Judaísmo – Religión judía

9 oct

Judaísmo – Religión judía

 

Judaísmo – Religión judía

La religión judía tal como se vive actualmente es practicada por un amplio conjunto de grupos y corrientes que suelen tener en común la veneración de la Torah y de la Tradición rabínica, así como la institución de la Sinagoga, que después de la destrucción del segundo Templo en el año 70 d.C., encierra para el Judaísmo una importancia excepcional.

La Torah, contenida en la Biblia, se concibe generalmente como una realidad normativa que es eterna y trascendente, como el Dios que la ha dispuesto. El Judaísmo tradicional respeta y cumple también la Tradición que, mediante el Talmud y la Mishna principalmente, interpreta y desarrolla la Torah. Esta Tradición tiene carácter normativo y prescribe un gran número de preceptos que todo judío devoto se considera obligado a observar.

La Sinagoga nace en los siglos anteriores al Cristianismo, con un fin pedagógico y para reflejar los cultos rituales del Templo de Jerusalén en beneficio de quienes no podían peregrinar a la Ciudad Santa. En el Judaísmo de la diáspora antigua y moderna, la Sinagoga cumple esencialmente tres funciones: es casa de reunión (Bet Knesset), casa de oración (Bet Tefillah), y casa de estudio (Bet Midrash). La Sinagoga ha tenido y tiene gran significado como instrumento eficaz para mantener separado al fiel judío del mundo secular y potenciar su sentido de identidad étnica y religiosa.

El Judaísmo rabínico tradicional tiende a regular la acción más estrictamente de lo que regula las expresiones doctrinales del pensamiento, pero hay unos dogmas cuya profesión permite ser miembro de la comunidad. La Torah y Tradición contienen, en efecto, doctrinas fundamentales que todo judío debe aceptar. Se cuentan entre ellas la trascendencia de Dios, la actividad divina creadora, la providencia, el juicio, la libertad humana, la elección de Israel, la venida escatológica del Mesías, la resurrección de los muertos y el mundo futuro.
Este judaísmo de carácter tradicional convive desde el medioevo con corrientes esotéricas de carácter místico que se expresan en la Cábala. Este misticismo, que pervive en nuestros días, trata de determinar la relación entre la divinidad absolutamente trascendente (En sof) y la creación, y ha dado lugar a exuberantes especulaciones basadas muchas de ellas en el simbolismo presuntamente bíblico de los números.

El Judaísmo experimenta intentos de secularización, con pérdida de sustancia religiosa, en el Iluminismo y la Ilustración dc1 siglo XVIII. El deseo de algunos intelectuales judíos centroeuropeos -corno Moses Mendelsohn (1729-1786)- de acercar o asimilar la cultura judía a las corrientes imperantes, introducen en la religión judía elementos críticos y racionalistas, que contrastan con el Judaísmo tradicional. Los judíos ilustrados colocan en segundo término la fe profética y el papel mesiánico de Israel, y acentúan más bien una visión del pueblo judío como vanguardia del progreso espiritual y moral de la humanidad.
Una corriente de gran importancia religiosa es la representada por el Casidismo, nacido en Europa oriental en el siglo XIX. Se trata de una reacción contra la ortodoxia rabínica. El Casidismo prefiere la piedad y el carisma contra la erudición religiosa y la práctica convencional de la Torah, e igual que el Rabinismo, se opone a las tendencias ilustradas.

Los primeros decenios del siglo XX presencian un cierto resurgimiento religioso y espiritual del Judaísmo europeo, con figuras de gran importancia como Martin Buber (1878-1965) y Franz Rosenzweig (1886-1929).
Mención aparte merece el Judaísmo norteamericano, que de orígenes modestos, desde que en 1654 se fundara en New Amsterdam la primera comunidad judía americana, ha llegado a ser en la actualidad una fuerza de gran influencia socio-política, cultural y económica. Los judíos de Estados Unidos eran 230.000 en 1880, 400.000 en 1888, 950.000 en 1897, y 3.000.000 en 1914. Durante los años veinte y treinta del siglo que ahora termina, la población judía creció en un 40%, y se dobló el número de sinagogas: de 1901 en 1916 a 3800 en 1937.

El Judaísmo norteamericano se caracteriza por la existencia de tres corrientes principales: ortodoxa, reformada y conservadora. Según datos de 1995, hay en las ciudades importantes del país unas 50 sinagogas ortodoxas, 60 conservadoras, y 140 reformadas [Cfr Kerry Olitzky, The American Synagogue, Westport, 1996].
El Judaísmo reformado nace en el siglo XIX con el deseo de adaptar la práctica religiosa a las condiciones cambiantes de la vida social alemana. Los reformadores defienden la idea de una revelación progresiva, y un mantenimiento de las ceremonias litúrgicas que resulten significativas al judío moderno.

El Judaísmo ortodoxo aparece como una reacción frente al anterior. Considera vinculante la totalidad de la Tradición judía, rechaza la crítica moderna de 1a Biblia, y mantiene la doctrina de un Mesías personal. Los servicios religiosos ortodoxos se celebran completamente en hebreo, y hombres y mujeres ocupan lugares diferentes en el templo.
El Judaísmo conservador trata de ser una vía media que combine formas tradicionales de la fe y del culto con algunas concesiones a la vida moderna.

El Judaísmo se ha comprendido y se comprende a sí mismo como una unidad que se expresa en una comunidad étnica y religiosa. Excluye expresamente la posibilidad de conciliar la pertenencia al pueblo hebreo y la pertenencia a otra religión. La persecución sufrida por los judíos durante el tercer Reich ha apagado en el Judaísmo las corrientes de tipo optimista y desde luego asimilacionista hacia la cultura ambiente. Domina actualmente un monoteísmo débil y un fuerte acento en la libertad y responsabilidad humanas. Se ha agrandado la conciencia de una historia común.
El Cristianismo conserva una especial relación con el Judaísmo, que contiene sus promesas y su preparación, lejana e inmediata en la historia de la salvación. El Magisterio de la Iglesia ha dedicado reflexiones significativas al pueblo hebreo, especialmente en la Declaración Nostrae aetate del Concilio Vaticano II, y más recientemente en el documento papal Nosotros recordamos. Una reflexión sobre la Shoah, publicado en marzo de 1998.

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La religión judía. Historia y Teología

BAC, nº 611, Madrid 2001, pp. 281-319

Sumario

Introducción.- I. Unos datos.- II. Estados Unidos de América: Judaísmo ilustrado reformado; 2. Ortodoxos; 3. Conservadores.- 4. Reconstruccionismo.- III. Israel: 1. El sector ortodoxo.- 2. Judaísmo conservador y reformado.- 3. Tensión entre dos mundos.- IV. Europa.- V. Grandes retos del presente.

Introducción

El judaísmo rabínico o talmúdico nació y se desarrolló entre los siglos I al XI. En la Edad Media tuvo que sufrir el impacto de la filosofía griega, que superó positivamente gracias a los filósofos judíos. En esta misma época surgen otros dos movimientos que pretenden suplir, de formas diferentes, la aridez y rigidez del talmudismo, la Cábala y el Hasidismo. Finalmente, en el s..XVIII sufre otro grave impacto, que afronta de diversas maneras, el de la Ilustración.

Resultado de esta larga historia es la religiosidad judía actual, que se manifiesta en un gran pluralismo. Se pueden destacar tres formas básicas, con muchos matices intermedios: judaísmo ortodoxo, judaísmo conservador y judaísmo reformado o liberal.

Una comparación con la situación entre nosotros, católicos, ayudará a hacerse una idea del mundo religioso judío. Entre nosotros existe el grupo conservador, que acepta la institución eclesial, los dogmas de la fe e intenta practicarlos, con matices que van desde la ultraortodoxia a cierta visión liberal de la fe y la práctica, deseosa de compaginarla con el mundo moderno; junto a él existen otros dos sectores, en los que es mayor la incidencia de la cultura moderna, un grupo que se considera cristiano pero cree y practica un poco «a la carta», más o menos al margen de la institución eclesial, y otro liberal, que, de hecho, rechaza los aspectos estrictamente sobrenaturales del cristianismo y profesa cierto deísmo. Su cristianismo es una tradición cultural, de la que se sienten parte. Finalmente, junto a estos grupos existen minorías ateas, que reniegan de la tradición cristiana y la combaten.

Algo parecida es la situación en el mundo judío: un sector ortodoxo, otro conservador y otro reformado. Junto a ellos también existen minorías que se declaran ateas y reniegan de la tradición judía.

I. Unos datos

Actualmente la población judía en el mundo se eleva a unos quince millones de personas. Según datos de 1991, la comunidad más numerosa era la de EE.UU., con 5.850.000 personas, seguida de la del Estado de Israel con 4.100.000. Seguía en tercer lugar Rusia con 1.500.000 judíos (hoy es difícil determinar la cantidad, dados los movimientos migratorios que han tenido lugar a Israel, parte de los cuales han retornado a su lugar de origen). En Europa hay un total de 1.020.000 personas, residentes especialmente en Francia (600.000 personas) y Reino Unido (300.000). En América, además de EE.UU., hay una numerosa comunidad en Canadá con 330.000 personas, seguida por Argentina con 228.000 y por Brasil con 150.000. En Sudáfrica son unos 120.000 y en Australia 90.000. Desde el punto de vista de la densidad de población judía, el Estado con mayor proporción es el de Israel, con 818 judíos por cada 1.000 habitantes, seguido por EE.UU. con 25 y Francia con 10.

A la luz de estos datos, aparece claro que el mundo judío gira en torno a dos centros, Israel y la diáspora, cada uno de ellos con un papel específico. Por una parte, la diáspora, especialmente EE.UU., ofrece un apoyo político, moral y económico incondicional a Israel, lo que está haciendo viable la existencia de su Estado, a pesar de todas las dificultades que tiene que afrontar; por otra, la existencia de Israel se ha convertido en punto de referencia para todos los judíos del mundo, motivo de orgullo y fuente de identidad.

