo los derechos de los trabajadores, utilizando el recurrente Estado de sitio para reprimirlos, masacrando a los que iban a la huelga, encarcelando a otros que eran juzgados en consejos verbales de guerra, y llenando las cárceles de presos y perseguidos políticos, constante que se mantiene hasta nuestros días.

El nuevo gobierno liberal, en cabeza de Enrique Olaya Herrera, disipó la crisis política, pero en poco tiempo las expectativas y promesas se vieron incumplidas, arreciaron las protestas y las huelgas. Bajo ese escenario Gaitán se perfila con un nuevo movimiento político liberal revolucionario que es la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria, UNIR, distanciándose de los liberales institucionalizados. Ya en 1935, el Partido Comunista, en su Conferencia se decide a impulsar el Frente Amplio contra el Imperialismo y la Reacción, y se suma a la campaña electoral de Alfonso López Pumarejo, quien introduce una reforma agraria mediante la ley 200; una reforma constitucional con función social de la propiedad que buscaba responder a reclamos sociales de los obreros y campesinos.

En ese período, Jorge Eliécer Gaitán se perfilaba como líder popular y por fuera de las sendas oficialistas del Partido Liberal, esto sumado al clima político existente en el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, que era el retomo de los terratenientes al poder. Gaitán fue visto como un revolucionario y como un peligro para la oligarquía liberal y conservadora, lo cual precipitó su magnicidio el 9 de abril de 1948. Esto generó la etapa de la Violencia, para acallar a los obreros organizados que afectaban la acumulación de capital, y a su vez reversar los avances de la reforma agraria, facilitando que los terratenientes liberales y conservadores justificaran con la violencia anticomunista agenciada desde los Estados Unidos, la expropiación violenta y en su propio beneficio de las tierras de los pequeños y medianos propietarios liberales y conservadores.

Como una forma de repeler la violencia institucional, aparecen las formas de resistencia armada, conocidas como las guerrillas liberales, que tienen su máxima expresión en las guerrillas del Llano, que tuvieron un gran control territorial, con legislación y constitución popular a bordo. Después de que los guerrilleros son traicionados por el Partido Liberal, viene la dictadura del general Rojas Pinilla, patrocinada por liberales y conservadores; luego fallan los procesos de paz, el exterminio de los que entregaron las armas, la creación del Frente Nacional, que implicaba el reparto del poder de manera sucesiva entre liberales y conservadores, mientras a tiros se silenciaba a los opositores políticos. Es en ese contexto que aparecen los movimientos guerrilleros de carácter revolucionario.

Desde esas fechas hasta nuestro días todas las disidencias políticas han sido cooptadas, sometidas, aniquiladas o reducidas. La historia del país conoce la suerte del movimiento gaitanista, del Partido Comunista y de la Unión Patriótica, entre otras expresiones alternativas, víctimas de la violencia oficial y paraoficial.

SURGIMIENTO DE LAS FARC

Al comienzo las guerrillas liberales, compuestas por sectores del partido liberal y por sectores comunistas, estuvieron muy unidas frente a un enemigo común que era el gobierno, que las atacaba indistintamente; luego se van diferenciando y aparecen los “limpios”, que eran los liberales, y los “comunes”, que eran los comunistas. Estos últimos cada vez más van comprendiendo que la lucha no era entre liberales y conservadores, sino una lucha de clases entre la oligarquía liberal y conservadora contra los intereses del pueblo. Con el golpe militar de Rojas Pinilla, las guerrillas liberales se entregan, pero no lo hacen las comunistas. El movimiento guerrillero se alinea en una lucha contra la dictadura de Rojas, pero fracasa, pues la oligarquía autoderroca a la dictadura y da paso al Frente Nacional, fenómeno de monopolio político liberal y conservador que funcionó perfectamente con un efecto inercial hasta nuestro días.

Para comprender en las voces de las FARC su origen, cabe citar el siguiente documento expedido bajo el título 34º Aniversario de las FARC-EP:

“Bajo el rugir de los aviones, las explosiones de las bombas y el tableteo de fúsiles y ametralladoras, con impresionante despliegue militar, se inició el 27 de mayo de 1964 la operación Marquetalia, para exterminar a 48 campesinos y sus familias, que bajo el mando del Comandante Guerrillero Manuel Marulanda Vélez descuajaban montañas, fundaban fincas, las cultivaban y vendían sus productos en colectivo y se dieron formas y normas de convivencia en lo que el Estado colombiano, apoyado por el gobierno norteamericano, denominó inaceptables “repúblicas independientes dentro del mismo territorio colombiano”, y como un peligroso experimento socialista. Nadie en Marquetalia deseaba la confrontación militar. Fue el Estado colombiano bajo la presión gringa quien desató la guerra e impuso la confrontación armada sumiendo a nuestro país en un inmenso campo de dolor y muertes. Se quería la utilización de la vía menos dolorosa para impulsar los cambios, pero como somos revolucionarios que de una manera u otra tenemos que cumplir con nuestro deber, nos vimos en la obligación de empuñar las armas. De allí vienen las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo, FARC-EP, que hoy 27 de mayo cumplen 34 años de ininterrumpido accionar político-militar. Nada ha cambiado en Colombia que no sea para empeorar la situación. Las elecciones se han convertido en gigantescos carnavales del derroche de los dineros públicos, de inversión a corto plazo de capitalistas y terratenientes criollos, de las transnacionales y de los que imponen los candidatos y hasta presidentes como en el caso de Ernesto Samper Pizano. Todo lo que tocan lo corrompen, compran el voto y la conciencia; prometen toda clase de prebendas, reparten los puestos estatales, los créditos para la vivienda, los cupos universitarios y hasta dan medalla de “oro” al municipio que mayor votación ponga, porque eso es su “democracia”.

“De ser una conquista democrática, las elecciones en Colombia pasaron a ser una sinvergüencería y una tramposa manera de las clases dominantes para perpetuar su dominio. Hoy las FARC-EP condenan este tipo de elecciones y llaman a la abstención electoral y a la creación de los cabildos populares realmente democráticos y participativos para la construcción real del poder desde abajo. Allí daremos la pelea”.

“Las FARC-EP prosiguen en la búsqueda de una salida política al conflicto social y armado que vive Colombia, línea consecuente desde su fundación. Ya no son el reducido grupo de campesinos. Tiene 60 frentes de guerra agrupados en siete bloques dislocados en todo el territorio nacional. Cuentan con una amplia dominación territorial apoyados por importantes núcleos de la población urbana y rural y son una verdadera opción de poder. Han cualificado su accionar militar propinando duros golpes a las fuerzas oficiales como los recientes en Las Delicias, San Juanito, Patascoy y El Billar, cuyos fracasos el ejército trata de ocultar recurriendo a la represión contra la población civil desatando una orgía de sangre, realizando las masacres a pobladores desarmados para implantar el terror en un vano intento de parar el avance de la insurgencia”.

“Los postulados de Marquetalia, recogidos en el programa agrario de los guerrilleros, tiene plena vigencia al igual que la plataforma política de diez puntos para un nuevo gobierno de reconciliación y reconstrucción nacional, que abrirían las compuertas para iniciar una sana convivencia entre la familia colombiana, por ello nuestras armas y nuestras banderas siguen en alto al servicio del pueblo. Estamos abriendo caminos hacia la nueva Colombia” (23).

Los siguientes son apartes de la introducción del libro Colombia, nunca más, sobre los fundamentos dados por los mismos grupos alzados en armas en sus manifiestos fundacionales o en sus documentos públicos, en los cuales explican el porqué de su surgimiento: “Entre tanto, la insurgencia también se fue estructurando. Como reacción a la Operación Marquetalia, mediante la cual el Ejército colombiano arremetió con 16 mil hombres contra los grupos de autodefensas campesinas que resistían a la expulsión de sus tierras en el sur del Tolima, el 20 de julio de 1964 esas autodefensas armadas del sur del Tolima, junto con las del Huila, Cauca y Valle, lanzaron una proclama nacional para anunciar que constituían las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y adoptaban un programa de siete puntos de reforma agraria por el cual se comprometían a luchar. En la proclama manifestaban: ‘Contra nosotros se han desencadenado 4 guerras en el curso de 15 años. Una a partir de 1948, otra a partir de 1954, otra de 1962 y ésta que estamos padeciendo a partir del 18 de mayo de 1964, cuando los mandos militares declararon oficialmente que ese día había comenzado la ‘Operación Marquetalia’… Por eso nos ha tocado sufrir en la carne y en el espíritu todas las bestialidades de un régimen podrido que se asienta sobre el monopolio latifundista de la tierra, la monoproducción y la monoexportación bajo el imperio de los Estados Unidos. Es por esto que en esta guerra participan contra nosotros tropas, aviones, altos mandos militares y especialistas norteamericanos. Es por esto que se lanzan contra nosotros 16 mil hombres provistos de las armas más modernas y destructoras. Es por eso que contra nosotros se emplea la táctica del bloqueo económico, del cerco, del exterminio, de las acometidas por aire y tierra y, por último, de la guerra bacteriológica… Nosotros hemos llegado a todas las partes donde había puertas para golpear en procura de auxilio para evitar que una cruzada anticomunista, que es una cruzada antipatriótica contra nuestro pueblo, nos llevara, y con nosotros, a todo nuestro pueblo, a una lucha larga y sangrienta. Nosotros somos revolucionarios que luchamos por un cambio de régimen. Pero queríamos y luchábamos por ese cambio usando la vía menos dolorosa para nuestro pueblo: la vía pacífica, la vía de la lucha democrática de las masas, las vías legales que la Constitución de Colombia señala. Esa vía nos fue cerrada violentamente, y como somos revolucionarios que de una u otra manera jugamos el papel histórico que nos corresponde, obligados por las circunstancias arriba anotadas, nos tocó buscar la otra vía: la vía revolucionaria armada para la lucha del poder. Desde hoy 20 de julio de 1964 somos un movimiento guerrillero que lucha por el siguiente programa:” (24)

“Primero. A la política agraria de mentiras de la oligarquía, oponemos una efectiva política agraria revolucionaria que cambie de raíz la estructura social del campo colombiano, entregando en forma completamente gratuita la tierra a los campesinos que la trabajan o quieran trabajarla, sobre la base de la confiscación de la propiedad latifundista en beneficio de todo el pueblo trabajador. La política agraria revolucionaria entregará a los campesinos… la ayuda técnica y de infraestructura, herramientas y animales de labor para la debida explotación económica de la tierra. La política agraria revolucionaria es condición indispensable para elevar verticalmente el nivel de vida material y cultural de todo el campesinado, librarlo del desempleo, el hambre, el analfabetismo y las enfermedades endémicas que limitan su capacidad de trabajo; para liquidar las trabas del latifundismo y para impulsar el desarrollo de la producción agropecuaria e industrial del país. La política agraria revolucionaria confiscará las tierras ocupadas por compañías imperialistas norteamericanas a cualquier título y cualquiera que sea la actividad a la cual estén dedicadas”.

“Segundo. Los colonos, ocupantes, arrendatarios, aparceros, terrazgueros, agregados, etc. de tierras de los latifundistas y de la nación, recibirán los títulos correspondientes de propiedad de los terrenos que exploten. Se liquidará todo tipo de explotación atrasada de la tierra, los sistemas de aparcería, el arriendo en especie o en dinero”.

“Se creará la unidad económica en el campo de acuerdo con la fertilidad y ubicación de los terrenos, con un mínimo de 10 a 20 hectáreas, cuando se trate de tierras planas y aledañas a poblaciones o ciudades y, en otras tierras, de acuerdo con su fertilidad y red de comunicaciones”.

“Se anularán todas las deudas de los campesinos con los usureros, especuladores, instituciones oficiales y semioficiales de crédito”.

“Tercero. El gobierno revolucionario respetará la propiedad de los campesinos ricos que trabajen personalmente sus tierras. Se preservarán las formas industriales de trabajo en el campo. Las grandes explotaciones agropecuarias que por razones de orden social y económico deban conservarse, se destinarán al desarrollo planificado de todo el pueblo”.

“Cuarto. El gobierno revolucionario establecerá un amplio sistema de crédito con facilidades de pago, el suministro de semillas, asistencia técnica, herramientas, animales, aperos, maquinaria, etc., tanto para los campesinos individuales como para las cooperativas de producción que surjan… Se creará un sistema planificado de irrigación y electrificación y una red de centros oficiales de experimentación agrotécnica. Se organizarán servicios suficientes de sanidad para la atención completa de los problemas de la salud pública en los campos. Se atenderá el problema de la educación campesina, la erradicación total del analfabetismo y se creará un sistema de becas para el estudio técnico y superior de los hijos de los trabajadores de la tierra. Se cumplirá un vasto plan de vivienda campesina y la construcción de vías de comunicación de los centros rurales productivos a los centros de consumo”.

“Quinto. Se garantizarán precios básicos remunerativos y de sustentación para los productos agropecuarios”.

“Sexto. Se protegerán las comunidades indígenas otorgándoles tierras suficientes para su desarrollo, devolviéndoles las que les hayan usurpado los latifundistas y modernizando sus sistemas de cultivos. Las comunidades indígenas gozarán de todos los beneficios de la política agraria revolucionaria. Al mismo tiempo estabilizará la organización autónoma de las comunidades, respetando sus cabildos, su vida, su cultura, su lengua propia y su organización interna”.

“Séptimo. La realización de este programa agrario revolucionario dependerá de la alianza obrero-campesina y del frente unido de todos los colombianos en la lucha por el cambio de régimen, única garantía para la destrucción de la vieja estructura latifundista de Colombia. La realización de esta política se apoyará en las más amplias masas campesinas, las que contribuirán decididamente a la destrucción del latifundio. Para tal fin se organizarán potentes uniones de lucha campesina, fuertes sindicatos, comités de usuarios y juntas comunales. Por eso, este programa se plantea como necesidad vital, la lucha por la forjación del más amplio frente único de todas las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias del país para librar un combate permanente hasta dar en tierra con el régimen oligárquico al servicio de los imperialistas yanquis, que impiden la realización de los anhelos del pueblo colombiano”.

“Octavo. Las FARC-EP en su momento promulgarán la primera ley de política agraria revolucionaria. Por eso invitamos a los campesinos, obreros, empleados, estudiantes, artesanos, pequeños industriales y comerciantes, a la burguesía nacional que esté dispuesta a combatir contra el imperialismo, a los intelectuales demócratas y revolucionarios, a todos los partidos y corrientes de izquierda y de centro, que quieran un cambio en sentido del progreso, a la gran lucha revolucionaria y patriótica por una Colombia para los colombianos, por el triunfo de la revolución, por un gobierno democrático de liberación nacional”.

Como se observa, el 20 de julio de 1964 se aprobó en Marquetalia una plataforma eminentemente campesina y reivindicativa del derecho a la tierra ante las frustraciones de la reforma agraria de 1936, que generó grandes expectativas incumplidas. En ese contexto surgen las FARC como una guerrilla especialmente campesina.

