Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús

16 ene

Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús

11/02/2007

(Romanos 8: 1) <<Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús>>

Lo más importante que el Señor Jesucristo consiguió para todos los hombres en aquella Cruz, fue la eliminación de la condenación.

La Palabra de Dios nos enseña que esa gracia salvadora, que remueve toda condenación eterna, llega a ser de nuestro beneficio por medio de la fe; sólo por medio de la fe:

 

<<Porque por gracia sois salvos por medio de la fe…>> (Efesios 2: 8)

Siendo la salvación eterna el mayor beneficio conseguido por Cristo para todos los que creen, es obvio pensar que será el oponerse a ello la prioridad del diablo.

1. En Cristo Jesús
(Romanos 8: 1) <<Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús>>

Pablo usa con frecuencia la expresión en Cristo Jesús. Con ella se refiere a la obra de salvación que Dios ha realizado por medio de Cristo, especialmente en Su muerte y resurrección:

Leemos en Romanos 3: 23, 24;

<<por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús>>

Leemos en 1 Corintios 1: 30, 31;

<<Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor>>

Y en cuanto a Su resurrección, leemos:

(Romanos 6: 4, 5) <<Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección>>

Revestidos de Cristo
Además, con esta expresión, “en Cristo Jesús”, caracteriza toda la vida del creyente, quien, por la fe se ha unido a la persona de Cristo, a Su muerte y resurrección, y debe seguir viviendo unido a él.

Leemos al respecto en Gálatas 3: 26-28;
<<pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús>>

Unidos con Cristo para vida eterna
La vida eterna es asimismo una vida en unión con Él:

(Romanos 6: 23) <<Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro>>

La obra de la Cruz, es la obra de la muerte y de la vida: De la muerte del pecado; y de la vida eterna.

2. Qué supone la no condenación en Cristo Jesús
Por tanto, en Cristo Jesús, por Su sangre derramada, y por Su resurrección (como triunfo sobre la muerte y sobre el pecado), NINGUNA condenación existe para aquél que por la fe recibe ese beneficio eterno.

¿Qué supone eso?

Veamos en primer lugar que significa en todo su aspecto la palabra condenación.

Según el diccionario griego-koiné, el griego que Pablo utilizó para escribir su epístola, la palabra que encontramos al respecto es katákrima, y su traducción exacta es: Sentencia de condenación.

Así pues leeríamos:

(Romanos 8: 1) <<Ahora, pues, ninguna sentencia de condenación hay para los que están en Cristo Jesús>>

En eso consiste básicamente la salvación en Cristo Jesús, que Dios, como Juez, no nos aplica ninguna sentencia de condenación.

En cuanto a la palabra griega katákrima, su verbo es: katakríno, tiene el mismo sentido que en español, es decir, condenar, por ejemplo, condenar a alguien a la muerte.

Por lo tanto, toda sentencia de condenación a muerte queda revocada (eliminada) por parte del Juez Dios para todos aquellos que estamos en Cristo Jesús.

3. Factores derivados de la condenación
(Romanos 8: 1) <<Ahora, pues, ninguna sentencia de condenación hay para los que están en Cristo Jesús>>

Dijimos antes que el mayor interés del Maligno, es el de oponerse a esa salvación. De ahí que el diablo haya inventado un sinfín de religiones y falsas creencias, para desviar a los hombres de la verdad del Evangelio, y consecuentemente, de la salvación que sólo es, y puede darse en Cristo Jesús.

Todas esas religiones suponen un gran peso sobre los hombros de los hombres en materia de “obras”, que deben llevar para que supuestamente se puedan salvar.

El diablo tiene así entretenida a una inmensa mayoría de hombres y mujeres en todo el planeta; muchos de ellos habiendo oído acerca de Jesús, y habiéndole rechazado.

Pero el máximo interés de Satanás, no es en cuanto a la población mundial que ya está perdida, sino en cuanto a los cristianos verdaderos.

Si no puede condenarles (porque ya son salvos), intentará hacerles sentir que están condenados.