Aunque no todos los judíos de la diáspora estén de acuerdo con la política concreta que llevan a cabo en Israel sus hermanos judíos, la existencia del Estado judío independiente, con lengua, cultura, economía y ejército propios refuerza su conciencia de identidad judía y está reavivando en toda la diáspora la conciencia de formar un solo pueblo, contra la tendencia a la asimilación que venía ejerciendo Occidente. Y dada la experiencia histórica del pueblo judío, perseguido en toda su historia, especialmente la reciente experiencia de la shoa, ve en la existencia de Israel un país-refugio para caso de necesidad.

Una panorámica aproximada de la situación religiosa en EE.UU. y en Israel, los dos grandes núcleos judíos, puede ayudar a hacerse una idea de la situación actual del judaísmo como religión.

II. Estados Unidos de América

Los primeros judíos llegaron a la entonces colonia holandesa de Pernambuco (hoy Recife, en Brasil) en el s. XVI y eran marranos procedentes de Holanda y de origen español. A pesar de su número reducido, pronto ejercieron un floreciente comercio especialmente con los judíos sefardíes residentes en los Países Bajos y en Oriente Medio. En 1654, reconquistada la ciudad por los portugueses, fueron obligados a volver a Holanda o a otras colonias holandesas. Un grupo se estableció en América del Norte, en New Amsterdam, más tarde New York, y New Port, donde crearon las primeras comunidades judías sefarditas.

La afluencia judía en EE.UU. continuó de forma lenta a lo largo del siglo XVIII hasta el primer tercio del siglo XIX, en que la Restauración europea y la consiguiente negación de derechos a los judíos reformados de Europa central provocó una emigración masiva de éstos, judíos askenazis reformados. Esto hizo que en EE.UU. durante esta época prevaleciera el judaísmo askenazi reformado, desplazando a los anteriormente llegados sefarditas ortodoxos. Más adelante, los progroms de Europa oriental determinaron otra emigración masiva de judíos hacia EE.UU., empujando ahora la balanza hacía la ortodoxìa. Estos dos bloques, reformados y ortodoxos, componen la base del actual judaísmo, junto con otros grupos intermedios, especíalmente el conservador.

De acuerdo con el talante americano, que ve el pluralismo como un hecho positivo, estos grupos, que en un primer momento mantuvieron posturas distantes, hoy día colaboran en diversos campos y mantienen cierta unidad de acción en organismos como el American Jewish Committee y el American Jewish Congress, defensores de los derechos judíos. Sin embargo, no exíste una autoridad central, lo que se traduce en una gran varìedad en la praxis. Más en concreto:

1. Judaísmo ilustrado reformado 

Los Reformados tuvieron dos grandes líderes en Isaac Mayer Wise (1819-1900) yDavid Eichhorn (1809-1879), que defendían un judaísmo de corte liberal, el segundo de forma más radical que el primero, que fue el verdadero organizador eficaz del judaísmo americano. En 1869 reúne la Conferencia de Filadelfia, que traza unas líneas comunes para el judaísmo reformado, y en 1873 crea la Union of American Hebrew Congregations con 34 comunidades. Dos años más tarde, en 1875, la Unión abrió en Cincinnati la Hebrew Union College, centro destinado a la formación de los rabínos reformados. Con los rabinos que salieron de sus aulas creó en 1889 la Central Conference of American Rabbis, institución que pronto ganó prestigio y fuerza. La CCAR adoptó los principios aprobados en 1885 en Pittsburg por un grupo de rabinos reformados, y que conforman su fondo doctrinal:

–Idea de Dios como verdad central para la humanidad.

–La misión sacerdotal del pueblo judío y el progreso de las ciencias son conciliables.

–Las leyes mosaicas fueron útiles en Tierra Santa, pero hoy sólo se observan las leyes morales; las otras se observan en tanto en cuanto puedan contribuir a santificar la vida; la que no contribuyen, sirven más para hacer daño que par:: ayudar.

–Las esperanzas mesiánicas se refieren a la venida de una era de verdad, justicia y paz en el mundo.

–El judaísmo es una comunidad religiosa, no una nación en el mundo. Por ello, no espera volver a Palestina ni instaurar allí un Estado ni un culto ni sacrificios. (Más adelante se adopta una postura en favor del Estado de Israel, debido a las tristes experiencias históricas vividas por el pueblo judío; en 1976, la Asamblea de la Central Conference of American Rabbis adoptó una tercera serie de principios en los que se reconoce que el Holocausto ha dañado gravemente la anterior visión optimista sobre la humanidad, se compromete a apoyar el Estado de Israel y se recuperan las oraciones al ponerse el tallit y los tefilim).

–El hombre es espíritu inmortal, pero se rechaza la resurrección, al igual que un paraíso (Edén) e infierno (Gehenna) eternos.

–En sintonía con los principios mosaicos, es obligatorio un compromiso de justicia social.

Actualmente el grupo reformado es numeroso. Más de 700 sinagogas se han adherido a la Union of American Hebrew Congregations, que en 1952 cambió la central de Cincinnati a Nueva York. Por su parte, el Hebrew Union College of America (HUCA), creado en 1875, se unió en 1950 con el Jewish Institute of Religion, creado en 1922, y ha abierto sedes también en Jerusalén y Los Ángeles. Son centros de formación acreditados en las diferentes ramas del judaísmo: rabinos, maestros, arqueólogos, historiadores, etc. Publican varías colecciones de libros y tienen abierto un museo judío. Mantienen una postura sionista, aunque en 1942 se creó un grupo antisionista, el American Council for Judaism, que hoy día, a partir de la experiencia de la Guerra de los Seis Días, ha perdido mucha fuerza.

2. Ortodoxos

Por su parte, el grupo ortodoxo era muy variado por su origen y costumbres religiosas: rusos, polacos, rumanos, lituanos, austriacos, húngaros, alemanes y otros. Para superar algo esta diversidad se pusieron en marcha varias iniciativas. La primera fue la creación de una yeshiva, que era un medio importante de formación e influencia en la tradición ortodoxa. El 1896 se creó la primera americana, la Isaac Elhanan Yeshiva, primero dedicada a estudios rabínicos, pero, posteriormente, abierta a estudios seculares hasta convertirse en 1943 en laYeshiva University.

Un poco después, en 1898, se puso en marcha la Union of Orthodox Congregations sobre 1a base de aceptar la «autorizada interpretación de nuestros rabinos como está contenida en el Talmud y los códices». El organismo ha realizado un trabajo útil en el campo de los alimentos puros, kasher, en la problemática aneja a la observancia del sábado, en la educación y en las publicaciones. Pertenecen a esta unión unas 1.700 sinagogas, pero de una orientación variada, que va de la ultraortodoxia al sector conservador.

Los rabinos, por su lado, también se han organizado, apareciendo dos organizaciones, la primera, en 1903, The Union of Orthodox Rabbis, compuesta de rabinos de tendencia ultraconservadora, la otra, el Rabbinical Council of the Union of Orthodox Jewish Congregations, de tendencia más abierta, en 1924. Esta última, con el nombre de Rabbinical Council of America, absorbió a la anterior, cuenta con unos 800 miembros y es una organización muy influyente. Junto a esto, han ido surgiendo otras organizaciones y grupos, entre los que hay que destacar el National Council of Young Israel, organización juvenil de carácter ortodoxo, la Agudat Israel, organización que considera el judaísmo como hecho religioso, oponiéndose primero a la creación del Estado de Israel y actualmente, después de la shoa, aceptándolo como centro para «reunir a todos los judíos bajo la Torá en todos los aspectos de la vida». Una característica de los ortodoxos es que en su mayor parte, un 80, residen en Nueva York.

Doctrinalmente la ortodoxia, en general, mantiene y practica el judaísmo rabínico. Uno de sus máximos exponentes ha sido el rabino Joseph Soloveitchik (1903-1992), que durante una generación ha formado centenares de rabinos en laYeshiva University de Nueva York. Nacido en Polonia, provenía de una importante dinastía de rabinos lituanos eruditos, de los que aprendió el análisis científico del Talmud. Estudió filosofía, siguiendo el ejemplo de los grandes rabinos medievales, y se laureó en 1931 en Berlín. Después de emigrar a los Estados Unidos, se convirtió en el exponente más autorizado de la ortodoxia culta occidental. Rechazaba abiertamente los resultados de la crítica bíblica, y reconocía a la vez la unidad, la perfección y el carácter divino de la Biblia. Afirmaba que hay que observar todos los preceptos, pues existe poca diferencia entre ellos, ya que directa o indirectamente proceden de la revelación divina. El que practica la halaká acerca el cielo a la tierra, la Shekiná al espacio y al tiempo, el infinito al finito. Hay que estudiar no sólo las leyes que sirven para la vida, sino también las que ahora no se practican y que sirven para delinear una sociedad ideal abstracta. Subrayó la fidelidad incondicional a la tradición e interpretó el judaísmo en la línea de una tipología ideal y de una psicología de la situación. La ortodoxia tradicional actual considera una pérdida de tiempo el dedicarse a los estudios profanos, por lo que prohíbe unir los títulos «rabino» y «doctor». El curriculum vitae y el contenido de los estudios para ser rabinos-jefes de Israel se realizan totalmente en las escuelas superiores talmúdicas, que no tienen carácter académico. A diferencia de la ortodoxia occidental, en ellas no se produce literatura sobre cuestiones éticas contemporáneas, sobre filosofía, etc. El mundo de las yeshivot, las escuelas superiores talmúdicas, sigue reglas propias de estudio y de vida en el esfuerzo por volver a dar vida a una época de la historia judía ya pasada, puesta en entredicho especialmente por la shoa.

Todo esto sucede como consecuencia de la atracción que una disciplina de estudio y vida ejerce sobre jóvenes que no se sienten a gusto en el ambiente profano. El contacto personal con los profesores y compañeros de estudio, el proveer al propio sustento y el crear una nueva familia representa para muchos un oasis de paz en un mundo circunstante cada vez más amenazantes. En cuanto a vocaciones para el rabinado, las yeshivot tienen abundantes jóvenes alumnos. Estadísticas de 1980 los cifraban en 18.000.