Las FARC pasan por un proceso de cambios políticos e ideológicos que se pueden contrastar con el programa aprobado en la octava conferencia en 1993 por la organización rebelde, que es el documento titulado “Plataforma para un gobierno de reconstrucción y reconciliación nacional” (25), que dice:

“Invitamos a todos los colombianos que anhelan una patria amable, en desarrollo y en paz, a trabajar por la conformación de un gobierno nacional pluralista, patriótico y democrático, que se comprometa a lo siguiente:

1. Solución política al grave conflicto que vive el país.

2. La doctrina militar y de defensa nacional del Estado será bolivariana. Dijo El Libertador que “el destino del ejército es guarnecer la frontera. Dios nos preserve de que vuelva sus armas contra los ciudadanos”.

Las FF.AA. serán garantes de nuestra soberanía nacional, respetuosas de los derechos humanos, y tendrán un tamaño y un presupuesto acorde a un país que no está en guerra con sus vecinos. La Policía Nacional volverá a ser dependiente del Ministerio de Gobierno, reestructurada para que cumpla su función preventiva, moralizada y educada en el respeto de los derechos humanos.

3. Participación democrática nacional, regional y municipal en las decisiones que comprometen el futuro de la sociedad. Fortalecimiento de los instrumentos de fiscalización popular.

La Procuraduría será rama independiente del poder público y el Procurador General de la Nación será elegido popularmente. El parlamento será unicameral.

La oposición y las minorías tendrán plenos derechos políticos y sociales, garantizándoles el Estado su acceso a los grandes medios de comunicación. Habrá libertad de prensa.

La rama electoral será independiente. La Corte Suprema de Justicia, la Corte Constitucional y el Consejo Superior de la Judicatura serán elegidos por voto directo de todos los jueces y magistrados del país. Moralización de la administración pública y de las instituciones civiles y militares del Estado.

4. Desarrollo y modernización económica con justicia social.

El Estado debe ser el principal propietario y administrador en los sectores estratégicos: en lo energético, en las comunicaciones, servicios públicos, vías, puertos y recursos naturales, en beneficio del desarrollo económico-social equilibrado del país y las regiones.

El énfasis de la política económica será la ampliación del mercado interno, la autosuficiencia alimenticia y el estímulo permanente a la producción, a la pequeña, mediana y gran industria privada, a la autogestión, la microempresa y a la economía solidaria.

El Estado invertirá en áreas estratégicas de la industria nacional y desarrollará una política proteccionista sobre las mismas. La gestión económica oficial se debe caracterizar por su eficiencia, su ética, su productividad y su alta calidad. Habrá participación de los gremios, las organizaciones sindicales, populares, entes académicos y científicos en la elaboración de las decisiones sobre la política económica, social, energética y de inversiones estratégicas.

El 50% del presupuesto nacional será invertido en el bienestar social, teniendo en cuenta al colombiano, su empleo, su salario, salud, vivienda, educación y recreación como centro de las políticas del Estado, apoyados en nuestras tradiciones culturales democráticas y buscando el equilibrio de la sociedad con su medio ambiente y la naturaleza. El 10% del presupuesto nacional será invertido en la investigación científica.

Quienes mayores riquezas posean, más altos impuestos aportarán, para hacer efectiva la redistribución del ingreso. El impuesto del IVA sólo afectará bienes servicios suntuarios.

Política agraria que democratice el crédito, la asistencia técnica y el mercadeo. Estímulo total a la industria y a la producción agropecuaria. Proteccionismo estatal frente a la desigual competencia internacional.

Cada región tendrá su propio plan de desarrollo elaborado con las organizaciones de la comunidad, liquidando el latifundio allí donde subsista, redistribuyendo la tierra, definiendo una frontera agrícola que racionalice la colonización y proteja nuestras reservas del arrasamiento. 5. Ayuda permanente para el mercadeo nacional e internacional.

Explotación de los recursos naturales como el petróleo, el gas, el carbón, el oro, el níquel, las esmeraldas, etc., en beneficio del país y de sus regiones. Renegociación de los contratos con compañías multinacionales que sean lesivos para Colombia. La comisión nacional de energía, con participación del Estado, los trabajadores del sector y las regiones, planificará la política energética.

Se construirán más refinerías y se desarrollará la industria petroquímica. El gobierno le informará a la comunidad con transparencia, los términos del contrato existente para la explotación de Cusiana. Tan solo los 5 mil millones de barriles de petróleo de reserva que posee, a los precios de hoy y a la tasa de cambio vigente, producirán $80 billones (80 millones de millones de pesos), es decir, más de seis veces el presupuesto nacional de 1993. Colombia entera conocerá cómo y a qué ritmo se explotará Cusiana y cómo insertamos su producido en los planes generales de nuestro desarrollo. Hay que “sembrar el petróleo” para las próximas generaciones, porque el crudo es de todos los colombianos y sus beneficios también.

Relaciones internacionales con todos los países del mundo bajo el principio del respeto a la libre autodeterminación de los pueblos y del mutuo beneficio. Priorizar tareas por la integración regional y latinoamericana. Respeto a los compromisos políticos del Estado con otros Estados. Revisión total de los pactos militares y de la ingerencia de las potencias en nuestros asuntos internos. Renegociación de la deuda externa, buscando un plazo de 10 años muertos, en el pago de los servicios.

Solución del fenómeno de producción, comercialización y consumo de narcóticos y alucinógenos, entendido ante todo como un grave problema social que no puede tratarse por la vía militar, que requiere acuerdos con la participación de la comunidad nacional e internacional y el compromiso de las grandes potencias como principales fuentes de la demanda mundial de los estupefacientes” (26).

Como se aprecia, las FARC-EP van pasando a demandas nacionales por fuera del problema agrario, que sigue siendo uno de los problemas a resolver en el marco de un proceso de paz, con temas tan importantes como las relaciones internacionales y el narcotráfico.

SURGIMIENTO DEL EJÉRCITO DE LIBERACIÓN NACIONAL, ELN

El ELN nace del seno de las juventudes del Movimiento Revolucionario Liberal, MRL, de estudiantes que, inspirados en la Revolución Cubana, querían realizar una revolución similar. Muchos fueron estudiantes de la Universidad Nacional, donde Camilo Torres Restrepo fue capellán y quien fundó el Frente Unido para llamar a la unidad de la izquierda y de los movimientos populares. Consideró que las propuestas reformistas obedecían más a un oportunismo electoral populista y contra ello impulsó propuestas que se constituían en revolucionarias para cambiar las estructuras de miseria y exclusión política existentes. A esta propuesta se sumaron campesinos, obreros, intelectuales y capas medias de la sociedad.

El 7 de enero de 1965, un grupo de combatientes se tomaba la población santandereana de Simacota y desde allí anunciaba la constitución del Ejército de Liberación Nacional. En su proclama afirmaban: “Un estudio serio de la realidad colombiana nos ha llevado a la conclusión de que ni el imperialismo norteamericano ni la oligarquía que lo apoya en nuestro país permitirán pacíficamente el ascenso de las masas populares al poder y le impondrán, por lo tanto, al pueblo, una guerra larga y sangrienta, con la cual pretenderán ahogar para siempre la lucha popular por conquistar las más justas aspiraciones de libertad, trabajo, democracia y justicia del pueblo colombiano. Ante esta situación, determinada por la naturaleza agresiva y voraz de los explotadores nacionales y extranjeros, nuestro pueblo se ve en la obligación de organizarse para responder a la agresión oficial, tomar la iniciativa y desencadenar la ofensiva revolucionaria mediante el desarrollo de la guerra del pueblo contra los explotadores, utilizando la lucha armada y las más variadas formas de lucha popular en todos los terrenos, con el propósito de arrancar el poder de las clases dominantes y establecer un gobierno popular y democrático de liberación nacional” (27).

La siguiente es la declaración política y el programa inicialmente aprobado por el ELN en su Manifiesto de Simacota (28):

“La violencia reaccionaria desatada por los diversos gobiernos oligarcas y continuada por el corrompido régimen Valencia-Ruiz, Novoa-Lleras, ha sido una poderosa arma de dominación en los últimos 15 años”.

“La educación se encuentra en manos de negociantes que se enriquecen con la ignorancia en que mantienen a nuestro pueblo; la tierra es explotada por campesinos que no tienen dónde caer muertos y que acaban sus energías y las de su familia en beneficio de las oligarquías que viven en las ciudades como reyes; los obreros trabajan por jornales de hambre sometidos a la miseria y humillación de los grandes empresarios extranjeros y nacionales; los profesionales e intelectuales jóvenes demócratas se ven cercados y están en el dilema de entregarse a la clase dominante o perecer; los pequeños y medianos productores, tanto del campo como de la ciudad, ven arruinadas sus economías ante la cruel competencia y acaparamiento por parte del capital extranjero y de sus secuaces vende patrias; las riquezas de todo el pueblo colombiano son saqueadas por los imperialistas norteamericanos”.

“Pero nuestro pueblo, que ha sentido sobre sus espaldas el látigo de la explotación, de la miseria, de la violencia, se levanta y está en pie de lucha. La lucha revolucionaria es el único camino de todo el pueblo para derrotar el actual gobierno de engaño y de violencia. Nosotros, que agrupamos el Ejército de Liberación Nacional, nos encontramos luchando por la liberación de Colombia. El pueblo liberal y el pueblo conservador harán frente juntos para derrotar a la oligarquía de ambos partidos”.

“¡Viva la unidad de los campesinos, obreros, estudiantes, profesionales y gentes honradas que desean hacer de Colombia una patria digna para los colombianos honestos! ¡Liberación o muerte!, Ejército de Liberación Nacional, Frente José Antonio Galán, Carlos Villarreal, Andrés Sierra, Simacota, 7 de enero de 1965″.

Los planes de acción de este grupo se pueden analizar a la luz de la declaración programática del ELN, que dice (29):

“Programa de Simacota

El ELN lucha por la plena realización en nuestra patria del siguiente programa:

1. La toma del poder para las clases populares, la instauración de un gobierno democrático y popular, que libere a nuestro país de los monopolios internacionales y de la oligarquía criolla y que garantice la plena igualdad de nuestro pueblo, que otorgue plenas libertades democráticas a los sectores populares, que conceda a la mujer sus legítimos derechos, que libere las fuerzas creadoras de las masas, que garantice el respeto a la dignidad humana y el libre desarrollo de los colombianos.

2. Una auténtica revolución agraria que contemple la eliminación del latifundio, el minifundio y el monocultivo; que realice una distribución técnica y justa de la tierra a los campesinos que la trabajan; que otorgue créditos, abonos, aperos, semillas y herramientas de trabajo a los agricultores; que impulse la mecanización y la tecnificación de la agricultura, la creación de organismos adecuados de distribución que elimine los intermediarios, los especuladores y los acaparadores; que asegure la asistencia médica y educacional a los campesinos, así como el desarrollo del sistema de riego, de electrificación, de vivienda y vías de comunicación adecuadas. Se confiscarán los latifundios de propiedad de los terratenientes y se respetarán las propiedades que beneficien la economía nacional, se fomentará la creación de cooperativas de producción, distribución y consumo y de granjas estatales, se fomentará la planificación de producción agropecuaria, buscando la diversidad de los cultivos y el desarrollo de la ganadería.

3. Desarrollo económico-industrial mediante la protección de la industria nacional, el impulso de la industria semipesada, la confiscación de los intereses imperialistas y de las oligarquías traidoras a la patria; se protegerá a los pequeños industriales y comerciantes no especuladores; mediante una planificación científica, se buscará la diversificación de la industria y el desarrollo de una economía industrial basada en nuestros propios recursos, que garantice la plena utilización de nuestra mano de obra. Nacionalización efectiva del subsuelo y de su explotación en beneficio de la economía nacional. Elaboración y realización de un plan de electrificación, irrigación y aprovechamiento recursos hidráulicos del país. Comercio con todos los países del mundo, buscando el beneficio de nuestro pueblo sin otras consideraciones que el interés colectivo.

4. Plan de vivienda y reforma urbana que garantice un hogar higiénico y adecuado para los trabajadores del campo y la ciudad y elimine la explotación de los casatenientes mediante la amortización a largo plazo, erradicación de los tugurios, bohíos y ranchos en la ciudad y en el campo.

5. Creación de un sistema popular de crédito que elimine a los usureros y agiotistas y fomente el desarrollo económico-industrial, agropecuario y comercial e impulse el mejoramiento del nivel de vida de los trabajadores.

6. Organización de un plan nacional de salud pública que haga posible la atención médico-farmacéutica y hospitalaria a todos los sectores de la población sin gravar su economía; desarrollo de la medicina preventiva y la lucha contra las enfermedades endémicas. Creación de puestos de salud y hospitales en la ciudad y en el campo. Eficaz protección a la niñez y a los ancianos y reglamentación del Seguro Social para que sirva a las necesidades de nuestro pueblo. Creación de un organismo centralizado que se encargue de proyectar y realizar los programas de salud pública.

7. Elaboración de un plan vial que sirva para articular la economía nacional y preste un servicio eficaz a las regiones densamente pobladas y con posibilidades de desarrollo económico. Centralización y planificación de este programa con el fin de evitar gastos innecesarios. Penetración de las zonas agrícolas y ganaderas; organización estatal del transporte y fijación de tarifas técnicamente estipuladas por los organismos del Estado.

8. Reforma educacional que elimine el analfabetismo y promueva la construcción de escuelas rurales y urbanas y la formación de maestros competentes. La educación será obligatoria y gratuita. Reforma de los programas de estudio para adecuarlos a las necesidades del país y a la ciencia moderna, vinculación de los estudiantes con la realidad nacional y elevación del nivel teórico de los trabajadores; nacionalización de la enseñanza superior, normalista y universitaria, buscando que la universidad cumpla su función social, que se ponga a tono con los avances científicos, que el pueblo tenga acceso a ella, que elimine el oscurantismo y el dogmatismo de las cátedras y que pueda así desempeñar el papel de la vanguardia intelectual y cultural de los trabajadores colombianos. Creación de una Academia Nacional de Ciencias que unifique las exigencias del desarrollo de la investigación científica. Así mismo, se crearán comedores estudiantiles y se ampliará el número de becas infantiles, se ampliará la red de bibliotecas públicas y se proveerá a los establecimientos educacionales de los materiales académicos y docentes necesarios. Se fomentará y estimulará el deporte y la cultura física. El Estado se preocupará por la defensa, el estímulo y desarrollo de la cultura nacional, del arte folklórico popular, de la protección de escritores y artistas nacionales. Igualmente, se divulgarán con amplitud todas las manifestaciones artísticas y libertarias que revistan formas populares y democráticas de otros pueblos.

