Conociendo la Nueva Creación en Cristo Jesús
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A diario aparecen noticias de la maldad de algunas personas. El mensaje es: el mundo está en descontrol, no existe la perfección, Dios se olvidó de nosotros, sigamos esperando un mundo mejor. Pero, ¡Animo! Dios tiene mejores evidencias y Buenas Noticias para garantizar que ya existe una Nueva Creación en Jesús, su Hijo amado, en la cual no hay injusticia, ni tristeza, todo es perfecto y lleno de paz y amor, porque allí reina Dios y El tiene el control.
La Ceguera Materialista y Religiosa.
¿Dónde está esta Nueva Creación? ¿Alguien la ha visto? ¿Dónde están las calles de oro? Esta es la reacción normal de cualquier persona ante esta afirmación. Porque la mentalidad humana siempre ve y busca el sentido en el mundo material. Para ella, todo tiene que ser en lo material y por lo material. El resultado de esto es que no logra ver el verdadero mundo, el espiritual, el de Dios. Al afirmar que ya existe una Nueva Creación en Jesús, el Cristo, sabemos que podemos enfrentar oposición, marginación, ridiculización y excomunión de algunos del sistema social-religioso; porque esto no se va a encontrar en ningún seminario teológico, ni en ninguna teoría científica. Pero tenemos la seguridad que estas son las Buenas Noticias de Dios, el evangelio, revelado por nuestro apóstol Pablo, recibiendo como prueba la manifestación de la paz, la fortaleza, la seguridad y el gozo que vienen al descansar en la obra completa de Dios: Jesús, el Cristo.
Existe un hecho histórico en el cual, la religión y el intelectualismo materialista, se unieron negando una verdad que más adelante tuvieron que aceptar. En la Edad Media se creía que el Sol giraba alrededor de la Tierra, que la Tierra era el centro del Universo. En esos días se levantó un hombre, diciendo: “Es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol”. Tal declaración contradecía la posición oficial del sistema religioso y de la élite intelectual. Aún más, contradecía la mentalidad de la humanidad, la historia, la astrología, la navegación, la cartografía, etc. El sistema de aquel entonces no soportó esta corrección. Era una amenaza para el sistema, porque cuestionaba su autoridad, su prestigio. Si éstos eran perdidos peligraban los privilegios, los honores, el reconocimiento, las finanzas, etc. Se decidió entonces conservarlos y negar una verdad, intimidando a muerte a su proclamador, amparados en que se estaba protegiendo al sistema de extrañas y peligrosas afirmaciones. Los años pasaron y sacaron a luz la verdad. El sistema intelectualista y religioso tuvo que retractarse y aceptar que se equivocaron. Galileo Galilei ya descansaba, pero su verdad triunfó.
También el mundo religioso, de la época en que Jesús vivió en la carne, se equivocó, porque se negó a recibir una verdad. Solamente que esta vez la verdad era espiritual, no material: Recibir a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios. Por muchos años los judíos esperaban a su Mesías. Pero los judíos materialistas se extraviaron al pensar que vendría como un rey al estilo de los reyes terrenales, pensaron que traería un reino material. Leamos como pensaban: “Y aconteció que cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí. Y habiendo llegado a su tierra les enseñaba en las sinagogas de ellos, hasta quedarse atónitos y decir: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y los milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Jacobo y José y Simón y Judas? ¿Y no están acaso todas sus hermanas frente a nosotros? ¿De dónde, pues, tiene estas cosas? Y no hizo allí muchos milagros por causa de la incredulidad de ellos” “Otros decían: Este es el Mesías, pero otros decían: ¿Acaso, pues, el Mesías viene de Galilea? ¿No dijo la Escritura que de la descendencia de David y de Belén, la aldea de la cual era David, viene el Mesías?” Según Mateo 13:53-58 y Según Juan 7:41-42
El Hijo de Dios estaba en carne, en la Tierra, el Mesías había llegado, pero los judíos materialistas no lo reconocieron cegados por sus razonamientos, diciendo: “Pero si yo conozco donde nació este Jesús, miren allí está su familia. Este no califica pues ni siquiera es hijo del rey, el Mesías será muy poderoso, muy rico y así podrá derrotar a nuestros enemigos, están locos quienes crean que Jesús de Nazaret es el Mesías!.”
La Antigua Creación.
Hoy en día, también suena risible o difícil de ver operando ya una Nueva Creación en Jesús, el Cristo. Es fácil y aceptable creer que un día sucederá, que más allá en el futuro vendrá, pero se ve imposible que ahora estemos ya en ella, porque se busca comprobar según la mentalidad humana, la geología, la astronomía, la ecología, etc. Sin embargo, esto es lo declarado y revelado en las Buenas Noticias de Dios, el evangelio, revelado por nuestro apóstol Pablo.
