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Y en esto, la señora Palin cambia de iglesia

15 Septiembre 2008 pauloarieu 1 Comentario

Y en esto, la señora Palin cambia de iglesia

Manuel López, España |lunes, 15 de septiembre de 2008
 
Y en esto, la señora Palin cambia de iglesia | Manuel López

Encantados de conocerse. La derecha religiosa está exultante con el nombramiento de Sarah Palin como candidata a la vicepresidencia de EE.UU. con John McCain por el partido republicano. 

Estaba visto: había que poner coto al ciclón Obama. De modo y manera que, descabalgada Hillary Clinton como candidata a la presidencia en las filas demócratas y descartada luego como posible compañera de Barak Obama a la vicepresidencia, la maquinaria conservadora ha aprovechado este posible error de Obama para presentar en un espectacular golpe de efecto a la señora Palin como segunda de McCain. La alternativa de la derecha a Hillary.

Lo dicho, el mundo evangelical está exultante. Las esencias del “pensamientobushnico” no corren peligro de perderse, y Palin, acaso más que el propio McCain, es la encargada de alentar el estado de cruzada permanente. Pentecostal fundamentalista ultraconservadora hasta la médula, huracán Palin es una mujer “de armas tomar”, y lo es en el más temible sentido literal de la palabra: llegó a afirmar que las tropas en Irak se encontraban realizando “una tarea que es de Dios”. Ay, Señor.

Los medios de la derecha religiosa, siempre tan veraces, objetivos y ecuánimes, informan a su acrítica clientela cautiva de lectores entregados de que la señora Palin es un dechado de bondades evangélicas. A saber: que es una mujer de orden, madre de cinco hijos, capaz de matar un oso con las manos y que por supuesto va a una iglesia en la que los feligreses -ella también, por supuesto- hablanen lenguas [y no precisamente el mozárabe], por lo cual esa señora es “todo un  ejemplo para nuestra sociedad, nuestros políticos, nuestros medios de comunicación y nuestras iglesias”. Ahí queda eso.

La realidad es ciertamente bien distinta. Del “interés” de la candidata por lo que ocurre en el mundo fuera de los Estados Unidos habla bien a las claras el hecho de que no haya sacado su primer pasaporte hasta que, por exigencias del guión como gobernadora de Alaska, el año pasado tuvo que girar visita a los soldados de su Estado en Turquía. Los medios de la derecha religiosa justifican este olímpico desinterés por conocer mundo argumentando que su “no mucha experiencia política” no tiene importancia, pues “se crió en la iglesia”.

Elvira Lindo enumeraba el pasado miércoles en la columna de la última página de El País, los “innumerables motivos para la esperanza” que los voceros de la derecha española ven en la gobernadora de Alaska. A saber: “infatigable lucha por la pena de muerte, vía libre para chupar petróleo de Alaska, negación del calentamiento global, prohibición de la educación sexual y de la teoría de la evolución en las escuelas”

Menos mal que, gracias a Dios y a la Constitución de EE.UU., la señora Palin no pudo censurar en las bibliotecas públicas como pretendía obras de Mark Twain, Faulkner, Arthur Miller, Salinger, Shakespeare, “y hasta esa novela ejemplar, Matar a un ruiseñor, que sigue enseñando a los niños americanos que la justicia debe estar por encima de los sentimientos irracionales”.

Ese mismo día Alexi Mostrous dibujaba en The Times desde Wasilia, Alaska, este retrato de la señora Palin: “Unapartidaria de la enseñanza del creacionismo en las escuelas, una opositora al aborto -incluso en los casos de violación o incesto- y una miembro vitalicia de la Asociación Nacional del Rifle”. Y desde la Redacción central en Londres del sesudo rotativo, Ruth Gledhill, corresponsal religiosa, resaltaba la condición de creacionista… pragmática de Sarah Palin: “Una cosa es ser responsables de la propia creencia, y otra muy distinta deben ser considerados responsables de las creencias de un pastor”.

De modo y manera que del mismo modo que Barak Obama se distanció de su pastor, ahora Sarah Palin, si bien por las razones opuestas, no ha tardado en seguir sus pasos. “Creer en un Dios creador”, recuerda Gledhill, “no es lo mismo que ser un creacionista”.

“En todo caso”, deduce, “parece que la señora Palin cree en el diseño inteligente, que Dios fue el arquitecto de la evolución, en lugar de crear el mundo en seis días”.

Los pastores de la señora Palin no son ajenos al movimiento de la Tercera Ola, que tiene sus raíces en la herejía de la Lluvia Tardía (Latter Rain), condenada por dirigentes de las Asambleas de Dios cuando surgió hace medio siglo. Esta herejía, según señala Ruth Gledhill, toma su

La Tercera Ola es una parte del amplio movimiento Dominionista. El texto básico del dominionismo pentecostal y otros sistemas de creencias afines es el Apocalipsis, con sus profecías del fin del mundo y la bestia de las siete cabezas, a las que se atribuyen diversas identidades, como el papado, o incluso los EE.UU.

“Los teóricos de la conspiración dominionista asumen que éstos quieren tomar el aparato de Estado”, comenta la corresponsal religiosa de The Times. “No es así”, continúa. “Simplemente están a la espera del momento en que Dios se encargará de ello, en la creencia de que los gobernantes que actúan sin su orientación no están haciendo un buen trabajo”.