9. Incorporación de la población indígena a la economía y la cultura de la nación, respetando sus costumbres, sus tierras, su lengua, sus tradiciones y el desarrollo de su vida cultural. Otorgamiento de la totalidad de sus derechos de colombianos a la población indígena.

10. Libertad de pensamiento y de culto. Separación de la Iglesia y el Estado. Eliminación de todo tipo de discriminaciones por raza, género, origen social o creencia religiosa.

11. Política exterior independiente basada en el respeto mutuo, la autodeterminación de los pueblos y la no intervención de algún Estado en los asuntos internos de otro, oposición a toda forma de opresión y de dominación imperialista, colonialista o neocolonialista, defensa de la paz mundial y solidaridad con la lucha de los pueblos oprimidos contra sus opresores por la independencia nacional, anulación de los compromisos que lesionen la soberanía nacional, expulsión de las misiones militares del imperialismo norteamericano. Establecimiento de relaciones diplomáticas, culturales y comerciales con todos los países del mundo sobre la base del respeto mutuo.

12. Formación de un ejército popular permanente, técnicamente dotado y disciplinado, que garantice las conquistas populares, defienda la soberanía nacional y sea el más firme apoyo del pueblo. Este ejército estará formado inicial por los destacamentos del ELN y mantendrá una férrea y constante vinculación con las masas populares, de cuyo seno han surgido sus cuadros y sus combatientes. El ejército popular defenderá los más auténticos intereses patrióticos y no será jamás instrumento de represión contra ningún pueblo del mundo”. (Tomado de Las verdaderas intenciones del ELN, Fundación Corporación Observatorio para la Paz, 1999).

SURGIMIENTO DEL EJÉRCITO POPULAR DE LIBERACIÓN, EPL

Desde 1963 se fue creando una disidencia en el Partido Comunista Colombiano, por parte de un grupo que simpatizaba más con la “línea china” dentro del debate ideológico del comunismo mundial y criticaba las estrategias “pacifistas” del PCC. Esa disidencia se cristalizó en una conferencia de los marxistas-leninistas en marzo de 1964, desde la cual convocaron al “X Congreso del Partido Comunista”, congreso que tuvo lugar en Soacha (Cundinamarca) en julio de 1965, en cuyas conclusiones se afirma: “Para las condiciones colombianas es enteramente válido, y lo hacemos nuestro, el planteamiento leninista de que ocultar a las masas la necesidad de una guerra encarnizada, sangrienta y exterminadora como objetivo inmediato de la acción próxima, es engañarse a sí mismo y engañar al pueblo. Y es, hoy por hoy en Colombia, traidor a la revolución, quien no esté de acuerdo con la lucha armada, no se prepare para ella o impida de cualquier manera su desarrollo inmediato. Amigos y enemigos serán diferenciados con base en este palpitante problema” (30).

Ya desde septiembre de 1964, este grupo había iniciado un implante guerrillero en la zona del Alto Sinú y San Jorge, en el departamento de Córdoba, pero formalizarían su opción, mediante el “juramento de bandera” en febrero de 1967, constituyéndose como Ejército Popular de Liberación (31).

Por otra parte, cuando se produce la ruptura al interior del Partido Comunista de Colombia en 1965, se produce una declaración política por parte de la nueva organización, que luego funda el EPL en 1966. Dice la declaración:

“Es así como el 20 de julio (fecha patria de la oligarquía colombiana) de 1965, nace en Colombia el Partido Comunista (marxista-leninista), presentando una línea política y una táctica completamente influenciada por la orientación que el Partido Comunista Chino presentaba para los pueblos que se encontraban bajo el yugo del imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo” (32).

La siguiente es la resolución política que esta agrupación promulgó en el X Congreso del Partido Comunista de Colombia:

“Unánimemente y en forma categórica, el X Congreso afirma las siguientes tesis:

a. Vivimos la época del paso del capitalismo al socialismo. Nuestra revolución patriótica, popular y antiimperialista en marcha al socialismo está enmarcada dentro de este hecho mundial.

b. El imperialismo, fase final del capitalismo, es la fuente de todas las guerras.

Mientras exista el imperialismo, habrá guerras o peligro de guerras. Pero está asediado por todos los pueblos del mundo y puede ser vencido como lo demuestran las revoluciones proletarias y el avance incontenible de las luchas de liberación nacional.

c. El imperialismo norteamericano es el peor enemigo de todos los pueblos y como tal debe ser combatido por éstos.

d. Son las masas, en último término, y no la calidad de las armas, quienes deciden el rumbo de la historia. El espantajo atómico no puede detener la revolución.

e. Las guerras de liberación son justas, necesarias e inevitables.

f. La violencia revolucionaria es la partera de la historia. La actual situación política mundial evidencia la imposibilidad del tránsito pacífico del capitalismo al socialismo, particularmente en América latina.

g. El internacionalismo proletario es un principio marxista-leninista que no puede menoscabarse sin causar grave daño a la revolución. Lo mismo ocurre con el principio de basarse en los propios esfuerzos.

h. Las contradicciones fundamentales de nuestra época sólo pueden resolverse mediante el triunfo de la revolución. La contradicción entre el campo socialista y el campo capitalista es muy importante, pero no sustituye a la contradicción entre las clases explotadas y los explotadores en los países capitalistas, ni a la contradicción entre los pueblos oprimidos y el imperialismo, ni a la contradicción entre los países imperialistas y entre los grupos monopolistas.

i. No puede plantearse la coexistencia pacífica entre las clases explotadas y los explotadores o entre las naciones opresoras en ningún país, ni en ninguna región.

j. La coexistencia pacífica no constituye la esencia de las relaciones exteriores de los países socialistas, pues el apoyo a la lucha revolucionaria de los pueblos y el respaldo y el apoyo recíproco entre los países socialistas, son aún más importantes.

k. El campo socialista es patrimonio del proletariado mundial porque él lo ha hecho posible. Es deber del proletariado mundial respaldarlo, defenderlo y ampliarlo.

l. El principio de la igualdad y el respeto mutuo y el de la solución a todos los problemas que surjan por la vía de la consulta mutua, tiene que presidir e informar las relaciones entre los partidos comunistas hermanos.

m. El revisionismo moderno es la penetración de la ideología burguesa en el partido del proletariado, constituye el mayor obstáculo para la lucha revolucionaria, atenta contra la construcción del socialismo y es irreconciliable con el marxismo-leninismo.

n. La lucha contra el revisionismo es de vida o muerte para los Partidos Comunistas. Es una expresión permanente en la lucha revolucionaria entre lo correcto y lo erróneo en los terrenos filosófico, económico y social, y hay que llevarla hasta la victoria en cada etapa presente y futura. Sobre el revisionismo moderno, nos corresponde triunfar como Lenin lo hizo sobre el de su tiempo, y como les corresponderá a las generaciones futuras triunfar sobre el que surja. No es posible la unidad con los revisionistas, no puede transigirse con el revisionismo, la lucha contra él es implacable.

o. Sin partidos comunistas (marxistas leninistas), no puede garantizarse el curso de la revolución. La hegemonía del proletariado es necesaria para la toma del poder, para la conducción de la revolución popular y para la edificación del socialismo.

p. Solamente la extinción completa de las clases sociales y el aniquilamiento definitivo del imperialismo, pueden permitir, donde se cumplan, las demás condiciones morales y materiales, prescindir del partido y de la dictadura del proletariado. En este momento no existe en ningún país del mundo esas condiciones.

q. Los pueblos oprimidos de Asia, África y América latina están en la vanguardia de combate contra el imperialismo. Entre ellos y el imperialismo no puede plantearse la coexistencia pacífica”.

Como puede verse, estas extensas tesis expresan lincamientos bajo la orientación de la ideología china en pugna con la dirigencia soviética.

El auge de las luchas a nivel mundial se formula como un “…auge de la lucha antiimperialista a escala mundial… El imperialismo en su conjunto retrocede cosechando derrotas políticas y militares en igual medida y con la misma frecuencia con que arremete furioso; pero moribundo, contra los pueblos”.

Al referirse a la Revolución Cubana, la coloca como ejemplo para nuestros pueblos y afirma de aquel documento que constituye la Segunda Declaración de La Habana: “El Partido acoge la II Declaración de La Habana como el Manifiesto Comunista para América latina, que demuestra el peculiar proceso revolucionario de nuestros pueblos, desarrolla las tesis del carácter continental de nuestra lucha, nos señala a Cuba como ‘avanzada de la revolución latinoamericana”

SURGIMIENTO DEL MOVIMIENTO 19 DE ABRIL, M-19

Más adelante, en la década de los años setenta, otras organizaciones insurgentes se sumarán a las fuerzas rebeldes de los años sesenta. El fraude consumado el 19 de abril de 1970 para desconocer la victoria electoral de la Alianza Nacional Popular, Anapo, motivó a un grupo de profesionales, antiguos militantes comunistas y posteriormente militantes de Anapo, a crear el Movimiento 19 de Abril, M-19. En enero de 1974 en Bogotá, un comando de este movimiento penetró en la casa-museo Quinta de Bolívar, y sustrajo la espada del Libertador. En el comunicado emitido en ese momento, afirmaban: “No hay dudas: Bolívar guerrillero y patriota; Bolívar pueblo; Bolívar nuestro, vuelve a quitarle el sueño al opresor; a despertar al oprimido. Su espada empezó ya los nuevos combates. Ahora se enfrenta al yanqui, al explotador, a quienes entregan nuestra patria al dolor, a quienes ahogan a nuestro pueblo en la miseria… El pueblo sabe que sin luchas y organización armada, Anapo no logrará el triunfo, por más grande que sea el número de votos dejados en las urnas. Lo aprendió el 19 de abril de 1970, cuando nos robaron la victoria. Y esa historia no se repetirá jamás” (33).

OTROS GRUPOS INSURGENTES EN COLOMBIA

En 1976 surgió otro movimiento armado, construido alrededor del ex combatiente brasileño, sobreviviente de un movimiento guerrillero carioca, Giomar O’ Beale, que tomó el nombre de Juan Manuel González Puentes. Este grupo aglutinó a estudiantes y activistas populares y se llamó Auto-Defensa Obrera, ADO. Tuvo sus acciones más impactantes a finales de los años setenta, sobre todo con el asesinato del ex ministro de gobierno, Rafael Pardo Buelvas, en quien quisieron tomar represalia por el asesinato de 50 personas un año antes, en Bogotá, mientras participaban en protestas populares durante el desarrollo del Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977. Al responder a una entrevista en febrero de 1980, pocos días antes de ser asesinado, González Puentes afirmaba: “Nuestro nombre de autodefensa se refiere al aspecto estratégico, a la situación del pueblo delante de la oligarquía y la burguesía que nos explota, nos ataca, nos obliga a la lucha armada en defensa de nuestros derechos como seres humanos. Somos autodefensa porque no somos los que desatamos esta guerra; ellos son los agresores, ellos son los que violan los derechos del pueblo; ellos son los que responden a las huelgas y a las manifestaciones pacíficas con la violencia; ellos son los que torturan y asesinan. Cuando los obreros realizan una huelga, están manifestándose de manera pacífica, luchando pacíficamente, porque nadie puede afirmar que los brazos caídos son violencia; sin embargo, ¿qué hace la clase patronal? Lanza sus aparatos represivos para golpear, encarcelar, atemorizar e incluso eliminar físicamente a los trabajadores. Entonces, ¿Quién ataca militarmente? ¿Quiénes son los violentos? ¿Quiénes son los que inician la guerra? ¿Quiénes son los que atenían contra la paz? La clase explotadora y su sistema capitalista. Nuestro deber de hombres agredidos es defendernos de esa minoría rapaz y belicosa, porque entre otras cosas, sale más barato en vidas para nosotros una guerra revolucionaria que los 100 mil muertos anuales por desnutrición”. (Boletín ADO, marzo/80).

La represión brutal que en los años setenta sufrían las comunidades indígenas del departamento del Cauca por parte de ejército y de los terratenientes, las llevó a conformar grupos de autodefensa indígena que más tarde se convirtieron en una nueva organización guerrillera.

En diciembre de 1984 se conformó el Comando Quintín Lame como grupo armado. En el comunicado a la nación, expresaban: “La represión contra el Movimiento Indígena ha sido continua en los últimos años y nuestra lista de mártires crece día a día. Pero esta vez el enemigo decidió declaramos la guerra definitivamente. El 9 de noviembre (1984), fuerzas de la policía y el ejército arrasaron la Recuperación de López Adentro, quemaron las viviendas de 150 familias indígenas y con maquinaria destruyeron todos sus cultivos. Estas familias han quedado en la más completa miseria. El 10 de noviembre fue asesinado el sacerdote indígena paéz Alvaro Ulcué. El padre ülcué había sido un defensor de su pueblo y un luchador incansable de la lucha indígena.

No nos dejaremos exterminar. El movimiento indígena no se va a entregar ni a retroceder por esta ofensiva del enemigo. El Comando Quintín Lame compromete su honor en poner todas sus fuerzas al servicio de la resistencia de las comunidades indígenas y en hacer lo posible por derrotar al enemigo que nos está persiguiendo”. Otros grupos insurgentes, como el MIR-Patria Libre o el Partido Revolucionario de los Trabajadores, PRT, tendrían una existencia más efímera en los años ochenta. El Movimiento de Integración Revolucionaria, Patria Libre, había surgido en los años setenta como una instancia de reunificación de las numerosas corrientes marxistas-leninistas dispersas. Más tarde se integraría, ya como grupo armado, a la Coordinadora Nacional Guerrillera y posteriormente se fusionaría con el ELN, conformando la “Unión Camilista-ELN”.

El PRT se dio a conocer en julio de 1984 en una conferencia de prensa realizada en Santa Marta, en la cual se mostraban en contra del proceso de paz tal como se estaba desarrollando. En un documento suscrito en febrero de 1986, afirmaban: “Queda demostrado que en el país es imposible conseguir cambios sustanciales a favor del pueblo por la vía de las reformas, dado el carácter reaccionario del Congreso y de los partidos que ejercen el poder y la resistencia de la oligarquía a los cambios progresistas… En el bloque oligárquico y su gobierno ha ganado primacía la política de ‘tierra arrasada’, de eliminación de las fuerzas revolucionarias por la vía represiva y de destrucción a sangre y fuego de cualquier expresión de descontento popular” (Revista Colombia Viva, abril de 1988, pp. 5-6).