En el mundo del hasidismo existe una rama ultraortodoxa, los hasidim Lubavitcher, de la misma tendencia y estilo de vida que los residentes en el barrio Mea Shearim de Jerusalén; igualmente está presente la rama Habad por obra de Joseph I. Schneersohn (1880-1950), bisnieto del fundador, que abandonó Rusia y se instaló en EE.UU., donde organizó centros Habad florecientes: una red de escuelas, yeshivas, periódicos para adultos y niños, una editorial fuerte y numerosas organizaciones sociales.

3. Conservadores

Entre los dos grupos anteríores de reformados y ortodoxos, apareció el grupo conservador, que tuvo en I. Leeser (1806-1868), A. Kohut (1842-1894), S. Schechter (1847-1915) sus líderes principales. Miembros ilustres han sido M. JastrowJ. BlumenthalC. AdlerL. Finkelstein y G. D. Cohen, y actualmente R. Gordis y S. Siegel. Sostienen que la ortodoxia es compatible con una serie de mejoras legítimas frutos del progreso, sin llegar a los cambios revolucionarios de los reformados, que amputan valores fundamentales del judaísmo. Es posible una reforma de los moldes anquilosados del viejo judaísmo sin salirse de la Torá y del mundo rabínico. pues todo lo negativo que se da en el judaísmo, como el legalismo, no se debe a la Torá, sino a los mismos judíos, por lo que es una invitación a una conversión interior.

Esta línea creció mucho en el primer tercio del s. XX con la llegada masiva a América de dos millones y medio de judíos entre 1900 y 1920. Todos deseaban compaginar sus valores tradicionales con el estilo de vida americano, y encontraron en el grupo conservador el lugar adecuado para realizarlo. Hoy día, se han convertido en el grupo judío más importante de EE.UU.

Como los grupos anteriores, también éste se fue organizando, creando una serie de asociaciones paralelas a las ya existentes entre los otros: el Jewish Theological Seminary (Nueva York 1887) para la formación de sus rabinos, laUnited Synagogue (1913), reúne a las sinagogas, y la Rabbinical Assembly a los rabinos. Junto a esto, han creado centros universitarios, editoriales y otras inicíativas.

El conservadurismo defiende y revaloriza la fe, los principios de la fe, el dogma, pero, bajo la influencia de la Escuela Histórica, de carácter positivista, hace una lectura racionalista de los principios, siendo así la versión americana de la lectura histórico-positivista del judaísmo:

–Defienden una revelación natural y rechazan la idea de una revelación sobrenatural divina propiamente dicha.

–Es fundamental la Biblia, pero no en sí misma, sino como es interpretada por la tradición.

–Como consecuencia, el centro de autoridad reside en la conciencia colectiva del Israel católico (Schechter), encarnación de la sinagoga universal, en las formas de comportamiento en general, y no en la Biblia o en el antiguo judaísmo (Misná y Talmud).

–Los cambios son esenciales en una religión viva, pero deben ser introducidos por maestros del pensamiento judío, siempre a la vista de la actitud de las masas ante el hecho en cuestión y la praxis judía a lo largo de la historia.

–La transgresión de las leyes es legítima y obligatoria, según la tradición rabínica, siempre que sea necesario para salvar el conjunto de las leyes.

–Defienden el valor del sionismo y del Estado de Israel, pero, junto a él, la legitimidad y valor de la diáspora.

–Mantienen la esperanza mesiánica, que implica la restauración de Israel y el Reino de Dios para toda la humanidad.

–En la praxis admiten el inglés en la liturgia, han anulado normas que no tienen sentido hoy, como separación de hombres y mujeres, no afeitarse la barba, ley del levirato, no usar el coche para ir a la sinagoga en sábado y otras, y en el libro oficial de oraciones han cambiado una serie de enunciados cuyo contenido no sonaba bien a oídos modernos (así, p.ej., un varón no debe dar gracias por no haber sido creado mujer, sino por haber sido creado a imagen divina).

En la práctica, dentro de este grupo hay variedad de tendencias. Se podría decir que muchos conservadores oran como ortodoxos, pero piensan como reformados, la praxis les asemeja a los ortodoxos pero su alma a los reformados.

4. Reconstruccionismo

Dentro del conservadurismo, existe un sector especial, el reconstruccionismo, creado por el rabino Morderai M. Kaplan (1880-1983), que ejerce una gran influencia y que podría considerarse como un cuarto sector del judaísmo, junto a los otros tres. Su objetivo es defender todos los valores judíos, poniendo fin a la tendencia asimilacionista que intentaba integrarse en las otras culturas, manteniendo sólo la religión judía. Para este grupo el judaísmo es mucho más que la religión judía. Es historia, literatura, moral, lengua, organización social, ideales sociales y espirituales, intereses estéticos, etc. Todo esto sólo puede ser vivido plenamente en Israel –por ello el grupo es sionista–, pues en la diáspora el judío comparte lealmente los ideales, costumbres y cultura locales, aunque participando a la vez de la cultura judía. En el mundo que lo hospeda se compromete a sostener y promover especialmente aquellos ideales que son, en cierto sentido, más judíos, p.ej., la democracia. La finalidad del reconstruccionismo es encontrar una base de unión entre todos los que desean permanecer judíos. Para ello:

–Defiende la separación entre Estado y religión con el fin de revitalizar la religión.

–La fe en Dios se puede interpretar o en términos universales o de acuerdo con la experiencia propia judía. (Kaplan personalmente lo hace en línea universal: Dios es el proceso cósmico que actúa para realizar y salvar al hombre. La salvación consiste en la realización humana del hombre sin ninguna referencia sobrenatural).

–La Torá es sinónimo del modo de desarrollo de la cultura judía y, por ello, debe incluir todas las experiencias éticas, culturales y espirituales del pueblo judío.

–La religión es una cualidad inherente a la verdadera sustancia de una civilización y, por ello, no puede ser separada de ella. Pero la civilización tiene otros componentes no religiosos, como la ley, el folklore, etc.

–Los ritos han de considerarse no mandamientos, sino costumbres que sirven para entrar en comunión con Dios, sin que tenga que existir sentido de pecado si no se realizan. Así las dietas alimenticias dan a la casa una atmósfera de espiritualidad. Por ello los ortodoxos harán muy bien en observarlas, los otros podrán elegir o introducir nuevos usos y nuevos valores.

–A modo de resumen, su lema: la religión judía es para el pueblo judío y no el pueblo judío para la religión judía.

En el fondo, la doctrina de Kaplan es más radical que la de los reformados, por lo que ha sido rechazada frontalmente por los ortodoxos. Más que como sistema, el reconstrucciortismo ejerce influencia con sus diversos elementos, aceptados parcialmente y por el análisis que ha hecho de la realidad judía, que ha servido para recuperar valores judíos. En 1968 abrió el Reconstructionist Rabbinical Center.

En general, hoy día el judaísmo norteamericano, el más numeroso del mundo, responde al patrón americano que pide pertenecer a un grupo religioso, pero ofrece una gran variedad para elegir personalmente. Según una estadística de 1970, de 1.900.000 cabezas de familia, el 40% se consideran conservadores, el 30% reformados, el 11,4% ortodoxos, el 1,4 % agnósticos y ateos, el 2,5% no hebreos y un 12,2%, incluidos los secularizados, se llaman «just jewish».

La misma estadística mostraba una tendencia al acercamiento entre los diversos sectores, debido a la vuelta a las tradiciones judías por parte de los reformados, al interés creciente por los problemas religiosos y al sentimiento creciente de pertenencia a Israel que se difunde entre las nuevas generaciones. En cuanto a la práctica religiosa, una encuesta de 1981 entre los judíos de Nueva York puso de manifiesto que sólo una tercera parte enciende las velas del sábado, mientras que otra tercera parte no suele asistir a los servicios litúrgicos de la sinagoga. Ante esta situación, los grupos ortodoxos reaccionan con una mayor rigidez, mientras que los liberales reformados y los conservadores se sienten más alejados de ellos y perciben cada vez más la dificultad de llegar a un compromiso más estrecho con los ortodoxos. De aquí la división práctica en dos grupos a la que se está llegando, ortodoxos y liberales-conservadores.

III. Israel

En el Estado de Israel reside un tercio de la población judía mundial, constituyendo el segundo núcleo judío, después del americano, con el que mantiene estrechos lazos y grandes diferencias. A semejanza de éste, está integrado por todas las posturas, desde las más conservadoras a las más laicizantes, pero, a diferencia del americano, en Israel coexisten con muchas dificultades. Ello es debido al proceso lento en el que se fue formando y a los diversos componentes que lo integran.

Como elemento originario están los pequeños grupos ortodoxos, que se han mantenido a lo largo de la historia en Tierra Santa, especialmente en Jerusalén y otras ciudades santas, como Safed, Tiberias y Hebrón, grupos que se fueron incrementando a lo largo del tiempo por judíos que se instalaban en Tierra Santa por motivos religiosos. Son conocidos como yishuv, unos de origen sefardita y otros askenazi.

Desde comienzos del s. X, comenzó otro tipo de inmigración, la de los sionistas, en su mayoría con una visión secular del pueblo judío, al que querían darle un hogar propio en la Tierra de Israel. Los primeros recibieron con recelo a los recién llegados y se opusieron a la idea de un Estado judío, creado por la fuerza humana. Más adelante, en el contexto de la shoa, tuvieron lugar inmigraciones masivas de judíos de todos los lugares, judíos de las diversas tendencias, ortodoxos, conservadores y liberales, reformados y laicos, hecho que ha continuado después de la creación del Estado de Israel con la llegada de unos 700.000 rusos, lo que ha dado lugar a un tercer grupo importante, junto al de los askenazis y sefarditas. Los askenazis, procedentes de Europa central y oriental, suelen ser sionistas, desde el punto de vista religioso predominan los secularizados y los pertenecientes al judaísmo reformado, y, desde el punto de vista político, suelen votar laborista. Los sefarditas proceden de Grecia-Turquía y países árabes, suelen pertenecer al judaísmo ortodoxo y votan al Likud y a los partidos religiosos. Los rusos están recién llegados y tienen un partido político propio (Israel ben Aliya). Todo esto explica la variedad y los contrastes en la visión religiosa de los judíos israelitas, en la que se dan todos los colores del arco iris, desde los ateos que renuncian al nombre judío por su connotación religiosa y prefieren llamarse cananeos, a los ultraortodoxos más radicales, pasando por la ortodoxia, los conservadores creyentes y practicantes a la carta y los liberales que profesan un deísmo o simplemente aceptan el judaísmo como hecho cultural que les da conciencia de identidad.