“Es posible ser pentecostal”, sostiene, “o incluso evangélico menos exótico con un enfoque más calvinista, como parece ser el nuevo pastor de la señora Palin”. Larry Kroons, pastor de la Wasilla Bible Church, la iglesia interdenominacional a la que asiste actualmente Sarah Palin, es más moderado o en todo caso menos extremista que Ed Kalnins, el pastor de laWasilla Assembly of God, la iglesia “de toda la vida”, en la que se bautizó a los 12 años. Kroons no manda desde el púlpito a Obama al infierno como Kalnins hizo en su día con el candidato John Kerry. Algo hemos avanzado.

Si bien el pastor de la nueva iglesia de la candidata Palin comparte “una parte o la totalidad” del pensamiento doctrinal de la Tercera Ola, siempre según la corresponsal religiosa de The Times, lo cierto es que en la nueva iglesia de Palin las expresiones cúlticas son menos extrovertidas que en la Asamblea de Dios.

No obstante, en un culto reciente al que asistió la candidata el predicador invitado, David Brickner, dio a entender que el terrorismo en Israel es el juicio de Dios contra los judíos por no haber aceptado a Jesucristo como el Mesías.

El boletín de la iglesia del último domingo anuncia un próximo acto de Focus on the Family, un grupo que cree que la homosexualidad es un pecado que puede ser curado con la oración. [Como se recordará, esta poderosa organización realizó en fechas recientes un desembarco en Europa, especialmente en España, con el propósito declarado de “cambiar las leyes”].

En resumen, que la señora Palin cambia de iglesia por motivos claramente políticos. Los medios de la derecha religiosa, siempre tan veraces, objetivos y ecuánimes, lo silencian, pero la lectura de este cambio está clara: en el cuartel general del Partido Republicano buscan con todo denuedo el voto evangelical, pero dentro de un orden. La consigna no sigue siendo otra que la de parar a Obama, pero sin estridencias, de manera civilizada, con toda astucia política.

Con el golpe de mano republicano de la bomba Palin, el candidato demócrata Barak Obama tiene más difícil todavía llegar a cumplir desde la más alta instancia del país el sueño del histórico discurso que pronunciara Martin Luther King frente al Capitolio de Washington el 28 de agosto de 1963: “

Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”. 

Lupaprotestante.com

EL OLOR DE LA MUERTE

15 Septiembre 2008 pauloarieu 1 Comentario

EL OLOR DE LA MUERTE

por el Hermano Pablo

 

Las puertas de la sala de emergencia se abrieron. Los enfermeros apresuraron la entrada de la camilla. Traían a Gloria Ramírez, de treinta y un años de edad, con fallo cardíaco. El médico de turno y cinco ayudantes la atendieron. Pero no bien abrieron una de sus venas para sacar sangre, vapores tóxicos invadieron el cuarto. La doctora Julie Gorchynski se demayó, y otras cinco enfermeras sufrieron graves intoxicaciones.

El hospital Central de Riverside, California, inició una investigación minuciosa del asunto y la conclusión a la que llegaron sobre los misteriosos vapores fue la siguiente: «Simplemente se trataba del olor de la muerte.»

No se conoce otro caso como este en los anales de la medicina. De la sangre de una mujer joven brotaron vapores sulfurosos y amoniacales con un olor tan horrible que los científicos de la Universidad de California no encontraron otra manera de describirlo más que con decir: «Se trataba del olor de la muerte.»

Interesante esa frase: «olor de la muerte». ¿Acaso no se encuentra el olor de la muerte también en otros lugares?

El olor de la muerte está en cada paquete de drogas que se pasan de contrabando. Porque la droga es la muerte de cuerpo, mente y conciencia.

El olor de la muerte está en cada casino y en cada sala de juego que abre sus puertas. Porque el juego de azar es la ruina moral y económica de millones.

El olor de la muerte está en cada expendio de licor que recibe a sus clientes con estantes llenos de botellas. Porque dentro de cada botella está el veneno alcohólico que destruye a individuos, familias y sociedades.

El olor de la muerte campea en cada matrimonio que descuida sus votos y comienza a emplear palabras como «separación» y «divorcio». Estas lanzan, entre esposo y esposa, el resentimiento, el odio, el despecho y la venganza, que destruyen la unión más importante de la raza humana: el matrimonio.

El olor de la muerte brota violento en cada aborto, porque se mata a un ser viviente en el vientre materno que hasta ese momento le ha dado la vida que tiene.

De cada actividad humana que se desarrolla sin el temor de Dios brota el olor de la muerte, porque todo lo que se hace ignorando las normas divinas, produce muerte. Sólo Jesucristo puede dar la vida que contrarresta la muerte. Sólo Cristo puede regenerar, salvar y reformar por completo al hombre y a la sociedad. Sólo Él es vida. Todo lo contrario a Él, es muerte.

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Los dos espejos

15 Septiembre 2008 pauloarieu 1 Comentario

Dos espejos hay en la Palabra; uno para reflejar a Dios y otro para reflejar al creyente. Ambos arrojan luz, uno para transformarlo, otro para denunciarlo. Siete personajes bíblicos nos permiten realizar un ejercicio necesario para el conocimiento y examen del corazón humano.