Posteriormente, surge otra organización como consecuencia de la integración de militantes de varias organizaciones el Movimiento Jorge Eliécer Gaitán por la Dignidad de Colombia. En su programa explica lo que pretenden con su lucha:

“El Movimiento Jorge Eliécer Gaitán por la Dignidad de Colombia, más conocido como JEGA, plantea:

A grandes rasgos, nuestro programa revolucionario (estrategia) de transformación socialista de la sociedad -reiterando la necesidad de no olvidar que el socialismo como modo de producción sólo puede consolidarse universalmente- está orientado a conseguir los siguientes objetivos más o menos inmediatos, es decir, que serán medidas de aplicación concreta una vez se produzca la toma del poder (34):

• Estatización de la banca y de todo el sistema financiero para crear un banco nacional único. 
• Nacionalización general del transporte. 
• Nacionalización del comercio exterior y del comercio interno en lo que tenga que ver con los grandes medios de producción. 
• Expropiación de las multinacionales y empresas extranjeras. 
• Expropiación de los capitales extranjeros que existan en las empresas nacionales a manera de acciones o aportes de capital. 
• Expropiación y nacionalización de los grandes medios de producción. 
• Expropiación y nacionalización de los grades medios de comunicación social. 
• Expropiación de los latifundios y entrega de la tierra a los campesinos en aquellas zonas donde tal medida constituya una reivindicación inmediata y necesaria para los campesinos. 
• Agrupación voluntaria de los campesinos en cooperativas agrícolas estatales. 
• Explotación tecnificada del campo mediante planes nacionales de producción, proletarizando a las masas campesinas con miras a acelerar nuestro desarrollo industrial. 
• Declaratoria de extinción de la deuda externa. 
• Creación de un gran mercado socialista. 
• Creación de pequeños mercados sujetos a la ley capitalista de la oferta y la demanda para aquellas zonas donde existan pequeños propietarios. 
• Fortalecimiento del nuevo aparato estatal, especialmente de la estructura militar con miras a crear un gran ejército revolucionario. 
• Institución de las milicias revolucionarias para la defensa de la revolución. 
• Impulsar, con base en nuestros recursos económicos y conjuntamente con la cuestión militar, las medidas que tiendan a elevar de inmediato el nivel de vida de las masas colombianas. 
• Instituir la prestación de los servicios de salud y educación por parte del Estado como obligatorios y gratuitos. 
• Desarrollar una profunda reforma urbana tendiente a dotar de vivienda a todas las familias colombianas. Se expropiará a quien tenga más de una vivienda. Se incrementará la construcción de viviendas para eliminar el déficit que está alrededor de un millón de soluciones. Se expropiará a las grandes urbanizadoras privadas y piratas. 
• Se decretará la obligatoriedad del trabajo.

De manera que en la fase de la toma del poder, la agitación política para atraer a las masas hacia la revolución debe hacerse a través de una plataforma táctica antigobiernista, y nunca mediante el programa estratégico comunista. Por lo mismo, será allí, cuando lleguemos a la táctica, en donde abordaremos este aspecto de la plataforma política y en donde detallaremos su contenido posible” (Tomado de La toma del poder, escrito por su máximo dirigente, Hugo Antonio Toro, 1999).

Todos los textos fundadores revelan que las decisiones de alzamiento en armas se tomaban en medio de un mar de luchas no violentas por los mismos objetivos, que habían llegado a un callejón sin salida debido a la represión contra ellas.

Y, en efecto, cualquier recorrido histórico que se haga desde los años 60, 70, 80 y 90, mostrará un constante nacimiento y desarrollo de organizaciones obreras, campesinas, estudiantiles, indígenas, políticas, académicas, religiosas y humanitarias que propenden por un cambio de estructuras y que van siendo, una tras otra, ahogadas en su propia sangre.

GUERRAS JUSTAS E INJUSTAS, EL CONFLICTO ARMADO INTERNO Y SU CALIFICACIÓN POLÍTICA

El primer concepto de la “guerra justa” surge en la edad antigua y específicamente en Roma. Gracias a la doctrina estoica, los filósofos establecieron que no se debía hacer una guerra si no era por una causa justa. Según los romanos, sin estar en estado de legítima defensa o para deshacer entuertos, un colegio de sacerdotes, los fetiales, certificaban si una campaña proyectada erabellum justum et pium. (35)

Este concepto de guerra justa sería retomado posteriormente en la Edad Media por el cristianismo con el fin de explicar el porqué la Iglesia permitía y legitimaba la guerra, puesto que, según algunos de sus discípulos, había una contradicción porque derramar tanta sangre también era castigado por las escrituras; por lo tanto, la Iglesia debería justificar su actitud.

Es entonces cuando San Agustín y más adelante Santo Tomás de Aquino, retoman la doctrina de la guerra justa. En aquel tiempo se decía que: “El orden natural es un reflejo del orden divino. El soberano legítimo tiene el poder de establecer y mantener este orden. Como el fin justifica los medios, los actos de guerra cometidos por causa del soberano pierden todo carácter de pecado. Esta guerra es declarada justa; Dios la quiere; a partir de este momento, el adversario es enemigo de Dios y, como tal, sólo podría hacer una guerra injusta” (36).

Posteriormente, aparece el teólogo español Francisco de Vitoria, de quien según Alejandro Valencia Villa, sólo se conocen varias relecciones, de las cuales se destaca la Relección segunda de los indios o del derecho de la guerra de los españoles contra los “bárbaros”, que trata cuatro puntos fundamentales: Si es lícito a los cristianos hacer la guerra, en quién reside la autoridad para declarar y hacer guerra, cuáles deben ser las causas de una guerra justa y qué cosas pueden hacerse contra los enemigos en una guerra justa. Para Vitoria, las circunstancias que ha de tener la guerra para que sea justa son las siguientes: “a. autoridad legítima (que se haga con autoridad de república perfecta, o de príncipe que presida o tenga las veces de ella); b. causa justa (la injuria que se hace a su príncipe y a su reino), y c. recta intención (que la intención en las guerras sea justa, es a saber, que no se mueva por codicia, o por crueldad” (37).

Sobre las características de la guerra revolucionaria en China, el estratega y dirigente de ese proceso, Mao Tse-Tung, escribe sobre el objeto de la guerra lo siguiente:

“La guerra, ese monstruo de matanza entre los hombres, será finalmente eliminada por el progreso de la sociedad humana y lo será en un futuro no lejano. Pero sólo hay un medio para eliminarla: oponer la guerra a la guerra, oponer la guerra revolucionaria a la guerra contrarrevolucionaria, oponer la guerra revolucionaria nacional a la guerra contrarrevolucionaria nacional y oponer la guerra revolucionaria de clase a la guerra contrarrevolucionaria de clase. La historia conoce sólo dos tipos de guerras: las justas y las injustas. Apoyamos las guerras justas y nos oponemos a las injustas; todas las guerras contrarrevolucionarias son injustas; todas las guerras revolucionarias son justas. Con nuestras propias manos pondremos fin a la época de las guerras en la historia de la humanidad, y la guerra que ahora hacemos es indudablemente parte de la guerra final. Pero la guerra que enfrentamos es al mismo tiempo, sin duda alguna, parte de la más grande y más cruel de todas las guerras. Se cierne sobre nosotros la más grande y más cruel de todas las guerras injustas contrarrevolucionarias. Si no levantamos la bandera la de la guerra justa, la gran mayoría de la humanidad será devastada. La bandera de la guerra justa de la humanidad es la bandera de la salvación de la humanidad. La bandera de la guerra justa de China es la bandera de la salvación de China. Una guerra sostenida por la gran mayoría de la humanidad y del pueblo chino es indiscutiblemente una guerra justa, es la empresa más sublime y gloriosa para salvar a la humanidad y a China, y un puente que conduce a una nueva era en la historia mundial. Cuando la sociedad humana progrese hasta llegar a la extinción de las clases y del Estado, ya no habrá guerras, ni contrarrevolucionarias ni revolucionarias, ni injustas ni justas. Ésa será la era de la paz perpetua para la humanidad. Al estudiar las leyes de la guerra revolucionaria, partimos de la aspiración de eliminar todas las guerras. Ésta es la línea divisoria entre nosotros, los comunistas, y todas las clases explotadoras” (38).

Entonces, cabe anotar que quien hace la guerra siempre buscará una razón para justificarla, y para éste, invariablemente su guerra será justa y a través de la historia hemos visto cómo los grandes dominadores siempre han intentado justificar sus conquistas y el aplastamiento de sus adversarios por razones religiosas o morales. Lo anterior no significa que en el mundo no se hayan dado guerras por causas justas como son las guerras que han librado los pueblos para liberarse del yugo de sus opresores o guerras independentistas, las guerras defensivas y las guerras en busca de un orden social, económico, político y cultural más justo.

Hasta hace muy poco tiempo, los Estados tenían derecho a hacer la guerra por necesidad de su política; tal decisión dependía de su soberanía. Esta situación cambió con la Carta de la Naciones Unidas, que prohibe la guerra e incluso a recurrir a cualquier modo de violencia. En la actualidad, solamente se puede iniciar la guerra por tres causas, a saber: las medidas emprendidas por las Naciones Unidas para restablecer la paz, las operaciones llevadas a cabo en legítima defensa y las guerras de liberación nacional.

No cabe duda que con esta prohibición se presentó un resurgimiento a la doctrina de la guerra justa, pues si los conflictos armados tienen origen por alguna de las razones anteriormente anotadas, tienen una justa causa.

Si para Clausewitz la guerra es la continuación de la política por medios violentos, el proceso de paz es precisamente seguir en la política por medios no violentos; por ello algunos teóricos sostienen que la política es guerra sin derramamiento de sangre, en tanto que la guerra es política con derramamiento de sangre.

La prueba de lo anterior es lo que sostienen teóricos en cuanto a que desde tiempos remotos jamás ha habido una guerra que no tenga unos fines e intereses de carácter político.

Hasta antes de la Revolución Francesa, en la Edad Media, en el desarrollo de la guerra, tanto por sus instrumentos como por sus métodos, dejaba menos espacio para la perfidia, entre otras cosas porque las armas no eran tan sofisticadas, pues antiguamente se utilizaba la lanza y el escudo; la lanza para atacar al adversario y el escudo para defenderse y conservarse a sí mismo, y cumplir el objetivo primordial en el combate: “conservar las fuerzas propias y destruir las enemigas”. En la actualidad la lanza ha sido sustituida por los fusiles, granadas morteros, entre muchos otros, y el escudo ha sido sustituido por cascos, chalecos antibalas o refugios antiaéreos.

Al igual que los instrumentos utilizados en la guerra, los modos de hacerla también han cambiado. En la Edad Media, los ejércitos escogían el campo de batalla, la lucha era casi que cuerpo a cuerpo, los dos bandos se presentaban en filas uno frente al otro, la ceremonia se iniciaba cuando sonaban las cometas y se iniciaba la contienda.

Es a partir de Napoleón cuando extendió la Revolución Francesa por el resto de Europa, que cambió la modalidad de la guerra, y ésta adquirió muchos más astucia, en especial cuando se trataba de combatir a enemigos con mayor número de hombres y con posiciones y territorios consolidados, y nace un factor fundamental: la sorpresa. Sorprender al enemigo y atacarlo cuando esté desprevenido, o cuando la región o circunstancias de lugar le dificulten su defensa y “favorezcan el ataque” se justifica en aras de la victoria. Los ejércitos aprendieron a “evitar el combate” cuando es el adversario el que está mejor parado y en buenas condiciones de defensa.

Hay que distinguir también que la guerra regular, también denominada guerra deposiciones, es aquella que normalmente se realiza entre ejércitos fuertes que defienden un territorio como sus bases militares y bienes de producción y económicos. Esta modalidad corresponde normalmente a las guerras entre naciones o guerras donde los ejércitos ejercen control y soberanía sobre un territorio, y otros ejércitos buscan quitarles esas posiciones e invadir esos territorios sometiendo a sus subditos y apropiándose de sus bienes.

Existe también la guerra irregular o guerra de movimientos o guerra de guerrillas, que por contraposición a la anterior la ejercen pequeños ejércitos que se encuentran en territorios enemigos y que no tienen zonas territoriales bajo su control absoluto, y que permanecen en un desplazamiento permanente ante la imposibilidad de desarrollar una guerra de posiciones contra ejércitos mucho más fuertes y numerosos que los aniquilarían en corto plazo, o incluso en una sola batalla, si pretendieran controlar o defender una posición. Esta modalidad de guerra es la típicamente utilizada por los movimientos de liberación en el mundo, sistema que ha sido la táctica empleada en Colombia por los movimientos insurgentes.

Precisamente de ahí a estos grupos se les denomina guerrilleros, que entre otras cosas, dicho término no sólo sería aplicable a los rebeldes con inspiraciones políticas de izquierda como usualmente se hace, sino a todo aparato militar que utilice la modalidad deguerra de guerrillas, sin importar que fuese de derecha o izquierda. Incluso en ocasiones los ejércitos regulares se vuelven irregulares cuando combaten en territorios ajenos, o para enfrentar en su propio territorio a grupos guerrilleros; por eso en Colombia algunos violentólogos han manifestado que las “brigadas móviles” son fuerzas irregulares que utilizan la guerra de guerrillas y por ello permanecen en constantes movimientos y de ahí su nombre de móviles, para combatir un enemigo en permanente movimiento.

La guerra de guerrillas o guerra de movimientos parte de la base de que son ejércitos pequeños, débiles, que no controlan territorios ni posiciones, que permanecen en movimiento, que tienen que enfrentar ejércitos mucho más numerosos y mejor armados, y que a través de la modalidad de combate que realizan, es decir, golpear al enemigo y replegarse (con asalto y cortos enfrentamientos), se van fortaleciendo, engrosando sus filas, consiguiendo armamento más sofisticado hasta lograr la aspiración de todo “ejército guerrillero” que es convertirse en “ejército regular”, y controlar un territorio y empezar a realizar una “guerra regular” es decir una “guerra de posiciones”, y acceder en el caso de las guerrillas revolucionarias al poder por la vía de las armas derrocando al gobierno existente.

En el desarrollo de todos estos años, los movimientos alzados en armas han buscado por diferentes mecanismos que el Estado modifique su política económica, social, de administración de justicia y de utilización de la fuerza pública. No puede desconocerse históricamente lo que fueron las peticiones y acuerdos firmados por el Estado con los movimientos cívicos que luchaban en lo fundamental por servicios públicos esenciales (agua, luz, teléfono, vías, suministro de alimentos, etc.), y que fueron sistemáticamente eliminados hasta su exterminio.

Políticamente no puede desconocerse la experiencia de las FARC-EP cuando firmaron una tregua con el gobierno de Belisario Betancur y el acuerdo político al que se llegó para constituir la Unión Patriótica, alternativa democrática para la paz ahogada en sangre desde el momento en que el nuevo partido obtuviera, hasta ese momento, la más alta votación de la izquierda del país. Alcaldes, diputados, parlamentarios, concejales y hasta dos candidatos a la presidencia por este movimiento político fueron asesinados. El exterminio se convirtió en genocidio político.