Para darnos cuenta de la realidad de esta Nueva Creación debemos recordar cómo era la antigua creación. Recordemos que la antigua creación se nos fue presentada iniciando con un hombre, Adán. El cual era el “padre” de la humanidad, la “cabeza” o el representante de la humanidad. Conocemos, por el relato de Génesis capítulo 3, que este Adán introdujo la condenación al mundo. Como representante estuvo en la posición de evitar y cubrir el error de Eva. Pero lejos de defenderla, la acusó ante Dios. Entregándola a muerte, pues él sabía que el culpable de desobediencia moriría. Asimismo, negó su responsabilidad en la desobediencia. Los culpables para Adán eran Eva y su Hacedor: “La mujer que tú me diste por compañera me dio del árbol y yo comí” (Génesis 3:12) La manera de actuar de Adán era la manifestación externa de la muerte que ya había entrado en su conciencia.
Este acontecimiento de ninguna manera amenazó el propósito de Dios para su creación. Dios, desde antes de la fundación del mundo, dispuso que su propósito para su creación se cumpliría mediante su amorosa gracia hacia nosotros: “Quien nos salvó y nos llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según su propósito y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos eternos” 2ª A Timoteo 1:9
Sin embargo, desde Adán hasta Cristo, el mundo estuvo encerrado en condenación, bajo pecado. Estuvo muerto, en el plano espiritual, esto es, separado de la comunión espiritual con Dios, destituido de la gloria de Dios. La única forma en que Dios contactaba con la humanidad era en el plano físico, material, carnal, en donde la humanidad se había escondido. Dios miraba que la humanidad estaba atrapada en la condenación introducida por Adán: “Por tanto como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre y por medio del pecado la muerte; así también la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. A los Romanos 5:12
Toda la humanidad entró en la conciencia de pecado en Adán, porque Adán fue nuestro primer representante ante Dios, y nos hizo vernos representados en pecado ante Dios. La muerte introducida fue espiritual, porque afectó nuestra conciencia de amistad y comunión espiritual con Dios, dejándonos experimentar enemistad con Dios. Pero desde el Edén, Dios declaró que un día “la simiente de Eva” triunfaría sobre esta equivocación, diciendo: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañal.” (Génesis 3:15) Dios está aquí revelando que Él tiene el control, porque Él tiene el poder de establecer una solución. Esto es, la “simiente” que Dios enviaría a la humanidad traería de regreso a la humanidad a la conciencia de la comunión espiritual con Dios. Donde ya no habría experiencia de condenación, donde el error se viera borrado. La humanidad volvería a la vida, de su estado de muerte espiritual, resucitaría espiritualmente al verse otra vez perfecta ante Dios. Esto es lo que nos revelan las Buenas Noticias de Dios, el evangelio. La humanidad volvería a vivir, o resucitaría, cuando fuera quitada de en medio la conciencia de pecado y pudiera verse reconciliada con Dios. A partir de allí, la humanidad volvería a tener la experiencia de la amistad y comunión con Dios.
La Nueva Creación de Dios.
Durante muchos años, Dios estuvo anunciando y preparando la venida de la “simiente salvadora” de la humanidad. Habiéndose cumplido el tiempo señalado, el Hijo del Hombre, el Hijo de Dios, Jesús, el Cristo, vino a la humanidad para rescatarla y resucitarla. Sería Juan el Bautista quien anunciaría el gran propósito de la presencia de Jesús en la Tierra, diciendo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” según Juan 1:29
El que quitaría la condenación, introducida por Adán al mundo, había llegado. La simiente prometida a Eva estaba aquí para restaurar la comunión espiritual con Dios. El propósito de Dios preparado antes de la fundación del mundo iba a vencer, mediante Su amorosa gracia, todo obstáculo levantado por Adán: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Según Lucas 19:10
Ahora, preguntémonos: ¿Habrá logrado Dios su propósito? ¿Habrá logrado el Cordero quitar el pecado del mundo? ¿Habrá salvado lo que se había perdido? ¿Habrá quitado Cristo Jesús la condenación introducida por Adán? ¿Habrá logrado Cristo Jesús revivir a la humanidad espiritualmente? ¿O Permanece todavía la muerte espiritual de Adán?