1. El sector ortodoxo

Está hoy día muy dividido entre sí, pero, con sus sinagogas y yeshivas, ejerce una gran influencia (en 1980 se calculaba que había unos 11.000 jóvenes en las diferentes yeshivas). La ortodoxia no acepta la modificación de ningún precepto, como hacen los conservadores y liberales. Para ellos la modificación de un solo precepto hace caer todo el edificio. Son personas generalmente bien formadas, que conjugan las modernas profesiones académicas con un fundamentalismo religioso que, en la práctica, no permite ningún intercambio con los otros judíos progresistas. Esto es válido, incluso, para algunos estudiosos de la Biblia hebrea, entre los que se ha difundido la opinión de que Dios, en su sabiduría, no sólo ha revelado la Torá, sino que lo ha hecho de un modo particular, como se deduce de un estudio histórico-crítico de las fuentes. Al igual que los teólogos medievales, sostienen que la redacción definitiva viene de Dios. Así, p.ej., E. Rackman presidente de la Universidad Bar-Ilan en Israel, opina que el judío ortodoxo, a diferencia de M. Buber, no reniega de ningún texto bíblico. Si un texto es difícil de comprender, se debe reflexionar para recibir iluminación. «La herejía no comienza cuando se rechaza una determinada interpretación, sino cuando se deja de considerar que el texto es de origen divino».

Junto a este sector moderado, hay otros grupos más radicales en la ortodoxia: ultra-tradicionalistas, como los Natore Kartaguardianes de la ciudad, que rechazan el Estado de Israel, emplean la lengua yiddis y viven en ghettos. En el barrio jerosolimitano Mea Shearim habita desde 1875 un grupo de hasidim ortodoxos con sus sinagogas y yeshivas, que se distinguen, igual que sus correligionarios residentes en Nueva York, los hasidim Lubavitcher, por su modo de vestir (adultos con barba, los niños con rizos en la frente, mujeres con peluca), su ascetismo exigente y su espíritu alegre.

La ortodoxia mantiene diferentes posturas ante el Estado: los agrupados enAgudat Israel, en sus comienzos en 1912, eran antisionistas, pero después de lashoa, han adoptado una postura más flexible y actualmente colaboran con el Estado para conseguir sus propios objetivos religiosos; otros son abiertamente partidarios del sionismo y del Estado judío, como Gush Emunim, bloque de los fieles, grupo creado en 1974 con la finalidad de rejudaizar el sionismo, afirmando que los judíos tienen el derecho divino de poseer la Tierra Santa, incluidos los territorios conquistados en 1967. Movilizan continuamente la opinión pública contra las traiciones que realizan los elementos laicos y pacifistas (a estos grupos pertenecía el judío que asesinó en noviembre de 1995 al primer ministro Rabin, a quien consideraban culpable de entregar a los palestinos territorios que debían pertenecer a los judíos por disposición divina); apoyan a partidos religiosos que suelen participar en coaliciones gubernamentales para conseguir objetivos tendentes a judaizar religiosamente la vida pública, como la definición de la identidad judía (madre judía o convertido legítimamente –y no observar otra religión–), la paralización de los servicios públicos durante elsabbat, las normas relativas a la comida o kasrut, prohibición del aborto y de autopsias, de la pornografía, el control de los matrimonios por parte de los rabinos, excluyendo el matrimonio civil y los matrimonios mixtos, etc. También está presente el movimiento hasídico Habad, que se mantiene en la línea piadosa-intelectual que le había dado el iniciador, por obra de su nieto Joseph I. Schneersohn (1880-1950), que en 1948 fundó en Israel el Kefar Habad.

Desde el punto de vista organizativo, la ortodoxia está presidida por dos rabinos-jefes, uno sefardita y, otro askenazi, asistido cada uno por un consejo integrado por rabinos y laicos. Ambos rabinados supremos están reconocidos por el Estado y son competentes en materia religiosa y en otras mixtas, como la matrimonial.

La seguridad ortodoxa de tipo fundamentalista ejerce una fuerte atracción sobre los convertidos al judaísmo, como ya sucedió en la Edad Media, de tal forma que las conversiones al judaísmo, tanto en Israel como en la diáspora, tienen como meta integrarse en esta ortodoxia. Cada año en Israel centenares de personas son recibidas en el judaísmo según normas ortodoxas.

2. Judaísmo conservador y reformado

Frente a estos grupos, está otro bastante amplio de ciudadanos judíos, que son conservadores y liberales, con sectores laicistas muy militantes. Mantienen una postura laica y están resentidos por las concesiones que, por necesidades políticas, han obtenido los grupos ortodoxos desde 1977 en los gobiernos de coalición, en los que sus pocos votos eran determinantes. Los israelitas secularizados subrayan su nexo con el período bíblico, pasando por alto la tradición talmúdica. En general, este sector, desde el punto de vista religioso no está tan bien organizado como el ortodoxo, que, con sus dos rabinos-jefes, controlan la vida religiosa a nivel estatal.

Dentro del judaísmo conservador se encuentra el grupo Emet ve-Emunat, fundado en 1937 por un grupo de judíos alemanes. Su rabino fue autorizado por el rabino-jefe askenazi para asistir a matrimonios. Está asociado al Conservative World Council of Synagogues y está muy unido al Jewish Theological Seminary of America.

El judaísmo reformado, como organización, es reciente en Israel. Fue introducido en 1957 desde América por el Committee of the Central Conference of American Rabbis y está integrado por congregaciones repartidas en los principales centros del país. Está adherido a la World Union for Progressive Judaism.

3. Tensión entre dos mundos

Dos culturas coexisten, una junto a la otra, una ortodoxa y otra muy secularizada, ambas con sistemas escolares propios y con fuerte influencia en la vida política. Las ocasiones de contacto a nivel social son mínimas, entre otras cosas porque los ortodoxos están exentos del servicio militar. Lo que los une no es la religión sino el Estado. En ningún sitio como en Israel existe una tensión tan viva entre visión secularista y religiosa del judaísmo.

Esta situación explica el que, dentro del Estado de Israel, coexistan visiones diferentes y contradictorias sobre puntos básicos del judaísmo, como fe en Dios, práctica religiosa, sentido y valor de las instituciones, condiciones para considerarse judío.

Por ejemplo, hay diversidad de opiniones sobre el significado del Estado de Israel. Las opiniones se sitúan entre dos polos opuestos. Por un extremo, se saluda el establecimiento del Estado soberano de Israel como el comienzo actual de la redención mesiánica anunciada por los profetas bíblicos, o por lo menos como el preludio de una era destinada a culminar en el completo cumplimiento de la visión profética de la redención. Por otro extremo, se denuncia el Estado como un escándalo religioso y una calamidad espiritual, puesto que viola un imperativo religioso básico, queriendo sustituir con sus propias manos la intervención sobrenatural de Dios. Entre ambos extremos se sitúan otras muchas posturas: hay quienes ven el Estado como un fenómeno sociopolítico, sin significado religioso, llevado a cabo por personas que han roto con su tradición religiosa, otros creen que el hecho no es irrelevante para la religión, pero que no debe ser calificado de positivo o negativo desde un punto de vista religioso.

Igualmente, el problema de la identidad judía y la unidad del pueblo judío reviste en Israel características propias, como consecuencia de las inmigraciones masivas. Antes de reunirse en Israel, los diferentes grupos judíos se han desarrollado con características culturales diferentes bajo la influencia de los países en los que residían. A pesar de las diferencias, todos se reconocían judíos, pertenecientes al mismo pueblo y partícipes de la misma historia pasada. Ahora, al convivir en la misma tierra y bajo el mismo Estado, han surgido las tensiones entre ellos por la diversa situación social y por la diversa forma de concebir el ser judío, tensiones que cuestionan de hecho la concepción fundamental de un solo pueblo judío. El problema de fondo es fijar las características básicas que determinan al judío.

La visión tradicional, representada por el judaísmo ortodoxo rabínico, llama judío a toda persona nacida de madre judía o al que se ha convertido a la religión judía legítimamente, de acuerdo con la normativa ortodoxa. A partir de la Ilustración, se discutió esta norma: el judaísmo reformado o liberal concibe al pueblo judío como una comunión religiosa: en círculos sionistas y en determinados ambientes de Israel, en que predomina una actitud laica o incluso hostil a la religión, la pertenencia a un grupo religioso no se considera esencial y se subraya una visión puramente secular de la idea de nacionalidad. Esta visión implica el que se pueda conceder la ciudadanía judía a miembros de otra religión.. El Estado de Israel mantiene una postura ambigua entre las concepciones anteriores. Concede democráticamente la ciudadanía israelita a todos los residentes legítimamente en el Estado de Israel, aunque profesen otra religión, como es el caso de musulmanes y cristianos, pero sólo reconoce la ciudadanía judía al nacido de madre judía, de acuerdo con la norma tradicional, añadiendo una condición, para excluir las consecuencias de la postura laica citada anteriormente: y no se profesa miembro de otra confesión religiosa. De hecho, hoy día una persona se considera judía o porque ha nacido de madre judía, sea creyente o no, sea practicante o no, o porque es miembro de una comunidad religiosa judía, sea su madre judía o no.

Hay, pues, dos elementos básicos que determinan el ser judío, uno étnico y otro religioso, que pueden darse unidos o separados. El étnico es básico y consiste en la pertenencia a un pueblo que tiene una historia singular, historia que se asume como propia; el religioso es la aceptación de lo que los sectores ortodoxos consideran la quintaesencia de esta historia religiosa singular, laherencia religiosa, aceptación que justifica que una persona puede considerarse perteneciente a ese pueblo aunque étnicamente no pertenezca al pueblo judío.