Tampoco puede olvidarse el esfuerzo realizado por un sector del movimiento guerrillero, en particular el M-19, que se reinsertó para darle prioridad a la política sobre las armas, y que logró que se convocara a una Asamblea Nacional Constituyente que, al menos en el terreno formal, logró una nueva Constitución con elementos importantes para afianzar una institucionalidad democrática. Pero los nuevos espacios políticos fueron rápidamente cerrados; el establecimiento no toleraría que las veleidades democráticas de la población pusieran en peligro los intereses del statu quo.

Los movimientos sociales han luchado a lo largo de la historia para reclamar reivindicaciones económicas, políticas, culturales y sociales a través de la resistencia pacífica. Los gobiernos han preferido la represión antes que el diálogo, el aniquilamiento antes que la concertación.

La investigación documentada por el proyecto Nunca Más da un ejemplo de esta práctica, la cual puede sintetizarse, en el período de 1965 hasta 1998, en unas 29 mil ejecuciones extrajudiciales, 4 mil 500 detenidos desaparecidos, unos 8 mil casos de tortura, 3 mil 500 presos y perseguidos políticos, 2 millones 500 mil personas desplazadas, destrucción de las organizaciones sindicales, campesinas, cívicas, indígenas y políticas, etc. Sin embargo, ni la represión legal, ni los crímenes contra la humanidad cometidos, han logrado doblegar la capacidad de resistencia del pueblo colombiano.

 


Notas:

 

 

 

Mario Madrid Malo, “Estudios sobre derechos fundamentales”, serie de textos de divulgación No 11, Defensoría del Pueblo, 1996.

Cfr. Rene Coste, Moral internacional, Ed. Herder, Barcelona, 1967, pp. 550-551. “La violencia y el cristiano”, en Tierra Nueva, No 1, Bogotá, abril de 1972, pp. 39-40.

Mario Madrid Malo, “Estudios sobre derechos fundamentales”, serie de textos de divulgación Nº 11, Defensoría del Pueblo, 1996, p. 149.

Luis Pablo Sico, La defensa justa, Ed. Ateneo, Buenos Aires, 1949, pp. 130 y ss.

Mario Madrid Malo, “Estudios sobre derechos fundamentales”, serie de textos de divulgación No 11, Defensoría del Pueblo, 1996, p. 150.

Pedro E. Haba, La idea de totalitarismo y la libertad individual, Ed. Temis, Bogotá, 1976, p.41.

Mario Madrid Malo, Estudios sobre derechos fundamentales, Serie de textos de divulgación Nº 11, Defensoría del Pueblo, 1996, p. 151.

Aristóteles, Política, libro III, Capítulo V

Pío XI. Encíclica Firmissimam Constantiam.

Paulo VI. Encíclica Populorum Progressio, Nº 31.

Mounier Emmanuel, “Revolución personalista y comunitaria” en Obras completas, Ed. Sígueme, Salamanca, 1992, T. I, p. 426.

Mario Madrid Malo, “Estudios sobre derechos fundamentales”, serie de textos de divulgación No 11, Defensoría del Pueblo, 1996, p. 147.

Rene Coste, Las comunidades políticas, Ed. Herder, Barcelona, 1971, pp. 350-351.

Diccionario de la Lengua Española, Editorial Planeta, S.A, 1982, edición colombiana, enero de 1988, p. 1.060.

Diccionario militar aeronáutico, naval y terrestre, Bibliografía Omeba Editores Libreros, Buenos Aires, Argentina, 1963, G. Cabanellas de Torres (compilador), tomo IV p. 222.

Breve diccionario etimológico de la Lengua Española, p. 588. Fondo de Cultura Económica, S.A., México, 1988. Guido Gómez de Silva (compilador).

Alejandro Aponte D., en revista Pensamiento jurídico No 5, p. 91.

Ibídem,p.92.

Luis Carlos Pérez, La guerrilla ante los jueces militares. Editorial Temis, Bogotá, Colombia, 1987, p.129.

Luis Carlos Pérez, Derecho penal, tomo III, 2a edición, Editorial Temis, Bogotá, Colombia, 1990,p.126.

Luis Carlos Zarate E., El delito político. Ediciones Librería del Profesional. Bogotá, 1996, p.ll.

Entrevista con Gloria Gaitán.

Comisión Internacional Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, FARC-EP, 27 de mayo de 1998.

Programa agrario de las FARC, Ediciones Resistencia, 1974.

Tomado de Las verdaderas intenciones de las FARC, Corporación Observatorio para la Paz. Intermedio Editores, 1999, documento: Plataforma para un gobierno de reconstrucción y reconciliación nacional, p. 32 y ss.

FARC-EP, Octava Conferencia Nacional Guerrillera, comandante Jacobo Arenas, estamos cumpliendo, 3 de abril de 1993. Las verdaderas intenciones de las FARC, Corporación Observatorio para la paz, 1999.

Selecciones del boletín Insurrección, órgano del Ejército de Liberación Nacional, mimeografiado, sin fecha, p. 11.

Tomado de Las verdaderas intenciones del ELN. Corporación Observatorio para la Paz. Documento Manifiesto de Simacota, Intermedio Editores, 2001, p. 45 y ss.

Tomado de Las verdaderas intenciones del ELN. Corporación Observatorio para la paz. Documento Declaración Programática del ELN, Intermedio Editores, 2001, p. 67 y ss.

Acta del X Congreso del PC M-L, 19-1, citada por Alvaro Villarraga y Nelson Plazas, Para reconstruir los sueños. Fondo Editorial para la Paz, Fundación Progresar, Bogotá, 1994, p. 29.

Cfr. Villarraga y Plazas, Op. Cit., p. 40.

Tomado de Origen y desarrollo del movimiento revolucionario colombiano. Ulises Casas. 2a edición. Bogotá, enero de 1990.

Cfr. Patricia Lara, Siembra vientos y recogerás tempestades. Editorial Punto de Partida, Bogotá, 5a edición, 1982, p. 185.

Tomado de Movimiento Jorge Eliécer Gaitán (JEGA), Proyecto Estratégico y Táctico. Del Programa Revolucionario y de la Forma de la Revolución, Editorial Fiat Lux, p. 35 y ss.

Jean Pictet, Desarrollo y principios del Derecho Internacional Humanitario, Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1997.

Ibídem.

Alejandro Valencia Villa, Derecho Humanitario para Colombia, serie de textos de divulgación Nº 8, Defensoría del Pueblo.

Mao Tse-Tung, Obras Escogidas, tomo I, p. 197, Edición en lenguas extranjeras. Pekín, 1972.

Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 02dic02

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Juan Calvino, la reforma en Ginebra y los inicios de la reforma en Francia

26 Enero 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

Juan Calvino, la reforma en Ginebra y los inicios de la reforma en Francia

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 Juan Calvino, ¿el déspota de Ginebra?
 Infancia y años de estudio (1509-1535)
 ¿Cuándo se convirtió Calvino a la Reforma?
 De la primera a la segunda estadía en Ginebra (1536-1541)
 Estructura de la Iglesia de Ginebra
 Algunos acentos teológicos
 El proceso a Miguel Servet
 Los últimos años de Calvino
 Teodoro Beza, el sucesor de Calvino
 La evolución de la iglesia reformada en Francia hasta 1598

 

1. Juan Calvino, ¿el déspota de Ginebra??

Sobre la persona de Juan Calvino sabemos algo más que sobre la persona de Ulrico Zwinglio. Esto es entendible, ya que Calvino tuvo muchísimo más impacto que Zwinglio; prácticamente la totalidad de las iglesias reformadas en el mundo se remontan a él. Los reformados frecuentemente son llamados también”calvinistas“, aunque ellos mismos no se autodenominan así. 
Al mismo tiempo, lo que ocurre es que sobre todo en Alemania todavía se encuentran connotaciones muy negativas sobre Calvino: se lo llama “el déspota de Ginebra“, quien habría sido demasiado riguroso y dispuesto a sacrificar a todos los que no eran de su corriente; se dice que ordenó la ejecución de Miguel Servet; se dice que representaba la llamada “doctrina de la doble predestinación“, según la cual Dios eligió unos para la salvación y otros para el infierno etc. En 1936, en pleno auge del régimen Nazi en Alemania, el literato Stefan Zweig escribió un ensayo con el título “Una conciencia contra la violencia. Castellio contra Calvino”. Con ingenio literario, decía Calvino pero en realidad se refería al déspota Hitler. Esto también contribuyó en las últimas décadas a dibujar la imagen de Calvino en tonos lóbregos. 
Seguramente algunas características de Calvino siempre serán extrañas para el hombre moderno. Calvino fue un asceta que dedicó su vida a la Reforma y podía proceder de una manera muy estricta. Pero tenemos que esforzarnos por diferenciar más, porque la imagen tan distorsionada de Calvino se debe también a las grandes luchas confesionales que duraron hasta el siglo XX. Sobre todo el siglo XVII estuvo marcado por conflictos y peleas interconfesionales, justamente entre los cristianos luteranos y reformados: ambos bandos difamaban, imputaban, presentaban sus asuntos de forma injusta. De todas partes se pecaba, también de parte de los reformados. En este contexto cristalizó sobre todo en Alemania – y debido a muchas publicaciones de la corriente más influyente que era la luterana – la imagen de Calvino que domina desde hace siglos. Esta imagen subsiste hasta el día de hoy, aunque menos marcada, en algunas monografías de la historia de la iglesia y en libros populares. 
Por eso hace falta no quedarse con los prejuicios sino observar mejor y preguntar cómo Calvino vivió, enseñó y qué huellas dejó. 

2. Infancia y años de estudio (1509-1535)

CalvinJuan Calvino nace el 10 de julio de 1509 en Noyon en el norte de Francia (a unos 100 kilómetros al norte de París), y recibe el nombre de Jean Cauvin. Su padre era notario del cabildo de la catedral, un laico en medio del clérigo, por lo tanto tenía un cargo elevado. Ya a la corta edad de 12 años, Juan Calvino recibe sus primeras prebendas, o sea, una parte de los ingresos de una determinada parroquia (la capilla de la Gésine). Hasta 1523 Calvino asiste a la escuela de su pueblo natal; con 14 años lo envían al Collège de la Marche, un famoso internado en París, cuyo profesor de latín y director era Mathurin Cordier. Cordier se hizo conocido como fundador de una pedagogía renovada, y aunque Calvino gozó sólo poco tiempo de sus clases de latín, lo veneró durante toda su vida. Mucho más tarde, lo llamó para organizar la educación escolar en Ginebra y Lausana. 
Después de un breve tiempo, Calvino cambia – por razones desconocidas – a otro internado, el Collège de Mantaigu. Este es un baluarte de la ortodoxia católicorromana y un espantajo para los alumnos. Sin embargo, Calvino no parece haber sufrido demasiado allí; más bien recibió una buena y profunda formación en gramática, filosofía y teología. Uno de sus profesores, John Major, incluso redactó un conocido comentario acerca de los Evangelios y defendió las doctrinas romanas contra Wyclif, Hus y, especialmente, contra Lutero. Las enseñanzas de aquél ya habían sido difundidas ampliamente, y existía una gran necesidad de defenderse contra ellas. Probablemente, fue en este colegio donde Calvino conoció la teología católica a través de las sentencias de Pedro Lombardo (1100 -1160), los Padres de la Iglesia y Agustino (354 – 430). 
Calvino se hace de amigos, entre ellos algunos simpatizantes e incluso seguidores de la Reforma. Calvino mismo todavía no ha llegado a este punto; la polémica luterana contra Zwinglio le parece demasiado fuerte. Ni siquiera sabemos con certeza si Calvino en esa época ya conocía los escritos de Lutero. En todo caso, no adhiere a la Reforma sino que permanece fiel a la doctrina romana. Podemos caracterizar al Calvino de ese tiempo como un humanista católico que se urgía por una renovación de las ciencias, pero no por la Reforma en el sentido luterano. En 1527, y mientras Calvino todavía frecuenta el Collège de Mantaigu, recibe los ingresos de una segunda prebenda. 
En un principio, el padre de Calvino quería que su hijo estudiara teología. Pero cambia sus planes, quizás debido a conflictos con los capitulares de la catedral de Noyon, quizás porque esperaba que otra ciencia diera mejores oportunidades a su hijo, y le aconseja estudiar Leyes. Calvino inicia sus estudios jurídicos probablemente en 1528 en Orléans, la facultad más famosa en ese entonces. Es muy estudioso, trabajador y perseverante. En pocos meses aprende el griego, y se deja influir cada vez más por los ideales humanistas. En 1529 abandona Orléans, y sigue su carrera en Bourges con el famoso jurista Alciat. 
En 1531 Calvino se entera de que su padre está seriamente enfermo. Viaja a Noyon y acompaña a su padre en sus últimas horas. Los enfrentamientos entre el cabildo y el notario se habían agudizado tanto que este último había sido excomunicado, hecho que le pesaba muchísimo. 
Después de la muerte de su padre, Calvino va a París. Ahora es independiente, y se dedica – aparte de su carrera como jurista – sobre todo a los estudios literarios. El rey Francisco I había fundado en París una nueva universidad con orientación humanista, donde se matricula Calvino. En el invierno 1531/32, Calvino redacta un comentario sobre el tratado de Séneca “De clementia“. Este libro lo hace conocido y lo integra a las filas de los humanistas más famosos de Francia. Finalmente, Calvino retorna a Orléans, donde termina su carrera con el título de licenciado en leyes.

3. ¿Cuándo Calvino se convirtió a la Reforma?

Esta pregunta es objeto de numerosas investigaciones, aunque las pruebas siempre han sido más bien raras. Calvino mismo señala que vivenció una “conversio subita“. En su Comentario de los Salmos de 1557, Calvino recuerda mirando hacia atrás:

“Primero estaba tan porfiadamente entregado a la superstición papista que difícilmente me podía liberar de tanta mugre. Pero de repente Dios volvió mi corazón dócil y suave por una conversión súbita, aunque a mi edad yo ya estaba bastante endurecido frente a este tipo de asuntos. Sin embargo, cuando tuve algo de conocimiento sobre la piedad verdadera, inmediatamente me invadió un tremendo anhelo de sacar provecho de ello. No dejé mis diversos estudios completamente, pero los dejé cada vez más de lado. Grande fue mi sorpresa cuando, antes del término del año, todos los que sentían el anhelo por la doctrina pura se habían reunido en torno a mí para aprender, aunque yo mismo era casi un principiante.“ (Citado según una biografía sobre Calvino del año 1968).