Los dos espejos

En el Nuevo Testamento hallamos tres espejos. De ellos, dos resultan especialmente significativos. Uno está en 2ª Corintios 3:18: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” El otro está en Santiago 1:23: “Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.”

En el primer espejo miramos al Señor, y somos transformados en Su misma imagen. En el otro nos vemos a nosotros mismos con las defecciones que el Espíritu nos muestra a la luz de la Palabra santa.

En un espejo vemos al Señor, en el otro nos vemos nosotros. En ambos tenemos que mirarnos a menudo para gloria de Dios y para humillación nuestra (porque uno nos transforma y el otro nos descubre). No en el de Corintios solamente, porque podríamos envanecernos, ni sólo en el de Santiago, porque podríamos abatirnos. Es en ambos, para que lo que nos desanima en uno nos aliente en el otro.

Sin embargo, esta vez pondremos nuestra atención en el segundo. Nos ubicaremos ante él y nos veremos. Por la Palabra, el Espíritu hará desfilar a algunos de los personajes que nos precedieron en la carrera de la fe. Superpondremos a esas siluetas la nuestra y veremos qué descompagina.

Luego, obedeciendo la amonestación de la misma Palabra, nos esforzaremos en la gracia de Dios para ser hacedores de la palabra, y no oidores olvidadizos. Es decir, para corregir lo defectuoso. Si después de mirarnos en este espejo y ver cómo somos, nos fuésemos y olvidásemos nuestro estado, entonces habremos perdido la oportunidad de encarnarla. ¡Dios no permita que sea así!

Abraham, el peregrino

Miremos primeramente el retrato de Abraham. Allí va él, morando en tiendas –esperaba una ciudad– e instalando sus altares por donde iba. Era un adorador y un peregrino. ¿Lo vemos habitando en la tierra prometida como si no fuera suya? Tenía riquezas, oro y mucho ganado, pero nada de eso le retenía en un solo lugar, nada le ataba al mundo. El miraba de lejos lo prometido y lo saludaba, confesando que era “extranjero y peregrino sobre la tierra” (Heb.11:13).

A la luz de esta figura, ¿no queda al descubierto nuestro arraigo a la tierra, nuestro sedentarismo espiritual, afanados por obtener los beneficios de la patria celestial, pero también –y sobre todo– de ésta? ¿No nos vemos en el espejo como una caricatura de Abraham, con rasgos desperfilados, que acusan nuestra profanidad? Pero, mire… ¿No es Lot el que ha reemplazado la figura de Abraham en el espejo? ¡No está delante de nosotros a quien quisiéramos ver, sino a quien no amamos!

Jacob, el usurpador

Ahora vemos a Jacob. Él va, campante, por el camino que se ha trazado, engañando a medio mundo. Primero engaña a su hermano, luego a su padre, y después a su tío. A cada uno le da un golpe; en cada uno deja una herida. Incluso a Dios intenta comprar con una negociación de “dame que yo te daré”. (Génesis 28:30). El piensa que lo va haciendo bien. Es el primogénito (sin serlo), el favorito de su madre y aun de Dios. ¿Quién puede tocarle?

Sin embargo, Jacob comienza a tropezar en lo que él mismo ha edificado. La siembra está dando abundante cosecha. Por cada engaño cometido se convierte en engañado. Por cada herida causada recibe una. ¡Ay, Jacob! Tan favorecido y, sin embargo, tan entero todavía.

Pero ese que está ahí no es Jacob ahora… ¡somos nosotros! Somos nosotros mismos que insistimos en engañar, en herir y en usar triquiñuelas, como si nuestro pecado no nos fuera a alcanzar nunca. Somos nosotros mismos, que lanzamos la saeta y escondemos la mano, como si Dios no nos viera y como si nunca esa saeta hubiera de volverse sobre nuestro propio corazón.

Jacob está más libre de culpa que nosotros, porque él no tenía un antecedente. Pero ¡ay! de nosotros, porque lo tenemos. Y está aquí, ante nuestros ojos, en el espejo de la Palabra.

José, el casto

José es el favorito de su padre y el envidiado de sus hermanos. Es el soñador que –pese a sus ruegos y lágrimas– es vendido como esclavo para Egipto. Allí, en Egipto, sirve en casa de Potifar. ¡Un príncipe de Dios sirviendo a la mesa de un incircunciso!

Pero, ¿por qué él no se queja?

La mujer de Potifar lo mira y lo remira. Lo mira una vez más, e intenta atraparlo con su mirada, con sus palabras, con sus manos… Pero en ellas sólo se queda el vestido inerte de José. (“¿Cómo haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” –dice el hombre de Dios en la encrucijada). José no rechaza el pecado por temor a Potifar, ni por evitar las represalias de la mujer. ¿Cómo pecaría contra Dios? ¡Su referente es Dios mismo! Entonces, la desgracia se le abalanza. Ahora José está en la cárcel… no un día, ni dos, no un mes ni dos…

Pero, ¿por qué él no se queja?

Al mirar a José en la Palabra vemos nuestra pesadumbre, vemos la amargura de nuestro espíritu que tantas veces ha rebosado en palabras descomedidas a causa de las circunstancias adversas. Su carácter bondadoso, transparente, hace aparecer nuestro rostro oscuro y tenebroso. ¿Y qué diremos de la pureza de su mirada? ¿De la santidad de sus manos? José no sólo no buscó la ocasión para pecar, sino que presentándosele, huyó de ella. ¡Ay, en cambio, cuántas veces nosotros la hemos buscado!