IV. Europa

En Europa existen comunidades judías dinámicas, especialmente en el Reino Unido, Alemania, Francia e Italia. En ellas se dan los mismos grupos que en Israel y EE.UU., predominando la postura conservadora, que acepta en gran medida la tradición por motivos personales o históricos, pero que no cree que la supresión de algún elemento tenga que llevar consigo la caída de todo el edificio. Muchos siguen en esto al pensador alemán Franz Rosenzaweig (1886-1929), cuyo Freies Jüdisches Lehrhaus (Instituto libre de estudios judíos) en Frankfurt ha favorecido una aproximación de tipo conservador a la herencia judía, empleando los resultados de la crítica.

Un exponente de la teología conservadora es el rabino y autor inglés Louis Jacobs, que es rechazado por la ortodoxia a causa de su aceptación de la crítica bíblica. Subdivide las afirmaciones rabínicas en tres grupos: sensatas, insensatas y peligrosas. Se guía para ello del criterio de la lógica, la aspiración a la verdad y a la justicia. Cree que el problema más importante es el de la superación de la injusticia en el derecho rabínico: la injusticia no puede exigir fidelidad al judío. Esto concierne de una manera especial a los derechos de la mujer. Como docente de Talmud, Jacobs colabora, en el Instituto Leo Baeck de Londres, de carácter liberal, en la formación de los rabinos de las comunidades progresistas de Inglaterra y Francia, entre los que cada vez se cuentan más las mujeres.

V. Grandes retos del presente

El pueblo judío, a pesar de todos sus problemas, tiene conciencia de sus valores y camina con voluntad de futuro. La existencia del Estado de Israel ha supuesto para todos los judíos, especialmente para los asimilados por la cultura occidental laica, una revalorización de su propia tradición, especialmente la religiosa, redescubriendo su riqueza espiritual, por lo que la tendencia asimilacionista, tan en boga en otras épocas, hoy está en baja. Por otra parte, ser judío es un valor que se aprecia cada vez más en la cultura actual, en la que los estudios judíos van ocupando un lugar propio. Con todo, al igual que en las demás religiones –en el fondo no son problemas de la religión judía, sino de toda religión, aunque en cada una, y en este caso en el judaísmo, asuma características propias– también el judaísmo se enfrenta hoy día a una serie de problemas, como el de la identidad judía, la separación pacífica de religión y estado, la adaptación adecuada del judaísmo a la cultura moderna, el de la baja de la práctica religiosa, el de los matrimonios mixtos y otros.

La identidad judía en una sociedad abierta es el mayor problema que tiene que afrontar hoy el judaísmo en todas partes. El problema, que hemos presentado tal como se da en Israel, no es específico de este Estado, sino que se ha planteado en todo el judaísmo, especialmente a partir de la Ilustración. Durante siglos se había identificado religión con nacionalidad y, con toda naturalidad, las naciones europeas se consideraban cristianas y las árabes musulmanas; por su parte, los miembros del pueblo judío, aunque no tenían Estado propio, se consideraban practicantes de la religión judía. Pertenencia a un pueblo y pertenencia a una religión coincidían.

En los países occidentales el proceso de legítima secularización, separando ambas pertenencias, se ha ido llevando a cabo, ciertamente con dificultades, pero sin traumas mayores de origen histórico-religioso. Ser español durante siglos ha ido unido a ser católico pero no hay razones que obliguen a esta unión. A pesar de eso, son conocidas las resistencias en algunos sectores a admitir una separación entre Iglesia y Estado, aceptando un Estado laico, neutral en cuestiones religiosas. En el pueblo judío el caso es diverso. Su memoria histórica se remonta a los patriarcas, éxodo, alianza sinaítica, conquista de Canaán, monarquía davídica, etc., hechos todos ellos político-religiosos. Si ser judío es asumir la historia del pueblo judío y esta historia, para los creyentes, está impregnada de experiencias religiosas, ¿hasta que punto se puede ser judío sin asumir la religión judía? A nivel práctico, en el Estado de Israel se han definido los elementos necesarios para que una persona pueda ser considerada jurídicamente judía, pero esto no ha resuelto realmente el problema ni en Israel ni en la diáspora.

¿Cuál es el contenido que hay que asumir y en qué expresiones se ha de manifestar para que una persona sea considerada realmente judía? El judaísmo ortodoxo invita a recuperar la tradición talmúdica, sin los extremismos de los grupos superortodoxos. Por su parte, los sectores laicos defienden otra forma de judaísmo, consistente básicamente en una actitud de solidaridad hacia los demás judíos y en la aceptación cultural de las tradiciones judías, celebrando la pascua, el sábado, como celebraciones sociales del pueblo judío, asistiendo a la sinagoga como lugar de reunión social, etc.

Junto a este problema está el de la salvaguardia de los valores religiosos en un mundo secular. Los sectores conservador y reformado miran a la antigua tradición e intentan descubrir y adaptar a la vida moderna las intuiciones de los antiguos rabinos. Preocupados por los problemas del hombre, se ocupan de cuestiones de ética, de leyes religiosas y de sociología. Sin embargo, al hacerlo, a veces han dejado de lado y descuidado grandes sectores de la tradición, cosa que cuestiona la ortodoxia, de donde las cuestiones actuales: ¿es legítimo descuidar sectores importantes de la tradición? A lo que responde con otra cuestión el sector liberal: ¿qué es preferible, salvar la sustancia de la visión religiosa del judaísmo de esta forma o que se pierda totalmente el aspecto religioso de la vida judía? Para este sector, este típo de judaísmo religioso es la única alternativa a la ortodoxia y a la indiferencia.

Socialización de lo religioso. Los sectores laicos, al asumir los actos religiosos como actos sociales, parece que revalorizan la tradición de ciertas prácticas religiosas. Hay quien ve con simpatía este acercamiento social de los grupos laicos a algunas prácticas religiosas (circuncisión, bar miswá o fiesta de la mayoría de edad religiosa, asistencia a la sinagoga, matrimonio, entierro, ete.), pero, en el sector ortodoxo, este fenómeno crea nuevos problemas: ¿hasta qué punto hay que reconocer este judaísmo secular como versión auténtica del judaísmo para nuestro tiempo, y, especialmente, hasta qué punto deben aceptar la invasión del terreno religioso y su adaptación a la cultura laica? ¿Es vuelta a la auténtica tradición religiosa judía o degradación de la misma?

Esto va unido al problema de la baja de la práctica religiosa. En general, ha bajado la práctica religiosa. Si antes la práctica religiosa llenaba toda la vida del pueblo judío, ahora sólo practica una minoría, integrada por los ortodoxos y algunos miembros de los demás grupos, especialmente por sus rabinos, que a veces dan la impresión de que se han convertido en representantes vicarios de sus miembros. ¿Qué hacer? Obligar no se puede, pues los rabinos pueden aconsejar, pero no tienen poder para obligar. ¿Deben hacer la vista gorda ante la falta de observancia? ¿Deben regañar? ¿Deben rebajar el listón de obligaciones? Esto lleva a otras preguntas: hay que reformar, pero ¿desde arriba o desde abajo? ¿Hasta qué punto hay que seguir poniendo el acento en la ley y ritual de la vida judía en comparación con otras actividades, como el estudio o la responsabilidad social? ¿Cómo equilibrar la devoción sincera con la observancia formal?.

Otro problema que preocupa es el de la transmisión de la fe en una sociedad plural y secularizada, en la que no es fácil que la infancia y juventud reciban una formación judía apropiada, ya que no funcionan los eslabones tradicionales de transmisión, como el ambiente social, la sinagoga y la familia, debilitada esta última, además, por la abundancia de matrimonios mixtos.

Para Nichola de Lange, lo más importante en esta problemática es la cuestión de la tolerancia de la disensión, la disposición a admitir que hay muchos modos distintos de ser judíos, aceptando que, posiblemente, ninguno de ellos sea completamente bueno o totalmente malo.

Notas

 En este contexto la palabra conservador no corresponde exactamente a nuestro concepto, pues implica aspectos liberales, a medio camino entre la ortodoxia y la reforma.

 Cfr Sergio M. Katunarich, Breve Storia, 219-226; P. Navé Levinson, Introduzione alla teologia ebraica, 32-38; P. Stefani, Introduzione all´ebraismo, 79; Gli Ebrei, 115; N. de Lange, Judaísmo, 192-194; G. Wigoder (ed.), Esquisse de l´histoire du peuple juif (Paris 1993), en DEJ 1235-1513; C. Roth, America: EJ 1, 808-816; J. Maier, America: DJ 28;Israel, State of: EJ 7, 301-1045.

 Los datos para los demás países europeos son: Alemania, entre 29.000 y 35.000; Italia, entre 31.000 y 35.000; Bélgica 30.000; Holanda 25.700; España: 12.000; Dinamarca, entre 6.500 y 9.000; Luxemburgo, entre 700 y 1200; Portugal 300 (datos de DEJ, 1993). La EJ ofrece datos más antiguos, de 1968, en los que asigna a España 8.000 judíos, distribuidos de la siguiente manera: 3.000 en Barcelona; 2.500 en Madrid; 1.400 en Melilla; 600 en Ceuta; 300 en Málaga; 50 en Sevilla (cf. art. Spain, vol. 15, 2-15). Los datos han cambiado, pero reflejan los núcleos judíos más importantes de España.

 Otros países americanos tienen los siguientes datos: Uruguay: 40.000; Méjico 35.000; Chile 28.000; Venezuela 15.000; Colombia 14.000, y cantidades menores en el resto de los países.

 Cfr P. Navé Levinson, Introduzione alla teologia ebraica, 32.

 Cfr Sergio M. Katunarich, o.c., 219-226.

 Ha escrito Understanding Conservative Judaism (New York 1978).

 Ha escrito la obra en colaboración Conservative Judaism and Jewish Law (New York 1979).

 Sergio M. Katunarich, o.c., 223.

 Cfr Ibid, o.c., 223ss; Kaplan, Mordecai Menahem: DEJ 615ss.

 Cfr Sergio M. Katunarich, o.c., 233.

 P. Stefani, Introduzione all´ebraismo, 79; N. de Lange, Judaísmo, 192s; Israel Religious Life: EJ 7, 887-928; A. Dieckhoff, palestine et Israël: DEJ 1489-1511.