Calvino escribe estas palabras en retrospectiva, pero no menciona ninguna fecha. Calvino no menciona una fecha, no obstante es seguro que la conversión se produjo antes del 4 de mayo de 1534, porque en esa fecha Calvino viaja a Noyon para renunciar a sus prebendas como consecuencia de su alejamiento del catolicismo. La conversión puede haberse producido ya en 1533, si es que Calvino fue coautor del llamado “Discurso de Cop“, pero este dato no está asegurado. El médico Nicolás Cop, rector de la Universidad de París, en la que está imatriculado Calvino, inaugura el 1 de noviembre de 1533 el semestre universitario con un discuro en una iglesia parisina. Su interpretación de las bienaventuranzas del sermón del monte es una alabanza del Evangelio, con lo que Cop se profesa reformado. Los franciscanos, en cuya iglesia se dicta la conferencia, acusan a Cop de herejía, y después de algunas semanas, Cop huye a Basilea, su ciudad natal. Los investigadores de Calvino debaten muy controvertidamente si este discurso se debe por lo menos en parte a la pluma de Calvino. Si así fuese, éste se habría convertido a la Reforma ya en otoño de 1533. 
En octubre de 1534, París se altera sobre el llamado “caso de los afiches“. Afiches con afirmaciones contra la misa son colgados en lugares públicos y los “luteranos“ (como son llamados todos los que adhieren al pensamiento reformado) son acusados como autores de una conspiración contra el orden público y la religión. Calvino ya había causado rumores en las avanzadas de esta acción confesando públicamente su fe evangélica y haciendo proselitismo. Sea como sea: también Calvino tiene que huir de la gran urbe y buscar un lugar tranquilo donde seguir con sus estudios. Quiere redactar un catecismo para los evangélico francófonos. Así es como pasa las primeras semanas del año 1535 en Basilea. 
En resumen, hay que ser cuidadoso con la fecha precisa de la conversión de Calvino. Aunque Calvino habla de un acontecimiento singular, puede haber sido un proceso largo. Lo que vale es el resultado: hacia 1534, Calvino experimentó una “conversio“ que lo acercó al Evangelio, lo que tuvo grandes consecuencias.

4. De la primera a la segunda estadía en Ginebra (1536-1541)

En Basilea Calvino toma el seudónimo de “Lucianus“, un anagrama de la forma latina de su nombre, Calvinus. Sigue trabajando en su catecismo para los reformados de habla francesa. Termina la obra en agosto de 1535 , y se imprime en marzo del año siguiente. Aparte de la redacción este catecismo que titula “Institutio christianae religionis“ (Institución de la Religión Cristiana), sigue estudiando la Biblia, las obras de Martín Lutero, Felipe Melanchthon y Martín Bucero. A más tardar ahora aprende hebreo y lee los escolásticos. Debe haber trabajado muchísimo. 
En abril de 1536, justo después de la publicación de su “Institutio“, Calvino viaja a París para ver a sus hermanos. De ahí quiere seguir a Estrasburgo donde espera encontrarse con Bucero y otros correligionarios. Sin embargo, no puede tomar el camino más directo porque una vez más el rey Francisco I. de Francia y el emperador Carlos V. estaban en guerra. Así es que va por Lyon y Ginebra – con consecuencias considerables. Porque justamente ahí en Ginebra se produce el famoso encuentro entre Guillermo Farel y Juan Calvino. Este último lo describe así:

„El camino más corto a Estrasburgo, adonde me quería retirar, estaba cerrado por la guerra. Por eso pensaba estar aquí (en Ginebra) sólo de paso, sin quedarme más que una noche. Aquí, poco antes el papado había sido abolido por este hombre recto que mencioné antes (Farel), y por el magister Pierre Viret. Pero las cosas todavía no evolucionaban como correspondía, y entre los ciudadanos existían feas disidencias y partidismos. En ese momento me descubrió un hombre [du Tillet] y me presentó a los otros. En consecuencia, Farel, quien estaba iluminado por un maravilloso celo de fomentar el Evangelio, hizo muchísimos esfuerzos por retenerme. Y cuando supo que yo quería mantenerme libre para mis estudios privados, y cuando vio que con ruegos no lograba nada, empezó a maldecirme: que Dios condene mis estudios y mi tranquilidad si yo me retiraba en una emergencia tan grande y no apoyaba la Reforma. Estas palabras me perturbaron y asustaron profundamente, tanto que renuncié a mi viaje planificado. Pero consciente de mis temores y mi timidez, no quería por ningún motivo ser obligado a asumir un cargo determinado.“ (Juan Calvino, Prólogo al Comentario de los Salmos, citado según la biografía arriba mencionada).

FarelLa Reforma había sido introducida en Ginebra en 1535. Farel ya había logrado muchos cambios. Pero como la Reforma había sido impuesta por el Consejo de la ciudad también para lograr una mayor independencia de los obispos, faltaba arraigar sus contenidos. El partido católicorromano seguía con mucha influencia, y Farel solo estaba sobrepasado. Así es como Calvino se queda en Ginebra, ni como pastor o predicador, sino como “lector de la Santa Escritura en la iglesia de Ginebra“. Muy luego, sin embargo, es invitado a predicar y a apoyar la formación de la iglesia.

En 1537, Calvino envía una propuesta para la reorganización de la iglesia al Consejo de la ciudad. Aquí se puede observar una característica básica de la Teología de Calvino: su prioridad es siempre la forma que tiene la iglesia, y por lo tanto, cómo vive. No adhiere al concepto de los bautistas que consideran la iglesia como una comunidad exclusiva de los elegidos. La iglesia es más bien, según Calvino, la comunidad de los fieles que se comprometen con ella libremente. Calvino y Farel redactan una confesión en francés (Confession de Foi) que debe ser firmada por todos los habitantes de Ginebra, “para determinar quién quiere profesar el Evangelio y quién prefiere pertenecer al reinado del Papa en vez del reinado de Cristo“. Calvino introduce más cambios: A partir de ahora, en los cultos se cantan salmos, hasta el día de hoy día una característica de las comunidades reformadas en todo el mundo. Se introduce la catequesis, y se redacta un catecismo, mucho más corto que la “Institutio“ y muy parecido al Catecismo Menor de Lutero. 
Pero las propuestas reformatorias de Calvino son difíciles de aceptar para el Consejo, y las aprueba sólo después de muchas vacilaciones. El conflicto estalla cuando se solicita a los ciudadanos de Ginebra firmar la confesión preparada. Muchos no lo quieren hacer, y las tensiones entre católicos y evangélicos aumentan a raíz de este experimento fracasado. Fue un error de Calvino insistir tanto en las firmas. Crece la resistencia hacia él. En 1538, los partidos de oposición de tendencia más bien católica ganan terreno. Aparte de la inquietud generalizada en la población, los anabaptistas causan otros problemas más. Surgen acusaciones graves contra Calvino y Farel, p.ej. que Calvino sería un adherente a la antigua secta de los arianos, que niega la naturaleza divina de Cristo. 
Esta afirmación no puede tocar a Calvino que es un teólogo lejano al arianismo. Ni siquiera responde a los reproches, por lo cual el asunto es llevado a Berna (con la cual Ginebra a firmado un contrato de ayuda mutua) donde la actitud de Calvino es vista como sospechosa. No hay consecuencias, pero la posición de Calvino en Ginebra se debilita por las imputaciones. En las elecciones de 1538 gana la oposición, y el nuevo Consejo prohíe que Calvino y Farel prediquen el Domingo de Resurrección. Calvino y Farel predican igual, y son destituídos de sus cargos. Dentro de tres días tienen que abandonar la ciudad. El tiempo en Ginebra parece un episodio corto; fueron apenas dos años que Calvino pasó en la urbe. 
Calvino desea retornar a Basilea y seguir con sus estudios, mientras Farel es llamado a Neuchâtel en julio del mismo año. Los amigos critican a Calvino por ser muy obstinado. El mismo admite haber actuado demasiado voluntarista. Decide, por ende, no aparecer más en público sino optar por la vida retirada de un científico. Durante un buen tiempo, rehúsa acceder a la solicitud de la ciudad de Estrasburgo de ocuparse allá de los refugiados franceses. Por fin decide ir, especialmente debido a la insistencia de Martín Bucero y Wolfgang Capito. En 1538, Estrasburgo es uno de los centros más importantes del protestantismo alemán. Bucero y Capito se mantuvieron teológicamente independientes aunque se habían adherido, en 1536, a la Reforma de Wittenberg. Bucero es considerado como el líder más imprescindible de las negociaciones del partido evangélico. 
Entonces Calvino se convierte en pastor de la comunidad de refugiados franceses y la forma según el modelo de Estrasburgo. Adopta el orden de culto de Estrasburgo, introduciéndole sólo algunos pequeños cambios. Aparte de este trabajo tiene una cátedra para exégesis en la recién fundada universidad, donde interpreta el Evangelio según Juan y algunas de las epístolas de Pablo. Estos comentarios también aparecen impresos. Sobre todo trabaja en una nueva edición de su “Institutio“ que se publica en 1539. Esta al inicio había sido un catecismo detallado, muy orientado por la teología luterana; ahora es una gran obra de dogmática independiente. 
El tiempo de Calvino en Estrasburgo es bien empleado: Cada semana dicta sus conferencias, predica cuatro sermones, elabora sus libros; viaja varias veces para participar en los Diálogos sobre la Religión (p.ej. 1539 en Frankfurt/Meno). Allí es donde Calvino conoce a Melanchthon, y nace una profunda amistad. El compañero más cercano de Lutero se convierte en amigo de Calvino. Durante toda su vida, Calvino muestra gran respeto frente a Lutero (y éste también encuentra palabras gentiles para Calvino), pero en los últimos años de vida de Lutero, Calvino tiene cada vez más dificultades con la testarudez de éste. 
En la opinión de Calvino, las comunidades luteranas en Alemania no ponen el acento necesario en la vida al interior de la iglesia, y siguen todavía muy apegados a la liturgias y rituales del culto católicorromano. Igualmente problemática le parece su dependencia de los príncipes territoriales. La situación en Estrasburgo, sin embargo, se presenta más promisoria para Calvino, así que durante un tiempo parece que ha encontrado su lugar definitivo. En 1539 solicita y obtiene los derechos ciudadanos de la pequeña república. También mejora su situación económica, después de que inicialmente había tenido que vender parte de sus libros para sobrevivir. 
En su entorno, se busca incluso casar al reformador; él mismo no parece haberse acercado demasiado a la idea. Dos intentos de cupido fracasan, pero finalmente Calvino se deja convencer de casarse con Idelette de Bure, viuda de un anabaptista a quien él mismo había convertido. En 1540 llega Farel de Neuchâtel para celebrar la boda.

Mientras, en Ginebra las cosas no han evolucionado bien. Después de la partida de Calvino y Farel, la vida eclesiástica se ha desordenado. Algunos amigos de Calvino intentan desconocer a sus sucesores. Calvino interviene, exigiendo el reconocimiento de los nuevos pastores. Las cosas se calman, pero la situación sigue incierta. Berna intenta controlar a Ginebra. Los sucesores también son expulsados de la ciudad. Se teme un conflicto armado. Los reformados logran convencer a una parte de los adversarios que el orden sólo puede ser repuesto si Calvino retorna lo antes posible. El 20 de octubre de 1540, una delegación viaja a Estrasburgo para pedirle a Juan Calvino que vuelva a Ginebra. Calvino duda, pero finalmene rehúsa. Farel apoya a los mensajeros de Ginebra para convencer a Calvino de que tiene que volver, Bucero, en cambio, quiere que permanezca en Estrasburgo. El esfuerzo por reclutar a Calvino toma más de medio año, hasta que éste accede a volver por unas semanas a Ginebra. Finalmente, el 13 de septiembre de 1541, Calvino llega a Ginebra: en contra de sus planes, no se quedará tan sólo algunas semanas, sino que el resto de su vida.

5. Estructura de la Iglesia de Ginebra

Cuando Calvino vuelve a Ginebra, su primera prédica continúa el tema de la última: actúa como si no hubiese habido ningún quiebre, retomando el hilo que se había cortado en 1538. Sin embargo, ahora tiene mucho más poder, ya que lo buscaron explícitamente para ordenar la ciudad y la iglesia.

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Pero Calvino no logra todo lo que quiere, por ejemplo, no se celebra la Santa Cena todas las semanas. Más bien rige la costumbre de Berna donde se comulga cada tres meses. También surgen conflictos en otras áreas. Calvino quiere ampliar la disciplina eclesiástica y practicarla. Según él, el consistorio debe tener la posibilidad de citar, interrogar y en caso dado sancionar – hasta excomulgar – a aquellos miembros de la comunidad a los que considera haber cometido infracciones contra la doctrina o la moral. El Consejo de la ciudad rechaza esta idea porque teme la implementación de tribunales paralelos a la jurisdicción oficial del gobierno. Después de algunas vueltas, Calvino logra imponerse; primero con concesiones, pero en 1555 consigue lo que quiere. 
Hoy día tenemos problemas con esto de la “disciplina eclesiástica“, porque parece limitar los derechos del individuo. Pero no es ésta la intención de Calvino. Él piensa que una comunidad cristiana tiene que velar por la conducta de sus miembros, y que frente a situaciones serias cabe preguntarse si los infractores realmente pueden seguir perteneciendo a la comunidad. En este punto, Calvino encuentra apoyo y orientación por Mateo 18, donde se habla de cómo tratar las faltas de los miembros de la comunidad.
La pregunta de la disciplina eclesiástica es el punto más conflictivo en relación con el Consejo de Ginebra. Sin embargo, más importante dentro del Orden Eclesiástica es la dirección de la comunidad misma. Aquí, el orden cuádruple de Calvino ha marcado el camino de la iglesia reformada, vale decir, un régimen que se divide en cuatro cargos: pastores, profesores, presbíteros y diáconos.

a. Los pastores tienen que predicar y enseñar, administrar los sacramentos (Bautismo y Santa Cena) y visitar a los enfermos. Una vez a la semana se reúne el convento de pastores de la ciudad y sus alrededores, interpreta la Biblia en comunidad y se evalua mutuamente.
b. Los profesores tienen la tarea de “enseñarles a los fieles la doctrina de la salvación“. En el sentido estricto, esto significa interpretar el Antiguo y Nuevo Testamento. Ya que “para que esta enseñanza dé frutos”, se requieren conocimientos de idiomas y una formación general, la tarea de los profesores también incluye estas materias.
c. Cada año, los distintos consejos de la ciudad eligen a doce presbíteros. En conjunto con seis pastores (elegidos por sus pares) forman el consistorio. El consistorio cuida la Ley Eclesiástica dentro de la comunidad. Los miembros del consistorio deben “advertir amablemente a los que ven fallar o vivir en condiciones desordenadas“. Por lo tanto, el consistorio se preocupan por la conducta de la comunidad, la participación en los cultos y la doctrina. Si constata desconsideración o abuso, tiene que advertir los miembros primero amistosamente. Si esto no basta, puede excomunicarlos o denunciarlos ante los tribunales laicos. Las dos cosas ocurren muy raramente. Lo que más preocupa al consistorio es mediar en conflictos, muchas veces entre marido y mujer. Las reuniones semanales son los jueves. La Ley Eclesiástica define el espíritu del consistorio con las siguientes palabras: “Todo esto debe ser siempre tan moderado que no haya lugar para una rigidez aplastante, y las advertencias sólo tienen el fin de guiar a los pecadores hacia nuestro Señor.“ El consistorio no debe intervenir en el área del poder laico ni en el trabajo de los tribunales de la jurisdicción oficial.
d. Los diáconos tienen dos tareas: el apoyo a los pobres y la preocupación por los enfermos. La primera consiste en conseguir limosnas y distribuírlas entre los necesitados; aquí también entra la alimentación de los pobres. La segunda tarea concierne a la organización de los hospitales y de los albergues para forasteros. Los pobres son atendidos en forma gratuita, y para los niños hay un profesor que trabaja dentro del hospital. (Todas las citas son tomadas de la Ley Eclesiástica).