Moisés, el príncipe de Egipto

Moisés, el príncipe de Egipto, pasa ante nosotros. Nunca el mundo ha ofrecido más dones a un hombre que a Moisés. A la excelencia de su familia, educación, sitial y honor no ha llegado nadie de manera más natural que él. Sus modales delicados, su pronunciación exquisita, su alimentación escogida, sus amistades mejores, sus sabios maestros, la grandeza de sus empresas, todo debió de haber sido lo de un hombre excepcional. Todos se le inclinan; todo se le ofrece; todo se le da.

Sin embargo, en la hora suprema, la de las decisiones radicales, en que debía renunciar a familia, educación, sitial y honor, ¡renuncia!, “escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios…” (Hebreos 11:25-26). ¡Ah!, es que hay en su alma una espina clavada, un llamado divino, un fuego ardiente que no le deja disfrutar en paz de los deleites temporales del pecado.

Cuando él era niño, su madre –que también fue su nodriza– le había dicho quién era él, quién era su pueblo, y quién era su Dios.

¡Oh, contempladlo! ¿Veis el cambio de sus vestidos bordados en el palacio por el sayal tosco de Madián? ¿Veis el porte distinguido del palacio transformarse en el caminar humilde del pastor de ovejas? ¡Vedlo andar con el bordón en la mano, por esos riscos perdidos, tras la pequeña perniquebrada! ¿Qué queda del Moisés del palacio de Faraón? ¡Ay, no queda nada, salvo, tal vez, algún recuerdo apenas reconstruido en su memoria!

Lo tuvo todo, y lo perdió todo. Pero cuando lo perdió todo, lo ganó todo.

Ahora vemos también que nuestro corazón –extremadamente necio– ama aquello que Moisés despreció. No lo ama porque lo tenga (inalcanzables son sus glorias), sino porque lo desea, y porque en ese deseo se revuelca días tras día, sin otro premio que la desdicha de no alcanzarlo.

Pero eso no es todo. Pasa el tiempo, y Moisés llega a viejo.

Dice la Escritura que él es el hombre más manso que pisa la tierra. (Números 12:3). Un día Dios le da una orden y, a diferencia de otras veces, Moisés no la cumple. En vez de hablarle a la roca, la golpea dos veces. Es Meriba. Son las aguas de la rencilla. (Números 20:1-13).

Moisés representa mal al Señor, quien se enoja con él, y le dice: “Tú no entrarás en la tierra”. Moisés ruega, clama, gime, llora. Dios dice: “No”.

¡Ay, Moisés!

Cuando nos vemos en el espejo de Moisés, y específicamente en este episodio, vemos que el hombre es sólo carne; que por muy consagrado que sea, por muy manso, no es perfecto. Tiene dentro de sí un germen que se puede manifestar en cualquier momento en un pecado, una desobediencia, una rebelión.

Meriba nos dice: “¡Cuidado, tu carne es peligrosa!; no es de fiar, no te enaltezcas, dobla tu rodilla, inclina tu corazón! ¡cuidado! Eres peligroso.”

Aunque seas todo lo manso; aunque seas todo lo espiritual. ¡Cuidado!

Esto también nos muestra Moisés.

Samuel, el profeta

He ahí Samuel. Desde niño estuvo cerca de Dios, aprendió a caminar en la intimidad de Su Casa. El Señor lo miró y le habló muy tempranamente, cuando aún no sabía reconocer Su voz. Pronto, “todo Israel conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová” (1ª Sam.3:20). Su victoria sobre los filisteos fue temible. Su larga y fructífera vida fue ejemplar; todos consultaban al vidente, todos honraban al juez de Israel.

Sin embargo, en su vejez tuvo una tristeza. Con la mejor intención imaginable, puso a sus hijos por jueces en Israel, pero el pueblo los resistió. ¿La razón? “No anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho” (1 Sam.8:3). ¡Ay, Samuel, qué dolor!

Samuel había visto el fin de Elí y de sus hijos. Tempranamente tuvo un motivo de escarmiento, pero cuando le llegó su hora, no escapó de la misma suerte.

Samuel, el profeta y juez, el hombre que caminó con Dios, no pudo plasmar en sus hijos la huella que Dios había dejado en Él en los largos años de su vida. ¿No es un fracaso?

La figura de Samuel arroja luz sobre nuestro corazón, para examinar nuestro propio camino. ¡Tanto servicio espiritual es posible realizar sin ver los frutos en el hogar! ¿Serán las palabras de Jesús aplicables aquí: “No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.”? ¿O fue, Samuel, el descuido de una vida vivida a espaldas de la realidad cotidiana?

Sea lo que fuere, ¿qué nos dice todo esto sino que temamos y que busquemos en Dios el socorro para escapar de esa vergüenza?

David, el amado

Le toca su turno a David.

No hay, tal vez, otra figura bíblica que reúna tantas perfecciones como David. A la belleza y atractivo de su figura se une la de su alma humilde y quebrantada. Sus lágrimas, más que su fortaleza; sus sufrimientos más que sus triunfos, es lo que más nos atrae en el resumen de su provechosa vida. Es el poeta-vidente que anticipa los sufrimientos de Cristo; es el amado de Dios que encarna un anticipo del reinado del Mesías; es el dulce cantor de Israel, que canta con donaire las misericordias de Dios.