Dios nos ha dado las respuestas a estas preguntas mediante las Buenas Noticias, el evangelio, revelado por nuestro apóstol Pablo. Gocémonos en esta declaración: “Porque por cuanto la muerte vino por medio de un hombre, también por medio de un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en el Cristo todos serán vivificados”. “Por tanto, así como por medio de una trasgresión vino la culpa a todos los hombres para condenación, así también, por medio de un acto de justicia, vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida.” 1ª a los Corintios 15:21,22; a los Romanos 5:18
En estos textos podemos encontrar por lo menos tres revelaciones:
a) Adán trajo la conciencia de condenación a la humanidad, pero Cristo Jesús trajo ya la gracia para que la humanidad experimente justificación de vida.
b) Adán trajo la conciencia de muerte espiritual a la humanidad, pero Cristo Jesús trajo ya la experiencia de la resurrección espiritual a la humanidad.
c) Había venido un hombre, Adán, trayendo condenación, pero ya fue reemplazado por un nuevo hombre, Jesús, trayendo salvación.
Esta declaración ha sido tropezadero para los judíos materialistas, y para los gentiles, una locura porque: “El hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad y no puede entenderlas, porque se han de discernir espiritualmente.” 1ª a los Corintios 2:14
Desde Adán, hasta la resurrección de Cristo Jesús, la muerte espiritual y el pecado reinaron. Cristo, el Libertador, todavía no tenía espacio en el mundo para reinar. Todo lo llenaba Adán, mediante la culpa, la condenación, el pecado y la muerte. Pero, habiendo resucitado Cristo Jesús, Él lo ha llenado todo y no ha quedado espacio para Adán: “Para que así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo Señor nuestro”. A los Romanos 5:21
Hubo un tiempo en que el “señor” de la humanidad fue Adán, como primer “cabeza” del mundo. Todos estuvimos encerrados en la condenación que él había traído, porque nos identificábamos con Adán. Eso estaba fuera de nuestra solución personal. De la misma manera, entonces, también ahora estamos bajo un nuevo Señor, una nueva Cabeza de la humanidad, Jesús el Cristo. Todos estamos bajo su amorosa gracia, bajo su justificación, limpios del pecado que nos acusaba ante Dios, en resurrección de vida espiritual, la cual nos capacita para honrar y exaltar Su Nombre y andar en novedad de vida.
En Cristo Jesús hemos sido creados de nuevo para que nos identifiquemos con Su perfección, Su santidad, Su vida, Su gracia. Y nunca más nos identifiquemos con Adán: “Así también está escrito: el primer hombre, Adán, fue hecho un ser viviente, el postrer Adán, un espíritu vivificante”. “De modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí son hechas nuevas.” “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas”. 1ª a los Corintios 15:45; 2ª a los Corintios 5:17; Efesios 2:10
Ahora podemos entender cuando Jesús dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Según Juan 3:16) Porque, cuando dejamos de poner nuestra conciencia en Adán y la ponemos en Jesús, podemos vernos completos, perfectos, santos, amados, vencedores, indestructibles. En Cristo vemos que ya no existe Adán. En Cristo vemos el amor de Dios hacia nosotros. En Cristo vemos que Dios vino a encontrarnos. En Cristo vemos la puerta de regreso al paraíso. En Cristo nos vemos de nuevo en la casa de Dios. En Cristo vemos el camino sobre el cual ya no estamos perdidos. En Cristo experimentamos vida eterna.
Alguien dirá: ¿Por qué entonces se ve tanta maldad en el mundo? El apóstol Pablo nos revela lo que está pasando: “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no viváis como viven también los gentiles, en la futilidad de su mente, estando entenebrecidos de entendimiento, ajenos totalmente a la vida de Dios a causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón; los cuales, después que llegaron a ser insensibles, se entregaron a sí mismos a la sensualidad para practicar con avidez toda clase de impureza. Mas vosotros no aprendisteis así de Cristo; si en verdad oísteis de Él y fuisteis enseñados en Él (porque la verdad está en Jesús)” a los Efesios 4:17-21
Cuatro palabras reveladoras se encuentran en estos textos: entendimiento, ignorancia, aprendisteis, enseñados. ¿Lo vemos? La maldad que se ve en el mundo es por ignorancia de la Nueva Creación de Dios en Jesús, el Cristo. Esto tiene oscurecido el pensamiento de muchos, porque no han sido enseñados acerca de su nueva identidad con Cristo Jesús, por lo tanto no han aprendido a vivir según Cristo Jesús, sino según Adán. Desconocen la vida de Cristo y por eso no la manifiestan. El mismo sistema religioso contribuye a esta ignorancia enseñándoles que todavía pertenecen al viejo hombre, Adán, diciéndoles que están muertos, perdidos, corruptos, etc. Han sido entrenados para comportarse como tales. Asimismo, el sistema político-económico-social, refuerza esta mentalidad, clasificando a su propia conveniencia quiénes son los buenos y quiénes los malos. La humanidad se ve entonces en la necesidad de usar la fuerza para controlar a los de mente oscurecida, a los ilegales según cada sistema humano, a los que todavía se identifican con la mente de Adán. Pero aun el sistema jurídico-legal, de cualquier sistema de gobierno, sufre corrupción, porque éste se fundamenta en la mentalidad Adámica y no en el señorío de Jesús, el Cristo. El orden social se mantendrá imperfecto hasta que la humanidad aprenda a vivir bajo el señorío del Señor de señores, Jesús el Cristo, como ya lo hacemos miles en todo el mundo.