Sobre los cargos eclesiásticos

“Nuestro Señor creó cuatro áreas de tareas o tipos de cargos para la orientación de su iglesia: por un lado los pastores, por otro los doctores, después los presbíteros y cuarto los diáconos. Si queremos una iglesia ordenada y sana, tenemos cumplir con esta forma de su régimen.“
La tarea de los pastores es “anunciar la palabra de Dios tanto en público como frente al individuo: enseñar, corregir, reprender y amonestar. Pero también tienen que administrar los sacramentos y ejecutar en conjunto con los presbíteros o los encargados del Consejo las correciones fraternales.“
“La tarea especial de los doctores consiste en enseñarles a los fieles la doctrina de la salvación, para que la pureza del Evangelio no sea enturbiada ni por ignorancia ni por ideologías falsas.“
La tarea de los presbíteros “consiste en cuidar la conducta de cada uno y amonestar amistosamente a los que fallan o viven en condiciones desordenadas.“
Los diáconos son “los encargados de recibir las donaciones para los pobres, de distribuirlas y de administrarlas (….), de preocuparse de los enfermos y cuidarlos, como también alimentar a los pobres.“

(De la Ley Eclesiástica de 1561)

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Por lo tanto, queda claro que hay ciertas tareas por cumplir en cada comunidad local. Algunas pertenecen más bien al ámbito de la enseñanza y formación, otras tocan dimensiones diacónicas. Los cargos en una comunidad tienen que ser entendidas desde las tareas específicas, o sea, son funcionales. Esta comprensión funcional distingue a Calvino de toda comprensión sacramental de un oficio. Esto es muy visible en el hecho de que alguién sólo tiene un cargo mientras cumple las tareas correspondientes. El cargo no es parte de la persona sino de la comunidad: una diferencia marcada con el luteranismo. Los luteranos concocen la concentración en el ministerio ordenado de la anunciación y administración de los sacramentos ligado a la persona del pastor y no a la comunidad.

Gruppe mit Calvin
Farel, Beza, Viret y Calvin

Aparte de sus actividades en Ginebra, Calvino hace esfuerzos por reunir las diferentes corrientes evangélicas. En 1549 logra un consenso con los zuriqueses en lo concerniente a la Santa Cena (“Consensus Tigurinus“, Consenso de Zurich): En el fondo es aquí donde nace la “comprensión reformada“ de la eucaristía.

Sobre la comprensión de la Santa Cena

“Dios nos regaló una prenda para asegurarnos de su constante benevolencia. Por tal motivo les dio a sus hijos el segundo sacramento a través de la mano de su hijo unigénito: la Santa Cena en la que Cristo da testimonio de que es el pan que da vida, el pan por el cual nuestras almas son alimentadas hasta la verdadera y dichosa inmortalidad. (Juan 6, 51). 
Primero: Los símbolos de este sacramento son el pan y el vino: Ellos son el alimento invisible que recibimos del cuerpo y de la sangre de Jesucristo. 
Segundo: el único alimento de nuestra alma es Cristo, y por eso el Padre celestial nos invita para que seamos parte de él, para que seamos refrescados y podamos reunir fuerzas hasta que lleguemos a la inmortalidad celestial. 
El misterio de la unión secreta de Cristo con los fieles, sin embargo, es incomprensible por naturaleza; por eso es que Dios nos revela una imagen o representación del misterio en señas visibles, adaptadas maravillosamente a nuestro bajo nivel. En cierto modo nos da prendas e indicios que nos dan la misma certeza como si lo viéramos con nuestros propios ojos. Porque es una parábola conocida que incluso penetra la mente sencilla: Nuestras almas son alimentadas por Cristo de la misma forma como el pan y el vino mantienen la vida del cuerpo. Con eso queda claro cuál es el objetivo de la bendición secreta: Ella nos asegura que el cuerpo del Señor fue sacrificado para nosotros, para que ahora lo gocemos como alimento celestial y para que en este gozo vivenciemos la fuerza de este sacrificio único. Y que su sangre fue derramada por nosotros, de manera que sea por siempre nuestra bebida. Por eso llama al cáliz la “alianza de mi sangre“ (Lucas 22,20; 1 Corintios 11,25). Porque cada vez que nos da de beber su santa sangre es como si renovara la alianza que confirmó con ella, mejor dicho: es como si la continuara para reforzar la fe. Las almas piadosas pueden recibir numerosos frutos de confianza y amor de este sacramento, porque tienen el testimonio de que somos un solo cuerpo con Cristo, y de que todo lo que es suyo, podemos llamarlo nuestro también.“

(Párrafo citado de Institutio IV, 17, 1 y 2)

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6. Algunos acentos teológicos

La teología de Calvino tiene muchos matices y es muy detallada; su Institutio (la versión final data del año 1559) es la primera dogmática evangélica extensa. La renovación reformatoria llega en ella a su auge enfrentándose a la tradición escolástica y dialogando permanentemente con las escritos completos del Antiguo y Nuevo Testamento. 
La Institutio demuestra que el pensamiento calvinista está marcado por dos polos complementarios: Por un lado, se enfatiza la gloria, la majestuosidad y la omnipotencia de Dios encarnado en Cristo. Por el otro lado (no inferior al primero) se trata de la salvación de los hombres. Aquí Calvino se muestra como discípulo (independiente) de Lutero. Las dos cosas, la gloria de Dios y la salvación del hombre, están bien unidas. Son justamente la salvación del hombre y la encarnación donde se manifiesta la gloria de Dios. 

Conocimiento de Dios y conocimiento de si mismo

“Toda nuestra sabiduría – si es que merece este nombre, si es verdadera y confiable – comprende en el fondo dos cosas: el conocimiento de Dios y el de nosotros mismos. Estos dos, sin embargo, están vinculados de múltiples maneras, y por eso no es tan fácil constatar cuál es superior y origen del otro. 
Primero, ningún hombre puede contemplarse a sí mismo sin contemplar a Dios con todos sus sentidos, al Dios en “el que vivimos, y nos movemos, y somos“ (Hechos 17,28). Porque todos los dones que constituyen nuestros bienes, aparentemente no los tenemos de nosotros mismos. Incluso nuestra existencia como humanos consiste en tener nuestra esencia en el Dios único. Y, segundo, estos dones llegan a nosotros como caen las gotas de lluvia del cielo, y nos guían como el riachuelo a la fuente. 
Pero justamente en nuestra pobreza se reconoce más claramente la riqueza inimaginable de todos los dones que viven en Dios. Especialmente la decadencia miserable en que caímos porque el primer hombre perdió la fe, nos obliga a levantar los ojos: hambrientos y sedientos debemos implorar que Dios nos dé lo que nos falta, pero al mismo tiempo debemos aprender llenos de espanto y terror, a ser humildes (…). Sentimos nuestra ignorancia, vanidad, pobreza, debilidad, nuestra maldad y depravación, y así llegamos a comprender que sólo en Dios se hallan la verdadera luz de la sabiduría, la verdadera fuerza y virtud, una riqueza inmensa de todos los bienes y la verdadera justicia. Es justamente nuestra miseria la que nos hace contemplar los dones de Dios, y sólo cuando hemos empezado a ver nuestros defectos, tratamos seriamente de alcanzarlo a Él. Porque (naturalmente) cada hombre prefiere confiar en si mismo, y generalmente lo logra mientras no se conoce a si mismo, mientras está conforme con sus habilidades y no sabe ni quiere saber de su miseria. Quien se conoce a si mismo, no sólo tiene la motivación de buscar a Dios, sino que de cierta manera es llevado de la mano a su encuentro. Por otro lado, ningún hombre puede hallarse a si mismo sin antes haber contemplado el rostro de Dios, y de esta contemplación pasa a mirarse a si mismo. Porque una soberbia enorme nos es innata, siempre encontramos que somos muy impecables, sabios y santos, a no ser que nos enfrentemos con pruebas palpables de nuestra injusticia, maculación, estupidez e impureza, y nos convenzamos de esta manera. Pero esto no sucederá mientras sólo nos miremos a nosotros mismos y no al Señor, porque Él es el único parámetro que nos permite autojuzgarnos. Por naturaleza tendemos todos a la hipocresía, y por eso cualquier apariencia hueca de justicia nos satisface tanto como en el fondo sólo podría hacerlo la verdadera justicia.“

(Párrafo citado de Institutio I, 1, 1 y 2)

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La doctrina calvinista de la doble predestinación – hoy en día por cierto muy problemática para nosotros – se explica desde su interés por la salvación y la certeza de la salvación. Decisiva para la salvación no es la confianza del hombre, porque entonces éste estaría todo el tiempo preocupado por la calidad de su fe. Unicamente Dios elige y rechaza. La doctrina de la predestinación mantiene la exclusividad de Dios en los asuntos de la salvación y fe.
El Antiguo y Nuevo Testamento nos hablan del mismo Dios. Por eso tampoco se puede establecer una diferencia esencial entre las dos partes de la Biblia. Más bien es así que las profecías del Antiguo Testamento ya son realidad en el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento se vislumbra el Evangelio; el Nuevo Testamento presenta la luz misma. Las similitudes son numerosas, sin negar las diferencias. Porque es la misma Alianza de Dios con los hombres que se manifiesta en toda la Biblia. 
Por esta razón, la Ley no está hecha principalmente para que el hombre reconozca sus pecados (como en Lutero), sino que su objetivo fundamental es orientar su vida según los mandamientos de Dios. Esto vale tanto para el Antiguo como para el Nuevo Testamento. Es cierto que con los mandamientos reconocemos nuestra propia pecaminosidad, pero esto no suspende su verdadero sentido: mostrarnos la buena voluntad de Dios.

La comprensión de la Ley

“La tercera aplicación de la Ley es la más importante porque se refiere a su objetivo de fondo: Se realiza en los fieles, en cuyos corazones el Espíritu de Dios se ha desplegado y los domina. Ellos tienen la Ley inscrita, incluso esculpida en su corazón por el dedo de Dios, lo que significa que orientados por el Espíritu tienen tal disposición interior que gustosamente quieren obedecer a Dios. Sin embargo, pueden sacar un doble provecho de la Ley.
Primero: Es el mejor instrumento que les enseña día a día más cuál es la voluntad de Dios que buscan cumplir, y que los afirma en tal conocimiento. Por más que un sirviente anhele de todo corazón cumplir las expectativas de su amo, siempre tendrá la necesidad de explorar y observar la particularidad de su patrón, a la que busca ajustarse. Lo mismo vale para los fieles. Nadie se puede liberar de esta necesidad, porque nadie ha profundizado tanto la sabiduría que no pudiera progresar hacia un conocimiento más puro de la voluntad de Dios, a través de la diaria educación en la Ley.
Segundo: No necesitamos solamente la enseñanza, sino también la amonestación. Este es otro provecho que el sirviente saca de la Ley: Su observación constante refuerza su obediencia y lo salva del resbaloso camino del pecado y de la desobediencia. Los santos necesitan sin duda de tal estímulo, porque aunque su espíritu se afana por buscar la justicia de Dios, la debilidad de la carne pesa sobre ellos, y no van por su camino con la necesaria y alegre disposición!“

(Párrafo citado de Institutio II, 7,12)

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En el centro de la comprensión de los sacramentos según Calvino está el concepto de la profecía. No son los elementos en sí los que portan la salvación. En la Santa Cena, con ayuda de los elementos se expresa la palabra profética, y la celebración sirve para dar certeza a los fieles y afirmar su fe. La profecía se refiere al Espíritu Santo que “sella“ las profecías de Dios en el corazón de los hombres. En el Catecismo de Ginebra, redactado en forma de preguntas y respuestas, Calvino dice: “¿Estás convencido entonces de que la fuerza y la eficacia de los sacramentos no son inherentes a los elementos sino nacen completamente del Espíritu de Dios? Sí. Dios quiere revelar su fuerza a través de los medios de salvación destinados para este fin. Lo hace de tal forma que no resta importancia a su Espíritu.“

7. El proceso de Miguel Servet

La polémica sobre Miguel Servet es la más importante que sostiene Calvino en Ginebra. Algunas publicaciones afirman que Calvino, apoyado por el Consejo de la ciudad, aprovechó de deshacerse de un adversario incómodo, y que esto revelaría su crueldad y rigidez. Sería demasiado simplista pensar así, y por lo mismo analizaremos el conflicto aquí con más detalle.
Miguel Servet nace en Aragón, en 1511. En 1531, en Basilea y Estrasburgo, se enfrenta a los reformadores acerca de la pregunta si la palabra de Dios se hizo carne o no. También tiene conflictos con las autoridades en cuanto a las persecuciones de los heréticos. Publica al mismo tiempo dos escritos contra la doctrina tradicional de la trinidad, en las que sólo reconoce al Dios creador como Dios. El Hijo y el Espíritu Santo serían expresiones de la acción divina, pero no serían Dios (monarquianismo). Los dos escritos son muy conflictivas, y el Consejo de Estrasburgo prohíbe su venta. Servet va a París y estudia medicina; ahí es que llama la atención de Calvino. Después trabaja un tiempo como corrector en Lyon, luego es médico del arzobispo de Vienne en la provinicia francesa La Dauphine. Dicho sea de paso, probablemente fue Servet quien descubrió la circulación de la sangre por lo que es famoso en la historia de la medicina. 
Pero también se dedica a la teología y redacta una obra mayor en la que exige a la cristiandad volver a sus raíces: los Padres de la Iglesia, la Iglesia Romana y también los Reformadores habrían falsificado el Evangelio. Todas las criaturas serían emanaciones de lo divino, los pecados sólo se cometerían a partir de los veinte años de edad, y con ciertos instrumentos (bautismo, eucaristía, buenas obras) serían borrados. Nadie en Vienne quiere imprimir este trabajo. Así es que Servet pide ayuda a un impresor evangélico en Lyon, pero éste exige el visto bueno de Calvino. Servet se lo pide a Calvino, y éste rebate su argumentación, aconsejándole leer determinados párrafos de la Institutio. Servet sin embargo no acepta consejos. En su respuesta a Calvino incluye un ejemplar de la Institutio con sus comentarios al márgen, acompañado de una carta ofensiva. Pasan los años, y en 1553 Servet logra la impresión de su libro. Llega a manos de Calvino y algunos de sus amigos, entre ellos Guillermo de Trie quien se había convertido a la Reforma y roto con la mayoría de su familia que vivía en Lyon. En una carta a sus parientes, Guillermo de Trie escribe que ellos no tenían ningún derecho de acusarle de herejía tolerando en sus muros un herético del porte de Servet. Como consecuencia de esta carta, se descubre que el autor del libro es el médico del arzobispo. Hay una denuncia, Servet es arrestado y amenazado con un proceso, pero no hay pruebas suficientes. Guillermo de Trie envía documentos a sus parientes, entre otros, algunas cartas del intercambio epistolar entre Servet y Calvino que había recibido de éste último. Con esto, Calvino indirectamente está incentivando el proceso. Servet huye y es quemado en ausencia, vale decir, se queman sus obras. Quiere llegar hasta Nápoles, pero neciamente toma el camino por Ginebra. Apenas llegado a la ciudad es arrestado a petición de Calvino el 13 de agosto de 1555. El magistrado inmediatamente se opone a Servet – lo que Calvino no había esperado – e incluso se apropia de la acusación. Se busca la opinión de los demás cantones helvéticos, pero antes de que éstos puedan pronunciarse, el Consejo redacta su propia acusación a través de un adversario de Calvino. Desde Vienne se exige la extradición de Servet. Pero los jueces de Ginebra quieren dictar su propia sentencia y se niegan hacer la extradición. 
Servet no se da cuenta de la gravedad de su situación, y espera que la oposición en el Consejo intervenga por él. Calvino en cambio propicia la muerte de Servet, aunque no en la hoguera, como es el destino de los herejes, sino una muerte menos espectacular y dolorosa. En los interrogatorios, Servet provoca el odio de sus enemigos, acusando a Calvino de herejía y exigiendo que se le entreguen todos los bienes de éste como compensación de sus sufrimientos. 
Los dictámenes de Basilea, Berna, Schaffhausen y Zurich anuncian unánimamente que hay que deshacerse de Servet. El 26 de octubre de 1555 es condenado a morir en la hoguera. El juicio es ejecutado al día siguiente, a pesar de que Calvino y algunos otros pastores habían pedido una ejecución menos cruel.