Todo eso y mucho más reúne David en su notable figura.

Sin embargo, una nota de su arpa todavía hiere los tímpanos.

David descansa a la hora de la tarde. Se levanta –perezoso– y mira desde el terrado a una mujer que seduce su corazón. Los instintos se desatan, la locura le invade. El profeta, cantor y rey es cautivado por una sola mirada de sus ojos. Las tinieblas se ciernen sobre su alma y sobre su reino. El otrora fugitivo de un rey apóstata es ahora victimario de su más fiel guerrero. El otrora soldado austero y sufrido es ahora un sensual amador de los deleites. El pecado sella contra él una seguidilla de muertes y de lágrimas.

La luz que arroja este episodio de su vida es triste, pero está escrito allí para nuestra exhortación, para que no caigamos en las mismas redes que él cayó. Un soldado ocioso, un guerrero acostumbrado a la batalla es presa fácil en un día de asueto.

No más contemplaciones con nosotros mismos; no más relajo. La vida fluye desde los intersticios de nuestro vaso roto, no desde el vaso bruñido para el brindis. ¡Cuidado, los soldados de Dios no caen en la batalla, sino en el descanso!

Salomón, el apóstata tardío

Veamos a Salomón sentado en su magnífico trono de marfil recubierto de oro, recibiendo a los que, de todo el mundo, vienen a conocerle. A ellos les bastará con oír de sus labios la sabiduría celeste que en ellos ha sido derramada, pero lo que ven con sus ojos redobla esa admiración. Salomón ha llevado el reino de Israel a límites jamás alcanzados por sus predecesores. Su grandeza es inaudita.

Además, es un rey sabio. Todo lo investiga y lo conoce; sus disertaciones sobre lo divino y lo humano asombran a todos. Es la cumbre misma de la grandeza, es el pináculo de la gloria.

Sin embargo, siendo ya viejo, la sabiduría de Salomón se rompe como un palo seco. Su figura nos muestra una pequeña (en realidad, no tan pequeña) locura que es como aquella mosca muerta que hace heder el perfume del perfumista (Eclesiastés 10:1). Sus mujeres –sus muchas mujeres– dejan a Jerusalén sembrada de imágenes ¡incluso en el templo santo!

Salomón, el Sabio, se entontece como los necios. Su debilidad, que ya se insinuaba tempranamente, y que amenazaba con darle más de un disgusto, se lo da, ¡y vaya de qué manera!

¡Ay! qué cosas muestra este espejo. No es para nada recatado a la hora de denunciar el pecado. ¡Ay, y qué cosas de nuestra alma va dejando al descubierto!

Un ejercicio agotador

El ejercicio de mirarnos en este espejo nos ha destrozado. Estamos rendidos. Dejaremos de mirarlo ahora para postrarnos delante de Dios y llorar nuestras cuitas. ¿Hay todavía esperanza para nosotros? Las virtudes y los defectos de aquellos, nuestros antepasados en la fe, nos rompen el corazón. Y parece que sus voces llaman a gritos a nuestra conciencia. ¿Qué haremos?

¡Ay, volvernos al espejo de Corintios! ¡Veamos al Señor allí, abracémonos a Sus pies y abrámosle el corazón!


http://www.aguasvivas.cl/revistas/10/11.htm

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CHICA VIOLADA EN (TU CIUDAD)

15 Septiembre 2008 pauloarieu 6 comentarios

CHICA VIOLADA EN (TU CIUDAD)

Una chica fue a una fiesta y al final se quedó un poco más de lo que había planeado y tuvo que caminar sola de vuelta a su casa.

No tenía miedo porque era una ciudad pequeña y sólo vivía a algunas cuadras del lugar de la fiesta.Mientras caminaba bajo los altos árboles, Diana pidió a Dios que la guardara de todo daño y peligro.Cuando llegó a un callejón, que le hacía ahorrar tiempo para llegar a su casa, decidió tomar el camonio mas corto.

A mitad del camino, notó a un hombre de pie al final del callejón como si la estuviera esperando.Ella se sintió intranquila y comenzó a orar, pidiendo a Dios que la protegiera.Un sentimiento de seguridad y tranquilidad la envolvió, ella sintió como si alguien caminara con ella.

Cuando llegó al final del callejón, pasó por un lado del hombre y pronto llegó segura a su casa.Al día siguiente, leyó en el diario que una chica había sido violada en el mismo callejón, tan solo 20 minutos después de que ella había pasado por ahí.

Conmocionada por la tragedia, y sabiendo que pudo haber sido ella, comenzó a llorar.Dandole gracias a Dios por su ayuda y su seguridad, y para ayudar a la joven víctima, decidió ir a la estación de policía.

Ella sentía que podía reconocer al hombre, así que les contó su historia.La policía le pregunto si
estaría dispuesta a mirar a los hombres sospechosos y si podría identificar al hombre.

Ella accedió inmediatamente y señaló al hombre que había visto la noche anterior en el callejón.Cuando al hombre se le dijo que había sido identificado, se rompió ante la presión

El oficial le agradeció a Diana su valor y le preguntó si podían hacer algo por ella.Ella pidió que si le podría hacer una pregunta al hombre. Diana tenía curiosidad por saber por que el hombre no la había atacado a ella.

