¿No envejeceremos nunca?
“por Noemí Carrizo
Alex Kuczynski, columnista de la sección «Style» de The New York Times, sólo tenía 28 años cuando comenzó a investigar sobre la industria de la belleza. Fue entonces que se desató su compulsión por mejorar su aspecto. Se aplicó inyecciones de botox (polémico tratamiento en el que se inyecta toxina botulínica diluida en los músculos faciales para que el efecto paralizador suavice las arrugas) dos veces por año y se hizo liposucción en muslos y nalgas, además de una operación de párpados. Cuando no pudo asistir al funeral de un amigo íntimo por estar convaleciente de una mala praxis por una inyección de colágeno en sus labios, tocó fondo. Kuczynski, diez años después, acaba de publicar un libro, Beauty Junkies (Adictos a la belleza), donde cuenta cómo se dejó llevar por la búsqueda costosa y dolorosa de la perfección física.
Los norteamericanos gastan 15.000 millones de dólares por año en cirugías plásticas, cifra que duplica, por ejemplo, el producto bruto interno de Malawi y la inversión que hacen los Estados Unidos en los programas de lucha contra el HIV. La autora descubrió que, a pesar de que los implantes mamarios con gel de silico-nas son ilegales en ese país, se calcula que una tercera parte de todas las mamas artificiales “está en problemas”. Lo que no impidió que la cantidad de implantes aumentara el 147 por ciento en los últimos siete años, que las lipo-succiones subieran el 111 por ciento y que las. operaciones de abdomen ge incrementaran un 144 por ciento. Las aplicaciones de toxina botulínica crecieron casi el 2500 por ciento desde 1997. El doctor neoyorquino Mark Erlich, especialista en estética, afirma: “Uno puede deshacerse de las arrugas de la frente en menos tiempo de lo que lleva hacerse una manicura .
Esta vehemencia por detener el paso del tiempo se presenta en personas cada vez más jóvenes, y ya hay organismos ocupados en alertar a los cirujanos plásticos sobre la inconveniencia de intervenir a adolescentes de 15 a 17 años que aún no han completado su desarrollo. En el país del norte están haciendo furor la umbili-coplastia (mejoramiento del ombligo), la vaginoplastia (reducción con láser de los labios vaginales), el agrandamiento de los pezones y el acortamiento de los dedos del pie para usar con comodidad los zapatos en punta.
La dismorfobia es la no aceptación crónica de la imagen corporal o facial.
El profesor Sander Gilman, de la Universidad de Chicago, sostiene: “Para el año 2020, nadie te preguntará si te hiciste alguna cirugía plástica… se preguntarán por qué todavía no te hiciste ninguna”. La dismorfobia es la no aceptación crónica de la imagen corporal o facial. El cirujano tiene una trascendencia importante en esta patología, más común de lo que se supone, y sumamente influida por los medios de comunicación, la imagen de los ídolos y los estereotipos. Produce conflictos legales a los profesionales, insatisfacción constante en el resultado de los tratamientos estéticos e incapacidad del paciente de relacionarse de manera normal con su entorno familiar o laboral. Un trabajo avalado por la Asociación Argentina de Clínica Estética recomienda el diagnóstico precoz de la dismorfobia desde la primera consulta de una persona interesada en producir cambios en su apariencia, y, de requerirse, derivar a la consulta psiquiátrica.
Uno de cada cinco argentinos se propone verse más rozagante, interesante y armonioso. Pero algunas estadísticas apuntan a un escalofriante 70 por ciento de rostros mal operados. La misma Kuczynski aconseja desconfiar de los facultativos que operan “en serie”. José Juri, uno de los más conocidos cirujanos plásticos de la Argentina, asegura que un buen resultado quirúrgico es aquel que nadie percibe. Según él, “ios ojos trasuntan el espíritu, y la boca, el temperamento”. Por lo tanto, la cirugía plástica es la labor de un artista, un inspirado y profundo conocedor de las expresiones.
Surge en nuestra sociedad el llamado “cuerpo vidriera”, por aquello de que lo que no se exhibe, no se vende. Como consecuencia, el físico toma importancia como forma de ascenso social. La doctora Monsalve, especialista en Antropología Biológica, realizó una encuesta entre las jóvenes de la comunidad de Medellín (Colombia) acerca de cuáles eran sus mujeres ideales. Ganaron Paris Hilton y Britney Spears (en su momento de gloria), porque eran sinónimo de dinero, triunfo y bienestar. Ls¿ entrevistadas, consideraron, sin rodeos, que ser linda garantiza la felicidad.
Mónica Caben D’Anvers, con su_-años, no ha pasado por el quirófano:: peinado, sus ademanes, su voz y su esri lo permanecen intactos. También s inteligencia. Es que hay gente que, au que envejezca, no pierde sus encama los abriga en el corazón.
Profesora en Letras, periodista y escritora

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