 Cfr Orthodoxy: EJ 12,1486-1493; orthodoxy, Modern: EJ Decennial Book 1983-1992, 303-305.

 Las hay de varios tipos: las lituanas, inspiradas en el modelo de la existente en el s. XIX en Voloznin, las hasídicas, las de los sionistas religiosos (la más importante es la Merkaz-ha-Rab- Kook, fundada por Abraham L. Kook en Jerusalén). El Kolel (literalmente global) existe en Israel desde 1960; es una yeshiva destinada a estudiantes casados que reciben una ayuda familiar que les permite cubrir las necesidades de su familia, mientras ellos se dedican totalmente al estudio de la Torá.

 Cfr One Man´s Judaism (Tel Aviv 1973, 278), cit. por P. Navé Levinson, o.c., 31.

 Cfr The Future of Zionism and the Zionist Movement: EJ Year Book1988-89, 41-69.

 Cfr Introducción general, nota 2 y p. 297-198.300s.

 Fue creado tan pronto como nació el Estado de Israel por mandato del jefe de los hasidím Habad, residente en EE.UU., que urgió a judíos residentes en la entonces URSS a establecerse en Israel. Además de Kefar Habad crearon la yeshiva de Lydda y otras instituciones.

 El rabino-jefe es una institución que comenzó en el s. XX bajo el gobierno turco en Tierra Santa. Los turcos reconocieron como representante de la comunidad judía un rabino-jefe con el título de hakam bashi o rishon le-Zion, elegido por los rabinos sefarditas, con autoridad religiosa y en otras materias mixtas, como la matrimonial. El grupo askenazi, de hecho, no se sometió a este rabino, manteniendo su propia organización y su propio jefe, sin que se interfiriera el gran rabino sefardita. La institución existió hasta la llegada de los británicos. Bajo el mandato británico, en 1921, se crea otro tipo de rabinado supremo, presidido, esta vez, por dos rabinos, uno sefardita y otro askenazi, asistidos por un consejo integrado por seis rabinos, tres sefarditas y tres askenazis, y tres laicos. El Estado de Israel lo ha reconocido como competente en asuntos religiosos y otros mixtos, como el matrimonio.

 Los ortodoxos, especialmente en el Estado de Israel, no aceptan la conversión al judaísmo hecha ante rabinos no ortodoxos. Exigen una nueva conversión ritual, incluso cuando los interesados se consideran judíos y son considerados tales por su familia y la comunidad (cf. P. Navé Levinson, o.c., 32s.38).

 Cfr Conservative Judaism: EJ 5, 901-906 y en Decennial Book 1983-1992, 132-135.

 Los diferentes partidos actuales están condicionados por su postura ante las organizaciones religiosas. De aquí la división general de partidos religioso y laicos (y árabes). Los religiosos ocupan la derecha y parte del centro, los laicos la izquierda y comparten el centro. De izquierda a derecha tenemos: Hadash (comunista), Meretz (laico, izquierda), Un solo pueblo (izquierda), Laborista (laico, socialista), Meimad (centro-izquierda, laico), Shinui (centro-izquierda, afines a laboristas, creado para contrarrestar a Shas), Partido del Centro (laico, moderado), Israel ben Aliya (centro, integrado por los judíos rusos), Shas (derecha, sefarditas ultraortodoxos), Judaísmo unificado Torah (derecha, ultraortodoxos askenazis), Israel Beteinu (derecha, religioso), Likud (derecha, conservador, religioso), Partido Nacional Religioso (derecha, defiende la postura de los asentamientos en territorios ocupados), Unidad Nacional (derecha).

Las elecciones legislativas del 17 de mayo de 1999 repartieron de esta forma los 120 escaños; One Israel (coalición de laboristas con Ehud Barak, Gesher y Meimad) 26; Likuk 19; Shas 17; Meretz 10; Ihud Leumi – Yisrael Beiteinu 7; Shinuí 6; Center Party 6; National Religious Party 5; Yahadut Hatorah 5; United Arab List 5; Yisrael bealiyah 4; Hadash 3; One Nation 2. Democratic Choice 2; Herut – National Movement 1; Balad 1; Ta-al 1. Descontando los partidos árabes, el número de escaños de la derecha y la izquierda está muy equilibrado. por lo que el partido que obtiene mayor número de votos, en este caso la coalición laborista, se ve obligado a coaligarse y pactar con algunos de los partidos de la derecha.

 Cfr W. S. Wurzburger, Theological Implications of the State of Israel: EJ Year Book 1974 (Jerusalem 1974), 148-151.

 La integración de los falachá está siendo problemática. Los falachá en etiópico, extranjero, son un grupo de unos 50.000 judíos que entre los años 1984-1985 han llegado a Israel, provenientes de Etiopía. Se trata de personas que se consideran judíos, descendientes, según su tradición de la escolta que el rey Salomón dio a la reina de Saba cuando regresó a su país. En realidad, probablemente son descendientes de una estirpe que se convirtió al judaísmo. Hacia 1920, el rabino-jete sefardita de Jerusalén los declaró judíos. pero otros rabinos no los reconocieron, entre otras cosas porque su derecho macrimonial no se acomodaba a las normas rabínicas. El Estado de Israel les reconoce la ciudadanía judía, pero, desde el punto de vista ortodoxo, no se pueden casar sin realizar una conversión simbólica (cfr P. Navé Levinson, o.c., 37).

 Así, p.ej., en los textos bíblicos que la teoría documentaria consideraba R, e.d. redactor, leía rabbenu, nuestros maestros. Para él ese texto procede, no de un dictado divino ni de una inspiración verbal, sino que es producto de la creatividad judía a partir de la época bíblica, legitimada por aquellos que ciertamente comprendían. mejor que los lectores actuales, cada uno de los textos desde el punto de vista lingüístico y de contenido.

 Seguimos en esta enumeración a N. ni Lange, o.c.. 195s.

 Cfr supra las declaraciones de los judaísmos conservador, reformado reconstruccionista..

 Cfr P. Navé Levinson, o.c.. 34.

 Cfr N. de Lange, o.c., 198.

 Cfr M. F. Verbit, Intermarriage in the United States: EJ Decennial Book 1983-1992, 57-64.

 N. de Lange, o.c., 198.

ANTONIO RODRIGUEZ. 2000. almudi.org 

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P:… ¿Cree usted que la acusación de deicidio es la base histórica de la judeofobia que tradicionalmente hemos tenido en Europa?

R:  … No, el antisemitismo es muy anterior a la aparición del cristianismo y aparece en egipcios como Manetón o autores clásicos como Cicerón, Tácito o Juvenal. A decir verdad, yo sostengo la tesis de que es esa herencia clásica la que acabó tiñendo de antisemitismo a algunos autores cristianos. 2004-03-30. Dr. en historia antigua y filósofo don César VIDAL. Esp.

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El mito del Papa de Hitler. – Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis.

*Por David G. Dalin, intelectual y rabino judío.

  Es de sumo interés el capítulo del libro en el que Dalin analiza el comportamiento de varios pontífices con los judíos. La tradición de los papas que tuvieron gran consideración y estima a los hebreos se inicia, según el rabino norteamericano, con Gregorio I, más conocido como Gregorio Magno (590-604), que emitió el histórico decreto «Sicut Judaeis», en defensa de los judíos.

        Calixto II garantizó también su protección a los judíos y reafirmó el contenido de «Sicut Judaeis».

        Durante el siglo XIV, cuando los judíos fueron inculpados de la epidemia de peste (“la muerte negra”), el Papa Clemente VI (1342-1352) fue el único líder europeo que salió en su ayuda.

        Bonifacio IX (1389-1403) amplió la protección papal a los judíos, reconociéndoles la ciudadanía romana en 1402, y fue el primer Papa que dio empleo a judíos en El Vaticano.

        Los papas Martín V (1417-1431) y Eugenio IV (1431-1437) tuvieron como médico personal al judío Elijah ben Shabbetai Be’er que, gracias a la ayuda de los pontífices, fue el primer judío que enseñó en una Universidad europea, la de Pavía.

        Sixto IV (1471-1484), fue el primer Papa que contrató a copistas judíos en la Biblioteca Vaticana y creó la primera cátedra de Hebreo en la Universidad de Roma. Durante su pontificado, la población judía se duplicó.

        Dalin habla también de los pontífices Nicolás V, Julio II, León X, Clemente VII, Paolo III, Benedicto XIV, Clemente XIII y XIV, León XIII y Pío IX, todos los cuales intervinieron en favor de los judíos.

        Del siglo XX, el rabino estadounidense recuerda a Benedicto XV, que publicó una condena del antisemitismo preparada por el joven Eugenio Pacelli, futuro Pío XII.

        Pío XI, cuyo profesor de hebreo era un rabino, es conocido por afirmar: «Espiritualmente todos somos semitas».

        Juan XXIII y Pablo VI fueron cercanos colaboradores de Pío XII en la obra de rescate de los judíos durante la segunda guerra mundial.

        Juan Pablo II, fue el primer Papa que visitó la sinagoga de Roma y que rezó ante el Muro de las Lamentaciones

        Benedicto XVI ha realizado ya una histórica visita a la sinagoga de Colonia, en su Alemania natal, el pasado mes de agosto.

El gran muftí de Jerusalén colaborador de Hitler

Finaliza el libro con la historia y a los hechos relativos al gran muftí de Jerusalén, Hajj Amin al Husseini que, durante la segunda guerra mundial, visitó a Adolf Hitler en numerosas ocasiones; amigo de Adolf Heichmann, visitó el campo de concentración de Auschwitz e intervino en la radio alemana, declarándose de acuerdo con la eliminación de los judíos europeos para evitar el nacimiento de un Estado judío. 

          Frente al actual rebrote de antisemitismo, Dalin propone recuperar la verdad histórica y estudiar las condenas al racismo hechas por el magisterio de la Iglesia católica.