Pues el conocimiento de nuestra verdadera naturaleza espiritual en Jesús, el Cristo, transforma nuestra mente y nos hace ver y experimentar la vida de Dios. Manifestando la vida espiritual que Dios ha puesto en nosotros. No hay ninguna mente que pueda permanecer inquebrantable ante la amorosa gracia de Dios. Los deseos engañosos y las pasiones egoístas se derrumban ante la revelación del conocimiento de la gloria de Dios en nosotros, pues esto es obra de Dios y no de ningún poder humano. “Porque el Dios que dijo: ‘¡Resplandezca luz de las tinieblas!, es el que resplandeció en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo” Según 2ª a los Corintios 4:6
Conclusión
Todo ser humano necesita ser enseñado que hay un nuevo inicio en Cristo Jesús. Muchos niegan esta realidad dándole más importancia a la obra de violencia que todavía se ve en el mundo material, como una prueba para descalificar la existencia de una Nueva Creación. Pero la obra de Paz que Dios conquistó con la muerte y resurrección de Jesús, el Cristo, es más gloriosa y más triunfante que cualquier otra cosa humana. Haciéndose necesario ver las cosas con los ojos de Dios y no según el pobre criterio humano, el cual está más influenciado por el egoísmo, la venganza y la aniquilación que por la reconciliación y restauración.
Ciertamente es necesario prevenir y controlar el comportamiento de los que andan extraviados en su mente. No hay excusa para hacer daño a nadie. Asimismo es comprensible el dolor de aquellos que han sufrido en carne los actos violentos de los que andan oscurecidos en su mente. Es importante instruirles que Dios es su mejor compensación, que solo la paz de Dios en su mente, la ternura del amor incondicional de Dios, podrá liberarles de toda amargura, ira, odio, rencor, temor, angustia y culpa. La aniquilación de los violentos, de los abusadores, de los inmorales, los negligentes, los ofensores, etc., es una solución temporal y una excusa social para no enfrentar la responsabilidad de cambiar nuestra mentalidad. Pues tanto los que se aniquilen en la carne como los que aniquilan necesitan transformación mental, la cual solo es posible bajo el señorío de Jesús, el Cristo.
El cambio de la mentalidad de la humanidad no sólo es posible, sino que ya comenzó. Siendo Dios el primero en dar el primer y definitivo paso al demostrar su perdón a nuestras ofensas, al morir en la cruz. Y mostrando el éxito de este plan al resucitar. La ira termina con el perdón y la restauración comienza y permanece con el amor incondicional. Este amor de Dios está haciendo que toda rodilla, toda mente, se doble ante el señorío de Jesús, el Cristo.
La humanidad está ahora en Jesús, el Cristo. Las cosas viejas pasaron para Dios. Nosotros estamos experimentándolo. Jesucristo es “el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga Él la preeminencia, por cuanto agradó que en Él habitara toda la plenitud”. “Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo y le dio el Nombre que es sobre todo nombre, para que en el Nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los Cielos y en la Tierra y debajo de la Tierra y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” A los Colosenses 1:18,19; a los Filipenses 2:9,10.
¡Hay una Nueva Creación!. Esta Nueva Creación tiene un nuevo Señor: Jesús, el Cristo. Es una gran bendición estar ya gobernados espiritualmente por nuestro Señor. ¿Qué esperas para caminar en seguridad y perfección?. Nada puede destruirte ni derrotarte, con la cobertura de Jesús, el Cristo. ¿Qué esperas para agradecer y alabar al Rey de reyes y Señor de señores. La fiesta comenzó, ¡Gózate! Confiesa: ¡Soy Nueva Creación en Cristo Jesús!
Bendiciones
Editado por: Joel Siciliano
( Versión de la Biblia: Biblia Textual Reina-Valera)
Tomado de www.soynuevacreacion.com, sitio web del Ministerio Cristiano Nueva Creación”.
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