¿SUBODRDINADOS A QUIEN?
Por Adda Vélez
www.cristianosunidos.com
No endurezcáis, pues, ahora vuestra cerviz como vuestros padres; someteos a Jehová, y venid a su santuario, el cual él ha santificado para siempre; y servid a Jehová vuestro Dios, y el ardor de su ira se apartará de vosotros. 1 de Crónicas 30:8
La palabra de Dios establece que nosotros debemos someternos a Dios en cada decisión que tengamos que hacer. La voluntad de Dios debe de estar por encima de nuestra voluntad, tanto para uno mismo, como para nuestros seres queridos. A saber, hay tres “voces” que todo el tiempo nos quieren subordinar: 1) Dios Espíritu Santo, 2) Satanás, 3) Nuestra Carne.
Cuando no podemos sujetar nuestra carne –voluntad, emociones, sentimientos, pensamientos, deseos, etc.- somos ciertamente esclavos de ésta, estamos subordinados a la carne, y las otras dos partes de nuestro ser –espíritu y alma- viven al pendiente de los deseos de ésta, la chuleta, la carnácora. Subordinarse significa someterse, sujetarse y en el peor de los casos esclavizarse de algo o alguien. La carne nos limita en nuestro crecimiento espiritual, por eso hoy desmenuzaremos las obras de la carne, para entender mejor si estamos subordinados a la carne o al Espíritu de Dios.
Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Romanos 8:13
La única manera de sujetar la carne a nuestra voluntad, es sujetando nuestra voluntad a Dios. No hay otra. Si tratamos de hacerlo por nuestras fuerzas, veremos que caemos una y otra vez y tropezamos siempre con las mismas piedras. Para saber si estamos viviendo subordinados a la “chuleta”, nuestra carne, tenemos que analizar nuestros frutos:
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Gálatas 5:17-21
Veamos una a una que significan las “obras” de la carne:
Adulterio: ayuntamiento carnal voluntario entre persona casada y otra de distinto sexo que no sea su cónyuge. También puede ser adulterio espiritual, cuando se desea a alguien y se codicia a la mujer/hombre de tu prójimo. Cuando se pone la fe en otros dioses, diosas, o ídolos, etc. también a esto se le llama adulterio espiritual.
Fornicación: cópula carnal fuera del matrimonio. Tener relaciones sexuales sin estar casados.
Inmundicia: Impureza, deshonestidad. Una persona que no es honesta, es decir que miente para obtener sus fines, es impura o sucia delante de Dios. Los inmundos tienen la cualidad de “ensuciar” a las personas que les rodean también.
Lascivia: Propensión o inclinación, atracción hacia los deleites carnales. La lascivia encierra esclavitud como la pornografía, masturbación, y toda abominación sexual.
Idolatría: Es el amor excesivo a algo o a alguien. Adoración que se le da a los ídolos. Un ídolo es cualquier cosa que No sea Dios, ni su Santo Espíritu o su Hijo Jesucristo, que ames tanto o más que Dios mismo y que esté entre tú y Dios. Puede ser algún santo, virgen, pastor, profeta, puede ser tu esposo o esposa, tus hijos, o cualquier cosa o persona que ames más que a Dios.
Hechicerías: Ejercer un maleficio sobre alguien por medio de prácticas supersticiosas. Brujería.
Enemistades: Aversión u odio entre dos o más personas. Provocar la división entre dos o más personas.
Pleitos: Oponerse con ardor y eficacia a algo sin tener razón o justo motivo para ello. No tener razón en lo que se pide, o carecer de medios competentes para demostrarlo.
Celos: Recelo que alguien siente de que cualquier afecto o bien que disfrute o pretenda llegue a ser alcanzado por otro –envidia-. Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra.
Iras: Pasión del alma, que causa indignación y enojo. Apetito o deseo de venganza. Repetición de actos de saña, enojo o venganza.
Contiendas: Batalla, discusión, debate, pleito.
Disensiones: No ajustarse al sentir o parecer de alguien, división producida por la incapacidad de ponerse de acuerdo con alguien.
Herejías: Error en materia de fe. Sentencia errónea contra los principios ciertos de una ciencia, arte o religión.
Envidias: Tristeza o pesar por el bien ajeno. Emular o copiar algo que se desea.
Homicidios: Muerte causada a una persona por otra, es un delito o crimen.
Borracheras: Acción y efecto de perder la sobriedad por alcohol o drogas.
Orgías: Festín en que se come y bebe inmoderadamente y se cometen otros excesos, Satisfacción viciosa de apetitos o pasiones desenfrenadas.
Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Gálatas 5:24
21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado 22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro. Colosenses 1:21-23
El corazón del evangelio es el Cambio. No podemos ni debemos vivir conforme a la carne pues si lo hacemos, estamos no solo vituperando el nombre de Cristo, sino todo lo que Jesús ha hecho por nosotros. Cuando un cristiano vive subordinado a su carne, y las obras de la carne son manifiestas, este cristiano no refleja a Cristo. No podemos vivir justificándonos o culpando a los demás por lo que nosotros pensamos, hacemos o decimos.
Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 1 de Juan 2:16
Tenemos que, periódicamente, analizar nuestras obras, los frutos de nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, y acciones. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Tenemos patrones de conducta que se repiten con el tiempo? ¿Estamos enfrascados en pensamientos obsesivos, compulsivos o cualquier otra cosa que nos lleva a donde no queremos ir? ¿Estamos siempre haciendo lo que no queremos hacer? ¿Estamos obsesionados con controlarlo todo? ¿Manipulamos a los demás? Si esto es así, quiero que sepas que Dios puede ayudarte. El quiere ayudarte. Vivir esclavos de la carne, nos trae infelicidad constante. No podemos vivir así y amar y servir a Dios al mismo tiempo, eso es imposible. La una cosa es enemistad de la otra. La carne se opone a todo lo bueno que Dios produce en nosotros –los frutos del Espíritu- lo cual es lo opuesto a las obras o acciones que hacemos en la Carne. Si has caído en esto, yo hoy te digo que Dios es tu luz y el te levantará y sacará de las tinieblas en las que vives.
Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. Romanos 6:17-18
Tenemos que entender, y creer con todo nuestro corazón, que ambas cosas son incompatibles, Santiago dijo que de una misma fuente no pueden salir agua dulce y agua amarga. Es imposible.
10 De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. 11 ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? 12 Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce. Santiago 3:10-12
Tenemos que renunciar a nuestra vieja manera de vivir y de pensar, de conducirnos por la vida, de arreglar nuestros asuntos. Tenemos que reconocer que por nosotros mismos no podemos cambiar, pero que JESUS todo lo que toca, lo cambia y transforma para bien. Si hemos vuelto al lugar preciso de donde Jesús nos ha sacado, necesitamos arrepentirnos de todo corazón, y pedirle a Jesús que nos salve y nos saque de ahí. Que corte y reprenda todo espíritu que no provenga de El en nuestra vida, y que además SUJETE todo nuestro ser, Espíritu, Alma y cuerpo cautivo bajo Sus pies hasta la venida del Señor. Si creemos que Jesucristo está a las puertas, pero vivimos como quien no tiene idea de que en cualquier momento se presenta el hijo de Dios por su iglesia, estamos engañándonos a nosotros mismos. Satanás, por supuesto, quiere que permanezcas en ese engaño, viviendo por tus propias reglas, tu propia justicia, tu propio juicio, cuando esta demostrado que tu mismo te llevas a la perdición cuando te apartas de Dios. Si vivimos subordinados a nuestra carne, somos cristianos de domingo, cristianos carnales, falsos siervos de Dios. Porque nadie puede servir a dos Señores, Jesús lo dijo. Tampoco podemos vivir en derrota, en temor e incertidumbre como si no conociéramos a nuestro magnificente y poderoso Dios.
35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Juan 8:35-36
Si renunciamos a nuestra vieja manera de pensar y de vivir, a nuestras falsas creencias, a todos nuestros temores y al pasado, y vivimos la vida NUEVA que Jesucristo nos ha dado, seremos verdaderamente libres. Pero nadie puede hacer esto por ti, tú tienes que querer ser libre para siempre. Vivir sujeto a las pasiones de la carne es esclavitud pura. Vivir subordinado al Espíritu de Dios es libertad, porque El vino a libertarnos, a hacernos verdaderamente libres de toda atadura en Su nombre. Satanás y nuestra carne están coludidos, son amiguitos, el chanclas y la chuleta se aman. ¡Bonita cosa! Pero escrito está que mayor es Jesucristo en mi, en ti, en nosotros, que el que está en el mundo y que nuestra propia carne. JESUCRISTO ha venido a libertarnos de la esclavitud de Satanás pero también de la esclavitud de nuestra propia carne. Recuerdalo bien: no tienen convivencia la luz y las tinieblas, o eres hijo de Dios y estas subordinado a Jesucristo a través de Su palabra y su Santo espíritu, o estás en tinieblas y te subordinas a la chuleta y al chanclas. No puedes estar en los dos lugares al mismo tiempo, eso es imposible. Una cosa es enemistad de la otra y viceversa.
Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. Efesios 2:17-22
Oremos juntos de acuerdo así: Padre Celestial, te doy gracias por la oportunidad tan grande de orar juntos en tu nombre. Te agradezco tu palabra la cual es la lámpara que alumbra nuestro camino. Te pido que nos perdones por todas las maneras que te ofendemos diariamente, cuando participamos de las obras de la carne y cuando nos esclavizamos a nuestra carne. Te pido perdón y te ruego en el nombre de Jesucristo que nos ayudes, nos limpies y libertes y rompas todo lazo con el cual Satanás ha atado nuestra carne a él mismo. Te pido que reprendas al devorador por nosotros, que nos permitas ser Uno en ti, y en tu Hijo Jesucristo a través del Espíritu Santo y tu palabra. Padre te ruego que tu intervengas con poder, milagros y señales en las vidas de las personas que necesitan ser libres de esa atadura, de ese yugo de esclavitud que es la carne sujeta a Satanás, y que tu nos ayudes a sujetarnos a Ti, en todo nuestro ser, espíritu alma y cuerpo, poniendo todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo Jesús, nuestro amado y suficiente Salvador, ¡amen y aleluya! Que la paz de Jesucristo te llene y que la dirección de su Santo Espíritu dirija cada acción, emoción, sentimiento y pensamiento para que todos estemos en el mismo Espíritu, en Su nombre amén.
Comentarios recientes