  * David G. Dalin, rabino judío, es profesor de Historia y Ciencias Políticas en la Ave Maria University de Naples, Florida. Previamente, fue profesor asociado en la Universidad de Hartford. Rabbi Dalin es autor o co-autor de varios libros. Sus artículos y críticas han aparecido en la American Jewish History, en Commentary, Conservative Judaism, First Things, the Weekly Standard, y en la American Jewish Year Book.

        Es licenciado por la Universidad de California en Berkekey, y obtuvo su máster y doctorado por la Brandeis University y su ordenación rabínica en el Seminario Teológico judío de América.

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JERUSALÉN

Nadie puede reivindicar para si la ciudad de Jerusalén: ni Herodes, ni el gobernador romano de Cesarea, ni los sumos sacerdotes, ni el sanedrín, ni los judíos: todos ellos son usurpadores, ocupantes ilegales…

Jerusalén es y seguirá siendo para siempre la ciudad de David y la de los hijos de David.

Urusalim’ la mencionan, mil cuatrocientos años antes de Cristo, los textos de la cancillería egipcia del faraón hereje Akhenatón. La morada o la sede de Shalim o Shalem, antigua divinidad autóctona. Enclavada en dos cimas de un cordón montañoso llamado luego de Judá, habitada al menos a partir del tercer milenio antes de Cristo, hacia el año mil, cuando ya las doce tribus de Israel ocupaban parcial y precariamente desde hacía dos siglos el territorio que luego reivindicarán como histórico, en medio de la zona que recorre la tribu de Benjamín, Jerusalén permanecía aún orgullosamente independiente, en manos de los misteriosos jebuseos, descendientes de Melquisedec –cercanos a los cananeos y fenicios‑ y con abundante mezcla de inmigrantes hititas y amorritas.

Es también con mercenarios hititas y amorritas que el condotiero y soldado de fortuna David, el hijo de Jesé, quizá pactando con los jebuseos, en el año 1005 AC, se hace dueño de la ciudad y, cuando es reclamado como rey por las doce tribus, transforma a Salem en capital, su capital, independiente de las tribus israelitas, posesión propia: suya y de sus descendientes, no de Israel. Los sucesores, los llamados hijos de David, serán luego únicos dueños de Jerusalén durante casi cuatro siglos y medio, hasta el destierro en Babilonia. A la vuelta, bajo el dominio persa, gobernará brevemente Nehemías, también un hijo de David. Después todos serán usurpadores: personeros de los persas, de los lágidas, de los seléucidas, de los romanos, sumos sacerdotes ilegítimos, falsos reyes sin estirpe davídica como los asmoneos o la línea idumea de Herodes, sinagogas y sanedrines racistas, templo transformado en banca de exacciones y corrupción, políticos no queridos por nadie ¡pueblo sin pastor!

Betfagé se encuentra unos centenares de metros más allá de Betaniaacercándonos desde el este hacia Jerusalén. Hoy podemos visitar, en Betania, apenas a tres kilómetros de la capital, la tumba de Lázaro, antiquísima, pero muy modificada y reacondicionada a lo largo del tiempo. La iglesia que allí se yergue se dice está edificada sobre la casa de Marta y María.

Avanzando hacia Betfagé los guías señalan el lugar donde el hijo de David montó sobre su mula de ceremonias para cabalgar hacia su ciudad. Debió detenerse sin duda en la cima del monte de los Olivos y desde allí habrá mirado con inmensa pena su ciudad rodeada de altas murallas y, cayendo a pico sobre el torrente Cedrón, justo frente a él, los altísimos muros de sostén de la enorme explanada porticada –catorce hectáreas‑ que rodea al fastuoso templo de mármoles blancos, techado en oro, refulgente al sol, construido por Herodes el Grande en el lugar del viejo templo de Salomón.

¡Jerusalén! ¡Tan espléndida por fuera y tan llena de corrupción, soberbia, apostasía, miseria y avaricia por dentro!

Muy probablemente el cortejo triunfal de Jesús, enarbolando sus ramas a guisa de lanzas y estandartes, haya ido, al bajar al valle, rodeando las imponentes murallas jerosolimitanas hacia el norte, doblando hacia el oeste al llegar a la que hoy se llama la torre de Fuller, donde hace la muralla casi un ángulo recto, arribando finalmente a la que, en nuestros días, se denomina “puerta de Damasco”, llamada en época cruzada y bizantina “puerta de San Esteban”, porque por allí habían sacado los judíos al diácono protomártir para lapidarlo. Desde ese acceso, una calleja más o menos recta ascendía escalonadamente las diversas terrazas donde se apiñaban las casas de altos y bajos, todas con azotea, de los habitantes de la ciudad. En determinado punto dicha calle se dividía en varias y tortuosas subidas y bajadas, pavimentadas toscamente de lozas y adoquines desiguales, que, uniéndose a otros senderos que subían desde los barrios bajos de Jerusalén, convergían a la llamada “calle de Herodes”, la que bordeaba los muros del templo por su lado oeste. Calle bulliciosa y atiborrada, a ambos lados, de tiendas, de casas de cambio, de vendedores de recuerdos, de expendedores de vino y de comida, en donde apenas se podía caminar. Desde allí, en dos puntos, había unas empinadas escalinatas ‑cuyos restos hoy señalan los arqueólogos‑ que terminaban en osados puentes que atravesaban la calle a gran altura y permitían el ingreso al patio del templo por el pórtico oeste, donde, prolongando el bullicio del zoco, se juntaban los cambistas y los vendedores de animales para el sacrificio. Allí llega Jesús después de su ingreso triunfal en Jerusalén. Allí, según san Marcos, su estirpe davídica se rebela frente a los que profanan el templo de sus antepasados con sus turbios negocios. Y, con santa ira, los expulsa a latigazos. Será el último acto de su realeza efectiva en este mundo.

En realidad ya, una vez transpuesta la puerta de Damasco, al hijo de David lo traga esa ciudad enorme que ya no se reconoce suya, que está ocupada ilegalmente por usurpadores a quienes poco importa le legitimidad de su poder y nada les interesa de la dinastía davídica, ni de las promesas de Dios de mantenerla en el poder perpetuamente: “tu casa y tu reino permanecerán para siempre. Tu trono estará firme eternamente” (II S 7 16); “Durará tanto como el sol, como la luna de edad en edad” (Sal 72, 5)

La ciudad, como tantas grandes ciudades, en la globalización producida por las conquistas de Alejandro Magno y, luego, del imperio romano, poco tiene de patria y de davídica, ya es una gran Babilonia, a duras penas santificada por su envilecido templo y por sus sacros recuerdos guardados en el corazón de pocos. El hombre siempre ha sido capaz de mancillar y abusar de las cosas más santas y aún de usar banderas, himnos y hasta mitras, tiaras, cálices y sotanas para los propósitos más viles.

Las multitudes apiñadas ‑cuando en manada crueles y barras bravas‑ solo obedecen, solo abren camino al paso de las lanzas de los legionarios romanos, de los mercenarios de Herodes con sus mazas y sus chasquidos de fustas, o se apelotonan obscenamente para mirar las prostitutas de lujo de los espectáculos o vivar, a lo bestias, al gladiador o deportista del día, u observar con temor mezclado de odio y envidia, el carruaje lujoso del banquero, del saduceo, o a los mentones altos que avanzan despreciando la plebe. O ceden y vivan a los que reparten lo que les sobra o lo de los demás arrojándolo al aire, como reparten puestos y prebendas diputados y senadores indignos… No hay lugar en la gran ciudad para el verdadero señorío, no hay veredas para los señores y las damas. Todo es igual en la masa que se aglomera por las estrechas callejuelas. Solo la apariencia despierta el interés de las miradas. O la fuerza el respeto. O el éxito mediático la admiración. No la grandeza interior, no la sangre noble del hijo de David, su porte señorial, su indumentaria pulcra pero austera, su más oculta aún condición de Hijo de Dios, ya comenzando su calvario como uno más de los hijos de los hombres, apenas avanzando ya, empujado por todos …

La bajeza de Jerusalén, a pesar de los píos peregrinos que vienen de afuera y son sistemáticamente explotados por hospederos, cambistas, meseros, estafadores, transportistas, mujeres de mala vida aprovechando sus debilidades ‑como explota furtiva la televisión a los hombres decentes si los atrapa en las oscuridades y soledades de la noche con sus programas indecentes‑… no es solo bajeza, sordidez moral, también es imposible y nauseabunda compacta suciedad… La dura roca y la vejez de la ciudad hacen imposibles las obras cloacales a las cuales están acostumbradas las ciudades romanas. Por algo Pilato y su mujer detestan esa villa a la cual solo van para las fiestas pascuales con sus tropas en prevención de tumultos en esos días propicios a los ánimos levantiscos. Y baúles llenos de frascos de perfumes de Arabia es lo primero que desembarcan en su residencia donde sahumerios constantemente encendidos tratan vanamente de perfumar el ambiente.

Es que en Jerusalén todos los desperdicios, perrunos y humanos, basura y podredumbre se lanzan y quedan en la calle. Las prescripciones del Levítico son imposibles de cumplir. Calcuta, poco a poco Buenos Aires, donde pobres miserables ya no tienen pudor alguno en hacer sus necesidades en las plazas a la vista de todos. Pero en Jerusalén, sin decir ‘agua va’ ,todo se arroja desde las ventanas a las serpenteantes calzadas que apenas son lavadas por escasas lluvias a favor de las pendientes.

Aún el esplendor del Templo que, en maquetas o reproducciones modernas a escala luce blanco y resplandeciente, inodoro y pulido, se ve opacado por las actividades religiosas que allí se hacen. No solo oraciones hipócritas y desafinadas, ni sonares de trompetas y sofares destemplados, ni guitarras eléctricas y baterías, ni grita y estrépito de las turbas, sino el permanente olor a matadero, a sangre, que por más que los levitas baldeen y frieguen los patios que rodean al enorme altar, se cuela en los intersticios de la lajas, pringan el mármol, se pudren a la vista de todos, crían alimañas, atraen por millones moscas verdes y moscardones en zumbido malévolo que solo se aparta del sumo sacerdote y de los ancianos ‑los senadores‑ al batir de las palmas y abanicos emplumados de sus esclavos.