Cuando el policía le preguntó al hombre, el respondío: ‘Por que ella no iba sola, venía con dos hombres altos, uno a cada lado de ella’Increiblemente, lo creas o no, nunca estás solo.¿Sabías que el 98% de los jóvenes no se pondrían de pie por Dios?

PD. Dios siempre está en tu corazón y te ama sin importar lo que pase.

‘Si me niegas delante de tus amigos, Yo te negaré delante de mi Padre’

Dios los Bendiga a Todos

Paulo Arieu

Liderazgo bíblico – David

15 Septiembre 2008 pauloarieu Los comentarios están cerrados
Liderazgo bíblico- septiembre 2008
David

Artículo escrito por: John y Nancy McKeeth

Estimado(a) Lector:

David (no su nombre verdadero), estaba vestido con el uniforme del club de niños de la iglesia. La banda que cruzaba su pecho mostraba los premios que había ganado—asistencia, memorización, trabajo social. Con sus doce años cumplidos, era todo un niño líder. Lo habían seleccionado para dar su testimonio al grupo visitante de estudiantes universitarios con que andábamos.

David empezó bien– elocuente. Su vida, la pobreza, su abuela, dificultades, la iglesia. De repente, la cara de David cambió. “Y mi mamá… mi mamá….” No pudo continuar. La tristeza lo dominó. El pastor se puso a su lado. Le dio un abrazo de aliento.

Nunca escuchamos el final de su testimonio, pero no necesitábamos escuchar los detalles de su experiencia para sentir un impacto. Al escuchar a David, ver su cara, y ver la respuesta del pastor, me llené con un sentido de gratitud. Gracias a Dios por los pastores que tienen la autoridad moral para dar un abrazo de aliento a “los David”. Gracias a Dios por las iglesias que sacrifican tiempo y recursos para alcanzar a sus comunidades en el nombre de Cristo.

No tengo duda de que David va a crecer a ser un gran hombre. ¿Quién sabe como Dios quiere usar todo lo que ha sufrido, todo lo que ha vivido, para su gloria en servicio a otros? Pero detrás de David, hay una iglesia que puso como meta alcanzar a los niños que viven en la sombra de aflicción. Hay un pastor que supo animarlo y cuya vida respalda sus palabras.

Si estoy describiéndolo a usted como pastor o a su iglesia, quiero darles las gracias. No es un trabajo fácil. Entrar en el dolor de otros para darles la esperanza que hay en Cristo cuesta. Gracias por mostrar el amor de Dios a los más necesitados.

Seamos fieles mostrando el amor de Jesús y guiando a la iglesia a que lo muestre también,

Scott Yingling

Director General de ObreroFiel.com


Para más recursos sobre este y otros temas, visítenos en: www.ObreroFiel.com
Si tiene alguna duda o comentario, favor de escribirnos a: info@ObreroFiel.com
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El altar familiar

15 Septiembre 2008 pauloarieu 4 comentarios

El Sermón Dominical

Domingo 14 de Septiembre del 2008

El altar familiar

Pastor Tony Hancock

Introducción

El sermón de hoy es un sermón peligroso. Existe un riesgo muy profundo en lo que vamos a ver en este día. El riesgo consiste en esto: que lo que les voy a enseñar se pueda convertir en simplemente otra obligación, otra cosa más que tengo que hacer porque si no, Dios se va a enojar conmigo, y estoy tan cansado de hacer tantas cosas para tratar de complacer a Dios. 

No se trata de eso. Si tú estás viviendo una fe que se enfoca en hacer ciertas cosas para que Dios te ame, estás en una trampa.
El amor de Dios no es algo que podamos ganarnos, sino algo que El libremente nos da y que nosotros simplemente recibimos. Por favor, si estás en esa trampa del amor que tiene condiciones,¡libérate!

El peligro de lo que veremos hoy está en tomarlo así, como algo que tenemos que llevar como una carga pesada y como obligación.

Pero no tiene que ser así. La realidad es que lo que vamos a ver hoy puede transformar tu hogar, trayendo gozo, paz y bienestar al corazón de tu familia.

¿A qué me refiero? Me refiero a la práctica del altar familiar.
Antes de que salgan a buscar algunas piedras para construir un altar en la sala y un becerro para sacrificar en él, déjenme aclararles que el altar familiar no se refiere a un altar físico que se construye en la casa.

No, se refiere a la reunión familiar, preferiblemente diaria, donde como familia practicamos la presencia de Dios. El altar familiar consiste en pasar tiempo con la Palabra de Dios y en la oración, como familia. Vamos a ver tres cosas que logramos con la celebración del altar familiar, y luego hablar de algunas pautas para que sea de bendición y no por obligación.

I. El altar familiar refleja el compromiso familiar con el Señor

Lectura: Génesis 12:7, 12:8, 13:4, 13:18

12:7 Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido.
12:8 Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.

13:4 al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová.

13:18 Abram, pues, removiendo su tienda, vino y moró en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová.

¿Qué cosa notan en común entre todos estos pasajes? En cada lugar, notamos que Abraham levantó un altar para el Señor. Aquí claramente estamos hablando de un altar físico, un montón de piedras sobre el cual se ofrecían sacrificios de animales. Este era el lugar de adoración durante los tiempos de Abraham.