Calvino es uno de los responsables indirectos de la muerte de Servet, y negar este hecho significaría sancionar la injusticia. Calvino deseaba la muerte de Servet, y poniendo sus cartas a disposición del tribunal participó en el procecso. No trató de detener al Consejo, pero en realidad tampoco tenía muchas posibilidades de hacerlo. Claramente, tiene parte de la culpa en la muerte de Servet. Pero no más. 
No se puede decir que se trató de un proceso de Calvino contra Servet. Ninguna ciudad habría actuado de otra forma. Antes y después de Servet, fueron miles los heréticos ejecutados en esa época, tanto por regímenes católicos como evangélicos. Incluso Melanchthon felicita a Calvino por su rol en el proceso. “Como todos los reformadores, Calvino estaba convencido de que era la obligación de las autoridades cristianas matar a los réprobos que asesinan el alma, tal como los asesinos comunes matan el cuerpo.“ (Citado de una biografía alemana de Calvino).
Hoy día es fácil condenar a Calvino. Pero no podemos aplicar nuestras medidas modernas a él. Su actuar sólo refleja el espíritu del siglo XVI.

8. Los últimos años de Calvino

La esposa de Calvino muere en 1549. El matrimonio tuvo un hijo; sin embargo éste murió poco después de haber nacido.

En 1559, Calvino funda en Ginebra una academia con tres cátedras: griego, hebreo y filosofía. Esta academia se transforma en la escuela de formación de muchos teólogos que se convierten a la Reforma y se vuelven grandes reformadores en sus países. No se puede sobreestimar el impacto de esta institución. Por ejemplo, Juan Knox de Escocia es uno de los estudiantes en Ginebra, y con él muchos más de otros países. La academia es el punto cúlmine de la obra de Calvino: aquí la interpretación bíblica – la motivación calvinista central – gana un espacio organizado.

CalvinEn el mismo año se publica la última versión de la Institutio. A estas alturas es un manual importante con cuatro volúmenes y 24 capítulos, y pertenece ya a las grandes obras dogmáticas de la teología evangélica.

Debido al exceso de trabajo durante toda su vida, Calvino, quien había superado muchas enfermedades, se debilita. El 2 de febrero de 1564 dicta su última conferencia en la academia; el 6 de febrero es la fecha de su último sermón. El 27 de mayo de 1564, Calvino muere en Ginebra. El día después es sepultado sin ningún tipo de pretensiones, y su tumba no tiene lápida, como él mismo había pedido. Así es que hoy nadie sabe dónde exactamente yacen los restos del reformador. En su discurso de despedida del 28 de febrero de 1564, Calvino dice lo siguiente:

„Yo tuve en mi vida muchas debilidades que ustedes tuvieron que soportar, e incluso todo lo que he hecho, en el fondo no vale nada. Ahora, los hombres malos seguramente sacarán provecho de estas palabras. Pero repito: Todo mis hechos no valen nada, y yo soy una criatura miserable. Sin embargo, puedo decir de mí con todo derecho que mis defectos siempre me desagradaron, que he deseado hacer el bien y que el temor de Dios se ha arraigado en mi corazón. Ustedes pueden afirmar que mi afán fue bueno, y por eso les pido que me perdonen lo malo. Y si hubo algo de bueno, entonces tómenlo como medida y sigan haciendo lo mismo!“ (Citado según una edición de estudios calvinistas alemana del año 1997)

Calvino era originario de Francia, y toda su vida se orientó por este país. Quería fortalecer las comunidades evangélicas en Francia que eran perseguidas. Servirles a ellas fue uno de los grandes objetivos en su vida. Logró unir las iglesias reformadas por una doctrina y una ley eclesiástica común. Pero su muerte llegó demasiado temprano para orientar a las comunidades franceses y apoyarlas activamente en las guerras por la religión posteriores. 
Su correspondencia con toda Europa es impresionante. Se conservan alrededor de 2.000 cartas. Entre ellas hay mensajes tanto a las autoridades políticas como a otros reformadores dentro y fuera de la Confederación Helvética. Muchas de ellas tratan de la situación de los evangélicos en Francia, pero también más allá. Además encontramos muchos testimonios que muestran a Calvino como pastor de almas que sabe dar consejos útiles y profundos también a los miembros más sencillos de la comunidad, en sus dudas respecto a la fe y la vida.

9. Teodoro Beza, el sucesor de Calvino

Después de la muerte de Calvino, Teodoro Beza es elegido su sucesor como moderador de los pastores de Ginebra. Beza nació en 1519 en la Borgoña. En su infancia se convierte a la fe evangélica, sin embargo, en sus inicios no lo hace de pleno corazón. Sólo después de una grave enfermedad se inclina cien por ciento a la Reforma. De profesión jurista, se desempeña durante diez años como profesor de griego en la academia de Lausana en Suiza. En 1558 va a Ginebra. Un año después es director de la academia de esa ciudad. 
Ya en sus primeros años en Ginebra, Beza es consultor teológico de la iglesia francesa y dialoga con las autoridades políticas de los hugonotes en el contexto de las guerras por la religión. 
Después de 1564, Beza sigue en estrecho contacto con las comunidades francesas. Una vez, incluso, es elegido presidente del sínodo de la ciudad atlántica de La Rochelle. Al final es testigo como muchos de sus correligionarios son expulsados de Francia.

BezeBeza fue considerado en muchas ocasiones como discípulo de Calvino. Aunque esto es correcto, sus méritos van más allá. A diferencia de Calvino, sus raíces están en la filosofía aristotélica. Por eso trata de sistematizar piezas particulares de la obra teológica (especialmente la doctrina de la predestinación y la comprensión de la eucaristía) a través de Aristoteles. 
Otra de sus características es su trabajo con el Nuevo Testamento y con la ciencia bíblica. Su edición del Nuevo Testamento en la que descubrió, analizó e interpretó numerosos manuscritos nuevos, ha sido reimpresa más de 150 veces hasta 1965. 
Teodoro Beza muere a la edad de 86 años el 13 de octubre de 1605.

10. La evolución de la iglesia reformada en Francia hasta 1598

En 1598, el rey Enrique IV de Francia proclama el Edicto de Nantes que asegura igualdad de derechos a los cristianos reformados franceses, y les permite celebrar el culto en la mayoría de las ciudades. Desde 1562, ocho guerras por la religión precedieron el Edicto de Nantes. 
La doctrina reformada se difunde en Francia a partir de 1535. Surgen comunidades que agrupan a los fieles. La existencia de la Iglesia Reformada de Ginebra bajo la tutela del francés Calvino es el motivo por el cual los evangélicos de Francia se orientan cada vez más hacia Ginebra. En 1559, el sínodo nacional se reúne en París y aprueba un credo (Confession de Foi) y una ley eclesiástica (Discipline Ecclésiastique). Con esto, se da forma a la iglesia reformada. Hasta 1562, un tercio de la población francesa se ha convertido a la fe evangélica. 
Las comunidades evangélicas, sin embargo, viven desde el principio en condiciones difíciles porque están involucradas en conflictos políticos. La rivalidad entre los duques católicos de Guise y los príncipes evangélicos de Condé domina la escena durante más de medio siglo; los enfrentamientos bélicos entre los católicos y los Hugonotes, como son denominados los evangélicos franceses (el origen de este nombre es muy incierto), no son sólo de naturaleza religiosa. Los reyes se ponen en estos conflictos generalmente del lado de los más fuertes. Hasta 1585, éstos son los católicos, recién después la suerte cambia un poco. Aparte de algunos pequeños intentos por lograr una convivencia pacífica entre las confesiones, destacan las crueldades y numerosos masacres, especialmente la “Noche de Bartolomé“ de 1572, en la que una gran mayoría de la nobleza evangélica muere asesinada. Resumiendo se puede decir que la mayoría católica es responsable de una cantidad de injusticias bastante más grande que los defensores de la fe evangélica, aunque también hay que decir que éstos muchas veces tampoco evitaron la violencia. 
En 1589, Enrique de Navarra es coronado como el nuevo rey Enrique IV. Sus orígenes son hugonotes, pero en 1593 se había convertido al catolicismo por razones políticas. Con su astucia diplomática y militar reúne a los partidos adversarios detrás de sí y pone fin a las guerras por la religión en Francia. El 13 de abril de 1598, proclama el Edicto de Nantes que forma el fundamento jurídico de la existencia de la iglesia reformada francesa, y que es abolido recién 87 años después por Luis XIV mediante el Edicto de Fontainebleau (vs. detalles en Lección 5 del Curso Básico).

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Lutero y Calvino

26 Enero 2009 pauloarieu Los comentarios están cerrados

Lutero y Calvino


Época: Renacimiento
Inicio: Año 1500
Fin: Año 1600
Antecedente:
Pensamiento político renacentista

Reformadores religiosos eran Lutero y Calvino y, sin embargo, sus ideas escasamente sistematizadas sobre la comunidad civil tuvieron importantes repercusiones políticas en la Europa de los siglos XVI y XVII. Concretamente, la teología de Lutero llevó consigo dos implicaciones políticas. Al reducir a la Iglesia a una mera congregación de fieles, se seguía que no podía existir un Estado clerical separado o independiente de la autoridad temporal, siendo ésta la única que tenía el derecho a ejercer todos los poderes de coacción, incluso sobre la Iglesia. Defendiendo, asimismo, que el poder temporal ha recibido órdenes de Dios de castigar a los perversos y proteger a los buenos, la batalla medieval entre “regnum y sacerdotium” había concluido. Anulado el poder espiritual, Lutero pasa a contemplar en diversos escritos la naturaleza de esa autoridad secular. En primer lugar, la autoridad política deriva de Dios. Por esa razón el príncipe ha de imponer la verdad; debe dedicarse a sus súbditos, a quienes mantendrá en paz y abundancia; deberá conservar la paz externa y no abusará nunca de su autoridad. Como consecuencia de ello, Lutero rechaza al príncipe cortesano y mundano de los humanistas y propone que los súbditos no deban prestar respeto y obediencia a tan indignos gobernantes, pues la conciencia individual está por delante de la obediencia política a un príncipe malvado e impío (Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres). Tal desobediencia, sin embargo, no ha de ser activa, pues Dios ha prohibido la insurrección. Con ese principio establece Lutero las bases para el desarrollo de una doctrina de la no resistencia a los tiranos. En realidad, tal pensamiento no es el producto de una coyuntura aislada (la revuelta campesina alemana de 152,4 ante la que Lutero reacciona con dureza), sino que obedece a la creencia teológica de Lutero sobre el orden que Dios ha querido para el hombre: el orden social existente es, según Lutero, lo que la Providencia desea para los hombres, de tal manera que si el príncipe es un tirano, ese es el deseo de Dios, por causa de los pecados del pueblo. 
Para el estudio de las ideas políticas de Calvino hay que acudir al capítulo XX de su” Institutio christianae religionis”, donde expone su doctrina sobre la comunidad política y sobre la cuestión de la resistencia a la autoridad. La doctrina política de Calvino parte de su teología, cuya idea básica es que el poder de Dios domina toda la creación. Nada sucede en el mundo sin la voluntad de Dios. Precisamente de ella emana todo derecho. Así, el derecho natural procede de Dios y es el fundamento de la comunidad política. En segundo lugar, la comunidad política se asienta en la naturaleza del hombre, es decir, éste es por naturaleza un animal social, tiende por instinto a formar y defender un orden social regido por leyes aceptadas y queridas naturalmente por todos. En tercer lugar, la comunidad política tiene como objeto proporcionar a los hombres un tipo de vida civilizada, esto es, pacífica y justa, de tal manera que el orden político es necesario, gratuito y establecido por Dios. La autoridad política tiene, de ese modo, carácter protector y educador. 
En cuanto al derecho de resistencia a la autoridad, Calvino establece que la autoridad política deriva de Dios y por esa razón se le debe obediencia, aunque quien gobierne sea un tirano. Como instrumento divino para castigar los pecados de los hombres, con el objeto de provocar un sentimiento de culpa colectiva, como aguijón de la conciencia, el tirano es para Calvino un fenómeno extrapolítico, de tal manera que la fundamentación de su obediencia es de tipo religioso, no político. Dicho de otro modo, quienes mandan bien son espejos de Dios, quienes gobiernan injustamente son enviados para castigar. Es Dios mismo quien coloca al tirano en el trono y sólo él o quien tenga autoridad delegada de él puede destronarlo. Sólo cabe la desobediencia o el tiranicidio cuando el tirano, ordenando alguna cosa contra lo que Dios ha ordenado, pierde su autoridad.
Catalina Bora, esposa de Lutero Felipe Melanchton Portada de la Biblia de Lutero, del reformador Wittemberg Ulrico Zwinglio Calvino Martin Lutero
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