Diferentes variantes de la condenación
Diferentes variantes de la condenación, es lo que el diablo intentará hacer que los cristianos sientan y padezcan, y lo hará a través de sus demonios. Veamos algunas de esas variantes:

Dentro de lo que es la condenación, encontramos entre otros factores, los siguientes:

  • Sentirse perdido o condenado; (sentir la propia condenación; apartado de Dios)
  • Sentirse sucio y despreciable.
  • Culpabilidad; (sentimiento de culpa indefinida)
  • Falta de sentirse amado; (Dios no me ama; nadie me ama)
  • Falta de amar; (falta de sentir amor hacia los demás, y a uno mismo)
  • Falta de sentirse aceptado y recibido; (por Dios y por los demás hermanos)
  • Sentido de indignidad; (falsa humildad; sentir que uno no da la talla)
  • Sentirse infravalorado; (Dios no me usa; los demás no me consideran)
  • Sentimiento de ser malvado; (sentirse malo)
  • Fracaso.
  • Temores y miedos.
  • Rechazo.
  • Autorechazo.
  • Temor al rechazo.
  • Incredulidad.
  • Duda.
  • Desesperanza.
  • Desesperación.
  • Preocupaciones.
  • Afán y ansiedad.

(La lista no es exhaustiva)

Por todas esas cosas Jesús entregó su propia vida, pero el diablo a través de sus espíritus malignos siempre intentará hacernos sentir o experimentar alguna o muchas de esas cosas, por lo tanto nos será imprescindible hacer algo al respecto.

Lo primero que deberemos hacer, es asegurarnos de que estamos andando rectos ante el Señor, sin pecado oculto alguno, para que el enemigo no gane ninguna ventaja sobre nosotros.
Cuando el Espíritu Santo nos ha de redargüir de pecado, lo hace de forma concisa y sin hacernos sentir condenados. En cambio, el diablo pretende hacernos sentir condenados y ese sentir es como muy indefinido y pesado.

Lo segundo, será el no aceptar como genuino nada de lo que se pueda experimentar al respecto de la lista de arriba.

La Biblia, que es la Palabra de Dios, y por tanto, la verdad, nos dice que hemos sido hechos ACEPTOS EN EL AMADO (Ef. 1: 6). Leemos así:

(Efesios 1: 3- 8)

<<Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros…>>

Esa aceptación de lo que somos por parte de Dios, es señal de que todo lo malo que podamos sentir o experimentar: No viene de Dios y no es de Dios.

Si no viene de Dios, viene del diablo.

3. Encarando al diablo y a su mentira
Recordemos: (Romanos 8: 1) <<Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús>>

I. Creer y confesar la verdad
I. Así que lo primero será creer y confesar a viva voz lo que es la verdad: Dios nos ha librado de la condenación, y de cualquier factor devengado de la misma.

CREER LA VERDAD ES PRIMORDIAL PARA OBTENER LA TOTAL VICTORIA SOBRE LOS ARDIDES DEL MALIGNO.

CON LA CONFESIÓN DE LA VERDAD, DECLARAMOS LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN NUESTRAS VIDAS.

II. Entendiendo acerca de lucha espiritual
Dios no nos ha dejado a merced del diablo y de sus espíritus malignos. Veamos algunas escrituras:

<<Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes>> (Efesios 6: 12)

<<Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios…>> (Marcos 16: 17)
<<He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará>> (Lucas 10: 19)

En esa lucha, tenemos la acción, y la victoria.

<<Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo>> (1 Juan 3: 8):

La Biblia nos enseña que gracias a que Jesús derrotó al Maligno en la Cruz, ahora nosotros podemos enfrentar con victoria al diablo, sus demonios, y su obra en nosotros.

III. Limpiándonos de toda contaminación de espíritu
<<Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios>> (2 Corintios 7: 1)

Es menester, una vez identificados esos espíritus malignos, que obran conforme a su naturaleza de maldad (hemos descrito algunos de esos factores de condenación), echarlos fuera de nuestras vidas en el nombre de Jesús.

Esa es nuestra acción y deberá ser nuestra práctica; y haciendo de ese modo, podremos experimentar como paulatinamente va bajando la intensidad del ataque contra nuestras vidas, e iremos experimentando cada vez más, la libertad, y en general el fruto del Espíritu que Jesús consiguió para nosotros en la Cruz y en Su resurrección…

Porque no olvidemos esto:

YA NO HAY CONDENACIÓN ALGUNA PARA LOS QUE ESTAMOS EN CRISTO JESÚS.

Dios les bendiga.

Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.

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