Lo importante del caso es la razón por la que Abraham lo hizo¿No podría haber simplemente hecho un altar en alguna parte, para visitarlo de vez en cuando? ¿Por qué edificó un altar en cada lugar que vivió? Ese altar servía como una señal visible de que Abraham y su familia estaban comprometidos con el Señor.

Comparemos a Abraham y Lot. El campamento de Abraham era un lugar de adoración, visto en la presencia del altar en cada lugar que vivió. La casa de Lot, en cambio, era un lugar de concesión. Lot concedió su autoridad como hombre justo a la cultura mundana y perversa de Sodoma. ¿Cuál fue el resultado?
¡Lo perdió todo!

¿Qué separa tu familia de las familias que te rodean? ¿Qué señal hay de que ustedes son diferentes? Dios no quiere que pongas imágenes en tu casa para reflejar su presencia, pues El es Espíritu. Tampoco es cuestión de poner un letrero en la puerta que diga: “Este hogar es cristiano”.

La mejor forma de reflejar el compromiso familiar con el Señor es pasar tiempo con El, juntos, todos los días. Esto empieza a producir un cambio espiritual en la familia, porque la cosa más valiosa que tenemos es nuestro tiempo. Cuando le empezamos a dar parte de nuestro tiempo al Señor, El se empieza a manifestar entre nosotros.

Además de reflejar el compromiso familiar con el Señor,

II. El altar familiar educa a los niños en los caminos del Señor

La cosa más importante que puedes hacer para tus niños es enseñarles acerca de Dios. Se cuenta la historia de una cena en la iglesia. Una de las hermanas puso un letrero junto al plato de fruta que decía: Tome sólo una pieza de fruta; Dios está mirando. Más adelante había un plato de galletas, y uno de los niños había puesto otro letrero. Este decía: Toma todas las
galletas que quieras; Dios está mirando la fruta.

Es chistoso, pero claramente ese niño no entendía que Dios está en todas partes, y lo ve todo. Dios quiere que todo niño aprenda acerca de El dentro de su hogar.

Lectura: Deuteronomio 4:9-10

4:9 Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus
hijos. 4:10 El día que estuviste delante de Jehová tu Dios en Horeb,
cuando Jehová me dijo: Reúneme el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y las enseñarán a sus hijos;

¿Qué pensaríamos si viéramos a un hombre bien vestido y bien nutrido, acompañado por unos niños desnutridos, pálidos y vestidos de trapos? Concluiríamos que es un mal padre, porque no ha sabido compartir sus bendiciones materiales con sus hijos.
Sería un escándalo.

Aquí Moisés nos enseña a no guardar las bendiciones espirituales que hemos recibido al conocer a Cristo para nosotros mismos.
Tenemos que compartirlos con nuestros hijos, y enseñarles lo que hemos llegado a conocer del Señor. Cuando nos reunimos con ellos para orar y hablar de la Palabra de Dios, compartimos con ellos lo que hemos conocido de Dios.

Lectura: Deuteronomio 11:19-21

11:19 Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes,11:20 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus
puertas;11:21 para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra.

La vida del hogar cristiano tiene que estar saturada de la presencia de Dios. El resultado de esto, según lo que leemos en la Palabra, es que habrá bendición. Sólo si hablamos con nuestros hijos de las palabras de Dios, sólo si les enseñamos a obedecer y temer al Señor, podremos contar con la bendición de Dios sobre sus vidas.

El mejor legado que les puedes dejar a tus hijos no es una cuenta bancaria, una póliza de seguro de vida o siquiera una buena educación. El mejor legado que les puedes dejar es un legado de fe, enseñándoles a amar y temer a Dios.

Lectura: Salmo 34:11

34:11 Venid, hijos, oídme; El temor de Jehová os enseñaré.

Quítate de la cabeza la idea de que pierdes el tiempo cuando les enseñas a tus hijos. No pienses que ellos no pueden comprender; más bien, adapta la verdad a sus necesidades. Por ejemplo, un pastor conocido dice lo siguiente: “Cuando nuestros niños eran pequeños y les estábamos enseñando a orar, teníamos tres clases de oraciones: oraciones ‘por favor’, oraciones de ‘gracias’ y oraciones de ‘lo siento’.”

Es una forma muy sencilla de expresar la realidad de la comunicación con Dios. No es necesario enseñar a los niños a decir: “Amantísimo Padre celestial, queremos expresarte nuestra gratitud por la magna gracia que nos has mostrado al justificarnos gratuitamente mediante la propiciación realizada en el Calvario.” Esas palabras expresan grandes realidades, pero
sería mejor expresarlas de una forma comprensible para un niño.

El altar familiar es el lugar principal donde puedes educar a tus hijos en los caminos del Señor. Si tienes niños en la escuela dominical, ellos reciben hojas de sus maestras con actividades que puedes hacer entre semana. También reciben hojas con lecturas bíblicas. Aprovecha estos recursos, o usa las hojas de la lectura semanal. Porque:

III. El altar familiar contribuye a la salvación de la familia

A través de su Palabra, Dios obra mediante las familias. El quiere que tu familia también sea impactada por su verdad, y que muchos lleguen a conocer su salvación. Así fue con un hombre que Pablo y Silas conocieron en la cárcel. No era otro reo, sino más bien el carcelero.