Carne podrida y carne quemada: el altar de los holocaustos es un permanente asador en donde se incineran mensualmente toneladas de vísceras, de cuero, de carne, de grasa. Desde lejos ‑como el ´smog´ de las grandes ciudades del tercer mundo en donde no se cuida la polución de la atmósfera‑ se ve la columna espesa, grasienta, negra, que cubre permanentemente como una nube aciaga y simbólica la santa ciudad de Jerusalén, solo surcada por el volar rapaz, carroñero, de los buitres, que se ciernen sobre todo por encima del valle de la Gehena, el basurero de Jerusalén, allí a donde van a parar insepultos cadáveres de animales y de ajusticiados, ya que no se atreven a descender a donde se arriman, tan ávidos como las aves de rapiña, sacerdotes y levitas que viven de la parte que les toca del sacrificio.

Aunque la gente de entonces, sobre todo la que vivía en esas ciudades inhóspitas de la antigüedad, estaba acostumbrada de alguna manera a esa suciedad, hedor, promiscuidad, ratas, perros famélicos e insectos y, peor, habituados, como ya nosotros, a la mala educación, la inmoralidad, la carencia de respeto, la corrupción… (Nadie, hoy, se asombra de nada.) Jerusalén, la ciudad de David, joya de la corona, ombligo del mundo, hija de Sion, vejada, violada y transformada en esa ciudad prostituida, pesa en el corazón patriota y divino de Jesús.

Jesús, arrullado, criado y mimado en el regazo decoroso de una madre virgen, de la estirpe de Aarón, en los brazos fuertes de un padre noble del tronco de Jesé, viene del campo limpio, de la aldea cuidada con su campiña llena de flores y sus aves canoras. Su olfato apenas resiste la fetidez de Jerusalén. Su sentido interior a gatas soporta la angustia de esa ciudad corrupta que lo ignora, que lo rechaza, que le es indiferente “¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a tus profetas y apedreas a los que te son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas y no habéis querido!”(Lc 14, 34)

http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=2454


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2 comentarios to “Judaísmo – Religión judía”

  1. pauloarieu 10 octubre 2008 at 2:12 AM #

    Judíos testimonian cómo fueron salvados por Pío XII

    Entre ellos el hijo del rabino de Génova durante la guerra

    CIUDAD DEL VATICANO, jueves 9 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Judíos de Italia han testimoniado ante las cámaras cómo fueron salvados de la persecución nazi por personas de Iglesia, con el apoyo del Papa Pío XII.

    Entre los testimonios se encuentra el del señor Emanuele Pacifici, hijo de Riccardo, que en la segunda guerra mundial era rabino jefe de Génova, y otros supervivientes lo narran en un reportaje vídeo producido por el mensual Inside the Vatican y por la agencia H2onews.org.

    Pacifici, que en la guerra era un niño, recuerda el momento en el que los nazis pidieron a la comunidad judía de Roma 50 kilos de oro.

    “Pero era imposible reunir 50 kilos de oro, en las pocas horas que teníamos. Sin haber hecho publicidad con nadie, la ciudad de Roma colaboró de todas las formas que pudo: con dientes de oro, que antes se llevaban dientes de oro, con un anillo, con lo que tenían… Se recogieron los 50 kilos de oro”, recuerda el exponente judío.

    “Pero la promesa de seguridad no se mantuvo –sigue recordando– y los judíos se vieron obligados a esconderse para tratar de escapar de una muerte segura. La actuación del Papa Pío XII fue fundamental en esos difíciles momentos”, afirmó.

    Otro de los judíos supervivientes, Settimio Di Porto, recuerda: “Habíamos perdido los derechos civiles. No podíamos hacer nada. No teníamos ni siquiera cartillas para el racionamiento”.

    “El 16 de octubre fue una mañana tremenda -recuerda di Porto–. Todavía stoy viendo aquella escena. Se los llevaban a todos en los camiones, ue una gran redada, entraban en las casas y se llevaban a las amilias: mujeres, ancianos, niños, enfermos…”.

    Settimio di Porto recuerda: “Aquí en Roma abrieron las puertas todos los conventos”.

    Y Pacifici completa: “El Vaticano estaba lleno. Había gente que dormía también en los pasillos”.

    Claudio della Sera recuerda: “fui salvado en el tiempo de los alemanes or los Hermanos Maristas del Colegio San León Magno”.

    Por este motivo, en Yad Vashem, el museo y archivo del Holocausto en Jerusalén, se recuerdan a algunos de estos hombres y mujeres que arrancaron de la muerte a tantos judíos y les honra con el título de los “Justos de Israel”.

    El periodista del diario “Il Giornale”, Andrea Tornielli, afirma: “Actuaron para salvar a los judíos, en un momento en el que no sabía cual iba a ser el destino de la guerra, y por tanto como un acto totalmente desinteresado”.

    Matteo Luigi Napolitano, profesor de historia de la Universidad del Molise, en Italia, testimonia: “Los documentos de los servicios secretos estadounidenses nos dicen también el motivo por el cual Hitler odiaba al Papa: porque estaba escondiendo judíos. Pues daba disposiciones a los conventos, a los santuarios, y los escondió en el mismo Vaticano”.

    Emanuele Pacifici narra cómo religiosas trataron de salvar a mujeres judías escondiéndolas en los conventos.

    “Los alemanes entraron dentro y deportaron de este convento a 33 mujeres, entre las que estaba también mi madre. ¿Entiendes? La Madre superiora Sor Esther Busnelli, fue detenida porque había hecho algo que no debía hacer”, dice conteniendo las lágrimas.

    “Hay que entender que riesgo suponía esto… El riesgo que corrió Pío XII salvando a 8.000 personas”, concluye.

    El reportaje “Pío XII y el Holocausto” puede verse en http://www.h2onews.org.

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    El Papa canonizará a una misionera en Ecuador y Colombia

    CIUDAD DEL VATICANO, jueves 9 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Este domingo el Papa Benedicto XVI canonizará a la hermana María Bernarda Bütler, fundadora de la congregación de las hermanas franciscanas misioneras de María Auxiliadora.

    El carisma de esta comunidad, a la que pertenecen cerca de 700 hermanas es el de la extensión del reino de Dios a través de las obras de misericordia, especialmente en parroquias y hospitales, con indígenas y desplazados.

    Una vida de misión y sacrificio

    Su nombre de pila era Verena. Nació en Auw, Suiza el 28 de mayo de 1848. A los 19 años entró a la congregación de las hermanas Clarisas Capuchinas en el monasterio de Altstätten. Dos años más tarde hizo su profesión religiosa. La hermana María Bernarda pasó a ser maestra de novicias y luego superiora del monasterio durante nueve años. “Velad para que el amor entre vosotros no se debilite…sed comprensivas, trataos con caridad. Hoy a ti; mañana a mí”, escribía la santa a sus hijas.

    Años más tarde recibió una carta de monseñor Pedro Schumacher, obispo de Portoviejo (Ecuador), en la que el prelado le hablaba de la soledad en el que vivía la gente y le ofreció su diócesis como campo misionero. Inicialmente las autoridades eclesiales se resistieron a permitirle emprender esta misión. Por ello, la hermana luchó hasta que obtuvo también el permiso pontificio para dejar el monasterio. Así en 1888 partió para Ecuador junto con seis compañeras más.

    María Bernarda abrió allí una filial del monasterio suizo. Luego la religiosa sintió el llamado a fundar un nuevo instituto: las hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora, hoy presentes en varios países africanos así como en Austria, Suiza, Perú, Ecuador, Cuba, Venezuela, Colombia, Brasil y Bolivia.

    Eran sólo siete religiosas que se dedicaban a la educación, el anuncio del Evangelio, la animación de la liturgia y la asistencia a los enfermos y los pobres.

    El trabajo alimentado con la oración y la vida comunitaria sintetizaban la vida de la santa. “…Si amáis de veras a Dios, el servicio al amor se os hará ligero. (…) No os retiréis a descansar al final del día sin haber cancelado toda deuda concerniente a la caridad”, escribía en una de sus cartas a sus hijas.

    Este el pilar que la fortaleció para afrontar varias cruces durante la etapa fundacional de su congregación: la pobreza, las dificultades climáticas, los problemas con las autoridades de la Iglesia y la separación de sus hermanas. También fueron víctimas de la persecución religiosa que se vivía en esos años en Ecuador, liderada por el presidente Eloy Alfaro.

    Por ello se trasladaron a Cartagena, Colombia, donde fueron acogidas por su obispo Monseñor Eugenio Biffi. Allí comenzaron a trabajar en un hospital de mujeres llamado Obra Pía. “Ella no era una enfermera pero cuidó enfermos, no tenía una visión dividida del ser humano sino íntegra, de la misma iba mano iban la enseñanza humana y espiritual”, dijo a Zenit la hermana Teresita Giraldo, perteneciente a la congregación fundada por la santa y directora de la clínica en Cartagena que hoy lleva su nombre.

    Misionera en la vida y la muerte

    La hermana viajaba para visitar a sus hermanas y dirigió la congregación durante 32 años. Luego presentó su renuncia y el 19 de mayo de 1924 murió a los 75 años en el hospital en el que tanto tiempo trabajó en Cartagena.

    El milagro para su canonización se hizo en el año 2002 con la curación de Mirna Jazmine de 33 años, quien estuvo a punto de morir víctima de una neumonía atípica. La curación que dejó sin palabras a los médicos que la atendían, ocurrió en Cartagena en la clínica María Bernarda.

    Mirna ahora trabaja como médico en este centro de salud: “Siempre he sido creyente. Uno como científico a veces está reacio a creer en milagros pero con lo que pasó mi fe ha aumentado, le doy gracias a Dios por lo que me pasó. Esto me ha hecho más humana en la atención con os pacientes en la clínica”, dijo a ZENIT la doctora, que estará presente en la canonización este domingo.

    “Vemos, pues, así que María Bernarda Bütler es una perla resplandeciente de la corona de gloria del Señor y de su Iglesia”, recalcó el papa Juan Pablo II en la homilía de su beatificación en 1995.

    [Por Carmen Villa]

  2. carmen rosa 22 octubre 2008 at 2:38 AM #

    no esta la doctrina

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