Lectura: Hechos 16:30-34

16:30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?
16:31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo,tú y tu casa.
16:32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.16:33 Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos.16:34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.

Como cabeza del hogar, cuando el carcelero se entregó al Señor, la bendición de Dios llegó a toda su familia. En su caso, todos creyeron en el Señor, y fueron bautizados juntos. Si tú como padre o como madre estás entregado al Señor, debes de servir como canal para que su bendición fluya a tus hijos también.

Por medio del ejemplo que les das, lo que les enseñas y las respuestas que ellos mismos ven a sus oraciones, tus hijos pueden acercarse más a ese día en que tomarán, por su propia cuenta, la decisión de aceptar a Cristo, y pueden ser fortalecidos en su fe.

¿Cómo puede suceder esto en una familia? La primera cosa que tiene que suceder para tener un altar familiar es que hay que fijar una hora para hacerlo y apagar el televisor. Podría predicar todo un sermón acerca de la televisión, pero basta con decir que no se van a morir si lo apagan por 10 o 15 minutos, y a la mejor les hace bien.

En segundo lugar, asegúrate de usar siempre la Biblia. Si tienes hijos pequeños, podrías usar un libro de historias bíblicas u otra fuente, pero asegúrate de mostrarles dónde se encuentra la  historia en la Biblia para que vean que la Biblia es el centro de nuestra fe. No dejes la Biblia a un lado.

En tercer lugar, busca un ritmo – quizás puedan empezar con oración por diferentes necesidades familiares y de la Iglesia, y luego leer la porción bíblica. Si tienes un ritmo que siempre sigues en tu altar familiar, es más fácil de continuar. Sin embargo, es bueno variar de vez en cuando también – quizás cantando un corito, o mirando un videoclip.

En cuarto lugar, recuerda por qué lo haces. No dejes que se convierta en una costumbre más. Recuerda que, en esa mesa, tú y tu familia se están encontrando con el Dios del universo. En realidad, ésa es la parte más importante del día y de su vida familiar. Deja que tus niños compartan; no lo conviertas en un espacio para darles un discurso.

En quinto lugar, ¡hazlo ameno! Busca formas de hacer que los niños participen con preguntas y opiniones. Deja que ellos escojan de vez en cuando lo que se va a estudiar. Enséñales a orar. Asegúrate de que haya algo que puedan aplicar a sus vidas. ¿Qué quiere Dios que hagamos, pensemos o digamos?

¿Tienes un altar en tu casa? No me refiero a un montón de piedras o un retablo, sino más bien a un altar familiar diario donde puedes reflejar tu compromiso con el Señor, educar a tus hijos en la fe y buscar la salvación de tu familia. Si no lo tienes, te animo a comprometerte hoy con el Señor en empezar. Yo sé que será de bendición.

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- ¡Visita la página web del Pastor Tony Hancock!

http://www.pastortony.net

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Frase de hoy

15 Septiembre 2008 pauloarieu Los comentarios están cerrados

“A la sombra de un hombre célebre hay siempre una mujer que sufre.” 

  Jules Renard
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Conformismo

15 Septiembre 2008 pauloarieu Los comentarios están cerrados

Conformismo

Posted: 15 Sep 2008  

El hombre actual padece un exceso de conformismo. ¿Estamos perdiendo la identidad individual? ¿Está convirtiéndose el individuo, en mayor o menor grado, en un ser “manejado” por otros? ¿Acaso estamos tan preocupados por lo que piensan los demás, que no permitimos que se desarrolle realmente nuestra personalidad individual?

No sé en qué se está convirtiendo el hombre, pero me parece que es una situación universal y eterna, que siempre existe un conflicto entre el deseo del individuo de actuar libremente, sin preocuparse de nadie más, y la necesidad de tomar en cuenta a los otros que él mismo reconoce. Evidentemente, sería imposible una comunidad si todo el mundo hiciera lo que le viniera en gana.

Necesitamos cierto orden, cierta organización, y es así como evoluciona la civilización. Pero volvamos a la cuestión inicial: ¿Es el hombre cada vez más conformista? Somos cada vez más libres, no hay duda de que se nos permite hacer muchas cosas que antes eran impensables, por ejemplo en la Edad Media o hace cien años. Naturalmente, el grado en el que puede desarrollarse libremente la individualidad tiene que variar en diferentes culturas y en distintos periodos.

A mayor progreso individual menor es el conformismo. Esto tiene sus ventajas, permite al individuo desarrollarse, pero plantea problemas prácticos en el aspecto social. La sociedad ha de recurrir a la penalización de las conductas inconformistas para nivelar la balanza. De manera que las presiones sociales inmediatas, a las que todos estamos sujetos, fuerzan a la persona a conformarse. Dicho de otra manera, no hay forma de solventar el eterno conflicto entre las aspiraciones libertarias individuales y la presión social por controlarlas. La lucha incesante por no perder nuestra intrínseca personalidad se topará siempre con la represión de la sociedad por someterla a su control. Aunque a todos nos queda el recurso de evolucionar como personas afianzando nuestra conciencia individual y encauzándola de manera que nuestra personalidad sea más íntegra y completa.

*Imagen: Resignation, de James D. Lewis

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